Peregrino Rivera Arce

Palmira, Valle

Pintores

Figura Humana, Paisaje

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Peregrino Rivera Arce

pintor, dibujante

 
   

ARTISTAS EN TIEMPOS DE GUERRA

NOTA DEL AUTOR, Maestra Beatriz Gon�lez 

La primera edici�n del �lbum Recuerdos de campa�a, de Peregrino Rivera Arce, iba acompa�ada por una nota m�a: Artistas en tiempos de guerra. Peregrino Rivera Arce. Despu�s de esta edici�n recib� la grata sorpresa de una visita de la se�ora Emperatriz Rivera de Fern�ndez, hija de Peregrino, quien me proporcion� acceso a sus papeles y me dio detalles de su vida. Con esa nueva informaci�n escrib� El �ltimo Peregrino o el pintor de la guerra, para el libro Memoria de un pa�s en guerra. Los Mil D�as 1899-1902, editado por Gonzalo S�nchez y Mario Aguilera, en Editorial Planeta.

Esta segunda edici�n del �lbum va acompa�a da de un texto con m�s informaci�n recopilada a partir de numerosos manuscritos que recogen sus memorias.

Agradezco a Emperatriz Rivera de Fern�ndez y a Malcolm Deas por sus valiosos aportes.

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"Me toc� actuar desde el primer combate que fue el de Bucaramanga, hasta el �ltimo que se libr� en el Guavio en los llanos de San Mart�n" .

As� afirm� en su autobiograf�a el coronel Peregrino Rivera Arce (1877-1940), un artista que cambi� sus instrumentos de dibujo y grabado por las armas y se comprometi� con uno de los dos grupos en conflicto. Sin embargo, como soldado no pudo evitar retomar el l�piz y producir un �lbum de dibujos que va m�s all� del simple documento. Es uno de los testimonios m�s conmovedores del sangriento conflicto que sufri� Colombia al finalizar el siglo XIX, la denominada Guerra de los Mil D�as.

No era la primera vez que tomaba las armas. En 1885, cuando era un adolescente y estudiaba en el colegio La Libertad, en Palrnira-Valle del Cauca-su ciudad natal, abandon� temporalmente sus estudios para incorporarse a la revoluci�n radical. Luch� en los combates de Sonso, Viges, Roldanillo, Sanjonoscuro, Santa B�rbara, en Cartago, bajo las �rdenes del revolucionario liberal Avelino Rosas. Cuando termin� la revoluci�n, volvi� al colegio. Hab�a heredado de su padre los ideales del radicalismo, la vocaci�n por la carrera militar y seg�n lo afirma en sus memorias, el gusto por las bellas artes.

Sus estudios en Palmira se interrumpieron de nuevo por una raz�n muy diferente a la lucha pol�tica. El artista y periodista Alberto Urdaneta (1845 1887) logr� del gobierno de Rafael Nu�ez, en 1886, uno de los anhelos m�s sentidos de los artistas colombianos: la fundaci�n en la capital de la Escuela de Bellas Artes. Con grandes privaciones Peregrino Rivera Arce viaj� desde Palmira para ingresar a la reci�n fundada Escuela. Fue bien recibido por Urdaneta gracias a la recomendaci�n de Juan N. Nieto, rector de su colegio y padre del poeta Ricardo Nieto. All� tom� todos los cursos reglamentarios de pintura, escultura, ornamentaci�n, arquitectura y grabado en madera.  Urdaneta fue su profesor de dibujo. Cuando �ste muri� continu� sus estudios bajo la direcci�n del escultor italiano Cesare Sighinolfi (1833-1902). Obtuvo hacia 1891 el grado acad�mico de maestro, otorgado por el ministerio de Instrucci�n P�blica a solicitud del director de aquel plantel, el artista Don Epifanio Garay.

Peregrino Rivera Arce se inici� en el campo art�stico como grabador en madera. Esta t�cnica conocida como xilograf�a era usada en el pa�s desde mediados del siglo XIX para ilustrar peri�dicos y libros. Urdaneta regres� de Europa en 1880 con el proyecto de fundar el Papel Peri�dico Ilustrado (1881-1888), una publicaci�n moderna que requer�a de las t�cnicas actualizadas para la ilustraci�n. Por lo tanto impuls� la creaci�n de una Escuela de Grabado e invit� al experto grabador sevillano Antonio Rodr�guez (ca.1840 -1898) para dirigirla. La Escuela se abri� en 1880, como una dependencia de la Universidad Nacional, bajo la rector�a de Antonio Vargas Vega. Seg�n el caricaturista y grabador Alfredo Gre�as (1857-1945) funcionaba en el convento de Santo Domingo. Seg�n Alberto Urdaneta se encontraba en el Colegio de San Bartolom�. Una vez fundada la Escuela de Bellas Artes, los cursos de grabado debieron anexarse a ella como una secci�n.

