Edgar Negret

Popayan, Cauca

Pintores (Abstraccion geometrica)

Abstracto, Figura, Objetos

Edgar Negret

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CRITICA

De la Máquina al Espíritu
Por Eduardo Serrano


Las últimas obras de Edgar Negret demuestran que su talento creativo ha ido siempre a la par de una aguda percepción del espíritu y carácter de los distintos períodos que le ha correspondido vivir. Así lo ratifica su más reciente producción, la cual, aunque ligada por el instinto constructivo y la permanencia de los materiales con sus obras de años anteriores, hace gala de un contenido diferente, permitiendo hablar no solo de una nueva etapa en la trayectoria del maestro, sino de una sincera participación en los intereses y argumentos que han empezado a nutrir las definiciones artísticas en los umbrales del siglo XXI.

Negret es sin duda uno de los grandes creadores de la escultura en la segunda mítad de este siglo, un artista moderno en todo el sentido de la palabra. Junto con Anthony Caro y Louise Nevelson, alrededor de los años cincuenta, realizaron aportes verdaderamente fundamentales para el desarrollo del arte en la centuria que termina.

Los tres -cada uno de una manera particular y únicallevaron el empleo de materiales industriales a un grado de excelencia creativa desconocido: mientras Nevelson acomodaba objetos producidos en serie en prolíficas composiciones monocromas que le abrieron un amplio horizonte al ensamblaje, y mientras Caro conseguía un método escultórico sintético y de brillante porvenir uniendo los metales por medio de la soldadura, Negret utilizaba un recurso igualmente industrial, la tuerca y el tornillo, para unir el aluminio y para arquearlo y concederle aptitudes aéreas, abriendo así un espacio de infinitas posibilidades para la creatividad tridimensional presente y futura.

Es claro entonces que los primeros aportes de Negret a la historia del arte se dan dentro de presupuestos decididamente modernistas. Entre sus obras iniciales se cuentan temas religiosos así como algunas alusiones a la mitología de los aborígenes norteamericanos, pero la sola escogencia de un metal industrial como elemento primordial de su trabajo, constituye inequívoca señal de su entusiasmo por el progreso y de su fe en la ciencia y la tecnología. Como artista moderno se interesa especialmente por la pureza de las formas, el orden y la coherencia estructural; y baste recordar los estrechos nexos de sus trabajos con las máquinas, o sus acoplamientos de inocultable admiración por la exploración espacial, para comprender cuán imbuido por el espíritu del siglo XX se hallaba su pensamiento hace quince o treinta años y cuán positiva era entonces su visión del mundo y de la sociedad contemporánea.

Pues bien, en sus últimos trabajos ya no tanto. Sus obras más recientes indican una marcada indiferencia por los valores de la sociedad actual, así como la certeza de que el mundo de hoy no es el paraíso que daban por sentado los movimientos modernistas con su irreductible fe en el futuro y en el desarrollo tecnológico y con su total divorcio de la naturaleza y de la vida. Ahora árboles y flores son motivo reiterado de su obra haciendo perceptible cierto escepticismo sobre las bondades de la industria; y ahora constituye fuente de profunda inspiración algo tan opuesto a los conceptos de desarrollo y de progreso como el carácter y sabiduría que emanan de nuestra herencia prehispánica. Es más, sus últimos trabajos conducen de manera irremediable a reflexiones en las cuales la naturaleza y los pueblos aborígenes de América son las víctimas, precisamente, de esos conceptos de desarrollo y de progreso según han tomado cuerpo y han ganado aceptación en el mundo occidental.

Es decir, aunque su materia prima continúa circunscrita al aluminio, la tuerca, el tornillo y la pintura, como fiel reflejo del momento industrial y progresista en que tuvo lugar la gestación de su lenguaje, el contenido y presencia de las obras ha cambiado de manera radical, como si el artista hubiera logrado alterar molecularmente el metal infundiéndole propiedades espirituales a su potencial mecánico y fabril. Con la magia propia de los grandes creadores, Negret ha transformado el aluminio que le servía para expresar su admiración por el ingenio tecnológico y científico, en un material que ahora es más recurso que objetivo, y que le sirve de manera igualmente eficaz para expresar verdades muy distintas, relacionadas, por ejemplo, con el reconocimiento y comprensión del arte, tradiciones y cultura de América Latina.

