Antonio Arnedo

Bogota

Compositores, Interpretes (Saxofon)

Personaje

 

Antonio Arnedo 
Tico Arnedo

Compositor, Jazz

Intérprete saxofón

 

 

 


Puro Jazz Colombiano 

"Nací a muy temprana edad", era una de las frases típicas de Groucho Marx, por supuesto el de los hermanos Marx, que nada tuvo que ver con Carlos el autor de El Capital. Antonio Arnedo, al contrario del humorista, comenzó a tocar a tardía edad y su gran capital consiste en hacer jazz colombiano, aunque prefiere catalogarse como músico colombiano. 

"Es cierto. Comencé un poco tarde a tocar el saxofón. Mi papá hizo una muy buena labor de policía antimúsica en la casa. Él es músico. y nunca quiso que nosotros tuviéramos contacto con este medio. Sin embargo, la música siempre estuvo presente en la casa. Toqué flauta dulce y algo de guitarra cuando estaba en el colegio, pero nunca mi propósito en la vida fue la música. La música llegó después de una serie de incidentes en mi vida. Me fui de la casa. Entonces, para sostenerme, armé un trío de música colombiana en el que yo tocaba flauta dulce". 

Amedo está hablando de los años ochenta, cuando era estudiante de geología en la Universidad Nacional. Los recuerdos lo entusiasman y compone sus palabras como si estuviera improvisando una pieza musical. Y continúa: " Fue una experiencia muy enriquecedora, muy bonita, pero todo era en función de mi universidad. Después apareció en casa de mi papá un señor vendiendo un saxofón. Yo llegué de visita y el señor estaba cerrando el estuche". 

"Yo le pregunté a mi papá qué era y me dijo que era un saxofón. Medio las referencias y le pregunté el precio. Lo podía comprar, era muy barato. Me dije: `Lo vendo al doble del precio y con esa plata sobrevivo unos meses más sin tener que preocuparme. Lo compré, lo metí debajo de la cama y, pues, me enredé. Nunca puse anuncios ni nada para venderlo. Lo empecé a sacar de debajo de la cama. Era parecido a la flauta dulce y entonces yo empecé a tocar", anota con un timbre de voz propio de un músico que sabe que no hay que improvisar, sino investigar y trabajar.
Así fueron sus primeros contactos con el saxo. Luego vino un proceso de experimentación en el buen sentido. Por esto, su último disco, Colombia, es producto de toda una investigación que comenzó en 1998, "viajando por todo el país, intercambiando talleres de música con grupos folclóricos". 

De su experiencia, de su con tacto con personajes de distintas regiones del país, "partió la idea de hacer un disco que capturara el espíritu de una expresión nuestra. El oyente, sin embargo, no escuchará referentes directos a la música tradicional colombiana, sino la apropiación de una esencia. El hallazgo de lo `universal en las entrañas de lo local; como decía Alejo Carpentier". 

"Esta música íntima es el reflejo de esos contactos tan humanos y directos. La gaita de la Costa `Atlántica, la marimba de chonta del Pacífico; el tiple de la Región Andina, la percusión de las costas y las flautas del Cauca son protagonistas de este repertorio. Ellos nos aproximan al timbre característico de nuestra nación y por ello son eje fundamental de Colombia ". 

"Lo que se presenta aquí es la maduración de un proceso musical que se inició con discos como Travesía, Orígenes y Encuentros. Cada paso hacia adelante ha estado demarcado por una ruptura con las formas tradicionales y, por consiguiente, una exploración de nuevos lenguajes. Por eso este disco podrá escucharse como una `pintura abstracta de Colombia". 

"La música es un vehículo maravilloso para aprender y enseñar a escuchar, que es tarea fundamental del proceso de paz de nuestro territorio. Ella nos invita a reconocer, valorar y amar nuestra diversidad, que hace de este país único, sorprendente y maravilloso", concluye.
Este último trabajo apela a nuestras raíces, sin la pretensión de ser comercial. Simplemente, con la convicción y el soporte de una seria investigación de no pocos años. 

Por este compacto, que se lanza hasta ahora en Colombia, desfilan con mucha altura temas como Río Blanqueo, que pertenece al folclor caucano, Pasillo lento y Cumbia cienaguera, entre otros.
Ya todo está listo para que Colombia escuche Colombia, un sonido muy Arnedo y su grupo. Puro jazz colombiano.

