Carlos Rojas Gonzalez

Facatativa, Cundinamarca

Escultores

Abstracto, Objetos

Carlos Rojas González

pintor, escultor


La Obra de Carlos Rojas

por Eduardo Serrano

Grata pero difícil tarea presentar la obra de Carlos Rojas con ocasión de una exposición tan completa y bien propuesta como la que muestra actualmente el Museo de Arte Moderno (1969). Grata tarea porque su trabajo es de una profundidad estimulante, generador de múltiples ideas visuales, y placentero reto para la retina y la imaginación. Y difícil tarea porque - aparte de las inevitables tergiversaciones verbales, que alguna vez llevaron a un pintor a definir la historia del arte moderno como "su lucha contra los catálogos" - no creo que haya una obra plástica más incomprendida en Colombia que la obra de Carlos Rojas.

Todos los catálogos son pretensiosos. Más aún en este país en donde la literatura reemplaza con tanta frecuencia al análisis especializado sobre cualquier materia; y donde el criterio del historiador es aplicado indiscriminadamente, al arte del pasado, y a obras de arte vivas, que siguen siendo una sorpresa. Pero en el caso de Carlos Rojas, cualquier literatura con que se pretenda describir su obra debe ser muy lejana de su esencia, o debe ser muy mala porque debe ser muy mentirosa. De la misma manera que cualquier intento de aproximarse a su trabajo con la metodología de la historia, al final debe resultar inocuo, inoportuno, y posiblemente desmentido por próximos giros de la obra de este artista en plena actividad creativa.

En parte, la incomprensión de su trabajo se debe, entre nosotros, a los mismos prejuicios que nos llevan a encontrar raíces literarias en absolutamente todo. Inclusive, desde luego, en las imágenes visuales. Y en parte, a ese afán nuestro - de país joven - de volver historia lo presente, de congelar lo que hemos comprendido, de clasificarlo y de integrarlo a nuestro particular programa sobre el mundo o sobre la vida. Programa que, naturalmente, sentimos traicionado cuando el papel de los demás no se resigna al que les hemos designado. Y programa contra el cual, cualquier actitud nueva, o cualquier aporte no predicho, nos parece un cambio gratuito, vacío, e intempestivo: Pero la obra de Carlos Rojas es de una claridad visual definitiva. Y no importa, por lo tanto, si no está sujeta a nuestros particulares pareceres sobre el devenir del arte, ni a la ley de las metáforas. Sus imágenes son estrictamente plásticas. Es decir, en su trabajo lo que cuenta son los planteamientos de un lenguaje visual intraducible a las palabras, cuyos efectos sólo podemos descubrir mediante la observación seria, paciente y voluntaria de sus obras. Son imágenes, por su puesto, que conllevan aspectos de posible descripción y que están hechas en un tiempo y un espacio que las clasifica y las influye - a los cuales debemos recurrir para aprehender y referirnos de alguna manera pertinente a su trabajo. Pero es obvio que explicaciones como ésta no pueden - ni pretenden - paralizar, diseccionando cronológica y verbalmente su labor, el impacto de una afirmación total, diseñada para conmovernos con las posibilidades infinitas del espacio, y para intrigarnos con la sola realidad de su presencia.

"Lo espiritual en el arte es lo que dentro del arte es artístico", escribió Paul Klee, como secuela a la vieja sentencia de que "lo que queda de la vida es el espíritu". Y al espíritu del arte según esta aseveración, se ha atenido en su desarrollo paulatino y consciente la obra de Carlos Rojas.

Su obra está en directa relación con los problemas que avanzaron Malevich, Mondrian y Barnett Newman. Es una obra que ha evolucionado hasta concretarse en esa clase de arte metafísico que intenta llegar a una objetividad abstracta, y por ello totalmente opuesta a un simple juego de color o a una retórica plástica. Su tema podría señalarse como el equivalente visual de un concierto musical o de una métrica y un ritmo poético. Y tanto la apreciación como la creación de esta clase de arte, ya lo dijo Thomás Hess, "solo es posible gracias a estructuras escondidas de la mente, y similares al modelo hipotético de los lingüistas, mediante el cual se reciben sensaciones y palabras, y por el cual se producen sintaxis y conceptos".

