Carmenza Duque

Pereira, Risaralda

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Carmenza Duque

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El regreso de Carmenza Duque (2002)

La cantante Carmenza Duque llevaba seis años sin grabar un disco comercial y el torero César Rincón, cinco sin pisar los ruedos. 

Ambas personalidades están unidas por la amistad desde que el reconocido matador colombiano iba a torear a la plaza de tiendas de su familia, en Pacho (Cundinamarca) y en Pereira, cuando apenas comenzaba su carrera. 

Esa cercanía fue la motivación para lanzar Vuelta al ruedo, la más reciente producción musical de Duque, en la que canta la canción César Rincón, vuelta al ruedo. 

Además, incluye temas referentes a las festividades de fin de año en ciudades con tradición taurina. Son canciones que le recuerdan a esta manizalita su infancia rodeada de cafetales y la cercanía de sus allega dos a la tauromaquia. 

Entre ellas se encuentran Mi Querido Juan Valdés, -compuesta por ella-, La Feria de Pereira, La Plaza de Quito, Café Caliente, La Mitad Del Mundo Es Ecuador, Llevo Mi Cafetal en Mi Corazón y Campesino de Ciudad. La mayoría fueron escritas por el compositor Eduardo Cabas, padre del cantante Andrés Cabas y amigo entrañable de Duque. 

"?l me animó a volver. Hacer un disco es un trabajo muy duro pero también es una parte linda de la vida -admite Carmenza-. Extrañaba el contacto con el público que siempre espera un trabajo mío. Pero, sobre todo, la grabación de un disco en el estudio." 

Carmenza es recordada por los colombianos por haber incursionado en la música en los años 70 con sus baladas, rancheras y boleros.

Tomado del periódico El Tiempo, 20 de diciembre de 2002

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Llegué para quedarme

Aunque la música es para ella tan vital como el simple acto de respirar, se mantuvo por años al margen de la corriente comercial. "Quería un receso, un tiempo para analizar qué pasaba". También fueron días especiales dedicados a su familia y a actividades de carácter social, como la Fundación Sanar, entidad a la que está vinculada desde hace varios años. 

Estuvo fuera del país, pero viviendo cada día las nostalgias que le producía el alejamiento de su tierra y siempre en contacto con sus seres queridos, hasta que uno de ellos logró que volviera a grabar: uno de sus mejores amigos, el compositor y músico Eduardo Cabas, quien obró el milagro.

CAUTIVA NUEVAMENTE 

"Fue una experiencia divina", dice la cantante manizaleña, experiencia que la devolvió a los brazos de sus fanáticos y a todo lo que encierra el mundo de la farándula: los aplausos y los escenarios. "No sentía nostalgia, hasta ahora que regreso a mi mundo. Fue una sorpresa encantadora, sentí como que me esperaban toda la vida", dice profundamente emocionada por la acogida a su álbum número 30. 

Fue muy difícil de convencer: "El receso me sirvió para una cantidad de cosas". Pero ahora que decidió regresar para la temporada de ferias, sabe que lo hizo en el mejor momento, aunque se produjo un delicioso desajuste en su casa, precisamente en la época decembrina. Pero los suyos lo asumieron gustosamente; comprendieron que Carmenza ya no les pertenecía totalmente, pues volvió a vivir el agite propio de las entrevistas, de las presentaciones, de las fotografías, de la promoción.

Sin embargo, durante estos años no estuvo retirada del todo del medio, pues grabó tres discos: Corazón del Quindío, para la Federación de Cafeteros; otro para el banco Pichincha, de Ecuador, una especie de recuento musical de ese país, y Música de la montaña, un trabajo con ocho cortes, todos espectaculares. Vuelta al ruedo es un homenaje a las ferias de Colombia y contiene el tradicional Feria de Manizales, el pasodoble La Feria de Pereira, La plaza de Quito y César Rincón, con motivo del regreso a los ruedos del torero colombiano, con quien tiene una entrañable amistad.

"Se crió en mi casa. Cuando se enfermó, fue caótico. Siempre estuve muy pendiente de él". La cantante experimentó también la alegría de la recuperación total de su gran amigo, así como de su retorno triunfal.

¡OL?!

