Manuel Hernandez

Bogota

Pintores (Abstraccion en signos y acentos)

Abstracto

Manuel Hern�ndez, pintor - fotograf�a por Olga Luc�a Jord�n

Manuel Hern�ndez

http://www.manuelhernandez.8m.com/ 

pintor

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CRITICA
2000 a Hoy

El territorio de Manuel Hern�ndez

por Mar�a Paulina Ortiz

EI taller de este pintor bogotano es fiel reflejo de su obra. All�, y solamente all� Manuel Hern�ndez se mueve a sus anchas

Blanco, muy blanco y ordenado. Muy ordenado. La primera impresi�n que surge al entrar al taller de Manuel Hern�ndez es que el pintor est� de vacaciones, ha tomado un receso, hace tiempo no pinta ni mueve los lienzos; todo est� tan en su sitio que es posible llegar a pensar que una persona se encarga de organizar cada cosa diariamente, nada m�s. Pero: error. En ese espacio impecable, Hern�ndez pinta todos los d�as, de lunes a viernes, y muchas veces los fines de semana, siempre hasta la una de la tarde.

El maestro abre la puerta y antes de hablar de �l, habla de los dem�s: "El taller lo dise�� el arquitecto �scar Posada, muy bueno...". Tambi�n cuenta que la escultura que hay a la entrada es de Carlos Rojas. "Carlos me la dio con la �nica condici�n de que la dejara siempre ah� y as� lo he hecho. Qu� buen artista era", dice mientras sube al segundo piso. All� lo esperan sus lienzos, sus brochas, sus acr�licos, sus libros de historia del arte. Las grandes ventanas dejan pasar la luz del sol sin que nada lo impida. "No quise poner cortinas", explica. Muchos cuadros casi met�dicamente recostados se ven sobre todas paredes. Ordenado como su pintura, es su taller. Equilibrado. Nada fuera de lugar.

"YO SOY BOGOTANO". ESO ES LO PRIMERO que sale de su boca. "Es que casi nunca dicen eso". Bogotano que siendo ni�o lleg� a Tunja a estudiar en la Normal de esa ciudad. "A mi pap� le gustaba paisajear", es otra cosa que cuenta casi de memoria. A�n tiene guardados algunos dibujos que hac�a su padre, ingeniero agr�nomo, en esas salidas a la sabana. No eran muy buenos, aclara, era un aficionado. Hern�ndez dibujaba desde ni�o y de hecho entr� a la Escuela de Bellas Artes convencido de querer ser pintor. Ya formado, se dio cuenta de que ten�a ideas en su cabeza que para nada coincid�an con las que reinaban por esos a�os en el panorama colombiano. Pintores como Ignacio G�mez Jaramillo y Luis Alberto Acu�a hab�an sido sus profesores, s�, pero su obra no ten�a que ver con lo que �l quer�a hacer. Manuel Hern�ndez se entreg� a la abstracci�n desde entonces y para siempre. No ha salido de ella, no le hace falta, no quiere. Sus tempranos viajes a Suram�rica -especialmente a Chile, donde conoci� a Roberto Matta-, a Europa y a Estados Unidos-donde lo sobre cogi� Mark Rothko- le ratificaron que el artista s� pod�a hacer otra cosa distinta al realismo. Bienvenidos sus signos: 

Con sus formas y sus colores ha dialogado Manuel Hern�ndez durante estos �ltimos cincuenta a�os. M�s que con las personas, porque es un hombre callado, t�mido, quiz�s algo solitario. "Yo hubiera querido ser monje", dice el pintor. Y no porque le hubiese interesado estar enmarcado en una corriente religiosa, nada de eso, sino por lo espiritual y sereno que ese estilo de vida implica. Estas cinco d�cadas de trabajo, a pesar de consolidarlo como uno de los grandes del pa�s, han estado ausentes de aspavientos y manifestaciones comerciales. Lo suyo es estar en las cuatro paredes de su taller. All� es donde se da lo verdaderamente importante. Lo dem�s, que siga sin �l. 