Para confirmar este cambio en la sustancia y presencia de sus obras el maestro ha enfatizado el ángulo poético que siempre particularizó su producción entre la de tantos escultores que utilizan el metal, y ha hecho gala de un color más etéreo y sugerente, con lilas y verdes de inesperada suavidad los cuales, rodeados por la versatilidad del gris, restan contundencia a sus tradicionales rojo, blanco, azul y negro. Ha disminuido la frecuencia de las composiciones modulares, y con cierto barroquismo o cierta nueva atención a los detalles y partes más pequeñas de las piezas, ha logrado que el talante y actitud que comunican, en lugar de apuntar hacia el orden, la fuerza y el poder como en sus producciones anteriores, hagan referencia a la magia y la intuición, y que provoquen la misma sensación de objeto o construcción ritual que suscitan las piezas y monumentos prehispánicos.

Puede afirmarse en consecuencia, que su más reciente producción se interesa más en la ecología que en la tecnología, que persigue más la transmisión de un espíritu o dar pie a una evocación que reafirmar un estilo o comprobar una teoría, y que remite de manera más directa a la ductilidad de los textiles y a los misterios de las lagunas y los astros que al poder de los motores o a la firmeza de los puentes. Conceptualmente, el artista ha ignorado el credo vanguardista de «avanzar a toda costa», y ha optado por profundizar sobre sus impulsos y raíces, e inclusive por revisitar ciertos aspectos de sus momentos iniciales, cuando sus aparatos mágicos, eclipses y kachinas hablaban de un idioma subjetivo en el cual los poderes ocultos, la naturaleza y los rituales proveían la principal inspiración.

En resumen, aunque se mantenga la riqueza de las formas y el ingenio constructivo, y aunque la mecánica de las piezas se conserve precisa e impecable, en el transcurso de los últimos diez años las obras de Negret han dado un amplio giro en actitud, rumbo y mensaje. Su producción se ha tornado más compleja sugiriendo territorios más allá de la superficie o contorno de las obras, y ha adquirido una nueva dimensión, un aura espiritual, un sentido mágico y nostálgico que la ha puesto en perfecta sintonía con el ánimo que reina en este inseguro y añórante fin de siglo y de milenio.

Así como sus obras de los años sesenta y setenta derrochaban optimismo y confianza en la sociedad contemporánea, su trabajo actual, al traslucir su admiración por culturas y valores desaparecidos que hubieran podido representar alternativas para el mundo en que vivimos, resume la incertidumbre dominante sobre el futuro de la humanidad y del planeta, y refleja esa inclinación por lo anímico, extra sensorial, religioso, espiritual y mitológico que ha irrumpido con fuerza inesperada eri estas postrimerías del siglo XX.

No hay duda de que existe una estrecha relación entre la permanente vigencia creativa de Negret y su capacidad para condensar y transmitir el ánimo y carácter del momento, el espíritu de su época. 

Tomado de la Revista Credencial, edición107,octubre de 1995

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Bogotá, 1974

"Edgar Negret es un artista consagrado y reconocido en Colombia. Pero la admiración que Negret suscita entre sus compatriotas se debe mucho más a su imagen de triunfo internacional, que a la comprensión y apreciación consciente de los valores que despliega, con excelencia, su trabajo. Lejos de hacer concesiones de orden literario, su obra no sólo está definitivamente divorciada de elementos ilustrativos y sentimentales sino que, basándose en formas geométricas, se dedica exclusivamente a la sugestión y a la profundidad de un, difícilmente utilitario, orden formal. El arte de Negret no cuenta historias que puedan repetirse con palabras. Pero precisamente porque su creación está sujeta a leyes abstractas y formales, sus esculturas proyectan esa cualidad de permanencia, de solemnidad, de penetración mágica, que es privilegio de todo lo que se plantea lúcidamente en términos de espacio y en términos de forma.