No pudo ser fácil, entonces, comprender que "el arte" era el verdadero tema de los dibujos figurativos y de los distintos argumentos con que Carlos Rojas inició, hace casi veinte años, su carrera pictórica. Sin embargo, así lo insinúa el experto uso de la línea en sus representaciones de órganos humanos, de rostros y de plantas. Y así lo demuestra, tal vez más claramente, su siguiente etapa creativa, influida por el Cubismo, con la cual comienza verdaderamente su proceso hacia la geometría y hacia la esencia de las cosas. Y si el empleo de materiales de consumo nos hubiera llevado a predecir una inclinación por la figuración y por el mensaje representacional, a partir del siguiente período de sus realizaciones, bien pronto hubiéramos tenido que rectificar, al comprobar cada vez más simples referencias de la fuente en sus "Mujeres en Faja". Y al tener que examinarlas nuevamente, no con énfasis en los materiales distraidamente Pop de su elaboración, cuanto con atención a su desarrollo irrevocablemente abstracto; y con base a los planos, las formas y el color que nos presentan. El sentido de estos cuadros se halla más fácilmente a través de la divisiones geométricas da su composición, que a través de las equívocas sugerencias de las representaciones.

El uso del "collage" unifica todos sus momentos creativos. Pero la sutil diversidad de las líneas en sus dibujos cubistas, los espacios definidos por los diferentes cortes de las pinturas en el mismo lapso, y los colores planos de su período siguiente, son prácticamente el preámbulo de su verdadera obra. Un preámbulo en cuya consideración no descubrimos todas las implicaciones que atañen a su trabajo, pero el cual nos inicia en la correcta dirección de estas implicaciones, además de comprobarnos que su obra actual no es intuitiva ni arbitraria, sino por el contrario, personal y producto de un proceso intelectual y coherente.

En 1966 Carlos Rojas toma una decisión que sería definitiva en el desarrollo de su obra: la eliminación de la curva, y la consecuente y exclusiva dependencia de su creación en las posibilidades de la línea recta. Un colorido clásico y pastel, mediante el cual la línea se convierte en límite, procura captar el "espíritu" de los "Pueblos" colombianos. Pero sus planteamientos siguen dándose sobre superficies sin alardes de ilusión óptica; hasta rematar en el cuadrado. en los esquemas matemáticos, en premeditadas proporciones, en análisis de forma, de color y de composición Y un nuevo elemento, el movimiento del espectador alrededor del cuadro - que ha adquirido volumen pictórico instituído por los lados de los bastidores - hace aún más directa y más rotunda su afirmación de espacio a través de la realización lineal.

Las líneas llevan los ojos de un punto a otro, pero en orden, de acuerdo a planteamientos lógicos, cada vez más concretos y menos dependientes de la apariencia visual del universo Por eso nada puede resultar más normal ni más concatenado que la subsecuente desaparición del color en su trabajo. Ni nada pueda resultar más explícito de sus intereses básicamente espaciales, que la colocación de sus pinturas en el piso Pinturas que proponen ahora, blancas y negras relaciones proporcionales en cada uno de los módulos que las conforman, entre ellos, y con relación a los espacios que sugieren o que delimitan

Simultáneamente casi, aparece la escultura, primero en bronce, y luego en diversos materiales, planteando siempre, como la pintura, pero nunca materializando, el espacio a que hace referencia. El acero inoxidable y los tornillos sugieren relaciones con trabajos de artistas diferentes, como el de Edgar Negret. Pero sirven exclusivamente como proporción de sus medidas espaciales Porque los materiales obedecen en su obra a las necesidades físicas de sus conceptos, sin llegar a convertirse en contenido, y sin recibir un fundamental significado.

