Gustavo Angarita

Bogota

Actores, Pintores

Personaje

 


Gustavo Angarita

actor, pintor

   
 

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Gustavo Angarita desaira al público (El Tiempo, 2015)

   
 

Actor - filmografía
(In Production) (2000s) (1990s) (1980s) (1960s)
  1. Es amor es un francotirador (Teatro - 2016)
  2. Insultos al público (Teatro, 2015)
  3. Malamor (2003)
  4. "Ángel llamado azul, Un" (2003) TV Series .... Maestro
  5. "Precio del silencio, El" (2002/I) TV Series .... Jorge Bayona
  6. Bolívar soy yo (2001) .... Psychiatrist
    ... aka Bolivar Is Me (2001) (International: English title)
  7. Pena máxima (2001) .... Ramírez
    ... aka Maximum Penalty (2001) (USA: festival title)
  8. "Traga Maluca" (2000) TV Series .... Leonardo Conde
    ... aka "Putas de Aguadas, El" (2000) (Colombia)
  9. "Dama del pantano, La" (1999) TV Series
  10. Kalibre 35 (1999) .... Miguel Ángel
  11. "Club 10" (1999) TV Series .... Jeronimo
  12. "Carolina Barrantes" (1998) TV Series
  13. Día que murió el silencio, El (1998) .... Oscar
    ... aka Day Silence Died, The (2000) (USA)
  14. "Hombres" (1997) TV Series .... Ricardo
  15. "Potra zaina, La" (1993) TV Series .... Melquisedec Ahumada
  16. Estrategia del caracol, La (1993) .... Father Luis, the accomplice priest
    ... aka Snails Strategy, The (1993)
    ... aka Strategia della lumaca, La (1993) (Italy)
    ... aka Strategy of the Snail, The (1993)
  17. "Brigada central 2: La guerra blanca" (1992) (mini) TV Series .... Hipólito Valdés
    ... aka "Guerre blanche, La" (1993) (mini) (France)
  18. Vanessa (1987) *
  19. Reputado (mediometraje) (1986)
  20. "Pisingaña" (1986) **
  21. "La casa de las dos palmas" .... Efren Herreros
  22. Casa brava (1984) *
  23. El bazar de los idiotas (1983) ....... Nemesio Rodriguez
  24. Tiempo de morir (1985) .... Juan Sayago
    ... aka Time to Die, A (1985)
  25. Revivamos nuestra historia (1980-1983) (seriado) - protagonista de Nariño - *
  26. Rasputin (1980-1981) , protagonista *
  27. El candidato (1978) **
  28. Bajo la tierra (1968)
  29. Sublime decisión, montaje teatral (1963)
  30. Cuando llega la noche *
  31. El círculo *
  32. El divino *
  33. "La fuerza del poder"
  34. "El manantial"

Participaciones en:

  1. La hora del suspenso
  2. Revivamos nuestra historia

 

 
 
Información parcial cortesía The Internet Movie Database. Con permiso 
* Datos gentilmente suministrados por el periodista Fernando Sarmiento, 2005, de Barranquilla
** Dato tomado del libro Largometrajes Colombianos en Cine y Video, 2005
 
 


La vida de barba blanca

por Tatiana Riaño

 A través de su vida ha descubierto cosas que lo han echo tomar decisiones importantes. Primero descubrió que no le gustaba trabajar, que era más cómo do levantarse y no hacer nada, o mejor aún, no levantarse. Pero después la misma vida le enseñó que tenía que hacer algo para poder vivir, comer rico y dormir tranquilo. Después se dio cuenta de que todos los trabajos eran horribles, que lo suyo no era el Derecho ni la Filosofía y las Letras sino la actuación que, en un principio, ejercía en obras de teatro en la universidad. En clases de Zen conoció el pavor a las arañas y a los 60 años supo que, con esa edad, la gente lo estaba olvidando.

