Bernardo Hoyos

Santa Rosa de Osos, Antioquia

Presentadores (Periodismo, cultura, musica)

Personaje

 


Bernardo Hoyos

presentador cultural

   
 

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Voz e Imagen de la Cultura

Está cumpliendo 50 años de actividad como hombre de radio y televisión.  Fue locutor de la BBC de Londres y a su regreso ingresó a la televisión  con sus programas Palco de Honor y Esta es su vida.

Hoy, dirige la emisora 106.9 de la Universidad Jorge Tadep Lozano y presenta el programa Cine Arte en el Canal Caracol

Tomado de la Revista Semana No.1177, 22 de noviembre de 2004


 
 


RETRATO PERSONAL DE UN AMIGO

Por Guillermo Angulo

Este hombre bien parecido, de suaves maneras, elegantemente vestido con tweed inglés y corbatas impecables, no denuncia su origen santarrosano, sí, de Santa Rosa de Osos, en Antioquia, la misma tierra que dio a Porfirio Barba Jacob (Oh, Santa Rosa sobre oro edificada), Rogelio Echavarría y Darío Jaramillo.

Alguien dijo una vez que era igualito a Clark Kent, el de las tiras cómicas, y que no se extrañaría si lo ve meterse a tina cabina telefónica, cambiarse velozmente el Harris Tweed por un vestido ceñido, con una S roja en el pecho, una capa ondeante, y salir volando con un brazo hacia arriba mientras grita: ¡A luchar por la justicia!

Pero, aunque la justicia no le sea indiferente, Bernardo Hoyos -que es el amigo sobre el que trato de escribir- ha luchado toda su vida por difundir (y defender) el arte y la cultura.

Él, con característica modestia, no se cree culto, sino simplemente un amateur, un amador de las cosas culturales, que difunde lo que le gusta: la música (clásica y jazz), el cine, la literatura. Resumiendo, el arte en general.

Niños los dos, me hice amigo de él en Santa Rosa, porque Bernardo era el único con quien podía conversar, ya que leía y oía radio en onda corta -preferentemente a la BBC, como en las viejas películas sobre la segunda guerra mundial- y estos dos vicios, la lectura y la radio, lo han acompañado toda la vida. Y allí se inició una amistad que supera los cincuenta años que él está cumpliendo de comunicador cultural.

Luego nos volvimos a ver en su casa de Medellín, en el personalísimo barrio Prado, no exento de extravagancias, como la casa que el doctor Estrada había construido en estilo del antiguo Egipto, con observatorio astronómico incorporado.

Más tarde nos reencontramos en Londres (el rojo laberinto de que hablara Borges, de paso, uno de sus autores preferidos), Barcelona, Madrid, Nueva York y Bogotá. Un largo itinerario para una larga amistad.

Por su labor como director de la emisora de la Universidad Bolivariana los gringos decidieron darle una beca Fulbright, recién estrena da, y se fue para USA.

Allí hizo contacto con una persona que le enseñó muchas cosas e influyó en su formación y en sus gustos: Se llamaba Eddy Torres, uno de los periodistas más completos que ha dado Colombia.

Bernardo, quien nunca ejerció su profesión de abogado, ha sido locutor, director de la emisora cultural de la Universidad Bolivariana de Medellín; colaborador en Londres de esa BBC que él oía en su pueblo y director de International Managment; jefe de relaciones públicas de Bavaria; publicista, en Atlas, al lado de Bernardo Ramírez; protagonista de televisión cultural (con excelentes entrevistas) en RTI; colaborador en periódicos. Aún hoy, sigue haciendo en Caracol un programa sobre cine -en horario maldito- y, desde luego, dirige la emisora cultural en FM de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. 0 sea que, congruente con sus gustos, empezó dirigiendo una emisora cultural y está dirigiendo una emisora cultural.

Su estadía en el extranjero ayudó a quitarle lo que los paisas llaman el capote, que consiste en que, sin dejar de tomar mazamorra -guando toca- también cuando toca saben escoger y saborear un buen vino. (Y aquí, obligatoriamente, habría que decir que su esposa, Constanza, se dedica con amor y maestría a la alta cocina, necesaria para acompañar esos buenos vinos).