Barnett Newman aseguraba alguna vez que "cuando un artista quiere cambios dirige su obra al color negro. Tal - añadía - es una manera de limpiar la mesa y de comenzar con ideas nuevas". Y tal fue en Carlos Rojas una manera de orientar la expresión de sus ideas de acuerdo con un lenguaje generador y diferente. En 1970 el espacio aparece confirmado apenas por tenues variaciones en la tonalidad de este color. Las cuales, es cierto, nos remiten a previas afirmaciones de Newman y de Reinhardt. Pero a las que se añaden inmediatamente líneas blancas definiendo y abriendo más notoriamente sus singulares espacios y haciendo más comprensible su particular visión Y luego aparecen nuevamente pequeñas inclusiones de color, que son como termómetros para identificar más exactamente la capacidad geométrica de los vacíos.

Su trabajo actual, en conclusión, no intenta trasponer la realidad aledaña a estructuras formales por medio de la abstracción, sino crear una forma visual concreta que corresponda a las ideas abstractas y a las experiencias.

En sus últimas pinturas el color vuelve a adquirir importancia, pero no ya como elemento evocativo de la realidad, cuanto como una manera más definida de calificar distancias. A través de planos trazados con líneas rigurosas, se interpreta vertical y horizontalmente el pensamiento de que el espacio es producto de la sensibilidad. Y no se nos permite olvidar que todas sus afirmaciones están organizadas sobre superficies, porque e) lienzo permanece discreta pero permanentemente visible, detrás de los colores diluidos y propios de sus más recientes gamas (de ocre a verde, y de gris a negro, a blanco, a rosado o azul).

Y en sus esculturas más recientes, construidas con varillas cúbicas de hierro, pintadas de negro, sin más accidentalidad o dobleces necesarios para dar a su trabajo su más pura expresión, se contrastan además, peso y equilibrio, fuerza y reposo, materialidad y vacío, dando paso a un balance penetrante y armónico de estas tensiones elementales. Y mediante ese balance, Carlos Rojas nos presenta los mismos planos de fuerza, los mismos campos de energía, las mismas formas cristalinas, los mismos espacios rigurosos que especifica el color en sus pinturas, y que nos parece reconocer por su misma realidad, pero que no son otra cosa que los conceptos e impresiones del artista transformados en animados diagramas tridimensionales.

La última adición de una varilla, como línea, a uno de sus lienzos, inauguró en la obra de Carlos Rojas la mezcla física de pintura y escultura que desde siempre estuvieron mezcladas mentalmente. Y esta nueva combinación de sus lenguajes principales. hace aún más evidente la dirección y los ambiciosos objetivos espaciales de su obra.

Obra cuyo impacto visual no pretenden repetir estas palabras. Y obra que, por su vitalidad no se puede todavía clasificar como un capítulo cerrado de la historia.

EDUARDO SERRANO

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DEL CUBISMO AL DORADO 

Una selección de pequeños dibujos con intenciones abstractas dan comienzo a esta exposición sobre el desarrollo pictórico de Carlos Rojas. En cada uno de ellos el artista ha "calcado" una rama, una hoja o una flor, la cual pasa a ser disectada, medida, analizada matemáticamente, revelando ciertas formas, patrones y proporciones, en resumen, ciertas relaciones geométricas que sirven de principio y base para la producción del artista. Realizados en todas las épocas de su trabajo, los dibujos cumplen una doble función a lo largo de la muestra: por una parte sirven como recordatorio de sus fuentes, y por otra, como propuesta o como incitación a la elucubración metafísica. 

También hacen patente estos dibujos que la pintura de Carlos Rojas ha perseguido siempre un fin teórico, y que ha constituido una continua clarificación visual y una redefinición del concepto espacio. De allí su aura intelectual. Y de allí que visto retrospectivamente, resulte apenas lógico el que su ímpetu pictórico hubiera tomado inicialmente la vía del Cubismo, un movimiento cuya simultaneidad de visión apunta hacia la esencia de las cosas y que representa el primer intento consciente de diferenciar el arte figurativo del abstracto. 

