Pablo Guzman

San Agustin, Huila

Pintores

Figura Humana, Varios, Visual

 

  Pablo Guzmán

pintor

A ColArte

 

   

San Agustín 1987  

ESTUDIOS

2008: Maestro en Artes Plásticas, Universidad de Antioquia, Medellín.
2007-2011: Grabado  en el Taller La Estampa, Medellín. 

EXPOSICIONES

2011
V SALÓN DE ARTE BIDIMENSIONAL, Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Bogotá.
ARTBO 2011, Feria Internacional de Arte de Bogotá, Stand Galería La Cometa, Corferias.
PORQUE EL PAPEL  ESTÁ HECHO PARA NO OLVIDAR, Galería Casas Riegner, Bogotá.
TERCERA BIENAL DE ARTES PLÁSTICAS COMFENALCO 2011, Sala de Exposiciones de Comfenalco, Biblioteca Pública Castilla, Medellín.
NUEVOS NOMBRES, Segunda muestra colectiva de grabado, Museo el Castillo, Medellín.

2010
CONTRAPUNTO. Galería La Cometa, Bogotá.
VIDEO EXPOSICIÓN DEL BICENTENARIO: ARTES VISUALES EN COLOMBIA DESDE 1810, Museo de Arte Moderno de Bogotá.
LA ESTAMPA EN EL MAMM: UN TALLER ABIERTO POR 25 AÑOS, Museo de Arte Moderno de Medellín.
PROYECTO DORADO, Fundación Fondo Internacional de las Artes, Madrid, España.
PINTURA, OBJETO Y DIBUJO EN PEQUEÑO FORMATO, Museo El Castillo, Medellín.
PERMANENCIA: 15 ARTISTAS – 3 DÉCADAS, FACULTAD DE ARTES U. DE A. Cámara de Comercio de Medellín.
PRUEBA DE AUTOR: TALLER DE GRABADO LA ESTAMPA, Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta.

2009
LA MEMORIA DECAPITADA / SOBRE NÓMADA, Claustro de San Agustín, Bogotá.
ARTBO 2009, Feria Internacional de Arte de Bogotá, Stand Galería La Cometa, Corferias.
HERRAMIENTAS ALTERNATIVAS DEL DIBUJO, Casa Tres Patios, Medellín.
12 ARTISTAS JÓVENES, Sala de Arte Fundación Cardioinfantil, Bogotá.
PINTURA Y DIBUJO EN PEQUEÑO FORMATO, Museo El Castillo, Medellín.

2008
REMIRANDO LA COLECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA, Museo Universitario, Universidad de Antioquia, Medellín.
REFLEXIONES DESDE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN: JÓVENES ARTISTAS COLOMBIANOS, Galería La Cometa, Bogotá, Galería Naranjo y Velilla, Medellín.
ACADÉMICA VIII, Museo de Arte Moderno de Medellín.
PINTURA X 4, Galería de Arte Olivier Debré, Alianza Colombo Francesa, Medellín.
IMAGEN REGIONAL VI, Sala de Exposiciones del Banco de la República, Medellín – Pereira.
3D, EXPOSICIÓN DE DIBUJO, Casa Tres Patios, Medellín.

2007
HIPERTRÓPICO, INTEGRACION Y CONVERGENCIA ENTRE ARTE Y TECNOLOGÍA. Salones Regionales Centro Occidente, Zona Antioquia, Confluencias Arte-Ciudad, Casa Imago, Medellín.
PRIMERA BIENAL DE ARTES COMFENALCO, Sala de Exposiciones de Comfenalco, Biblioteca Pública Castilla, Medellín.
LOS HIPERAMIGOS: JÓVENES ARTISTAS COLOMBIANOS, Abierta Galería, Medellín.
12 SALÓN DEPARTAMENTAL DE ARTES VISUALES, Galería de Arte Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, Medellín.
PROTAGONISTA EL DIBUJO, Muestra del taller de Oscar Jaramillo, Sala de Exposiciones, Biblioteca Central, Universidad de Antioquia, Medellín.

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La pintura de Pablo Guzmán desarrolla un constante diálogo entre la realidad y la ficción, puesto que dada la escala real y el verismo de sus representaciones, logra alterar visualmente los espacios de la realidad, involucrarse en ellos, proyectarse desde y hacia ellos, consiguiendo desubicar al observador e implantarle serias dudas acerca de los límites y características físicas de! lugar donde se encuentra. Guzmán representa elementos de antigua tradición en la plástica como puertas y ventanas, pero en lugar de mostrarlas como representaciones, las instala con la lógica de elementos arquitectónicos reales y las acompaña con intervenciones en los muros lo cual no sólo le permite enfatizar que la realidad es fácilmente transformable, sino que lo verosímil no es necesariamente lo verdadero sino lo que tiene apariencia de verdad. Los personajes representados detrás de los dinteles o en las cercanías, parecieran traspasar sin problema la frontera entre las dimensiones física e ilusoria y relacionarse por igual entre ellos y con el observador.

