Vicky Hernandez

Cali, Valle

Actores

Personaje

 


Vicky Hernández

actriz

   
 

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Cali, Valle

Actriz - filmografía
(2000s) (1990s) (1980s)

  1. "La ciénaga entre el mar y la tierra" (2015) Premio a mejor actriz en el Festival de Seattle 2016
  2. "La bruja" (2011) ...
  3. "Un sueño llamado salsa" (2010, papel corto)
  4. "Aquí no hay quien viva" (2008)
  5. "Tiempo final" .... Marcela (1 episode, 2007)
        - Taxi Boys (2007) TV episode .... Marcela
  6. "Hasta que la plata nos separe" (2007) ... Carmela
  7. "En los tacones de Eva" (2006) TV series
  8. La sombra del volcán (2006 - teatro)
  9. "Juan sin miedo" (2006)
  10. Con el corazón abierto
  11. Gens honnêtes vivent en France, Les (2005) .... Soeur Suzanna
  12. Cristo de plata, El (2004)
  13. "Noches de Luciana, Las" (2004) TV Series .... Lourdes
  14. "Siete veces Amada" (2002) TV Series .... Marucha
  15. Con el corazón abierto (2002 - teatro)
  16. Monólogos de la vagina (2001 - teatro)
  17. Proof of Life (2000) .... Maria
  18. "Pandillas guerra y paz" (1999) TV Series
  19. Toma de la embajada, La (1999) .... María Elena Chassoul, Ambassador of Costa Rica
  20. Un día cualquiera (1999 - teatro)
  21. "Madre, La" (1998) TV Series .... Marta Martica
  22. Deuda, La (1997)
    ... aka Debt, The (1997/II)
    ... aka Dette, La (1998) (France)
    ... aka Deuda... o la insólita muerte y no menos asombrosa resurrección y segunda muerte de Alí Ibrahim María de los Altos Pozos y Resuello, llamado El Turco, La (1997) (Colombia: complete title)
  23. "Momposina" (1995) TV Series
  24. "Sobrevivir" (1995) TV Series
  25. Águilas no cazan moscas (1994) .... Encarnación
    ... aka Eagles Dont Hunt Flies (1994)
  26. La casita del placer (1994 - teatro)
  27. Estrategia del caracol, La (1993) .... Doña Eulalia, the pious murderess
    ... aka Snails Strategy, The (1993)
    ... aka Strategia della lumaca, La (1993) (Italy)
    ... aka Strategy of the Snail, The (1993)
  28. La muerte y la doncella (1992 - teatro)
  29. Prisioneros del amor
  30. La muerte y la doncella, teatro dirigido por Fanny Mikey
  31. "Hilos invisibles"
  32. Confesión a Laura (1991) .... Laura
    ... aka Confessing to Laura (1991)
    ... aka Confession to Laura (1991)
  33. Cartas de amor (1991 - teatro)
  34. "Azúcar" (1989) TV Series .... Raquel Vallecilla
  35. "Romeo y Buseta" (Seriado) ....  doña Amparo Tuta
  36. Técnicas de duelo: Una cuestión de honor (1988) .... Encarnación
    ... aka Details of a Duel (1988)
    ... aka Matter of Honour, A (1988) (UK)
    ... aka Técnicas de duelo (1988)
  37. Hay que deshacer la casa (1987 - teatro)
  38. Cronaca di una morte annunciata (1987) .... Clotilde Armenta
    ... aka Chronicle of a Death Foretold (1987)
    ... aka Chronique dune mort annoncée (1987) (France)
    ... aka Crónica de una muerte anunciada (1987) (Colombia)
  39. Mansión de Araucaima, La (1986) .... La Machiche
  40. Debajo de las estrellas (mediometraje) (1986)
  41. Visa USA (1986) .... Patricias mother
  42. Póngale color (1985)
  43. Cóndores no entierran todos los días (1984) .... Agripina
    ... aka Man of Principle, A (1984) (International: English title)
  44. Nelly (1984)
  45. Carne de tu carne (1983)
  46. Sang des tropiques, Le (1982)
  47. I took Panama (1980 - teatro)
  48. El resistible ascenso de Arturo Ui (1979 - teatro)
  49. Ricardo III (1978 - teatro)
  50. Rubí (1970)
  51. Soldados (1966 - teatro)
  52. Variaciones sobre un tema de Kafka (1966 - teatro)
  53. La gaviota (1966 - teatro)
  54. Cascabel
  55. Proof of life
  56. Las cuatro edades del amor
  57. Espumas (1991)
  58. Casa Brava *
  59. Reina de belleza *
  60. El Faraón *
  61. Don Chinche (seriado) *
  62. "La intrusa" .... La Mona Nancy (premio India Catalina) *
  63. Los colores de la fama *
  64. "Inseparables" *
  65. "La casa de las dos palmas" (premio India Catalina y Simón Bolívar) * (1991)
  66. "Pasiones secretas" *
  67. Cuentos y leyendas *
  68. Dialogando *
  69. El coleccionista
  70. Un travía llamado deseo
  71. Los siete pecados capitales
  72. Casa de muñecas
  73. Marat Sade
  74. El burgues geltilhombre
  75. Telediacto
  76. Historia de los grandes hombres
  77. Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte
  78. El mundo del niño
  79. Abrete sésamo
  80. Música para niños

