Sophia Vari

Grecia

Escultores

Abstracto

 

 

Sophia Vari

Escultora, pintora
 

A ColArte

 

 
Innovadora e inclasificable son los términos que podrían definir la obra de la artista griega Sophia Vari dentro del mundo de la moderna escultura clásica, en donde hoy ocupa lugar destacado. Artista de imaginación fecunda, dada al estudio permanente y la investigación, su obra no ha cesado de transformarse a lo largo de los ańos. Inicialmente pintora, se lanza al trabajo tridimensional primero con el bronce y luego con el mármol. En ańos recientes se ha involucrado también en el diseńo de joyas en materiales preciosos y semipreciosos. Del carácter sensual y voluptuoso de sus primeras esculturas, pasa a la creación de formas abstractas que denotan un conocimiento penetrante del gesto humano, y al descubrimiento de los poderosos efectos de sus formas clásicas en la escala monumental.

Tomado de http://www.villegaseditores.com/libro.html?isbn=9589393756&bzq=activos 

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Pintora y escultora de estatuas monumentales policromas.  Es la esposa del artista Fernando Botero con quien trabaja en Paris y Pietrasanta

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Sophia Vari expone en Cartagena

La muestra de 15 esculturas ha estado en ciudades como París, Montecarlo, Singapur y Madrid. La artista griega, esposa de pintor Fernando Botero, fue invitada a exponer por NH Galería

De entrada y sin preámbulos, la escultora griega Sophia Vari, esposa del pintor colombiano Fernando Botero proclama su colombianidad.  Para míes un gran honor, estoy muy orgullosa de que mi obra se exhiba en Cartagena y que esta exposición sea la primera de esculturas monumentales que se hace en esa ciudad". Para Cartagena, la muestra de 15 obras, que se inaugurará el cuatro de diciembre de este ańo, también es un privilegio pues esta serie de trabajos ya pasó por ciudades como París, Montecarlo, Singapur, Atenas y más recientemente en el Paseo de la Castellana en Madrid.

La serie es el producto de un trabajo de más de una década. "Todo lo que hago en cuanto a escultura no es monumental. Eso depende de la obra y de lo que pida. Las fui haciendo poco a poco y luego me di cuenta que tenía muchas disponibles y que era posible hacer una exposición. La monumentalidad es algo especial".

La idea de hacer esta exposición vino de la galerista colombiana Nohra Haime, quien la representa en Nueva York y el ańo pasado abrió una nueva sede de su galería en ?La Heroica. Al respecto Haime recuerda: "Sabía que su sueńo era mostrar su obra en Cartagena y yo estaba loca por hacer una gran muestra intemacional en esa ciudad. Ella es griega pero tiene su lado colombiano, así que acogió la idea. Con el apoyo de la alcaldesa Judith Pinedo y del Instituto de Cultura comenzamos este proyecto".

Las esculturas permanecerán en la ciudad hasta el 29 de febrero en zonas como las plazas de los Coches, Santo Domingo, San Pedro Claver, De la Proclamación y el Callejón de los Estribos, en una temporada en que la ciudad está abierta al turismo y la cultura, pues coincide con la realización del Festival Internacional de Música y del Hay Festival, de literatura.

De Grecia a Colombia

Sophia dice que su conexión con Colombia va más allá de su relación con Fernando Botero. "La primera vez que vine, hace 34 ańos, yo no conocía nada de América Latina y fue como un shock, porque de repente me sentí como en mi país; la mentalidad, la manera de comer, el caos simpático... me enamoré al segundo. Además, tengo una admiración profunda por el carácter de los colombianos, son muy trabajadores, especialmente los de la zona de Rionegro, donde tenemos una casa. Otra cosa que me emociona son los paisajes y las montańas de Antioquia".

Cuando se habla de exposiciones callejeras en grandes ciudades, Botero aparece como una referencia fundamental "Él empezó con estas exhibiciones monumentales. Desde la primera que hizo en los Campos Elíseos de París fue rompiendo paradigmas y ahora es algo normal". En ese camino, Sophia siempre lo acompańó.