El Cubismo es, pues, la primera definición pictórica de Carlos Rojas y en su obra de esa época (1960-1966) se resumen los tres períodos Fasético (de diferentes fases), Analítico y Sintético que tomó el movimiento en sus orígenes. Como las obras de los dos grandes generadores de esta tendencia, Picasso y Braque, sus trabajos de este tipo se concentran en una temática de estudio, la cual fue primero estructurada en planos geométricos y posteriormente interpretada desde distintos puntos de vista, para llegar finalmente a una liberación total de las maneras tradicionales de representar la realidad y la ilusión. No obstante el sobrio colorido propio del Cubismo, las pinturas realizadas por Rojas bajo su benéfica influencia, dejan sentada su aguda sensibilidad cromática, y dan inicio al uso del "collage" que se convertiría en rica y fructífera constante a lo largo de su carrera artística. 

A mediados de los años sesenta el interés de Rojas en el espacio habría de tomar cuerpo en una serie de pinturas titulada Pueblos, en las cuales, según sus palabras "la noción de espacio, antes tan elemental y asociada a la idea de contener, se abre a la perspectiva exterior". Tanto la abstracción como la consideración geométrica del mundo provenientes del Cubismo, se revelan consistentemente en estas obras de fondo blanco y bandas de colores claros que, por un lado, intentan captar el espíritu de los pueblos del país, mientras que por otro profundizan sobre "el concepto de espacio circundante, además del concepto de espacio circundado". 

Es precisamente esta inclinación por el espacio que ocupan los objetos y no por los objetos mismos la que habría de llevar su obra a nuevos planteamientos en la segunda parte de la década; incluída la idea de desplazamiento, la cual representa -citando nuevamente al artista- "un intento de seguir captando la simultaneidad de los puntos de vista, pero aplicados al espacio como una totalidad". Surgen entonces sus pinturas inspiradas en la noción de recorrido, de senderos energéticos; se estabiliza el formato cuadrado como el soporte lógico de sus propuestas; y aparece el concepto de "límite" (y por ende de "trascendencia") que habría de permanecer marcando, orientando, definiendo su producción futura. 

Con las obras de la serie Límites y Limitaciones desaparece el color, haciendo explícita su concreción sobre teorías y su desdén por el facilismo ornamental. Líneas blancas y negras "delimitan" en este caso sus espacios pictóricos, los cuales, ya a finales de la década, adquieren cierta tridimensionalidad al aumentar el borde del bastidor obligando el movimiento del espectador frente a sus obras, o al ser dispuestas en el suelo, a la manera de Objetos Comunicantes cuyos límites han sido aprehendidos y organizados de forma que hagan claro su sentido en el espacio.
Después de muchas variaciones sobre estos conceptos, a comienzos de los años setenta, reaparece, lentamente, el color, dando inicio a una serie de obras "transparentes", de horizontes, que no obstante su poder evocativo, aluden primordialmente a proporciones y medidas. Porque todo su trabajo parte de una proporción preestablecida V2 , V3, etc.) que se aplica a una cierta área (el lienzo) como unidad determinante de su disposición y sus subdivisiones internas. A ello se debe la correlación que manifiestan todos sus espacios, así como la sutil armonía de sus composiciones. Y por esto, entre las obras de todos los artistas colombianos, abstractos y figurativos, la de Carlos Rojas parece más cercana al clasicismo. 

Más adelante trabaja en acuarelas que siguen -a puro pulso- los mismos planteamientos de franjas horizontales; elabora sus Retazos (pedazos recortados, con evidente acierto, de grandes pinturas anteriores); añade varillas a los lienzos y los monta en estructuras metálicas; da comienzo a la serie Améríca que incluye cuadros de mayores dimensiones y que sobresalen por su cromatismo poético; y empieza a pintar sobre telas de texturas diferentes (paño, lana, tela acrílica, etc.) las cuales trata en ocasiones con tintes vegetales, yodo, achiote y otras sustancias extraídas de la naturaleza, como el concepto mismo de su obra. 