Directora:

  1. Compañía (1990s)
 
 
 
 
Información parcial cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
* Información gentilmente suministrada por el periodista Fernando Sarmiento, 2005, de Barranquilla 

Según datos de la Revista Semana del 31 de octubre de 2011, es la actriz que ha trabajado en mas películas: 20


 
   

VICKY: POR SIEMPRE EL TEATRO

por Olga Sanmartín e Iván Beltrán

Vicky Hernández, presencia escénica de una fuerza sobrecogedora, artista genuina, vital, controversial y no pocas veces estigmatizada, nunca ha pensado abandonar el teatro, al que considera sin demeritar otras formas, una savia fundamental. Todavía es presa de la nostalgia cuando evoca los grandes momentos del movimiento teatral colombiano, los años dorados en que este constituía un laboratorio de inquietudes, propuestas, rupturas a innovaciones. Hizo tablas al lado de los grandes maestros, Santiago García y Enrique Buenaventura, y luego, cuando empezó en la televisión y en el cine, continuó, con una intermitencia que lamenta, frecuentando a la gran madre de las artes escénicas. Con el Teatro Nacional acaba de protagonizar Un día cualquiera, del premio Nobel italiano Dario Fo, y ya fungió como directora en la obra Compañía.

Tomado de la Revista Diners No.346, enero de 1999


 


VICKY HERNÁNDEZ 

Por Mauricio Sáenz, jefe de redacción Semana

En el somnoliento Cali del año 50 se gestaba una generación de inconformes. En esa camada nació Vicky Hernández Salcedo, una actriz de carácter que marca un hito en las artes escénicas de Colombia.

Cuando la niña tenía 3 años, su mamá, tras enviudar, se trasladó con sus dos hijas a Bogotá. Cecilia Salcedo, licenciada en literatura, era una mujer de avanzada que procuró para sus hijas una formación intelectual. Las matriculó en el colegio de José Agustín Pulido, en el que Vicky se vio rodeada de cultura.

Tenía menos de 6 años cuando entró al `Grupo Escénico Infantil. La televisión comenzaba en Colombia y la niña Vicky ya estaba en su pantalla. Con su hermana participó en El Mundo del niño, Ábrete Sésamo y Música para niños, y en los papeles infantiles de Telediacto e Historia de los grandes hombres. También hacía parte del radioteatro para niños de la Radiodifusora Nacional.

Muy joven participó en la creación del Teatro Arte Popular con Carlos José Reyes, Celmira Yepes, Carlos Perozzo, entre otros, y luego en la de la Casa de la Cultura, hoy Teatro La Candelaria. A los 13 años estaba inmersa en las densidades del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, de Valle Inclán, como Raposa, una septuagenaria.

Cumplió 15 años haciendo Marat Sade, de Peter Weiss.Y la lista de sus participaciones es interminable, desde Ricardo III, de Shakespeare; El burgués gentilhombre, de Moliere, y Un tranvía llamado deseo, de Williams, hasta Los siete pecados capitales, de Brecht o la Casa de Muñecas, de Ibsen. Su obra más reciente fue Con el corazón abierto, de Humberto Dorado.

En 1968 volvió a Cali, pero regresó en 1976 a la capital tras haber sido, con escasos 20 y tantos años, profesora de teatro en el Instituto Popular, en Bellas Artes y en el colegio Jorge Isaacs. Se unió de nuevo a La Candelaria y luego al Teatro Popular de Bogotá. Volvió a la televisión cuando el TPB produjo obras de teatro para la pequeña pantalla. Así comenzó su consagración en el medio masivo. EL Coleccionista, en el que impresionó con el monólogo de 13 minutos en un solo plano de una mujer dipsómana, fue uno de sus primeros sucesos. Y los éxitos se sucedieron: Azúcar, Romeo y Buseta, La Casa de las dos palmas, La Intrusa...