"Hacemos los montajes juntos, aunque cada uno tiene su camino. Aprendí mucho con él, pero tengo un gran instinto para hacer estas cosas, sé cómo poner las esculturas en las calles, la composición, la distancia que deben tener entre ellas, etc.".

Para la artista griega es importante establecer la diferencia clara entre hacer una exposición en una galería o en un museo, y una en las calles de cualquier ciudad. "Cuando se tiene una muestra en un museo todo es diferente. Yo no solo hago esculturas grandes, también tengo un trabajo en pinturas y esculturas pequeńas y eso es lo que ves en tales exposiciones. Pero en esos casos, la gente va al evento. En cambio, en la calle el artista sale a buscarla. Además, es divertido ver sus reacciones".

Vari lleva más de tres décadas de matrimonio con Fernando Botero, a quien conoció durante una cena en París. "Fue una fortuna que cuando nos encontramos ya no éramos tan jóvenes. La madurez hace que uno sea más sabio y reconozca lo que es importante. Creo que eso ha ayudado a que perduremos como pareja, además de la admiración mutua, el sentido de la libertad, el amor y la inteligencia".

Tomado de la revista Caras, 5 de noviembre de 2011

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Una Artista monumental

por Pilar Calderón

Aunque Sophia Vari lleva más de 35 ańos al lado de Femando Botero -lo cual naturalmente la hace un personaje apetecible para los medios y la socialité tanto criolla como internacional-, esta vez (como muchas otras) no se trata de Botero. Se trata de ella, de su obra. De esas imponentes esculturas con las que está recorriendo el mundo y del inmenso significado que tiene para ella y para su país adoptivo, Colombia, que hayan llegado a Cartagena y se hayan convertido en este un de ańo en uno de los iconos de la ciudad.

Hace unas semanas está instalada en una pequeńa casa de Rionegro, donde ella y Botero tienen, desde hace algún tiempo, un pied-á-terre en Antioquia, la tierra del maestro. Es una casa sencilla, que Botero le compró a ojo cerrado a una prima. Cuando llegaron a verla, se encontraron con una hermosa casa tradicional antioqueńa, llena de luz, de color y de ese inequívoco olor a la tierra de uno. La de Botero pero también la de Sophia, que no solo lleva más de tres décadas viniendo a Colombia y tiene pasaporte colombiano, sino que habla y siente el país como si fuera de ella. "Me siento colombiana y paisa", dice. "He aprendido a querer este país a través de Fernando y de estar con la gente y conocerla". Y ese sentido de pertenencia fue el que precisamente la llevó a dar un sí rotundo cuando su galerista en New York desde hace 25 ańos -la colombiana Nohra Haime que tiene ahora una galería en Cartagena- le propuso traer sus esculturas monumentales a la Heroica. No era una tarea fácil. Traer más de una docena de esculturas cuya altura supera los 4 metros desde Europa, es una tarea compleja. Y aún más ubicarlas en una ciudad como Cartagena, con plazas pequeńas llenas de restaurantes y lograr que se sientan como parte de la ciudad. "La gente debe sentir las esculturas parte de su cotidianeidad", explica Sophia. "Y en Cartagena lo logramos". Como prueba de ello menciona la actitud de uno de los vecinos del restaurante La Vitrola, que pintó su fachada en los mismos colores de la escultura ubicada frente a su casa. Una de esas esculturas se quedará para siempre en Cartagena. "Es un regalo a mi segunda patria, como el que le hice a Grecia".

