Salon Nacional de Artistas 2010 XLII

Grupos (Salon de artistas)

Varios, Visual

  42 Salón Nacional de Artistas 2011 XLII 

 

 
A ColArte

Muestra representativa de las obras expuestas

42 Salón Nacional de Artistas - Región Centro

   
   

Salón Nacional de Artistas: 70 años de creación

El termómetro del arte colombiano llega a su edición 42

Historia de obras fundamentales

por Camilo Beltrán Jacdedt

 

"Es un milagro que aún siga vivo". Así se refiere Beatriz González al Salón Nacional de Artistas, que este jueves inaugura en Barranquilla su edición 42 y completa así 70 años de historia, convulsa en muchos momentos.

"Ha sido importante que en todos estos años no se cambió la numeración ni el nombre. Aunque creo que son válidas las discusiones que se han dado a través de los años para mejorarlo", señala la artista.

La idea de esta bienal -termómetro del arte nacional, como la denominó la crítica argentina Marta Traba- es que refleje lo que está sucediendo con el arte en el país, tarea que no ha estado exenta de polémica. Por ejemplo, la que. se derivó del hecho de que, durante mucho tiempo, fue el centro el que definió qué representaba a la nación, dejando de lado a varias regiones.

En esta edición, que tendrá lugar en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, los artistas de las zonas Caribe, Centro, Oriente, Orinoquia, Centro-occidente, Sur y Pacífico desarrollarán sus proyectos en Mompox, San Jacinto, Nueva Venecia, Palenque de San Basilio y Montes de María. De las relaciones con los lugareños y el trabajo de los curadores saldrán los trabajos que se presentarán en La Heroica en febrero, cuando termina el Salón. También se exhibirán obras de conocidos artistas nacionales y extranjeros.

1. El arte de la metrópoli

El primer antecedente del Salón Nacional de Artistas es una gran exposición que se llevó a cabo el 8 de agosto de 1931 en el Pabellón de Bellas Artes del Parque de la Independencia, en Bogotá. Fue una iniciativa del presidente Enrique Olaya Herrera, la Escuela de Bellas Artes y la Dirección Nacional de Bellas Artes. A partir de allí, a pesar de que no hubo continuidad por culpa de los enfrentamientos bipartidistas, se activó el apoyo del Estado para realizar exposiciones. En 1940 se organizó el Primer Salón Nacional, con obras de Ignacio Gómez Jaramillo, Santiago Martínez Delgado y Cecilia Porras, entre otros. "Los jurados eran poetas, embajadores y políticos. Muy pocos sabían de arte. En esa época se impuso la pintura", cuenta la artista Beatriz González. Respecto de ese período, Jaime Cerón, asesor del Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, afirma que lo que se veía era "un mundo pequeño en el que sólo se exhibían obras de artistas del interior", aunque se percibía la necesidad de crear un arte que identificara a los artistas de todo el país. En los trabajos había una enorme influencia del muralismo mexicano.

2. Tiempo de apertura

Entre los años 1957 y 1964, "Marta Traba se apersona de su papel de educadora y de crítica de arte, y toma las riendas del Salón; además hubo una fuerte participación de la mirada aguda de críticos extranjeros, como Walter Engel", comenta Beatriz González.

La critica argentina impulsa un quiebre y una apertura del arte moderno con el premio a Fernando Botero por Contrapunto [Premio Salón X, de 1957], a Alejandro Obregón por Violencia [Premio Salón XIV, de 1962], a Norman Mejía [Premio del XVII Salón Nacional, 1965] por la obra la horrible mujer castigadora, a Beatriz González por Los suicidas del Sisga [Mención Especial Salón XVII, de 1965] y a Feliza Bursztyn por la escultura Mirando al norte [1965]. Hubo una fuerte influencia de las corrientes imperantes en Europa y Estados Unidos. Eso impulsó a muchos artistas a buscar un lenguaje propio y a ampliar las formas de expresarse. "Se acabaron las formas de expresión locales ceñidas a los géneros de retrato, bodegón y paisaje, que aceptaban una modesta y contenida reforma de las apariencias", escribió Marta Traba en el libro Arte de América Latina 1900-1980, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo [BID] en 1994, según se cita en el libro Marca Registrada, del Museo Nacional. Se amplió el espectro de los formatos y se abrió una puerta hacia la experimentación.

3. La descentralización

Como consecuencia de la inconformidad de algunos artistas, que no se sintieron representados en los salones anteriores, en 1976 se creó el programa de Salones Regionales. Con ellos se logró impulsar la realidad pictórica de diferentes lugares del país.

Según afirma Jaime Cerón, asesor del Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, la primera vez que se exhibieron todos los proyectos regionales no hubo un resultado positivo. "Fue como si colocaran peras, manzanas, chicharrones y gallinas en un mismo lugar. Había muy poca capacidad de diálogo. Aunque eso evolucionó y luego se invitaron curadores internacionales", comenta

"Lo de los salones regionales fue una falacia -opina el artista conceptual Antonio Caro-. Los manejaban personas que ni siquiera conocían Tunja".

La santandereana Beatriz González comparte la idea: "Se revisaron los gustos y las rabias, sobre todo las rabias, porque los que viajaban a otros lugares del país eran curadores finos de Bogotá, que escogían muy pocas obras y el resto no les gustaba. Así no se podía definir el arte regional. ¿Cómo podrían ver 400 obras en dos días ?"

Cabe recordar que, como parte de la inauguración del XXV Salón de Artistas Nacionales (1974), se le cambió el nombre al certamen por Salón de Artes Visuales, por iniciativa de Eugenio Barney. La idea era validar la entrada de otros formatos, como la fotografía.

Y el encuentro se fue afinando. Se encontraron sitios inexplorados, como Pasto, y el país se dividió en seis regiones artísticas.

4. Nuevos medios y experimentación

Según se explica en Marca Registrada, un catálogo sobre la historia del Salón publicado por el Museo Nacional, la producción entre 1990 y el 2004 se caracterizó por el predominio de los medios masivos y el registro de proyectos socio-artísticos por medio de la fotografía.

"Es una etapa curatorial. Los curadores mandan en el Salón y eso le da un carácter interesante. Para los artistas es terrible, porque los premios se los llevan los curadores. Una de las grandes reformas, unida a la mirada regional, fueron las exposiciones de un solo artista. Allí participaron Débora Arango y Santiago Cárdenas, entre otros", dice la artista Beatriz González.

"Con la curaduría del Salón me pasó lo mismo que le sucede a la gente que le amputan un miembro, con la diferencia de que me siguió doliendo. No debería llamarse el Salón Nacional sino Especulaciones de algunos señores , critica su colega Antonio Caro.

En el año 2000 apareció el Proyecto Pentágono, desarrollado por el Ministerio de Cultura. "Hubo una conspiración dentro del Ministerio que buscaba acabar con el Salón Nacional", añade González. Sin embargo, según se explica en el libro Marca Registrada, sólo se trató de una serie de "cinco exposiciones itinerantes encargadas a un grupo de investigadores en las modalidades de video y fotografía, artes del cuerpo, artes tridimensionales, dibujo y arte, y moda y vestido".

En esa etapa se buscó la vanguardia de las artes visuales, para generar un reconocimiento en el plano internacional. La calidad de las obras aumentó.