Eduardo Serrano
Tomado del folleto Reflexiones desde la Realidad y la Ficción, Galería La Cometa, 2008

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Pablo Guzmán: En la mirada... el travieso acecha

Lo que era real eran las ideas y no las cosas físicas que se pueden tocar, yo estoy pintando las ideas, la idea de vaso, la idea de mesa, la idea de superficie.
Santiago Cárdenas4

La pintura de Pablo Guzmán es realista, autoreferencial y reflexiva, sin negar la tradición hegemónica de los elementos propios del lenguaje pictórico: mancha, color, perspectiva, volumen, composición, proporción, luces y sombras, de una excelente factura. Todos estos elementos, que mantienen su vigencia en las nuevas tendencias contemporáneas, son del dominio de Guzmán, quien no satisfecho con ello, establece relaciones directas con el espacio, involucrando el piso y la pared —de aquí la escala natural— que lo emparentan con la instalación.

Sobre la pared, él dispone "cuadros" perfectamente relacionados que rompen con la estructura de los montajes tradicionales; ya no se ubican a partir de un eje horizontal, sino a partir de las circunstancias particulares representadas a escala real. Los formatos —rectangulares y cuadrados— se ajustan perfectamente a la forma de las figuras representadas, interrogan la percepción entre la imagen, el objeto y los personajes, y de paso activan los espacios de exhibición.

Ventanas, puertas, escaleras, muros, persianas, y balcones —lugares comunes en la historia del arte—, se constituyen para Pablo Guzmán en elementos estructurales donde confluyen espacios interiores sugeridos por una puerta o ventana entreabiertas; y los espacios exteriores se ven reducidos a un fragmento de la acera, de un quicio, de un dintel o de una saliente en la fachada, para referirse a la cotidianidad serena y tranquila de sus amigos. Una vida de vecinos de calle para los que el muro es asiento de sus pilatunas, de sus malicias y acechanzas. Sobre la fachada se recuestan, se asientan, se esconden. ¡Allí son cómplices!

En algunos de sus trabajos propone niveles de lectura regidos por la dirección en la mirada de sus personajes: ésta define la composición de sus obras; construye pasajes entre los fragmentos, pasajes que permiten recorrer las diferentes superficies generando tensiones que orientan la lectura del espectador. A partir de la mirada se completan estas obras como totalidad, se arma el conjunto aparentemente disperso.

Sus últimas exploraciones plásticas lo han conducido a recostar los bastidores de la misma manera que se recuestan sus personajes o una escalera; a superponer bastidores como simulando una saliente en la fachada. Al recostar y superponer, Pablo activa preguntas de tipo conceptual que exigen nuevas soluciones formales, preguntas que oscilan entre el arriba y el abajo, en el espacio vacío Inmaterial que surge entre el muro y el bastidor, y en la sombra real. Todo lo anterior confirma el disfrute que el artista deriva de su hacer, que juega con la realidad y que es capaz de transformarla hábilmente.

Armando Montoya López
Tomado del folleto Contrapunto, Galería La Cometa, 2010

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El resurgir del arte figurativo

por Carlos Felipe Angulo, Medellín

EL ARTE CONTEMPORÁNEO ES UN UNIVERSO PARALELO EN EL QUE LA REALIDAD SE REPRESENTA A PARTIR DE SÍMBOLOS Y CONCEPTOS. CON ESTE PARÁMETRO, TODO AQUELLO QUE SE MUESTRE DE MANERA FIGURATIVA PARECE NO TENER CABIDA. PERO OTRA COSA PIENSA PABLO GUZMÁN, UN JOVEN ARTISTA QUE RESCATA EL VALOR DE LO FIGURATIVO PARA CUESTIONAR LA ESPECIALIDAD QUE VIVIMOS.

Pablo Guzmán es un hombre de apenas 24 años, delgado y silencioso. No presume de su inocultable talento artístico y evita adoptar posiciones desafiantes respecto de sus colegas o de las tendencias artísticas contemporáneas. Claro, eso hace él, pero su obra tiene un talante ligeramente distinto, pues en ella se exhibe la pericia de un artista que entiende lo que su obra exige de él. Pertenece a un grupo de jóvenes artistas (Nadir Figueroa, César del Valle y Edwin Monsalve) que coincidieron en la Universidad de Antioquia y que asumieron con valentía la tarea de usar el lenguaje tradicional de la pintura y el dibujo desde una perspectiva contemporánea.

Hoy, luego de haber culminado con honores su paso por la universidad, pinta de manera exclusiva para la galería La Cometa, de Bogotá, uno de los pocos escenarios donde sus obras se exhiben fuera de Medellin.

Su taller contradice el arquetipo fílmico del espacio de trabajo de un pintor: caótico e iridiscente, con colores desparramados en una paleta que reposa sobre una msa llena de bocetos. Aquí, en cambio, todo está dispuesto bajo un orden prusiano.