Tomado del periódico El Espectador, 15 de septiembre de 2002

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Tico Arnedo, un impulso vital

por Fernando Araujo Velez 

En agosto saldrá editado el primer disco con las composiciones de este artista colombiano, quien interpreta el saxo, la flauta y la quena acompañado por su grupo.

Hubo tiempos lejanos, más allá de los años 40 del siglo XX, en los que la música viajaba por tierra, a lomo de burro o en canoa. En el camino se transformaba, y en el punto de destino ya era otra. Las fusiones eran naturales y manuales. Nada de cintas ni de discos. Por aquellos caminos de tierra que iban de Turbaco a Sincerín, o de San Basilio de Palenque a María La Baja, Julio Arnedo Padilla fue descubriendo su vocación.

Aprendió la nostalgia y la cadencia por los técnicos cubanos que trabajaban en el ingenio de azúcar de la Central Colombia. Allí, ingenieros y asesores se reunían todas las noches con los palenqueros, jornaleros de la caña, y con los trabajadores de Turbaco y de los pueblos vecinos. Improvisaban, entre el estruendo de las zafras, y mezclaban. Tomaban ron, emocionados, para luego encontrar entre todos un nuevo ritmo, una armonía hasta entonces desconocida.

Arnedo se fue nutriendo de música, de músicas. Las melodías lo buscaban, como diría 50 años más tarde su hijo Tico sobre él mismo. Con el tiempo, Julio Arnedo se fue convirtiendo en una leyenda. "Nadie toca el clarinete como él", solían decir por las sabanas de Bolívar. Explicaban el talento del muchachito relatando que Julio César había nacido entre músicos, pues su padre y sus tíos formaron una orquesta, Los Arnedo, que hizo época en la Costa.

LA HERENCIA

Así, con palabras y hechos similares, explicarían muchos años más tarde en Bogotá el talento de sus hijos Antonio y Tico. "Desde que yo me acuerdo oigo música, y quise ser músico también desde que tengo recuerdos. Yo iba a los ensayos de papá, loco por tocar la batería, por ejemplo. A veces me dejaban, a veces no; a mí como que se me iban los ojos y las manos cuando veía una batería. Y en casa apenas si sabía hablar para pedirles a él o a mamá que me pusieran un disco de Tito Rodríguez, que fue mi preferido por mucho tiempo".

Tico Arnedo nació en Bogotá, lejos, muy lejos en lo físico de las calles de polvo y las casas de techo de palma de la tierra de su padre, Turbaco, y más lejos aún de los aspirantes a campeón mundial de boxeo o para cortos de la selección Colombia de béisbol. Julio César Arnedo había emigrado a los 19 años, seducido por el primo Carlos para que se uniera a la orquesta de Pacho Galán. En Bogotá se casó con Amada, una mujer ecuatoriana hecha a su medida. Entonces fueron llegando los niños, hasta sumar siete. "La influencia de Turbaco y de la Costa en mí es obvia: la cumbia, el porro, los tambores. Es imposible ignorar que nuestra sangre es caribe, por fortuna además".

Aprendió a tocar el clarinete a los seis años. "Tico, ten paciencia", le repetía hasta la saciedad su padre, porque él quería comerse el mundo con la música. Sentía que con ella vivía en otro mundo que no requería de explicaciones racionales, un mundo en el que sólo había espacio para los sentimientos. La música lo hizo ir rejuveneciendo, después de una infancia de dolores y amarguras, de preguntarse todos los días por qué la vida, por qué el sufrimiento, y más que nada, por qué él era tan diferente a todos los otros niños de su edad. Fue rebelde.

Con su padre estudió solfeo y luego saxofón. A los 13 años se matriculó en el Conservatorio de la Universidad Nacional. Es tudió flauta traversa, fue solista de la Sinfónica Juvenil, compuso sus primeras obras.

"La música llega a mí, siempre fue de esa manera. No es que yo vaya por ahí buscando melodías, no sé, es difícil de explicar. Llega a mis sentidos, y según el momento que viva, así es su intensidad, o su melodía. La música es una gran parte de mi vida, y yo vivo enamorado de la vida, de las montañas, del cerro que miraba horas y horas por mi ventana, eso me ha hecho pensar mucho en la naturaleza".

