Santa Barbara de Arauca Ciudad Capital Casanare

Ciudades y sitios

  Santa Bárbara de Arauca

capital de Arauca

 
A ColArte
   

SANTA BÁRBARA DE ARAUCA.

por Germán Hislen Giraldo Castaño
 

Capital del departamento de Arauca, ubicada en la margen derecha del río homónimo y fundada en el sitio denominado Caño Córdoba el 4 de diciembre de 1780 por el sacerdote Juan Isidro Daboín y su acompañante Antonio Useche, procedentes de la vecina provincia de Barinas en Venezuela. El lugar fue descubierto por los alemanes Jorge Espira, Nicolás de Federmán y Felipe de Hutten quienes cruzaron por allí en 1534, 1537 y 1538 respectivamente en búsqueda de El Dorado. En 1541 Hernán Pérez de Quesada también recorrió las sabanas Araucanas, y e n 1628 el conquistador Alonso Pérez de Guzmán llegó hasta los Llanos de Arauca y Casanare en proximidades al río Tame. Los misioneros jesuitas arribaron en el año 1625 a fin de evangelizar a familias indígenas como Aracuas, Araucas, Aruacas, Achaguas, Airicos, Giraras, Betoyes, Cuibas, Chiricoas, Eles, Guahibos y Tunebos, nómadas de los Llanos arauco-casanareños desde la época prehispánica. Para adelantar la actividad misionera los jesuitas solicitaron a la Real Audiencia la adjudicación de las tierras situadas a uno y otro lado del río Casanare, donde fundaron grandes haciendas ganaderas como Caribabare, Tocaría, Patute, Cravo y Cririchama.

Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, comenzó un proceso de inmigración a estos lugares, originado en la posibilidad de la zona para la práctica de la ganadería extensiva y a la necesidad de fijar un sitio que sirviera de límite y punto de encuentro entre los Llanos del Casanare y la Comandancia de Barinas pertenecientes al Virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía general de Venezuela respectivamente. Una vez el gobernador de la provincia de Casanare Joseph Caicedo le otorgó la licencia de poblamiento a Juan Isidro Daboín, comenzó la construcción de la iglesia, viviendas y el establecimiento de fundaciones agropecuarias, por parte de pobladores iniciales como Francisco, Ignacio y Juan Inocencio Domínguez, Joaquín y Joseph Clemente Cisneros, Joaquín Serrano y Santana Díaz, todos de origen venezolano. En 1784 arribó al caserío el arzobispo de Santafé Joaquín Pedreros, quien en nombre del virrey Caballero y Góngora erigió canónicamente la Viceparroquia de Santa Bárbara de Arauca. Hasta 1810, los venezolanos habían realizado más de 20 peticiones de tierra a la gobernación de los Llanos para establecerse en el lugar. Un caso representativo fue Crisóstomo Natera, quien en un terreno de casi 20.000 hectáreas de sabana otorgadas por la Gobernación de los Llanos, estableció un hato de 3000 animales entre reses y caballos, además de más de 12.000 que tenía en su hacienda en Barinas, la cual quería unir con la recién otorgada en los Llanos araucanos. Para evitar conflictos por la posesión de la tierra se procedió a su legalización. La solicitud fue formulada a la Real Audiencia por Juan Inocencio Domínguez. El deslinde de los predios se inició el 2 de marzo de 1795. Se contabilizaron 1305 estancias de ganado con un promedio de 317,52 hectáreas cada una. El provisor eclesiástico Joaquín Pedreros quien visitó el sitio cuatro años después de la fundación, encontró cerca de cien habitantes; seis años después la cifra se había incrementado a 207.

Lo anterior asociado a la falta de un párroco permanente, la usurpación de la soberanía política realizada por el gobernador de Guasdualito (Venezuela) y a que el comercio entre las poblaciones de Chire y Arauca era posible únicamente en verano, hizo que los pobladores propusieron la elección de un Alcalde, Partidario o Pedáneo. Una vez acogida la solicitud por parte del gobernador de los Llanos, se escogió entre los vecinos prominentes de la localidad a Rafael Mendieta para el periodo de 1799, con ello no disminuyeron los dificultades, debido a que los mandatarios usaron su poder para expandir los hatos en perjuicio de los más pobres. Todo esto desalentaba a los pobladores. Para corregir esta falencia, en 1797 los vecinos de la aldea propusieron recolectar 200 pesos para los estipendios de un sacerdote en propiedad; la medida fue negada por inconveniente y únicamente hasta 1807 se designó al presbítero Juan José de León. La construcción de la iglesia en ladrillo también se inició en la misma época; los materiales tuvieron un costo de 15.670 pesos, de los cuales 10.764 fueron recolectados entre los habitantes de la aldea por orden de la Real Hacienda. El resto fue aportado por las casas reales, el Cura y el Mayordomo de la iglesia. Por su parte, el hacendado venezolano Gregorio Lemus Ortiz, nombrado por la Real Audiencia capitán poblador y corregidor de las misiones de Cuiloto, fue quien gestionó ante las autoridades virreinales en el año 1789 el envío a la zona de los frailes capuchinos José Antonio Cervera, Tadeo Valencia y Buenaventura Xixoma. Hasta 1797, estos habían fundado los pueblos indígenas de Soledad de Cravo, San Javier de Cuiloto, San José de Ele, San Joaquín de Lipa y San Fernando de Arauca, los cuales albergaban cerca de 800 indígenas en 1897.