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de noviembre de 2010

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En el 42 Salón Nacional de Artistas

Mi cuerpo es mi territorio

por Angélica Gallón Salazar

Obra Signos cardinales, de Libia PosadaDespués de oírlas por horas, después de hacerlas recordar nombres de quebradas, referencias confusas de ríos, de traer a la memoria la ubicación del pueblo aquel que atravesaron cuando el pánico aún les hacía acelerar los pies, la artista antioqueña Libia Posada se dispuso a lavarles los pies.

Once mujeres desplazadas se descalzaron, se dejaron cortar las uñas largas y lavar las manchas que en sus plantas había dejado tanto camino andado. El ritual, que evoca episodios bíblicos, esta vez tuvo sobre todo un efecto físico: por primera vez muchas de estas mujeres, confesaban, reparaban en la importancia de sus pies. "Los pies constituyen la parte del cuerpo que posibilita el desplazamiento y al mismo tiempo detenerse, plantarse, asentarse, llegar", recuerda la artista.

Luego del agua, vino la tinta. Libia Posada dibujó entre cada uno de esos dedos, esas piernas, esas venas, esas cicatrices, los territorios que habían caminado las mujeres para poder huir de la violencia.

Las fotografías de cada uno de los mapas trazados en las piernas de mujeres desplazadas de las regiones antioqueña y Caribe, se exponen por estos días en el aula del Liceo Celedón, en Santa Marta, en el marco del 42° Salón Regional de Artistas, que desde el 11 de noviembre se desarrolla en la región Caribe.

Signos cardinales es un intento por hacer memoria del viaje, del recorrido. Es usar ese sentido que alguna vez nos llevó a trazar los mapas de la colonización y las conquistas, para esta vez hacer las marcas oficiales del triste periplo nacional. "Cuando se viaja es usual que el viajero determine previamente una ruta a seguir, donde señala tanto el punto de partida, como los lugares de paso y el punto de llegada. Viajar por la fuerza implica, sin embargo, inaugurar caminos o describir rutas urgentes, difíciles de localizar, reconocer, comprender y ver, no sólo en la memoria de los que huyen, sino en esa representación del territorio, denominada mapa", explica la artista, quien inició las indagaciones para este proyecto desde 2007.

Pintar rutas en piernas de mujer —justo en esa parte del cuerpo que ha padecido y sido testigo silente de las rudezas del camino— tenía de alguna forma otra intención: volver plantas y pantorrillas en un territorio del que las mujeres no podrían ser despojadas. "La identidad está en gran medida dada por el territorio donde se ha crecido y vivido, despojar a estas mujeres de su territorio significó cambiarles de identidad, pintarles mapas sobre su piel es de alguna forma retomar esa identidad anterior y decirles: tu cuerpo es tu más preciado territorio", añade Posada.

Cada mapa está acompañado de una secuencia de convenciones que identifican no sólo los lugares, sino cómo fueron recorridos. Así la línea punteada habla de caminos a pie y las cruces testifican esas zonas que las mujeres reconocieron como "zonas de probable masacre". Hay también señas para los caminos minados y para las iglesias. Así, con convenciones y trazos, relieves y ríos, Libia Posada construye los mapas del desarraigo.

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Nevada

El resultado de un encuentro de dos curadores, dos artistas invitados de la región de la Orinoquia y el DAE con la comunidad indígena Wiwa de El Encanto, en la cuenca del río Guachaca, podrá observarse en el 42 Salón Nacional de Artistas. La investigación curatorial. Tres Comunes fue la posibilidad de establecer conclusiones de la interacción entre la geografía y la población caribe. Durante cuatro días, se buscó comprender las expresiones artísticas de la comunidad y cómo éstas se relacionaban íntimamente con la percepción de su realidad.

Yuly González elaboró una reflexión a través de la fotografía de los indígenas y samarios, mientras que Adrián Paipilla se enfocó en cómo los habitantes de Santa Marta percibían a los indígenas y utilizó el espacio público para llevar a cabo su idea. José Murillo, por su parte, optó por explorar los sonidos de la música indígena.

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San Basilio de Palenque

El colectivo De Costa a Costa, proveniente del Pacífico colombiano, llega con su proyecto Ruta de tropas, curaduría de una práctica afro a San Basilio de Palenque (Bolívar), ese lugar que fue declarado espacio cultural por la Unesco en 2005 como obra maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

La propuesta de Jennifer Rojas, Lina López, Richard Bent y Alexánder Jiménez quiere evocar, destacar y enfatizar la afrocolombianidad desde las prácticas y tradiciones de la región. Por eso, a propósito de la celebración del Día Internacional de la Abolición de la Esclavitud, en conjunto con el Consejo Comunitario de San Basilio de Palenque, se va a desarrollar una gran movilización de las artes visuales nacionales e internacionales que incluirá exposiciones y conferencias en torno al arte.

La cita es en febrero de 2011 en el Encuentro de Lugares del 42 Salón Nacional de Artistas en Cartagena.

Tomado del periódico El Espectador, 21 de diciembre de 2010

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Entre curadores y artistas

por Carlos Vallejo *

El 12 de octubre de 1940 el presidente Eduardo Santos y su ministro de Educación, Jorge Eliécer Gaitán, inauguraron en dos salas de la Biblioteca Nacional el primer Salón de Artistas Colombianos. Después de 70 años y 42 entregas, el Salón es el primer escenario del arte colombiano y continúa siendo, como lo dijo en su momento la crítica y gestora Marta Traba, su termómetro infalible. El Salón, que por primera vez tiene como sede una región del país -el Caribe, con Barranquilla, Santa Marta y Cartagena como sus focos- transcurre, como en cada edición, en medio de la polémica sobre su formato. Durante la rueda de prensa por la llegada del evento a Santa Marta, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, abrió el debate: "Queremos invitar a una serie de artistas, productores culturales, la academia y a los diferentes actores del campo artístico para realizar un gran debate porque tenemos la percepción, compartida por un grupo significativo del país, de que los Salones ya no son propiamente de artistas, que son más de curadores". La declaración hizo publico un debate que es habitual en el sector. La directora de Artes del Ministerio, Guiomar Acevedo, explica que "hay una serie de voces del sector de artes visuales sobre la necesidad de evaluar el Salón, y el Ministerio lo que va a hacer es abrir un espacio para que quienes son parte del mismo discutan el tema".

Benjamin Daza: Sonidos, ecos y silenciosLa discusión se centra en el formato. Para muchos, el hecho de que cada edición plantee un desarrollo diferente hace que no se haya consolidado, mientras que para otros esa transformación continua es uno de sus principales valores. Para Acevedo es sencillo: "La razón es que tiene 70 años, y en ese lapso las artes plásticas y la cultura han cambiado muchísimo y mal hubieran hecho quienes estuvieron en el Salón en el pasado en mantener formatos que perdieron vigencia".

El formato actual es criticado sobre todo por su proceso de selección. Ya no se trata de un jurado que selecciona diversas obras, sino de la invitación que les hace el Ministerio, a los curadores para presentar propuestas de Salón Nacional. El proyecto escogido revisa las curadurías de los salones regionales y las convierte en el fundamento del evento nacional. La mayoría de las críticas apuntan a que ello hace que el salón sea de curadores y no de artistas, que es la misma idea que remató la intervención de la Ministra. Según Acevedo, "se abrirá un espacio de discusión que, además de ser consecuente con la historia del Salón, lo es con la posición del Ministerio, cuya máxima aspiración es que el evento sea hecho por el sector artístico". En su intervención, la Ministra dejó claro el paso a seguir: "Nos tomaremos un espacio para reflexionar y ver qué hay que redireccionar, pero de ninguna manera para debilitar sino para fortalecer (...) Esta tarea la acometeremos muy rápidamente, dado que el año entrante es año de regionales". 