Rivera Arce admiraba la xilograf�a y consideraba que se cultivaba en Colombia con honra y magn�fico �xito art�stico, como puede observarse en los peri�dicos de aquella �poca, y que justo es recordar y reconocerlo en honor para nuestro pa�s, que en Sud Am�rica, era Colombia la �nica Rep�blica en que se cultivara tan bello como dif�cil ramo.

Como la mayor�a de los grabadores que surg�an de la Escuela de Bellas Artes, Rivera Arce se dedic� a ilustrar peri�dicos y revistas. Inici� su trabajo en Colombia Ilustrada (1889-1892 en el mismo a�o de su fundaci�n; �sta fue la publicaci�n que sucedi� en estilo y orientaci�n al Papel Peri�dico Ilustrado (1881-1888).

Para esta revista realiz� siete ilustraciones que se publicaron entre 1889 y en 1890. Los temas tratados fueron de her�ldica, paisajes y retratos: tres escudos de armas de Colombia de diferentes �pocas, basados en un dibujo de L�zaro Mar�a Gir�n; el escudo de armas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, a partir de una estampa original de 1815; el escudo provisional de la patria hasta 1815; el Puente Eliseo Pay�n sobre el r�o Amaine, Departamento del Cauca; la Catedral de Santa Marta; el retrato del general Jos� Antonio P�ez a partir de una foto de F. Duque, Nueva York, y el retrato de don Juan del R�o a partir de una miniatura de propiedad de Miguel Antonio Caro (7). En sus memorias menciona, adem�s, los retratos del arzobispo Bernardo Herrera y de Adriano P�ez.

El tono de la revista, como el del Papel Peri�dico Ilustrado era patri�tico, no partidista. Se puede suponer que el joven grabador moriger� sus ideas radicales al estar en contacto con esta publicaci�n. Se encontraba a�n estudiando en la Escuela de Bellas Artes, porque en 1890 obtuvo el segundo premio en el concurso de grabado organizado por dicho establecimiento. Sin embargo, su compromiso pol�tico reaparece muy pronto:

El buril y mi l�piz y tambi�n mi mediano intelecto de escritor los puse al servicio en esa �poca de terrorismo conservador, al servicio de la causa liberal. Colabor� con El Zancudo de Alfredo Gre�as, Sancho Panza de Uribe Vel�squez, Hechos de Julio ��ez, Mefist�feles de Borda, La Cr�nica de Carlos Arturo Torres y Camacho Carrizosa, Centinela, El Clar�n [...].

A partir de 1894, y durante los a�os que restaban en la d�cada de 1890, continu� vinculado a publicaciones de car�cter cultural y pol�tico; el g�nero que trabaj� para estas ilustraciones fue el retrato. Para la revista Gris de Max Grillo realiz�, en 1894, los retratos de Armando Palacios Vald�s y de Diego Fallon. Para El Sol, en 1895, hizo la reproducci�n de la escultura en homenaje a Jos� Manuel Groot. Para El Guasca, el retrato para el lanzamiento de la candidatura de Rafael Reyes, en 1897. Para El Vig�a, en 1898, el de Guillermo Valencia. Para El Bogot�, el de Manuel Antonio Sanclemente, en 1899, con motivo de su elecci�n como presidente de la Rep�blica. Y ese mismo a�o para El Reporter, el retrato de Jos� Rogelio Castillo. Tambi�n realiz� ilustraciones para El Heraldo, entre 1893 y 1895. Hizo, adem�s, el retrato en xilograf�a del poeta Julio Fl�rez, de Rafael N��ez, de Rafael Uribe Uribe y de Jos� Manuel Marroqu�n. Para el peri�dico El Orden realiz� un grabado con el mapa de los l�mites de Colombia y Venezuela junto con los retratos de la reina de Espa�a y de An�bal Galindo.

Estuvo vinculado al Centro fundado para allegar fondos para los patriotas cubanos y fund� el Pabell�n Americano que ilustr� con los retratos de Avelino Rosas, quien por esa �poca luchaba por la independencia en Cuba y de Antonio Maceo. Este �ltimo lo reprodujo El Viajero, en 1897 (13 de abril de 1897), adem�s del de Jos� Mart�. Los dos aparecen de cuerpo entero, con el uniforme de la guerra de independencia en Cuba.