En la guerra de independencia, la ciudad de Arauca constituyó un gobierno revolucionario orientado a dirigir las operaciones militares para el derrocamiento del despotismo español. Debido a la contienda bélica y los efectos que esta tuvo sobre los hatos, se despobló la región. De los 21.931 habitantes contabilizados en toda la Provincia del Casanare en 1790 solo quedaban 18.489 en 1843, de los cuales 3.599 correspondían a la villa de Arauca. Una leve recuperación demográfica comenzó a presentarse en el lugar después de 1856. Debido a la firma del tratado de Libre Comercio entre Colombia y Venezuela y que autorizaba el libre tránsito por el río Orinoco, comenzaron a arribar al puerto fluvial de Arauca comerciantes extranjeros de origen turco, sirio, libaneses, árabes, palestinos, italianos, franceses y venezolanos, con apellidos como Abunassar, Ataya, Bestone, Camel, Caroprese, Carolcanti, Colamarco, Matus, Martín, Maurno, Murzi, Speranza, Spocito, Vageon, Lomónaco, Matus, Abunassar, Ataya, Vallié, Manera, etc, la mayoría de los cuales se diseminaron por la margen del río Arauca entre las poblaciones de Arauca y Arauquita, Durante el verano arribaban a la villa de Arauca, los grandes bongos y chalupas guiados por el sistema de bogas trayendo carga desde Ciudad Bolívar (Venezuela) para compañías comerciales fundadas por estos. De regreso llevaban cueros de res y productos derivados de la industria ganadera. El viaje podía durar 18 días y el regreso 65. En invierno debido al enorme caudal de los ríos se producía la entrada hasta Arauca y Orocué de embarcaciones de gran calado.