Su trabajo es producto de una imaginación rica pero rigurosa que sacrifica la anécdota en beneficio de la síntesis, el azar en favor del control disciplinado, y lo manifiesto ante lo singular e impredecible. El aluminio, por ejemplo, pintado de rojo, de blanco, o de negro mate, pierde premeditamente en su obra sus propiedades y características visuales. Las tuercas y tornillos abandonan igualmente su tradicional potencia, apenas son formas que flotan y se elevan sin violencia. Y el estatismo, que generalmente corresponde con la construcción geométrica, también se desvirtúa completamente ante el enérgico, aunque contenido movimiento de cada una de sus esculturas.

Pero ese movimiento sugerido por las direcciones y dobleces de su obra es siempre reanudable, ya que las implicaciones de la repetición de una determinada forma y la relatividad de un determinado vacío, son infinitas. Sus construcciones, multidireccionales, cúbicas y circulares, obligan a la consideración de los espacios Interiores y exteriores que proponen, y al examen de las relaciones entre esos espacios y los elementos que los delimitan: prolongaciones, soportes, conexiones y aperturas, que sin comentarios primitivos ni industriales, nos remiten a un simbolismo visual fundamental. En tal sentido, su escultura debe ser vista y meditada, como un ícono en el cual la inteligencia alcanza a contemplar las transparencias y profundas estructuras de una filigrana evocativa pero matemática.

Cuidadosas, exactas, refinadas, las obras de Negret evidencian su talento en el arreglo armónico de formas libres. Exponen originales convicciones sobre proporciones, ritmo y equilibrio. E informan, además, sobre la realidad. Aunque su realidad recuerde apenas, a la naturaleza, y dependa primordialmente de un agudo sentido del orden humano.

No obstante cierta apariencia mecánica, en sus esculturas puede seguirse claramente la labor ardua de la mano al tiempo con el raciocinio acertado del artista. Y en las lejanas relaciones de su obra con el arte precolombino, igual que en sus más directas y explícitas relaciones con obras contemporáneas de magnitud establecida como las de Henry Moore y de Alexander Calder, puede distinguirse una fértil conciencia histórica del arte, inspiración indiscutible de la creatividad contemporánea.

El arte de Negret, sereno, intelectual, intransigente, conforma un argumento visual de potencia extraordinaria, con alusiones al área rotunda de lo físico y al ámbito infinito del espíritu. Es un arte que conduce a la meditación; de un orden diferente al que repite la naturaleza; dirigido exclusivamente a la mente y a la sensibilidad humanas; y de un enorme poder que se deriva de sus estrechos vínculos, no con condiciones o circunstancias perecederas o mutables, sino con verdades de inapelable universalidad y permanencia".

Eduardo Serrano 
El Tiempo

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Negret en la irrupción de la modernidad

Por Eduardo Serrano *

La exposición de Negret en el Museo Nacional constituye una oportunidad propicia para revisar sus innumerables aportes al arte, no sólo colombiano o latinoamericano, sino occidental.  La muestra patentiza la sintonía de su trabajo con los desarrollos plásticos y sociales de su tiempo, y permite comprobar su influencia pionera y oportuna en la argumentación artística del siglo XX.

Si bien no hay duda de que el ser humano actual, contemporáneo, es el objetivo y el motor de Negret, el artista nutrió y fue conformando su trabajo con reflexiones sobre temáticas disímiles como lo tangíble y lo intangible. o lo arcaico y lo contemporáneo. Pero Negret supo siempre armonizar este tipo de bifurcaciones de su pensamiento para construir una obra unificada que hace parte de un proceso creativo continuo dentro de variables conceptuales sólidas, pero no por ello limitantes.