Algunas de las ilustraciones podr�an denotar un viso pol�tico como los retratos de Reyes, Uribe Uribe, Sanclemente y Marroqu�n, pero no se observa en el grabado m�s que la intenci�n de mostrar su habilidad como retratista. Las �nicas obras que re velan su vinculaci�n al gobierno nacionalista de Miguel Antonio Caro son las 128 ilustraciones que realiz� para la segunda edici�n en el libro T�ctica de infanter�a de Emory Upton, en 1896, y las 41 xilograf�as del libro El tiro de infanter�a de Pedro Sicard Brice�o, en 1897. Estas publicaciones se realizaron durante el gobierno de Caro y evidenciaban la tendencia belicista del mandatario.

El maestro

En el mismo a�o que comenz� a hacer ilustraciones para la revista Gris, aparece su segunda vocaci�n que es la de la docencia. Ese a�o de 1894 fue nombrado jefe de la Secci�n de Grabados en la Escuela de Bellas Artes, cargo en el que sucedi� a Antonio Rodr�guez y que ejerci� hasta 1899. Durante el desarrollo de su gesti�n la Escuela de Bellas Artes public� un reglamento en el que inform� sobre la ense�anza de la xilograf�a:

A�os 1 y 2;. Durante este tiempo se ense�ar� el rayado en madera y grabado de figuras sencillas sobre otros grabados pasados a la plancha de madera. A�os 3;. y 4;. En estos a�os se distribuir� la ejecuci�n de grabados sobre otros grabados pasados a la plancha de madera, interpretaci�n de fotograf�as en paisaje y accesorios. Interpretaci�n de fotograf�a en figura humana. Retratos y cuadros. Ejecuci�n de asunto original para obtener el diploma de maestro.

Hacia 1892 fue llamado a Cartagena para colaborar en la reci�n fundada Escuela de Bellas Artes, la cual era dirigida por el pintor Epifanio Garay.

All� tuve el honor de conocer y de colaborar al mencionado artista que acababa de llegar de Europa.

Lleg� a la Escuela con una carta de recomendaci�n del vicepresidente Miguel Antonio Caro y conoci� a Rafael N��ez, a Soledad Rom�n, al poeta nicarag�ense Rub�n Dar�o. Recorri� la casa de El Cabrero y sus moradores con ojo de pintor. Tambi�n vio pintar al director Garay los retratos de N��ez y de Bol�var. All� colabor� con sus grabados en El Porvenir y La Miscel�nea.

El 10 de julio de 1899 particip� en la Exposici�n Nacional de Bellas Artes, en la cual el grabado fue declarado desierto debido a la baja calidad, tal como dice el acta del jurado: El jurado se abstiene de acordar distinciones en las secciones de Grabado en Madera y de fotograf�a. En la primera, porque nota estacionario este dif�cil arte [...] Firmado Pedro C. Manrique, Otto Schroeder, Le�n Villaveces, Luis Ramelli.

Se debe tener en cuenta que Pedro Carlos Manrique hab�a llegado de Europa el a�o anterior y hab�a fundado la Revista Ilustrada en la cual impuso la t�cnica del fotograbado. Para �l este moderno m�todo fotogr�fico de reproducci�n "constituye uno de los m�s bellos progresos de la ciencia ".

Asombrado ante el fotograbado, la xilograf�a le debi� parecer una t�cnica anticuada. En cambio para Peregrino Rivera el fotograbado era un arte mec�nico.

El fallo del jurado tuvo cr�ticas, entre ellas la de Albar (Jacinto Albarrac�n) quien lo reprodujo con iron�a: "El jurado se abstiene de acordar distinciones a la secci�n de grabado en madera y era de esperarse, siendo arte de verdadero m�rito que se opone a nuestras empresas de fotograbadores, obreros materiales que con procedimientos qu�micos y sistemas ego�stas por reservados nos venden mon�tonas reproducciones fotogr�ficas; para destruir aqu� la obra del inolvidable Alberto Urdaneta, quien generosamente, con alma noble que distingue a los artistas de coraz�n, introdujo entre nosotros el grabado en madera".

El se�or D. Peregrino Rivera y Arce, l�cido expositor de grabados en madera y jefe de esta secci�n, debe comprender de d�nde viene aquello de `Estacionario pues el fotograbado quiere suplantar lo que en el grabado la l�nea es el contorno del color, adormecido por el Arte en las inspiraciones del buril.

Medio siglo despu�s Gabriel Giraldo Jaramillo ve, con este fallo, el fin de una �poca:

La exposici�n de 1899 vino a constituir una especie de melanc�lica acta de defunci�n del grabado. Aunque se presentaron varios expositores Peregrino Rivera, Silvano Cu�llar, Buenaventura Talero, F�lix Acevedo- no fue posible otorgar premios debido a la modesta calidad de los grabados. Subsisti�, sin embargo, con largas interrupciones la clase de Grabado de la Escuela de Bellas Artes.

