Adriana Tono

Cartagena, Bolivar

Presentadores, Cantantes

Personaje

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Adriana Tono

Cantante bolerista, modelo, presentadora

 

 

    

 

 

   
 


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EN EL TONO QUE ES

Su aspecto engaña. Se viste como la más vanguardista de las jóvenes neoyorquinas, pero proviene de una muy conservadora familia cartagenera. Luce muy joven -tanto que no le gusta decir su edad- y, sin embargo, tiene una voz grave de contralto que impresiona a cualquier auditorio. Canta baladas y boleros, pero también le gustan el trance y la salsa, y encaramada en un escenario es incapaz de quedarse quieta: Adriana Tono renuncia a la actitud de las clásicas boleristas recostadas contra el piano, y termina moviendo caderas y hombros mientras camina entre el público dándole la mano a todo el mundo.

Cuando se le pregunta por qué es cantante, se remite a su infancia. "Es que mi niñez tuvo que ver mucho con la música: mi abuelo es Daniel Lemaitre, el compositor del primer bolero colombiano La niña de los ojos verdes; y en mi familia todos son músicos, poetas, pintores o escritores".

No obstante, en el momento en el que dijo que iba a dedicar su vida a la música, todos en su casa pusieron el grito en el cielo. Siempre habían creído que se trataba de un pasatiempo y por eso se encantaban cuando la escuchaban cantar en las fiestas, en los paseos, en el baño y hasta dormida. Pero las cosas fueron más allá: los organizadores del Festival Internacional de Oro la  oyeron cuando cantó en la celebración de los 50 años de casa dos de sus abuelos y enseguida la invitaron. Ahí empezó todo. "Fue la primera vez que me enfrenté a un público grande, de dos mil o tres mil personas, y me encantó. Me di cuenta de que era lo mío, lo que me apasiona... Cuando estoy parada en un escenario soy toda adrenalina y eso es un placer grandísimo".

Tanto le gustó cantar y sentir los aplausos, que decidió dejar sus estudios de sicología y acoger la música como carrera. "Es difícil. En Colombia no hay oportunidades; de un millón surge uno", le dijeron en su casa, pero Adriana, que se declara rebelde y tenaz, ya tenía en la cabeza una intención clara y nada podía cambiársela.

Desde que tomó esa decisión apenas si han pasado diez meses (agosto de 2001). Sin embargo, ya tiene encima el honor de haber participado en el festival de boleros más importante del mundo en Cuba. Allí se enfrentó con los más grandes de la música y no se asustó; es más, los dejó impresionados con su voz de la misma forma que lo hizo con el público. "Dame un autógrafo para mostrárselo a la gente cuando seas famosa; le decían los niños.

MEZCLA CARIBE

Dice que se parece al bolero porque es romántica y trascendental. Aunque es sensible hasta la médula, no tiene novio y ve el matrimonio y la maternidad muy lejos, porque su única prioridad es su naciente carrera.

Le gusta la soledad, tanto que vivir en Bogotá, lejos de  su familia, no la entristece.  Es más, le anima la idea de  estar lejos de una ciudad tan conservadora como Cartagena, porque se declara "de  mundo muy open mind".  Lo demuestra cuando en el escenario no para de bailar , con sensualidad mientras luce unos pantalones descaderados o una minifalda  acompañada por botas hasta la rodilla. "Soy una mezcla. Eso me gusta mucho de mí.  Hay mucho romanticismo en mis canciones, pero también mucho modernismo y dinamismo en mi baile. Soy clásica y moderna; mi voz es fuerte, pero mi figura es juvenil: con mi desparpajo en el escenario conquisto a todas las generaciones".

A la hora de las preferencias se declara manzanerista. "Lo mejor de Armando Manzanero es que, aunque no tiene una voz monstruosa, transmite mucha energía con su música y eso es lo más importante".