Siempre ha trabajado como actor, pues no sabe hacer nada más. Ahora interpreta a Dios en la serie infantil Azul, pero como él mismo dice, "Dios no se enamora, ni hace plata, ni se aparece todos los días, simplemente legisla y lo hace de vez en cuando. Y como hay Dios una vez al mes, también grabo con esa frecuencia". Ha hecho teatro, televisión y cine, y de los tres se queda con ninguno, pues prefiere vivir el momento y explorar el presente. Confiesa que la úni ca vez que se ha visto actuando, lo hi zo borracho porque prefiere no verse en pantalla y mucho menos ver a su hijo, porque cada vez que se pilla algún error éste puede mandarlo de urgencia al psiquiatra.

Su vocación secreta como actor está lejos de ser el enamorado de una historia llena de lágrimas y finales agridulces. Le hubiera gustado interpretar a Sigmud Freud, Carlos Marx o Einstein, personajes que no se enamoran sino que piensan, que se desligan del conflicto afectivo y erótico, "porque llega un punto en que uno ya no resiste. "Ya qué hace uno, enamorándose hasta del gato?". Entre risas, se nota la tranquilidad con la que toma la vida y su sentido del humor envuelve a quien lo escucha. No se arrepiente ni se siente frustrado por nada, pero se cuestiona cada frase que sale de sus labios con ese toque de reflexión que sólo llega con los años.

Con la seriedad que merece el tema, opina que tiene cierta necesidad de identificarse con algo distinto a él, por eso se apropia de cada uno de los personajes que interpreta, como una más cara permanente que cubre el descontento que a veces siente con su propio ser. Asegura que nació con deficiencia de ego, motivo por el que decidió apropiarse de egos virtuales o artificiales. "Tengo la necesidad de aparecer con una identidad diferente a la mía. Por eso no sufro de vanidad".

Acostumbra levantarse temprano y, como últimamente no tiene nada que hacer, va al gimnasio, aunque a las tres horas está muerto de la jartera. Eso sí, no se pierde las clases de rumba, en las que desborda su energía. Sólo se atreve a bailar allí porque "a esta edad me siento ridículo bailando". En esta actividad agota las horas de la mañana y se escabulle de la monotonía que le producen las caminadoras y las bicicletas estáticas. Al despejar su mente después del sueño, se sienta frente a un lienzo y comienza el ritual que puede durar hasta un día entero. Allí plasma su alma y lo que ve a su alrededor: su cara, su barba, un sombrero, un cementerio, un perro.

Asegura que no tiene influencias a la hora de pintar, pero algunos le han dicho que sus obras son surrealistas mezcladas con arte pop. Y lo acepta, porque hace treinta años, cuando vivía en París, se estrelló con las obras de Salvador Dalí, de Magritte, de Paul Klee y de Miró, que dejaron una huella en su memoria y todavía alimentan su espíritu creativo con pinceladas y tonalidades, invitando a lo irreal a hacer parte de su realidad.

Como casi todos los mortales, · no sabe cuándo va a morir pero cree que será en el 2007, año en el que, según él, desaparecerá. Pero si la muerte lo tiene en lista de espera para esa fecha, piensa utilizar sus herramientas como actor para pretender su muerte. "Puedo hacerme el muerto cuando quiera, así que me puedo desaparecer". Tal vez el Cabo de la Vela en La Guajira, o una casita en San Cayetano le servirán de cómplices para cumplir su profecía de una muerte imaginaria.

Mientras responde a cada pregunta es inevitable fijarse en su barba blanca, espesa y profunda, como su mirada. Sus ojos esconden la naturaleza interior del hombre que sale a flote con la fluidez y la sinceridad de un niño. Cada palabra que dice está envuelta en una estela de irrealidad. Hablará en serio o se estará burlando de mí?, podría preguntarse quien se sienta frente a sus ojos cafés. La experiencia y los años hacen que lo que diga en broma pero muy en serio esté desprovisto de pretensiones. Algunas de sus frases son simples, algunas sabias y otras divertidas. A veces parece un niño jugando a definir su destino, siempre creando una cortina que impida que lo malo lo impregne y le haga daño.