No se puede afirmar si el fallo del jurado afect� el �nimo de Peregrino Rivera Arce o si el gran movimiento pol�tico lo arrastr� a la guerra. En octubre de ese mismo a�o, la Escuela de Bellas Artes se cerr� y se convirti� en cuartel. Lo que s� se sabe es que tres meses despu�s, en enero de 1900, el artista se encontraba en Bucaramanga como soldado y artista revolucionario.

En sus memorias narra el esp�ritu de su decisi�n: "De profesor del arte mencionado en la Escuela de Bellas Artes, consecuente con los dictados de mi conciencia part� para la guerra e ingres� en el ej�rcito de Santander y Boyac�. De dicho plantel y gabinete de arte, llev� conmigo buriles y algunas maderas de Boj, sin sospechar siquiera que estos peque�os enseres hab�an de llenar su cometido en un lejano d�a"

En otro de sus escritos aclara.  "Quien esto escribe, obedeciendo al dictado de sus convicciones pol�ticas y por amor a la causa liberal, abandon� el puesto del arte que el gobierno conservador le hab�a confiado en beneficio de las bellas artes y opt� por tomar parte en la revoluci�n".

Su carrera militar, que hab�a iniciado en el colegio, la consolid� en el momento de su partida de Bogot� el 15 de octubre de 1899:

Mi salida la efectu� de esta capital en asocio de los j�venes de la Universidad Republicana, `El Externado de Colombia, Escuela de Medicina y artesanos liberales de Bogot�...

De primer ayudante de campo del general Pedro Soler Mart�nez fue ascendido a capit�n. En la toma de Bucaramanga a sargento mayor y de all� a coronel, grado otorgado por el general Rafael Uribe Uribe despu�s del triunfo de Peralonso. En el cuerpo de ingenieros pudo ejercer el arte del dibujo.

El �lbum Recuerdos de campa�a de Peregrino Rivera Arce

Tres meses despu�s del fracaso de su participaci�n como maestro grabador en la Exposici�n Nacional de Bellas Artes, Rivera Arce se encontraba en plena guerra civil en Bucaramanga, vinculado al bando liberal. En esa ciudad inici� el 4 de enero de 1900 su �lbum de dibujos Recuerdos de campa�a. Para que no queden dudas de su adhesi�n a la revoluci�n dibuj� de entrada al general Rafael Uribe Uribe en traje de campa�a. En ese momento Uribe Uribe ya era el h�roe triunfador de Peralonso.

Los dibujos se pueden dividir en tres grupos: los documentales, los jocosos y los rom�nticos. Las inscripciones que acompa�an los dibujos complementan el sentido.

Entre los dibujos documentales se encuentra un trapiche de mano en el estado de Santander, paisajes relacionados con sitios y momentos hist�ricos como el "Puente de Peralonso tomado por el occidente", "Vista de la poblaci�n del Carmen costado occidental", "El morret�n- Casa donde acamp� el batall�n de Bogot�", la "Vista de un campamento liberal en la Palmita-El Colombia" y "Capitancito Lugar donde se pele� para abrirse el paso".

Estas vistas panor�micas est�n de acuerdo con los inicios del g�nero del paisaje en Colombia. Se observa un conocimiento de la perspectiva que habla de su formaci�n en la Escuela de Bellas Artes. Rivera se encontraba en el campo de batalla y, no obstante, percibe el horizonte y la naturaleza con emoci�n semejante a la de un artista que mira el paisaje en paz. Coloca figuras contemplando el campo en la lejan�a como en "Soldados divisando el Campamento de Chopo y sus atrincheramientos", en el que, adem�s del paisaje art�stico tiene car�cter autobiogr�fico pues corresponde a un episodio en El Play�n, durante la hu�da hacia la trocha de Oca�a:

permanecimos durante el d�a en v�a de descanso. Domin�bamos una altura de donde pod�amos observar cualquier movimiento sorpresa del enemigo. De donde me encontraba con el Libres de Oca�a me hac�a compa��a el Gral. Severo Cruz, ambos con la vista en el camino que la v�spera hab�amos transitado, senda paralela al r�o, limitada a uno y otro lado por las alturas en aquellas latitudes. En uno de esos instantes en que ambos en v�a de observaci�n nos encontr�bamos, cuando mir�bamos a las alturas y a los distintos sitios del camino que la v�spera hab�amos transitado, alcanzamos a divisar que por una de las alturas ven�a una numerosa guerrilla enemiga en direcci�n a nuestro campamento... .

Sorprende que esas panor�micas las haya realizado en los precarios momentos de descanso como �stos, bajo la amenaza de las tropas enemigas.