Hace unos veinte años hizo un programa mítico, una entrevista por televisión al director de fotografía de cine, Néstor Almendros (el preferido de Truffaut). A él lo trajo a Bogotá María Emma Mejía y puso como condición no conceder entrevistas. Pero, cuando Bernardo le menciono que éramos amigos, Néstor, con quien había estudiado en Roma, le dijo: "A ti sí te doy una entrevista." Llegaron al estudio de la difunta Inravisión y Almendros consideró horrorosa la iluminación del estudio y preguntó si podía hacerla de nuevo. El prestigio del cinematografista era tal que los intransigentes sindicalistas no se atrevieron a decirle que no, y entonces hubo en Colombia -dicen, yo estaba viviendo en Nueva York- un estudio de televisión perfectamente iluminado. Cuando regresé y supe esta historia, pedí ver la grabación y me dijeron que le habían grabado encima una telenovela. Y los dueños de RTI (y de la cinta) oían a Bach todas las noches. Pero esta es una digresión.

Bernardo, mirando atrás, ve un panorama que lo llena de satisfacción: un hijo de nombre bachiano, Juan Sebastián, al que Constanza y él han educado de la única manera posible: dejándolo que vaya escogiendo su camino, sin empujar lo ni ponerle trabas. Y que será digno reflejo de un ambiente de cultura, de buenas maneras, de buen gusto, de inteligencia.

Sus dificultades visuales no le han hecho disminuir su amor por la lectura, del que son testigo los textos preleídos que heredo -como afortunado reciclador de sus lecturas- ya que me pasa, debidamente señalados, los artículos que me recomienda.

Bernardo no habla de la muerte, pero al referirse a ella de manera indirecta no deja de mostrar su admiración por la de Juan Clíma o Arbeláez, locutor colombiano que trabajaba para la BBC, quien falleció en un estudio londinense frente al micrófono y, tal vez sin decirlo, (los colombianos pensamos que las palabras atraen los hechos) Bernardo podría estar deseando que la suya fuera así.

Siempre he abusado de las citas de mis poetas preferido. Pero nunca ésta de Barba Jacob, pensando en la ineluctable muerte de Bernardo, me ha salido de más adentro: Y el día esté lejano.

Tomado del periódico El Tiempo, 12 de noviembre de 2005


 
 
Premio Simón Bolívar a la Vida y Obra de un Periodista

De Santa Rosa de Osos a la BBC

por Diego Guerrero

Sentado en un sillón crema en la esquina que forman dos amplios ventanales, en una de las tres bibliotecas de su apartamento, y vestido con una chaqueta deportiva y una impecable corbata tejida, Bernardo Hoyos Pérez es el vivo retrato de lo que un colombiano promedio se imaginaría como un caballero.

Uno diría que es el gentleman inglés de las películas que él presenta en televisión. Un sofá de cuero, con algunas arrugas que revelan el paso de los años, y otros dos sillones de varias décadas, con madera reluciente, conforman una sala cuyas cuatro paredes están tapizadas de libros y discos compactos.

"Leo acá, con esta lupa, porque en Yugoslavia adquirí un virus en 1966. Regresé ciego a Colombia. No pude leer por diez años. El virus me atacó ambos ojos. Tuve muchas afecciones y varias operaciones. Después de todo, he salido bien librado. En el ojo derecho no veo y en el izquierdo veo el 25 por ciento, y con eso me defiendo", dice antes de tomar un sorbo de cerveza italiana, en una jarra alemana. "De la cervecería más grande del mundo", explica.

Mis 15 minutos de fama

Hablar con el más grande periodista cultural en momentos en que ha sido reconocido con el Premio Simón Bolívar a la Vida y Obra de un Periodista no es cosa fácil. No por que no atienda a quien lo busca, sino por todo lo contrario.

"Don Bernardo -dice Celina, la señora encargada de las labores domésticas-, lo llaman en nombre de Paulo Laserna para que esta noche atienda a José Gabriel para El Radar... Lo llaman de Caracol para una entrevista por televisión... Lo llaman de una emisora de Nueva York para una entrevista y que el programa es en cinco minutos...".

Así que, de vez en cuando, el actual director de la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano toma el teléfono y se aleja mentalmente de esa sala en cuya mesita de centro reposan 13 libros de múltiples temas, una revista Vanity Fair, el libro Tunja: el arte siglo XVI, XVII y XVIII y una edición de The New York Review of Books. Estos compiten por su atención con los títulos de los estantes que pueden ir de Sex Movies a En busca del tiempo perdido, de su ídolo Marcel Proust, libro del cual tiene, incluso, una edición en italiano.

