Carnaval de Riosucio, del Diablo Carnaval

Festival (Carnaval - Comparsas)

Figura Humana

 

Carnaval de Riosucio

http://www.carnavalriosucio.org 

Ríosucio, Caldas, enero

A ColArte

 

 


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Historia

Lo que hoy se conoce como Riosucio se encontraba dividido en dos comunidades antagonistas (La Montaña y Quiebralomo). Su rivalidad era tal que cada una de ellas tenia su propio parque y su propia Iglesia, hasta que los sacerdotes (José Ramón Bueno y José Bonifacio Bonafont), cansados de esta insana competencia, reunieron a todos en lo que hoy se conoce como la Calle del Comercio, conminándolos a unirse como un solo pueblo, diciendo que el mismísimo Satanás vendría a castigar a quien incumpliera tan divina solicitud. Para celebrar la unión se llevó a cabo una fiesta en honor de los Reyes Magos, por lo cual el Carnaval siempre coincide con tales fechas.

Con el tiempo éste se convirtió en una fiesta llena de alegría, humor y diversión. En el año de 1915 se adoptó la figura del diablo como la efigie de la festividad.

El carnaval se compone de:

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El decreto: es un mandato en verso donde se critica humorística y constructivamente la gente de Riosucio.

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El convite: es una convocatoria teatral.

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La chirimía: es un conjunto musical compuesto por: maracas, flautas traveseras y de carrizo, bombo y redoblante.

Literatura Matachinesca

Bajo este nombre, se amparan todas las obras inspiradas al Carnaval y para el Carnaval y sus fundadores, son fundamentalmente los decretos, el convite, el saludo al Diablo, las comparsas y el testimonio del diablo; los temas de ésta literatura son variadísimos, de acuerdo con el aspecto que se quiere resaltar. Sin embargo, el saludo y el testamento guardan una misma ideología, por cuanto se refieren respectivamente a la alegría y las novedades dignas de contarle al rey de la fiesta, y la tristeza seguida de promesas que casi nunca se cumplen: arreglo de calles, cambios sustanciales en los regímenes del gobierno municipal, matrimonios que se efectuaron entre parejas que ya eran novios, cuando el Ingrumá era apenas un barranquito, hacer trabajar a los enemigos sempiternos de la actividad, etc.

El Convite es un cuadro vivo sobre algún aspecto de la problemática municipal, nacional o internacional llevada a escena dentro de la más estricta medida de la tradición propia del género. Con él se cierra la etapa de preparación a la gran festividad, y corre a cargo de la junta central del Carnaval, como un anticipo a lo que será la culminación del certamen. Su contenido puede ser cantado, declamando, o simplemente leído. En ningún caso aparece la improvisación de papeles a desempeñar.

Los decretos ya son otra cosa, dispuesto a pasar un mal rato, el decretero se sube al proscenio para cantar en rimados versos de arte menor las intimidades y no intimidades del desprevenido ciudadano, pero en un estilo tan sutil y ameno que en lugar de producir enojo causa hilaridad; no obstante, si hubo exceso en la disertación, la víctima del panfletista exterioriza de alguna manera su disgusto, sin alcanzar mayores proporciones, el mérito del decretero está en saber deleitar al oyente sin herir gravemente la susceptibilidad, empleando un lenguaje claro, sencillo dentro de un estilo humorístico, pero sin caer en el ridículo, esa sutileza del decretero podemos advertirla en la siguiente muestra que se remonta a muchos años atrás

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Carnaval_de_Riosucio 

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  2013

Los secretos del Diablo y su corte en el Carnaval de Riosucio

por Mónica Arango Arango,  Corresponsal de EL TIEMPO

Manizales. Una voz endemoniada embrujará esta noche a Riosucio (Caldas). "¿Querían con emoción la llegada de su demonio? Los envolveré en mi cola y rastrillaré el tridente. Que salga la Patasola a tomar aquí aguardiente... Les doy la bienvenida a mi amado Carnaval". Este es el saludo que se escuchará cuando el reloj marque las 7:00 de la noche. Desde ese instante, el Diablo se tomará la plaza La Candelaria. No es una película de terror. Es la apertura del Carnaval de Riosucio, tradición que data de 1845 y que se cumple cada dos años, con cinco días ininterrumpidos de festejo popular.

