Gregorio Vasquez de Arce y Ceballos

Bogota

Pintores

Bodegón, Figura Humana

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Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos

pintor

A ColArte

Dibujos

 

1638 - Mayo 9. Nació en Santafé de Bogotá, en el hogar de Barlotomé Vásquez y María Ceballos, en la casa situada en la calle 11 No. 3-99.

Estudió en el Colegio Seminario de San Bartolomé, con los padres Jesuítas, y luego en el Colegio Gaspar Núńez de los padres dominicanos.

Sus primeras lecciones de pintura las recibió en el taller de los Figueroa.

1657 - De este ańo es su primera obra firmada la cual se encuentra actualmente en la Iglesia de

Guatavita

1658 - Fue expulsado del taller de los Figueroa, debido a la envidia que despertó en su maestro al ejecutar con gran perfección los ojos de tina imagen de San Roque en la cual había venido trabajando don Baltasar de Vargas Figueroa.

Se dedicó a la pintura, perfeccionando lo poco que había aprendido con los maestros santafereńos sus primeras obras fueron en general copias, especialmente de Murillo, Zurbarán, Rafael, Sass, o ferrato y Guido Reni. En la mayoría de ellas introdujo algunas variaciones tanto en la composición como en el dibujo y el colorido.

1660 - 1700. Ejecutó más de 50 cuadros para la Capilla del Sagrario, en Bogotá, por encargo de don Gabriel Gómez Sandoval. Entre ellos podemos mencionar: Los evangelistas; La última Cena (con 25 figuras de un tamańo mayor que el natural); Escenas bíblicas; Los desposorios místicos de Santa Catalina , etc.

1669 - De este ańo hay 3 lienzos firmados y fechados, son ellos: La visión de San Antonio (N" 297 del Catálogo de Pizano); La Virgen con el Nińo y Santa Ana (No. 378 del Catálogo de Pizano) y Vírgen Modestísima, copia de Sass o ferrato.

1670 - Pintó: Nuestra Seńora de los Angeles, cuadro inspirado en un grabado de Guido Reni (Catálogo de Pizano, No. 217) y "El Purgatorio", que hoy se encuentra en la Iglesia de Funza (catálogo de Pízano, No. 211).

1671 - Pintó: Investidura de San Ildefonso (Catálogo de Pizano, No. 315).

1672 - Pintó el cuadro titulado: Descanso en la huída a Egipto.

1673 - Pintó, para la Iglesia de San Francisco, el cuadro titulado: "El Juicio Final" (catálogo de Pizano No. 80). También dejó un cuadro de Nuestra Seńora de los Angeles que conservaba la Iglesia parroquial de Bosa, (Catálogo de Pizano No. 208).

1675 - Pintó un retrato de el Padre Centurión, S. J.,que hoy conserva el Museo Colonial de Bogotá.

1680 - De su matrimonio con dońa Jerónima Bemal, tuvo en este ańo un hijo a quien bautizó:

Bartolomé Luis.

También pintó: "La Vida y Milagros del Patriarca Santo Domingo de Guzmán", por encargo de los padres dominicanos.

1683 - Pintó la Mujer del Apocalipsis (Catálogo de Pizano No. 276).

1685 - Pintó su auto-retrato, cuadro que se tuvo por mucho tiempo como obra de autor anónimo, porque va firmado con las iniciales S. F. Actualmente se cree que dichas letras significan: Sibit Fecit.

También pintó el cuadro de la Concepción (Catálogo de Pizano No. 368).

1686 - Pintó para los Padres Jesuítas: Un San Ignacio sosteniendo en una mano un estandarte rojo y en la otra, la Regla de la Compańía.

1688 - Pintó: La Muerte de San Francisco Javier, obra que hoy se encuentra en el Museo Colonial de Bogotá.

1690 - Pintó la aparición de la Virgen del Pilar a Santiago Apóstol (Catálogo de Pizano No. 188); Vocación de San Francisco de Borja (Catálogo de Pizano No. 9).