"Como diría Andy Warhol, son mis quince minutos de fama", dice con esa voz que no es grave pero sí poderosa y que, sin ser paternal, suena como si siempre supiera de lo que está hablando, como si ningún dato se le escapara, ya sea la anécdota de un personaje de la cultura local o de un autor del Siglo de las Luces.

El amor:Un golpe de intuición

"A mi padre (Luis) le debo que me enseñó a leer y a caminar", dice al recordar al que fue notario de Santa Rosa de Osos (a más de 70 kilómetros de Medellín, donde nació). También recuerda que él le decía: "Todo lo inglés es lo mejor, menos el pan francés, que es de Francia".

Por eso, reconoce que ese gusto por lo británico se lo heredó a él. Así que, en cuanto pudo salir de Santa Rosa, que aún le encanta, viajó a Medellín para estudiar derecho.

Una partida que tendría carácter definitivo y que lo llevó hasta Londres), donde, además, se encontró el amor de Constanza, hace 33 años. "Fue un golpe de intuición. Cuando la conocí le dije `Oye, ¿tú qué haces? Tengo una comida con unos amigos ¿quieres ir? Y ella fue". En 1978 se casaron:

Con la estampa que tiene, le queda difícil negar que en la juventud fue exitoso con las damas, si bien hoy es un hombre de hogar, con un hijo ya adulto.

"El buen caballero olvida su memoria, aunque mis amigas saben que he sido fiel en la amistad y con ninguna he terminado de manera desagradable", dice.

La verdad es que, apenas con una que otra molestia menor de la salud, sus 74 años no se le ven, salvo en la sabiduría. "Mi norma ha sido no propiciar ni crear confrontación. Me gusta ser tolerante con la condición humana", dice, y apura un poco de la segunda cerveza.

¿Y por qué se cambió el Bernardino? "Era el nombre de un santo extraordinario de Siena. Pero la gente se asustaba un poco con el nombre, unos creían que era un seudónimo o me decían `Marcelino pan y vino y otros Ferdínando. Pensé que lo mejor era dejar Bernardo como nombre de trabajo, pero me gusta el Bernardino".

Los años le han caído bien a Bernardo Hoyos, cada vez mejor, si se tiene en cuenta que día tras día sabe más: lee de 7 a 12 de la noche. Y al amanecer, a trabajar: "Trabajo para vivir. Trabajaré en televisión mientras que la cara no muestre el inevitable deterioro de la condición humana. Y en radio, hasta cuando tenga voz".

Tomado del periódico El Tiempo, 10 de octubre de 2008


 
 
 

¿Podrá la cultura curarme de la vida?

por Syldav

A todos nos enseñan a subir, pero a casi nadie  le enseñan a bajar. Competencia, esfuerzo, agallas, ambición es el pan de cada día de la cartilla personal de cada quien, pero no todos sabemos qué hacer cuando la vida nos lanza a un abismo, nos planta un muro o nos obliga a andar un camino impensado. Ese fue el caso de Bernardo Hoyos.

Las generaciones jóvenes poco saben de él, pero quien incursione en la vida cultural encontrará alguna huella que él dejó a su paso; paso que inició con pie derecho hasta que -en una extraña premonición de su apellido- cayó en un hoyo oscuro que a los 30 años trastornó para siempre su proyecto de vida.

Todo empieza para Bernardino, su nombre de pila, con las voces del coro retumbando en las paredes de la Iglesia de Santa Rosa de Osos, Antioquia, población en la que nació y estudió. La música se convertiría en el mástil que señaló el camino. En 1953, apenas cuatro años después de la aparición de los discos LP (Long play), el rector de la universidad en donde estudiaba Derecho le ofreció hacer un programa de música en la radio Bolivariana por 80 pesos mensuales. Tenía 20 años. Al tiempo que estudiaba, conseguía discos comprados o prestados y transmitía lo mejor del jazz de la época. Fue tanto el éxito del programa, que, en retribución por dar a conocer el jazz en estas tierras y a través del Colombo Americano, recibió una beca Fulbright, que contaba entonces, y aún lo hace, con un gran prestigio y coronaba a su dueño con excelencia académica.

En Washington aprendió inglés y en Nueva York se hundió en el mundo cultural que ya empezaba a definir sus propósitos. Por eso, la siguiente meta fue obvia: Europa. Dejó de fumar para ahorrar los dólares que le costaba el paquete, puso el presupuesto en cintura, y con lo que ahorró compró un viaje de ida y vuelta que lo llevaría en barco desde Nueva York hasta Leavre, y lo regresaría cuatro meses después en el barco II Uso Di Mare desde Barcelona hasta Cartagena.