Se le abren los ojos cuando empieza a hablar de sus sueños. Dibuja un escenario lleno de luces "con coreografía y todo" y se pinta como Gloria Estefan. Entonces concluye: "No voy a ganarme uno, sino muchos Grammy". Sabe que posee el tono más que suficiente para lograrlo.

Tomado de la Revista Fucsia No. 13, agosto de 2001

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  Ella es la biznieta de Daniel Lemaitre, autor de la Niña de los Ojos Verdes, el primer bolero colombiano.  Haciéndole caso a la sangre, Adriana Tono canta boleros desde los seis años, los de Manzanero sus preferidos, se ganó un cupo para el pasado Festival Internacional de Oro del Bolero (2001), en Cuba.  De allí se trajo no solo los aplausos sino una grabación que presenta a los fuertes del mercado discográfico en Miami y Ciudad Mexico.  Toca a las puertas de Kike Santander y de Fernan Martinez.

Tomado de la Revista Cromos No.4355, julio 23 de 2001

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Mascota de 600 boleristas

Esta cartagenera acaba de recorrer La Habana, la capital del bolero, cantando. Hace parte de una nueva generación de artistas apasionados por este ritmo.

Creció oyendo boleros y estrenó su voz a los seis años al lado de su padre en una fiesta familiar en Cartagena. El Colegio George Washington, donde estudió, el Auditorio Getsemaní, el Club Unión, el Club Cartagena y teatros de Barranquilla y Santa Marta fueron sus primeros escenarios. Allí iba siempre con la palabra éxito en su cabeza. 

En vez de salir con sus amigas, prefería ir a fiestas con sus padres. No le importaba que por eso la llamaran "madurada biche". La une cierta afinidad con la gente mayor. Tiene pocos amigos de su edad. 

Además, aquellas reuniones le permitían reencontrarse con la pasión por el bolero que le corre por las venas. Su bisabuelo, Daniel Lemaitre, compuso la primera canción colombiana de este género, La niña de los ojos verdes. 

Es una música que le permite sacar a flote toda su personalidad romántica, susceptible y trascendental. Le gustan sus mezclas de tristeza y alegría, amor y odio, porque ella es un ser de contrastes. Rompe esquemas, pero conserva valores clásicos como la familia. Se viste como una roquera alternativa, pero canta canciones antiguas.  

Es rebelde y como mujer de mundo ama las grandes ciudades. París la cambió por completo. Allí se instaló sola a los 17 años en un apartamento del Barrio Latino y siguió sus estudios de canto a través del psicoanálisis de las cuerdas vocales, una técnica que consiste en trabajar todos los músculos del cuerpo v proyectar la voz desde el abdomen.

En Bogotá, su siguiente escala, estudió psicología en la Universidad Javeriana. En esos cuatro años de clases aprendió a no temerle a la libertad. Un día decidió dedicarse en firme a su carrera de cantante, enfrentando la oposición de sus padres. 

Rey Montesinos, director artístico cubano, la oyó cantar en Cartagena y la invitó a participar este año en el XV Festival Boleros de Oro de La Habana, en donde más de 600 músicos de varias generaciones confirmaron la resurrección del bolero. 

Adriana se convirtió en la mascota del grupo. Estaban leyendas como Mundito González o Helena Burke, la diva de Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, Elíades Ochoa, el trío Los Embajadores y Andy Montañez. 

Durante toda una semana recorrió La Habana cantando boleros acompañada de orquestas de hasta 50 músicos. Todavía se emociona al recordar las lluvias de aplausos que recibió en teatros y cafés como El Gato Tuerto, Dos Gardenias v Pico Blanco. 

Su voz gruesa de contralto, una rareza entre las cantantes, obtuvo una gran aceptación en los escenarios. Como siempre, lo soltaba todo, movía las caderas, bailaba, tiraba al aire un pañuelo. 

No tuvo mucho tiempo de dormir, porque saltaba de una presentación a otra. La vez en que una multitud de niños cubanos se subió a la tarima para pedirle su autógrafo, es uno de los momentos más especiales de su vida artística. 