A finales de la década de los setenta el formato cuadrado se vuelve a veces romboidal como en el caso de sus homenajes a Mondrian mientras que se callan, se matizan y se transparentan los colores hasta sugerir efectos de fenómenos efímeros como lluvia y niebla. Simultáneamente las líneas verticales se entretejen con las horizontales produciendo patrones evocativos de pañuelos, conformados con diferencias cromáticas casi imperceptibles. Es como si el mundo se hubiera hecho permeable, y como si esos patrones, rectángulos, líneas y cuadrados, se hubieran convertido en una nueva sintaxis dentro de su lenguaje formal. 

Poco tiempo después, sin embargo, ya en los años ochenta, empieza a aparecer el
dorado en su pintura, primero sutilmente, como un polvo metálico, como un polvo cósmico que iría haciéndose cada vez más denso, hasta rematar en una superficie brillante sobre la cual continuarían tratándose patrones especiales mediante líneas de colores. Posteriormente estos patrones comienzan también a ser cubiertos por el pigmento metálico, adquiriendo así todo el lienzo una textura mineral, como dé cobre o plata, y sobre todo, como de oro, ese metal cargado de un fuerte simbolismo, que ha jugado un papel fundamental a lo largo de la historia y que remite su trabajo al espíritu y a los ritos de la civilización precolombina. A diferencia de la mayoría de sus pinturas anteriores, en estas obras -que le permiten seguir trazando planteamientos espaciales debajo de su "piel" metálica- cuenta el gesto empleado en su realización, mientras que la superficie toma un aspecto tornasol, como de madreperla que expone ante la luz los efectos de la oxidación. Al mismo tiempo, un carácter atmosférico se adueña suavemente de los lienzos colaborando en la concreción e implantación de su presencia poderosa y reminiscente de los astros.  

Carlos Rojas es, en conclusión, un pintor de coherente desarrollo y grandes logros a lo largo de su trayectoria. Un pintor de razonamientos y teorías para quien nada es gratuito sino que su trabajo va surgiendo de consideraciones sobre el tiempo y el espaciode otra forma, así como sus dibujos hacen perceptible, por ejemplo, que el crecimiento de las plantas cumple leyes de progresión geométrica que pueden reducirse y expresarse en ecuaciones, así su obra hace plenamente perceptible que proviene de la conciencia del artista sobre el mundo y sobre los preceptos y patrones de la vida. 

La percepción, el análisis y la síntesis son, sin duda alguna, la base de su proceso creativo. Así puede comprobarse plenamente en esta exposición, que excluye la escultura para profundizar en las razones de su trabajo bidimensional; que deja en claro la sensibilidad expresiva del artista; pero que, sobre todo, por el poder comunicativo de sus formas, patrones y colores, permite deducir que el hombre cuenta con un lenguaje sumergido, esencialmente poético, al tiempo que revela el raciocinio y la variedad de relaciones que implica su pintura, desde el Cubismo hasta el Dorado. 

Eduardo Serrano
Tomado del folleto exposición Museo de Arte Moderno de Bogota, 1984

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CARLOS ROJAS EN SAO PAULO
XIII Bienal de Sao Paulo 1975 

Desde hace varios años. Carlos Rojas estudia la ingeniería de la visión. En su afán por aclarar el contenido de tal disciplina, concibe relaciones especiales entre lo real, lo imaginado, lo representado y lo visto. 

Lo real ocurre antes de la obra y dá el motivo contra el cual argumentar. Encuentra en su medio nativo la riqueza de contradicciones y accidentes que definen un conjunto de apariencia caótica. Lo real está hecho de elementos de paisaje vegetal, húmedo, exhuberante y tropical, así como de elementos de paisaje humano, poblado de caracteres sorprendentes e inexplicables. Ese mundo le fascina y le invita constantemente a entrar en él para así poder describirlo y explicarlo a los demás. Pero el artista Rojas opera como ordenador y no como narrador de la imagen de lo real. 