1692 - Pintó los cuadros: La Sagrada Familia, copia de Murillo (Catálogo de Pizano No. 64)

1693 - Pintó Nuestra Seńora de los Angeles (copia de Guido Reni Catálogo de Pizano No. 194) y San Francisco recibiendo los estigmas.

1696 - Hizo una arqueta con cinco pinturas: Una piedad; San José con el Nińo; Santa Filomena; San Francisco de Paula y San Cristóbal.

1697 - Pintó: una Inmaculada Concepción, que actualmente se encuentra en El Museo Colonial de Bogotá (catálogo de Pizano No. 172);

Jesucristo Crucificado, cuadro que fue llevado a París por el Barón Goury de Rosland y luego legado por su hijo para el Museo Colonial (Catálogo de Pizano No. 172); La Magdalena Penitente (Catálogo de Pizano No. 128); El cuadro de la Flagelación, que en un principio se le atribuyó a Baltazar de Figueroa; y La Coronación de la Virgen por la Trinidad, que hoy se encuentra en el Museo Colonial de Bogotá (Catálogo de Pizano (No. 228).

1698 - Pintó para la Iglesia de San Ignacio: El Calvario y la Predicación de San Francisco Javier; También el cuadro titulado: Donación de Imágenes al Superior de los Agustinos que es un supuesto autorretrato; y el retrato de don Enrique de Caldas Barbosa que hoy se encuentra en el Colegio de Nuestra Seńora del Rosario (Catálogo de Pizano No. 60).

1699 - Pintó la Vírgen con San Joaquín y Santa Ana (Catálogo de Pizano, No. 62).

1701 - Fue apresado y condenado a prisión por haber participado en el rapto de dońa María Teresa de Orgaz, amante del oidor don Bemardino, a quien tenían recluída en el Convento de Santa Clara por orden del Arzobispo de Santa Fé. Allí tuvo que terminar algunos de los 42 cuadros que le habían encargado para la Capilla del Sagrario de Bogotá. Además pintó el cuadro de San Liborio que conserva el Museo Colonial de Bogotá, v una Virgen de la Concepción (Catálogo de Pizano No. 288).

Al salir de la carcel se vio reducido a una gran miseria.

1704 - Pintó: San Victorino (Catálogo de Pizano No. 51) y el Nińo Jesús (Catálogo de Pizano No.264).

1710 - Pintó el San Agustín, que se encuentra actualmente en el Museo Colonial (Catálogo de Pizano No. 288).

En este ańo se enloqueció definitivamente y no pudo volver a pintar.

1711 - Murió en Santafé de Bogotá.

1863 - Se colocó una placa conmemorativa en la casa en la que nació, que dice: "En esta casa vivió y murió Gregorio Vásquez Ceballos. Bogotá, su patria, se honra tributándole este homenaje. Abril 23 de 1863".

Gregorio Vásquez Arce y Ceballos ha sido considerado como el mejor pintor de la Colonia. En sus cuadros utilizó algunos sistemas criollos aprendidos de los indios, tales como el empleo de la goma elástica que tiene la ventaja de poder extenderse en capas delgadísimas sobre la superficie del cuadro, el uso del elemi y de los colores extraídos de arcillas, etc. Como miniaturista dejó obras muy interesantes. J. M. Groot habla de un relicario de dos pulgadas de largo, con un San Ignacio de medio cuerpo por un lado y por el otro la Virgen de cuerpo entero y sentada, que fueron pintados al óleo en una hoja de cobre con marco de oro. También se conocen los desposorios de Santa Catalina, en donde aparecen diez figuras en un cuadro de 8 a 10 pulgadas y los 12 apóstoles que pintó para adornar el , marco de Santo Domingo Revistiéndose, los cuales fueron pintados en una concha y luego incrustados en el marco de madera.