A sus 71 ańos, que no revela y tampoco niega, Sophia Vari es una mujer altísima y muy delgada, con una belleza que trasciende el paso del tiempo, pero sobre todo con una serenidad y una sabiduría interiores que hacen honor a su nombre. Cuando habla es fácil percibir en ella la inmensa pasión que siente por lo que hace y sobre todo, la infinita satisfacción por la vida que ha elegido, como artista y como mujer. Aunque viene de una familia de políticos -su abuelo fue presidente de Grecia-, desde muy joven supo que su camino era el arte. "Sentía que no podía respirar sin expresarme de alguna manera". Pero encontrar el camino no fue fácil. "Quería hacer escultura, pero por lo que traía de la tradición de la escultura griega, me parecía dificilísimo. Por eso empecé con la pintura. Creía que era más fácil poner una tela y pintar sobre ella. Pero siempre fui un escultor que pintaba. Yo necesito tocar Las mujeres somos más físicas que intelectuales". A los 35 ańos y cuando aún estaba en la búsqueda de su camino como artista, conoció a Botero. "Llegó en el momento en que me podía realizar, alguien con quien podía hablar del trabajo, de mis dudas, mis luchas, una persona con la cual podía expresar las cosas importantes de la vida. Me ha hecho dos regalos: su familia, y ganar mucho tiempo porque me ha ayudado a profundizar en mis técnicas. Ha sido el mejor maestro", Con Botero comparten no sólo su pasión por el arte sino también por la disciplina y la perfección. Todos los días del ańo, sin importar donde se encuentren -Pietrasanta, París, Atenas, Monte Cario, New York o Rionegro- trabajan entre 8 y 9 horas diarias. "Si no trabajo a diarío pierdo el oxígeno. Es la única condición bajo la cual puedo existir. La inspiración no le llega a uno sentado en la cama sino trabajando", asegura. Botero tiene la misma rutina y en cada casa tienen un estudio. En el de Rionegro, no muy grande pero luminoso y con enormes claraboyas en el techo, Sophia está dedicada a terminar una serie de pinturas para su próxima exposición en el Palacio de la Bolsa en Génova, Italia, adonde también llevará las esculturas que están en Cartagena. "Son ocho rotondas que se van a colgar del techo, realizadas con una técnica propia de acuarela sobre tela, similar a la del fresco, que requiere mucha precisión porque no se puede corregir nada", anota.

Luis Fernando PradillUa, galerista de Botero en Colombia, buen amigo de los dos artistas y quien llegó a Rionegro a almorzar con ellos, se incorpora a la conversación. Es el interlocutor perfecto para hablar sobre la evolución artística de Sophia. "En su época, en Grecia las mujeres no podían tener su personalidad, su trabajo. Por eso tomé la decisión de expresarme en el arte. El arte me hizo libre. Empecé siendo figurativa, pero después de un tiempo me sentí amarrada. Lo que más me interesaba era la armonía, el ritmo, la composición en el volumen y el espacio, y en la pintura figurativa no me sentía cómoda. Así que de un día para el otro pasé a ser abstracta".

En su obra hay dos elementos fundamentales: el volumen y el color. "Tengo dos personalidades: me gustan los volúmenes, pero por el otro lado quiero simplificar. Hago las esculturas con toda la monumentalidad y después con el color hago una segunda composición". Para Sophia, lo más importante es la armonía: "la llevo dentro de mi sangre". Y se nota en su forma de ser y en su obra. Sophia tiene la virtud de inyectarle espíritu y vida a lo abstracto. En palabras del reconocido crítico de arte italiano Paolo Sgarbi: "Sophia le pone humanidad a la geometría".

Pradilla, que la conoce bien, sabe que otra de las facetas de su arte es la joyería. "Son pequeńas esculturas a partir de modelos tan complejos como los de las esculturas monumentales. La monumentalidad es cuestión de proporción y no de tamańos", afirma. Fundidas en oro, plata o ébano por los mismos fabricantes que trabajan para Cartier y Boucheron, las joyas de Sophia son piezas únicas que su hija Ileana Bouboulis (de su primer matrimonio) se encarga de comercializar. Este ańo, en abril, las expondrá en la Galería Contini de Venecia.

A pesar de su natural dulzura, al hablar de arte contemporáneo no puede evitar fruncir el ceńo. "El arte de hoy es efímero. El arte debe ayudar a la gente a vivir, pero ahora cuando hablas de estética y armonía, te miran como un animal de otro planeta.

A veces me siento sola y no aceptada porque no tengo un discurso contemporáneo", dice con cierto tono de lamento.