La presentación del rey astado, entre versos y cantos impostados, es una sarta de burlas, regaños y reclamos a la comunidad por sus acciones durante el tiempo en que estuvo ausente.

Ni políticos, ricos o pobres -cuentan en el pueblo- se escaparán de su regaño.

"Por eso es mejor que no dé papaya para que no lo agarren en un decreto", se rumora.

Detrás de esta voz estentórea del Diablo está Héctor Mario Ramírez, Piña, que se prepara a lo largo de semanas de intentos y prácticas fallidas de sus contagiosas carcajadas. Admirado, Ramírez explica: "Se me encomendó encarnar a nuestro gestor de paz". Ese es el diablo, el personaje que durante el carnaval será el mandamás del pueblo. Viste frac y pantalones rojos, acompañados de un bastón de mando, la reliquia que guarda desde 1995, cuando ofició como alcalde del carnaval por primera vez, y que, a pesar de los cambios, todavía engalana sus años carnavaleros.

Pese a que muchos han hecho de Diablo, fue la voz de Óscar Alberto Velasco la que dejó su huella con olor a azufre. Ostenta también el título de la risa más famosa, que se ganó luego de repetirla 25 veces seguidas.

Quienes la escucharon aseguran que da escalofrío. "Es que a mí no me ha tocado hacer de Diablo -corrige el matachín-, es que yo soy el Diablo". Y suelta su macabra carcajada.

El Diablo de Riosucio no es cualquier Diablo ni es el mismo que hace parte de la historia religiosa. Este nació aquí y representa los ancestros del pueblo. Por eso es que Velasco sostiene: "En Riosucio todos llevan el Diablo adentro".

Anticipa que su papel este año será venerar al demonio, además de gozarse de punta a punta el jolgorio. La fama que le deja ser el Diablo más tradicional le asegura de todas formas un papel protagónico.

Por eso, Velasco presidirá el Bautizo del Riosuceño Adoptivo, que tendrá lugar el lunes. Este acto simbólico sirve para adoptar a quienes no nacieron en el municipio, pero se destacan por su participación activa en las fiestas y su fervor a la efigie infernal que preside la parranda.

El Papá del Diablo

La figura del demonio se adoptó en 1915 como emblema oficial del Carnaval, que comenzó desde mediados del siglo XIX, y que se realiza cada dos años para recordar el día en que los pueblos enemigos de Quiebralomo y la Montaña se unieron para crear el municipio de Riosucio.

Quien le da vida a la imponente figura del máximo personaje de las fiestas es Gonzalo Díaz, un artesano jubilado que durante 57 años se dedicó a dibujar y pintar carteles de cine, y que ahora delinea el espíritu carnavalero. El Papá del Diablo, lo llaman: un apodo bien ganado luego de haber elaborado en los últimos 28 años las 14 figuras del rey del carnaval.

Hierro, fibra de vidrio, barro, acero, plástico y platino emplea para armar el monstruo rojo escarlata de tres metros de altura, con cachos y cola y de sonrisa frívola. Este permanecerá en la plaza hasta el cierre de la fiesta vigilando los pasos de los 65.000 habitantes y de los cerca de 400.000 turistas que se contagiarán de carnaval.

Las apariciones de Díaz, al igual que las del Diablo, serán contadas. Pero afirma: "La fiesta del Carnaval no me la pierdo y menos la cara de sorpresa de la gente cuando ve mi creación". Añade que "el de este año vendrá revestido de intelectualidad".

El carnaval atrapa en su magia a Díaz, quien se confunde entre la multitud. Su figura pequeña, de piel morena y cabello negro, "como la de los indios que somos de por aquí" -dice-, se desvanece ante la veneración de la turba a su colorado hijo.

El aire es pesado y la temperatura sube. Se esquivan ponchos, sombreros y diademas escarchadas con cachos que por estos días son el producto más vendido en cada esquina.