La obra de Negret parte de la idea de que la nobleza de los materiales se encuentra en la imaginación y el talento de quien los utiliza, así como de la convicción de que el arte es un concepto, no una manualidad, y por lo tanto, de que la autoría de una obra no es de quien la ejecuta sino de quien la concibe. Y armado con estos presupuestos, así como de la voluntad de hacer de la geometría orgánica la columna vertebral de su trabajo, Negret abandonó para siempre los parámetros de la escultura tradicional y se adentró en un sendero creativo que habría de conducirlo a un puesto de primera línea en la escena artística internacional.

Entre sus principales aportes a la escultura moderna se cuentan: la utilización del aluminio, un me tal maleable, ligero, inoxidable y característico del mundo contemporáneo; el empleo del ensamblaje como recurso tridimensional con propósitos abstractos, y el manejo de módulos que sugieren una multiplicidad formal a pesar de su rigor. Pero sus contribuciones más definitivas fueron, sin duda, la utilización del color en la escultura y el arqueo del aluminio, gracias a los cuales permitió al espacio fluir libremente entre los componentes de sus piezas dividiéndolo en interior y exterior, al tiempo que lograba eliminar sensorialmente el brillo, la dureza y el peso del metal, concediéndoles a sus obras una liviandad visual inesperada, una ligereza tal, que en ocasiones pareciera que pueden elevarse.

Además, con la utilización de tuercas y tornillos a la vista, el artista se hizo a un recurso no sólo seguro y coherente con las implicaciones industriales del aluminio para ajustar los distintos elementos, sino a un procedimiento claramente indicativo de sus procesos constructivos; a un método franco y acorde con los propósitos cada vez más explícitos del arte de los últimos tiempos.

En la historia del arte, Negret hace parte de la generación de artistas que -como Anges Martin, Robert Indiana, Ellsworth Kelly, Louise Nevelson y Jack Youngerman, con quienes exhibió en distintas oportunidades- se opusieron radicalmente a los preceptos del Expresionismo Abstracto, movimiento que se hallaba en su apogeo a mediados del siglo pasado. Sus obras representan la reintroducción de la forma y la recuperación del control y de la precisión como valores expresivos, así como una revaloración de la estructura en la producción artística, todo lo cual representa impulsos visionarios en relación con el desarrollo de la modernidad plástica.

La exposición se halla concebida a través de cuatro ejes temáticos que figuraron consistentemente entre las prioridades de Negret: la máquina, a la cual se aproximó como a un elemento emblemático de la época para valorar las posibilidades estéticas de su morfología; el espíritu, a cuya consideración plástica llegó después de una investigación acerca del arte de los indios norteamericanos; la naturaleza, que evocó a través de alusiones a los astros, los árboles, las flores y las cascadas; y la historia y los ancestros, temática que aparece en su última etapa, en la que su trabajo estalla en una policromía sin precedentes, comienza a inspirar se en la arquitectura y escultura de San Agustín, Tierradentro y Machu Picchu, y se llena de detalles en correspondencia con la libertad que empezaba a reinar en la escena artística contemporánea, cuando la severidad y la pureza dejan de contarse entre los paradigmas de la expresión artística.

En estos últimos trabajos se ha ce aún más notoria la inclinación de Negret por lo barroco, pero por un barroquismo comedido, atemperado, como el de su nativa Popayán. Su obra es la más elocuente simbiosis de racionalismo y espiritualidad -en perfecta correspondencia con las convicciones y valores de su era- que se hubiera producido en la escultura moderna.

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de marzo de 2006

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LOS APORTES DE NEGRET
Por Eduardo Serrano

Entre las obras de los artistas colombianos la de Edgar Negret es sin duda la que más importantes aportes ha hecho al desarrollo de la escultura moderna, y así lo pone de relieve esta exposición de la Galería La Pared, en la cual se hallan representadas todos sus períodos, así como las cuatro grandes vertientes temáticas por las que orientó su producción: la máquina, el espíritu, la naturaleza y los ancestros. La muestra hace claro que las contribuciones de Negret a la historia del arte han sido especialmente numerosas y de alcances variados y extensos, pero también hace evidente que la evolución de su trabajo ha sido coherente y permanente pasando de un tema a otro, de una forma a otra, o de una insinuación a otra, siempre como consecuencia de planteamientos anteriores y como resultado de profundas reflexiones y lúcidos experimentos.

