Mercedes Salazar

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Mercedes Salazar

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LA TAGUA, CONOCIDA COMO EL MARFIL NATURAL, ES EL
PRINCIPAL ELEMENTO EN LA ÚLTIMA COLECCIÓN
DE LA JOYERA MERCEDES SALAZAR (2002).

Accesorios grandes y muy llamativos. Esa fue la premisa de Mercedes Salazar cuando se enfrentó con el reto de crear una colección de joyas a partir de materiales no convencionales.

La tagua, una semilla originaria de la selva del Chocó, que por su dureza y color es conocida como marfil natural, es uno de sus preferidos. Tomó estas semillas, las tiñó en tonos verdes, azules, morados, rojos, amarillos, naranjas y las juntó en collares a modo de gargantilla o simplemente las puso en largas tiras para que quien las vaya a usar lo haga como mejor le parezca, sin que haya ningún tipo de restricción, tal como son hoy los dictámenes de la moda.

Pero Mercedes Salazar no se quedó en la tagua para esta muestra de accesorios. Recurrió a otras materias primas como la resina, el plástico, el vidrio, otras se millas y grandes botones, todos ricos en color y textura, para darle versatilidad a sus creaciones. Con todos estos elementos a la mano, mucha creatividad, paciencia y gran disponibilidad de tiempo, la diseñadora logró una variedad de accesorios ecléctica, en la que dejó ver su intención de salirse de lo convencional y lograr que los aretes, collares, pulseras y anillos que complementarán el vestuario durante esta temporada sea de gran tamaño y no sólo sean un complemento del vestuario, sino protagonistas en las propuestas de moda.

El trabajo manual, la ausencia de maquinaria para la elaboración de los accesorios, la selección de los materiales, la falta de uniformidad en ellos y la presencia recurrente de técnicas artesanales hicieron de cada una de las piezas de esta colección que fuera única y sobresaliera en el competido mundo de la joyería de fantasía en Colombia.

Tomado de la Revista del Jueves, de El Espectador, No. 1298, abril 7 de 2002

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Joyas en Acrílico

Desde el día aquel en que decidió irse a estudiar joyería a México y se fascinó con su paleta de colores, Mercedes Salazar sabía el rumbo que le deparaba su vida hacia adelante. No deseaba explorar las posibilidades convencionales de los metales preciosos, de larga tradición en la mayoría de países. Ella lo que quería era darles majestad a materiales poco o nada usados en el diseño de accesorios. .

El hallazgo se dio el día en que se topó con los encapsulados del pintor francés Armán, quien hacia 1959 realizó sus primeros "ensambles": tabacos y carritos y toda clase de objetos que embutía en cajas o vitrinas. En ese momento Mercedes Salazar lo entendió. Necesitaba una textura que tuviese esa misma vistosidad y transparencia y que fuese al mismo tiempo fluida y maleable.

Cuando asistió a una Feria de Pepas y vio en exhibición una ficha de acrílicos, supo de inmediato que ese era el material que tanto había buscado: Antes había manejado técnicas ancestrales en manejo del metal, había trabajado en vitrales, escultura y cerámica, pero nada como el acrílico. Con este material podía dar rienda suelta a su búsqueda de volúmenes inspirados en los años setenta y poner a lucir a las mujeres (otra vez) esos diseños étnicos y gigantes. Quería volver a verlos engarzados a sus cinturas, brazos y gargantas, todos centelleantes y llenos de color y geometría. Así fue como esta diseñadora bogotana se lanzó a diseñar gargantillas, pulseras, collares, cinturones, aretes y anillos y como recuperó láminas antiguas de acrílico que estaban abandonadas y que nadie había osado utilizar.

Mercedes Salazar se dio a la tarea de repujar sus diseños -siempre rectangulares o en forma de círculos- sobre este material de uso industrial y lo volvió un objeto precioso. Convirtió el acrílico en una textura camaleónica, colmada de figuras y volúmenes, cuando antes nadie había osado darle forma, ni se le había ocurrido teñirlo de colores. Con acrílico ella lo logra todo: los colores vivos y su gama de combinaciones -acrílico con aluminio, níquel o plata-. Con acrílico sus joyas dan visos y resplandecen en las gargantas más profundas. Con acrílico esta diseñadora juega a la maleabilidad y se adapta a todos los gustos.