Este florecimiento comercial que empujó el crecimiento poblacional de ciudad a casi 6.000 habitantes en 1889, llegó a su fin a raíz de factores como la llegada a la presidencia de Venezuela de Cipriano Castro en 1899 quien abolió el libre comercio por el río Orinoco. Otra adversidad para la región fue la guerra de los Mil Días en Colombia. Lo anterior estuvo asociado también al aislamiento geográfico y al olvido del gobierno nacional hacia la región, lo cual influyó para que también se presentaran sublevaciones contra las autoridades oficiales de la ciudad de Arauca como la de Luis Felipe Laverde en 1910 y de Humberto Gómez en diciembre de 1916, la primera de las cuales buscaba liberar la región de la dependencia boyacense y la segunda proclamar la “República de Uribe” en Arauca, con el objetivo de reivindicar el ideario del jefe liberal Rafael Uribe Uribe. Por estas presiones, en 1911 el presidente colombiano Carlos E. Restrepo dictó el Decreto 306 de 1911, que creaba la Comisaría Especial del Arauca, integrada por el municipio de Arauca como capital, y la localidades de Arauquita, y Cravo Norte. Mediante el Decreto 1000 de 1923, Pedro Nel Ospina, agregó a la Comisaría los municipios de Tame y San Lope. Los mil quinientos hombres enviados desde Bogotá para sofocar la revuelta de Gómez arribaron a la población mes y medio después. Esto estimuló la construcción del llamado Camino del Sarare que uniera a Arauca con Norte de Santander, evitando el paso por Venezuela. En 1956 este llegaba hasta inmediaciones del río Cabugón y Cobaría en el departamento de Boyacá.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, los pobladores fueron afectados por enfermedades sanitarias como: malaria, sífilis, reumatismo y el Beriberi. Debido a que la tasa de mortalidad infantil en 1913 alcanzó el 65 por ciento, y a que una epidemia de disentería en 1919 produjo 200 victimas, el párroco Larquére y el comisario Julio Acosta decidieron fundar un hospital en la ciudad, el cual abrió sus puertas en marzo de 1920. La obra se agregó a una infraestructura urbana que al comenzar la década del treinta comprendía la avenida Olaya Herrera, y los barrios El Terraplén, La Faltriquera, Caño Zamuro, El Desparramo y El Banco. El poblado era habitualmente inundado por el río, lo que limitaba su expansión. Los pequeños progresos que tuvo hasta 1967, año en que se inauguró el Puente Internacional José Antonio Páez, estuvieron limitados a aquellas zonas liberadas por el río tales como Madre Vieja y Caño Zamuro, territorios en los cuales se construyeron barrios como Pozo Azul, Las Cañadas, Barrio Loco, Aeropuerto, Las Chorreras y Chisquero. La inauguración del Puente Internacional viabilizó el transito comercial con Venezuela de donde se traían toda clase de mercancías y materiales para la construcción de nuevas viviendas, las cuales se edificaron sobre bajíos y zonas pantanosas, dando origen a sectores urbanos como Santa Teresita, Miramar, Cristo Rey, Córdoba, La Esperanza, San Luís, Hospital, El Centro, Olaya Herrera, Rondón, Leoni-Valencia, Aeropuerto,. En 1967 se calculó que la ciudad tenía unas dos mil doscientas edificaciones ocupadas por cerca de cinco mil familias, con veinte mil habitantes. Este crecimiento poblacional que presentó el municipio, en la década del setenta, se debe en primer lugar al desplazamiento de colonos desde el Sarare o piedemonte araucano a las áreas rurales o urbanas de la sabana, quienes habían arribado allí espontáneamente o inscritos en los planes de colonización adelantados por la Caja de Crédito Agrario y el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), después del año 1959. Un segundo factor, el descubrimiento en 1983 del pozo petrolífero de Caño Limón, causó la afluencia de cientos de inmigrantes del interior del país. Gracias a ambos factores, la población de la Intendencia pasó de 130.000 habitantes en 1985 a 241.800 en 1992. Únicamente el municipio de Arauca que en 1985 tenía 39.796 habitantes, alcanzó 75. 557 en 2005, con una proyección para 2008 de 93.204. Con las regalías del petróleo, el presupuesto araucano pasó de un millón de dólares en 1985 a 20 millones dólares en 1997 y a cien en 1990, gran parte de los cuales se malversaron en corrupción, o se invirtieron en la construcción de obras de infraestructura y de interés público, como la villa olímpica, el Velódromo Miguel Ángel Bermúdez, la Manga de Coleo Chapín Bello, el dique perimetral, la red de alcantarillado, el Centro Administrativo Municipal “El Arauco”, la piscina con oOlas o Acuaparque las Toninas, el Coliseo Cubierto y el Malecón Eco turístico.

El modo de vida de los araucanos es producto de su geografía y del sincretismo cultural y racial entre indígenas y españoles. La influencia venezolana hace peculiar la cultura de este territorio. Prácticas de cacería y pesca, fueron aprendidas de los aborígenes y actividades agrícolas y pecuarias como la recogida periódica del ganado, la marcación con hierro y su conducción a territorios lejanos, para las cuales es indispensable el empleo del caballo, fueron traídas por los españoles. Según Rausch:

De los indígenas los vaqueros aprendieron a convertirse en prácticos de los ríos; las continuas inundaciones los obligaron a atravesar a nado los ríos conduciendo sus ganados así que reemplazaron sus pesadas polainas de cuero que los arrastraban al fondo del agua por ligeras alpargatas o desecharon todo tipo de calzado; reemplazaron sus pesadas prendas de vestir por ligeras camisas de algodón, sombreros llamados peloeguamas y ponchos llamados bayetones. Dormían en hamacas elaboradas con hojas de palma de moriche y cumare; complementaron su dieta alimenticia de carne con pescado y hortalizas cultivadas en huertas caseras....en todas las haciendas, se encontraban estos vaqueros mestizos quienes, en su mayoría, no eran proscritos que vivieran sin Dios ni ley en comunidades allende la frontera, ni entre sus miembros se contaban hombres de raza negra libertos o esclavos.

Esta condensación cultural también se expresó en creencias, supersticiones, costumbres y tradiciones propias de la región, como rezos para curar mordeduras de serpientes; la existencia de espantos endemoniados que desandan por la llanura; pactos entre seres humanos y el diablo con el fin de conseguir dinero; muertos que asustan porque en la vida fueron malos o que sufren porque dejaron tesoros enterrados; brujas que vuelan, adivinan pensamientos, presagian catástrofes y hacen hablar a personas dormidas. Estas creencias se complementan con leyendas como La Llorona, La Sayona o Mancarita; El Fin-Fin o Silbón y la Bola de Fuego.