Y es que Carmenza, por sangre y tradición, es una apasionada de la fiesta brava. "Amo el temperamento de los matadores, los toros, la afición... no existe un tema como ese".  Llevo mi cafetal en el corazón es uno de sus temas consentidos porque refleja las nostalgias que se sienten cuando no se está en la tierra que lo vio a uno nacer. Allí también está Feria de Cali, un homenaje a la ciudad donde vive su hija.

Tampoco podían faltar La luna y el toro y Cielo rojo, expresiones de tiempos inolvidables. Carmenza retorna mejor que nunca, llena de expectativas y rodeada de buenos augurios. Con carácter y temperamento, se le mide a todo.

Definitivamente, Carmenza Duque llegó para quedarse.
 
Tomado de la Revista TV y Novelas No.353, 20 de enero de 2003

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En los años 70 la manizaleña Carmenza Duque sorprendió al país no sólo por su clara voz, sino por su belleza natural a inocente, que aún conserva hoy, a los 56 años. Además de sus canciones, los colombianos la recuerdan por su papel en la película El niño y el Papa y por haber sido la primera mujer en el mundo en cantarle a Juan Pablo II, lo que ocurrió cuando el Pontífice visitó Colombia en 1986. Duque salió de Manizales a los 18 años porque varios integrantes de Sancho Publicidad la contrataron para grabar un disco que repartirían entre sus clientes, pero las canciones de Carmenza Ilegaron a las emisoras y a la televisión. "Nací cantante, no como los músicos de ahora que se hacen cantantes", dice. La fama, entrevistas y giras de conciertos Ilegaron para una niña que no se dejó llevar por la oleada de elogios que a diario recibía. Discos de oro, premios y reconocimientos en Pe, Estados Unidos y Venezuela hacen parte de los recuerdos de una de las divas de la música colombiana. Su relación sentimental con Femando González Pacheco es bastante recordada, aunque no duró mucho tiempo. La cantante se casó a los 20 años con Abraham Domínguez, es madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Lo que pocos saben es que hoy Carmenza es una golfista dedicada. Ha ganado trofeos y en agosto participará en su primer torneo internacional. Dedica su tiempo al gimnasio, a su familia, a cantar en conciertos para empresas, a viajar, a compartir con los amigos y a descansar en su finca. "Yo amo mi carrera y mi música. Las he amado toda mi vida porque a partir de ahí me dieron la posibilidad de conocer gente muy grande y de estar en lugares donde no hubiera podido estar si no hubiera sido cantante".

Tomado de la Revista Semana No.1322, 3 de septiembre de 2007

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La voz fantasma que embrujó a Colombia

por Carlos Restrepo

La primera vez que se escuchó la voz de Carmenza Duque fue hace 38 años, cuando el reconocido locutor radial Otto Greiffenstein comenzó a transmitirla en el programa La noche fantástica de Caracol Stereo. La llamaba "La voz fantasma".

"En ese momento, Propaganda Sancho de Manizales me pidió que grabara un disco , de circulación cerrada para sus clientes. Y luego de muchas dificultades mi papá accedió advirtiendo que no quería una hija cantante y farandulera", dice con humor la artista. Su padre prohibió rotundamente que su nombre fuera mencionado en radio.

Pero la belleza de su voz capturó la atención de las disqueras, que se ingeniaron la forma de desenmascararla.

A Duque ni se le ocurría ser artista (aunque, dice, "había nacido siéndolo"). Era una estudiante de 18 años del Colegio del Sagrado Corazón, que copiaba las letras de Rocío Durcal y Vicky Carr. Hasta un día en que rec bió en su casa de Manizales la visita que marcó su futuro. "Acababa de llegar del colegio y ni si quiera me había lavado el pelo. Tocaron el portón: ¿La señorita
Carmenza Duque?. Un momentito, respondí. Salí corriendo, me cepillé y regresé: Si, a la orden, ¿qué se les ofrece? ". Era un emisarió de Codiscos, de Medellín, que estaba interesado en contratarla. 

Llovieron los contratos

"Luego de analizarlo, mis padres me autorizaron a viajar con Jorge, mi hermano mayor. Trajimos de regreso el contrato y mi papá lo tuvo que firmar por poder, porque yo era menor de edad, pues la mayoría era a los 21", recuerda Duque, quien acaba de presentar la colección Toda la vida, tres discos en los que recopila lo mejor de su camera.