0 B R A S

Roberto Pizano Restrepo (1) en colaboración de don Pablo Argáez Valenzuela elaboró un catálogo completísimo en el que figuran 403 obras de este pintor colonial. Sin embargo, como este fue hecho en el ańo de 1926, consideramos que muchas de las obras que aparecen en él ya no se encuentran en el lugar en donde las descubrieron los investigadores y por lo tanto dicha obra carece de actualidad. Vamos a consignar aquí únicamente los cuadros de los que tenemos noticias recientes:

Museo Colonial:

San Pedro de Verona, Santo Domingo de Guzmán, San Liborio, San Agustín, Muerte de San Francisco Javier, La Sagrada Familia, El Nińo de la Espina, La Huida de Egipto, La Inmaculada Concepción, San Francisco Javier, La Muerte de San José, Aarón ofreciendo Sahumerio ante el Tabernáculo, Elías Arrebatado en el Carro de Fuego, Heliodoro azotado por los Angeles, El Campamento de los Madianitas, Vásquez entrega dos de sus obras a los padres agustinos, El Nacimiento de Santo Domingo, Los desposorios de la Virgen, Santo Domingo de Guzmán, Santa Rosa de Lima (tres cuadros con el mismo tema), La adoración de los pastores, San Ignacio, Investidura de San Ildefonso, Escena de Caza, La Piedad, San Juan de Dios, La Dolorosa, Cabeza de Apostol, San Francisco de Asís, La Virgen de la Candelaria, Sin Agustín, Cabeza de Apostol, El Nińo de la Espina, Cabeza de un Santo, San Francisco (dos cuadros con el mismo tema), La Virgen con el Nińo, La Flagelación, San Francisco y Fray I,eón, Desposorios místicos de Santa Catalina, San Cristóbal, La Adoración de los Pastores, El Hogar de Nazaret, La coronación de la Virgen por la Trinidad, El Rey Moro entrega las Llaves de Sevilla a San Fernando, La Adoración de los Pastores, Martirio de Santa Ursula y sus compańeras, El Lavatorio, La Virgen con el Nińo, Santo Domingo, El Nińo Dormido y un Angel Velando su sueńo, San Ignacio, Cristo en la Cruz, Arcángel San Miguel (dos cuadros con el mismo tema), San Juan de Dios, San Ignacio, Arcángel San Rafael, Perro, Santa Gertrudis, Otońo, Virgen Orante, y La anunciación. Además existen 89 dibujos.

En el Museo Nacional de Bogotá, existe un cuadro seńalado con el número 2093.

En el Salón de Arte Colonial de la Universidad del Cauca, existe un óleo de San José y el Nińo.

En el Museo del Seminario Conciliar se encuentran:

San Juan Bautista, nińo, San Juan Evangelista,.San Martín de Porras, El Milagro de Santa Rosa de Viterbo, Santa Teresa de Jesús, La Inmaculada Concepción, Santo Domingo, La Virgen, el Nińo y San Liborio, La Virgen en Contemplación, El Angel con la Sagrada Hostia, Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago Apóstol, Martirio de Santa Bárbara, El Nińo Jesús y Santa Gertrudis, San Agustín y Santa Teresa, El Salvador y San Francisco, Cabeza de Angel, San Antonio con el Nińo. San Juan de Dios dando Limosna a un nińo, Institución del Rosario, Alegoría de la Inmaculada, La Virgen con el Nińo (2 cuadros con el mismo tema), Nuestra Seńora de los Angeles, San Joaquín y la Virgen Nińa.

En la Iglesia de Monguí: Se decía que había 44 cuadros de Vásquez y Ceballos, cuadros que sin embargo no constan en el catálogo de Pizano. Recientemente el crítico de arte Francisco Gil Tovar (1) ha escrito un interesante artículo en el que afirma que "por lo menos algunos de estos lienzos no son más que láminas de papel, seguramente impresas por la casa Platin de Amberes".

En la Iglesia de la Calera, Cundinamarca, existen: Cristo Caído en Tierra, Cristo Recogiendo sus Vestiduras, Cristo Extendido en la Cruz, Cristo Muerto, Santa Bárbara.

