Marco Salas Yepes

Pintores

Figura Humana

 

 

Marco A. Salas Yepes

Marco A. Salas Yépez

pintor

A ColArte

 

 

 

Cristo, por Marcos Salas YepezMarco Salas Yépez pertenece a la familia ecuatoriana de los pintores Salas, reconocidos por la crítica nacional y mundial como los pinceles más destacados de la historia en el campo del retrato .  Pintaron a hombres célebres como el Libertador Simón Bolívar, Sucre, Alfaro y todos los héroes de la emancipación, como también a la aristocracia  del Ecuador y Europa al cumplir Misiones diplomáticas.

En el gobierno de Osvaldo Hurtado fue nombrado Pintor Oficial de Palacio y recibió el encargo de hacer los retratos de Juan José Flores, Jaime Roldós, Velasco Ibarra , Otto Arosemena, León Febres Cordero ,Carlos Julio Arosemena , algunas obras en las Fuerzas Armadas .

El retrato mas hermoso fue el de su Santidad Juan Pablo II .

Además, fue músico La Sinfónica Nacional toca su obra Variaciones sobre un tema Acústico  para Guitarra  y un gran poeta.

Tomado de http://www.colegiomasay.com/index.php?int=1&codsmen=14&codmen1=4&cuenta=

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  Latacunga, domingo 17 de julio del 2011

La dinastía de los Salas (Ecuador) 