Otros dibujos documentales son los que representan la crudeza de la guerra y que superan el registro fotogr�fico, que se hizo con bastante regularidad, pero que no trat� temas descarnados. Tales dibujos realistas, son pioneros del arte y la violencia en Colombia. Sin embargo, no se puede afirmar que sean de denuncia aunque en escenas como la carga del machete se demuestra el horror de la guerra, teniendo en cuenta que tanto liberales como conservadores eran macheteros. Rivera sent�a cierta admiraci�n por esta arma cuando expresa que marcharon "al ritmo centelleante del simb�lico machete del temido revolucionario general Pedro Soler Mart�nez" . Este l�der revolucionario liberal estaba consciente de la violencia que se iba a desatar, tal como lo relata en sus memorias el dibujante:

Me dec�a en una ocasi�n, pase�ndose en el atrio de la Catedral: -Esta guerra ser� sangrienta, durar� tres a�os y yo morir� en ella. A lo que le contest�: -Mi General, no tenemos armas, Qu� hacemos? se exterminan a machete-, me contest� con su voz en�rgica ....

Los dibujos que tratan el tema de la violencia no son pocos. En ellos se observa un buen tratamiento del cuerpo humano y el conocimiento del escorzo, datos que recuerdan de nuevo su formaci�n acad�mica. Presentan las siguientes inscripciones: "Palo Negro Croquis de un soldado del [gobierno] muerto a Machete", "Batall�n libres de Oca�a / una carga al machete (Palonegro)", "Ram�rez - Provincia de Oca�a/ Lugar donde fue asaltada una avanzada liberal", "Un machetero del ej�rcito de Santander", "Una trinchera tomada (Bucaramanga)", "Un abanderado mal herido (Bucaramanga) Puerta del sol", "General Cruz despu�s de herido por una guerrilla", "Escorzos de revolucionarios enfermos", "Cad�ver de un revolucionario en la trocha de Oca�a".

Los dibujos burlescos recuerdan los v�nculos que un�an a los liberales con la caricatura, que hab�a sido su arma favorita a lo largo de la Regeneraci�n. Son dibujos del vivac, de los juegos y bromas durante la guerra y ante la inminencia de la muerte. Tambi�n se tiene que tener presente que su compa�ero de haza�as era Dar�o Gait�n un caricaturista de tiempo completo y heredero de Gre�as.

Las inscripciones son igualmente humor�sticas: "Estaba a tiro de graduarse", "Amadeo �revolucionario?", "Doctor Tinaja, el due�o de casa donde acamp� el Cundinamarca", "Un tipo de la revoluci�n sin credenciales", "Entr�basele el humo en los ojitos", "El doctor Nemequeme. Receta: Cuando duele fuertemente la Cabeza / apl�quese un sinapismo en la cadera. Nemequeme", "Con tus ojos me arrebatas Capit�n Gait�n / mirando al enemigo", "Despu�s de pasar la trocha (el zorro Garc�a) / quem�sele la levita azando carne", "Un revolucionario que se organiza / en chaqueta Estado Mayor".

Los dibujos rom�nticos recuerdan su paso por la Escuela de Bellas Artes. Hay retratos como "La Cucute�a en Morret�n/ volver�?", "Estaba para graduarse / un revolucionario de Palmira", "La chola enferma" donde de nuevo se reflejan las ense�anzas acad�micas, en particular en el tratamiento del volumen, de las luces y sombras y el manejo del l�piz. En un bodeg�n titulado "Sobre la mesa" en el que aparecen en lugar de los elementos tradicionales como las jarras, frutas y flores, un tambor, una corneta y armas colocados armoniosamente sobre una mesa. Est�n tratados con todas las luces y sombras propias de este g�nero y del arte del dibujo. El tiempo les ha dado un aire de melancol�a.

El �lbum incluye un retrato de Rivera realizado por el caricaturista Dar�o Gait�n. La inscripci�n que lo acompa�a arroja datos para la biograf�a del artista: "Retrato del coronel Rivera Arce (primer jefe del Batall�n Libres de Oca�a. Tomado en el campamento la Quebrada)". Ese Batall�n Libres de Oca�a que tantas veces dibuj�, era entonces el que estaba bajo su mando. En 1900, a los 32 a�os y a menos de un a�o de iniciada la guerra, ya ten�a el rango de coronel del ej�rcito liberal (hecho que no debe sorprender porque tanto en el ej�rcito nacional como en el revolucionario se ascend�a r�pidamente en la carrera militar).

El �lbum fue conocido a su paso por Tunja, en 1901, porque una persona llamada Jena escribi� el 28 de marzo, en la primera p�gina el poema El l�piz de Ribera:

Traza triste o con ternura
Un retrato o un paisaje 
Y con honda amargura
Escribe apuntes del viaje
De esta vida do perdura
La tristeza y el hast�o
Donde llevan los cansados
Los que sue�an, mucho fr�o
Y muchos recuerdos llorados
Que van como al mar el r�o.

