Luis Fernando Ardila

Pereira, Risaralda

Actores

Personaje

 


Luis Fernando Ardila

actor

   
 

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Pereira, Risaralda, 1955
Falleció en 2004

Actor - filmografía
(2000s) (1990s) (1980s)

  1. "Milagros de amor" (2002) TV Series
  2. Colombianos (2002)
  3. "Maria Madrugada" (2002) TV Series .... Armando Garay
  4. "Caponera, La" (2000) TV Series .... Don Javier
  5. "dillas guerra y paz" (1999) TV Series Pan
  6. "Madre, La" (1998) TV Series .... Don Mauricio
  7. "Guajira" (1996) TV Series
  8. "Solo una mujer" (1995) TV Series .... Jhon Alex
  9. "Gallito Ramírez" (1986) TV
  10. "Pequeños gigantes"
  11. "Flor de fango" (1983) *
  12. "La mala hierba" (1982) *
  13. "Su majestad el dinero" (1981 - debut *
  14. "Historia de dos hermanos" *
  15. "Las voces del silencio" *
  16. Amadeus
  17. Ana Frank

Director - Filmografía

  1. "Pasiones secretas"
  2. "Fercho y Compañía"
  3. "Contravía"
 
 
 
Información parcial cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
* Datos gentilmente suministrados por el periodista Fernando Sarmiento, 2004, de Barranquilla

 
 


Versátil, se da el lujo de aparecer en varios canales con personajes que lo hacen marcar la diferencia

por Víctor Manuel García

Corría el año 2000. Cristo Jesús, su personaje en Alejo Durán, lo enamoró profundamente, porque como actor, Luis Fernando Ardila podía mostrar, y demostrar, cantidad de facetas. Era la misma época en la cual comenzaba sus cursos de arte dramático, todos los domingos, con el libretista Dago García. La reunión de los 12 apóstoles: sin falta llegan Luis Fernando, He bert King, Marcela Vanegas, Margoth Velásquez, Rafael Cardozo... Ese mismo año, Dago le propuso a Ardila que hiciera un casting para el personaje del `traqueto Armando Garay, en María madrugada: se ganó el papel. "Le trabajé todas las facetas al personaje. Eso es lo maravilloso del trabajo de un actor". Lo había aprendido muy bien en sus 20 años de carrera y en sus cursos de dramaturgia.

VERSATILIDAD EVIDENTE 

Luis Fernando duró un año grabando María madrugada y al mismo tiempo estaba metido en el alma del coronel Leal, de la teleserie Pandillas, guerra y paz, personaje inspirado en el coronel Jaime Leal, director Nacio nal de Carreteras; en el Canal Cara col encarnaba a un hampón, y en el Uno, a un representante de la justi cia. Los horarios de las grabaciones de las dos producciones jamás se le cruzaron. Todo funcionó como un relojito suizo y meses después de terminar de grabar la telenovela de Caracol, lo llamó Toni Navia, a fin de que audicionara para el personaje del alcalde Reynaldo Rueda en la telenovela Milagros de Amor. Aprobó el casting sobradamente y luego de io años, cuando trabajaron en Pequeños gigantes, volvieron Toni y Luis Fernando a reunirse en un set. Ella, como directora; él, como actor. ¡Moñona! Sin buscarlo, Ardila se convirtió en el actor de los horarios estelares de los canales colombianos. Aparecía en RCN, con Milagros,- en Caracol, con María madru gada,- en el Uno, con Pandillas... y para completar, en el Canal A, en la repetición de La Caponera, donde hizo del manager de la protagonista. "No fue buscado ni planeado", explica. "Fue una situación coincidente por emisión". Es que al propio actor le gusta dedicarse solamente a un personaje para entregar todo, hasta la última gota. "La solución fue ser lo más versátil posible".
Y lo logró. Pero es cierto, él tiene razón. La verdad es que Ardila no se había dado cuenta de la multiplicación de su imagen. Fue la gente en la calle la que se lo hizo notar. Unos lo saludaban como al Coronel, otros como al `traqueto, varios más como al alcalde... "Me satisfizo. Los comentarios de la gente siempre fueron buenos y muy generosos". Y esa exposición de alto rating era la primera vez que le sucedía, tras dos décadas de carrera artística ininterrumpida. ¡Toda una celebración! Porque en ninguno se notó repetido. La experiencia y el talento no se improvisan ¡ni con ayuda de un bisturí, señores!

Luis Fernando Ardila, pereirano de 48 años, cree que la diferencia de un personaje a otro radica en la sinceridad y la búsqueda insistente de un aspecto de sí mismo que no haya trabajado nunca en su profesión: la torpeza, por ejemplo, o la envidia, los celos. 