En medio de la discusión, e independientemente de su formato y sus procesos de selección, hay un hecho puntual: el Salón es el principal escenario artístico del país. Lo más significativo de la actual edición tiene que ver con la apuesta del Ministerio durante las últimas tres: un modelo que parte de una propuesta curatorial encaminada a la descentralización. Y que por primera vez se toma una región, lo que para Acevedo "constituye su propuesta más osada en términos de descentralización, porque ya no está solo en una ciudad sino en tres y en un territorio extenso que lo convierte en una propuesta muy arriesgada". 

En este momento está en tres ciudades de la Costa Atlántica -Barranquilla, Santa Marta y Cartagena- y varios de sus procesos se desplazan desde pequeñas poblaciones. Rafael Ortiz, director del Salón en cabeza del grupo curatorial Maldeojo, explica que la propuesta inició "pensando en el mapa, en el territorio y haciendo un mapeo para garantizar que el Caribe quedara cubierto lo más que se pudiera. Luego surgieron unas preguntas: ¿qué pasa si cruzamos las experiencias de las curadurías regionales con esta región?, ¿cómo podrían generarse diálogos entre curadurías planteadas con circunstancias y preguntas distintas con otros lugares?". Esto derivó en lo que se conoce como Extensiones Curatoriales, es decir, la selección de procesos de los salones regionales que se desarrollaron en sus contextos específicos y que pudieran articularse en las ciudades y dinámicas de los territorios del Caribe. Por ello, a cada una de las 12 curadurías invitadas se les pidió, junto a su muestra museográfica, tres de esos proyectos de proceso y algo conocido como DAE (un invitado especial que desarrolla acciones que reflejan de alguna manera la propuesta curatorial, y que pueden pasar por lo académico o lo artístico). "En ese proceso visitamos las zonas de los regionales para entender sus planteamientos in situ, por lo que podríamos decir que más que una curaduría nuestra labor consistió en una articulación de lo que ya existe: unas curadurías que ya han hecho su trabajo y de las que hay proyectos que adquieren otro sentido de presentación y alcance", explica Ortiz, para quien es fundamental también la idea de horizontalidad, entendida como que "todas las obras se miren al mismo nivel y tengan la misma importancia, para garantizar la diversidad en el sentido de ofrecer cantidad de opciones, tomando decisiones conjuntas con las curadurías regionales. Esa estructura desarrolla que haya múltiples opciones en un terreno realmente horizontal". El evento, además, tiene un componente pedagógico llamado Archipelia, que se desarrolla a partir de encuentros, visitas guiadas y tertulias dirigidas por los artistas y colectivos acompañados por creadores, docentes, estudiantes, comunidades involucradas en los proyectos y público en general. 

El Salón se viene desarrollando desde noviembre e irá hasta marzo, con exposiciones en distintos lugares de las tres ciudades y exploraciones en puntos emblemáticos de la geografía Caribe como Mompox, Palenque y San Jacinto, en Bolívar y Nueva Venecia, población palafítica del Magdalena. Además se cuenta con dos invitados internacionales y sus ponencias con la curaduría de Esteban Alvarez y el documento Caribe de la curadora e investigadora cubana Ibis Hernández. En Cartagena, del 9 al 12 de febrero, ocurrirá su remate, Encuentro de lugares, que concentrará a artistas, curadores, comunidades y gestores que compartirán espacios de opinión con referentes del arte y la cultura en Latinoamérica como Michéle Dalmace, Lucrezia Cippitelii y Jesús Martín Barbero. 

También se exhibirán algunas de las curadurías, se hará una muestra especial de proyectos de procesos y se presentará Zona Franca, una de las actividades más interesantes, en la que se muestran obras de ocho artistas internacionales invitados a explorar el contexto y desarrollar proyectos vinculados con el territorio y los temas que se desprenden del arte y la artesanía. Pero tal vez lo más importante es que en su agenda académica se abrirá un espacio para iniciar el debate planteado por el Ministerio, necesario, y en el que todas las voces deberán ser escuchadas.

* Periodista y libretista de TV Información: www.mincultura.gov.co
Tomado de la Revista Lecturas, de El Tiempo, enero de 2011

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¿Calidad o cantidad?

A cada edición del Salón Nacional de Artistas la acompaña la controversia sobre qué hacer con él. Es un debate que a veces supera la discusión sobre las obras que lo componen. Su edición de este año, la cuadragésimo segunda y la de su aniversario 70. no fue la excepción.

El Salón ya no es ese espacio en el que se exponían obras de muchos formatos seleccionadas por un jurado. El modelo actual, criticado por complejo, comienza cuando el Ministerio de Cultura escoge un proyecto curatorial, esto es, un tema. Al equipo ganador le corresponde luego revisar los salones regionales donde ya ha tenido lugar este mismo proceso. Su tarea es incorporar los conceptos que los curadores regionales han trabajado en sus zonas al del evento nacional.

Terminado este trabajo, empieza el montaje, que este año incluye muestras de las obras de cada curaduría en diferentes espacios de tres ciudades (Barranquilla, Santa Marta y Cartagena). Comprende también invitaciones a artistas reconocidos para que acompañen a las curadurías regionales, a artistas foráneos para que desarrollen sus obras en la zona y a artistas de las curadurías regionales para que lleven obras en proceso y estas entren en contacto con otro territorio. Del Salón también hacen parte tertulias y un proyecto para cautivar al público.

Los mismos que se refieren a este formato como complejo destacan su lado positivo: el rigor. Son menos los reclamos sobre la calidad del trabajo de artistas y curadores. Un buen ejemplo es Inversiones, proyecto curatorial de la zona occidente, que reunió obras sugerentes que ven la economía desde el arte. Aun así, la calidad sigue en el centro del debate. Algunos se preguntan si el Salón debería más bien darle prioridad a la inclusión, así esto haga que baje la calidad. Como está planteado, ahora el nivel puede ser muy bueno, pero se queda por fuera el trabajo de artistas con obras no compatibles con la curaduría de su región.

Y es que un artista necesita sobre todo espacio y recursos, que su obra circule, que se incluya en un catálogo y que tenga un espacio para que el público la vea. Y no se puede olvidar que el Estado financia el Salón. El Salón es de los artistas, no del arte, anota Lucas Ospina, artista para quien los salones son el espacio ideal para lograr el reconocimiento de los galeristas. Ospina también se pregunta por la repercusión que tienen en las sedes del Salón los cerca de 2.000millones de pesos que se invierten en él. Sobre este tema, Guiomar Acevedo, directora de Artes del Ministerio de Cultura, responde: ".Si hay un trabajo con el sector educativo, un trabajo de formación en la producción del Salón, en las curadurías, en los montajes, que permite que más adelante la región cuente con las personas que pueden seguir haciendo este trabajo sin la necesidad de llevarlas de Bogotá".

Aún así, el Ministerio es consciente de que el modelo actual necesita cambios y propone un diálogo."E/ Ministerio debe ser el facilitador para que se den las discusiones y debe abrirlos espacios para oír todas las voces. Si el Salón refleja lo que está pasando en el país, debería haber espacio para que los artistas, de manera individual, puedan mostrar su obra, algo que no está pasando", asegura Acevedo. La propuesta es recoger la discusión sobre el Salón, que se está dando tanto en la calle como en los blogs especializados, para "plantear un formato de Salón que responda a este debate más allá de las curadurías y que permita mirar obras de artistas individuales". Un objetivo que se habrá logrado si en la próxima oportunidad la atención se concentra en los artistas y no en el Salón.