Dos meses en los museos, teatros, bibliotecas y calles de París, uno en España y otro en Italia le dieron el primer baño cultural in situ que le daría las primeras bases para sus sólidos conocimientos culturales. Al regresar a Colombia, al igual que cualquier joven, pensó en convertirse en ejecutivo en áreas relacionadas con sus gustos personales. Así, Bernardino se convirtió en el decidido Bernardo que trabajó en Cine Colombia, en Atlas Publicidad, en McCann Erickson y en Dinavisión, hasta que le ofrecieron el cargo de relacionista público en una compañía en Nueva Orleans. El tic tac del reloj marcó una nueva partida, acercándolo al vuelco que, sin falta, daría su vida.

Pasado un tiempo de vivir en la ciudad del jazz, compró de nuevo un pasaje a Europa esta vez, a la ciudad que constituía. la Meca de sus ilusiones: Londres. Una noche del otoño de 1966, en un bar de Wimpole Street, los amigos con quienes compartía unas copas le contaron que emprenderían en poco tiempo un viaje a Italia y Yugoslavia. Al escuchar el conocimiento detallado que sobre Italia tenia Bernardo, le propusieron acompañarlos en calidad de guía. Bernardo dio el primer sí que cambiaría para siempre su destino.

Una mañana, al despertar en un hotel en Yugoslavia vio el equivalente a una moneda negra instalada en medio del ojo derecho. Una revisión urgente en el hospital de la zona diagnosticó una rara infección que adquirió en algún momento del viaje. Seguro de que el antibiótico cumpliría su función, Bernardo continuó la gira hasta que, seis días más tarde, al entrar a una iglesia el piso empezó a oscilar, a moverse, a quebrarse... Alarmado, regresó a Roma en busca del profesor Vietti, autoridad en la materia. A las seis de la mañana del día que señaló el giro drástico que tomaría su vida, sentado solo en una banca de un corredor de hospital, mantuvo la calma cuando Vietti se acercó, lo examinó y sin emoción dictaminó: "Desprendimiento de retina doble" en ambos ojos. El atareado profesor pronunció esas palabras y siguió su camino dejando a Bernardo sin aliento y con cada palabra retumbando en la mente: estaba ciego. Tenía 32 años.

El temor inicial cedió pronto frente a una sólida vena filosófica que lo ha acompañado siempre. Pensó: "Nadie será tentado más allá de sus fuerzas", palabras de San Pablo, y también: "No quiero quedarme ciego ni morirme en Roma", palabras de él. Regresó solo a Colombia para iniciar una odisea clínica de varios años -operaciones exitosas, operaciones menos exitosas, periodos en los que la visión parecía recuperarse, periodos de oscuridad total- hasta llegar a la situación que constituía un verdadero golpe a su vida: imposibilidad de leer. Pero la vida que le quitó por un lado, lo compensó por otro. En uno de los periodos "buenos" de su visión conoció a Constanza Montes, a quien dio el segundo sí que cambiaría para siempre su vida. Constanza se convirtió, no en su bastón, porque Bernardo siempre ha caminado solo, sino en la persona que compartiría su vida, literalmente, en las buenas y en las malas. Aprendió a hacer mapas mentales de los lugares de trabajo, número de escalones, puertas, giros, voces. La luz y sombra que le permiten los ojos se convirtió en su realidad en blanco y negro que maneja con gran propiedad y mucha dignidad. También llegó a sus manos una lupa que le permitió volver a leer con un ojo, sobre todo a Proust, a quien recita de memoria en español, inglés y francés. Ahora lo está leyendo en italiano.

Su determinación de llevar una vida normal lo condujo a conseguirla. En 1990, fue nombrado relacionista público de Bavaria y unos años después editor de la revista International Management, con sede en Londres. Allí aceptó ser redactor internacional de la BBC en donde trabajó nueve años. Hoy, a los 76, Bernardo piensa que "la vida, más que dificultades, me ha dado oportunidades", se considera afortunado de haber podido trabajar y seguirlo haciendo en lo que le gusta: cine, literatura y música. Una inusual y constante calidad humana, que rige su comportamiento y sus palabras, ha llenado su camino de cierta reverencia que le otorga quien se acerca. Nunca ha odiado la vida por la carga que le puso y, por el contrario, siempre "he hecho lo indispensable", para cumplirle a su familia, al trabajo y a sí mismo. Los afectos que Bernardo crea se resumen en las palabras de su único hijo, Juan Sebastian, cuando le pedí que me hablara sobre él. Me dijo: "Por supuesto, cuando quieras. Nada que me guste más en la vida que hablar de mi padre".