Todos quieren ser poseídos por el Diablo. Por eso, este líder no está solo. A su sombra está su séquito de matachines, un grupo de hombres que matan la espera de dos años planeando la organización de la fiesta. Se hacen llamar los sacerdotes del Diablo.

"Nosotros, los matachines, somos los supremos sacerdotes, la guardia de su majestad el Diablo. Somos los que escribimos este carnaval de la palabra y el afecto, porque está lleno de decretos y versos literarios", apunta Enrique Sánchez, matachín de 52 años, y coordinador de este clero demoníaco.

En el pueblo coinciden en que parte del alma del Diablo está en sus cuadrillas, esos desfiles multitudinarios que reúnen a varias familias, desde los niños hasta los ancianos, para representar un tema especial, y que cada año debe ser distinto.

Los González fueron protagonistas desde ayer con sus miembros más jóvenes. Claudia vistió a su hija Dahiana, mientras su mamá Rubelia le puso el corsé de diabla a la pequeña Valentina.

William, de nueve años, se acomodó su disfraz con ayuda del tío Pedro, y Álvaro, el alcalde del Carnaval e integrante de esta familia, jugó con una cabeza de peluche de oso polar y cantó el himno del Carnaval mientras alistaban a la Pandilla del Gato con Botas.

Mañana, el turno es para los adultos, que recorrerán con sus vistosos atuendos las calles de la alcaldía y otros sectores conocidos, como la Esquina 7 de agosto y La Curamba.

Pese a que los González no son una familia adinerada, "como sea" se consiguen los 300.000 pesos que les cuesta cada disfraz para las cuadrillas.

Licor y quema del demonio

Tras las palabras del Diablo y luego de escucharse el himno, el espíritu de fiesta se desencadena.

Lo que la noche de apertura aún guarda es el desentierro del calabazo. A través de este ritual se les brinda el licor sagrado (chicha y gurapo) a los riosuceños, en honor del rey de la fiesta. "De que nos tomamos ese trago, nos lo tomamos", afirma Aníbal Alzate, docente de inglés que hace más de 30 años encontró su pasión en el carnaval.

El calabazo, un fruto pintado con flores, será enterrado de nuevo el miércoles para que el pueblo renuncie al poder embriagante del licor.

En ese último día del carnaval, el llanto se tomará las calles. Los gritos del pueblo enardecido despedirán a su majestad el Diablo, que a las 11 de la noche dejará su testamento.

Su futuro será el mismo que el de sus predecesores: arder en las llamas del infierno para darle paso a su reemplazo, que nacerá en dos años. Como recuerdo quedarán sus cenizas, esparcidas en la plaza del pueblo, que al pasar la noche amanecerá exorcizado.

Tomado del periódico El Tiempo, 5 de enero de 2013 

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2011

El diablo prende la fiesta en Riosucio

Manizales. Como sucede cada año impar desde 1959,  los parques y hasta el más pequeño rincón de Riosucio (Caldas) se convierten en los dominios de un personaje que es sinónimo de maldad, pero que en esta población representa la alegría: el diablo.

Comienza el célebre Carnaval de Riosucio, conocido como el Carnaval del Diablo, que el año pasado fue reconocido como Patrimonio Cultural, Oral e Inmaterial de la Nación.

Además de la programación tradicional, hay feria artesanal y muestra y degustación de guarapo, la bebida tradicional.

El carnaval surgió en 1912, pero su génesis se remonta a comienzos del siglo XVIII, cuando de la unión de dos pueblos, uno indígena -Nuestra Señora Candelaria de La Montaña-, y uno mulato -San Sebastián de Quiebralomo-, nació Riosucio.

En ese siglo, los pueblos se disputaron la posesión de las tierras contiguas al cerro del Ingrumá, al pie del cual se asentó el pueblo. Desde 1814 comenzaron a trasladarse hacia ese lugar y cada comunidad construyó su pueblo: Quiebralomo y La Montaña. Por eso es que las dos plazas -que aún existen- están separadas apenas por una cuadra de distancia. Inclusive, llegaron a construir una cerca.