Pasiones secretas, Fercho y compañía y Contravía también dejaron en evidencia su faceta de director. Piensa que dirigir vale la pena; claro, mientras la oferta sea muy buena. Sabe perfectamente que como director, hay que hacer la tarea completa, y es agotador: "Uno es una especie de silla eléctrica, porque es la persona sobre la cual recae la responsabilidad de todo". Como sea, se siente mejor actuando que dirigiendo porque le encanta la autoexploración, caminar dentro de sí mismo, conocerse internamente, navegar profundo y autorreflejarse para descubrirse de adentro hacia afuera. Es eso, precisamente, una de sus armas a la hora de encarar a un nuevo personaje. 

Luis Fernando ha sido intenso, malo, bueno, ingenuo, manipulador, manipulable... Ha dirigido.... pero, ¿qué le falta por hacer al artista? Quizás un musical, una especie de comedia al mejor estilo Broadway, donde pueda cantar y actuar. "Sería algo espontáneo porque la música me arrastra". De hecho escribió muchas de las canciones de Pequeños gigantes Al sumar sus 2o años de profe sión, no es capaz de escoger lo mejor que ha hecho. Esos vestidos con los que se ha lucido, muchos, en incontables ocasiones, son su mejor tesoro, y por eso no tiene personajes preferidos. A cada trabajo, sea de actor o de director, le entrega todo. Incluida su alma. Cada uno es el mejor de su carrera. "Ahora bien, no dejo de estar muy contento por la nominación al premio TV y Novelas 2002 a Mejor villano, por mi papel en María madrugada, porque es es el reconocimiento directo y transparente de la gente". 

Por ahora, mientras mira absorto los rascacielos céntricos de Bogotá, desde el piso 14 donde vive solo, cuenta que sigue en Milagros de Amor y Pandillas.. Sus cursos de dramaturgia con Dago no acaban. Tampoco sus estudios actorales. Y su rol de asesor dramatúrgico de la productora TeleColombia, lo tiene muy contento. "Estos 20 años de carrera han significado que me sienta más afortunado que los demás". Y explica: "Es que he hecho lo que me gusta. Soy un hombre que ha cumplido todos sus sueños. Siempre he hecho lo que me ha dado la gana, y por eso soy feliz".

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 367, 7 de julio de 2003


Canto mi vida a 33 revoluciones

por Camándula

Simpático, expresivo, franco y cálido, aun con lentes de contacto, dice verse como un hombre solitario, meditativo, antipático y huraño que desea regresar a su cueva lo más pronto que pueda. Ni siquiera en vacaciones lo seduce Singapur, un viaje a Europa ni un crucero por el Mediterráneo. "Déjenme en mi casa de La Candelaria con el teléfono desconectado y yo soy feliz".

Disciplinado hasta la rutina, todos los días madruga a las seis, se toma su tinto, hace media hora de yoga y lee el periódico con música del barroco al romanticismo, incluyendo a Mozart. Detesta el Bolero de Ravel, la pomposidad de Beethoven y el patetismo buscado de Tchaikovski.

Hogareño y casero, prepara desde ajiaco hasta filet mignon pasando por cualquier variedad de pastas. Y no es gordo. Los jugos son su bebida preferida y entre todas las frutas, la curuba.

Por la noche escucha cantautores latinoamericanos y folclor sureño. "Sólo le soy fiel a mis artistas predilectos, pero eso sí, hasta temprano porque me supera el trasnocho". También se la puede el enigma recurrente de la existencia de Dios.

Graduado en literatura, adora a Shakespeare y se inclina ante el boom latinoamericano sin apartarse de Faulkner, Laurence Durrel y D.H. Laurence. En cuanto a poesía, Machado y Miguel Hernández, después de Pablo Neruda.

Tímido y sensible, cuando lo aporrea su vulnerabilidad esgrime su gran capacidad para recuperarse. Influido por los surrealistas, únicamente es dogmático contra el dogmatismo. Le tiene miedo a Reagan, a Andropov y a toda clase de arañas. Condena el racismo y no le tiene pánico a la muerte sino a la monda.

Pacífico, ante la pesadilla que está viviendo este planeta, canta con Serrat: "es cuando duermo que yo veo claro". Pero cuando despierta "quiero ser el más auténtico y el mejor yo mismo que yo pueda".

El lambón de la clase

"El sus-que-habla vino al mundo un feliz 12 de agosto de un año que no voy a decir cuál es (después se le zafó: tiene 27 años). Soy el mayor de dos hombres y dos mujeres. Tuve una infancia relativamente feliz, o sea, tan desgraciada como puede ser la de cualquier niño. Aplicado y bobísimo, mientras los demás jugaban basquetbol, yo estaba preparando el círculo literario para presentar pequeñas obras en la clase de español, en la cual siempre sacaba cinco. Era el lambón de la clase. ¡Qué jartera!

