Salon Nacional de Artistas 1964 XVI Concurso

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Varios, Visual

 

 

 XVI Salón Nacional de Artistas, 1964

 

A ColArte
 

Vea muestra representativa de las obras presentadas

   
 


Voluntad de hacer pintura moderna (apartes)

por Carolina Vanegas Carrasco

 

Durante el periodo estudiado (1957-1964) se producen dos intentos de descentralización: el primero, en 1961, cuando se envió una selección de obras del Salón a la inauguración del Museo de Arte Moderno de lbagué y al Primer Festival de Arte de Cali; el segundo, al año siguiente, cuando en la inauguración «hubo un programa de televisión a control remoto, entonces todavía una proeza técnica, que permitió la divulgación del Salón a todo el país». Estas iniciativas no tuvieron mayor desarrollo sino hasta 1976, año en que se crean los salones regionales de artistas.

Sobre la importancia del Salón, vale la pena contrastar cuatro puntos de vista de críticos e historiadores del arte activos en la época.

Walter Engel señala:

«Los salones anuales son una verdadera necesidad, ya que permiten, con una extensión que ninguna otra exposición de carácter particular puede alcanzar, la confrontación de los valores pictóricos que se están desarrollando en este momento en el país».

Francisco Gil Tovar se pregunta por la misión que tiene el Salón en el país, y afirma:

Queda sobreentendido que se trata de un medidor del estado general de las artes plásticas antes que otra cosa, aunque no en su término medio, ya que la existencia de jurados de admisión -imprescindibles- cuando se pretende conservar un grado cualitativo, imposibilita al público ver todo to que se produce o, al menos, todo lo que se envía al salón, carente de interés y hasta lamentable en un 50 o 60 por ciento

Por su parte, Marta Traba afirma: 

El Salón Nacional ha sido siempre, cualquiera que sea la calidad de las obras expuestas, un episodio de cierta importancia dentro del arte de Colombia. [...] A los salones no se les exige una calidad uniforme. Esto sería imposible, dada la cantidad de obras y de autores expuestos. [...] El interés radica en comprobar la predominancia de ciertas corrientes sobre otras, en verificar la orientación de la gente joven, en descubrir vicios genéricos y buscar, casi siempre sin éxito, virtudes comunes"

Casimiro Eiger, entretanto, asegura: 

Los llamados «salones» nos dan casi siempre una imagen de las discrepancias existentes entre los artistas de varias generaciones o distintas escuelas -por no hablar de las diferencias individuales- y casi nunca una visión de conjunto. De allí también que ninguna selección nacional pueda ser verdaderamente representativa -como ingenuamente piden algunos-, ya que revelará siempre más lo que separa que lo que une a los artistas de un mismo país. El estilo nacional es un mito, creado siempre una vez admitidos y asimilados los artistas más diversos, cuya obra, tan combatida en un tiempo, viene luego a hacer parte del tesoro nacional y a representar sus rasgos esenciales. Por supuesto existe una sensibilidad propia de cada nación, pero ésta se limita a los atributos más generales y resulta de muy difícil definición` 

Estas afirmaciones muestran la importancia que se le dio a la realización del Salón durante este periodo, incluso considerando las limitaciones implícitas en él, como el hecho de tener que seleccionar entre una gran cantidad de participantes y de encontrar más diferencias que similitudes entre los artistas nacionales. Sin embargo, y con esta generación más que con cualquier otra en el arte colombiano, se hace evidente, de acuerdo con lo que afirma Eiger, la manera como surgió uno de los mitos del «estilo nacional»: el de la generación con la que se consolida el arte moderno en Colombia.

Tomado del libro Marca Registrada, Salón Nacional de Artistas, Museo Nacional de Colombia, 2006

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  El Salón XVI (1964) premió a Augusto Rivera con su pintura Paisaje y Carroña. Respecto de esta obra Marta Traba afirmó que respondía a una fórmula Roda-Luciano Jaramillo-Rivera en la cual pintar era cubrir una superficie lo suficientemente grande corno para impresionar al auditorio.

El gran inquisidor de Leonel Góngora recibió el primer premio de dibujo en el XVI Salón de Artistas Colombianos. Para Marta Traba el expresionismo figurativo de la obra de Góngora podría ampliar el espectro de la figuración en Colombia que "...siempre teclea sobre partituras de Obregón y Botero". 

Sobre la adjudicación de los honores en el XVI Salón "( ...) el premio no podía ser sino para Eduardo Ramírez Villamizar, cuya obra se afirma sin problemas ni controversias posibles dentro de un rigor cada vez más fino, puro y poético", opinó Marta Traba en El Tiempo, en 1964.

Tomado de la Revista Mundo No. 13, agosto 2004 _ Textos: Luz Adriana Hoyos, Nicolás Polanía

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