Alfonso Cordoba

Quibdo, Choco

Interpretes

Personaje

 


 Alfonso Córdoba, El Brujo

intérprete, compositor, cantante
dibujante, tallador, diseńador
 

 
A ColArte

 

 


Un orfebre de la música chocoana

por Wilmar Cabrera Pinzón, redactor de El Tiempo

Alfonso Córdoba Mosquera suena tímido a través del teléfono. "Todo bien, a Dios gracias", responde desde Quibdó, un día antes de viajar a Bogotá para el concierto Sonidos de la Tierra.

`El Brujo -como lo conocen y como le gusta que le llamen heredó el sentido musical de su padre, Salomón. "Él y su amigo Cupertino Murillo eran bogas -cuenta-. Como en ese entonces no existía la radio, el boga, además de navegar río arriba y transportar a las personas, tenía que divertir a sus pasajeros cantándote mas improvisados y contando chistes".

Con ese pasado, un día, en la escuela Modelo de Quibdó, Córdoba, de 10 ańos, fue escogido para ponerles música a unas estrofas durante una revIsta de higiene y salud. Como era el más destacado, el pequeńo terminó realizando más presentaciones en otros colegios.

Desde ahí todo fue música. Eso sí, sin profesor o conservatorio donde estudiar, de manera natural, tal como también se hizo minero y artesano del oro. Trabajando día a día.

Él dice que la orfebrería está muy cercana a la música. "Con la primera trato de homenajear a la fauna y la flora, al igual que al primitivo poblador. Eso mismo intento hacer con mis cantos. Quiero reivindicar al hombre que navegó en los ríos. Creo que los dos oficios son afines, porque trabajo con ese amor que le tengo a la tierra", explica.

Este chocoano de 81 ańos recuerda que la entrada de géneros traídos por marineros de Brasil, E.U., Cuba, México, Jamaica y hasta Argentina, por el río Atrato, facilitó su aprender empírico. "El Chocó era un fortín musical en los ańos 50, nos enriquecíamos de ritmos foráneos como el Charleston, fox trot, tango, calypso, guaracha y sones. Hacíamos fusiones y de ahí salía nuestra música".

Además de componer, de fabricar instrumentos como la marímbula o el Wángano y de prestarles atención a su 14 hijos, Córdoba también ha tenido tiempo para dedicarse a la herrería, la carpintería y la construcción. "Trabajo de todo, menos en ser brujo", anota entre risas.

Por su labor como compositor, Córdoba fue impulsor del nacimiento de orquestas como Guayacán y muy cercano al Grupo Niche, de Jairo Varela. Vivió seis ańos en Bogotá y mucho antes del nacimiento de estas dos agrupaciones, pasó mucho tiempo cantando y tocando en los mismos sitios que ellos.

"A pesar de que yo le di la mano a Guayacán, con letras y bases musicales, ellos nunca me la dieron a mí", dice con desgano.

No encontrar apoyo en Bogotá y el efecto de la altura en su cuerpo hicieron que `El Brujo regresara a Quibdó.  Allí fue redescubierto por Guana Récords, que lo convocó para una compilación de música del Chocó.

Ahora, con la misma disquera, prepara el lanzamienlo de la producción Música del viejo Chocó, un álbum con doce temas de él y de otros compositores. Parte de ese trabajo y de sus más de mil composiciones serán las que el músico presentará en el concierto Sonidos de la Tierra. Su turno será mańana, cuando esté de nuevo, en un escenario bogotano, con sus sones, boleros y guarachas, alimentados por los ritmos que desembarcaron por el Atrato.

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de julio de 2007

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Alfonso Córdoba, El Brujo

por Paola Villamarín
enviada especial de El Tiempo

"ĄBrujería!", gritan casi cantando quienes saludan en las calles de Quibdó al maestro Alfonso Córdoba `El Brujo. A su paso, recibe alegres miradas y efusivos saludos, a los que responde con su sonrisa amplia o con un "hola, mi rey".

Elegantísimo, vestido con un pantalón beis, un saco tortuga brillante y una boina, camina hacia el malecón de la capital chocoana horas antes de ofrecer un pequeńo concierto en el bar Borojó y Café.

`El Brujo, un sobrenombre que significa hombre que sabe mucho, es una de las grandes personalidades de Quibdó. No podría ser diferente. Su ingenio le ha permitido expresarse con sabiduría no solo en la música y en la composición, que son las que más renombre le han dado, sino en la joyería, el diseńo de disfraces, la talla en madera y la construcción de instrumentos musicales.

Razón por la cual su amigo, el intelectual y gran conversador Carmelo Enrique Rentería, dice que "guardadas las proporciones, él es nuestro Da Vinci sin barba, nuestro Da Vinci negro".

La composición, el canto, el dibujo y la talla empezaron a aparecer en su vida "de manera atropellada", como `El Brujo lo describe. A diferencia de Da Vinci, cuya primera inspiración vino de la naturaleza, la de él provino de las imágenes de santos expuestas en las iglesias.

"Las mentalizaba y las copiaba en barro con los compańeros. Hacíamos pequeńas procesiones. Pero yo era casi siempre regańado en mi casa, porque eso se veía como un sacrilegio. Entonces, las hacía a escondidas por la mańana y las dańaba por la tarde", dice, mirando hacia la Catedral de Quibdó, a una cuadra del río Atrato y una de las edificaciones más vistosas de la ciudad.

Por esa época, cuando tenía unos diez ańos, `El Brujo compuso su primera canción. "La recuerdo, cómo no. Muy burda, eso sí: `El pobre Cándido que es un estúpido compra específicos en cantidad para que Pánfilo que es su hijo único y está raquítico pueda engordar" .