Su producción ha estado invariablemente en clara sintonía con los desarrollos plásticos y sociales de su tiempo. Y su influencia en la argumentación artística del siglo XX fue pionera y oportuna, colaborando en forma manifiesta en la definición de los valores que fueron aflorando y estableciéndose a lo largo de la segunda mitad de esa centuria y hasta los primeros años de este siglo.

La obra de Negret parte de la idea de que la nobleza de los materiales se encuentra en la imaginación y talento de quien los utiliza, y armado con esta convicción así como con la voluntad de hacer de la geometría orgánica la columna vertebral de su trabajo, Negret abandonó para siempre los parámetros de la escultura tradicional de sus primeros años, y se adentró en un sendero creativo que Ilevaría su producción por rumbos inéditos a insospechados. Y en ese paso de superar el clasicismo y de iniciar la búsqueda de un material apropiado para la escultura en el mundo moderno, puede decirse que radicaría el primer aporte del maestro a la historia del arte nacional.

Los siguientes aportes de Negret trascenderían las fronteras del país y se convertirían en verdaderas conquistas para la creatividad plástica internacionalmente. Por ejemplo, al finalizar la década de los cuarenta Negret viajó a Nueva York donde se contagió del espíritu experimental que reinaba en la escena artística de la ciudad, y trabaja algunas piezas en cerámica continuando con la orientación simplificadora de formas orgánicas que había iniciado en Colombia. Pero es realmente su hallazgo de la lámina de hierro, de las varillas de acero, de los alambres, es decir de materiales industriales utilizados en la plástica estadounidense por artistas como David Smith, el hecho que más contribuiría no sólo a la definición de lo que serían su particular estética y lenguaje, sino en general, a su devoción por los propósitos de la modernidad.

Junto con los materiales industriales el artista asimiló igualmente nuevos procedimientos escultóricos, como el collage y el ensamblaje, los cuales se habían diseminado con los estilos de reciente aparición, y también se inclinó por novedosas técnicas, como la soldadura. Y así, partiendo de estos elementos y sistemas así como con las ideas frescas que se desprendían de su utilización, Negret dio inicio al que podría considerarse el trabajo escultórico más logrado a innovador de un artista latinoamericano a mediados del siglo XX.  El maestro empezó a comisionar entonces la construcción de sus primeras obras en láminas de hierro soldadas y concebidas a base de planos, dando con ello clara muestra de su convicción de que el artista no es necesariamente quien manipula el material.

Pero Negret ha sido un artista de creatividad constante, y durante un viaje por Europa en el cual se relacionó con escultores como Brancussi y Tinguely en París, el maestro visitó a Barcelona donde conoció, admiró y analizó la obra del arquitecto español Antoni Gaudí. Lo impresionó vivamente su sistema modular, la manera como el arquitecto reiteraba y articulaba los mismos elementos consiguiendo con este proceder una ilusión de multiplicidad formal sin que realmente existiera variedad en las formas. Negret implantaría más tarde su personal visión de este recurso, introduciendo así un sistema constructivo de gran aliento en la escultura, el cual fue adoptado por numerosos artistas alrededor del mundo.

Si bien todos los aportes mencionados hubieran sido suficientes para otorgarle al trabajo de Negret un puesto de primera línea en la escena artística internacional, es a su regreso a Nueva York cuando el artista encontraría los componentes y procedimientos con los cuales alcanzaría sus contribuciones más definitivas al arte de la escultura. En primer lugar, escogió como materia prima la lámina de aluminio, un metal que sigue teniendo la connotación industrial, y por ende, contemporánea, que le interesaba, y que además de ser maleable, ligero a inoxidable no demanda para su manipulación grandes ni complicadas maquinarias. Y en segundo lugar, dejó atrás la soldadura y tomó la determinación, por demás pertinente y efectiva, de utilizar tuercas y tornillos a la vista para ajustar los distintos elementos de cada escultura. Encuentra de esta manera un recurso no sólo seguro y coherente con las implicaciones industriales del aluminio, sino también un procedimiento claramente indicativo del proceso constructivo de sus obras; un método franco y transparente, acorde con los propósitos que habría de proponerse el arte tridimensional en los años subsiguientes.