El papel moneda

En 1901 produjo, junto con Dar�o Gait�n, los grabados para la emisi�n de papel moneda que orden� para el sostenimiento del ej�rcito revolucionario el general Rafael Uribe Uribe, en la Guerra de los Mil D�as en la ciudad de Oca�a, meses despu�s del desastre de Palonegro:

Una vez que hubo llegado nuestro ej�rcito a esta ciudad nos acampamos en la Cruz para ponernos a salvo del terrible flagelo que nos caus� la fiebre amarilla que nos caus� algunas v�ctimas. En vista de la penuria econ�mica de nuestro ej�rcito el general Uribe me comision� para la ejecuci�n del trabajo de unos billetes grabados que fueron ejecutados sobre madera y cuyos originales se conservan en nuestro Museo Nacional. Dicha emisi�n sirvi� para solventar por alg�n tiempo la mala situaci�n de nuestro ej�rcito. 

Justo es recordar en estas l�neas el nombre del compa�ero de arte, el artista y guerrero, Dar�o Gait�n, a quien busqu� para que me ayudara en dicho trabajo. Por as� decirlo el caso que ten�a que serlo a la mayor brevedad. Dar�o Gait�n heredero de un apellido de luchadores por la causa inmortal de los libres era entonces muy joven. Dibujante y lit�grafo muy h�bil, parti� para la guerra. Con el compa�ero Dar�o, organizamos pues el trabajo de arte en la ciudad de Oca�a, dando la labor mec�nica y tipogr�fica, encargado al Dr. Hip�lito Monta�a fallecido recientemente y qui�n con antelaci�n hab�a sido designado para resellar una emisi�n de billetes del antiguo Banco de Santander de una compa��a alemana, la cual fue obsequiada a la revoluci�n en nuestra permanencia en Bucaramanga, despu�s del combate de Peralonso. Al llegar a esta ciudad (Bogot�), cuna de mis recuerdos yi mis primeros pasos hacia el Museo Nacional variablemente hermoso en su conjunto art�stico e hist�rico, de un aprecio singular en m�rito de lo que all� se ve, y en donde para mi expansi�n espiritual recib� la grat�sima impresi�n que en parte motiva este sencillo relato: en una de las vitrinas donde se exhiben en profusa diversidad muestras de papel moneda de Colombia en diferentes �pocas, aparecen all� modelos de unos billetes grabados en madera, cuyos dibujos aleg�ricos de car�cter militar imprimen su sello de art�stica originalidad .

Los billetes los trabaj� seg�n su propio testimonio con las gubias y los pedazos de maderas de Boj que tom� de la Escuela de Bellas Artes, antes de partir para la guerra.

Una biograf�a recobrada

Hasta hace poco tiempo se cre�a que Peregrino Rivera Arce hab�a desaparecido durante la Guerra de los Mil D�as. Una vez se encontraron las memorias se pudo restablecer su ciclo vital. Seg�n su recuento particip� en 16 combates durante la guerra. Sus memorias y dibujos se detienen particularmente en dos acontecimientos, en Palonegro que era para �l "una lecci�n suprema de rebeld�a" y en la huida por la trocha de Oca�a. �l quiere resaltar estas dos haza�as.

Durante la batalla de Palonegro tom� parte en una posici�n de defensa entre El Lebrija y el alto de los Churizos

que me toc� el honor de comandar en mi car�cter de Primer jefe. Respecto de esta unidad compuesta de valientes santandereanos me parece oportuno recordar. El plan de ataque de nuestros adversarios vino a tener para ellos el �xito deseado de nuestro ej�rcito mal alimentado y sin dormir, durante los 17 d�as de combatir, al lado de los cad�veres en putrefacci�n de unos como de otros, de caballos muertos, y de d�a como de noche y en todo momento en perenne continuidad, la mano izquierda llevada a la nariz cubierta con el pa�uelo para impedir el aliento putrefacto, y la derecha sosteniendo el manlinger (sic) que ten�a por compa�ero tan solamente el simb�lico machete que en los momentos supremos llenaba su cometido.

En relaci�n con las capitulaciones que tuvieron lugar al finalizar la guerra, en 1902, hay un s�lo dibujo caricaturesco alusivo a la melancol�a de la derrota que presenta un personaje preocupado que titula "Situaci�n angustiosa. Capitulaci�n de Chucur�". En realidad junto con un grupo de compa�eros no acept� la orden del Estado Mayor y huy� al parecer por el Magdalena Medio: "60 poco m�s o menos no quisimos entrar y tomamos la trocha de Chucur�". Despu�s vino la prisi�n en la c�rcel de Tunja que quedaba en el convento de San Agust�n la cual se conoc�a con el pomposo nombre de Pan�ptico.