En 1846, cuando se decretó la unión de las poblaciones, las dos vieron en riesgo sus festividades. Para salvaguardar sus costumbres, se amenazaron mutuamente con la condena eterna si surgían odios durante las celebraciones. Entonces, el diablo empezó ser el guardián de las fiestas.

Adaptado del artículo del periódico El Tiempo, 7 de enero de 2011

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2011

El diablo prende la fiesta en Riosucio

Como sucede cada año impar desde 1959, por estos días las casas, los parques y hasta el más pequeño rincón de Riosucio (Caldas) se convierten en los dominios de un personaje que es sinónimo de maldad, pero que en esta población representa la alegría: el diablo.

Hoy comienza el célebre Carnaval de Riosucio, conocido como el Carnaval del Diablo, que el año pasado fue reconocido como Patrimonio Cultural, Oral e Inmaterial de la Nación.

Además de la programación tradicional, habrá feria artesanal y muestra y degustación de guarapo, la bebida tradicional.

El carnaval surgió en 1912, pero su génesis se remonta a comienzos del siglo XVIII, cuando de la unión de dos pueblos, uno indígena -Nuestra Señora Candelaria de La Montaña-, y uno mulato -San Sebastián de Quiebralomo-, nació Riosucio.

En ese siglo, los pueblos se disputaron la posesión de las tierras contiguas al cerro del Ingrumá, al pie del cual se asentó el pueblo. Desde 1814 comenzaron a trasladarse hacia ese lugar y cada comunidad construyó su pueblo: Quiebralomo y La Montaña. Por eso es que las dos plazas -que aún existen- están separadas apenas por una cuadra de distancia. Inclusive, llegaron a construir una cerca.

En 1846, cuando se decretó la unión de las poblaciones, las dos vieron en riesgo sus  festividades. Para salvaguardar sus costumbres, se amenazaron mutuamente con la condena eterna si surgían odios durante las celebraciones. Entonces, el diablo empezó ser el guardián de las fiestas.

Tomado del periódico El Tiempo, 7 de enero de 2011

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2010

Carnaval de Riosucio

E! Carnaval de Riosucio se realiza cada dos años (año Impar) en el municipio de Riosucio, Caldas, y es el resultado de la unión de dos poblaciones fundadas entre los siglos XVI y XVII. Se trataba de Quiebralomo y la Montaña, cuyos habitantes permanecían en permanente disputa por el territorio que se extiende al pie del Cerro Ingrumá. Para terminar con la enemistad, los sacerdotes de las dos comunidades decidieron unirlas en una sola fundación: Riosucio.

Para entonces, los residentes de Quiebralomo celebraban en el mes de enero la fiesta de los Reyes Magos, en la que hacían presencia las danzas y cantos de origen africano junto con formas coreográficas europeas y representaciones del teatro sacro español. A partir de 1847 los indígenas de la Montaña aportaron a la fiesta sus ritos aborígenes de culto a la tierra, mientras que los sacerdotes incluyeron en ella al diablo en calidad de figura que vendría a castigar a quienes no cumplieran la consigna de vivir en paz y armonía como un solo pueblo. Con el paso del tiempo este personaje se convirtió en un espíritu bueno y dicharachero que custodia el carnaval y vela para que los matachines, las cuadrillas, las comparsas y los grupos folclóricos aporten la alegría que caracteriza a la celebración.

EVENTOS DEL CARNAVAL DE RÍOSUCIO

Despertar del Carnaval: Es el primer desfile de la fiesta, que anuncia la próxima llegada del diablo y, con él, las comparsas, los grupos folclóricos, los disfraces y la música.

Entrada de las colonias: Es un desfile en el que participan las personas nacidas en Riosucio y que viven en otros lugares, quienes regresan al municipio para participar en el carnaval con sus comparsas y disfraces.

Entrada del diablo: El diablo hace su entrada triunfal a Riosucio en medio de un gran desfile nocturno en el que participan comparsas y matachines.

