Festival de Teatro Sala B Festiva

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Festival de Teatro Sala B

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El festival de teatro Sala B nace de la gestión del Consejo Distrital de Arte Dramático al interior del sector de los grupos de teatro que no tienen sala en Bogotá, con el apoyo de la Gerencia de Arte Dramático del Instituto Distrital de las Artes - IDARTES- y este año realiza su tercera versión.

Se llevará a cabo del 16 de agosto al 1º de septiembre en los teatros La Castellana, Nacional Fanny Mikey, Libre de Chapinero y Libélula Dorada y será organizado por la Corporación Changua Teatro, colectivo artístico que este año cumple 10 años de labores teatrales ininterrumpidas.

Tomado de http://bogota.vive.in/enescena/bogota/obras/agosto2012/EVENTO-WEB-FICHA_EVENTO_VIVEIN-12127102.html , 2012 

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  2013

IV Festival de Teatro Sala B

El espacio de los que no tienen lugar

por  ADRIANA MARÍN URREGO

amarin@elespectador.com  -  @adrianamarinu

Las historias son muchas. Historias de teatro y de tablas. De grupos que lo han sido por más de tres años, por lo menos. Pero que no tienen sala. Son los grupos de mediana trayectoria que están en Bogotá, buscando, rebuscando lugares para ensayar, maneras de financiarse y de presentarse. Que la gente vaya y ellos vendan boletas. Que la plata de las boletas alcance para pagar la sala que alquilaron, que alcance para ellos también, aunque sea un poco. Están acostumbrados a moverse. De sala en sala, de espacio en espacio, de apartamento en apartamento. Donde haya un lugar que puedan usar para ensayar.

Las historias se repiten, los grupos se fueron formando. Punto de Giro, por ejemplo. Amigos que se asociaron y que empezaron a actuar, a montar obras de autor, de texto. Su trabajo gustó en el medio y los empezaron a llamar de un lado y del otro para hacer temporadas, para presentar su obra. Y así se fueron consolidando. Changua Teatro tuvo un comienzo similar y ahora lleva 11 años de trayectoria, con un equipo estable, autodidacta, que plantea sus propias dramaturgias. Está el caso, también, de Claudia Maldonado, una colombiana que estudió en Francia y volvió a montar su compañía, el Teatro La Complicidad. Ahí se sostiene, como las otras dos, y como muchas otras, haciendo propuestas innovadoras sobre las tablas.

En Bogotá hay muchas más de estas historias que se iluminan, tímidamente, en diferentes sectores de la ciudad. Al principio, entre ellos se daban codazos y se atacaban, hasta que descubrieron que era mucho mejor asociarse. Y se empezaron a ayudar, poco a poco, sin proponérselo. Crearon una organización alrededor de un evento, el Festival de Teatro Sala B, que ellos mismos idearon para mostrarse, para solucionar muchas de las dificultades que se les presentan al no tener espacio propio. Son entre 30 y 40 grupos de mediana trayectoria (entre tres y doce años), de teatro de texto y sin sala, los que se reúnen cada año. Escogen, primero, el líder de ese año y, luego, los mejores montajes de los 40 grupos. Este año la directora del evento es Maldonado y bajo su liderazgo se escogieron 15 grupos.

Llevan cuatro años haciendo lo mismo. Al principio no tenían presupuesto. El Instituto Distrital de las Artes (Idartes) les prestó algunas de las salas concertadas para que pudieran presentar las obras. No más. No había más. Luego, para los festivales que vinieron, las cosas fueron mejorando. Idartes fue entregando más presupuesto. De no tener nada pasaron a recibir $30 millones y de esa suma pasaron a disponer de $80 millones.

"Todo hace parte de una política estatal que ya existía, pero que el festival ayuda a potenciar", dice Narda Rosas, directora de la División de Arte Dramático en Idartes. Ya existía una especie de clasificación: artes circenses, teatro de calle, teatro gestual, entre otros. Los grupos de mediana trayectoria, de teatro de texto, empezaron a figurar ahí, cuando se organizaron. Y así, lentamente, y en la medida que hubo comunicación con Idartes, el presupuesto fue aumentando cada año.

El resultado es maravilloso. Nosotros no somos los únicos aportantes, cada uno de los grupos contribuye, además, con su trabajo en gestión y en visibilización", afirma Rosas. Las cosas son así. Se está empezando a crear una cultura de gestión. Los artistas ya no esperan a un mecenas que venga y los apoye sino que se están concientizando sobre la importancia de mostrar su función, de "venderla" para que la gente vaya. Ellos mismos se están encargando de crear su propio público. Las redes sociales y la free press han sido fundamentales para la divulgación. Por ahí se muestran las obras, las salas, las fechas y los horarios. Y la gente va. Cada vez más. "El festival ha sido una ventana muy grande. Ayuda a hacer publicidad para los grupos, muestra que están vigentes, produciendo, creando. Es una ventana que se abre", cuenta Andrés Rodríguez, cabeza de la tercera versión del evento.

Uno de los grandes temores sobre el IV Festival de Teatro Sala B, que empezó la semana pasada, era que la gente no asistiera. Las versiones anteriores habían sido gratuitas y este año empezaron a cobrar. Ahora pueden confirmar que sí, que en Bogotá es posible que el artista haga valer su labor y cobre por su trabajo. Las salas han estado llenas, incluso el día de la inauguración, que coincidió con las fuertes protestas por el paro agrario. En el centro de la ciudad, después de que terminaron los enfrentamientos por las calles de La Candelaria, llegaron 200 personas al Teatro Libre del Centro, para ver El fatalista y su patrón, del grupo Quinta Picota. La gestión está funcionando, entonces, y está funcionando bien. Ellos esperan que cada año sea mejor, que se cree más público. Un público que vaya, que mire y, sobre todo, un público que exija buen teatro.

Tomado del periódico El espectador, 05 de septiembre de 2013 

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