Debutó en el cine en 1982 con Paradiso del trópico, dirigida por Christian Bricault, y siguió con Las cuatro edades del amor, Carne de tu carne, La Estrategia del caracol, Crónica de una muerte anunciada, Proof Of Life, para nombrar algunos de los 24 títulos que la hacen, de lejos, la actriz colombiana de mayor participación en la pantalla grande.

Vicky Hernández ha hecho historia con su presencia escénica y su voz atronadora muy acorde con su personalidad. Pero, aunque no lo confiesa, en algunas producciones de televisión ha sufrido porque no están siempre a la altura de su sólida formación intelectual.

Es una actriz al ciento por ciento, 24 horas al día y siete días a la semana. Su franqueza y su perfeccionismo le han ganado la fama de ser el monstruo amable al que temen todos cuando alguna estupidez, pero sobre todo alguna injusticia, desata su ira santa. Pero es antes que nada un buen ser humano. Gran amiga, solidaria ante todo, es muy cariñosa. Una excelente madre de sus hijos, Mateo y Juan Sebastián.

Vicky Hernández ha sido de todo, desde costeña hasta bogotana, desde monja hasta prostituta. Con su visión inmensa en los horizontes y minuciosa en los detalles, es una figura indispensable para entender a la mujer colombiana del siglo XX.

Tomado de la Revista Semana Edición No. 1225, 17 de octubre de 2005


 

 

Distinguida como la mejor actriz colombiana del siglo, cuenta entre sus galardones tres premios de mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Bogotá (1985, 1987, 1989). Ganó también el "Coral de Plata" a la mejor actuación en La Habana, en 1991 (por Confesión a Laura) y mejor actriz de reparto (por Técnicas de Duelo), en la Muestra Internacional de Cine de São Paulo. En televisión, su trabajo en la serie "El Coleccionista" le rindió el premio Carmen de Lugo a la actriz más destacada y en teatro obtuvo enorme éxito con el monólogo "Con el Corazón Abierto". Las novelas que hizo fueron "Azúcar" (1989), "La Casa de las Dos Palmas" (1991), "Pasiones Secretas" (1994), "Sobrevivir" (1995), "Momposina" (1995), "Flor de Oro" (1995), "Prisioneros del Amor" (1997), "La Madre" (1998), "Hilos Invisibles" (1998), "Pandillas, Guerra y Paz" (1999), "Siete Veces Amada" (2002) y "Las Noches de Luciana" (2004). En el cine estuvo involucrada en más de veinte películas colombianas y extranjeras.

 

Filmografía

2005 Les Gens Honnêtes Vivent en France (Soeur Suzanna) 
2004 Perder es Cuestión de Método, de Sergio Cabrera 
2004 El Cristo de Plata 

2000 Proof of Life, de Taylor Hackford - prod. estadounidense (María)
1999 La Toma de la Embajada, de Ciro Durán (María Elena Chassoul)
1997 La Deuda, de Manuel José Álvarez y Nicolás Buenaventura
----  Paradiso del Trópico, de Cristián Norbert y Françoise Bricaut - prod. francesa 
1994 Águilas no Cazan Moscas, de Sergio Cabrera (Encarnación) 
1993 La Estrategia del Caracol, de Sergio Cabrera (Doña Eulalia) 
1990 Confesión a Laura, de Jaime Osorio Gómez (Laura) 
1988 Técnicas de Duelo, de Sergio Cabrera (Encarnación) 
1987 Crónica de una Muerte Anunciada, de Francesco Rosi (Clotilde Armenta) 
1986 Visa U.S.A., de Lisandro Duque (madre de Patricia) 
1986 La Mansión de Araucaima, de Carlos Mayolo (La Machiche) 

1985 Póngale Color, de Camila Loboguerrero - mediometraje
1984 Cóndores no Entierran Todos los Días, de Francisco Norden (Agripina)
1984 Caín, de Gustavo Nieto Roa 