Tomado de la Revista Fucsia No. 124, marzo de 2011


 
 

 

Bogotá 12 de octubre de 2012

La Orquesta Filarmónica de Bogotá y su Directora General, María Claudia Parias Durán, lamentan profundamente el fallecimiento del maestro Bernardo Hoyos, amigo cercano de la Orquesta y miembro de su Junta Directiva entre 2001 y 2003.
Bernardo Hoyos fomentó y difundió el trabajo de la OFB mediante sus permanentes análisis críticos, entrevistas y comentarios expertos sobre el repertorio de la Orquesta, sus directores y solistas. Además, escribió diversos textos sobre la historia de la OFB y su impacto cultura en Bogotá tanto en publicaciones especializadas como en prensa escrita. De hecho, uno de sus más recientes escritos, que se encuentra en proceso de impresión, es el prólogo para el compendio  ‘La Caja Filarmónica’, que recrea los 45 años de historia de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
En este articulo, Hoyos enfatiza en la importancia que tiene una orquesta de música sinfónica como reflejo del avance integral de una sociedad, al afirmar que “una orquesta es un triunfo de la civilización al reunir tantos talentos disímiles, tan diversas personalidades, diferentes culturas y centros de formación para lograr un instrumento único que es el resultado de muchos pareceres y visiones distintos de la música”. Desde su perspectiva, la OFB es un símbolo cultura y, a la vez, una demostración palpable del inmenso progreso cultural de Bogotá.

Para María Claudia Parias, Directora General de la OFB, “tanto los músicos que conforman la planta artística de la Orquesta, como quienes trabajamos en su administración, lamentamos profundamente la muerte de Bernardo Hoyos que era uno de nuestros guías, un gran consejero y un defensor a ultranza de la existencia de la OFB como medio para difundir la música sinfónica universal y colombiana entre todos y todas los habitantes de nuestra ciudad”.

Breve reseña biográfica

Bernardo Hoyos - 1934-2012Bernardo Hoyos Pérez nació en el municipio de Santa Rosa de Osos el 25 de agosto de 1934, en el departamento de Antioquia y fue considerado del decano de los periodistas culturales del país.
Estudio derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, profesión que nunca ejerció pues desde muy temprano se inclinó por la comunicación y el periodismo. En los años cincuenta fue cronista del suplemento literario del periódico El Colombiano; en 1954 fundó el Club de Cine de Medellín con Alberto Aguirre, Eddy Torres, Alfonso Pineda Iván Amaya y René Uribe. 

En Caracol Radio trabajó desde 1967 hasta 1971, donde tuvo un espacio los domingos llamado ‘la hora nacional de Diriventas’, espacio que tenía una gran audiencia porque Hoyos combinó muy bien la vida cultural, la empresarial y la formación profesional.  Durante ocho años fue colaborador de la BBC en Londres., y según el chileno Domingo Valenzuela, colega y compañero en esa época, “era un hombre extraordinariamente culto y simpático”.
Entre 1971 y 1979, también en Londres, dirigió la edición en español de International Management; de 1981 a 1991 dirigió la división cultural de RTI y los programas de televisión Palco de honor, Libros y lectores y Esta es su vida. Además fue jefe de relaciones públicas de Bavaria, trabajo en Caracol Radio como asesor cultural ente 1991 y 1999, y desde hace más de 25 años, dirigía la emisora cultural de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Gano cinco premios Simón Bolívar, tres por su activismo en la radio cultural, uno por la televisión cultural, y uno por la vida y obra. Fue galardonado con premios de la Cámara de Comercio de Medellín, del Ministerio de Educación y condecoraciones de gobiernos y organizaciones de Bélgica, Austria, Francia, gran Bretaña y España.

En el momento de su deceso, estuvo acompañado de sus hermanos quienes viajaron desde Medellín, su esposa Constanza de Hoyos, y su único hijo, Juan Sebastián Hoyos, quien afirmó en declaraciones a Caracol Radio que su padre tuvo durante sus últimos años una vida tranquila, amena y muy feliz.
A todos ellos, la OFB les expresa su más sentida condolencia

Texto gentilmente suministrado por Marisol Contreras Gamboa
Jefe Oficina Asesora de Comunicaciones, Orquesta Filarmónica de Bogotá, 2012