Las cuadrillas: Son comparsas conformadas por 12 oradores que, ataviados con vistosos trajes, van de casa en casa cantando un mensaje que puede referirse tanto a mitos y leyendas como a situaciones de la vida nacional. Este es el evento más importante de la fiesta.

Tomado del folleto Vive Colombia, septiembre-febrero, 2010

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2010

El diablo anda de fiesta

El diablo de Riosucio está en trance de cumplir 100 años: nació en 1915, como emblema oficial del carnaval que cada dos años se celebra en esta localidad del alto occidente de Caldas.

Pero el carnaval es más viejo que el diablo. Dicen que nació a mediados del siglo XIX, como una fiesta de reconciliación de dos comunidades enemigas: una de españoles criollos y la otra indígena, que compartían el mismo casco urbano pero vivían separadas por una talanquera que no permitía el paso de un lado al otro. La hicieron coincidir con la festividad de los Reyes Magos -y por eso este carnaval no se celebra con antelación a la cuaresma sino en enero- y sus logros fueron evidentes: no hubo trifulcas ni muertos en ese primer intento, hasta el punto de que se siguió celebrando cada año para revalidar la voluntad de paz. Luego se hizo costumbre y después se volvió carnaval.

Y desde el principio tuvo disfrazados de diablos, que salían con fuetes a reprender al pendenciero que quisiera tirarse la fiesta. De ahi la vieja simpatía riosuceña por este demonio socarrón y amistoso, de sangre tan indígena como española, que no vino al mundo a quitarles un feligrés a la Iglesia o un ánima al purgatorio, sino a atizar la alegría y encender los ánimos. Y que anda en sana convivencia con el diablo cristiano, pues los que cargan el Santo Sepulcro en Semana Santa son los mismos que el sábado de carnaval acarrean una efigie del diablo de cinco metros de altura que preside la fiesta desde el atrio de la iglesia. Como quien dice: el diablo haciendo hostias.

Hoy, en pleno siglo XXI -siempre animado por el talante democrático y acogedor del diablo-este carnaval es uno de los espectáculos del país que más gente apeñusca por metro cuadrado, si no el más. Riosucio es un pueblo muy pequeño (normalmente tiene 15.000 habitantes) para una fiesta muy grande, a la que le llegan unos 130.000 visitantes que, para colmo, no se reparten sino que se concentran en dos plazas en las que, día y noche, un río caudaloso de gente no cesa de fluir. Por momentos, como pasa en la noche que entra el diablo, es un río estancado: hay tanta gente que no se puede ni caminar. Todo carnaval se sostiene en una simbología y un ritual que posibilitan ese espacio de diálogo multicolor, esa suma de voces y voluntades que es un carnaval, en el que todos a la vez son actores y espectadores. En el de Riosucio, la simbología y el ritual la sostienen los matachines: sacerdotes de Lucifer, guardianes de la tradición. Por extensión, este título se le da a todo el que hace la fiesta.

Se le da al que escribe textos, porque es un carnaval literario que produce muchos decretos, parodias, proclamas y discursos, además en estricta rima, como se rimaban los versos un siglo atrás. Es uno de los encantadores anacronismos de esta fiesta. El otro es el himno oficial, una especie de marcha militar apurada, cuya primera estrofa dice:

"¡Salve, salve placer de la vida!" que es el mejor grito de guerra con el que un himno de fiesta pueda arrancar. Suena por todas partes y a toda hora, y siempre alebresta a la gente y la pone a bailar.

Son también los matachines los que hacen las máscaras y las comparsas (cuadrillas, en Riosucio). Siempre desfilan en domingo, y no pueden ser repetidas: cada vez su tema tiene que ser distinto. Deben además difundir un mensaje en versos y parodias que cantan, y no una vez sino muchas, porque después de actuar en los proscenios cantan en no menos de 20 residencias, cuyas puertas se abren para recibirlas junto con todo el que quiera entrar a escucharlas, en un acto de legítima hospitalidad.

Tomado de la Revista Semana, El Triángulo del Café, 2010

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