Tomado de la Revista Semana, Edición No. 1492, 6 de diciembre de 2010

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Encuentro del arte y la artesanía

Angélica Gallón Salazar

¿Puede el arte conversar con la artesanía?, ¿pueden por un instante olvidarse las jerarquías —que nadie sabe a ciencia cierta quién trazó— para que trabajos manuales y tradicionales entablen un diálogo con procesos artísticos? ¿Están arte y artesanías separadas desde su nacimiento? Estas cuestiones venían rondando la cabeza del artista y curador argentino Esteban Alvarez, quien fue invitado para coordinar Zona Franca, la curaduría internacional de la muestra del 42° Salón Nacional de Artista, que finaliza en Cartagena.

Alvarez eligió artistas de diferentes latitudes; argentinos, colombianos, ingleses, españoles, alemanes y estadounidenses, que en sus proyectos artísticos ya hubieran dejado ver una preocupación por las tensiones entre los procesos manuales y los industrializados. "Aunque tuvimos en cuenta la obra pasada de cada uno de los elegidos, todos los artistas desarrollaron obra especialmente para esta exposición. Fue una microrresidencia. Yo les propuse que realizaran una exploración por distintos lugares de la Costa Caribe. Así, ellos viajaron para indagar en lugares como Mompox (Bolívar), San Jacinto (Bolívar), Nueva Venecia (Magdalena), Palenque de San Basilio (Bolívar) y Montes de María (Sucre y Bolívar) el trabajo con los artesanos", explica el argentino.

Obras de diferente naturaleza nacieron de esta invitación. Gregor Passens, artista alemán, quiso representar con un gigante iceberg, que puso a flotar por la calurosa Ciénaga Grande para metaforizar la invasión de un mundo sobre el otro. "Este trabajo intenta hablar de toda la pugna que se produce entre estos dos universos, y sobre si un mundo se deja influir o no por el otro. Ese diálogo entre arte y artesanía se presenta como si ocurriera entre amigos o familiares y a la vez entre enemigos u opuestos", añade Alvarez.

Los argentinos Leo Chiachio y Daniel Giannone, que ya habían trabajado con saberes tradicionales guatemaltecos, exploraron, por su parte, en los trabajos de las tejedoras de San Jacinto. "Fue un camino de encuentro con la tradición del tejido de la hamaca. Decidimos trabajar con la artesana Gladys Bustillos, quien supo comprender nuestra búsqueda: el rescate de la tarea manual y del diseño de flores y hojas típicas que ella había aprendido de niña de su madre. Ambos, nosotros y ella, bordamos nuestros recuerdos. En enero estos recuerdos se unieron en esta obra", aseveran los artistas, creadores de un enorme tapiz, en su bitácora digital.

"Un trabajo en conjunto, una confluencia, donde dos artistas que también son artesanos y una artesana investigando los caminos del arte se encuentran, se entretejen y producen una imagen de una foto para el recuerdo", añade por su parte el curador.

La cuota colombiana fue aportada por el artista Víctor Muñoz, quien en su obra se ha acercado continuamente a los oficios, a la gente que cultiva, a la que hace ladrillos, además, a los objetos y a lo cotidiano. Para este proyecto, como resultado de su travesía por Mompox, Muñoz trabajó en la creación de un objeto mixto que cruza las canoas con las mecedoras.

"Hay una forma muy particular de vivir el tiempo en esta zona del país que se me empezó a develar en las canoas que van y vienen, cuando la ciudad se inunda, que a la vez fue fácil de observar en esa forma como sus habitantes se sientan sobre las mecedoras, que también van y vienen, para ser testigos délo que pasa. Unas temporalidades diferentes que en algún punto se cruzaban", explica el artista, quien necesitó de la ayuda de hacedores de canoas y ebanistas para darle realidad a su proyecto.

Esta obra, y las de los otros artistas invitados: Cristina Schiavi, Henry Coleman, Nicolás Combarro y Will Rogan estarán hasta hoy en la exposición Encuentro de Lugares en Cartagena para explorar esas concepciones naturalizadas que tienden a poner en lugares diferentes el arte y la artesanía.

Tomado del periódico El Espectador, 11 de febrero de 2011

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El 42 Salón Nacional

Por: Humberto Junca Casas

Desde hace septiembre de 2010 se lleva a cabo el 42 Salón Nacional de Artistas (SNA), en las ciudades de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena. Con 70 años de vida, este es el tercer Salón que se efectúa siguiendo el modelo de curaduría; antes, se armaba a través de un equipo de jurados que decidía quién exponía entre los participantes de los Salones Regionales (SR), llevados a cabo un año atrás con obras seleccionadas de la misma manera: unos jurados de selección nombrados por el Ministerio de Cultura escogían a partir de fotografías, catálogos y hojas de vida enviadas por correo, lo que a su juicio representaba mejor la labor plástica en cada región del país. El resultado era una serie de exhibiciones donde se veía de todo: lo bueno, lo malo y lo feo. Así, el Salón Nacional agrupaba los anteriores conjuntos, de los Regionales, a lo largo de kilómetros de panelería en el único lugar en Bogotá donde podía caber tanta cosa: Corferias. Visitar un Salón Nacional en los años noventa, era una prueba de resistencia. Como entre tanta obra uno veía de todo y al fin de cuentas no veía nada, los artistas más recursivos, más interesados (no necesariamente los más interesantes), decidieron ponerse a hacer obras enormes, histéricas, llamativas, para ganar la atención del jurado de premiación; porque hace unos años -como en un reinado de belleza- se premiaba con dinero al mejor artista de cada región y luego, del país. Después de cada fallo del jurado, los críticos y los artistas perdedores (la mayoría) se ponían a escribir, a comentar donde pudieran, lo confuso, lo poco nacional que era el Salón y lo amañado del premio. Ahora, buscando evitar el caos, la ausencia de lo "verdaderamente nacional" y esas infladas "obras saloneras", tanto el Salón Nacional como los Salones Regionales se llevan a cabo a través de un concurso de curadurías: conjuntos de obras vinculadas por un concepto guía (un fenómeno presente en el arte, en la cultura de la región, de la nación, del contexto) en lo posible preciso y atractivo. De tal manera si hoy un artista quiere exponer en un Salón Regional tiene que pasar por dos filtros: primero tiene que contar con un curador que lo seleccione dentro de su proyecto curatorial y luego, tiene que esperar a que un jurado designado por el Ministerio escoja dicho proyecto para ser exhibido. Hoy día, muchos artistas opinan que participar tanto en los Regionales, como en el Salón Nacional, se ha vuelto una empresa imposible e inútil (ya no hay un premio millonario). Otros, los artistas más recursivos, los más interesados, se han convertido en curadores o han conformado equipos de curaduría para poder participar y así conseguir el dinero (esa nueva modalidad de premio) con que el Ministerio de Cultura patrocina la realización de cada proyecto curatorial.