Regresó más culta v más convencida de que quiere estar entre las grandes y ganarse un premio Grammy. Va paso a paso. No descansa ni un minuto del día. Estudia canto, danza y prepara su portafolio de presentación porque ya se siente lista para grabar su primer disco. 

No admite encasillamientos, pero si le tocara ubicarse dentro de una línea musical escogería el bolero pop, tendencia en la que los expertos cifran el futuro de la música a nivel mundial.
Muy a su estilo, Adriana Tono quiere unirse a la ola de jóvenes continuadores de la canción romántica que nació hace más de cien años en Santiago de Cuba. Ello no quita que cante baladas, pop, rock v otros géneros, al igual que figuras como Gloria Estefan 

La cartagenera admiradora de Armando Manzanero, llega a un terreno abonado por Luis Miguel, quien con sus discos Romance I y II, relanzó el bolero mundialmente en la década de los noventa.

A ritmo de bolero también han saltado a la fama Charlie Zaa, la quinceañera española Támara y el chileno Douglas, Cristina Aguilera, quien pasa con facilidad del dance al gospel, incluyó en su nuevo disco una versión de Contigo en la distancia, mientras que Manzanero se rodea de intérpretes de pop como Alejandro Sanz,  Presuntos implicados, o Miguel Bosé, en su album Duetos.  Este boom de cantantes jóvenes con boleristas tradicionales puede ser precisamente la gran oportunidad de Adriana Tono.

Tomado de la Revista del Jueves, Edición1264, agosto 2 de 2001

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Unas palabras sobre mi cuerpo

Por Adriana Tono

Si tuviera que elegir la parte de mi cuerpo que más me gusta, serían las piernas. Me gusta mirarlas durante mucho tiempo y bailar frente al espejo al ritmo de canciones que brotan de mi cabeza. Definitivamente mis muslos son la parte más sensible de mi cuerpo. Concretamente la parte interior. Cuando estoy allí, pierdo la noción del tiempo y me desconecto del mundo por completo.

Me gustan mis ojos y todo lo que dicen: mi misterio, mi sensualidad y a veces también mi tristeza. A través de mis ojos cuento historias. Y con ellos me veo en el espejo.

Mi mejor aliado es el espejo. No dudo de su lealtad, con él fortalezco mi esencia, levanto mi espíritu y exploro mi sexualidad, como un juego de sentidos, donde no hay pudor ni temor de reír o llorar. Me gusta que sean mis propias caricias las que consientan mi soledad como una melodía. No es excluir al otro, es conocer lo que hay allí para ofrecer lo mejor de mí.  Es un encuentro con la profundidad, es sentir la expresión de mis entrañas, es escuchar el sonido de mi cuerpo, escribirlo, dibujarlo y colorearlo. Desarmarlo y volverlo a armar.

Todos los días me paro frente al espejo. Me miro a los ojos, luego, observo mi boca y no puedo evitar saborear mis labios como si besara el viento. Me gusta mi desnudez. Me recorro con las manos, las yemas de mis dedos trazan círculos alrededor del ombligo, y las dejo caer en otros territorios.

Vuelvo a mirar arriba, bajo el cuello. Esta parte también me gusta de mí. Cada vez que miro esta zona me acuerdo de unos versos de Octavio Paz: "Tus pechos, dos iglesias donde oficia/ la sangre sus misterios paralelos". Me gusta no solo por lo que son, sino por lo que despiertan.

Pero más que por eso, por lo que tienen debajo. Porque debajo de ellos estoy yo: Adriana Tono, la que dicen muchos, la polémica, la del tatuaje, la alternativa, la que "es como rara, es como loca; aunque más locos, diría yo, son aquellos que juzgan al otro convencidos de que su mundo y su perspectiva frente a la vida es la única verdad posible. Ojalá fuera loca, si los locos también se merecen su espacio en este mundo.