1984 Nelly, de Teresa Saldarriaga - mediometraje
1983 Carne de tu Carne, de Carlos Mayolo 
1982 Le Sang des Tropiques, de Cristhian Bricault - prod. francesa
1981 Las Cuatro Edades del Amor, de Mario Mitrotti 
1980 Caperucita Roja, de Humberto Coral - mediometraje
----  Debajo de las Estrellas, de Juan José Bejarano - mediometraje
----  La Carta, de León Hoyos - mediometraje
----  Vida de Perros, de Camila Loboguerrero - mediometraje
----  La Bolsa, de Fernando Riaño - mediometraje
----  Derechos Reservados, de Jaime Osorio - mediometraje
----  La Fiesta, de Burbano - mediometraje
----  La Sombrerona, de Humberto Coral - mediometraje
----  El Discurso Enmochilado, de Barrero - mediometraje

http://www.aldeacultural.com/cinelatino/cinecol/colombiaact1.htm 


 


Vicky por Vicky

especial para El Tiempo

Nací en Cali, pero a los 3 años nos fuimos a vivir a Bogotá. Mi primer papel fue el de una ardilla en la Caperucita Roja, uno de los montajes del Grupo Escénico Infantil y Juvenil de José Agustín Pulido Téllez, para el Teatro Colón. Mi mamá, Cecilia Salcedo, nos había llevado, a mi hermana y a mí para que tuviéramos una actividad además del colegio. Mi hermana María Isabel era la actriz y yo iba no solo para acompañarla sino para evitar que molestara tanto en la casa.

El grupo era un refugio, pues se podía jugar y todo era derroche de imaginación. La junta Militar era la que mandaba en el país. Esos conflictos me producían miedo, siempre creíamos que habría una guerra. Hay una imagen, casi borrosa, de muchas personas con pañuelos blancos gritando: ¡Un civil, botas no! Estaban en los balcones, en las calles. Eso era por Teusaquillo.

En el grupo de teatro estaba Jorge Alí Triana, que era mayor, y ya habían pasado Carlos Muñoz, y Julio Medina.

Mi papá, Jesús María Hernández Castro, murió cuando yo tenía año y medio. Mario Enrique Garrido fue el segundo esposo de mi mamá y papá de los dos menores, de Alonso y Maritza. Él también murió pronto. A mamá le gustaba la poesía, la literatura, la danza, la pintura. En fin, el arte. Cuando Seki Sano vino a Colombia tomó las clases con él para repetirlas a mi hermana y a mí. Obviamente tamizadas por su interpretación.

Cuando tienes 7 años y conoces autores como Tagore, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Oswaldo Dragon, Maeterlinck... uno ve el mundo con un prisma distinto. Jugaba golosa y saltaba lazo, diseccionaba una rana en clase de ciencias naturales, pero el teatro era un escape para vivir la vida, un ingrediente fantástico.

Los 60. Los años convulsionados

¡Bravo, eso es una actriz!, me gritó Alejandro Obregón en una función y me lo creí. Yo tenía 16 años. Interpretaba a la mamá de Samsa en La metamorfosis. En ese momento comencé a pensar que eso era lo que quería hacer para el resto de mi vida. Ya habíamos fundado la Casa de la Cultura, que luego sería el Grupo La Candelaria, y trabajaba con Santiago García y Carlos José Reyes.

Yo era la más joven de la Candelaria y Santiago ejercía un cuidado muy paternal. María Isabel dejaría de actuar, estudiaría sociología y derecho, y ya para entonces a mi mamá no le parecía gracioso que yo actuara a hizo todo lo posible para que abandonara la actuación. Decía que eso había sido un ejercicio para que tuviéramos ventanas hacia el mundo, para sensibilizarnos.

Bogotá era un hervidero de la política de mayo del 68, yo tenía el pelo corto y fui de las primeras que usó bluyín de hombre, desteñido, con tenis. Como a los 17 me ponía una gabardina que tenía cremallera de abajo a arriba, ahí comenzó la rebeldía.

No fui hippie ni droga, estaba muy ocupada creyéndome el cuento del teatro. Me sentía capaz y tenía suficiente locura en la cabeza. Creía que si me metía un LSD me podía quedar fuera del mundo.

Los hippies me parecían unos loquitos inofensivos, con su propia filosofía, y que querían cambiar el mundo, pero yo creía que esos métodos no iban a funcionar. Pensaba que el teatro sí cambiaba a la gente. Hoy sé que no, pero que a veces con que una sola persona pueda mejorarse y sentir se bien como ser humano o con que pueda verse reflejada, vale la pena.