Su desacuerdo con la accidentalidad de lo real lo lleva a imaginar la existencia de leyes universales. De obedecerlas, el cosmos resultaría comprensible y brindaría su imagen a la obra de arte. De esta manera Rojas concibe un conjunto coherente y lógico que es el concepto óptimo contenido en la realidad ilógica. Esto no debe confundirse con el espinazo geométrico, ordenador de formas estáticas, formulado por Cezanne. Lo que propone Rojas es la ordenación del comportamiento de la multitud de seres que pueblan el mundo, sin tener en cuenta la forma de los mismos. En definitiva la ordenación estará determinada por la distancia que los seres y sus imágenes guarden entre sí. El orden universal imaginario que contradice el desorden universal real, se torna imagen a través de un acto de representación. Tal palabra, en la obra de Rojas, debe ser tenida en cuenta como la portadora de varios significados, porque ella relata tanto el acto de representar por medio de una imagen, como el de asignar representabilidades. En el primer sentido, figura un universo que se desarrolla a una distancia constante del ojo del espectador. Esto se debe a que la imagen representada carece de cualquier indicio de perspectiva. El ojo que no puede percibir sino una sola distancia, es más inteligente que sensorial. Con ésto garantiza que el espectador asigne una nueva función a su aparato óptico y lo ajuste a la percepción de fenómenos cuyos significados son eminentemente mentales. La figura desarrollada a distancia constante del ojo, y debido a la curvatura de la retina, solo puede ser una superficie curva paralela a la retina. Esa es la única configuración que puede crear una imagen sin perspectiva. La superficie curva es la ecuación de la imagen del cosmos ordenado que la imaginación lógica ha formulado. Pero la representación efectiva de la superficie curva exige que el artista tome en cuenta los términos de la equivocación o la mala información espacial de su público. Es por tanto imposible acudir a la superficie curva para con ella facturar la obra. Esta última se resuelve como un plano que representa la distancia constante y la falta total de perspectiva que es cierta, solamente, en la superficie curva de la figura original. La obra que resulta es la representación efectiva de la superficie curva, verdadera e ideal, que ordena el comportamiento de los seres conflictivos del mundo real. Y Rojas asigna representabilidad a la imagen cuando nos hace ver lo verdadero a través de substitutos, y cuando nos advierte que se trata de arte y que ésta es una de sus funciones más antiguas. 

Lo visto es el plano en representación de la superficie curva. Esta es el personaje e indica la capacidad visual (imaginativa) de un ojo superior así como la vista que dicho ojo percibe. No se trata del ojo del artista. El artista solo intenta presumir la voluntad del ojo superior. Así como la superficie curva trata de envolver el borde retinal, el ojo superior imaginado (la ley universal) pretende envolver los acontecimientos nuestros., Por ello, y aun cuando la intención del artista está nominalmente dirigida hacia lo óptimo y lo genérico, la imagen que produce admite formas y colores que escapan a las leyes y que refieren lo real que ocurre antes de y simultáneamente con todo el asunto. Cuando comenzaba la exploración de la ingeniería de la visión, hace ya varios años, la posición de Rojas era mucho más inflexible y se refería a las leyes y al comportamiento perfecto de los seres. Pero la reiteración de su interés temático lo ha llevado a una espléndida maduración conceptual que se refleja en su voluntad de admitir, cada vez más, la presencia del recuerdo que en el orden ideal han dejado los acontecimientos precisos e irrepetibles de nuestra jerarquía terrenal. Si en un principio su preocupación se centraba en la enunciación del orden absoluto, ahora aboga por la inclusión de elementos que amenazan su sentido del orden, que nos sorprenden constantemente, y que provocan la realización de eventos cada vez más tangibles y únicos. Si en alguna ocasión se pudo decir que Rojas enfrentaba la angustia de intentar ajustar la materia energizada de la idea dentro de la materia inerte de la forma de la obra, ahora hay que decir que invita al advenimiento de lo inesperado para así establecer la tensión definitiva entre la estructura ideal y el relato de sus imágenes. 

Galaor Carbonell
Tomado del folleto del Museo de Arte Moderno de Bogota
XIII Bienal de Sao Paulo 1975