HACE A�OS DEJ� EL �LEO PARA TRABAJAR con el acr�lico, de hechio, fue quiz�s el primero en usar este material en el pa�s. Las brochas que lo esperan en su estudio no son esas finitas, tan delgadas, de otros artistas. Son las que cualquier persona usar�a para pintar una mesa de su casa, su casa misma. Las ideas de sus cuadros pueden aparecer sobre el lienzo mismo, otras llegan de los cientos de bocetos que hace a l�piz o carboncillo en libretas de todos los tama�os. Libretas que tiene guardadas, tambi�n muy ordenadas, en un mueble all� mismo en su taller. Algunos de estos bocetos est�n a la espera desde los a�os sesenta. Son algo distintos a lo que Manuel Hern�ndez hace hoy. L�gico. Porque aun sin salirse nunca de la abstracci�n, su obra ha cambiado. �l habla de contornos, de balances, de equilibrios, y concluye: "Voy hacia la simplificaci�n. Hacer lo m�ximo con lo m�nimo". La exposici�n suya que ahora est� en el museo de la Universidad Nacional deja ver este camino recorrido. Territorios �ntimos es su nombre, una muestra itinerante que ha estado ya en varias ciudades del pa�s durante los �ltimos tres a�os. Silenciosa, como su creador.

Tomado de La Revista de El Espectador, No.124, 1o de diciembre de 2002

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Manuel Hern�ndez - Signos 

por Marta Rodriguez
profesora Instituto de Investigaciones Est�ticas
Facultad de Artes
Universidad Nacional de Colombia 

El Museo de Arte de la Universidad Nacional quiso unirse al homenaje que le han venido haciendo distintos Museos de pa�s al Maestro Manuel Hern�ndez. A partir del Homenaje Nacional que le hizo el Ministerio de Cultura cuando le confiri� la "Gran orden Ministerio de Cultura" en 1998, en los �ltimos dos a�os se han realizado una serie de exposiciones en distintas ciudades de Colombia.

En el 2000, el Museo de Arte Moderno de Barranquilla y Museo de Arte Moderno de Cartagena, exhibieron la muestra titulada "El sino de un signo" y a lo largo de este a�o, se llev� a cabo la muestra retrospectiva, "Arquitectura de la memoria" que itiner� por el Museo de Arte de Pereira, Museo de Arte de Caldas, el Museo de Arte Moderno la Tertulia de Cali y el Museo de Arte Moderno de Medell�n. 

La muestra que se realiza en las salas 1 y 2 del Museo de Arte de la Universidad Nacional, est� conformada por pinturas y dibujos que recogen diversos aspectos de su trayectoria que va desde comienzos de la d�cada del 60 hasta el 2000. En lo referente a la pintura se han privilegiado obras que no han sido mostradas en Bogot�; en cuanto a los dibujos, todos in�ditos, se procura hacer expl�cito el proceso que ha tenido el signo, al interior de este desarrollo, resaltar un aspecto intuitivo de Manuel Hern�ndez, una faceta visceral que pone en evidencia que detr�s de su meditaci�n pausada est� presente un artista arriesgado, que en ocasiones transgrede sus propios l�mites. Tanto en las telas, como en la obra sobre papel, se ha querido enfatizar su fascinaci�n, su indagaci�n apasionada y constante con el color, una b�squeda que se fundamenta en la percepci�n �ptica pero que es de orden eminentemente espiritual, se trata de una abstracci�n l�rica que logra conmover profundamente al espectador. 

Desde la d�cada del 60, despu�s de ganar el XIII Sal�n de artistas colombianos, con una obra figurativa, Manuel Hern�ndez se compromete con un trabajo puramente abstracto. Su lenguaje se consolida a trav�s de una indagaci�n pict�rica en la que, como se anotaba, el color juega un papel definitivo y desde los inicios se prefigura el signo que va a caracterizar su producci�n hasta el presente; con estos elementos pl�sticos puros, forma, color y superficie, se produce. una de las obras pict�ricas m�s destacadas del pa�s.

Las variaciones que aparecen a lo largo de su trabajo a primera vista son sutiles; en una primera etapa, los bordes son m�s precisos, la pintura un poco m�s empastada, la composici�n de las formas es m�s compleja y pesada en la medida que hay varios elementos que conviven sobre la superficie. Posteriormente, una vez que encuentra la posibilidad de trabajar con finas veladoras de acr�lico, su trabajo se encausa hacia una imagen de orden m�s minimalista, m�s esencial, se hace m�s silenciosa e invita a la contemplaci�n.