También se cuentan entre los aportes más definitivos de la obra de Negret a la escultura moderna, la flexión del aluminio y la utilización del color. Con su iniciativa de arquear o curvar el aluminio y sujetarlo por los bordes, ideó finalmente un tipo de escultura que permite apreciar simultáneamente sus áreas internas y externas, es decir, consiguió hacer realidad de manera ingeniosa y personal el viejo sueño de artistas como Henry Moore y los constructivistas de poder observar simultáneamente las formas exterior e interior de la escultura.

Y con el color consiguió neutralizar visualmente el brillo, la dureza y el peso del metal, concediéndole a sus obras una liviandad visual inesperada, una ligereza tal, que en ocasiones pareciera que pueden elevarse. Primero, cada elemento en sus trabajos comenzó a plantearse en una tonalidad fuerte y diferente-negro, gris, azul, rojo, blanco-otorgándole a las piezas animados contrastes. Posteriormente, uno sólo de estos colores se apoderó de cada obra adquiriendo más elocuencia plástica y compenetrándose de manera más estrecha con el pronunciamiento formal. Más adelante haría su aparición el amarillo. Y ya en su último período el color explota en una policromía sin antecedentes en la escultura moderna, sumándose el anaranjado, el lila y el verde a los previamente mencionados, pero además, combinándose buen número de ellos en algunas de sus piezas

Las obras incluidas en esta exposición de la Galería La Pared permiten comprobar todo lo anterior y también el desarrollo de los cuatro ejes temáticos señalados anteriormente: su aproximación a la máquina como a un elemento emblemático de la época y para valorar las posibilidades estéticas de su morfología; su atención al espíritu a cuya consideración plástica llegó después de una investigación acerca del arte de los indios norteamericanos; su admiración por la naturaleza que evocó a través de alusiones a los astros, los árboles, las flores, las montañas y las cascadas; y la historia y los ancestros, en particular el pasado precolombino cuyas construcciones, tejidos y otros elementos se evocan en su última etapa, en la que su trabajo se ha enriquecido no sólo cromática sino formalmente, Ilegando a una especie de barroquismo atemperado que permite percibir la influencia de su nativa Popayán.

Tomado del folleto Los Aportes de Negret, Galería La Pared, 2008

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Negret: en sintonía con su tiempo

por Eduardo Serrano

La obra de Édgar Negret no es sólo la más lograda expresión escultórica colombiana del siglo XX, sino que sus aportes a la escultura a partir de mediados de esa centuria son tan significativos como los del británico Anthony Caro o los de la norteamericana Louise Nevelson.

Infortunadamente, por la falta de interés internacional en el arte moderno latinoamericano, su obra ha sido poco estudiada y sus logros, olvidados por los críticos y los artistas de las nuevas generaciones, que parecen no ser conscientes de la enorme deuda conceptual que tienen con el maestro.

Sus primeras esculturas fueron retratos y figuras religiosas realizadas en yeso, en la década de los cuarenta, en su nativa Popayán, donde recibió la visita del escultor español Jorge Oteiza, cuya influencia resultó especialmente esclarecedora para Negret. Así se hizo manifiesto en el cambio que se dio en su producción, la cual empezó a simplificarse, a liberarse de la horma naturalista y a concentrarse en planteamientos volumétricos, así como en las propiedades de los materiales.

El Modernismo

Al finalizar la década de los cuarenta, Negret viajó a Nueva York, donde se contagió del espíritu experimental que reinaba en la escena artística de la ciudad y se adhirió a la idea de que la nobleza de los materiales no se encuentra en ellos mismos, en cuanto a la imaginación y el talento con que se utilicen. Comienza a trabajar con láminas de hierro, varillas de acero, alambres, es decir, con materiales industriales, tomando ejemplo de David Smith, quien empleaba partes de maquinaria agrícola en sus obras.