La grandeza de Sophia viene de ella misma. De su fuerza interior, su calidez y su manera serena y armoniosa de vivir tanto el arte como la vida; de la monumentalidad, no solo la que les imprime a sus obras, sino con la que aborda cotidianamente cada cosa que hace. Pero ser la compańera inseparable de Botero marcó sin duda alguna un hito en su existencia. żQue habría sido la vida sin Fernando Botero? "No sé si existe un Dios o no, pero siempre me pregunto qué he hecho para ganarme este regalo y vivir todos estos ańos con alguien tan excepcional como persona y como artista". Con Botero ha recorrido el mundo, museos, exposiciones, pero sobre todo un largo camino como artista y como mujer. "De él aprendí que no hay nada más importante que seguir por la dirección que toca desde el primer día, así te cueste la vida. Nuestra conversación permanente me ha hecho la artista que soy. Nunca me ha hecho sentir menos importante que él", asegura. Pero es consciente de que está al lado de uno de los más grandes y de lo que eso significa. "Soy muy oriental de espíritu. Para mí el hombre es lo más importante. Es parte de mi feminidad, me siento feliz y segura de ir tres pasos más atrás".

Sus certezas frente a la vida, no le dejan espacio para temerle a la muerte. Sólo a perder la capacidad de crear. Y por eso, cuando inevitablemente llegue el fin, quiere estar todavía trabajando. "Pero eso sí, con la pintura ya firmada", concluye entre risas.

Tomado de la Revista Diners No.502, enero de 2012

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Sophía Vari y sus esculturas de cartón y papel

por María Alejandra Toro Vesga, Cultura y Entretenimiento

La artista griega expone desde hoy Pueblos de Coiombia’, en la galería Él Museo, en Bogotá.


Desde que era estudiante de Bellas Artes en Francia, Sophia Vari sintió la necesidad de trabajar con el volumen y directamente con sus manos, por lo que se inclinó por la escultura. Pero, tiempo después, la picó el bichito de la pintura y regresó al formato bidimen-sional y a la acuarela.

Sophia VariAún así, su gusto por sentir los materiales en sus manos y su tradición de es-cultora se hicieron presentes en los collages que realizó en los últimos años y que presenta en la exposición ‘Pueblos de Colombia’, en la galería El Museo, enlos quecombina texturas y colores a través de cartón, papel y acuarela.

“Un día me faltó el color, pues en la escultura no está tan presente la composición déoste”, le dijo la artista a EL TIEMPO. Por esto, decidió encontrar el punto medio entre la pintura y la escultura a través de esta técnica.

Las 24 obras que componen ‘Pueblos de Colombia’ fueron hechas en su totalidad en Colombia, explica Vari, quien, como su esposo, el colombiano Femando Botero, dedica unas ocho horas diarias a crear obra con la misma disciplina que él.

Lo hacen hasta cuando se empieza a ocultar el sol,
luego de eso se van a recorrer, a veces con un aguardiente en la mano, los pueblos cercanos a su taller. Fue en estos lugares en los que Vari notó “la sensación de riqueza y lo emocional de los colores”, dice Vari refiriéndose a los trayectos que ha hecho por los mercados de estos, donde consigue la materia prima para estas obras. “La idea de los pueblos antioqueños, la confusión, el color y la luz me inspira una sensualidad que no encuentro en otra parte”, añade mientras señala una de sus obras.

Cada una de estas piezas lleva el nombre de un pueblo: Marinilla, Abejorral o Apartado. No corresponden a una representación de cada población sino a una armonía entre la obra y su nombre, pues, para Vari, su fin como artista es hacer piezas que generen esa sensación en el espectador. “Mi propósito es dar placer a la persona que mira mi obra, que dé felicidad”. Así que si le pareció que el nombre del pueblo combinaba con el resultado de la obra, lo ‘bautizaba’.

Vari es la invitada especial a la colectiva ‘Lenguajes en papel’, que realiza por sexto año consecutivo la galería y que reúne a artistas jóvenes y consagrados que exploran y que expanden las posibilidades del papel, en ocasiones a través de esculturas y piezas hechas con total minuciosidad. En esta ocasión, participan artistas colombianos consagrados y emergentes, además de creadores de España, Perú, Chile y Venezuela. También se incluyeron bocetos y trabajos de Bernardo Salcedo, Alejandro Obregón, Luis Caballero y Femando Bote-ro, entre otros.

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de febrero de 2015

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