La afamada dinastía de los Salas en la pintura no tiene precedentes en la historia de las artes plásticas del país, la originó Antonio Salas, quien tuvo como 20 hijos en sus dos matrimonios, y la mayoría de ellos fueron aprendices y profesionales del arte.
De su matrimonio con Tomasa Paredes nació Ramón, que se dedicó a registrar las costumbres populares en acuarela. De su segundo matrimonio, Eulalia Estrada, son Rafael, Diego, Jerónimo, Brígida, Josefina, Gabina, Camilo Agustín y Felipe. Sin duda, Rafael fue el más estimado.
Antonio Salas nació en Quito hacia 1780 y murió en esta misma ciudad en 1860, vivió Salas varias etapas de nuestra historia: colonia, independencia y república, por lo tanto, conoció a personajes de tan diversa clase que, su pintura tuvo temas, igualmente extremadamente diversos, allí están soldados, héroes, próceres, burgueses, religiosos, etc.
Se cuenta una vivencia que marcó parte de su vida y se refiere a lo siguiente:
Antonio Salas tenía su taller en una casa, propiedad de Francisco Javier Cansino, ubicada en San Blas. Allí mantenía relaciones adúlteras con la hermana Nicolasa Cansino, a quien pasaba una cantidad fija para la manutención de un hijo. El 19 de marzo de 1824, día de San José, Salas que iba camino a la iglesia para cumplir con el precepto, se encontró con su amigo Antonio López y de dedicaron a beber copiosamente. Llegada las dos de la tarde, los amigos se separaron, López fue al cuartel y Salas a la Iglesia de San Agustín para oír misa. De regreso a casa, Salas subió al segundo piso, insultó violentamente a Nicolasa y después la agredió con una daga, produciéndola heridas mortales. Envuelto aún en los vapores del alcohol, Salas se marchó a continuar con los trabajos de decoración que estaba realizando en la casa de Joaquín Gutiérrez, sin percatarse del crimen que había cometido. Entretanto, el regidor del Cabildo, Camilo Caldas, ante el hecho público y notorio, ordenó el inicio del proceso criminal. El 9 de abril dispuso la prisión de Salas y el embargo de sus bienes. Caldas dictó la sentencia en agosto, condenando a Salas a “cinco años de destierro y a pagar las costas del Proceso, que deberán pagarse con la renta de los bienes secuestrados”.
Por aquellos días, Salas realizaba algunas pinturas por encargo del coronel Juan José Flores (superintendente del departamento de Quito), quien intercedió ante el juez pidiendo que el reo guarde prisión “…en una de las piezas de este Palacio, en donde se mantendrá con la seguridad que corresponde…”. Sin embargo, el juez se mantuvo en su dictamen y solo accedió a cambiar el lugar del destierro de Punta de Piedra a la ciudad de Loja, a donde Salas llegó a mediados de 1825. Sin embargo, el curso de los acontecimientos políticos terminaría por beneficiar a Salas.
Pues, Flores luego de la turbulencia política de aquellos años, no había olvidado a Antonio Salas y su inacabado encargo. En 1824 Salas había empezado a pintar los retratos de los generales de la independencia cuando debió abandonar su trabajo para cumplir la condena por el asesinato de Nicolasa Cansino. La intervención del general Flores, ante el Congreso de 1832 solicitando el indulto para Salas en virtud de sus méritos artísticos, resultó fundamental para el progreso del arte ecuatoriano.
Son varios militares retratados: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Juan José Flores, Adolfo Klinger, Illingworth, Córdova, Santander, Isidoro Barriga, Leonardo Stagg, Ignacio Torres, Salom, Tomás Wright, Cordero, Pareja, Vicente Aguirre, Luzárraga, Castillo, Mires, Antonio Farfán, Pallares, Manuel Matheu, Sáenz, Guerra, Tomás Talbot, González y Barreto. Estos son de cuerpo entero, con uniforme militar y los distintivos de su rango, todas las pinturas miden 220 x 85 cm. y los personajes pintados están sobre una suerte de pedestal, en cuyo centro consta su apellido.
Estos han consagrado a Salas, su grandeza artística ha sobrepasado el tiempo y el espacio histórico.
Y, cabe una anécdota sobre la vida de este gran artista, gracias al artista francés Ernesto Charton que recorría por encargo de la revista Le Tour du Monde Ecuador, quien visitó a Salas en su taller, y le admiró que lo acompañaran tantos jóvenes aprendices en su tan delicado arte “…manifesté a mi hospedero el entusiasmo que sentía a la vista de un personal tan numeroso y le felicité de haber adquirido tanta reputación como para reunir tanto discípulos…”.
 El anciano se echó a reír –dice Charton- a le mencionó al francés: “….Vuestros elogios caen mal, señor,…. ( ) … los jóvenes que acabáis de ver son mis hijos…” ¿Vuestros hijos? ¡Pero yo he contado por lo menos quince!
He tenido veinte, señor, y de este número, diecisiete trabajan conmigo. Os voy a presentar a los dos mayores: estos son los mocetones que han aprovechado de los ejemplos de su padre, como los podéis juzgar. Entramos en una pieza vecina –sigue Charton- y encontré a dos jóvenes artistas, Rafael y Domingo, pintando grandes lienzos, cuyos motivos, tomados de la Historia Sagrada, estaban tratados de modo bastante libre y con un sentido delicado de los colores.
Como les preguntara si tenían modelos, me enseñaron grabados del tamaño de la mano, de los que aprovechaban para los asuntos que estaban pintando. Fue grande mi sorpresa.
Lo cierto es que Antonio Salas ha pasado a la historia como el tronco generacional de una serie de grandes artistas, hasta hace poco, teníamos al gran Marco Salas Yépez, autor de algunos grandes retratos de presidentes del país, además de personalidades a  nivel mundial, falleció en 1994, y fue hijo de Rafael Salas Alzadora (hijo del pintor Rafael Salas Estrada). Sin duda, el más afamado de la dinastía es Rafael y el primer paisajista del país.
En Latacunga vino a parar un hijo natural de uno de los artistas Salas, se llamó Rafael Salas Ocaña, inicialmente tuvo la acogida de las madres Betlehemitas, donde pintó varios cuadros de temas religiosos, entonces lo conoció el entonces rector del colegio Vicente León Dr. Marco Tulio Varea Quevedo, hacia 1925, y lo contrató para trabajar algo más de cincuenta retratos de personalidades de la historia local, nacional y universal, retratos que fueron inicialmente colocados en las aulas y espacios administrativos del plantel, hoy, el Instituto Vicente León no cuenta con más de 12 retratos de aquel artista, los Institutos “Simón Rodríguez” y Ramón Barba Naranjo” poseen el de sus respectivos patronos.
Son retratos valiosísimos, muy bien logrados  y con la calidad de un Salas, valdría la pena cuidarlos y mantenerlos con la seguridad del caso. El caso de Rafael Salas Ocaña es digno de otro comentario, que lo haré oportuno y con documentación historiográfica en mano.
Archivo y biblioteca del autor.

Tomado de http://www.lagaceta.com.ec/site/html/pagina.php?sc_id=9&c_id=87&pg_id=26016