Junto con los materiales industriales, el artista se inició en nuevos procedimientos escultóricos, como el ensamblaje, y en innovadoras técnicas, como la soldadura. Y armado con estos recursos, así como de la voluntad de hacer de la geometría orgánica la columna vertebral de su trabajo, Negret abandonó los parámetros de la tridimensionalidad tradicional para adentrarse en un sendero creativo que habría de conducirlo a un puesto de primera línea en la escultura moderna.

Al año siguiente, en 1950, se trasladó a París donde se relacionó con escultores como Brancusi y Tinguely, pasando después a Barcelona donde el sistema modular de Gaudí, la manera como el arquitecto articulaba los mismos elementos consiguiendo una ilusión de multiplicidad formal, lo impresionó vivamente.

Pero sería en Mallorca (España), donde dió los pasos definitivos (durante este periplo europeo) para la clarificación de sus propósitos. Estimulado por las formas pintadas de colores fuertes de los barcos que arribaban y partían de las Baleares, el artista produjo unos diseños para ser elaborados en lámina de hierro y pintados de negro por los forjadores que trabajaban en el puerto. Abría así su producción a uno de los principios más preciados en la escena artística internacional de las últimas décadas, a saber: que —como lo había propuesto Marcel Duchamp— el arte es un concepto, no una manualidad, y que la autoría de una obra no es de quien la ejecuta sino de quien la concibe.

El aluminio

En 1956 regresó a Nueva York, donde inició una serie de innovaciones que evidenciaron la ambición de sus propósitos modernistas. En primer lugar, escogió la lámina de aluminio, un metal que sigue teniendo la connotación industrial que le interesaba, y que, además de ser maleable, ligero e inoxidable, no demanda para su manipulación complicadas maquinarias. En segundo lugar, dejó atrás la soldadura y, después de algunos experimentos, decidió utilizar tuercas y tornillos a la vista para ajustar los distintos elementos.

Encontró, de esta manera, un recurso no sólo seguro y coherente con las implicaciones industriales del aluminio, sino un procedimiento claramente indicativo del proceso constructivo de las obras.

Las máquinas, que abundan en la metrópoli se convirtieron en fuente de inspiración, pero no como objetos utilitarios, sino como construcciones emblemáticas del mundo contemporáneo y como una vía hacia la superación y el bienestar humano. Además, el color empezó a jugar un papel significativo: cada elemento se plantea en una tonalidad fuerte y diferente -negro, gris, azul, rojo, blanco- otorgándole a las piezas una animada policromía.

El espíritu

Otro ingrediente que enriqueció su trabajo en esa época fue la investigación que emprendió acerca del arte de los indígenas norteamericanos, la cual lo llevó a considerar procesos mentales diferentes al razonamiento. El artista ya se había interesado en Colombia por la mitología y cultura de los pueblos aborígenes y comenzó a combinar la materialidad de la máquina con reflexiones sobre la magia y el espíritu, dando origen a una de las más originales simbiosis planteadas en la escultura del período. Simultáneamente, el módulo empezó a reemplazar a la lámina como elemento estructural, y el artista se internó en la invención de maneras de adosar las piezas a la base que, en contravía de gran parte de la escultura moderna, sigue siendo parte integral de la obra de Negret.

En la urbe norteamericana Negret estableció una cercana amistad con Robert Indiana, Ellsworth Kelly, Agnes Martin, Louise Nevelson y Jack Youngerman, artistas de reconocida figuración, con quienes participó en varias exposiciones. Con ellos compartió un abierto rechazo a los propósitos del Expresionismo Abstracto, movimiento que se hallaba, entonces, en pleno apogeo. Sus obras representan la reintroducción de la forma, la recuperación del control y de la precisión como valores expresivos y una revaloración de la estructura en la producción artística, todo lo cual implica contribuciones de honda significación en el desarrollo de la modernidad plástica.