Los 70 El arte y la política

Creíamos en todo, en el amor, en la revolución, en la realización de los sueños. Fueron años de aprendizaje, de formación. Viajé a Cali para terminar sexto y tuve un paréntesis. Fui profesora a los 19 en el Instituto Popular de Cultura (IPC), en Bellas Artes y en el Colegio Hebreo. Hice teatro con obreros, estudiantes, sindicatos. Fue la época de mayor aprendizaje y de la izquierda. Estrené en el Municipal, Madre Coraje de Beltold Brecht y la presentamos en 18 barrios populares de Cali, todo por ignorancia. Luego en las escuelas dirigiría otros autores y empezaría con mis alumnos las famosas creaciones colectivas.

Regresé a la Casa de la Cultura, que ya era La Candelaria, a mediados del 76. Fue tiempo del teatro político. Hoy la relación es con la vida como un elemento sagrado por encima de cualquier consideración.

Fui madre por primera vez. Ese momento de tener a Mateo es dulce, fuera de toda apreciación que se pueda hacer. Mis dos maternidades son supremas y frente a eso no hay ni la menor duda ni la menor vacilación. Cuando lo tuve en mis brazos por primera vez fue como abrazar un pedazo de cielo, de nube... Cambió mi manera de ver el mundo, pues era necesario ser realista, más responsable de una personita que había traído al mundo.

Los 80 Heridas hondas.

Entre el 79 y 89 entré al TPB (Teatro Popular de Bogotá) y descubrí, a través de los programas institucionales del grupo, que la TV era otra cosa. Ya había trabajado de niña cuando era en directo, en blanco y negro, no solo en los programas del grupo escénico, sino en los de adultos que requerían presencia infantil. (Era la época de Bernardo Romero Lozano, Eduardo Cutiño, Gonzalo Vega Quintana....).

Después de un tiempo se acabaron de derrumbar los sueños, vi que en el teatro no pasaba nada que me atrajera ni me pareciera artísticamente importante. El TPB tampoco era un lugar donde podía hacer lo que pensaba, no había desafío, interés ni reto.

Hice teatro para TV, algunos cuentos y leyendas, después comencé con los unitarios y vinieron Don Chinche y las novelas. También fueron los años del cine.

Era una cosa muy chistosa: en TV lo rechazaban por teatrero y los teatreros por que lo metías en TV. Cada uno creía que tenía una razón y la verdad. Cada bando se sentía el dueño absoluto y depositario de la verdad. Eso no ha cambiado del todo. Saber con propiedad trabajar en los tres medios, con medios de producción distintos y condiciones de trabajo diferentes es lo que realmente foguea a un actor.

En el 87 tuve que irme nueve meses pues me pasaron cuenta de cobro. Me fui para España. Fue la vez de la lista negra, cuando mataron a Héctor Abad Gómez y a tantos otros. Juan Sebastián, mi segundo hijo, tenía 4 años. Fue un descalabro espantoso. Tenía como cinco programas en TV: El confesor; Don Chinche, Romeo y Buseta...

Salí sin equipaje. Solo tenía en la cartera cinco libros. Salí de grabar La buseta, con Pepe Sánchez y me monté en un avión. A uno de los niños lo dejé en Bogotá con mi mamá y al otro, en Cali, con su otra abuela. Cuando volví de España llegue también a grabar con Pepe. Volví un miércoles a las 12 del día y trabajé hasta las 7 de la mañana del día siguiente y el programa salió en la noche, era La Posada. Pero de todo eso todavía no puedo hablar, no soy capaz. En las caras se veía el miedo, el miedo y bandos armados... La aplicación del terror hasta nuestros días.

90 Los años del veto

Fue la época de la segunda separación, el entender que estaba sola. Años de mucha TV, de saber que para bien o para mal, esto fue lo que se escogió. La corrida del velo de la indignidad completa, la crudeza de la vida. El destape del narcotráfico, su consolidación con todas las consecuencias. En TV había necesidad de experimentar un poco más la imagen, de dejar de ser más verbal o radial. A finales de los 80 se habían hecho Azúcar, La Casa de las Dos Palmas; irrumpieron en TV directores de cine, de fotografía, nuevos libretistas.

Son los años del veto, que empezó con los canales, en el 99 y 2000. Me pasaron la cuenta de cobro por hablar de lo que a la gente no le gusta que se hable. Durante ese tiempo aprendí que lo que uno tiene que decir, lo dice con el trabajo, nada más.