Me pregunto por qué a la gente le encanta encasillar y no salirse de los estereotipos. ¿Será porque es el camino más fácil? ¿Porque valorar lo extraño y novedoso que ven tus ojos, las ventanas de tu alma, requiere de más esfuerzo y tolerancia? ¿Por qué no abrir un poco más esas ventanas para que entre luz y amplíe tu alma?

Siempre me he preocupado por cultivar mi ser y no el deber ser que tratan de imponerme.

Constantemente soy paciente de la vida, me reta el tiempo y la complejidad de la existencia. Para mí vivir es como escribir diariamente un libro donde cada instante es una palabra. La curiosidad y las ganas de leer la siguiente página y la incertidumbre de no saber su fin es lo que me impulsa a soñar y a seguir caminando.

No me desnudo para ustedes, pero sí dejo que entren por un rato a mi mundo. Deseo compartirlo con ustedes. Es mi espacio y un lente por allá perdido, simplemente me observa, sin caretas, mientras me hallo.

Es la desnudez de mi alma, la voz de una mujer que no le teme a la vida; por el contrario disfruta su sentido. Una mujer que trasciende fronteras sin importar los muchos obstáculos que se atraviesen por el camino, porque con ellos el castillo se construye más fuerte, y aunque uno muchas veces se cae creyendo que no va a salir, termina saliendo. Pero lo importante es saber que esa caída es fundamental para crecer. Una mujer que le gusta volar y que se asfixia cuando intentan cortarle las alas; es un cofrecito de emociones que quiere compartir y expresar mañana con su música que la vida es mucho más interesante cuando se es uno mismo.

Tomado de la Revista SoHo No.39, abril de 2003

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El tono que pone Adriana

No le importa decir que se aprovecha de su imagen y de su nombre. Con ellos debajo del brazo ha logrado que los presidentes de las grandes empresas le pasen al teléfono o la reciban y le digan que sí la ayudan con su fundación A Tono con los niños.

Y por eso, Adriana Tono anda más acelerada que nunca. De lunes a viernes se dedica a sus clases de música, a reunirse con la gente de su fundación (representantes de AeroRepública, de Sol Caribe y su mejor amigo, Cesar Camacho, a planear sus viajes y a conseguir un camarógrafo para hacer las notas.

El fin es claro: ir a una escuela muy pobre, estar con los niños, llevarles regalos, bailar, cantar y jugar con ellos, y escoger los dos mejores bailarines.

La idea de la fundación, según cuenta, la tenía hace tiempo. Su punto de partida fue San Andrés, hace dos semanas, con informes para los noticieros de RCN.

"Así la di a conocer y ahora recibimos solicitudes de todas partes del país para hacer visitas. La pobreza y el abandono de los niños en Colombia son preocupantes. Así que me dediqué a tocar puertas.

Nadie me ha dicho que no. Al contrario, he encontrado solidaridad entre los industriales", cuenta la conductora.

Más allá de visitar una escuela, Adriana Tono espera aportarles a los menores y, de paso, ofrecerles esperanza.

Por eso, en cada visita escoge dos niños, a través de un concurso de baile, para que en diciembre vayan con ella a la isla de San Andrés y disfruten de tres días de recreación.

Jaidiver, un paisita de 8 años, fue el primer elegido. Desplazado por la violencia y abandonado por su mamá, vive con su papá en una pequeña casa con un techo construido con plástico negro desde donde sale todas las mañanas a estudiar.

Tan pronto regresa, se quita el uniforme y se va a ayudarle a su papá en el trabajo de cantera. Tono lo visitó en su casa y quedó sorprendida cuando Jaidiver le dijo: "Yo soy muy feliz con mi vida. Tengo tristezas, pero también muchas cosas que agradecer".

"Me enterneció hasta las lágrimas y me hizo ver que no hay que ser millonario para ayudar a los más necesitados".