A partir de finas y sucesivas capas de color, Manuel Hern�ndez logra crear unas zonas crom�ticas densas, atmosf�ricas, que pueden variar de los rojos m�s intensos a los negros m�s profundos; de esta manera se inicia una larga serie de juegos, de variaciones, en las que el signo se agranda, se achica, a veces se expande al punto que llega a ocupar casi todo el espacio de la tela; o en ocasiones flota como un elemento ligero y leve sobre una superficie que en virtud de sus propiedades crom�ticas, lo destaca, lo saca hacia adelante, mientras otras veces Lo atrapa o lo camufla, y en cada uno de esos juegos sutiles, que tienen un efecto poderoso, el pintor arriesga a trav�s de una profunda meditaci�n, todo el potencial emotivo, l�rico, del color y su relaci�n con la forma. 

Manuel Hern�ndez comenta que su obra su ha nutrido de encuentros directos con la pintura, con las obras, m�s que con las teor�as que le son inherentes, pese a esto, cuando se piensa en la dimensi�n crom�tica de la obra de Manuel Hern�ndez, es posible establecer una conexi�n con las ideas de Kandinsky, y expresamente con las que expone en el libro De lo espiritual en el arte, donde se plasma una de las reflexiones m�s profundas acerca del valor espiritual de las formas y el color. A prop�sito del color, Kandinsky dice: "La riqueza crom�tica del cuadro debe atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido m�s profundo ". Postulado que se cumple plenamente en la obra de Manuel Hern�ndez, quien refiri�ndose a su trabajo m�s reciente, dice: 

"Ahora hasta mis colores .se est�n limitando: son pocos y sobrios. Su gama es m�s cruda, m�s precisa. El blanco y el negro se apoyan en una paleta m�nima. Por eso utilizo casi un color de base y dos o tres muy esquem�ticos. No quiero que el color se disperse en todo el contenido de mi obra. De lo contrario alterar�a su quietud y su silencio. (...) Prefiero el blanco, el negro, el azul, el rosa, el rojo ligeramente apagado ... lo que busco es, ante todo, apoyar al contenido: sugerir dramas, viajar al interior, poner en suspenso. Pero el color debe ser, ante todo, la parte categ�rica de la totalidad del cuadro ". 

Ese contenido profundo, al que se refieren Kandinsky y Hern�ndez, se relaciona tanto con las emociones, los sentimientos del artista, como con la forma pura. A este respecto es interesante observar como el color de Manuel Hern�ndez se conforma tanto a partir de experiencias con el paisaje colombiano como con la pintura abstracta, especialmente con el expresionismo abstracto, con pintores como Rothko, Reinhardt y Newman, quienes trabajan amplios campos de color. Cuando Hern�ndez cuenta su experiencia con el paisaje colombiano, que tambi�n puede asumirse como un "amplio campo atmosf�rico", se explica un aspecto, una raz�n de ser, de esas veladoras de color que permiten crear ese efecto meditativo de su pintura, esa potencia crom�tica que prevalece en cada una de sus obras:

"En La Vega, Cundinamarca, permanec� por etapas. Ah� encontr� que hab�a un presentimiento de lo que despu�s iba a hacer. En La Vega siempre hab�a cambios atmosf�ricos muy intensos, bellos, que me produc�an una gran inquietud. Lo mismo me suced�a con el vapor que se levantaba del piso. Lo nuestro es a la inversa de lo que sucede en el paisaje europeo: es una transformaci�n inminente de capas superpuestas de saturaci�n. Nada es superficial en el sentido de que yo pudiera trabajar algo sin meditaci�n ". 

La presencia de un color atmosf�rico, las capas sucesivas de saturaci�n y la meditaci�n, como anotaba anteriormente, son elementos caracter�sticos de la pintura de Manuel Hern�ndez que dan cuenta del car�cter reflexivo y pausado de su pintura. Los bordes imprecisos de sus signos permiten vibraciones crom�ticas que son percibidas por el ojo, pero, como dec�a Kandinsky, estas vibraciones proceden de un "principio de necesidad interior" y deben afectar "el alma" del espectador �ntimamente. Recorrer esta muestra de Manuel Hern�ndez implica una experiencia intensa con la sonoridad interior de los colores, con la profundidad que puede percibirse sobre una superficie plana desprovista de perspectiva ilusionista, una profundidad pict�rica que se fundamenta en las relaciones de forma y color. 