De esta manera los 13 Salones de Artistas Regionales en 2009, se llevaron a cabo en curadurías propuestas por colectivos de las siete zonas en que el Ministerio ha dividido el país: Caribe, Pacífico, Centro, Centro-occidente, Oriente, Orinoquía y Sur. Luego, siguiendo un plan de descentralización (que había escogido a Cali, en la zona Pacífico, como sede del 41 Salón), el Ministerio delegó al equipo curatorial Maldeojo, (conformado actualmente por Rafael Ortiz, Manuel Zúñiga, Carole Ventura, Eduardo Polanco, Adriana Echeverría y Eduardo Hernández) la responsabilidad de organizar en la Zona Caribe, el 42 Salón Nacional. Ellos pusieron el nombre Independientemente a su proyecto curatorial basado en el pensamiento archipélico propuesto por el escritor francés, nacido en Martinica, Edouard Glissant el cual "intuye al Caribe como lugar de un nuevo tipo de pensamiento que defiende lo transversal en lugar de lo universal, donde el reconocimiento de la diferencia constituye el elemento principal de la relación en el mundo." Interesado en resaltar las diferencias, lo no-homogénico, lo transversal de la cultura caribe, Maldeojo propuso un Salón Nacional "horizontal, extendido, descentrado", construido en eventos consecutivos (pocas veces simultáneos) a lo largo de seis meses; comenzando con el seminario Geoestéticas del Caribe, llevado a cabo en Santa Marta en septiembre de 2010 y culminando en Cartagena con el Encuentro de Lugares (un encuentro académico entre el 9 y 12 de febrero de 2011) y la inauguración de una curaduría internacional, ¿Separados al Nacer?, producida por el artista e investigador argentino Esteban Alvarez, que pretende ser complemento a las curadurías regionales vistas a lo largo de estos meses en esas tres capitales del Caribe. Alvarez comenta: "¿Separados al nacer? propone un contrapunto entre la artesanía y el arte contemporáneo; para ello invité a un grupo de artistas a producir solos o con la ayuda de artesanos locales, obras que preguntan sobre el valor del trabajo manual en la región, en esta era de gran industrialización, de nuevas tecnologías. La mayoría de ellos no conocía Colombia, así que con la valiosa ayuda de Maldeojo, propusimos a cada uno posibles lugares pensando en sus obras anteriores y en sus intereses actuales. Los argentinos Leo Chiachio y Daniel Gianonne trabajan su propuesta en San Jacinto; Cristina Schiavi, también argentina, lo hace en Barranquilla; el alemán Gregor Passens escogió Cartagena (La Ciénaga de la Virgen); el estadounidense Will Rogan, Santa Marta; el colombiano Víctor Muñoz, escogió Mompox; el español Nicolás Combarro, Cartagena y el británico Henry Coleman, Barranquilla. El entorno mantiene a la artesanía (o al arte popular) fuera del mercado del gran arte, enfrentada a los productos del genio individual; como si nada valioso pudiese surgir de la creatividad colectiva. Quiero cuestionar eso. Y aunque me interesa mucho el contacto tangencial entre estos dos grandes globos que se seducen y repelen entre sí; en la muestra final se podrá ver que las obras extienden la discusión, incluso hacia el campo del diseño, la propaganda y la decoración."

Pese a lo interesante del proyecto de Alvarez; es problemática su presencia dentro del Salón Nacional. Dejando de lado la interesante tensión entre arte y artesanía; surgen algunas dudas. ¿Por qué Maldeojo no aprovechó la idea de Alvarez para invitar únicamente a artistas del archipiélago, de otros países del Caribe, y ejemplificar así plásticamente el concepto central de su curaduría? ¿Cuánto dinero le ha costado al Ministerio esta exposición internacional en un evento dedicado a apoyar y visibilizar el arte nacional? ¿Quién vigila las inevitables relaciones de poder entre los artesanos colombianos y los artistas extranjeros? Pienso en la empresa de comercio de artesanías de los hijos de nuestro ex presidente: ¿Cuánto pagan ellos a una tejedora wayúu por hacer treinta mochilas y en cuánto las venden en el exterior? ¿Cómo evitar pensar en explotación cuando se invita a un grupo de artistas internacionales que no tienen vínculos ni afectos directos con la región, a que hagan obras de arte a partir de procesos y objetos de comunidades marginadas? ¿Por qué no invitar artistas locales? ¿Acaso los artistas del caribe no están en absoluto interesados en la artesanía de su región? Quizás no. Está claro que en Colombia lo nacional no puede definirse sin la presencia internacional. Más allá de una lógica y sana complementación, esto quiere decir que lo que hacemos (cómo miramos y cómo juzgamos) sigue estando dictado por modelos extranjeros. No nos gusta ser quienes somos. Por eso el Salón Nacional tiene que tener artistas argentinos, españoles o británicos: para que lo justifiquen y lo hagan mejor.

Resumiendo: el 42 Salón Nacional se la juega entre la independencia y la dependencia, entre la igualdad y la diferencia, entre el arte y la artesanía, entre viejos y nuevos modelos expositivos, entre artistas nacionales e internacionales... y entre una acalorada polémica por la propuesta que Maldeojo hizo a los curadores de los 13 Salones Regionales de adaptar, editar, transformar su contenido para presentarse en el caribe. "En la matriz original del proyecto -apunta Rafael Ortiz-, para vincular las doce curadurías regionales con el caribe colombiano, planteamos tres líneas de acción: proponer a sus autores nuevas museografías, llevar a cabo tres proyectos de proceso con la comunidad, o traer un acompañante invitado que participara en charlas y visitas guiadas. Cada curador respondió de manera diversa. Los curadores y artistas de Tres lugares comunes de la Orinoquía, En restauración y Ruta de Tropas del Pacífico desarrollaron procesos y acciones participativas sin ningún problema. Otras, como MICROmacro de Centro-Occidente apoyaron a sus artistas de proceso en su trabajo con la comunidad. Mientras, las curaduría de la Oreja Roja (ahora "La Perseverancia) y Preámbulo de la Zona Centro y Simposio para las Artes del Pacífico, no mostraron interés alguno en desarrollar nuevos procesos en las ciudades correspondientes." Guillermo Vanegas, curador de Preámbulo, no calla su malestar: "Estoy incómodo con el manejo dado a las curadurías de los Regionales en la Zona Caribe al exigirnos editarlas y rehacerlas. Maldeojo estaba incómodo porque yo no quería desbaratar mi curaduría. Entonces insistieron que era obligatorio editarla. Desde un principio sostuve que no lo iba a hacer pues no era mi interés sacar a nadie de la muestra. Sé que quieren hacer bien la tarea, que desean cumplir con unas expectativas bastante altas -sobre todo de impacto en el público-, pero no saben cómo. Creen que citar a otros, es pensar lo que están haciendo; equivocándose al tratar de resolver con frases de escritores de Martinica o Santo Domingo, preguntas específicas del contexto colombiano."

Tendríamos que preguntar a cada una de las doce curadurías su parecer sobre la mecánica impuesta por Maldeojo y el trato recibido. Por lo pronto, semejante desencuentro en un evento que se jacta (como reza el conocimiento archipélico) de "reconocer la diferencia", demuestra la falta de consecuencia, compromiso y rigor de sus curadores. Pero, sobretodo, demuestra nuestro regionalismo exacerbado y (de nuevo) la imposibilidad que tenemos de pensarnos y asumirnos como país.

Sobre la discusión, Jaime Cerón, el nuevo asesor de la división de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, comenta: "El problema es que no hay suficientes procesos en la región que sirvan de antecedente y el nuevo esquema del Salón Nacional lleva apenas tres versiones. Además hay que tener en cuenta que la participación de los artistas colombianos en el Salón Nacional siempre ha mutado; este siempre ha sido polémico porque su cometido -dar a conocer lo que es el arte en Colombia- es imposible de abarcar en un solo evento. A lo que hay que agregar que los colombianos tenemos diferentes ideas de arte y de lo nacional."

