Nadin Ospina

Bogota

Escultores

Figura

Nadin Ospina

pintor, escultor

 
   
 

Cr�tica

Proyecto Estrellas de Piedra


ALBERTO SIERRA:

La obra de Nad�n Ospina habla de la apropiaci�n de la obra de arte, de esa especie de "pillaje" a la autor�a intelectual. Su estrategia involucra al p�blico como autor y exalta su aproximaci�n al arte al confirmar a trav�s de su concurso, la posibilidad de identificarse negando la originalidad como condici�n vanguardista.

Experimentos de los a�os setentas hechos por Carlos Correa aleccionando los dibujos de ni�os y los graffitis callejeros o las cer�micas de los Alzate en los a�os treintas creando confusiones sobre la identidad americana, fueron corroborados por Ospina, en un taller abierto donde el p�blico reivindic� sus posibilidades mediante un hecho expreso del artista.

FRANCISCO GIL TOVAR

El desplazamiento del artista es uno de los fen�menos que pueden caracterizar a este estado de cosas que se da en llamar postmodernidad. No ha de ser ya necesariamente el artista quien ejecuta la obra, sino el que desarrolla una idea en otros conduciendo un proceso, e incluso, dej�ndose conducir por el. Ser�a atrevido bautizar esta actitud con la palabra "otrismo"?. 

Derivada tanto de la posici�n conceptual como de la procesual, plantea una idea- puntodearranque, tras de la cual, el autor se desplaza al puesto de inductor de la participaci�n de otros, espont�neos o no, de cuyas expresiones se apropia para motivar un proceso en el que el azar puede ser ingrediente.
Esos otros son los oficiantes de la obra, que act�an bajo las previsiones (o imprevisiones ?) de esa especie de ladr�n y director de orquesta en la que el artista se convierte como responsable de toda una trama.

Esta estrategia de ideaci�n, estimulaci�n de otros, apropiaci�n de lo ajeno y b�squeda de sentido la ha manejado muy bien Nad�n Ospina, incorpor�ndola a nuestro medio con aspectos originales e insinuando un "modus operandi" cuya relaci�n con otros estados socio-culturales del mundo actual es innegable.

EDUARDO SERRANO: 

Aunque a primera vista, la exposici�n de Nad�n Ospina parece desligada de su trabajos m�s conocidos, se trata de una muestra que guarda coherencia con los argumentos de toda su producci�n y que permite precisar algunas prioridades de su obra. La exposici�n tiene tambi�n el m�rito de involucrar directamente al observador y de hacerlo part�cipe de los designios del artista. 

La impresi�n inicial que produce la muestra es la de una exposici�n convencional, compuesta por pinturas abstractas y dibujos instalados en mesas. La verdad, sin embargo, es que se trata de un duro cuestionamiento, precisamente, a las exposiciones convencionales y en general a los principios de la modernidad art�stica. Para Ospina, la calidad de una obra est� m�s relacionada con su efectividad para clarificar alg�n aspecto o circunstancia de la sociedad o de la vida, que con la creaci�n de un estilo, la singularidad de una forma o la invenci�n de una imagen.

Por ejemplo, sus falsas cer�micas precolombinas son elaboradas en barro por expertos en las t�cnicas de las distintas culturas abor�genes y representan a Bart Simpson, el rat�n Mickey, Tribil�n o el pato Donald, en una sacr�lega simbiosis que no puede ser m�s expl�cita sobre la penetraci�n cultural de que es objeto la sociedad colombiana y principalmente la poblaci�n infantil. Pero aparte de apoyarse en formas y figuras ampliamente conocidas en las �reas
de la arqueolog�a y la diversi�n, el artista se abstiene de intervenir en la elaboraci�n de las piezas, impugnando la importancia tanto de la originalidad como de la manualidad en el trabajo art�stico e insistiendo en que la validez de una obra depende de la correcci�n de sus planteamientos en relaci�n con el ser y con la sociedad y no de la singularidad de sus elementos ni de la habilidad en el manejo de un determinado medio pl�stico.

Pues bien, en la exposici�n se trata de pinturas que tampoco son originales ya que provienen de dibujos de la hija del artista cuando ni�a y de bocetos que le ha estado enviando un dibujante an�nimo como respuesta a una convocatoria para participar en la muestra. Se invita adem�s al p�blico que visita el Planetario a elaborar una obra para presentarla a la consideraci�n del artista, quien escoge dentro de esos bocetos -como un curador- los trabajos que le interesan para hacer parte del proyecto y contrata finalmente con un pintor profesional -que no es artista- para que los traslade al lienzo. La exposici�n tiene cierto aire de parodia, pero hace perfectamente claro que el oficio art�stico lo puede realizar cualquier persona entrenada en la materia porque lo importante es concretar por cualquier medio una idea o visualizar un raciocinio, sin tener que renunciar a todo tipo de consideraci�n est�tica.

La exposici�n, adem�s, al igual que las cer�micas, desmitifica al artista como h�roe capaz de producir algo inimitable y hace obsoletos conceptos como "la pincelada de Santa Mar�a" o "el trazo de Obreg�n" que llegaron a determinar la validez del trabajo art�stico. La muestra encauza al observador hacia el terreno de los cuestionamientos con el objeto de liberar al arte de todo el bagaje estil�stico y egoc�ntrico que lo acompa�� durante el auge del modernismo y de extirpar el misterio y reverencia que circunda a las exposiciones. S�lo as�, obras como los personajes de Disney al estilo Muisca, Quillacinga o Tairona podr�n cumplir fielmente con las tareas culturales y sociales que se les encomiendan.

Tomado del folleto Premio Luis Caballero 1996-1998, Galer�a Santa F�

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