Tomado de la Revista del Jueves, Edición No. 1304, mayo 19 de 2002

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Las joyas alegres de Mercedes

Los ojos felinos de un aceituna intenso adquieren un brillo especial cuando empieza a mostrar y describir sus creaciones. Mercedes Salazar, una bogotana de familia paisa, 28 años y madre de tres hijos, es la nueva sensación de la joyería colombiana. Ella fue la que puso de moda la tagua y que ha investigado resinas, piedras semipreciosas y metales como el oro, el hierro, el aluminio, el acero y algunas onzas de platino para crear piezas que son la vanguardia en el diseño en nuestro país.

Desde que estudiaba en el Helvetia se dio cuenta que lo suyo eran las manualidades, la pintura, la cerámica y la ebanistería. Entonces, impulsada por su mamá, Ana Margarita Mora, se fue a México, a la Escuela de Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes. Tres años y medio estudio orfebrería y joyería con el anciano maestro Antonio Nuñez, el mismo que en cada clase le decía que era una `Chipocluda, algo así como una berraca que iba a triunfar en el oficio. "A él le debo el amor por el dominio del metal más duro que es el hierro", dice.

Su taller está en el norte de Bogotá y allí también abrió su tienda, con una distribución minimalista donde las creaciones son protagonistas: "Las piezas nacen en mi mente y en cualquier momento. Detrás hay tanto estudio que se vuelve obsesión hasta que la veo hecha", cuenta. Por supuesto que se imagina algunas imposibles de realizar. Sus obras son para mujeres entre los 12 y 75 años. Hace un año lanzó una línea para hombres pero no tuvo éxito: "Aquí todavía los hombres buscan cosas solo hechas con semillas y me niego ha trabajar eso", afirma.

Las joyas de Mercedes son alegres. Ahora anda en el Toronto Fashion Week (Canadá), va para el Work Shop de Nueva York (Estados Unidos) y el de París (Francia) y también hará todos los accesorios de las candidatas del reinado nacional.

Tomado del periódico El Tiempo, 22 de septiembre de 2003

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,joyas de piedra y luz

La vida le ha rendido mucho a esta bogotana que hoy por hoy puede ser una de las diseñadoras de accesorios y joyas más importantes del país. A los 28 años, Mercedes Salazar ya es mamá de Lorenza, Antonia y Ana Perla, de 5, 4 y 2 años respectivamente, y es la propietaria de un taller de orfebrería con más de 3 mil clientes en Colombia y cerca de 60 en el exterior. También, completa seis años de matrimonio con Diego Martínez, con quien se casó en la pirámide del sol, en Teotihuacán (México).

Desde hace cinco años, cuando regresó de ese país con su título de técnica artesana en joyería y orfebrería, del Instituto Nacional de Bellas Artes, se metió de lleno a doblegar el acero -su metal favorito-, la plata, el oro y las más raras piedras del reino mineral, como el ópalo de fuego, la calcedonia, la aguamarina rosada, el granate mandarina y la calcita verde.

Con esos elementos mágicos, diseña y fabrica pulseras, collares, pendientes, aretes y otros adornos corporales que juegan con la luz, con los tonos de la piel y del pelo, con las ondas y los pliegues de la ropa, con el movimiento del cuerpo...

Aunque forjada como artesana, su trabajo es más cercano al arte y al diseño que a la artesanía. Esto es lo que parece hacerlo universal, y por eso sus accesorios se pueden adquirir en tiendas como Samaritaine, en París, o en la cadena de almacenes Philippa K., que es como el Harrods de los países escandinavos, y en Holt Renfrew, en Canadá.

En enero, Mercedes dejó fascinados a los neoyorquinos en el Accesorie Circuit, la feria más grande del mundo en ese ramo. A los gringos les encantó su propuesta de adornos en vidrio soplado fundidos con oro, objetos que ella elabora con un artesano del 20 de Julio, de Bogotá.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de febrero de 2004

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INNOVACIÓN CON SELLO PROPIO 

Estudió en el instituto de Bellas Artes de Ciudad de México, donde su interés se centró en ensayar las posibilidades que ofrecen materiales como la madera y los metales aplicados al arte de la joyería. Y es que, antes de utilizar tal o cual materia prima, Mercedes piensa en su sello personal puesto en una joya y, desde luego, en las personas que la van a usar. De esta manera les confiere a sus creaciones identidad.