Despu�s de tres meses de prisi�n se vincul� de nuevo a la guerra en el batall�n de los Llanos de San Mart�n bajo la direcci�n del general Mc Allister. Despu�s del combate del Guavio, parti� junto con su jefe y con Ricardo Tirado Mac�as hacia Venezuela. La penosa traves�a de los llanos en invierno, de la navegaci�n en una piragua por el Meta y el Orinoco, completaron sus vivencias de la guerra, ahora con la naturaleza y las tribus salvajes:

El Orinoco es sublime. No olvidar� las furias de sus olas en sus tempestuosos chubascos, sus noches de luna y sus crep�sculos de fantasmas y cielos incendiados .

En ciudad Bol�var los viajeros tuvieron que afrontar el golpe de Estado contra Cipriano Castro. Su actividad de artista la pudo desarrollar en Caracas cuando se convirti� en caricaturista de El Pregonero. De acuerdo con su nombre de pila continu� su peregrinaje por Panam� y Ecuador donde se estableci� por espacio de treinta a�os. Aunque vivi� en Guayaquil y trabaj� en el peri�dico El Grito del Pueblo, la mayor parte de su exilio transcurri� en Quito, ciudad donde contrajo matrimonio y trabaj� como artista.

En esa ciudad, en 1910, el presidente Eloy Alfaro le reconoci� el t�tulo de coronel de infanter�a de Reserva del Ej�rcito del Pichincha. All� ocup� pues tos p�blicos durante la presidencia de Alfaro. Fue director de dos peri�dicos, el uno titulado Verbo, publicaci�n de car�cter doctrinario que sustentaba el m�s encumbrado liberalismo y La Gran Colombia, con ilustraciones dibujadas y grabadas por �l mismo, peri�dico con tendencias conducentes a secundar el grandioso ideal de nuestro Libertador. En Quito organiz� un cuerpo de voluntarios para luchar contra el Per�, que denomin� Libres del Cauca, compuesto por 450 colombianos para apoyar a Alfaro en la defensa de sus derechos territoriales.

Cuando regres� a Bogot� ya no encontr� sino muy pocos compa�eros en el campo de las armas y de las bellas artes. Con su regreso definitivo se intensific� la lucha con los compa�eros de la revoluci�n liberal de 1899-1902 para que se les reconociera el fuero militar, para ello se asociaron en el Centro de Veteranos y antiguos liberales de Colombia. En 1924, pasado ya el peligro, pidi� su repatriaci�n al presidente Pedro Nel Ospina. En ese momento, Guillermo Valencia, a quien hab�a retratado hacia 1898, certific� su buena conducta y afirm� que su ausencia hab�a sido "da�osa al arte nacional" . No obstante, Rivera no regres� sino hasta comienzos de la d�cada de 1930 cuando ya estaba el partido liberal en el poder. En 1932, con motivo del  conflicto con el Per� ofreci� de nuevo sus servicios al Ministerio de Guerra. Regres� por motivos familiares al Ecuador y en 1937 se radic� en Colombia, donde muri� tres a�os despu�s.

Rivera Arce era de corta estatura, med�a 1.63 metros, ten�a el cabello negro, ojos pardos. Seg�n su hija Emperatriz era alegre, so�ador, �ntegro, honesto, no tomaba, ni fumaba, era mas�n, anticlerical, socialista, interesado en el espiritismo y buscador de tesoros. Ostentaba con orgullo el nombre de "veterano de la guerra". Cornelio Hispano se refiere a �l como "este Peregrino apasionado ha regresado al pa�s, como el paje de San Juan, y s�lo confiado que la rep�blica liberal, no olvidar� sus servicios y padecimientos sin cuento por el liberalismo". Seg�n Agust�n Nieto, Rivera ocup� el primer puesto entre los mejores grabadores de Colombia (1933) y, por lo tanto, se deben utilizar sus habilidades en la Escuela de Bellas Artes de Bogot�.

Aunque ya se ha recobrado parcialmente su biograf�a, lo m�s importante son sus dibujos de l�neas finas en l�piz, en la peque�a libreta negra con bordes rojos, porque son el testimonio de su compromiso y de su arte al servicio de unas ideas.

Transcrito del libro de peque�o formato Artistas en Tiempo de Guerra: Peregrino Rivera Arce,  por Beatriz Gonzalez, Editora Arco, Bogot�, 2002

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Memorias de un Peregrino 

El Ministerio de Cultura, a trav�s del Museo Nacional de Colombia, presenta la exposici�n  temporal Memorias de un Peregrino, que se exhibir� en el Gabinete de Dibujo y Artes Gr�ficas, ubicado en el segundo piso del Museo, del 24 de enero al 18 de junio del 2006. 

