Jose Fernandez Gomez

Presentadores

Figura Humana

 



José Fernández Gómez

presentador

   
 

Vea otras imágenes de José Fernández Gómez en ColArte

   
 
 
Presentador - trayectoria
  1. Toros de actualidad
  2. Póngase a pensar
  3. Multiconcurso Genio y Talento
  4. Rápido Rápido
  5. ¿Cómo le parece ?
  6. Noticiero Nacional
  7. Noticiero de las 7
  8. El Juicio
  9. Cabeza y cola
 
 
Información suministrada por el periodista Fernando Sarmiento, de Barranquilla, 2005
 
   

 


EL GURU DE LAS NOTICIAS 

Por Patricia Cerro

De todos los periodistas es conocida la fobia que José Fernández Gómez le tiene a conceder entrevistas. Aun así, el abuelo de la prensa aceptó, a regañadientes, conceder una entrevista exclusiva para Tv y Novelas. Así que, en un comienzo, el hombre bonachón, de preguntas rápidas y apuntes simpáticos que conocen los seguidores del programa ¿Cómo le parece? y del Noticiero de las 7, se mostró desafiante, seco y cortante. Su experiencia, dominio de la profesión y actitud adusta nos infunden respeto. Sus jeans casi nuevos, los zapatos de cuero, la corbata oscura y la chaqueta de cuadros diminutos le dan un aspecto juvenil que contrasta con la gravedad de su conducta. Nervioso y visiblemente molesto se dispone a responder "imbecilidades que a nadie le interesan" pero pronto se convirtió en un cordero manso y, sobreponiéndonos a la impresión, nos lanzamos a sondearlo.

Incursionó en la televisión en la época en que Martha Traba hacía temblar de miedo a los artistas de la época con sus críticas despiadadamente cáusticas. Su locua idad, su energía desbordante y el despliegue de conocimientos generales de los que hace alarde marcaron una época en el periodismo colombiano: Muchos periodistas jóvenes bien quisieran poseer su agilidad mental. Esas dotes mentales él las atribuye al pescado frito que comió en sus años de juventud de su lejana y natal España.

EN LA NADA DEL ZEN

José Fernández parece estar más allá del bien y del mal, pero no por la edad, sino porque hace 15 años descubrió el Budismo Zen en un libro y adoptó esta hermética filosofía para su vida. Según él, su esencia es la tranquilidad de no pensar, no preocuparse por nada, teoría bastante contraria a su actividad mental. Una máxima del Budismo Zen es: "No te tomes la molestia de pensar, de preocuparte".

Además de no pensar, el popular periodista y presentador lucha por vivir en un mundo aparte del resto de la humanidad. Nunca ve televisión y no tiene idea de los cantantes y artistas modernos. En cambio, duerme poco y lee mucho sobre historia, biografías y revistas seleccionadas en inglés y francés. El único tipo de música que escucha es la clásica. Asegura que la única vez que ha sentido orgullo fue cuando descubrió que tenía el mismo gusto por la música que el chelista Pablo Casal, quien confesó su simpatía hacia Mozart y Hayden, pero admitió que obviamente su favorito era Bach.

No le gusta competir porque esa actitud destruye la paz. Sin embargo, ha ganado dos Indias Catalina, cuatro premios Antena de la Consagración y otros que no le interesa mencionar y que ha obtenido porque otras personas lo han postulado.

Es viudo y admitió que tiene una mente libidinosa que trata de controlar. Quisiera tener a su lado una mujer joven pero sabe que sería una estupidez andar en ese plan. Todavía añora con callada nostalgia la compañía de su fallecida esposa María Ascensión. No hace vida social. No tiene nietos y tampoco desea tenerlos, pues le prohibió a sus cuatro hijos ingenieros crecer y multiplicarse. Sabe que tiene muchas limitaciones, pero indicó que una de sus mayores virtudes es la sinceridad, no con los demás, sino consigo mismo.

Su extenso vocabulario no incluye palabras vulgares, a pesar de haber servido en el ejército español como soldado raso por dos años y medio, un arnbiente propicio para aprender palabrotas. La experiencia no le gustó porque en esa época era un muchacho sensible que pensaba ser poeta o profesor de filosofía: Entonces se volvió experto en cavar túneles subterráneos en el batallón de zapadores minadores.

LE GUSTAN LAS MUJERES PERO...

Asegura que le encantaría trabajar sólo con mujeres pero las encuentra testarudas; caprichosas y muy delicadas. Está seguro de que es más fácil convencer a un hombre cuando se hace trabajo en equipo que a una mujer. No obstante, en el Noticiero de las 7 hace una buena llave con Pilar Castaño, aunque en un principio sus relaciones no parecían muy buenas.

El mismo se asombra de la credibilidad que tiene entre la gente, pues según él, no hace sino bromas. Aunque es un confeso budista del Zen, no quema incienso ni flores, pues asegura que es básicamente católico.