El nuevo siglo

Artísticamente ha sido: ¡Cállate y trabaja niña!. Me preguntan si han valido la pena estos 50 años, si vale la pena seguir jugando este juego... No tengo nada más qué hacer, no puedo hacer otra cosa. No tengo otra alternativa. Lo único que nadie me podrá quitar es el goce de actuar, la conciencia cuando actúo. Y lo hago para el público, para el fugaz momento en que actúo, para ese instante, para una persona entre mil que quiera ver y oír, que quiera sentir y entender eso que le estoy contando. Creo que va siendo tiempo de pensar en entregar, a quien quiera recibir, la experiencia que he vivido en la escena para ver si eso le sirve para cometer errores nuevos y distintos a los que yo he cometido. Creo que no puedo evitar saber que conozco la escena, que me muevo en la escena con propiedad. No quedan muchos años. Me gustaría poder decir que lo que voy a hacer sea interesante para mí y para el público, me gustaría poder escoger qué hacer. Eso todavía no es posible. Es una fantasía. No tengo ni idea de cómo me iré a morir. El epitafio de una vida es lo que uno hizo, no cuenta lo que no se hizo. De pronto ahora me gustaría aprender cosas, arriesgar es lo que me gusta del trabajo. Sigo creyendo en el riesgo.

Tomado del periódico El Tiempo, 9 de marzo de 2008 


   

Vicky Hernández, actrizDestacada actriz nacida en Cali. Estudió en el colegio José Agustín Pulido de Bogotá. Desde muy temprano, a los 6 años de edad, empezó su carrera en un grupo escénico infantil junto a una de sus hermanas. Realizó muchos musicales entre los que se destacan El mundo del niño, Ábrete sésamo y Música para niños. En los años siguientes participo en muchas obras de teatro de William Shakespeare y Franz Kafka, así como de otros autores reconocidos que la compenetraron en el mundo de la actuación.

En 1968 regresó a Cali y trabajó como profesora de teatro en varias instituciones como el Conservatorio de Bellas Artes, en el Instituto Popular y en el Colegio Hebreo Jorge Isaacs. En 1976 regresó a Bogotá donde trabajó en el Teatro Popular. Años más tarde ingresó a la televisión y participo en afamadas series televisivas como El coleccionista y la comedia costumbrista Romeo y buseta, en 1987; la telenovela Azúcar, del cineasta Carlos Mayolo, en 1989 y La casa de las dos palmas, en 1991, entre otras.

Vicky Hernández es considerada como una de las actrices colombianas más prolíficas del celuloide, pues ha participado en algunos de los más importantes y legendarios filmes de la cinematografía nacional como Carne de tu carne, en 1983; Cóndores no entierran todos los días, en 1984; Visa USA y La mansión de Araucaima, en 1986; Crónica de una muerte anunciada, en 1987 y la película Confesión a Laura, en 1990, cinta donde tuvo un destacadísimo papel protagónico.

En la última década, Hernández ha logrado incursionar en el cine internacional en importantes películas latinoamericanas y norteamericanas como, La toma de la embajada del director colombiano Ciro Durán y Prueba de vida (en inglés Proof of life) del cineasta estadounidense Taylor Hackford, ambas en el año 2000

Tomado de http://www.caliwood.com.co/actores-y-actrices.html , 2013 


   
  ¡

Victoria, regia!

A lo largo de su fructífera carrera actoral, de más de medio siglo, Vicky Hernández ha librado muchas batallas y ha obtenido algunas victorias. Talento indiscutible

Por MARTA BRUGES

Cada vez que hago un papel  me toca pensar, aprender de nuevo, partir de cero. Quien crea que se las sabe todas se fregó porque así es este trabajo: cambiante como la vida.

Estas frases cobran mayor significado cuando provienen de una mujer que desde los siete años está en los escenarios, y que en materia actoral ha ganado todos los premios y reconocimientos existentes en el país, incluso el de Actriz del Siglo, otorgado en 2000 por nuestra publicación. Le faltaba este: la exaltación a ‘Toda una vida dedicada al arte dramático’.