En la Iglesia (le San Ignacio: Los Evanuelistas, (retocados por el Padre Páramo), Predicación de San Francisco Javier, Investidura de San Ildefonso, El Calvario (Cuadro inspirado en Rubens), San Damián, Sin Esteban, Cosme, Fortunato, Santi Polonia, San Sebastián, Santa Ursula, San Lorenzo, Santa Tecla, San Clemente, Adoración del Nińo, La Virgen con el Nińo y Santa Brígida, Aparición de el Salvador a San Francisco Javier, San Ignacio, Santa Lucía.

Además de las obras mencionadas, se sabe que en Bogotá existen cuadros de Vásquez en los siguientes lugares: Capilla del Sagrario, Catedral Primada, Colegio de Nuestra Seńora del Rosario, Colegio de San Bartolomé,. Iglesia de Egipto, Iglesia de la Candelaria, Iglesia de la Capuchina, Iglesia de la Peńa, Iglesia de las Nieves, Iglesia de San Agustín, Iglesia de San Francisco, Iglesia de San Juan de Dios; Iglesia de Santa Bárbara, Iglesia de Santa Clara, Iglesia de Santa Inés, Comunidad Dominicana, (Cuadros que se encontraban en la Iglesia de Santo Domingo, lamentablemente destruida), Comunidad de Monjas Salesianas, Comunidad de Monjas Clarisas, Convento de la Enseńanza.

También se conservan cuadros suyos en las Iglesias Parroquiales de: Bosa, Chipaque, Funza y Tenjo; En el Monasterio de las Monjas Clarisas en Tunja; y en la Iglesia de Jesús en Santafé de Antioquia.

B I B L 1 0 G R A F 1 A

(1) Roberto Pizano: "Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos". Camilo Bloch, Editor, París, 1926.

Roberto Pizano Restrepo - Pablo Argáez Valenzuela: "Catálogo de las Pinturas de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos". Camilo Bloch, Editor. París, 1926.

Roberto Pizano: "Biografía de Gregorio Vásquez". Extracto de la monumental obra anteriormente mencionada. Biblioteca Aldeana de Colombia. No. 59. Editorial Minerva. Bogotá, 1936.

Catálogo del Museo de Arte Colonial (Tercera Edición). Imprenta del Banco de la República. Bogotá, 1952.

Gabriel Giraldo Jaramillo: "Notas y Documentos sobre el Arte en Colombia". Dos opiniones sobre Gregorio Vásquez. pp. 109-113. Editorial A. B. C. Bogotá, 1955.

Gabriel Giraldo Jaramillo: "Gregorio Vásquez Arce y Ceballos". Revista América No. 15 Bogotá Marzo 1946.

Francisco Gil Tovar: "El Museo de Arte Colonial de Bogotá, Gregorio Vásquez Ceballos (dibujos)". Dirección de Información y Propaganda del Estado. Bogotá. 1954.

Jorge Moreno Clavijo: "La Casa de Vásquez Ceballos". En Lecturas Dominicales de "El Tiempo", Bogotá, Abril 23 de 1961.

Gabriel Giraldo Jaramillo: "La Miniatura en Colombia". Prensas de la Universidad Nacional. Bogotá, 1946. pp. 49-51.

Boletín de Historia y Antiguedades: "Homenaje a la memoria del pintor santafereńo Gregorio Vásquez Arce y Ceballos en el tercer Centenario de su Nacimiento". Número 283-Vol. XXV. Bogotá

Mayo de 1938.

I. Actos Académicos: Catálogo de la Exposición de Cuadros de Vásquez organizada por la Academia. Palabras del Vicepresidente de la Corporación, doctor Daniel Ortega Ricaurte. Vásquez y la pintura en Santafé (discurso del académico don Gustavo Otero Muńoz). la. Lectura Académica, Juan Crisóstomo García.

II. Vásquez y su obra, Luis Mejía Restrepo.

III. El pintor Gregorio Vásquez, Joaquín Tamayo.

IV. Gregorio Vásquez Arce y Ceballos, Miguel Aguilera.

V. Un litigio de don Gregorio Vásquez Ceballos, Manuel José Forero

VI. Plática con dos pintores, Carlos Restrepo.

(1) Francisco Gil Tovar: "Son Auténticos todos los cuadros atribuidos A Gregorio Vásquez?" Lecturas Dominicales, "El Tiempo", Bogotá,19 de mayo de 1963.