En el dibujo surgen otros aspectos que anteriormente defin�a como viscerales y que permiten comprender la obra de Manuel Hern�ndez en t�rminos de riesgo. Estos aspectos se manifiestan por ejemplo en el dibujo "Signo b�squeda" del 61; en este trabajo, el signo que ha sido tan caracter�stico, aun no se ha configurado totalmente, sin embargo, hay elementos que lo prefiguran coma las manchas de color. Estas manchas y grafismos realizados con �leo se relacionan tambi�n con expresionismo abstracto, pero se conectan con otra sensibilidad, no la de los amplios campos de color que conducen a la meditaci�n, sino con el gesto espont�neo, con el automatismo que ser�a la negaci�n de la reflexi�n y lo meditativo, en la medida que ellos indican antes que nada acci�n. Lo interesante es que este dibujo y muchos otros en los que prevalece este automatismo, han sido incorporados por Manuel Hern�ndez a esa b�squeda constante para llegar a lo esencial, y ellos revelan de forma evidente los factores de riesgo que subyacen en su pintura meditativa. Otros dibujos revelan sus dudas, sus juegos y sus logros con el signo y el color, y ponen en evidencia hasta una cierta nota de humor.

Hacia 1976, la producci�n de dibujos es especialmente lograda y en este momento surge un amplio n�mero de obras, algunas de ellas se incluyen en esta muestra, que junto con los otros dibujos seleccionados, permiten ver como ha sido esta traves�a con el color y con el signo, un fruct�fero viaje al que Manuel Hern�ndez apasionadamente ha consagrado toda su vida. 

Marta Rodr�guez
Profesora Instituto de Investigaciones Est�ticas
Facultad de Artes
Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogot� D.C., 2002

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COLOR Y SIGNOS

Por Juan Gustavo Cobo Borda 

Sobre esos fondos de tensa energ�a gira un �nico signo que se arma y se descompone sin tregua. Espacio que se dilata y estructura que se concentra en variaciones infinitas. Del blanco m�s l�mpido al negro impenetrable cerrado sobre s� mismo, Manuel Hern�ndez ha compuesto, con tes�n y fidelidad admirables, una de las m�s sugestivas constelaciones del arte colombiano. All� he visto azules que arden, arenas que se tachan a s� mismas, amarillos que vibran con luz propia. 

En un pa�s de fr�volos y cursis, �l ha preferido el elocuente mutismo de un �nico silencio en di�logo consigo mismo. Qu� riqueza en tal ascetismo. 

El ha comprendido cu�n poco necesitamos para decir nuestra perplejidad y nuestro asombro. El milagro, en su caso, de la pintura. Materia y esp�ritu: los l�mites de su alfabeto formal se diluyen en el oc�ano de su horizonte pl�stico pero el control jam�s se pierde del todo. Con mano firme explora ese cosmos cada d�a m�s vasto y cada cuadro m�s hondo. 

Recorrer su retrospectiva del Museo de la Universidad Nacional, entre consignas subversivas y una luz insobornablemente l�cida, es enriquecernos en la indagaci�n de un misterio �nico. Ese bloque cuadrado, rectangular o roto sobre el cual trabaja incansable, polariza y contrasta las fuerzas que emanan de ese color que puede ser tan terrenal como oce�nico. Tan atmosf�rico como subterr�neo. Formas. Formas, que ci�en lo inabarcable y a la vez se cuestionan a s� mismas. Son interrogaciones cuya respuesta s�lo podr� encontrarse en su propio despliegue. El que nos lleva de La Vega, Cundinamarca, a esas telas con que Roberto Matta erotiz� el universo. 

La geolog�a mental de Manuel Hern�ndez nos revela nuestra propia naturaleza. Animales que miran el mundo y lo comprenden humanizado por el color y la forma, por su pintura tan austera como expresiva. Tan madura como siempre imprevista. 

Bogot�, febrero de 2003.
Tomado del plegable para la exposici�n Fundaci�n Santillana para Iberoam�rica

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Los signos son su firma

por MAR�A CRISTINA PIGNALOSA
Redactora de EL TIEMPO

Los signos y el color han sido dos elementos fundamenta les en la obra de Manuel Her n�ndez. A trav�s de ellos ha na vegado por la pintura a lo largo de m�s de 50 a�os. Su lenguaje ha sido y es la abstracci�n, que para �l representa el verdadero eje de la creaci�n art�stica contempor�nea.

Dice el artista que producir a trav�s de la pintura una emoci�n que comunique, sin alusi�n anecd�tica de la imagen, es la conquista m�s significativa del artista.

"El desconocimiento de la importancia de lo narrativo y el abandono de la propuesta tem�tica dice Hern�ndez dieron nacimiento a infinitas expresiones y sentimientos anteriormente ocultos por el facilismo asfixiante que invad�a los caminos de la pintura, encauzada a complacer c�nones y maneras tradicionales".

