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Las imágenes en movimiento

La tozudez y la pasión de dos familias, los Di Domenico y los Acevedo, hicieron posible el desarrollo del séptimo arte en Colombia.

Dos años después de haber sido inventado por los hermanos Lumiére en Europa, en 1897 llegó el cinematógrafo a Colombia con la Compañía Universal de Variedades, que presentó la primera función de cine, en Colón (Panamá). A partir de entonces, varios empresarios extranjeros comenzaron a ofrecerlo en las ciudades más importantes del país. A Bogotá llegó el primero de septiembre de ese año, en el Teatro Municipal.

En esa época lo usual era que las películas atraparan paisajes v momentos familiares. Tanto es así que, como dice el realizador Luis Ospina en su texto Fracaso de una ilusión (revista El Malpensante), basado en una crónica del periódico ElFerrocarrilde Cali, las primeras tomas en tierras colombianas se hicieron en lugares simbólicos de esa ciudad.

El devenir del cine colombiano se truncó con la Guerra de los Mil Días (1899-1902) y la separación de Panamá (1903). Sin embargo, en 1910 recibió un nuevo aire con la llegada de los hermanos italianos Francisco v Vicenzo Di Domenico, quienes trajeron todos los recursos para exhibir y producir películas.

Para 1912 ya tenían listo un monumental escenario, el Salón Olimpia, que se convirtió en el espacio por excelencia de la vida social de la capital. Y allí sucedieron cosas curiosas, como lo describe Hernando Martínez Pardo en su Historia del cine colombiano (Editorial América Latina, Bogotá., 1978). La sala estaba dividida por el telón, que quedaba en toda la mitad. Los espectadores debían pagar tarifa plena para quedar en la parte delantera, v los demás tenían descuento porque veían los títulos de las películas escritos al revés y debían usar espejos para entenderlos.

Aunque todavía quedaba un gran vacío. Los empresarios distribuían y exhibían, pero todavía no llegaban a producir sus propias obras. Para tal fin, los Di Domenico fundaron en 1913 la Sociedad Industrial Cinematográfica Latinoamericana (Sicla) y dos años más tarde realizaron El drama del 15 de octubre. Se trataba de un documental sobre el asesinato del general Rafael Uribe Uribe, hecho a partir de entrevistas con los acusados del crimen: Teovigildo Galarza y Jesús Carvajal.

En los años 20, v ante la exigencia del público, se empezó a hacer cine de ficción. En 1922 se realizó María, adaptación de la obra de Jorge Isaacs, codirigida por Alfredo del Diestro y el inmigrante español Máximo Calvo. Este fue el primer largometraje de ficción colombiano, coproducido con la Valle Film Companv. Se exhibió en las principales ciudades del país y se transformó más tarde en un éxito en América Latina.

A partir de este suceso, en 1924 se estrenó en el Teatro Olimpia otro hito del cine nacional ante unas 3.000 personas: Aura o las violetas, basada en la novela homónima de José María Vargas Vila, dirigida por Pedro Moreno Garzón y Vicenzo Di Domenico. Estos directores también realizaron los cortos Como los muertos (1925), basado en la obra de Antonio Álvarez Lleras, y El amor, el deber y el crimen (1926), con los carnavales estudiantiles de Bogotá como fondo.

En esa década, considerada por Luis Ospina como la única en la historia del cine colombiano que tuvo una industria estable y rentable, también aparecieron los Acevedo. Arturo Acevedo Mallarino y sus hijos Gonzalo y Alvaro fundaron Colombia Film o la Casa Cinematográfica Colombia, con el objetivo de distribuir y exhibir películas extranjeras, además de establecer un sistema de producción nacional. M

Sus realizaciones, aunque cortas, recogen actividades de colegios, desfiles, coronaciones o fiestas taurinas, como lo demuestran Variedades 1920-1925 (nombre dado posteriormente) y los largometrajes colombianos La tragedia del silencio, en (1924), y Bajo el cielo antioqueño, (1925), considerada la primera superproducción nacional, que refleja cómo vivía la clase alta de esa región. Otra cinta que marcó esa época fue Alma provinciana, de Félix J. Rodríguez.

Los años 30 evidenciaron sin embargo aun la falta de experiencia en la realización nacional y la falta de apoyo económico. La empresa de los Di Domenico fue adquirida por el grupo Cine Colombia v el Sicla desapareció definitivamente. Los Acevedo realizaron con Cine Colombia el Noticiero Cineco, entre 1929 y 1932, que presentaba eventos históricos protagonizados por el presidente Enrique Olaya Herrera. En esa misma línea, también les hicieron seguimiento cinematográfico a los gobiernos de Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos.

Al igual que las compañías de los Acevedo y de los Di Domenico, que trabajaban desde Bogotá, en el país hubo otras realizaciones: Carnaval de Barranquilla (1914), de Floro Manco en la costa Atlántica; la pereirana Nido de cóndores (1921), de Alfonso Mejía Robledo; la caleña Tuya es la culpa (1927), de Camilo Cantinazzi; luis amores de Quelif (1928), dirigida por Carlos Arturo Sanín Restrepo y producida por la Sociedad Fumadora del Tolima S.C., y la película antioqueña Rafael Uribe Uribe o el fin de las guerras aviles en Colombia (Caminos de gloria), con textos del escritor Efe Gómez.

Finalmente, en los años 40, la precaria formación cinematográfica, tan empírica como antes, se vio apabullada por las producciones extranjeras. La excepción fue la empresa Ducrane Films, que produjo tres películas: Allá en el trapiche, Golpe de gracia y Senderos de luz de Emilio Correa Álvarez; y cuatro cortometrajes: Sinfonía de Bogotá y otros tres que tienen como tema Popayán, los Llanos y el transporte.

En 1941, en Cali, Máximo Calvo realizó la primera película sonora en Colombia: Flores del Valle. Trece años después, en la misma ciudad, se concretó otro hecho histórico: se filmó La gran obsesión, primera película colombiana a color, dirigida por Guillermo Ribón Alba v producida por Tito Mario Sandoval.

Los primeros camarógrafos

Muchos camarógrafos adquirieron la pericia necesaria durante la misma grabación de las películas. Así lo recordaba Gonzalo Acevedo en una entrevista: (tenía) muy poca (experiencia) en la Ü práctica pero mucha en teoría, por haberla estudiado en La Clnematographie de los hermanos Lumlére y en otros textos. Sabía manejar tanto la cámara como el trípode, detalle que era necesario porque en ese tiempo todo se hacía a mano. Todavía no se  aplicaban los motores a las cámaras y los trípodes se movían por medio de manivela, de manera que debían emplearse las dos manos al mismo tiempo. 

Tomado de la Revista Colombia, 200 años de Identidad, revista Semana, 2010