Y en San Andrés, durante su primera visita, encontró a un niño de 10 años que cuida a su hermanita de 12 meses mientras su mamá trabaja como camarera en un hotel. "Cuando vi que no tenía televisor, salí y les pedí a los comerciantes que me lo regalaran. Conseguí un técnico y se lo dejé instalado", cuenta.

Por eso y para lograr darles o más alegrías a los niños colombianos, Adriana Tono, el sueño de muchos hombres de este país, seguirá aprovechando su fama. Y espera más ayuda de las grandes empresas, así como de las pequeñas que quieran acompañarla.

No importa que le quite tiempo a su gran pasión, la música. "Las notas pueden esperar, los niños no".

Tomado del periódico El Tiempo, 4 de septiembre de 2003

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La Vida oculta de Adriana Tono

LA CARTAGENERA NO ES UNA MUJER SATISFECHA CON SUS ?XITOS COMO DIVA Y ESTRELLA DE LA TELEVISI?N. LOS FINES DE SEMANA Y CUALQUIER RATO QUETIENE LIBRE SE LOS DEDICA A LOS NI?OS POBRES DE COLOMBIA. LA ACOMPA?AMOS EN SU RECORRIDO POR LA GUAJIRA DONDE VISIT? ESCUELAS Y LLEV? UN MOMENTO GRATO A LOS PEQUE?OS INDÍGENAS WAY?U. 

Por María Mercedes Sánchez

Con jeans, zapatos cómodos y sin una gota de maquillaje, Adriana Tono aparece en el aeropuerto El Dorado, como seguramente pocos de su seguidores la imaginan. Ha dejado de lado su pose de diva, la sonrisa excesiva de presentadora de farándula y el halo de intocable que le da el set de televisión. Adriana está serena, en pocos minutos subirá a un avión rumbo a Riohacha para reunirse con decenas de niños pobres de escuelas marginales. Les dará refrigerios y cantará con ellos. A cambio, ella recibirá las sonrisas que dan un sentido más profundo a su vida de estrella, al fin y al cabo la mayoría de los pequeños nunca la han visto, no tienen televisor.

Pero la vida de Adriana no se resume a la pantalla. Todos los días hace yoga durante una hora. Luego toma clases de música, canto y guitarra, termina el día con clases de baile. Así todos los días de la semana. A esto le suma ensayos con niños de los colegios de Cedritos para bailar La tortuga, el tema que la inspiró a meterse en la labor social que hoy realiza. Los fines de semana se encarga de las notas de farándula y por las noches se mete al estudio de grabación para preparar su primer disco. De domingo a domingo no para. Aun así cada que puede recorre el país para llegar hasta estos pequeños que viven una realidad distinta a la suya.

Luego de haber terminado su bachillerato en el Jorge Washington en Cartagena, viajó a Francia a estudiar el idioma en La Sorbona. Vivió feliz durante un año hasta que la mandaron recoger porque no se quería regresar. Llegó directo a estudiar Psicología, porque quería conocerse a sí misma y ahondar en los demás. Tal vez ahondar un poco en su verdad, quería ser cantante y lo tenía claro. Le faltó el cartón para recibir el título, pero no quiso tenerlo, ni siquiera para colgarlo en el estudio. Se dedicó a viajar, a cantar boleros y a las relaciones públicas. En una de esas rumbas conoció a Julio Sánchez Cristo, quien después de unos meses la invitó a un castíng para reemplazar a Catalina Aristizábal. Pasó cuatro pruebas, con más de 50 aspirantes y quedó.  En marzo del 2004 cumple dos años de darse su golpecito en el corazón y quedar `A tono".

Ese golpecito le dio un número tal vez igual de admiradores que de detractores. Pero hay que estar cerca de ella y verla interactuar con los niños, en esta ocasión indígenas wayúu, para comprender que en realidad Adriana Tono es capaz de tocarse el corazón. Hace dos meses complementa su trabajo con estos viajes, en los que lo único capaz de doblegarla es el cansancio. Son las once de la mañana y acabamos de llegar a Riohacha. Ahora tomaremos carro hasta Maicao y allí almorzaremos con los niños de las zonas marginales. Ella lleva los regalos que consiguió con las donaciones del Centro Internacional de Alabanza, la Panadería Superpan, Peluquería Nancy y el Supermercado Cumaná, que colaboran con lo que pueden.