La exposici�n da cuenta de la vida y obra del militar y dibujante colombiano Peregrino Rivera Arce [1877-1940], autor del �lbum de dibujos. Recuerdos de campa�a [Bucaramanga, 4 de enero de 1900], una pieza destacada de la colecci�n de Artes Gr�ficas del Museo en la que se presenta su visi�n de la Guerra de los Mil D�as (1899-1902). El nombre de Peregrino Rivera fue recobrado para la historia colombiana gracias a la investigaci�n de Beatriz Gonz�lez publicada en el libro Artistas en tiempos de guerra: Peregrino Rivera Arce en 1999. 

Con esta muestra el Museo Nacional pretende divulgar los resultados de una investigaci�n en la que se estableci� que Peregrino Rivera fue un dibujante y grabador con una promisoria carrera art�stica a finales del siglo XIX, la cual se vio truncada debido a su participaci�n en la Guerra de los Mil D�as y a su filiaci�n pol�tica liberal, que lo llev� al exilio en Ecuador por 30 a�os.   

La exposici�n, conformada por 40 piezas, entre las que se cuentan dibujos, grabados, libros, peri�dicos y manuscritos, es una realidad gracias al valiosa donaci�n que realizaron en el a�o 2005 sus familiares y permitir� enriquecer el conocimiento que se ten�a del artista; resaltar aspectos de su pensamiento pol�tico; evidenciar la relaci�n que tuvo con los intelectuales colombianos y ecuatorianos y dar cuenta de su labor art�stica y period�stica en ambos pa�ses.  

Esta muestra sobre Peregrino Rivera se enmarca en el programa Nuevos nombres del pasado, cuyo prop�sito es investigar y divulgar el legado de aquellos artistas cuya obra no ha sido suficientemente investigada en la historia del arte colombiano.

Memorias de un Peregrino

Peregrino Rivera, nacido en Buga en 1877, ingres� a la Escuela de Bellas Artes hacia 1889, becado por la Gobernaci�n del Cauca. Tan notable era su talento que s�lo unos meses despu�s obtuvo el segundo premio en el concurso de grabado de la Escuela de Bellas Artes de donde se gradu� en 1894. En 1891 fue convocado para colaborar con Epifanio Garay en la reci�n fundada Academia de Bellas Artes de Bol�var y en 1898, debido a la muerte de su maestro Antonio Rodr�guez, fue nombrado como su sucesor en la c�tedra de grabado. 

Poco despu�s Rivera decidi� unirse a las filas del ej�rcito liberal en la Guerra de los Mil D�as [1899-1902]. El testimonio m�s importante que dej� como artista y como colombiano es el �lbum de dibujos Recuerdos de Campa�a. Durante la guerra tambi�n trabaj� al lado de Dar�o Gait�n en la emisi�n de papel moneda para sostener al ej�rcito liberal hacia 1900. Cuando Rivera regres� a Colombia, hacia 1930, encontr� estos billetes exhibidos en las vitrinas del Museo Nacional, hecho que relat� en sus memorias como uno de sus m�s gratos recuerdos.  

Despu�s de la derrota del ej�rcito liberal, Rivera se exili� e inici� un periplo de cuatro a�os por Caracas, Panam�, Chile, hasta que se estableci� finalmente en Ecuador. Como lo hiciera durante toda su vida, ejerci� sus actividades pol�ticas, art�sticas y literarias de manera simult�nea. Particip� activamente en la vida art�stica ecuatoriana como profesor de dibujo en la Escuela de Artes de Quito y obtuvo una medalla de oro en el pabell�n colombiano de la Exposici�n Nacional del Ecuador. Asimismo, persisti� en el oficio de ilustraci�n y caricatura en peri�dicos y revistas de car�cter pol�tico y/o literario. Gran parte del archivo que don� su familia est� conformado por los manuscritos de sus poemas y textos pol�ticos, de historia y discursos en donde se revela su filiaci�n pol�tica socialista y anticlerical.  

El retorno oficial de Rivera al pa�s se produjo en 1930 gracias al cambio de gobierno, con la elecci�n de Enrique Olaya Herrera. Con este optimismo se integr� de nuevo a la vida cultural colombiana y particip� en la Exposici�n Industrial y Art�stica de Pereira, realizada ese mismo a�o. En 1932 dirigi� una comunicaci�n al presidente Olaya Herrera en la que se ofrec�a como voluntario en el conflicto colombo-peruano. En 1935 arrib� a Bogot� y se desempe�� como secretario general de la Asociaci�n de Veteranos y Antiguos Liberales de Colombia, a trav�s de la cual busc� la consecuci�n de su grado militar para obtener una pensi�n como veterano de guerra. Rivera dedic� toda su energ�a a este proyecto sin lograr ning�n resultado hasta su muerte, ocurrida el 26 de junio de 1940.

Texto suministrado v�a email por el Museo Nacional de Colombia, 2006

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