Es un lugar prestado —advierte— que le permite trabajar con comodidad los grandes formatos que utiliza. Evita posar, así que la conversación se desarrolla en un taller alojado en el altillo de su apartamento, en Medellin. Al llegar, sorprende encontrar una habitación estrecha e inapropiada para albergar grandes bastidores que apenas dejan espacio para pintar. Cada vez que Guzmán muestra alguno de sus cuadros pasa de ser una de las jóvenes promesas del arte colombiano a un consumado estibador de carga: arma y desarma un rompecabezas en cuyas piezas, muchas veces más grandes que su menudo cuerpo, se encuentra la esencia de un artista que entiende que en el fondo de toda obra genuinamente contemporánea reposa un anacronismo.

El anacronismo de la obra de Guzmán es evidente desde el principio, puesto que -—por lo menos hasta el día de hoy— es un pintor figurativo. Esta característica tan ajena a la academia contemporánea lo distingue de la topografía artística actual que, de ser tan abstracta, se pobló de arcanos que ahuyentan al transeúnte, al espectador desprevenido. Dicho de otra manera, se convirtió en muchos casos en arte para especialistas. Sin embargo, la pintura que nos ofrece este huilense va más allá del realismo del cual es tributaria, pues en ella no vemos simplemente una figura humana minuciosamente retratada, o un cuadro que se esconde tras los detallados pliegues de un papel de envoltura, sino que va más allá de la simple copia manual de una imagen fotográfica al trasponer bastidores e intervenir el espacio donde se encuentra. Utiliza recursos expresivos de la instalación, o pinta sobre una pared elementos arquitectónicos comunes, ya sean puertas entreabiertas por las que se ven entre la penumbra un corredor y una sala en el fondo, o ventanas con personas recostadas que miran a una calle en la que se encontraría el observador.

El realismo de la obra de Pablo Guzmán es, además de una opción dictada por la honestidad de su temperamento y de un gusto personal por la figuración, el marco desde el cual nos plantea una incertidumbre, así sea breve y momentánea, sobre la relación entre la realidad y la ficción.

LA REALIDAD: UN VIAJE DE IDA Y VUELTA

La elección de los elementos arquitectónicos que predominan en la obra de Pablo Guzmán está determinada por la escala natural en la que se representan los personajes dentro de su pintura. Sin embargo, estos elementos —que en principio respondían a exigencias técnicas puntuales— se convierten en componentes recurrentes debido a los contenidos narrativos que de ellos se desprenden y a los efectos estéticos que le imprimen a la obra: una escalera o una ventana detrás de la que se oculta una intimidad apenas sugerida por los efectos de la luz en una cortina... o una puerta o una reja que modifican la percepción del espacio. De esta forma, el diálogo de los personajes no solo queda subordinado por las peculiaridades con que fueron representados, sino que el espectador se siente parte de él, como un voyerista involuntario que emerge por un efecto de percepción que se produce al tratar de entender el espacio que percibe dentro de la obra.

Esta particularidad en el trabajo de Guzmán ofrece al comprador de sus obras la oportunidad de jugar con ellas, pues la elección del lugar donde se deben ubicar es fundamental para explotar todo su potencial estético y conceptual — algunas de ellas las modifica para que encajen perfectamente en el espacio donde serán expuestas—, para evitar malentendidos, es preciso aclarar que no se pretende confundir la obra con la realidad. Guzmán no está interesado en el fotorrealismo; por el contrario, quiere hacer pintura con contenido o, para usar sus propias palabras, "cifrar en la figura una realidad abstracta". Estos sencillos elementos constituyen la materia formal que compone la obra actual de Pablo Guzmán, La cotidianidad con que son dibujados sus cuadros y las tensiones que surgen de su lectura enriquecen el fundamento conceptual de la obra que nos presenta. Gracias al uso de estrategias expresivas novedosas, como inclinar los bastidores que retratan una escalera en la que se encuentra una persona, y el uso de la técnica realista del trampantojo (que consiste en engariar al ojo mediante la manipulación de la perspectiva), el artista le devuelve al espectador la espuela vital del asombro, y tiende un puente entre la obra y aquel que la contempla. No se trata entonces de un despliegue fútil de , técnica vacía, sino de un retorno a los fundamentos de la pintura para devolver al arte figurativo su lugar en la contemporaneidad. Es una propuesta que nos cuestiona sobre la naturaleza de la realidad y de nuestra relación con ella.

Cae la tarde. Pablo Guzmán dice que prefiere trabajar de noche "porque la luz es constante". Toma uno de los muñecos de plastilina que usa como modelos para recrear la incidencia de la luz en sus personajes. "Casi todas las personas que pinto son mis amigos de la universidad", confiesa antes de despedirnos.

Tomado de la Revista SUMMUS No. 15, febrero de 2012 

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