Es que Adriana Tono hasta ahora empieza. Sólo hace dos meses que César Camacho, reconocido jefe de prensa y productor de eventos, vio en ella sencillez y dulzura para llegarle a los niños. La invitó a una obra social con niños especiales para bailar La tortuga. ?xito total. Comenzaron a tocar puertas y se unieron tres grandes patrocinadores: AeroRepública, la cadena de hoteles Sol Meliá y Nestlé de Colombia. Ricardo Bustos, director de la orquesta Alfa Ocho adaptó la canción y la hizo más costeña, al estilo de la cartagenera. Así empezó su tren de viajes. El primero fue a San Andrés, luego Marinílla, Ríonegro, Medellín, Distrito de Aguablanca en el Valle, Girón en Santander, Pereira, Malambo y Maícao, la semana pasada. Ahora viene Yopal, Leticia, Cúcuta, Huila, Turbaco, Pasto, Montería, Santa Marta y terminará nuevamente en San Andrés.

"Tiendo a caer en el materialismo. A veces me desgasto tratando de buscar la felicidad. Esta experíencía lo que me hace ver es que está muy cerquita. Me hace valorar mi vida, entenderla, aprovecharla". Pero entre los niños que le gritan "iPicodebotella, Adriana es una estrella!" ella se transforma. Olvida que a los i4 años sufrió de anorexia y bulimia y hasta tuvo problemas en su corazón. Olvida que hasta los 18 estuvo llena de fobias, problemas alimenticios y depresiones.

Sólo ahora que vamos rumbo a Manaure, metidos en un carro, ella repara en sus tristezas. "Cuando vine a ver estaba en la oscuridad. No sé en qué momento caí. Estaba sola. Nadie te entiende. El psiquiatra Rafael Osorio y un grupo de personas estuvieron siempre ahí dándome la mano. Durante muchos años de mi vida busqué la estabilidad y hasta hace poco pude encontrarla".

La misma Adriana le encuentra una explicación a sus desórdenes. "Me dio muy duro dejar la niñez. Estaba rodeada de muñecos de felpa, cantaba, actuaba... vivía en un mundo de cristal. Hacer las tareas era la máxima preocupación. Mi papá siempre hacía el pudín, cantaba, me leía cuentos, me hacía reír.

Luego llegó la adolescencia, la búsqueda, la confusión. Se viene todo encima y no estás preparado. Vivir no es fácil, crecer tampoco. Entré en choque".

Esta es la confesión de Adriana Tono. La hermosa mujer que miles de hombres desean cada noche frente a sus pantallas. La que ven de revistas por montones. La que despierta la envidia de muchachas adolescentes, mujeres jóvenes y maduras. Al escucharla hablar de su infancia ahora que ya se ha sometido a todo un día de esa alegría y derroche de energía que sólo los niños tienen a su disposición, se entiende por qué decidió arriesgarse en esto. "Quiero que ellos tengan la infancia que yo tuve, agradecer el amor y afecto que recibí. Dar es lo que más me llena".

Ahora prepara sobre el papel la Fundación `A Tono con los niños". Quiere ayudar enfermos, discapacitados, gente necesitada, presos. Quiere sacudirse del maquillaje y seguir golpeándose el corazón. En pocas horas volveremos a Bogotá. Ella regresará al set y en la noche estará impecable y sensual. Despedirá el noticiero con su golpecito en el corazón, que es mucho más que eso. Ha estado metida en un mundo de vanidad, competencia y rivalidad, que a unos les gusta, pero a Adriana Tono le cuesta.

Tomado de la Revista Cromos No.4470, octubre 13 de 2003

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