Santiago Rivas

Bogota

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Santiago Rivas, presentadort

 


Santiago Rivas

presentador

 
A ColArte
 

 

   
 
 La diferencia entre Santiago Rivas y las presentadoras de canales privados es su libertad de acción. Improvisa sobre los textos e inserta apuntes afilados referentes a la cultura o la política. Empezó en Internet con el video blog “Parodiarlo” como libretista, actor y presentador y con el dibujo animado de humor político “El pequeño tirano”, donde escribía y hacía las voces de los personajes. Se presentó por primera vez para televisión en Los puros criollos, resaltando símbolos patrios no oficiales tales como el Divino Niño o el Chocorramo. Su estilo irreverente y entrañable puso a pensar a los productores de Señal Colombia. Santiago no reunía los requisitos televisivos convencionales, pero decidieron jugársela con él.

Santiago ha logrado mantener la independencia que solo da la no necesidad de un rating. “En un medio libre de publicidad, uno es libre de decir lo que se le dé la gana. En RCN no se puede decir nada en contra de las gaseosas, ni sobre el abuso del azúcar. La gente se puede morir de diabetes, pero no les importa”. Actualmente presenta, hace notas vveb y es bloguero para “En Órbita”, un informativo cultural cross media, en tres plataformas distintas para incentivar la creación colectiva. Consta de una emisión diaria por Señal Colombia, un espacio en las emisoras Radiónica y la Señal Radio Colombia, y un portal de Internet, con un equipo de más de cuarenta especialistas en todo el mundo.

Tomado de la Revista Diners No.524, noviembre de 2013  
 
   
 

Rompiendo esquemas

Si hace unos años le hubieran preguntado a Santiago sobre la posibilidad de presentar un programa de entretenimiento en televisión, su respuesta habría sido un rotundo y contundente ¡no, ni loco!’. Sin embargo, después de haber llegado por casualidad, pero gracias a su talento, a la TV y luego de obtener tres Premios India Catalina como Mejor presentador de entretenimiento, y sumar otros dos premios con Los puros criollos como Mejor programa de entretenimiento, Santiago comienza a tomar en serio su papel de personaje público como parte de esa farándula a la que, incluso, algún día criticó.

Santiago RivasRolo santafereño

Nacido el 21 de febrero de 1982, en un hogar de clase media en Bogotá, este hincha de Santa Fe, fanático de los cómics, y con un amplio gusto musical, creció en medio de comodidades, arte y cultura y, aunque estudió en uno de los mejores colegios de la capital -el Gimnasio Campestre-, no quiso seguir el típico camino de los ‘niños bien’ y, al terminar el bachillerato, ingresó a la Universidad Nacional, y para sorpresa de muchos, no escogió algo relacionado con la presentación o el periodismo. Se decidió por las Artes Plásticas. “Cuando estudié Artes en la Nacional, nunca me imaginé terminar en la televisión. Decidí lo que iba a estudiar, artes, a los 11 años. Por un momento lo dudé, aunque no cambió mucho mi perfil de desempleado (risas). Pensé en Filosofía o Literatura. Me gusta mucho dibujar, lo hago todos los días, me encantan los cómics, y pensé en Diseño Gráfico, pero Artes era lo mío. Estudié en la Nacional, porque siempre fui muy de izquierda y, aunque no milito en ningún partido, así uno no pertenezca a nada, considero que es la mejor opción para estudiar”.

Un Izquierdoso’ a la farándula

Al terminar la universidad, comenzó a notar que en sus caminos nada estaba escrito, y la vida le empezó a dar sorpresas inimaginables respecto de su rumbo. A sus 22 años, se convirtió en docente del mismo colegio donde estudió, oficio que, considera, le dio parte de las herramientas que ahora le son útiles como presentador. “Trabajé como profesor de mi colegio dictando clases de arte para los más grandes, y no fue fácil. Mi familia es de buenos conversadores, nos dedicamos a los crucigramas y de allí el léxico. También hice teatro en el colegio y eso ayuda a vocalizar y a proyectar la voz, pero todo lo que aprendí a hablar en público fue gracias a ser profesor. El público más difícil son los adolescentes. Uno tiene que ser como un entrenador de delfines y un domador de leones: toca tenerlos ahí, pero hay que entretenerlos. Si no, los pierdes”.

Después de cuatro años como docente, y tras haber tenido un videoblog de humor, unos amigos lo recomendaron a Néstor Oliveros, la cabeza de Los puros criollos, quien estaba buscando quien presentara un programa piloto. Él lo hizo y gustó, y aunque al principio fue reacio, finalmente aceptó presentar. “El piloto pasó todas las etapas y, en algún momento, alguien se quejó porque yo no tengo el tipo convencional de la tele-
visión, salvo por Pacheco, Jota Mario y el Gordo Benjumea (risas). Las quejas no prosperaron y quedé”. Santiago está orgulloso de su programa: “El objetivo de Los puros criollos es hacer un programa sobre la identidad nacional, sobre nuestros problemas y vacíos de identidad, sobre las cosas bonitas de la colombianidad, que nos convocan. Habla sobre el arribismo de este país, un país que siente vergüenza de ser lo que es y que, por ese sentimiento, se niega muchas cosas bonitas. Los mexicanos o los brasileños no necesitan un ‘Puros criollos’, pues tienen claro los símbolos no oficiales de su identidad, los respetan, los quieren y los cuidan. Nosotros no. El programa es eso. El temario es muy bonito”.

SU IRREVERENCIA EN FRASES

► “A la gente le parece ‘fo’ todo lo que suene a negro, a indio, a campesino, a pobre, ¡‘fo fo fo’! Como este es el país del ‘progreso’, todo el mundo trata de ser lo que no es”.

► “El tropipop no me gusta, porque me parece que es la venganza del cachaco. Es un vallenato todo aguado”.

► “La farándula me aburre. Uno necesita escapes y la cultura, el entretenimiento y las celebridades son parte de la cultura Es ineludible. La cosa con eso es que se trata de un mercado que trafica con la inseguridad de las personas, la gente se siente avergonzada de lo que es y las celebridades están ahí, como un modelo de lo que podrían ser”.

► “De las famosas me gusta Paola Turbay, porque la he visto envejecer sin Botox. La admiro por eso”.

Tomado de la Revista VEA, Edición 078, abril de 2015