Maria Lucia Fernandez

Bogota

Presentadores, Modelos

Personaje

 


María Lucía Fernández

Malú

presentadora, modelo

   
 

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Bogotá, 1968
 
 

 
 
 

Comunicadora en la onda 

Moldeada en las calderas del periodismo de radio, prensa y televisión, María Lucía Fernández es una comunicadora con alto sentido de sensibilidad social, militante del anti-sensacionalismo y defensora de la ecuanimidad, aun para presentar las peores noticias. 

Con una jornada extenuante, que empieza a las seis de la mañana y termina hacia la medianoche, esta bogotana de 34 años, con nostálgico ascendente caucano, se multiplica para cumplir sus diversos compromisos: presentadora de "Código Secreto" en el noticiero nocturno de Caracol TV, locutora de programas radiales matutinos, presentadora de eventos sociales, políticos y de moda, y su papel más querido y prioritario: madre de Lorenzo y Juan Martín, de 5 y 9 años respectivamente. 

Desde adolescente, cuando logró financiar sus estudios universitarios con su trabajo como modelo, ha aprendido a explorar fórmulas para que su frenético itinerario no sacrifique su calidad de vida.

Tomado de la Revista Aker No.08, 2003


 


Modelo y presentadora

El Modelaje

Estudié comunicación y cuando empecé a especializarme en desarrollo, convirtieron el énfasis en televisión porque éramos muy pocos los desarrollistas, o los mamertos del periodismo. Hice mi tesis sobre televisión infantil en Colombia y el tema me empezó a seducir. Ya había empezado a modelar, porque un día estaba tomando una fotografía en casa Fabricato y faltó una modelo y resulta que la directora me dijo: "Oiga, me ayuda? Faltó una modelo, ¿usted es capaz?". Le contesté: "A mí me importa un pepino, mientras me paguen yo me subo en una pasarela". Respondió: "Le pagamos cien mil pesos" -en esa época eso era un mundo y yo dije, "iListo!". Me gocé el mundo de la moda, de la pasarela, y con eso terminé de pagarme mi carrera.

La televisión

Estando en una pasarela, Felipe López me conoció y me dijo: quiero que sea la presentadora del Noticiero de las Siete, pero no podía todos los días y se quedó en el tintero. Luego me encuentro con Julio Sánchez Cristo, quien me dice: "la quiero para Panorama, que es una vez a la semana". Perfecto. Mi gran papá fue él porque tuvo el ojo de verme. A los dos años me fui para el Noticíero QAP, junto a María Isabel Rueda. Se fueron dando las cosas, sin buscarlas, pero haciéndolas bien. Me encantó el mundo de las noticias. De ahí salté a Caracol. Iba a volverme redactora política de la Casa de Nariño y Yamid Amat me ofreció trabajo. Un honor. Este gran hombre ha sido la persona que más me ha marcado en el periodismo.

Después me dejé seducir por la radio y me metí de lleno a trabajar con Darío Arizmendi y el micrófono; ser inmediato, mover el cerebro, tener buena memoria, ser coherente con las preguntas, aprender a ser puntual y aprender a escuchar. Pero después volvió Ricardo Alarcón a la radio y me sobó el trabajo. Me dije: iNo, qué pereza! Con el marido allí. Entonces me quedé en Caracol Televisión con Darío Fernando Patiño, un director maravilloso.

Ahora, más que como presentadora como conductora, él me deja meterme de lleno en todo el noticiero. Asumo el papel con los corresponsales; ellos llaman, dan noticias, las noticias van llegando, y me he vuelto como una canalizadora. El presentador no es el que se roba el show, he aprendido como a bajarme de ese maquillaje y de esa ruta para coger un automóvil más sencillo, más con la gente.

Tomado de la Revista Cromos No.4587, 30 de enero de 2006


 

  Cursaba comunicación social, y llegó a Casa Fabricato a realizar un trabajo de fotografía. Ese mismo día había un desfile v faltaba una modelo. La directora la invitó a reemplazarla y no se había terminado de bajar de la pasarela cuando los diseñadores Ayerbe y Quintana v Claudia Scherer la invitaron a sus desfiles. Terminó de pagarse su carrera con el modelaje, así como sus cursos de cine, fotografía v literatura. Afirma que era totalmente `marnerta, hippy de mochila y frecuentaba la runba bohemia en La teja corrida y Quiebracanto. Posó en campañas para Lafavette, bombillas Exótica, Lubriderm, medias Tall, La Lechera y Coca-Cola.