Enrique Marco Dorta: "La Pintura en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia". Capítulo XII, Tomo II de la Historia del Arte Hispanoamericano de Diego Angulo . Salvat Editores, S. A. Barcelona. 1950.

Véanse también las reproducciones de varios de los cuadros de Gregorio Vásquez, en las "Hojas de Cultura Popular" Bogotá, 1947-1.957.

Por último la Editorial Horizontes publicó el libro titulado "Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos". Bogotá, 1963. Tiene los siguientes estudios:

JOSE MANUEL GROOT: "Noticia Biográfica de Gregorio Vásquez Ceballos".

ROBERTO PIZANO RESTREPO: "Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, pintor de la ciudad de Santafé de Bogotá, cabeza v corte del Nuevo Reino de Granada".

GUILLERMO HERNANDEZ DE ALBA: "Feliciana, la hija del pintor Gregorio Vásquez".

"Transcripción del documento que identifica a la hija del pintor Gregorio Vásquez".

SANTIAGO MARTINEZ DELGADO: "A propósito de don Gregorio Vásquez".

JORGE LUIS ARANGO: "La obra de Vásquez en Monguí".

"Las obras de Vásquez Ceballos en Monguí, según un documento de 1863".

"Un testimonio de Vásquez sobre un episodio de 1679".

FRANCISCO GIL TOVAR: "Unas curiosas tablas del taller de Vásquez Ceballos".

"Los dibujos de Vásquez Ceballos".

"żEs Vásquez Ceballos un pintor Colonial?"

LUIS ALBERTO ACUŃA: "Epílogo. Ficción y realidad en torno a la vida y la obra de Vásquez".

Tomado del Libro: Diccionario de Artistas de Colombia, Doctora Carmen Ortega

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El padre de la pintura colombiana en la Biblioteca Nacional

Quizá no ha sido todo lo visitada que debiera la exposición de pintura de Gregorio Vázquez de Arce y Cebados, pintor de la ciudad de Santa Fe de Bogotá, cabeza y corte del Nuevo Reino de Granada, y que en homenaje a la memoria de Roberto Pizano, su más destacado biógrafo, se está exhibiendo en los salones de nuestra Biblioteca Nacional. Sin embargo, la colección es bastante completa y el estilo del artista digno de cualquier admiración.

Considerado el ambiente en que hubo de moverse el padre de la pintura colombiana y los limitadísimos recursos que tenía a su alcance, su genio es evidente. Su maestro más próximo y más destacado lo fué Baltasar de Figueroa, considerablemente influenciado por las más heterogéneas escuelas que entonces se practicaban en los talleres de Andalucía y que constituían una imitación servil de las modalidades italianas de aquella época. Parece ser que la labor de Vázquez en el taller de Figueroa se limitaba a la preparación de los colores y aún ésto con ciertas limitaciones, pues el maestro, celoso de sus secretos, le ocultaba la composición de determinadas fórmulas. Figueroa no era un pintor que se destacara ni por el colorido ni por la expresión de sus figuras. En cierta ocasión luchaba terriblemente por pintar los ojos del San Roque, que puede admirarse en la iglesia de Santa Bárbara, y cansado de luchar tomó su capa y su sombrero y se fue a la calle. Vázquez, que había visto los esfuerzos inauditos del maestro, cogió sencillamente los pinceles y pintó los maravillosos ojos del Santo. Cuando Baltasar volvió y vio aquellos extraordinarios ojos pintados en la tela, montó en cólera, y, en vez de elogiar a su discípulo, lo despidió de mala manera.