Su voz se combina armoniosa con la música que escucha durante el día. Las notas de Astor Piazzola se oyen en su biblioteca. Cuentos, novelas, ensayos y otros géneros literarios comparten un lugar con sus cuadros, que están en cada pedazo de pared. Las películas que le interesan se hicieron en los 50 y 60, y cree que lo que se hace ahora está dirigido a la gente más joven. Desde el piso 17 en donde queda su lugar privado, su sitio personal, disfruta de la soledad, de la ciudad que lo persigue con el ruido y le recuerda que todavía hay mucho por hacer.

No sabe si vive sólo o acompañado, aunque lleva más de 40 años casado con Margarita, la mamá de su único hijo, Gustavo. Dice que su hogar desapareció con el paso de los años, cuando su hijo se fue de la casa y se casó. Sin embargo, siente la necesidad de estar cerca a su compañera aunque sabe que tarde o temprano los dos se se pararán cuando dejen de existir.

De las nuevas generaciones de actores opina que están mejor formadas, que son más despiertas, más disciplinadas, más exclusivas y cautas, pero también cuestiona que "no es suficiente con ser atractivo para hacer un papel dramático bien hecho". Dice con algo de nostalgia que desde hace un tiempo se acuesta con las gallinas y que ya no bebe licor, pues le angustia el guayabo que puede dejarle media botella de whisky. Más bien disfruta de sus 60 años pintando, oyendo música medieval e imaginándose en una hamaca en la playa, haciendo nada y huyéndole a las arañas, consintiendo y acomodan do lo que le da ese aire de indudable sabiduría: su tupida barba blanca y su mi rada enigmática.

Tomado de la Revista ALO, No.380, mayo 16 de 2003


 
 

Melquíades encarnó en Angarita

por Luz Adriana Velasco

Su espesa y abundante barba blanca contrasta salvajemente con el intenso color café de sus ojos. No había otro que cumpliera con el requisito tan al pie de la letra. Gustavo Angarita -uno de los grandes actores colombianos - tenía que ser Melquíades: el sabio gitano que llega a Macondo para enseñarles a sus habitantes cómo vivir, para mostrarles los inventos más recientes y para envolver a ese pueblo con sus enseñanzas.

Así es el personaje que desde hace tres meses interpreta el veterano actor en La casa, una pieza que recrea la obra magistral de Gabo, Cien años de soledad, y que está en temporada hasta el próximo 25 de abril en el Teatro de Bellas Artes, de Cafam, en Bogotá.

Con La casa, el protagonista de la película Tiempo de morir (1985), basada en un guión de Gabo, se siente vivo. Desde hace más de dos años no actúa en TV y ese conteo se triplica cuando se refiere a su participación en teatro. "Es que me olvidaron. Ya no escriben para uno. Ahora solo hago papeles terminales. Ya no hago de persona viva", dice en tono jocoso este curtido hombre de las tablas, de 66 años, que actuó en las telenovelas La casa de las dos Palmas y El precio del silencio, así como en la serie Hombres.

Es la tercera temporada de esta obra, que antes de Angarita contó con otros dos actores en el rol de Melquíades. La idea de cambiar era llegar a personajes más reales, más cercanos a la obra de García Márquez. "Por eso estoy ahí, porque antes participaban jóvenes que debían caracterizarse".

Son 40 escenas en las que el humor y el amor se combinan, encadenando la historia familiar de los Buendía con Melquíades y los gitanos, la soledad y la muerte.

Con este trabajo, dirigido por el ruso David Gurj i, Angarita se reencontró con el placer de trabajar en grupo. Volvió a actuar con sus colegas Laura García, que interpreta a Úrsula Iguarán; Félix Antequera, que encarna a Arcadio Buendía, y Carmenza Gómez, que encarna a Pilar Ternera (en los 80 había sido la abuela, en Eréndira).

Angarita estaba dedicado por completo a la pintura; el próximo 25 de abril realizará una exposición individual de 50 de sus obras, con "una versión personal de la realidad".

Por ahora no tiene tiempo para nada más. El resto del tiempo se lo dedica a sus dos nietos, hijos de su único heredero, el también actor Gustavo Angarita Jr.

"Claro que extraño actuar, pero no golpeo puertas por que no quiero que nadie se sienta presionado -dice-. Los personajes que he ido a buscar no me han salido bien. Es mejor cuando lo buscan a uno, porque eso quiere decir que así es como lo requieren".