Por estos días se halla en reposo debido a la tercera cirugía que le han practicado, en los últimos seis meses, para corregirle una dolorosa afección en las vértebras. En la sala del apartamento en Bogotá, cuenta que no ha vuelto a su verdadera casa: La masía de San Jorge y la princesa, situada en un municipio vecino, cuya construcción supervisó personalmente. Allí vive feliz sembrando flores, hortalizas, árboles frutales y recibiendo a los amigos que van a visitarla. “Tan pronto termine las terapias, y el médico me autorice, me devuelvo para allá; estoy fascinada con el campo”.

Los inicios

Mientras ojea los álbumes de fotos, los recuerdos de la infancia se avivan en su mente. “Nací en Cali. Mi papá, Jesús María Hernández, murió cuando yo estaba chiquita, y mi mamá, Cecilia Salcedo, resolvió venirse a Bogotá conmigo y con mi hermana mayor, María Isabel. Después se volvió a casar y nacieron mis otros dos hermanos: Alonso y Maritza (q.e.p.d.). Como actividad extracurricular a María Isabel y a mí nos matricularon en Bellas Artes; luego integramos el Grupo Escénico Infantil, dirigido por José Agustín Pulido Téllez”.

Por allá en los años 50, presentaban obras infantiles, tales como El misterio de la casa amarilla y El pleito del queso. Las boletas costaban entre 1y 3 pesos; también estaban en el grupo otros futuros actores: Julio Medina, Carlos Muñoz, Fabio Camero, Gaspar Ospina, Jorge Alí Triana. A veces cuando se encuentra con Jorge Alí suelen recitar los parlamentos que les correspondía en aquellas obras, que rememoran con cariño.

En 1957, el Ministerio de Comunicaciones les dio licencia a las dos niñas Hernández para actuar en vivo en televisión.

La decisión


Al cumplir los 13 años se salieron del grupo, aunque ella siguió actuando. Con el tap (Teatro de Arte Popular), dirigido por Carlos José Reyes, representó en la obra Ligazón, de Valle-In-clan, a la raposa, una mujer de 70 años. El público quedó impresionado. “Por ahí empezó mi perdición”, dice Vicky, pues ya no pudo dejar de actuar.

Festejó sus 15 años haciendo Marat Sade, en la Casa de la Cultura, con la dirección de Santiago García. Y mientras su hermana optó por la Sociología y el Derecho, ella le comunicó a su mamá que deseaba dedicarse a la actuación. Hasta ahí contó con el apoyo materno, porque su madre nunca aceptó esa determinación. “No veía seriedad en el oficio y le preocupaba mi futuro. Mi victoria es que me he mantenido en esto, no le he quitado nada a nadie, he tenido dignidad por mi trabajo; por eso me parece que ella en su tumba (murió en 1995) puede estar tranquila. Alcanzó a ver que vivía decentemente de mi trabajo sin venderme, sin prostituirme, sin tranzar... Debo decirlo claramente porque casos se han visto.

Así habla Vicky, sin tapujos. Confiesa que de ser posible echar marcha atrás estudiaría Medicina o Arquitectura. Respecto al arte dramático opina que no ofrece estabilidad pues no es una profesión. “Ha habido avances y retrocesos en la cuestión académica. Creo que hay un acervo para que exista el estudio teatral a nivel universitario, para estructurar el pénsum de una carrera de arte dramático que incluya al actor, al director, al escritor, al vestuarista, al crítico, al escenógrafo. Sin embargo, no hay interés de la sociedad por hacerlo; se conforma con lo que le dan y lo que ve. Nuestra televisión no es tan mala, pero tampoco todo lo buena que podría. La televisión pública debería ser forma-dora de cultura ciudadana. En cuanto al teatro, con el mayor respeto por mis compañeros, no ha vuelto a pasar nada interesante”.

También cuestiona la falta de disciplina. “Para actuar hay que formarse. En la televisión de ahora, la gente va a hablar por teléfono, a escribir mensajes. Mientras los directores están marcando la escena; los actores, chatean. Están grabando y suenan los celulares, no lo puedo entender ni aceptar, me parece un irrespeto. El actor debe respetar el vestuario, el maquillaje, cuidar la escenografía, no dejar vasos regados ni irse a recostar en las camas. Soy excelente compañera de escena, salvo las embarradas, ayudo, apoyo al actor, lo corrijo; recuerdo que cuando era niña así aprendí. Hay jóvenes que lo reconocen y lo agradecen. No tengo el prurito de querer permanecer y que nadie tenga el derecho a llegar”.

