Beatriz Gonzalez

Bucaramanga, Santander

Escultores

Figura Humana, Figura, Objetos

Beatriz Gonz�lez

pintora

 
A ColArte
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Hoja de vida Critica Enlaces  
Recuento

Recuento 1

Varios 
Marta Traba y varios  
Fausto Panesso  
María Teresa Guerrero: Colándose en la historia del arte, 1986
Luis Carlos Aljure: Beatriz pinta el color
Alvaro Robayo: Exposición Dolores  
Alvaro Burgos: La pintura por metros 
Ivonne Pini: Los suicidas del Sisga 
Ana María Escallón:  Un mérito sostenido 
Antonio Montaña: Patada en el trasero 
Javier Nieto: Columbarios del cementerio
 
Gustavo Cobo Borda: Beatriz Gonzalez: A más muerte,mayor arte 
La mirada desbordada 
Crítica incansable: por Jaime Andrés Monsalve 
Historia del país en caricaturas 
Una risa de 200 años 
El temperamento de Beatriz: Humberto Junca 
La retrospectiva es un examen de conciencia: Angélica Gallón Salazar 
Manuela Lopera: No deja de mirar 
Liliana López Zorzano: Los nexos de Beatriz González 
Años de Formación (Revista Arcadia - 2015 
Me Salva la autocrítica, por Alejandro Aguirre, Revista Diners


 
BLAA

ColArte

 
 


Un m�rito sostenido

La pintora, cr�tica e historiadora recibi� el premio a su vida y obra por parte del Ministerior de Cultura

por Ana Mar�a Escall�n

La verdad, se lo merece. Una incansable artista, una investigadora con todos los adjetivos de la historia del siglo XIX, curadora, muse�loga y pedagoga de tiempo completo. A tal punto, que no se explica a qu� horas crea en su estudio. El engranaje de la obra de Beatriz Gonz�lez comenz� cuando estudiaba Artes en Los Andes. En alg�n momento critico buscaba un soporte visual para completar un trabajo que no hab�a podido resolver. A ultima hora a instintivamente, tom� un afiche de La Rendici�n de Breda de Vel�squez que s�lo mostraba un detalle de "lamas y sombreros elegantes" del cuadro donde el gobernador entrega la ciudad a Ambrosio de Sp�nola. Al detalle le pint� "unos manchones de color" encima y lo present� como proyecto. Con ese ejercicio, Beatriz Gonz�lez tuvo una certeza: necesitaba de una referencia visual para crear sus otras im�genes.

Una vez egresada y mientras trabajaba en su Bucaramanga natal, recibi� en 1963 una carta del Museo de Arte Moderno donde su directora, Marta Traba, la invitaba a una exposici�n junto con Botero y Widemann. Me imagino, estaba reuniendo tres generaciones de artistas que presentaran aproximaciones diferentes al tratamiento de la figura humana. Ella envi� su obra La Encajera donde retomaba la obra con el mismo nombre del trabajo de Vermeer y donde se destaca ya, esa utilizaci�n plana del color. El color, casi en la superficie de la tela, va a ser otra de las caracter�sticas de su trabajo.

Como recibi� una educaci�n estricta de padres santandereanos de gustos refinados que apreciaban el buen humor, encontr� que, la elecci�n de las im�genes de mal gusto, pod�an ser acierto rebelde y chistoso. As� comenz� un repertorio de im�genes donde la historia de lo cl�sico se entremezcla con im�genes populares. 0 viceversa.

En 1964, cuando contrajo matrimonio, tuvo la fat�dica sospecha que podr�a convertirse en "una se�ora que pinta". Pero con tiempo y confianza mantuvo inc�lume su voluntad de crear. Es m�s, acompa�ando a su marido en sus expediciones de arquitect�nicas, encontr� en Bogot�, un aviso del parqueadero Libertador que fue como una iluminaci�n fulgurante. Tanto, que averiguaron qul�n los fabricaba para que ella pudiera ordenar un par de �valos. A la manera de medall�n y burl�ndose de la Academia y su extensa historia, pint� a Bol�var y a Santander. Las im�genes de los pr�ceres las pint� en superficies met�licas y con la utilizaci�n esmalte. Mientras ten�a como referentes de su modernidad a la mirada de Degas, la estructura del Cubism� de Picasso y la contundencia de la forma de Botero, realiz� Los Suicidas del Sisga, que envi� al XVII Sal�n de Artistas y gan� el II premio en 1965.