LOS MATICES

Con el tiempo empezó a ver y sentir la vida de otro modo. Conoció los matices. Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Claude Debussy, Igor Satravinski, Bela Bartok lo atraparon. Con ellos como música de fondo, con sus propios dramas y pensamientos, concluyó que la vida era todopoderosa, que estaba mucho más allá del hombre y sus decisiones. Luego se dejó llevar por lo andino, por lo español, se prendó de Atahualpa Yupanqui, y de todo ello tomó un poco.

"El material del disco que va a salir es un encuentro con ritmos de la Gran Colombia, por decirlo así. Hay cosas de Venezuela, el merengue venezolano, temas andinos, del Perú y de Ecuador, incluso con la quena, y uno que es español, o una variación de aires españoles hecha por mí".

Algunas de sus canciones las ha trabajado por más de 15 años, y todas, de una a otra forma, han sido un homenaje a la vida, a los impulsos de la vida y a aquello que no tiene comprobación. Por eso el nombre del disco, "Impulso Puro", y el título de algunos cortes: Naturaleza viva, La vida siempre gana, Certeza...

"Sí, ha sido un trabajo largo el de éste, mi primer disco. La idea surgió hace algún tiempo, como dos años, pero ya veníamos tocando el repertorio de tiempo atrás, siete a ocho años. Es el producto de una gran amistad, de una relación entrañable con Javier Colina, uno de los músicos españoles más importantes del momento, con Johannes Bockholt y con Cristóbal Montesdeoca, un gran pianista que accedió a tocar con nosotros".

Hoy, después de haber tocado con Larry Harlow y Alfredo de la Fe, con Chocolate Armenteros, y después de tantos homenajes como el de Barcelona hace cuatro años, cuando se le consideró poco menos que un patrimonio del j azz, Arnedo sigue viviendo como el primer día, haciéndoles caso a sus impulsos.

Tomado del periódico El Espectador, 23 de julio de 2006

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Cumple 25 años en el jazz

Cuando aún era raro pensar en jazz hecho en -Colombia, a Antonio Arnedo le llegó, en 1991, el premio mundial para saxofonistas de jazz Thelonious Monk. Por eso, no es una coincidencia que 25 años de trabajo continuo para definir los matices de un sonido nacional pongan a este músico en el pedestal de los pioneros nacionales.

Como un reconocimiento a sus cinco lustros de carrera artística, la Orquesta Filarmónica de Bogotá ,y Cafam han organizado un encuentro con el artista y con músicos invitados que se podrá disfrutar hoy en el Auditorio León de Greiff, de la Universidad Nacional, en Bogotá.

Arnedo interpretará junto al guitarrista Juan Pablo Tobón, los percusionistas Urián Sarmiento y Ted Poor, y los contrabajistas Luis Guevara y John Hebert, una serie de composiciones propias y, especialmente, un repertorio " que recorre diversas fuentes de la música colombiana, de Petronio Alvarez y José Barros, entre otros.

Tomado del periódico ADN, 10 de septiembre de 2009

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25 años de Colombia-jazz

En los últimos 25 años Antonio Arnedo ha hecho más de lo que usualmente hace cualquier persona en cinco décadas. Es hijo de músico, por lo cual las notas y los pentagramas siempre han estado presentes en su vida. Y aunque su padre lo persuadió de dedicarse a la geología, carrera que estudió, Antonio nunca dejó escapar su esencia. Por eso, hoy es uno de los saxofonistas más reconocidos del país y del mundo del jaz z.

Prefiere que lo definan como un músico colombiano y no como un jazzista, pues en su música priman los ritmos del país. Sin embargo, este año estará dedicado a producir la segunda parte de su obra La otra orilla, en la que, en compañía de varios saxofonistas latinoamericanos, presentará un trabajo que reúne los ritmos propios con el jazz. Como parte de este proyecto, este 5 de febrero se presentará en la Casa Ensamble con el pianista argentino Ernesto Jodos.

Tomado de la Revista Jet-Set, edición No. 161, 3 de febrero de 2009

 

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