Vázquez se encontró solo y pobre en medio de la calle. Se aficionó a la lectura y al contacto con todos los bigardos y aventureros que por aquellas épocas llegaban a nuestras playas. Las relaciones de los conquistadores, en las que la realidad superaba a la más calenturienta fantasía, templaron el caletre de Vázquez que se complacía en dibujar los episodios más destacados de estas aventuras. Con esta labor adquirió una considerable soltura en el trazo y en la forma, que destacaban magníficamente en la primera estampa de los Siete Infantes de Lara que empezó a pintar. Mandó a un español que tenía un comercio, y no sería muy adocenado el tal, cuando se la compró inmediatamente y le mandó que le hiciera las restantes. Y, cuenta Groot, que no necesitó más "aquel genio privilegiado para levantarse a una altura tan eminente en la esfera del arte cual ninguno hasta ahora de todos los que en la América del Sur se han dedicado a la pintura".

Este fue el principio de la fortuna de Vázquez. Pizano explica que a partir de entonces Vázquez dedicó buena parte de su tiempo a perfeccionar la preparación de los colores, la trituración, la calcinación y las demás operaciones mecánicas, así como a la selección de los materiales, gracias a lo cual obtuvo resultados casi perfectos. En esta época debió descubrir su "manera". Y aún hoy puede percibirse en sus lienzos un aspecto unido y hermoso conservado por un barniz que hace aparecer a la pintura moderadamente brillante dando mucho realce y vivacidad a los colores. Sin embargo, pueden observarse algunos defectos en el empleo del añil, por ejemplo. Lo que en su origen fue azul se ha ido transformando en un verde aceituna poco armonioso que, en ocasiones, llega incluso a alterar la composición general de los colores. En otras ocasiones se observa que utilizó una tierra verde mineral que sí que le dio magníficos resultados.

Parece ser que los lienzos que utilizaba eran los llamados "lienzos de la tierra", tejidos por los indios. Los pinceles eran de pelo de ardilla, de cabra o de perro, metidos en cañones de plumas de ganso o de otras aves.

Sus asuntos, bastante originales, son un tanto ingenuos, lo cual no le quita fuerza, ni mucho menos, y contribuye en manera notable a dar carácter a su pintura. Los fondos de sus cuadros son los que veía a diario en aquella magnífica Santa Fe de sus días: naturalezas muertas, como las de los mercados; objetos mates y rojizos de barro cocido, como la alfarería de Ráquira y metales relucientes, de armas de soldados y de aventureros, frutas y legumbres de matices suaves y colores que hoy aparecen apagados.

Fue tan del gusto de los santafereños esta clase de pintura, que les recordaba continuamente tantas escenas familiares, que los cuadros de Vázquez sirvieron en muchas ocasiones para adornar los altares en las festividades del Corpus.

Por entonces empezaron a manifestarse en él las tendencias de la pintura europea. Empieza a pintar algunas telas piadosas muy cuidadas y muy bien terminadas. Pero, a pesar de todo, logra mantener su estilo peculiar y robusto que Le manifiesta en la facilidad con que sabe colocar a las figuras, en los pliegues graciosos de sus vestiduras, en los semblantes ingenuos y en el colorido. Ya estaba el artista cuajado. Ya no le quedaba más que insistir en la continuación del color y del trazo admirable que sabía imprimir a sus pinceles. Entonces vinieron los encargos y la decoración de iglesias y de claustros.... y la gloria. Cuando Vázquez murió pobre y olvidado, en 1771, dejó una obra completa y capaz de enorgullecer a no importa qué país. Por eso hubiera sido interesantísimo que los bogotanos, que tanto han oído hablar de su mejor pintor colonial, hubiesen desfilado ante la Exposición que en estos días se exhibe en los salones de la Biblioteca Nacional. La obra de Vázquez Cebados merece toda nuestra admiración y toda nuestra gratitud porque nos permite marchar a la cabeza en las escuelas pictóricas de la época colonial de nuestro continente.