Allí están sus canciones, desde el primer disco, Ella es Carmenza Duque, que en 1970 mostró por primera vez quién era la `Voz fantasma.

"Mi padre, al principio, fue un poco reticente, pero  después cuando vio que yo era tan apreciada se volvió mi mejor apoyo y mi mejor critico".

Comenzaron a "lloverle" llamadas para ir a E.U. México, Venezuela, Ecuador, Perú y España, entre otros. "Canté como loca y viajé muchísimo -dice-.. A mi me llegaban regalías de toda Suramérica, o sea que mis discos se conocían y se vendían allá".

Sin embargo, esta devota ferviente del Divino Niño y de la Virgen del Carmen considera que lo más importante fue haber tenido el honor de ser la primera mujer que le cantó al papa Juan Pablo II, cuando visitó el país. De allí surgió la película El nido y el Papa, en donde tuvo una fugaz incursión en la actuación.

Precisamente, esa especial inclinación religiosa fue el soporte principal para enfrentar, en 1987, la leucemia de su hijo Simón, de 14 años.  "Nos fuimos a Baltimore (E.U.), en donde le adelantaron un tratamiento de 25 meses. Fueron momentos muy diciles, pero de los cuales también aprendí mucho", comenta la cantante, cuya experiencia la motivó a crear la Fundación Los Niños de Carmenza Duque, que durante 11 años ofreció albergue y tratamiento a 35 menores con cáncer.

Hoy, 21 años después, Duque pasa con tranquilidad esa página de su vida al verse rodeada de sus hijos, Simón y María Francisca, y de sus dos nietos, que la derriten cuando la llaman "Tits".

Aunque le dedica más tiempo a su familia, al golf (otra de sus pasiones) y a la huerta de su finca en Subachoque (Cundinamarca), a sus 57 años mantiene activa su vida artística, pero con otro ritmo. "Estoy en el punto en que canto donde quiero, con quien quiero y lo que quiero".

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de diciembre de 2008

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La voz de la esperanza

Al cumplir 20 años de trayectoria artística, Carmenza Duque ha dado un doble sentido a su voz.

Veinte años de exitosa carrera artística podrían ser un positivo balance para cualquier cantante, pero no para Carmenza Duque, quien además de su talento y profesionalismo ha dado un noble sentido a su maravillosa voz. Su arte se ha convertido en el motor de una fundación dedicada a ayudar a los niños que sufren de leucemia.

Durante su larga trayectoria Carmenza Duque ha sido fiel a la estricta regla de hacer cada año sólo un disco, sólo un concierto y sólo un programa de televisión. Una norma a la que Carmenza atribuye el secreto de haber permanecido durante dos décadas como figura de primer plano en la canción. Pero al mismo tiempo, esta sabia fórmula le ha permitido combinar su vida de esposa y madre con su carrera artística. Y aunque la dedicación a su familia le impidió proyectarse artísticamente en el exterior y aceptar algunas estupendas ofertas, siempre pensó que lo que dejaba de hacer como cantante la vida se lo compensaba en el aspecto familiar.

Lo que nunca imaginó es que una dura experiencia familiar le daría un nuevo sentido a su arte. Sucedió hace tres años, cuando se enfrentó al diagnóstico terrible de la leucemia de uno de sus hijos, por fortuna ya superada. Entonces Carmenza conoció la dramática lucha de muchos niños colombianos contra este terrible mal y decidió dedicarse, como cantante y como mujer, a trabajar por esas pequeñas víctimas que en muchos casos morían por falta de una medicina.

No fue una decisión fácil. Inicialmente, su dolor como madre la llevó a pensar que el canto y la música, parte integral de su vida, habían desaparecido para siempre de su mundo. Sin embargo, su dolor se tradujo en fortaleza y su sensibilidad artística en sensibilidad humana. Entonces decidió poner su voz al servicio de los niños sin recursos económicos, que afrontan el difícil trance de padecer este tipo de cáncer. Una situación dramática para muchas familias colombianas, porque a los altos costos de las medicinas y a la dificultad para conseguirlas se suma la necesidad imperante de un estricto control médico y un tratamiento permanente.