En otra de las incursiones matrimoniales, encontr� en 1970, la primera cama donde pinto el tema religioso del Cristo ca�do. Y este fue el comienzo de serie de sus muebles. Tocadores con Madonnas italianas, la mesa con la �ltima Cena o mesas de noche con la imagen de Kennedy. A Bol�var muerto, lo volvi� a pintar en una cama en una obra que titul� Mutis por el foro.

Sin duda, estaba creando su obra bajo alguna influencia del Pop norteamericano donde el tamiz de lo popular pon�a en evidencia a una sociedad que atravesaba la crisis de Vietnam o se acordaba de Hiroshima. Los artistas retomaban los s�mbolos de una cultura de �dolos que ven�an envueltos en el papel celof�n de la sociedad de consumo.

El Pop ten�a como objetivo la reconciliaci�n con la figuraci�n realista de Coubet, quien a mediados del s. XIX, asumi� que el artista deb�a estar comprometido con ideas, costumbres y apariencias de su tiempo. Por otro lado, el Pop era en el enfrentamiento contra los dogmas imperantes del Expresionismo Abstracto. Como hab�a que conquistar la realidad, Rauchemberg realiz� en 1955, su obra Cama que consisti� en una cama real salpicada de piritura. Jasper Johns que era un constructor :de objetos con pintura porque le interesaba el objeto real en la bidimensionalidad; cre� su bandera norteamericana. Por su lado Liechtenstein en 1960, comenz� a incluir en sus obras los comics y sus globos como tem�tica critica y a quien le interesaba la superficie plana, primaria, brillante y neutra. Warhol se involucr� con las im�genes comerciales y populares que tuvieran la connotaci�n de lo obvio. As� retom� y pint� desde Marylins hasta Monalisas, pasando por el empaque del Bom Brill. La venezolana Marisol Escobar, constru�a instalaciones, con sus esculturas de modelos-prototipos del glamour de la sociedad.

En Am�rica Latina, el contexto rebelde de lo conceptual y lo objetual estaba en al aire. As� aparecen lecturas individuales de iconograf�a nacional como lo hizo Margot Romer en Venezuela o Beatriz Gonz�lez. Aparece la subversi�n contra la pintura tradicional mientras buscaban una antiest�tica. Su mundo recurre a im�genes-s�mbolos de las jerarqu�as sociales como lo son la religi�n y el poder.

Al pintar objetos, la forma es el comienzo de su reflexi�n pict�rica. En 1976, el Museo Nacional, la invita a dirigir el departamento de Educaci�n y crear una escuela de gu�as. Y ac� comienza a prender los motores de las otras actividades paralelas. En 1986 comenzaron las curadur�as, su inter�s por la museograf�a y las investigaciones sobre los artistas viajeros del s. XXDC y la caricatura.

El compromiso con la realidad pol�tica comenz� como una reacci�n a la impotencia que sent�a durante el gobierno de Turbay. Su denuncia, a la imagen del poder con su desgaste p�blico, lo plasm� cuando pint� La Familia Presidencial en sus fiestas en 1978, en cortinas de adorno o una alocuci�n presidencial muda pintada en un televisor. En ese punto se despide de temas de historia del arte para entrar con humor y sangre fr�a, a la lectura sobre pol�tica colombiana.

El tema espec�fico de la violencia entr� en su obra, cuando aparecieron denuncias sobre abusos, maltratos y muertes de j�venes soldados, mientras su hijo Daniel cumpl�a servicio militar. En 1985, camufl� de militar al Ni�o Jes�s del 20 de Julio en la obra que titul�: T�mulo Funerario para soldados bachilleres. En su �ltima exposici�n, present� 3 diferentes series: en Vistahermosa, retoma cr�nicas period�sticas sobre una matanza con sus fosas comunes. Dos figuras llevan en un palo amarrado al bulto cad�ver.

El dibujo, que es casi un espectro, trata figuras abatidas que recogen a sus respectivos muertos, de esta guerra sin nombre. Resulta interesante el manejo que hace de esas formas vac�as que, en su repetici�n hacen una doble lectura. En la serie Domingo de Resurrecci�n, pinta una procesi�n donde repite el mismo acto: cargan un muerto.