Tomado de la Revista TV y Novelas No.032, 3 de febrero de 1992 


 
 
   

Los últimos años anónimos de José Fernández Gómez

La lectura, la buena comida y el buen vino acompañaron al presentador de la televisión colombiana en su última etapa en Washington.

por Pedro Vargas Núñez

Las conversaciones con don José Fernández Gómez en la librería Barnes and Noble de Bethesda, área metropolitana de Washington, eran largas, divertidas, llenas de sabiduría, finas ironías y humor negro.

Era fácil encontrarlo allí sentado, junto a doña Inés, una colombiana amiga suya, leyendo periódicos y revistas de actualidad. Los dos llegaban casi todos los días a eso de las dos de la tarde, se instalaban en una de las tantas mesas y se dirigían cada uno por su lado a tomar las publicaciones del día o la semana.

The New York Times, The Washington Post, Financial Times, The Wall Street Journal eran sus lecturas diarias. También revistas como Vanity Fair (el artículo central), Foreign Policy y todo lo que les pareciera interesante. A medida que leían comentaban desde los hechos mundiales hasta los asuntos locales de la capital estadounidense, sin olvidarse de Colombia, el principal de todos.

Pues don José leía todos los días por la mañana, a través de Internet, las publicaciones colombianas: EL TIEMPO, El Espectador, Semana, Cambio (cuando existía) e imprimía lo que más le parecía interesante para que doña Inés leyera. Generalmente temas que él sabía que iban a ser de debate entre ambos.

Don José, a pesar de su edad y sabiduría, era una persona que hablaba y dejaba hablar. Tal vez su principal virtud (junto con su conocimiento) era escuchar con respeto a los demás. Cuando no estaba de acuerdo con algo, lo dejaba saber con una elegante ironía.

Era apasionado por saber de Colombia (sobre todo por la ‘cosa política’). La corrupción y el abuso de poder, entre otras cosas, lo fastidiaban. Por esto, se volvió muy crítico con un expresidente colombiano que hizo cambiar un ‘articulito’ de la Constitución para hacerse reelegir.

Sus horarios cambiaban de acuerdo con la estación, pero siempre doña Inés lo dejaba en la puerta del edificio donde vivía, a solo unas cuadras del centro de Bethesda.

Conversar con don José, acompañado de un café, también era adentrarse en la historia de la televisión colombiana. Estuvo en los inicios de la pantalla chica en el país junto con Pacheco, Alvaro Castaño Castillo, Gloria Valencia de Castaño, Alvaro Ruiz y Carlos Pinzón, entre otros.

Con una memoria prodigiosa, narraba con lujo de detalles los primeros programas, cómo se hacían, sus amigos, sus reuniones (muy pocas), las personas a las que conoció, siempre Inravisión, y todo lo que este medio de comunicación le dio.

Fue presentador del Noticiero de las 7 y del Noticiero Nacional, y de programas como Cabeza y cola y Cómo le parece. También hizo radio y periodismo escrito.

Ganó premios de televisión, unos India Catalina, y otros, "que ya no recuerdo", decía, un poco molesto.

En las entrevistas era ágil, de palabra certera y directa. Después de la fama, del reconocimiento y de enviudar, don José se fue para los Estados Unidos a vivir cerca de un hijo suyo que también vive en el área metropolitana de Washington.

Allí, siempre quiso ser anónimo. A menudo, los colombianos lo reconocían y lo saludaban, a lo que él respondía con un cordial ¿cómo le va?. Le costaba asistir a reuniones en donde se encontrara con colombianos para evitar las preguntas de rigor: ¿qué hace por aquí, por qué se vino, no quiere volver?

Por esto, la Internet fue providencial para él. Aprendió a manejarla a sus 85 años. Le permitía estar en contacto con Colombia y con los pocos amigos con los que se escribía.

Vivía solo en un apartamento. "No me gusta molestar a nadie", decía, aunque sus hijos le pedían que viviera con ellos.

92 años tenía la última vez que hablamos. Costaba creer que esa voz fuerte y sonora, esa memoria y ese caminar erguido y normal fueran el de una persona con 90 décadas a sus espaldas.

Disfrutaba de la buena comida y del buen vino. En su rutina diaria le gustaba ir a los buenos restaurantes del área de Bethesda a almorzar. Su restaurante preferido era el español Jaleo, en donde no podían faltar su copa de vino rojo, las tapas de mar, la tilapia.

Siempre elegante: camisa de manga larga, saco y sombrero, aun en verano. Con ese inconfundible acento español y llenó de ánimo, me dijo hace 10 años en Jaleo, cuando me le presenté como periodista colombiano: "Por favor, no vaya a decirle a nadie en Colombia que yo estoy aquí. Quiero terminar de vivir tranquilo". (Juntando ambas manos, como lo hacía al despedir el noticiero).

Y a don José le guardé el secreto por una década, hasta ahora, que me entero de que murió como quería: sin que nadie lo supiera.

Tomado del periódico El Tiempo, 6 de abril de 2013