"Así, tuve una infancia y una adolescencia relativamente solas y mis amigos siempre eran de más edad que yo. Era un niño juicioso pero mi hermano Jaime, que era terrible, me arrastraba en sus travesuras. Cuando veíamos que mi mamá arrancaba a perseguirnos, nos perdíamos a correr, pero siempre nos alcanzaba y recibíamos correa, de una correa que estaba en el closet. Mi padre rara vez nos tocó y le teníamos pánico por su fuerza. Fuimos niños castigados pero no con sevicia ni en exceso.

"Mi padre tiene un almacén de importación de artículos eléctricos. Por parte de mi madre es tremenda la vena artística. Nuestras reuniones de final de año eran toda la gran familia con guitarreros y hacíamos pasillos y bambucos. Desde kinder yo cantaba en los actos públicos y era el que le recitaba los poemas a la mamá. Después comencé a tocar guitarra sin que nadie me diera clases. Simplemente aprendí de mis primos y de mi gente. Eso me fue aficionando mucho al gusto de tener un público al frente, al cual agradas, fundamental para un actor. Es en parte vanidad pero es más que vanidad. Es un gusto muy especial por una comunicación directa de persona a público".

Seducido por Frankenstein

"El otro aspecto de mis gustos tempranos fue la primera vez que mi madre me llevó al cine a una película terrible: Frankenstein, basada en la obra de Mary Shelley. Me impresionó hasta tal punto que en la noche me levanté llorando, desesperado, a gritos, porque yo sentía que el monstruo se me acercaba a la cama. Mi padre vino y se sentó a mi lado y me explicó que el cine es un arte basado en la fotografía. Simplemente son 24 fotografías pasadas por segundo y me explicó que esos señores se pintaban y se hacían los monstruos: eran actores. Entonces, no pude dormir pero de la excitación y esa noche decidí que cuando grande yo quería ser monstruo del cine para pintarme y asustar a los niños pendejos que no saben lo que es el cine. Ese fue mi primer contacto con el arte.

"Vine a estudiar, terminé bachillerato y aquí viene una anécdota que cuento en todas las entrevistas":

Primer acto

(SUBE EL TELON)

Padre: ¿Qué piensas hacer?

Hijo: Quiero ser actor.

Padre: ¡Estás loco! ¡Mal de la cabeza! ¡Esos son caprichos de adolescente! ¡Te estoy preguntando por una profesión!

Hijo: Esa es mi profesión.

Padre: Ve y estudias una carrera seria en la universidad que quieras y si cuando termines insistes en estudiar esa pendejada, me parece muy bien. Es más, yo te ayudo. (BAJA EL TELON)

Segundo acto

(3 AÑOS DESPUES, SUBE EL TELON)

Hijo: Aquí está mí licenciatura en literatura, de la Universidad Javeriana y todavía quiero ser actor.

(CAE EL TELON)

"Y subo al avión para estudiar arte dramático en Londres. Saqué mi posgrado en Lamda, London Academy of Music and Dramatic Art. De ahí pasé a España con uno de los profesores a hacer una producción de Hamlet, donde yo hacía el trabajo de voz de los actores y algunas traducciones. Me uní a un tour que venía de mi academia para representar por Holanda un espectáculo sobre la reina Elizabeth L con textos de Shakespeare. A los seis meses regresé a Colombia. 

"Mi primer papel de peso fue el novio de Ana Frank, muy emocionante porque 15 días antes yo había estado en su casa en Amsterdam. Ayudé en las escenografías y fue muy bella experiencia como actor. Me interesé por el teatro que se estaba haciendo aquí. Vi El Hombre Elefante, bajo la dirección de Julio César Luna y me pareció una producción digna, seria y profunda. Le escribí una carta diciéndole que yo quería trabajar con él. Meses después recibí una llamada suya: quería hablar conmigo. Salí como pepa de guama. Nunca mencionó la carta, pero me propuso el papel de Wolfgang Amadeus Mozart. Por poco me muero. Me embarqué a trabajar con él y es sin duda el trabajo más excitante que he tenido hasta este momento. Quisiera repetir esa experiencia lo más pronto posible.

Todos quedamos con este vicio. Tarados por Amadeus. Fijados para siempre".