En su pintura las formas se han abierto y el color, que se ha macerado, contrasta con los colores primarios. Esa mezcla de tonalidades muestra el sentido de lo lleno y lo vac�o que trabaja como radiogr f�a en el dibujo. En la serie La Piedad, que es tema iconogr�fico de la Virgen con su Hijo muerto, muestra el dolor de las madres que pueden enterrar a sus muertos en este pa�s de desaparecidos.

Tomado del Suplemento de El Tiempo, 25 de noviembre de 2006

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Historia del pa�s en caricaturas

"Hombre, qu� m�s realismo m�gico que un pa�s gobernado por un elefante". Con estas palabras Gabriel Garc�a M�rquez expresaba su asombro sobre el esc�ndalo del Proceso 8.000 en una caricatura de Ch�colo. Este dibujo hace parte de la exposici�n La caricatura en Colombia a partir de la Independencia, que se inaugur� ayer en la Casa Republicana de la Biblioteca Luis �ngel Arango, de Bogot�.

La muestra busca reconstruir la historia y evoluci�n de la caricatura en el pa�s, sus relaciones con la liberad de expresi�n, con las costumbres del pueblo y con la evoluci�n del grabado en el pa�s.

Los visitantes tendr�n la oportunidad de hacer un recorrido por momentos cruciales en la historia nacional, como la separaci�n del istmo de Panam�, la �poca de La Violencia, el nacimiento del Frente Nacional, la dictadura del General Rojas Pinilla, todos bajo la cr�tica mirada de los cultores de este g�nero.

Para la muestra, su curadora, la artista e investigadora Beatriz Gonz�lez, reuni� a un grupo de expertos que recopil� informaci�n en varias ciudades del pa�s.

Gonz�lez comenz� este proceso en 1985 con el apoyo del Banco de la Rep�blica y, 25 a�os despu�s, el trabajo se cristaliz� en esta exposici�n que recoge, adem�s de los originales de las caricaturas y de los peri�dicos en que se publicaron, una serie de �leos, acuarelas, retratos y autorretratos de los dibujantes.

"La gente desprecia un poco la caricatura, y piensa que es algo insignificante, que no hace mella, pero lo cierto es que s� lo ense�a a uno a pensar", afirma Gonz�lez.

A los visitantes los reciben dos salas introductorias. La primera, se centra en el escudo nacional y recoge todos los trabajos que el dibujo de humor ha hecho sobre este s�mbolo patrio.

La segunda sala realiza un recorrido por la historia de la caricatura mundial.

El viaje por los dibujantes colombianos comienza con una serie de retratos del bogotano Jos� Mar�a Espinosa, considerado el primer caricaturista nacional. Tambi�n hay una sala dedicada al antioque�o Ricardo Rend�n, uno de los m�s importantes en la historia de Colombia.

"Rend�n represent� el momento en que se consolid� la caricatura de prensa en el pa�s; es decir, en que la caricatura se uni� a los editoriales de prensa. Adem�s, �l entendi� que la caricatura en ese momento ten�a que ser sint�tica, es decir representar una idea de una forma muy simple y directa", explica Gonz�lez.

El Zancudo y Fantoches

Otro de los objetivos de esta muestra es rescatar del olvido publicaciones que, seg�n Gonz�lez, fueron de gran importancia en la historia de la caricatura nacional, tales como El Zancudo (1890), el peri�dico Los Matachines Ilustrados (1854), y la revista Fantoches (1925), entre otras.

Uno de los elementos curiosos de esta exposici�n es el libro que el fallecido narcotraficante Pablo Escobar Gaviria mand� a imprimir con las caricaturas que sobre �l se hab�an hecho.

La �ltima secci�n est� dedicada a la caricatura en los tiempos del presidente Alvaro Uribe. Gonz�lez relata que el primer inconveniente que tuvieron los caricaturistas en esta �poca fue encontrar la mejor forma de retratar a Uribe.

Sin embargo, superado este escollo, otro problema apareci�. "En estos momentos hay mucha intolerancia sobre el trabajo de los caricaturistas, ya que a los medios llegan muchas cartas en las que piden respeto para el Presidente", afirma Gonz�lez.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 3 de diciembre de 2009