Historias de bogas

Eran tiempos en los que su padre, que había sido boga durante más de 15 ańos y ejercía como carpintero de ribera, llevaba a su casa a Cupertino Murillo, su fiel compańero de los trajines por los ríos Atrato y San Juan.

A cambio de tabaco fresco y café, los muchachos de la cuadra de `El Brujo, en el tradicional barrio La Yesquita de Quibdó, podían escuchar los relatos del `filósofo campesino, como lo llama el maestro. "Ahí está cifrado gran parte de mi repertorio musical", comenta, refiriéndose al origen de sus canciones y sus `canticuentos.

Una vez en el malecón, el maestro aborda una lancha. El Atrato, el río imponente, caudaloso, que atravesó su papá un siglo atrás mientras entretenía a los pasajeros con sus coplas, canciones, dé cimas y cuentos, ha sido su sitio ańorado, el corredor por el cual le llegó en acetatos la música foránea, y ha marcado su camino de salida a lugares que cambiaron su vida.

Al río Baudó, donde durante tres ańos investigó su música vernácula. A Barranquilla, su ciudad durante 18 ańos, en la que se volvió joyero y creó Los Mayorales del Ritmo, su primera agrupación. Y a Bogotá, a la que viajó con la promesa de integrarse al Grupo Niche como cantante y compositor; algo que jamás ocurrió, y donde se abrió paso, pese a las adversidades, al conformar los grupos El Brujo y su Timba y El Brujo y su Banda.

Como el río que recorre antes de su concierto, la vida de `El brujo, su música y los ritmos y canciones que ha recolectado durante más de 60 ańos son imposibles de abarcar.

Gospel chocoano

Se sabe de memoria canciones invaluables que pocos conocen y que, por ende, han ido desapareciendo. "Acá hicimos el equivalente a la música espiritual de Estados Unidos. El alabado -canción fúnebre del Pacífico- es nuestro gospel".

Y el maestro se lanza a cantar, no sin decir primero que esta canción triste es originalmente interpretada por muchas voces: "Viernes Santo, murió Dios. Viernes le hacen el entierro. Sábado le cantan gloria. Domingo sube a los cielos (...)".

La biblioteca musical del Pacífico, que ya tiene 82 ańos, ha logrado casi todo lo que ha querido en sus artes.

Ha grabado dos discos, el último el ańo pasado. Ha tenido éxitos en radio, como Vano retorno, grabado por la Orquesta Guayacán. Ha recibido el Premio Nacional de Joyería. Y ha sido muchas veces ganador de las Fiestas de San Pacho, con sus disfraces.

Sobre la lancha, mirando la caída de la tarde sobre su Quibdó adorado, dice que sus ańos han sido alegres. "Quien hace música no puede ser una persona triste, porque la música es el aliento del ánima".

Por ahora está estancado en su pueblo, con grandes ideas dándole vueltas en su cabeza y con una imposibilidad de ejecutarlas que lo desespera.

Quiere hacer, con una gran orquesta, un disco para difundir la música desconocida o perdida del Chocó. Y, por otro lado, armar un concierto de cámara donde los alabados sean los protagonistas y sean interpretados por un grupo polifónico. El maestro está impaciente. Su energía creativa sigue tan activa como siempre.  De regreso al malecón, `El brujo recobra la esperanza. Su concierto en Borojó y Café va a empezar.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de febrero de 2008

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Murió un grande de la cultura negra

Uno de los artistas más completos del Pacífico, Alfonso Córdoba, El brujo, falleció ayer en Quibdó, a los 83 años.

Compositor, músico, orfebre, tallador, diseñador de disfraces, constructor de instrumentos e investigador de los ritmos del Pacífico, El brujo era uno de los pilares de la cultura negra colombiana.

A pesar de que había estado enfermo en el último año, aquejado por su corazón, tuvo un año prolífico. Grabó con Alexis Lozano, director de Guayacán, un disco de música chocoana y son, que no alcanzó a ver publicado.

"Él sentía que se iba a ir y por eso quería que el CD saliera rápido", dice Douglas Cújar, su amigo y asesor cultural de la Fundación Fiesta Franciscana de Quibdó.

El brujo, un sobrenombre que significa hombre que sabe mucho, compuso por lo menos dos éxitos del grupo Guayacán: Vano retorno (que le hizo a un mujer que lo abandonó) y Son cepillado. Su canción Nostalgia africana fue grabada por Yuri Buenaventura. En sus 70 años de vida musical, el maestro conformó siete orquestas: Los negritos del ritmo, El brujo y su banda, Grupo africanto, Sukundún, Raza, Los brujos del son y El brujo y su timba.

"Con El brujo se cometió una gran injusticia: murió con la mayoría de su música inédita. Tenía más de 800 composiciones propias", dice el gestor cultural Lucas Silva, que estaba haciendo un documental sobre la vida y la obra del maestro, y también un disco de música tradicional.

Alfonso Córdoba empezó a componer a los 14 años y desde muy niño hacía tallas de madera. "Fue un orfebre, el mejor orfebre de Colombia. Trabajaba el oro como nadie. Su estilo era la filigrana. Además, fue un gran cantante de la música de su tiempo. Pero, sobre todo, fue tremendo compositor", comenta Niño Caicedo, su amigo y compositor de muchos éxitos de Guayacán.

El brujo recibió muchos galardones, como el Premio Nacional de Joyería. El año pasado el festival de música del Pacífico Petronio Álvarez le hizo un homenaje.

Dejó pendientes muchos proyectos. Como aquel de reunir a un enorme grupo de niños para cantar, a capella, alabados y cantos tradicionales del Pacífico, esos que tanto lo conmovían y que lo hacían llorar mientras los interpretaba.

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de junio de 2009