El vicio más ramplón

"Al pasar a la televisión llegué a un medio donde se recibe el libreto hoy para grabar la semana entrante, como máximo. No hay tiempo para preparar a profundidad el personaje ni las situaciones ni investigar sobre su vida. Entonces, siguiendo lo aprendido en la escuela de los doblajes mexicanos y en la radio, donde el actor que está doblando no puede prepararse emocionalmente, se recurre a los viejos vicios de la voz: cuando el actor tiene la voz gruesa, la engola para hacerla más gruesa. Cuando tiene que reírse, maneja el aire. Si tiene que llorar, pone lágrimas en la voz. En esa forma se asesina el trabajo que pueda lograr el actor internamente.

"Pero la actuación es otra cosa. Es un arte porque es creativo, porque se basa en la observación de la gente y de sí mismo. Como decía Shakespeare: es el espejo de la naturaleza. Si no se parece a la realidad no tiene ningún sentido.

"El actor de teatro, al pasar a televisión, debe empequeñecer sus reacciones. Cosas que suelen ser efectivas en teatro pueden resultar demasiado ampulosas en televisión porque la cámara es muy traicionera. Con una levantada de ceja o con una mirada se puede decir todo en televisión".

Profesional de la ausencia

"Para llorar hay varias técnicas. La que yo utilizo consiste en recordarlos sucesos que me han llevado al llanto. Analizo y descubro el detalle en particular que me impulsa a llorar y lo tengo presente. Otras veces la obra misma arrastra.

"Lo más terrible que ha muerto en mi vida es mi perra Mercedes, en honor a Mercedes Sosa, una mujer muy importante en mi vida. Yo la conocí en el 68 por una novia nicaragüense que tuve. Después de convertirme en un profesional de la ausencia, siempre me vivo alejando de todo, rompiendo mis compromisos y siempre distanciándome de mis amigos, ella se encarga de hacerme regresar. Ella me da la mano para regresarme a donde estaba antes. Me tira hacia los tiempos que se me fueron, hacia la gente que ya olvidé.

"La muerte del amor también es un padecimiento que he tenido y la muerte de grandes ilusiones como mis sueños marxistas, que si no han muerto están en cuestionamiento todavía. La angustia de esas muertes y otras angustias me las saco, a veces componiendo una canción, a veces cantando canciones de otros, a veces llorando".

Mi ritual clandestino

"Mis canciones son vivenciales, testimoniales, lo que he vivido, lo que he sentido. A veces se me viene la melodía y me empieza a desesperar, entro al baño silbándola y luego le acomodo la letra. Otras veces me obsesiona una idea y pienso en el bus, en el taxi, en la buseta. Usualmente grabo primero la música con voz y guitarra y con base en la melodía desarrollo la letra. Pero cuando me ha tocado componer sin inspiración, me jalo el pelo, zapateo y no me levanto de la silla hasta que me sale algo.

"Componer ha sido un ritual de mi vida, algo clandestino. Mis canciones se las canto a mis amigos pero ahora quiero proyectarme como cantautor en Colombia, con lo mejor que he compuesto hasta hoy".

Tomado de la Revista Cromos No.3409, 17 de mayo de 1983



Luis Fernando ArdilaGran actor en diveros roles de bueno, antagónico o villano. Por este tipo de personajes lo recordamos en: Ana Frank, 1980, como un judío amargado, bloqueado mentalmente por los prejuicios de su madre, sumándole a su compleja personalidad el hecho de tener que huir del régimen nazi, durante la segunda guerra mundial, muere a manos de la Gestapo y sus aliados.

La Mala Hierba, 1982, el último descendiente de los Morales, que logra engañar la familia Miranda, se filtra como su gran amigo y hombre de confianza, para asesinar con tiro de gracia al Cacique Miranda.
En 1986 es el mimado, "perfumado" antagonista de Gallito Ramírez, la contraparte de Gallito, quien da una pelea bastante desigual frente al amor de la "Niña Mencha". de carácter voluble, depresivo, sin fuerza ni elementos para luchar por el amor de la caprichosa protagonista.
Entre 1989/1990 interpretó a Cerafín Barrancas, un hombre demasiado refinado, un tanto ingenuo, pero codicioso, ambicioso, intrigante; aliado en muchas de las acciones de su malvada y demente hermana Galeana Barrancas, la villana de Calamar.
En Inseparables, 1992, representa a Eugenio Calle, (en la foto) solapado, ensimismado y tímido mejor amigo del protagonista; padece trastorno de personalidad disociativa. Lo que lo lleva a crear una falsa hermana, llamada Azucena, quien está perdidamente enamorada de su mejor amigo, conduciéndolo en esta doble personalidad a cometer los más terribles hechos de violencia y muerte.
Entre otros personajes antagónicos o villanos están: La Madre, 1998; Me Amarás Bajo La Lluvia, 2004/05; Pandillas Guerra y Paz.


Tomado de https://www.facebook.com/Telenovelas-Colombianas-Grandes-Historias-Grandes-Personajes-449461291927899/  , 2016