Tomado de la Revista Cromos No.1272, 03 de mayo de 1941

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Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos

por Roberto Pizano Restrepo

Desde el año de 1658, época probable de su rompimiento con los Figueroas, al de 1679, en que aparecen firmadas sus primeras obras, debió dedicar Vázquez buena parte de su tiempo a perfeccionar la preparación de los colores. Prestó sumo cuidado a la trituración, a la calcinación y a las demás operaciones mecánicas, así como a la selección de los materiales, gracias a lo cual obtuvo resultados casi perfectos. Presentan sus pinturas aspecto unido y hermoso, conservado por un barniz que, extendido después de concluidas, las hace aparecer moderadamente brillantes, dando realce y vivacidad a los colores. De los indígenas logró aprender, a fuerza de obsequios y de ingenio, el uso de la goma elástica, que puede extenderse en capas delgadísimas, y del elemí. Indicáronle éstos además en dónde se hallaban los mejores yacimientos de arcillas de distintos colores y calidades: en La Peña, en Bosa, y especialmente en Ráquira, donde consiguió tierras doradas en gradaciones del amarillo pálido a los rojos tostados. En cambio, no aprendió de ellos a usar bien el añil, el cual se ha ido transformando en sus cuadros en un verde de aceituna poco armonioso, que ha alterado los compuestos en que intervino. Afortunadamente usó también en algunas ocasiones una tierra verde mineral que le dio mejores resultados.

El carmín extraíalo de la cochinilla, agregándole, para aumentar su cuerpo, yeso o almidón, que con el tiempo le han hecho descolorar. El cinabrio, que tanto gustaba de emplear entero, lo preparó artificialmente con mercurio y azufre. Para empastar las luces echaba mano del albayalde, cuyo matiz modificaba, consiguiendo grises variadísimos, sin hacerlo intervenir nunca solo con la blancura del alabastro, ni mezclado en los oscuros, profundos y aterciopelados, obtenidos con negro vegetal.

Empleaba un lienzo de tejido desigual, áspero y separado, que se llama "lienzo de la tierra", y aún hoy se teje por los indios de algunas regiones (Sogamoso, Tunja, Chocontá, etc.). Cubría los lienzos o tablas con una preparación rojiza, sobre la cual, después de dibujar con pincel y color, restregaba ligeramente las medias tintas verdosas y colocaba las luces con vigor, dejando el tono de la primera preparación con transparentes veladuras para los oscuros. Sus pinceles eran de pelos de ardilla, de cabra o de perro, metidos en cañones de plumas de ganso o de otras aves.

Al par que mejoraba los instrumentos de su oficio ejecutaba una serie de estudios laboriosamente tomados del natural, de gran utilidad para sus obras futuras: bodegones, figuras, animales y flores. En ellos aprendió a interpretar las calidades materiales: la transparencia de un vaso de cristal, el matiz de unas rosas blancas sobre un paño blanco, el jugo y la pelusa de las frutas, la pelambre de unas liebres muertas, el brillo irisado y resbaladizo de los peces. Los asuntos, completamente originales, son de una agrupación un tanto ingenua. En la Primavera, un caballero de traje de color de gamuza, con afollados y encajes, que sostiene sobre la cabeza una canasta de flores, ofrece una rosa a una dama de acotillado traje gris, adornada con zarcillos de perlas y tocados los cabellos con un lazo rojo.

En el Estío, la mujer es quien sostiene unas espigas, en tanto que su compañero muestra en alto un ave viva de blanco plumón. Los dos levantan en el Otoño un gran racimo de uvas, mientras el Invierno está representado por un anciano y un mozo en el interior de una cocina, a través de cuya ventana se alcanza a ver un país nevado. En el fondo de los cuadros hay naturalezas muertas, objetos mates y rojizos de barro cocido y de metales relucientes, frutas y legumbres en matices suaves y neutros de mirto bronceado.

Causó con todo ello tan gustoso asombro a las gentes que por primera vez y tan naturalmente representados veían estos asuntos familiares, que sus lienzos sirvieron para adornar los altares en las festividades del Corpus, en alguno de los cuales se veía aún, dos siglos después de pintado, el retrato de Vázquez, escopeta en mano, cargado de aves muertas y con un perro a su lado. Perdióse esta obra, pero se conserva un boceto de cortas dimensiones, en el cual aparece en primer término un personaje, sin duda el propio artista, vuelta la cabeza hacia el espectador y en actitud de montar en un caballo cenizo. A sus pies yace un perro, en tanto que en el fondo del paisaje, cerca de un río, otro cazador, rodilla en tierra junto a su caballo, dispara su arma, mientras el perro aguarda impaciente.