Ha sido persistente en su intento de salirse de los cánones con los que miran las joyas tradicionalmente. En su taller de Bogotá elaboró las piezas a petición de sus clientes, y hace un año puso una tienda en la que exhibe sus collares, aretes, pulseras, y otros. En esos páneles Mercedes no le teme a mostrar propuestas fuera de lo común.

Tomado de la Revista Fucsia No.49, junio de 2004

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La moda de cargar santos

Cuando se le pregunta por sus fuentes de inspiración se ríe a carcajadas y responde "de nada, del diario vivir" y así logra convertir un botón, una hoja, un trozo de acrílico, de oro o de cuero en accesorios. Se pasa el día con sus artesanos creando joyas, explorando y recuperando técnicas ancestrales, pues quiere que su trabajo tenga el encanto pero, ante todo, el valor inigualable de las obras manuales. 

Después de haber ensartado más de un millón de medallas y escapularíos que ha vendido en Colombia, Estados Unidos, España, Portugal y Grecia, Mercedes recuerda que empezó a ensartar pompones brillantes y mostacillas en la sala de su casa con un artesano... luego fueron dos y más tarde tres. En ese momento su esposo Díego y sus hijos Lorenza, Antonio y Ana Perla, le hícieron ver que ese ya no era un pasatiempo ni un negocio pequeño. Se trataba ahora de una empresa naciente que necesitaba mayor espacio. Hoy, en el taller y la tienda del Parque de la 93, de Bogotá, son 30 los empleados que se encargan de poner a cargar santos a escépticos y piadosos.

Tomado de la Revista Cromos No. 4543, 21 de marzo de 2005

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Mercedes Salazar en Nueva York

El primer almacén que le compró sus creaciones fue Neiman Marcus. Luego de asistir por cuatro años consecutivos al Accessorie Circuit en Nueva York, Mercedes Salazar recibió la propuesta de negocios de la tienda por departamentos de la Gran Manzana, Nordstrom. Y no sólo le hicieron un pedido -el primero fue de cincuenta unidades-, lo repitieron un mes después... Una señal de éxito para la diseñadora de 31 años.

La feria de agosto de 2006 le dio nuevas expectativas a la bogotana: su colección se quedó en el Show Room de Nueva York, en el que exponen diseñadores neoyorquinos, pero principalmente latinoamericanos de Brasil y Venezuela. Mercedes es la única colombiana. Esta exposición ante los compradores la acercó a una de las mejores tiendas de Nueva York: Hernri Bendel, y también le cumplió uno de sus grandes retos: vender en la tienda de origen japonés Takashimaya. A ellos les siguió Fortunoff. Luego Bloomingdales también quiso tener las creaciones de la colombiana en las estanterías de su tienda de Soho. Y ahí está.

Escritos la llevó al mercado internacional y hace parte de la colección que nombró como "La dieta de la autoestima". "Todo nació de las enseñanzas del maestro Ramtha, quien dice que a fuerza de repetir la realidad que se busca en la vida, acabas por convencerte de ella y ser lo que quieres".

Es una línea de corazones que llevan inscritas expresiones como: "Soy divina, soy única, soy inigualable, soy fantástica, inteligente, no tengo miedo, terror ni pánico", frases que vuelan y esperan: "Quiero un novio, galán, apuesto, millonario, acaudalado, lo quiero fiel".

En tres años ha duplicado su producción. El 75% de sus creaciones se va al exterior y su empresa crece a una velocidad vertiginosa. "El reto ya se alcanzó y ahora tenemos que responder... ahora estoy donde siempre quise".

Tomado de la Revista Cromos No. 4631, 4 de diciembre de 2006

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Mamá con estilo

Mercedes es una de las joyeras más exquisitas y reconocidas en el circuito del diseño nacional, Además de tener una empresa vigorosa, que resalta por la imaginativa artesanía de sus piezas, es madre de tres niños: de 12,11 y 9 años. Todo lo cual significa que Mercedes es la madre contemporánea por excelencia, la que mantiene sobre la balanza todos los puntos de la vida. ¿Cuál es el secreto? Tal y como ella dice: "Tener claro que para crecer como ser humano necesitas conjugar todo a! tiempo. Una mujer completa debe ser buena mamá, buena amiga, buena esposa, buena amante. Por eso, hay que botarle corriente a todo lo que te interesa".