La casa, el regreso de Angarita al teatro, se ha presenta do también en el IV Congreso internacional de la Lengua Española, el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá y el X Festival Internacional de Teatro de Campeche (México).

Tomado del periódico El Tiempo, 15 de abril de 2009


   

Un terco al que no le gusta verse en TV

Testigo como pocos de la actuación en Colombia, Gustavo Angarita lleva 50 años desde que pisó por primera vez las tablas, Ahora vuelve con un entrañable personaje en la película Sofía y el terco.

CINCUENTA AÑOS. O, mejor aún, toda una vida: eso es lo que lleva Gustavo Angarita en la actuación. Su carrera arrancó en los años sesenta, cuando era un imberbe de pelo largo, que alternaba sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Nacional con presentaciones que realizaba en los escenarios y cafeterías del campus. Su vida, muy a tono con la época y el auge de Camilo Torres, era contestaría y alocada. Hasta que llegó Gustavo Jr., su primer hijo, y se dio cuenta de que la vida tenía que tomársela en serio, así que abandonó sus estudios para dedicarse de lleno al mundo de las tablas.

Y fue entonces cuando al lado de actores como Carlos Barbosa, Waldo Urrego, Jorge Alí Triana y Antonio Corrales se afincó en los teatros Odeón y Popular de Bogotá para formalizar una carrera con intenciones artísticas y ánimo de lucro: ‘‘Era una época muy entretenida, estábamos todas la noches haciendo funciones, en contacto con el público, familiarizado con las obras y su eficacia". De allí le vienen los recuerdos de Ricardo III, La ópera de los 3 centavos y I took Panama, obras con las que recorrió el país de los años setenta, en la época de Alfonso López Michelsen, un país "variopinto, pero que ya vivía un ambiente de violencia, narcotráfico e inequidad".

Pasaron así 15 años, hasta que llegó una migración de actores del teatro a la televisión. Empezaba una etapa que no tenía los mismos fines artísticos pero que con un trabajo depurado, le permitió conocer la cara y sello de la fama: "Era más lucrativo, el público lo conocía más a uno, había más proyección, pero a la vez se estaba más expuesto a la reiteración y monotonía mediática de una figura pública".

Gustavo Angarita, actorY precisamente para rehuirle a las entrevistas monotemáticas que siempre le preguntan por sus personajes, aclara con una mirada jovial: "Salvo que me toque por compromiso, no me gusta verme en mis papeles. Eso ya pasó". No le gusta verse en retrospectiva, pero en cambio, de joven y adulto sí gozó mucho con el cine de Buñuel, Antonioni e Igmar Bergman y con los papeles de las actrices del cine francés de la época: Brigitte Bardot y Jeanne Moreau.

La biblioteca de su casa también es un vivido recuento de su vida cambiante y algo caótica. Al punto que le cuesta reconocerse en muchos de los libros que leyó, mas no en una botella de Jack Daniel’s vacía que reposa en uno de los entrepaños superiores: "Bebí mucho y por poco pierdo el rumbo, los guayabos eran muy fuerte. Ya no bebo, pero me aburro, el alcohol divierte muchísimo".

De los libros recientes que mejor recuerda, trae a colación las Partículas elementales, de Michel Houellebecq, y 2066, de Roberto Bolaño. Aunque su top of mind se lo lleve la obra completa de Paul Auster. "Es un autor que experimenta, le gusta jugar y lo sorprende a uno". Elementos que no son ajenos al actor colombiano, que le gusta jugar con sus respuestas y atornillarse a su memoria olvidadiza para zafarse de las preguntas que no quiere responder.

Al hablar de su papel protagónico en Sofía y el terco, la opera prima de Andrés Burgos, la respuesta fue espontánea y natural y explica por qué aceptó este proyecto entre otras propuestas sin concretar. "Generalmente a la gente joven no le interesan los avatares de la gente vieja, pero esta historia interpreta los rasgos de la senectud de una forma cariñosa y no pesimista ni enfermiza, lo que hace que el personaje se vuelva querible y pintable".