Forma y espacio

En 1963, a su regreso a Colombia, el balance de su ausencia no podía ser más satisfactorio: durante los tres lustros que permaneció fuera del país había consolidado un lenguaje particular y pertinente; había hecho señalamientos en cuanto a materiales, sistemas, y formas de manifiestas repercusiones en los ámbitos del arte, y había abierto con cada paso, posibilidades inéditas de extensos alcances para la escultura moderna.

Pero entonces, Negret sumó otra lúcida contribución al arte de la escultura. El artista arquea el aluminio, lo curva y lo sujeta de los bordes, ideando de esta manera un tipo de escultura que permitía apreciar, simultáneamente, sus áreas internas y externas -viejo sueño de Henry Moore y los constructivistas. Con este sistema, unido a los efectos de la pintura que oculta la dureza y peso del aluminio, Negret le aportó a sus piezas una liviandad aérea, una ingravidez que parecía facultarlas para alzar el vuelo.

Este paso hace explícita su concepción del espacio como un componente fundamental de la escultura: de ese momento en adelante el espacio no sólo habrá de fluir por entre los componentes de sus obras, sino que su escultura lo circundará, lo envolverá según sugerentes determinaciones formales. Temáticamente su trabajo continuó proyectando la ingeniosa síntesis de referencias tecnológicas, orgánicas y espirituales, y así puede comprobarse en las series que inició poco después de su arribo al país, entre las cuales se cuentan Acoplamientos, Navegantes y Cohetes, piezas que, teniendo en cuenta su connotación de artefactos espaciales, pueden considerarse como otra demostración de su admiración por el progreso y por la inventiva humana.

Pero su temática se bifurca y Negret produjo simultáneamente obras relacionadas con la arquitectura y por ende, con la tierra, como los Puentes, los Edificios, los Templos y las Escaleras, en las cuales la oblicuidad es una característica que llevó al crítico peruano Juan Acha a afirmar que "sus obras no se erigen perpendicularmente ni yacen; se disparan."^

Naturaleza e historia

En los años ochenta el desencanto con algunos parámetros del modernismo había comenzado a ser cada vez más notorio, cuestionándose la validez de conceptos como pureza, lógica y progreso en relación con el arte, y acogiéndose la hibridez, la combinación de todo tipo de recursos y de referentes para dotar las obras de propósitos extra-estéticos.

Y para Negret, para quien la magia y el espíritu se habían entreverado como sustento de su producción y cuya penetrante percepción de las disyuntivas artísticas y sociales había sido siempre una guía, esta nueva coyuntura coincidía con buena parte de sus propósitos creativos.

El color amarillo apareció entonces en su obra, la tecnología pierde intensidad, se hicieron más evidentes las relaciones de su escultura con la naturaleza, y se enriquecieron sus metáforas con la construcción de Soles y Lunas, Arboles y Flores, Cordilleras y Cascadas, piezas en las cuales las formas son mucho más evocativas de los temas que en sus trabajos anteriores.

En su ultima etapa, iniciada en los años noventa, Negret se interesó por el mundo prehispánico y da inicio a la elaboración de piezas recordatorias de objetos y construcciones incas y mayas, así como de los hipogeos de Tierradentro. El color explotó entonces en una policromía sin antecedentes en la escultura geométrica, sumándose a los anteriormente mencionados: el anaranjado, el lila y el verde, y combinándose, muchos de ellos, en algunas de sus piezas. Sus títulos —Tejidos, Objetos Plumarios, Calendarios y Códices— reiteran su intención de suministrar, desde el arte, una vía para el reconocimiento de la identidad cultural y artística del continente.

Y Negret confrontó estos trabajos con la actitud festiva y entusiasta de quien se está internado en rumbos promisorios. Pero su trabajo nunca perdió cohesión al evolucionar de acuerdo con las prioridades creativas y sociales de su tiempo, innovando en conceptos y ejecutorias que transmiten su profunda fe en la inteligencia y sensibilidad humanas y contribuyendo de manera sustancial a hacer del modernismo una era de profundos y perdurables logros artísticos.

*Critico de arte. Autor de una veintena de libros sobre arte en Colombia.

Tomado de la Revista Arteria, No. 37, Marzo de 2013 

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