Uno de los asuntos por los que más luchó Vicky, y por los que se ganó fama de ‘conflictiva’, fue contra lo que llama ‘televisión o teatro de visita’, utilería de cartón que no se podía ni tocar, actores y actrices hablando siempre en el mismo tono radial, maquillados y peinados sin que se les desordenara un cabello.

“Me tocó ser una fiera para romper con ese esquema de actuación y lograr que mis personajes fueran más creíbles, más interesantes y se parecieran a lo que somos. Pedía elementos reales, por ejemplo, un limpión, unas arvejas para desgranar en la escena... Fue una pelea no solo mía, sino de un grupo de colegas conscientes de eso”.

El amor y los hijos

A Gonzalo Posada, su primer esposo, lo conoció en el tap, donde él hacía la escenografía y diseñaba los programas. Vicky se casó a los 19 años y se separó pronto. De esa unión nació Mateo, músico titulado en Berklee, Boston. Vive en Río de Janeiro (Brasil) hace 9 años.

Tiempo después se reencontró con Gerardo Calero de quien había sido profesora en Bellas Artes de Cali, y se enamoraron. Vivieron 12 años, tuvieron a Juan Sebastián, también actor, productor y director de cine graduado en la escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba. Fue el protagonista de la serie El mexicano. “Hubiera querido que estudiara ingeniería, derecho, panadería o cualquier otra cosa, pero él decidió ser actor y lo hace muy bien”.

No ha vuelto a casarse, afirma que ya se acostumbró a vivir sin pareja. “Pasé sola la etapa en la que me debió hacer falta la vida matrimonial, después de los 45 años, una etapa sensible y compleja de la mujer porque está dejando de ser joven, pero tampoco es vieja. Luego de eso... ¡ya qué carajo de pareja! Soy goda, me habría gustado un matrimonio para toda la vida, no haber tenido que trabajar cuando mis hijos eran niños y haber estado con ellos todo el tiempo, pero no se dio ni lo uno, ni lo otro... El medio influye”.

¿Te asusta la palabra retiro? “Aunque me asuste, a uno lo retiran. Pero me gustaría seguir actuando porque me aburro sin hacer nada. Estoy sin plata y, además, tengo aún mucho para dar y otro tanto para decir. Ahora disfruto enormemente de la actuación. Me siento como pez en el agua”,

Tomado de la Revista TVyNovelas, No. 664, 2014


La ardilla inquieta

No se quedaba quieta. Vicky lo reconoce. Por eso, cree que le dieron el papel de Ardilla en la presentación de Caperucita en el Teatro Colón, su primera obra, a los siete años. Es una mujer ‘sin pelos en la lengua, herencia de su mamá, una vallecaucana de mentalidad avanzada, que quiso que sus hijas estudiaran teatro desde los primeros años escolares.

Vicky HernandezPor eso, dice, sin suavizar el tono ni el contenido, que en Colombia la mujer es ignorada y pisoteada, pese a ser el bastión de la sociedad. “Cuando era una niña, se reconoció el voto femenino, y las mujeres empezaron a abrirse paso en la política pero, aun así, la brecha es enorme en relación con los hombres. Hay desigualdad en los salarios, no se consideran ciertas situaciones específicas femeninas, que deberían tenerse en cuenta a la hora de trabajar y, además, siguen teniendo, en muchos casos, toda la carga del hogar. El trabajo es doble o triple y el esfuerzo que tienen que hacer las mujeres es muy grande”, enfatiza la actriz.

Intentando sentar su voz de protesta por tanto maltrato a la mujer, Vicky ha participado en un par de campañas para que cese la violencia contra ellas, aunque sabe que de nada sirve una publicidad si el cambio no se da desde los primeros años.

Con esto no quiere decir que Vicky prefiera el bando de la liberación femenina. De hecho, le aterra. Se reconoce hogareña, de aquellas mujeres que gustan de tener su casa ordenada y atender a su familia, pero recuerda que las labores fuera y dentro del hogar deben ser más justas y equitativas.

Sus cientos de personajes viven en la memoria de muchos. La alaban por sus papeles, como el de abogada en Pandillas, guerra y paz, Caridad, en Azúcar, En los tacones de Eva o en Cóndores no entierran todos los dias. Incluso, hace poco, le hablaron de la obra Hay que deshacer la casa, que hizo hace unos treinta años, pero le siguen faltando otros cientos de mujeres por interpretar. Lo que sí sabe es que siempre serán construidas a partir de la verdad.

Tomado de la Revista VEA, Edicion 101, 4 de marzo de 2016