Tomado de la Revista Alo, Edición No.437, 19 de agosto de 2005


   

C0MO HA CAMBIADO!

Obtuvo su primer contrato como modelo mientras hacía un trabajo para la universidad. Fue hace más de 15 años, antes de graduarse como comunicadora social en la Universidad Javeriana en Bogotá. Su estatura, su figura esbelta y su rostro perfecto la convirtieron, junto a Viena Ruiz, en una de las modelos más solicitadas de principios de los 90. Periodista, telegénica y con un excelente tono de voz, María Lucía debutó como presentadora de televisión en el magazín Panorama, dirigido por Julio Sánchez Cristo. De aquí saltó a QAP noticias, hasta que fue escogida, con la actriz Margarita Ortega, para conducir 7:30 Caracol en 1998.

De presentar noticias a las 7 de la mañana, pasó a ser la imagen de Caracol noticias al mediodía. Esto le permitió combinar su trabajo en la pantalla chica con la reportería radial, en la Cadena Básica de Caracol Radio. Desde hace dos años, María Lucía es la presentadora de la emisión de las 7 de la noche, lo que es un ascenso, si se tiene en cuenta la lógica de los noticieros colombianos. A este cargo Ilegó luego de más de 10 años de experiencia, lo cual la convierte, junto a Inés María Zabaraín, en la más veterana de las presentadoras de noticias.

Malú, como la llaman cariñosamente sus amigos, se casó y separó muy joven. Cuando reinició su vida de soltera y empezó a trabajar como modelo, se cortó el pelo, adoptando así ese look chic y elegante que le han querido copiar muchas de sus sucesoras. Para ella, el pelo corto es sinónimo de comodidad. Además de criar sola a sus dos hijos (Juan y Lorenzo, que ahora tienen 12 y 8 años), María Lucía ha alternado su trabajo como modelo y periodista con la práctica del yoga y el Pilates, estudios de literatura y clases de inglés y francés. Cuando se lleva una vida tan activa, un peinado de bajo mantenimiento es lo ideal. Y debido a que su cabello es naturalmente rizado, es mucho más fácil llevarlo corto que largo.

María Lucía Fernández no ha cambiado mucho; ha sido fiel a su imagen durante más de 15 años, que es lo que se espera de una presentadora de noticias. En televisión, esto es sinónimo de estabilidad y credibilidad. Últimamente, Malú luce rejuvenecida. ¿Será el resultado de una cirugía estética? ¿Será por las iluminaciones doradas? Ella asegura que es el amor. Desde que se casó hace cuatro años con Ricardo Alarcón, actual presidente de Caracol Radio, se siente más bella por dentro y por fuera. ¡Y lo mejor es que se le nota!

Tomado de la Revista TV y Novelas No.450, 13 de febrero de 2006


 


En su mejor momento

Equilibrio, sería la palabra perfecta para definir a `Malú, como le dicen sus amigos. Su carrera en el periodismo empezó hace más de 14 años de la mano de Julio Sánchez Cristo en el programa Panorama, mientras trabajaba como modelo para pagar sus estudios. "Mi gran papá fue él, porque tuvo el ojo de verme", afirma con esa amabilidad que la caracteriza. Luego vinieron el noticiero QAP y cuando se iba a ir como redactora política para la Casa de Nariño, Yamid Amat le propuso trabajar con él en Caracol Noticias.

Modelaba para la agencia Stock Models, mientras trabajaba en su tesis sobre televisión educativa en Colombia: "La televisión infantil: tres pasos atrás, dos adelante". El resultado: un grado con tesis laureada. Se gozó el mundo del modelaje y, a pesar de ser un tema tan diferente, lo mismo le ocurrió con su práctica universitaria en el Programa Gubernamental contra la Pobreza, del gobierno de Virgilio Barco.