Casi dos años después, la Fundación "Los Niños de Carmenza Duque" constituye no sólo un apoyo económico y moral para las familias sino una esperanza para los niños de superar su enfermedad. A través de sus discos y sus conciertos se han recaudado los fondos necesarios para que hoy exista un banco de drogas oncológicas y una casa donde los niños colombianos, víctimas de la leucemia, reciben cariño y hospitalidad durante el tiempo que dure su tratamiento. A la voz de Carmenza se han sumado muchos de sus amigos del medio artístico. Cantantes de la talla de José Feliciano, Julio Iglesias y Armando Manzanero, entre otros, han regalado algunos de sus éxitos para un disco a beneficio de la fundación. También algunas figuras de las artes plásticas, entre los que se cuenta Fernando Botero, se han vinculado a esta noble tarea donando sus obras para una subasta. Y muchos pequeños viven gracias a la solidaridad del arte.

El próximo mes de marzo, Carmenza Duque, en concierto, hará un nuevo llamado al país para brindar una voz de aliento y una esperanza de vida a muchos niños de Colombia. Una noble causa que sin duda ha dado una nueva dimensión al extraordinario talento artístico y la brillante trayectoria de una de las cantantes más queridas por los colombianos.

Tomado de la Revista Semana No. 397, 12 de diciembre de 1989

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Carmenza Duque revela cual es 'el secreto de su voz'

Para celebrar sus 45 años de trayectoria artística, la cantante manizaleña presenta su nuevo disco

por Carlos Restrepo



Desde el día cuando el reconocido locutor radial Otto Greiffenstein presentó al país aquella "voz fantasma" de Carmenza Duque en su espacio Uamado La noche fantástica, de Caracol, han pasado ya 45 años y 40 producciones discográficas que la artista celebra con El secreto de su voz, su trabajo más reciente.

Duque era uná jovencita de 18 años y, como gran concesión, su padre -cabeza de una familia tradicional manizaleña- le había permitido grabar im disco de circulación cerrada para una agencia de publicidad de un amigo de la casa, pero le pro-
hibió de manera enfática que su nombre se filtrara en la radio, pues la carrera de cantante "no era una opción decente para una niña de familia". Sin embargo, la gente no paraba de llamar a Greiffenstein para preguntarle quién era la dueña de esa voz que encantaba al país, cuyo nombre él no podía revelar.

Al final, pudieron más la potencia y musicalidad de ese registro vocal, del que los oyentes tuvieron noticia con el nombre del primer disco oficial: Ella es Carmenza Duque. "Después, cuando vio que yo era tan apreciada, mi papá se volvió mi mejor apoyo y mi mejor crítico", anota la artista, que ha sido una embajadora de la música colombiana en los géneros más reconocidos.

Duque dice que este nuevo trabajo es el último que graba, el de la despedida, aunque ni sus más allegados ni sus admistradores le crean. "Yo creo que como disco sí es el último, pues hacer un proyecto de estos implica una carga de trabajo gigante. No estoy diciendo con esto que me voy a retirar de los escenarios, pues si Dios quiere seguiré cantando hasta que la vida me lo permita", dice.

Por su voz han pasado las melodías de los grandes compositores de nuestro folclor (José Barros, Jorge Villamil, Jaime R. Echavarría) y para este trabajo, precisamente, escogió las composiciones del barranquillero Eduardo Cabas de la Espriella, quien además ha sido su compañero de viaje en estos 45 años, como productor y director musical.

"Carmenza Duque ha sido una favorita mía por esa voz tan maravillosa que volví a encontrar en este trabajo, quizás ahora con un poco más de profundidad", dice Cabas, quien destaca que sin salirse de su línea romántica, ella le imprime a su disco un toque más contemporáneo.

El secreto de mi voz, canción que da título al disco, es la única que Cabas compuso, en compañía de su primo, el también compositor Alfonso de la Espriella.

El disco incluye obras ya conocidas de Cabas como Caribe soy. Mejor que nunca y Deseosa, pero los otros 11 cortes son novedades: Trauma, Irremediablemente, Tú me complementas. Un beso. No te vayas no. Almas gemelas, la sombra que camina y Salvaje, entre otros.

Tomado del periódico El Tiempo, 08 de octubre de 2013 

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