Fiestas de San Juan y San Pedro Festival

Festival (Folclor, gastronomia, reinado)

Personaje

 

 

Fiestas de San Juan y San Pedro

Festival, Ibagué, en junio

Festival en Neiva, en junio

A ColArte

 

   

El carnaval como un amanecer

por Diego Rubio

Cientos de miles de personas se toman las calles de Ibagué, la capital musical de Colombia, para cerrar las fiestas de San Juan, creadas para fomentar la paz en los años cincuenta, con bundes, reinas, aguardiente y lechona

Gildardo Aguirre, bailarín, historiador y profesor de 62 años, es señalado por muchos de ser una "leyenda viva del Festival". Cuando alguien le pregunta cómo nació el evento, el maestro Aguirre responde que él es de Casabianca, un pueblito del norte de Tolima donde se refugiaron Sangrenegra, Desquite y otros temidos bandoleros de la época de la violencia entre liberales y conservadores. ...

La respuesta del maestro no es evasiva, como parece, pues fue por ese entonces, y a causa de la violencia, que surgió el festejo: un grupo liderado por Adriano Tribín Piedrahíta concluyó que el pueblo necesitaba un momento para olvidarse de tanta sangre. Y viajó a Bogotá para pedir autorización al gobierno nacional de hacer una fiesta folclórica que coincidiera con el 24 de junio, día de San Juan Bautista.

"Cuando llegaron a la reunión con el presidente Alberto Lleras Camargo, él preguntó asombrado: ¿ Y cuántos policías necesitan para eso?. Todos pensaban que iba a ser un horror, que algo iba a pasar, tal vez una tragedia o una matanza. Pero lo único que sucedió fue que la gente salió a las calles a bailar los ritmos tradicionales en la carrera tercera, y que se integraron todas las clases sociales, porque en ese momento no había reuniones privadas ni recepciones en los clubes", cuenta Bethy García, reina del Tolima en el primer Festival, el de 1959, y actual directora de los concursos de belleza. Así nacieron las fiestas de San Juan, las tradicionales de Ibagué. Hace unos años, sin embargo, los organizadores del Festival decidieron alargarlas una semana más para que incluyeran también el fin de semana del San Pedro, que antes solo se celebraba en Neiva y algunos pueblos cercanos.

Bethy -la primera dama de Ibagué, la reina de reinas, la doña Tera tolimense- fue soberana de su departamento cuando tenía 14 años y desde entonces trabaja con la organización. En la mañana del 3 de julio pasado, desde un palco frente al edificio de la Gobernación, vio desfilar a las reinas con sus respectivos grupos folclóricos: a la de Cundinamarca, con sus bailarines enruanados y sudorosos a mediodía; a la del Guaviare, con sus hombres-lagarto simulando movimientos copulativos; a la de Magdalena, con sus ritmos caribeños que la hicieron merecedora de la corona; a la de México, i con sus mariachis que de tanto sonar ya parecen colombianos; y a la de Tolima, con su sanjuanero, su zapateo y su rabo e gallo, el trapo rojo que los tolimenses amarran al cuello de ancianos, niños, perros y extranjeros durante las fiestas. Como Eric y Elizabeth, dos noruegos que aterrizaron en Ibagué hace poco para adoptar a un niño colombiano, y que recibieron un pedazo de tela roja y un sombrero de manos de un extraño que pasó, les dio un trago de aguardiente y se alejó gritando: "¡SanJuan!".

Edgar Rodríguez, director ejecutivo de la oficina regional de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), afirma que durante esos días se mueven alrededor de cinco millones de dólares en el departamento y la economía crece un 150 por ciento. La empresa de acueducto factura más por gasto de agua, los del aseo se refuerzan para dejar la ciudad impecable (y la dejan impecable), las compañías de telefonía celular venden más tarjetas prepago y los revendedores de minutos hacen su agosto antes de agosto. ¿Y las lechonerías? Los responsables de Eduvina, uno de los restaurantes típicos más populares y tradicionales de Ibagué, dicen que en el último fin de semana pueden vender hasta 1.500 platos.

Hay algunos folcloristas que opinan, sin embargo, que la temporada ha perdido su esencia. El maestro Aguirre, por ejemplo, extraña los tiempos cuando en la Capital Musical de Colombia solo había bailes y trajes típicos. Poco disfruta la moda de ahora, con mujeres que andan como en el Carnaval de Río: en bikini y disfrazadas con plumas de avestruz. "Esas plumas nosotros solo las habíamos visto por televisión, por el canal Animal Planet", dice. Lo que sí está intacto, coinciden todos, es la energía de la gente, que sigue disfrutando del Festival como si fuera el primero, y bailando el bunde tolimense hasta que se acaba el aguardiente. Y ya se preparan para  las fiestas del próximo año, a las que asistirán así toque gozarlas desde la funeraria.

Tomado de la Revista Semana, El Corazón de Colombia, 2011

horizontal rule

 

  2013

La fiesta del folclor

Resistir el tiempo, con sus nuevos hábitos, no ha sido fácil. No ha sido fácil que las tradiciones y los ritmos permanezcan vivos en medio de un acelerado desarrollo y una inevitable globalización. Pero, pese a todo, muchas de las danzas, los cánticos y las costumbres colombianas se han mantenido intactas gracias a una buena cantidad de festividades. Una de ellas, acaso la más importante, es la que se está celebrando en Neivay que termina este fin de semana: la de San Pedro y San Juan.

Allí, desde tiempos de la Colonia, los habitantes, al son de las guitarras, las tamboras y el aguardiente, han revivido las raíces de un pueblo que en el siglo XVIII bailaba alrededor de diez días para proclamar obe- dienciay respeto a un rey de otro continente. Ahora, manteniendo muchos de los desfiles y los concursos que se instauraron desde 1960, la capital del Huila vive desde el 14 de junio una sola parranda.

Ferias artesanales, cabalgatas, reinados, encuentros de bandas sinfónicas y premiaciones artísticas, son sólo algunos de los actos que, hasta hoy, se han llevado a cabo. Pero aún falta mucho más: el sábado, por ejemplo, se realizará el encuentro nacional de danzas y el de compositores huilenses, y el domingo, para cerrar, las calles serán el escenario del gran desfile folclórico con sus coloridas carrozas y despampanantes comparsas.

Durante todos los días, entre muestras gastronómicas que incluyen tamales, achiras y asado de cerdo, los visitantes tendrán que moverse al son de la música campesina, del bambuco y el joropo. Las reinas y sus acompañantes tendrán que mostrar su destreza en ese baile lleno de complejos y delicados pasos.

En esta ocasión, además, se rendirá un homenaje a San Agustín. Infinidad de esculturas talladas en piedra se presentarán para celebrar los cien años de su descubrimiento.

Y todo eso quizás bastará para no olvidar nuestras costumbres. Para mantener vivas unas tradiciones que se resisten al tiempo y a la memoria.

Tomado del periódico El Espectador, 26 de junio de 2013 

horizontal rule