Después le llegó el turno a la radio, al lado de Darío Arizmendi. Medio que la sedujo porque allí "se debe ser inmediato, mover el cerebro, tener buena memoria, ser coherente con las preguntas, aprender a ser puntual y aprender a escuchar". Le encantó, pero con la llegada de Ricardo Alarcón, su esposo, a Caracol Radio, decidió quedarse solo con el noticiero.

Allí, en Caracol Noticias, noche a noche, nos cuenta lo que sucede en el país y en el mundo; pero su trabajo no se limita a la presentación, "estoy en mi mejor momento, me he afianzado como profesional y he confirmado que es el periodismo el que da el profesionalismo como presentadora. Ésta puede ser la misma que se pone las botas, sale, viaja y hace reportería". María Lucía hace cubrimientos especiales, escribe, edita, está en contacto con la noticia, no simplemente leyéndola frente a una cámara, sino viendo el otro lado de los acontecimientos detrás de las cámaras.

Sus días de trabajo son interminables, pero su vida gira alrededor de "los hombres de mi vida, que son mis dos hijo, Martín y Lorenzo, y mi marido; me encanta gozarme a los míos, abrazarlos, sentirlos...". Adora estar en su casa y la disfruta, y al preguntarle si se considera una mujer hogareña responde con gracia: "Hogareña sí, hacendosa muy poquito; soy hogareña en el sentido de estar con los míos y con lo mío". i

Sus fines de semana están dedicados a su familia y a ella misma. Son días para nadar, hacer compras y pagar cuentas, y lo más importante: el almuerzo en familia. "Es tradición estar todos sentados en la mesa y participar de la preparación del almuerzo". En la tarde lee un buen libro. Y las noches son de chimenea. Aunque los domingos en la noche "soy la típica mamá furiosa, porque los niños siempre terminan haciendo tareas a última hora, y toca salir a comprar cartulinas y pinturas a las once de la noche, ellos se duermen y uno se queda hasta la una de la mañana haciendo la maqueta o el volcán de tarea para el día siguiente".

Apasionada por la literatura y la lectura, le encanta leer los clásicos; quería estudiar Literatura, pero no pudo cuadrar las materias de Comunicación. Su imagen, de una mujer clásica, se lo atribuye a "la madurez y la sencillez. Desde siempre he sido una mujer clásica y en todo el sentido de la palabra, por la manera de mostrarme al mundo, por el empaque, la manera de pensar y de actuar".

Se enamora con una buena carreta y más que romántica es apasionada en el amor; "los detallitos sobran". Para ella una mujer clásica es "aquella que es consecuente con lo que piensa", y el secreto para serlo en el mundo moderno es no agredir; "yo creo que ser democráticas en todo el sentido de la palabra, es decir actuar de acuerdo con el principio que uno tenga, sin lesionar los principios de los demás, es decir, ser tolerantes con la diversidad, y seguir uno el camino que considere correcto".

Después de trabajar en el periodismo durante tanto tiempo, su sensibilidad frente a los problemas del país se ha triplicado, por ello cuando le piden que colabore con una u otra obra, lo hace sin dudarlo. Tal vez por lo mismo decidió adoptar simbólicamente a Marisol, una niña desplazada por la violencia. "Ella vive con sus papás, pero yo me he hecho cargo de su educación y de que no le falte nada. Ella es el reflejo de todos los desplazados que llegan a la gran ciudad sin oportunidades, sin sueños, sin plata, y digamos que yo la adopté con el alma y con sentimiento de patria".

Afirma que el mayor reto de las mujeres es "buscar su propia felicidad y lograr llenar todos los círculos, no debemos frustrarnos en nada. Somos seres actuantes y pensantes que forjamos nuestro propio futuro. Hacemos lo que queremos, pero sin lesionar a nadie y llenamos los espacios que consideramos, son los que nos realizan en el mundo laboral y sentimental. Además somos administradoras del tiempo, porque nos toca cumplir con muchos roles a intentamos hacerlo bien".

Una mujer clásica comprometida consigo misma.

Tomado de la Revista Cromos No. 4644, 12 de marzo de 2007