Sin embargo, las discusiones suscitadas por este 42 Salón Nacional, dan pistas inequívocas de lo que somos, de lo que tenemos en común: regionalismo, arribismo, oportunismo, intolerancia. Hay que hacer una curaduría al respecto.

(Escribí este artículo sin haber visto ninguna de las exposiciones de este último Salón Nacional. Lo escribo guiado por la información que me ha enviado el Ministerio de Cultura y lo que me han dicho algunos de sus participantes. No critico obras, montajes, espacios, ni hablo del impacto en el público de la región pues no tengo herramientas para ello).

Tomado del periódico Arteria Ed. 27, enero de 2011

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Un Salón Horizontal

Por Rafael Ortiz
Director del 42 Salón Nacional de Artistas

El Salón Nacional de Artistas SNA, la manifestación de mayor tradición y relevancia de las artes visuales contemporáneas en el país, cumplió 70 años de existencia. Entre noviembre de 2010 y marzo de 2011, tiempo en que se desarrolla el actual Salón, llega a su edición número 42 con sede en el Caribe colombiano y con una propuesta que incluye componentes expositivos, académicos, de formación y de creación.

Victor Muñoz: Canoa mecedora del brazo de MompoxLa apuesta curatorial del colectivo Maldeojo del 42 SNA reivindica al Caribe colombiano como un espacio estratégico para el diálogo intercultural entre el territorio insular y el país continental, y activa trazos históricos que sirvieron para llegar a lo que hoy es la dinámica sociocultural en la región y el país.

Luego del anterior Salón en Cali, en 2007-2008, el colectivo Maldeojo participante de este proceso, analizó aspectos relacionados con el modelo del Salón desde que inicia con los regionales hasta la muestra del nacional. La inquietud era: ¿cómo podría verse un programa de esta naturaleza en la diversidad del Caribe colombiano? En ese caso se buscaba vislumbrar cómo un Salón sería marcado por las condiciones territoriales y culturales de esta región.

De esta forma, Independientemente, designación del 42 Salón Nacional de Artistas, asume el Caribe colombiano como suma de lugares donde cabría señalar las relaciones entre territorio y estética. Es un punto de vista que nos permite revisar los flujos y trayectos que unen el país con el Caribe insular y la geografía continental; un pretexto para entender lo que somos al entrar en contacto con otros lugares y paisajes mediante el enfoque de las artes visuales.

El ejercicio que se propuso a las curadurías de las diferentes regiones era poner a prueba lo que sucede cuando se viaja de un lugar a otro, de una región con características culturales a otra y que organiza sus costumbres de manera diferente. Algunas de las 12 curadurías de los 13 Salones Regionales de Artistas fueron itinerantes a escala regional, en uno o más sitios en 2009. Pero, en relación con el diálogo actual en el Caribe donde se propuso un viaje, un recorrido de un lugar a otro, se plantearon dos enfoques de preguntas, la primera ¿qué sucede? y ¿cuáles diferencias, particularidades y giros hay en la idea de lo itinerante y una posterior travesía regional que propone un diálogo intercultural? La segunda ¿sería simplemente un intercambio regional de acentos y costumbres?, o ¿una metodología de proceso que se exporta de un territorio a otro?

El sustantivo masculino de la definición de diálogo del diccionario en línea del diario El País dice: "Parte de una obra literaria o cinematográfica en la que la acción transcurre en forma de conversación entre los personajes". Una vez en la región Caribe, son las propuestas de proyectos de proceso de los artistas escogidos por las curadurías y los invitados acompañantes, o incluso los equipos de investigación curatorial, los que durante las Extensiones curatoriales en Barranquilla, Santa Marta y Cartagena sucesivamente mantienen la conversación y desarrollan el diálogo. En algunos casos fabricando desarrollos in situ, en otros cruzando y marcando el territorio, otros en sentido exploratorio.

A los curadores regionales les escribimos en un texto reciente, citando al reconocido autor francés nacido en Martinica, Edouard Glissant (1928-2011), en su ponencia Pensamientos del Archipiélago, pensamientos del Continente:

"En un universo en el que se conocen casi todas las regiones geográficas y físicas, una nueva región del mundo, que no se tratará de explorar, sino en la que cabemos todos: antiguos descubridores y antiguos descubiertos, antiguos colonizadores y antiguos colonizados, sin que ninguna ventaja de conocimiento, para uno u otro, derive de las herencias de dicho pasado, acercarse al mundo significa tanto morar en él como desandarlo o ir a la deriva".

El concepto de exploración realizado por este autor se aleja ostensiblemente de la idea de la conquista y las estrategias de poder. La exploración desde la poética es sumarse a lo explorado en un intento por descubrir, en doble vía, que el explorador se transforma tanto como lo explorado.

Entonces, ¿qué relaciones se pueden construir, no bajo consignas regionales, sino mediante discusiones culturales en este intercambio? Experiencia que se analizó en Encuentro de Lugares, la plataforma discursiva del Salón, en Cartagena (del 9 al 11 de febrero). Un acontecimiento que reunió los resultados de las muestras en Barranquilla, Santa Marta y Cartagena con las manifestaciones artísticas, el análisis y la crítica que se discute del actual SNA donde las relaciones intrínsecas son la norma.

Cuando se habla de territorio desde las prácticas artísticas y conscientes de la diversidad de eventos que integran el actual Salón, habría que pensar en relaciones con y desde el territorio. En ese juego de relaciones es deseable que se produzca un despliegue vital de nuevas formas de pensar y de construir el sentido de territorio, una mesa horizontal para que los diferentes actores entren en relación y generen creativamente mundos posibles que solo emergen en la fecundidad de los encuentros.

George Yúdice, reconocido profesor y teórico salvadoreño, en una entrevista dada a Tristestópicos dice: "Si uno comienza ideologizado, afirmando que el arte es para esto, o que debe hacer esto o lo otro, entonces el arte terminará ajustándose a tales creencias, siendo justamente lo que uno tenía en mente. Se trata más bien de permitir que se produzca una relación del artista con su medio o con otros artistas en colaboración para que de ahí surja alguna invención. Las obras que buscan poner en operación una ideología por lo general no generan una revelación. Cuando digo ideológico no me refiero necesariamente a una finalidad política, sino a una idea que luego se implementa, que se cree que se está llevando a cabo".

Consideramos que el Caribe se integra así como la plataforma geográfica donde las fichas del dominó yacen expuestas en desorden sobre la mesa, listas a invertirse para resaltar allí el paisaje, tanto natural como el de las relaciones sociales. Independientemente se configura en lo conceptual desde el pensamiento archipélico de Edouard Glissant, quien considera al Caribe como lugar de un nuevo tipo de pensamiento que defiende lo transversal en lugar de lo universal. Lo universal es una sublimación de lo particular. Ha caducado esta perspectiva tradicional -continental-, según la cual mi manera de ser sería la única válida universalmente. El reconocimiento de la diferencia constituye el elemento principal de la relación en el mundo.