En estos cuadros se aunaban su vocación de artista y su pasión por la caza, muy abundante entonces en los alrededores de la ciudad, y por esto, pasatiempo favorito de los santafereños, no sólo de capitanes del Ejército Real, de alféreces y soldados, sino también de clérigos y señorías, pues hasta arzobispo hubo -don Luis Zapata de Cárdenas- que muriera en un accidente de caza, después de correr un venado.

Durante toda su vida conservó Vázquez la afición a este deporte, que a los 30 años cumplidos le llevaba a gastar sin miramiento cuanto tenía para renovar su arsenal de balas y pólvora y mantener caballos, perros y servidores, que no debían de ser pocos, ya que hasta nosotros ha llegado la noticia de un pleito por cuatro esclavos que le pertenecían. Acomodado en una silla sobre las espaldas de éstos y a su paso ligero e igual, pudo ir de caza hasta las lejanas montañas y conocer ampliamente la naturaleza a la vez que divertirse.

Tomado de Hojas de Cultura Popular Colombiano No.08, 1951

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LA OBRA DE GREGORIO VÁZQUEZ:
El Juicio Final (1673) representa la salvación y condena de los hombres. Análisis iconográfico de Jaime Borja y Constanza Villalobos.

1 El cuerpo resucitado del  Cristo crucificado, marcado por las llagas del sufrimiento en manos, pies y costado, remite a las virtudes de la resignación, la paciencia y el sufrimiento. El gesto del brazo derecho de Cristo señala aprobatoriamente a los salvados.

2 La Virgen tiene desnudo el pecho derecho, lo que representa la relación entre la sangre de Cristo y la leche de la Virgen. De la primera emana la salvación y de la segunda las virtudes. Los santos fluidos del cuerpo eran fundamentales para la salvación.

3 Santo Domingo y los dos atributos que lo identifican: en sus manos sostiene el rosario que le entregará a la Virgen y la estrella que le apareció en la frente el día de su bautizo, que significa la guía que ilumina las almas.

4 Tres santos franciscanos, orden que encargó el cuadro: Francisco de Asís, con el estigma en el pecho; Santa Clara, con la custodia y la hostia consagrada y San Francisco de Paula con el fuego de la caridad encendido en su corazón.

5 San José, a la derecha de Cristo, con sus herramientas de carpintero. A su lado, San Agustín sostiene el corazón flamígero en su mano derecha, mientras Ignacio de Loyola sostiene el símbolo de su orden contra el pecho.

6 Santa Teresa sostiene la flecha que le atravesó el corazón y que representa la Transverberación y San Juan de Dios, la corona de espina sobre su pecho, suceso místico que el santo experimentó cuando la Virgen y san Juan le impusieron sus manos.

7 El ángel sostiene un libro que dice "Juzga Señor según tu magna misericordia", mientras que al otro lado el demonio tiene la sentencia "Juzga Señor según tu recta justicia". Misericordia y justicia, dos calidades del Juicio Final.

8 Los cuerpos de los condenados, en siluetas negras en la extrema derecha del cuadro, teatralizan las prácticas disciplinaria del cuerpo. Las llamas purificadoras y la presencia de los demonios, cierran el círculo de la condenación eterna.

9 Una de las pocas representaciones coloniales de un espíritu o demonio súcubo, aquel que tomaba forma de mujer para tentar a los hombres. Tiene las características hermafroditas, típicas de este tipo de representación.

10 Esta es una de las muy pocas obras firmadas por Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638 -1711), uno de los principales pintores de la Colonia neogranadina. Solo 32 pinturas de las cerca de 900 atribuidas tienen su firma.

Tomado del periódico El Tiempo, 30 de mayo de 2010