A manera de juego, a Angarita en ocasiones le gusta hablar de su retiro definitivo de la actuación. En esas lleva desde 2003. Es entonces cuando apela a una mirada de nostalgia para hablar de la falta de motivación afectiva que a veces lo asalta. "La depreciación del amor define el paso del tiempo, uno es viejo porque ya no ama". Entonces se alisa la barba, su "único maquillaje posible", y se pasa la mano por su mermada cabellera: "Ahora todos los personajes que hago son de despedida. Adiós, adiós".

Tomado de la Revista Cromos No.4844, 10 de agosto de 2012 


Recibe homenaje especial en el marco de la segunda version de The Colombian Film Festival, en Nueva York

Tomado del periódico El Espectador, 23 de febrero de 2014


 

 

Gustavo Angarita - En la obra El Oso, 1963Drama y comedia

Gustavo Angarita tenía privilegios en la biblioteca de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Su novia era la bibliotecaria y gracias a su gestión él podía sacar los libros de los dramaturgos y pensadores más importantes de la historia. Textos de Luigi Pirandello, Fiódor Dostoyevski y Antón Chéjov eran transportados en la maleta de Angarita para compartirlos con sus compañeros del grupo de teatro.

En esa época, comienzos de la década de los 60, el actor formaba parte de un colectivo que tenía su sede en el Liceo Femenino de Cundinamarca. Era una iniciativa auspiciada por la Gobernación y cuya directora era muy aficionada a las artes escénicas, por lo que se encargó de reclutar a un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte Dramático para hacer teatro y presentarse en distintas salas.

Además de Gustavo Angarita, en el grupo figuraban Carlos El Gordo Benjumea, Luis Fernando Orozco, Julia Plazas, el cantante Gustavo del Río y Luis Alberto García. Todos ellos tomaron la decisión de formar un grupo experimental a partir de las obras cortas de Chéjov, comoE/oso,ydelecturasesporádi-cas, como El retablo jovial, de Alejandro Casona.

Tomado del periódico El Espectador, 5 de febrero de 2014

GUSTAVO ANGARITA & GUSTAVO ANGARITA JR.

Gustavo AngaritaAdemás de compartir el nombre, los Angarita se cuentan dentro de los actores más respetados de la pantalla. Con su particular estilo, Gustavo Angarita padre le contó a Vea que no había experimentado nada cuando supo que su hijo sería artista. “No sentí nada, porque no me dijo. Cuando me di cuenta, no había nada qué hacer. No me disgustó ni me enfadé, pero sigo preocupado”. El veterano actor confiesa que nunca ha visto a su hijo en escena. Con su humor, dice que se parecen en que tienen el mismo nombre y apellido: "Voy a tratar de arreglar eso”. Además, admite que espera que se dedique a otra cosa.

Gustavo hijo, en cambio, sí vio a su padre actuar y desde que lo hizo la primera vez, se enamoró de las tablas. Recuerda que fue a comienzos de los años 80, cuando lo acompañaba al TPB ó a La Candelaria. Incluso, tomaba el vestuario del TPB para sus obras de colegio y aclara: Eso sí siempre lo devolvía en perfecto estado".

No cree que haya decidido en ningún momento ser artista. "Uno no decide: uno nace artista y se desarrolla”/ Y en efecto, Gustavo papá ha sido bastante precavido con opiniones sobre el trabajo de su hijo. "Siempre ha evitado criticarme o hacer coméntarios sobre lo que hago, pero sé, por trabajos que hemos hecho juntos, que él no solo es un gran actor, sino que tiene un gran potencia} para enseñar lo que sabe”. Por eso cree que es alguien de quien fácilmente se aprende.

Sobre sus parecidos y diferencias, responde de forma bastante romántica: “Nos parecemos en mucho, en todo y en nada al mismo tiempo. Somos parecidos y diferentes. Nuestras diferencias e intereses nos hacen únicos. En la forma de ser, nos parecemos en que somos desorientados con las cosas, pero sabemos dónde está todo”.

Tomado de la Revista VEA, Edición 0108, del 10 de junio de 2016