"El fuego fértil será siempre un fuego conjunto", afirmó Glissant. El Caribe es un modelo rizomático, con múltiples raíces que permiten ir al encuentro de los demás, debido a su condición geográfica y a su peculiar forma de pensamiento: errático, criollizado y de fronteras porosas. Esa condición propia es la que facilita el encuentro de los otros y recoge iniciativas de afuera que entran en diálogo con lo local. El litoral es, de suyo, intercultural, su forma de pensarse y de ser así lo confirman, y ese modo de ser-pensar quizás se vincula con la propia geografía. El carácter abierto, extrovertido y espontáneo de sus gentes no es simplemente un modelo aplicable a la cultura regional. Lo que, en realidad, se destaca es el prisma de las relaciones: la lectura del otro en que la visión que multiplica es esencial así como el reflejo de los rayos solares rebotan en varias direcciones tocando conceptos que fundamentan el sentido del actual modelo de Salón horizontal. ❖

El Salón 42: Evolución y Vigencia

Hasta el 9 de marzo, en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, Cartagena es el epicentro de las artes visuales del país gracias al 42 Salón Nacional de Artistas, certamen que cumple 70 años de historia como el evento con mayor tradición, evolución y vigencia en la historia de la alta cultura nacional.

La importancia del Salón en el escenario de las artes visuales en América, en términos de permanencia en el tiempo, solo encuentra referentes similares en proyectos como la Bienal de Sao Paulo (Brasil), cuyos orígenes se remontan a los años cincuenta. Igualmente, por primera vez en su trayectoria, este espacio artístico tiene como sede una región del país, el Caribe colombiano, y no solo una ciudad. En su edición 42, el Salón se propuso una agenda de 5 meses, que comenzó en noviembre de 2010 y que finalizará en marzo. El Salón significa una gran movilización artística: 150 artistas, nacionales e internacionales han participado de sus acciones y exposiciones; 200 obras se han exhibido en espacios museográficos, más de 9 mil 500 personas han sido capacitadas en procesos formativos y más de 9 mil espectadores han visitado las muestras.

Del 9 al 11 de febrero, en Cartagena, se realizó Encuentro de lugares, espacio para descubrir los resultados de la agenda desarrollada en el Caribe por el 42 SNA, independientemente y para acceder a lo mejor del arte contemporáneo nacional. El Salón ofrece 10 exhibiciones que reúnen 8 curadurías regionales y una muestra de artistas internacionales en diferentes salas: Centro de Formación de la Cooperación Española CFCE; Museo de Arte Moderno de Cartagena MAMC; Museo Naval del Caribe, Salón Mauricio Obregón; Museo Histórico de Cartagena y Banco de la República, Casa de Bolívar, Edificio Emisor del Banco de la República.

Acceso a los Salones Regionales y las exhibiciones del 42 SNA en El Salón Nacional de Artistas es un evento organizado por el Ministerio de Cultura y el Museo de Arte Moderno de Barranquilla con el apoyo, en Cartagena, del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena.

Tomado del suplemento Lecturas, Periódico El Tiempo, marzo de 2011

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  Punto de vista

La Musa fea

por Lucas Ospina

De las tres musas culturales que han visitado a Cartagena en estos primeros días del 2011, dos parecen ser bonitas y una fea: las atractivas se llaman Festivales, mientras la otra solo recibe el extraño nombre de Salón. Las bonitas parecen combinar entre sí los valores canónicos y portátiles de la cultura: la primera fue el Quinto Festival de Música de Cartagena, del 6 al 15 de enero, dedicado a Bach y con sus obras interpretadas por "artistas de talla mundial" en más de 20 conciertos públicos y privados (incluyendo un concierto de público cautivo en la cárcel de mujeres). La otra musa buenamoza se llama Hay Festival, del 27 al 30 de enero, una especie de revista oral hecha a partir de charlas en torno a picantes y muy actuales contenidos temáticos de los círculos ilustrados cosmopolitas.

Ambos festivales provienen de encumbradas y sólidas familias, con un pie en Colombia y otro afuera, que han sabido comunicar un fuerte liderazgo. Gracias a la seguridad que proyectan no les ha costado capitalizar la inseguridad cultural empresarial y ganarse la "confianza inversionista": los grandes medios de comunicación y la empresa privada por vías del mecenazgo cultural aumentan su capital reputacional; esto, además de beneficios tributarios, se manifiesta en la lluvia de logos corporativos que exponen sus marcas de patrocinio por doquier como si se tratara de un circuito de la Fórmula Uno.

El éxito de estos festivales es tal, que además de tener sus eventos gratuitos a reventar, las boletas que requieren pago se agotan con prontitud; además, su cronograma estratégico incluye tanto a la población local —en especial estudiantes— como a turistas de mediano y alto vuelo. Incluso algunos "cartacachacos" de temporada extienden las vacaciones de fin de año para broncearse con el sol caribeño mientras se insolan con el sol cultural (algo parecido pero a la inversa sucede a los invitados a los festivales que por poner algo de su cultura acceden a viáticos y sol). Una vez acaban los eventos pasa lo mismo que con la temporada alta hotelera: la ciudad retoma su ritmo, hay uno que otro concierto, en la prensa local se habla de algún best seller, a las pocas librerías llega la menguada remesa anual de libros y alguna charla que se anota en la agenda quincenal. Sin embargo, es probable que estos festivales sean un "semillero" de ideas que sobreviva a la orgía cultural, un ejercicio de inseminación artificial que sumado al entusiasmo y la tenacidad de algunos creadores locales genere a futuro una escena creativa fuerte.

Pero hablemos de la musa fea: el Salón Nacional de Artistas, un evento que a pesar de sus setenta años de trayectoria —y ahora en su versión número 42— no llama la atención y difícilmente hará que los turistas le hagan el viaje, que los patrocinadores se peleen por colgarle un logo, y menos aún que las chicas del mundo del espectáculo de nuestra tele le hagan cubrimiento. Tampoco se verá al público peleándose la entrada. Si bien todo es gratis, no habrá hordas ansiosas de recibir su dosis personal de arte. ¿A qué se debe que esta musa sea la menos favorecida y la más esquiva? 

El salón que no es un salón

El Salón Nacional de Artistas ya no es un "salón" y quiere evitar serlo a toda costa. Esta reticencia no es solo una tendencia local aislada sino un afán de la inteligencia artística global. De los salones se pasó a las ferias, de las ferias a las bienales y ahora muchas bienales o cuatrienales prefieren ser encuentros que se extienden en espacio y tiempo y cuyo objetivo primordial, además de mostrar una o ninguna obra, es socializar el resultado del proceso de lo que hacen los actores del sector mediante los registros de las prácticas artísticas y de la formación de públicos que tuvieron lugar dentro del marco  extendido del evento, perdón, : festival, perdón, feria, perdón, bienal, perdón, encuentro.

Salón Nacional de Artistas, la marca registrada, tan cotizada en otras épocas, ha sido revaluada según el espíritu de estos tiempos y como lo explica el asesor del área de artes visuales del Ministerio de Cultura, Jaime Cerón, "la apuesta que hizo Maldeojo, el equipo curatorial de este salón, privilegió la articulación con las bases culturales de la región Caribe sobre la visibilización de los resultados, de ahí que haya necesitado de un tiempo extenso de realización".

En otras palabras, el Salón sería más un espacio para la gestión artística sobre la gestión artística de la gestión artística que un lugar para solo ver obras (como en un mundial de fútbol donde se juegan algunos picaditos de micro pero lo que importa es el marco del discurso que sale del micrófono de los comentaristas, registrar bien los distintos procesos de producción de guayos, el congreso de la FIFA y la podada del césped). Esto responde a una política a largo plazo del Ministerio de Cultura de los últimos quince años en la que se ha intentado ampliar el margen de acción del arte y se le han colgado a la marca registrada del Salón otras iniciativas que eviten que los funcionarios estatales "por alquilar un galpón cada cierto tiempo, imprimir un catálogo y dar un premio" piensen simplonamente que ya cumplieron su compromiso con las necesidades complejas del "sector" del arte.