Personajes notables en el campo militar, como el soldado Francisco Cisneros Olivero quien combatió al lado de Bolívar en la guerra de independencia, e Inocencio Chincá quien fue uno de los catorce jinetes que combatieron con Rondón en la batalla del Pantano de Vargas; el músico Pedro Mario Gaín; escritores como Rogerio Guáqueta Gallardo, Ernesto Camejo, entre otros, son representantes de la cultura araucana. Tal como dice Rausch, “desde las postrimerías del siglo XIX, el gobierno central establecido en Bogotá abandonó la quimera de los Llanos como la tierra del futuro”. ¿Hasta cuándo persistirá el abandono?  

BIBLIOGRAFÍA

Camejo, Ernesto. Breves Apuntaciones Sobre Arauca . Escuelas Gráficas Salesianas. Bogotá. 1940.

Delgado, Daniel. Excursiones por Casanare . Imprenta de la Luz .Bogotá. 1910.

Giraldo Castaño, Germán Hislen. Colonización de la Orinoquía Colombiana . Ediciones Antropos. Bogotá. 2006.

Gómez Picón, Rafael. Orinoco Río de la Libertad . Banco de la República. Bogotá. 1978.

Guáqueta Gallardo, Rogerio. Arauca, Ciudad Bicentenaria . Cooperativa Nacional de Artes Gráficas. Bogotá. 1980

Loyo Rojas, Raúl. Karanav, Relatos Breves y Crónicas: El Llano: Su gente....Su Folklore. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá 1985.

Matus Caile, Miguel. Leyendas y Costumbres del Alto y Bajo Arauca . Bogotá. 1990.

Sepúlveda Escobar, Carlos Humberto y Rueda Enciso, José Eduardo. Ensayos de Historia Araucana . Tomo I. Ediciones Gente Nueva. Santa Fé de Bogotá. 1992.

Rausch, Jane. Una Frontera de la Sabana Tropical los Llanos de Colombia 1531-1831. Bogotá, 1994.

Rausch, Jane . La Frontera de los Llanos en la Historia de Colombia.1830-1930. El Ancora editores, Banco de la República, Bogotá, 2002.

Tomado de la Revista Credencial Historia, Edición 237, septiembre de 2009


   

El Municipio de Arauca fue descubierto en 1536 por el conquistador Alemán Jorge de Espira, seguidamente hicieron presencia conquistadores españoles quienes pasaron por esta tierra pero no fundaron población alguna, pues su misión era la búsqueda del Dorado. Posteriormente ingresaron los Jesuitas los cuales acompañados de ricos hacendados que generaron los primeros asentamientos humanos, procesos que causo grave daño al entorno: civilización, evangelización y la explotación de los guahibos especialmente, para incrementar la economía con actividades agrícolas y pecuarias, cabe recalcar que La villa de Santa Bárbara de Arauca es fundada el 4 de diciembre de 1780, por el presbítero Juan Isidro Daboín, procedente de la provincia de Barinas, en compañía del venezolano José Antonio Useche; cruzan el río y encuentran comunidades de indígenas Guhaibos, capitaneadas por el cacique Ignacio. Aculturados por misioneros jesuitas y dominicos que se desplazaban de Casanare, Meta y Barinas.

Cuatro años después de fundada, la Villa de Santa Bárbara de Arauca fue llevada a viceparroquia por el arzobispo Joaquín Pedreros, facultada por el Virrey Caballero y Góngora; ratifica el padre Daboín, a quien había facultado dos años antes, permitir las industrias agrícola y pecuaria.

A ello se agregan la fundación de pueblos indígenas en la época naciente de la Villa de Santa Bárbara de Arauca: San Javier de Cuiloto, San José de Ele, San Joaquín de Lipa y San Fernando de Arauca.

A su vez la Villa de Santa Bárbara de Arauca, fue cuatro veces capital:

1. Capital de la República, gobierno revolucionario, constituido el 16 de julio de 1816.
2. Capital de la Comisaría especial, Decreto 306 de 1911.
3. Capital de la intendencia Nacional de Arauca, elevada por decreto 01113 de 1955
4. Capital petrolera de Colombia 1986.

El municipio por pertenecer a la cuenca binacional del río Arauca, con una gran parte del recorrido navegable, ofrece la posibilidad de comunicarse y de comercializar productos como se hizo en el pasado.

Arauca en su suelo rural cuenta con grandes extensiones de tierra donde la poca penetración e intervención en zonas como la parte sur-oriental del municipio permite la localización de riquezas faunisticas y florísticas endémicas; lo cual la convierte en un lugar llamativo para el fomento del turismo ecológico y la creación de espacios de caza y pesca con fines de esparcimiento; pero con las debidas normas y restricciones.

Tomado de http://www.corporinoquia.gov.co/opags/carauca/paginas/arauca.htm