Mercedes suele iniciar sus días a las 5:30 de la mañana. A veces va al gimnasio, pero su prioridad es desayunar con sus hijos. Luego los deja en el colegio y se va a la oficina. Utiliza los almuerzos para verse con los amigos, pero tiende a ser muy exigente con sus horarios. "El tiempo que estoy con los niños no es necesariamente largo pero sí tiene mucha calidad, estoy muy pendiente y los escucho, así que eso los ha vuelto parlanchines y me cuentan todo. En realidad, no tengo mucho tiempo para nadie que no sean mis hijos", dice,

¿Cómo logra mantenerse en forma, sostener una empresa de renombre, conservar un matrimonio y ser una madre cómplice? "La vida te va dando las herramientas, Ser mamá es lo más natural que puede sucederle a una mujer y es, al final, lo que te reafirma como ser humano, Primero eres mamá, luego entiendes lo que significa la vida y después todo pasa".

Para ella, además, que fue madre a temprana edad -24 años- todo sucedió, literalmente, al tiempo: el matrimonio, los niños, que llegaron seguidos, y la empresa. "La clave en la vida es distribuir el tiempo, dedicarse a cada cosa que implica ser una mujer: cocinar un poquito, querer a tu marido un poquito, trabajar un poquito, hacer lo que te gusta a solas un poquito, Todos esos poquitos bien hechos equilibran la balanza". A Mercedes le encanta la moda, Sin embargo, confiesa: "Cada vez me quiero vestir más cómoda, hoy prefiero sacrificar la bellezura de la pinta y eso tiene todo que ver con ser joyera y estar de pie todo el día, más que con ser mamá. Mis hijos se meten al armario conmigo a escoger junto a mí las pintas especiales". Mercedes también afirma que ser madre le ha regalado un gran avance espiritual. "Antes, al vestirme, al vivir, había más juego en todo. Hoy, necesito menos cosas para ser feliz".

Tomado de la Revista Cromos No.4809, 6 de mayo de 2011

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Mercedes Salazar, en la Quinta Avenida de Nueva York

La tienda Henri Bentel la invitó para que exhiba su colección primavera-verano esta semana en su vitrina. La diseñadora retoma tejidos y técnicas indígenas.

Mercedes Salazar, diseñadora de joyas de fantasiaEl tradicional tejido con la fibra de la palma de werregue, bien compacto y sólido, con el que las mujeres de la comunidad indígena waunana, en el Chocó, elaboran jarrones, platos y bandejas, le sirvió de inspiración a la diseñadora Mercedes Salazar para hacer pulseras de gran tamaño.

Pero ella cambió los tonos café, naranjas, rojizos y negros, colores de la tierra que usan los indígenas, por otros: morado, verde, rosado, azul...

Y esas piezas encantaron a los encargados de las compras de la tienda Henri Bendel, por lo que esta semana es la diseñadora invitada del almacén ubicado en la Quinta Avenida de Nueva York.

"Ellos escogen diseñadores nuevos, los invitan durante ocho días a exhibir su colección en la vitrina que da sobre la Quinta Avenida, y luego hacen pedidos para seguir vendiendo en sus tiendas", comenta la diseñadora, que por estos días está en Nueva York.

Conservar, y a veces recuperar, las técnicas artesanales es un compromiso que guía constantemente el trabajo de esta talentosa creadora.

"Retomo la técnica, sin cambiar su manera de hacer las cosas, y le doy la vuelta con el diseño: cambio los materiales, los colores, la función, manteniendo la esencia", comenta Salazar.

Así elaboró esta colección conformada por más de 300 piezas, entre collares, aretes, brazaletes, anillos, junto con otros, en la que también incluye trabajos hechos por los indígenas wayú, de la Guajira, y zenú, de Córdoba.

"Esta es la colección primavera-verano que mostré a principios del año en una feria de accesorios en Nueva York, como lo hago desde hace varios años. Luego la muestro en un show room, y ahí fue donde me contactaron los de Henri Bendel", comenta.

Para esta colección unió las tendencias para la temporada con las técnicas artesanales de los indígenas.

"Les pedí a las comunidades hacer sus tejidos tradicionales, pero que tiñeran los hilos de colores pastel, como menta, curuba, amarillo, verde y azul pálidos. Al principio se sorprendieron, pero accedieron." A otros les mezcló alambres dorados.

Según Salazar, los compradores internacionales para este tipo de tiendas buscan objetos como los de ella, que cuentan una historia y son hechos a manos con mucha calidad.

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de febrero de 2013 

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