Pero más allá de la ironía del símil futbolero, la reticencia a lo espectacular —demostrada en los dos últimos salones— responde a un refrito de las agudas lecciones que han dejado los pensadores de la sociedad del espectáculo, y además intenta marcar distancia con la visión del arte que se resumía a un cuadrito hecho por un genio (en el futuro cotizado y excéntrico) o por un pobre bohemio (un loquito incomprendido al que deberá reconocer la posteridad).

Por más que las prácticas artísticas y esas jerigonzas de etnografía precoz se presten para las clases en las universidades, para la demagogia participativa, para el asistencialismo estético, para justificar la inversión en arte bajo unos indicadores de gestión positivos (se toma lista con fervor de la población beneficiada que ha pasado por talleres), también, no se puede negar que la noción de prácticas artísticas ha servido para limar el cliché mercantil y decorativo que neutralizaba la ambigüedad del arte y lo convertía en el cuadrito decorativo de pared o el bronce pisapapel. El problema radica en que mientras los artistas sueltan las herramientas de un medio plástico y se adentran en el flujo discursivo de la filosofía, de la sociología, de la antropología, o del periodismo, el límite de lo que hacen se desdibuja. Mientras los artistas intentan fundir el arte con la vida a punta de piedras filosofales, diluyen lo que hacen en el reflujo constante de una realidad plagada de mensajes, la musa se les deforma, se pierde, confunde las demandas de la quimera inagotable del lenguaje con un rigor investigativo seudoacadémico que solo evidencia rigor mortis.

En átomos volando

A esta visión del artista como etnógrafo amateur se suma la atomización del Salón Nacional de Artistas. Explicar cómo funciona este evento que no es un evento es un galimatías que desborda los límites de la paciencia: la primera estación se dio en Barranquilla, del 11 de noviembre al 15 de diciembre, y ahí se mostraron cuatro curadurías regionales; luego, en Santa Marta, del 25 de noviembre al 15 de enero, hubo otras cuatro curadurías regionales y, finalmente, en Cartagena, del 16 de diciembre al 5 de marzo, hay otras cuatro curadurías regionales y otra general; a esto se suman acciones como Zona Franca, que consiste en aterrizar a nueva artistas internacionales para que desarrollen proyectos en Mompox, San Jacinto, Nueva Venecia, Nabusimaque, Palenque de San Basilio, Montes de María (al menos no los mandaron a San Bernardo del Viento). También está Archipelia que es el proyecto encargado de "talleres de formación técnica y teórica, prácticas artísticas, escuela de mediadores, programas de mediación para todo tipo de públicos, preparación a docentes de colegios públicos y privados para el acompañamiento de sus alumnos, cartillas pedagógicas y actividades académicas para público especializado". Y ya mucho antes, en septiembre del año pasado, se había hecho Geoestéticas, un seminario para "abordar las relaciones entre estética y territorio". Así que finalmente en febrero, lo que llega a su fin en Cartagena es Encuentro de lugares, un —gran evento nuclear— ahora sí un evento de exhibición de los resultados de los procesos del Salón y programación académica. Y para ser consistente con el inventario notarial, tocaría contar lo que es un Salón Regional, es decir, un proceso previo de convocatoria organizado por el Ministerio de Cultura en siete zonas del país, donde unos jurados escogen a unos grupos de curadores que han propuesto un proyecto y una vez seleccionados disponen de un incentivo y de una bolsa de trabajo para desarrollar lo que tienen en mente, primero en la región y luego trasteado al Salón Nacional.

¿Muy complicado? Entonces imagínese cómo meter toda esta información en un breve clip cultural, o cómo explicarle esto a un alcalde o a un patrocinador, o cómo sentar a un neófito a contarle lo que es un Salón Nacional de Artistas. Pareciera que el Salón, por más pedagogía que se le meta, solo es comprensible para sus iniciados, para los artistas y para el aparato que rodea a estos artistas: curadores y funcionarios del Ministerio de Cultura. La audiencia, por más atención que tenga, solo podrá tener un contacto tangencial. Tal vez, a manera de estímulo, debería haber un premio al espectador que pudo ser testigo de todo lo que sucedió, aunque tendría que ser una dote sustanciosa para compensar la inversión.

Salón de curadores

Al Salón, que ya no es un salón, se le cuestiona que no es solo nacional, e incluso, que ya no es de artistas sino de curadores pues estos se han convertido en unos editores más severos y protagónicos que los jurados de antaño y, paradójicamente, al agenciarse la voz de los artistas y tener el acto poderoso de nombrar, se han convertido inevitablemente en los autores de las exposiciones. Pero las curadurías son el sistema circulatorio del arte y sin ellas la trombosis es inevitable. Lo que se debería revivir es la figura de un Salón —paralelo a las curadurías y otras actividades— con amplio espectro de selección, sin temas pero con catálogo, una figura que desapareció inexplicablemente y que era el único escenario para ver las obras de artistas que son objetos no identificados por el radar curatorial. En cualquier caso estas discusiones bizantinas sobre la —fenomenología— y propedéutica del sistema del arte parecen puros chistes internos, una esfera privada de discusión propia de académicos que solo traduce una belicosidad ininteligible hacia fuera.

La originalidad del origen

Vale la pena terminar por el comienzo con algunas de las frases dichas en 1940 en la inauguración del primer Salón Nacional de Artistas.

Primero: "en la imposibilidad de someter a un canon estético determinado la obra de distintos expositores que han concurrido a este Salón (...), el juicio popular apreciará seguramente cada una de estas obras como el lanzamiento de algo personal, es decir que, para su instintiva sabiduría habrá tantas personalidades como tipos de arte y que para su juicio definitivo desaparecerá el denominador común. En consecuencia, ningún expositor tendrá razones suficientes para considerarse inadvertido o defraudado, porque cada una de las obras expuestas en este salón hallará su resonancia en espectadores de afinidad seleccionada".

Victor Muñoz: Canoa mecedoraSegundo: "otro de los fines es el de crear en el artista una conciencia del valor de su obra, que además de estimularlo en la creación estética personal, lo habrá de capacitar para juzgar y para estimar con meridiana imparcialidad y sin prejuicio de escuela o tendencia, el arte de los demás".

En otras palabras: el Salón Nacional de Artistas debe ser "sana agitación", no el ritual que año a año crucifica a un artista ganador o a un grupo curatorial, ni tampoco la religión políticamente correcta que ahora, una vez suprimidos los premios, se debate entre la demagogia participativa de la Cultura y el despotismo ilustrado de la curaduría. No más pueblo, sí espectador, un juez que duda en singular: ¿arte propio?, ¿arte internacional?, ¿arte del sistema solar? Hay tantos tipos de arte como personalidades. El Estado no dicta un "canon estético determinado". Si lo hace, convierte el arte en propaganda (por ejemplo: "Colombia es pasión"). Los artistas, más allá de la cultura de la queja, piensan, olvidan diferencias, se reconocen críticamente en el arte de los demás: no más Salón Nacional de Artistas.

Las profecías rimbombantes dichas en 1940 por el entonces Ministro de Educación, Jorge Eliécer Gaitán, hoy son ecos que retumban y despojan al 42 Salón Nacional de Artistas de su inocuo protocolo y ampulosa discursividad: hoy, en Cartagena, en Santa Marta, en Barranquilla, entre muchas obras hay 15 o 20 que trascienden el rifirrafe político-cultural. Los hechos las obras, el arte validan el evento,

Tomado de la Revista Arcadia No. 65, 18 de febrero de 2011

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