Estas palabras han sido repetidas una y otra vez por Manuel Hern�ndez y reiteradas en su trabajo, considerado un pilar del arte no figurativo en Colombia por la riqueza de su alfabeto pict�rico y por su permanente inter�s por los trazos libres de la pintura.

Sus `signos son su firma; formas reconocibles que atrapan la vida en color y forma. Centrado en estos, mantiene su inter�s y fascinaci�n por lo atmosf�rico, que le permite una constante experimentaci�n y b�squeda relacionada tanto con percepci�n del mundo como con la riqueza espiritual del arte.

Sus llamadas abstracciones l�ricas muestran al mundo como un lugar de comprensi�n y disfrute de lo et�reo; de los elementos pl�sticos puros con juegos de color. Eso se nota en la muestra Manuel Hern�ndez, dibujos.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 6 de agosto de 2003

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Signos y contornos de Manuel Hern�ndez

Por Juan Gustavo Cobo Borda

Se trata de un asceta creativo. De un formalista sensible. Con lo menos lo m�s. Con el silencio, la m�sica. Estamos ante uno de los mayores artistas colombianos.

A veces, al mirar sus obras, imagino dos piernas, un torso, los mu�ones que dan origen a los brazos, el bulto de una cabeza. 0, como en el Museo de los Ni�os, la ronda entrelazada de un juego de bailarines. Grupos, parejas, solitarios que se unen. Pero en realidad no hay nada de eso. Ninguna referencia. Ning�n aval anecd�tico. Solo �valos arm�nicos. Composiciones vers�tiles y equilibradas donde rect�ngulos y cuadrados se arman y descomponen y entablan, con la sensibilidad de su color, un di�logo de contrastes.

Esos fondos graves y apasionados, sobre los cuales despliega la m�s rigurosa de las indagaciones: la misma pregunta, el mismo signo, interrogado sin pausa, y el resultado siempre sorpresivo.

Un espacio, que como en los casos de sus amados Rufino Tamayo y Roberto Matta, nos remite a una electricidad ancestral: la de los cielos precolombinos, la del �gneo n�cleo rojo donde se fusiona la materia en estado original. El fondo de la tela es una vibraci�n que irradia constelaciones de signos. Una indudable, y nada obvia, visi�n americana, que de Chile a Estados Unidos, no olvid� nunca sus tierras de La Vega, Cundinamarca: ocres, pardos, verdes, mates.

S�, ya hab�a algo f�sico y t�ctil, en esos negros �speros, en esos blancos rugosos, en esas sutiles caligraf�as que admiramos en su retrospectiva del Museo de la Universidad Nacional. Pero sobre ese negro original, otro negro, sutil y trasl�cido. Sobre ese blanco absoluto, otro blanco, m�s leve y sereno. Un aire para pensar. Un azul para evadirnos en la enso�aci�n. Rojos que emocionan. Un amarillo que conturba con pasi�n. Como las de Rothke, estas telas tambi�n pueden ser mandalas para callar, orar o meditar. Un bloque macizo que cierra el horizonte solo para abrirnos mejor la mirada.

En Sao Paulo, en el edificio del Parlamento Latinoamericano, la f�nebre intensidad de esos violetas oscuros, de esos morados f�nebres, se rasga a s� misma para brindarnos un resquicio de su propia luz. Un asomo de vastedad expresiva. En la sombra, lo luminoso del color. En la luz, lo soterrado de una espiritualidad que fabrican los dedos. El pintor reflexiona con el tacto.

As�, este gran astr�nomo del espacio no se pierde en la imprecisi�n de lo infinito. Siempre hay un signo, una forma, un contorno, un l�mite, que nos obliga a situarnos ante preguntas inquietantes: �c�mo se puede ser tan fiel, en una tierra tan propicia a la dispersi�n? �C�mo lograr que no se cristalice un estilo, renov�ndolo con la perpetua frescura de una duda pertinente?

Vuelve sobre lo mismo, al saber cada cosa inagotable: el �rbol, la nube, la pared. Su abstracci�n, tan pura, tan rigurosa, experimenta el callado estremecimiento con el color, la rompe en rel�mpagos de poes�a. Pero nada se diluye. Todo se ajusta, en envolventes fronteras, en leyes propias que determinan, por s� mismo, su conquistada libertad. Pareciera presentir la geometr�a pero es lo humano, en definitiva, lo que sus telas terminan por traslucir. El m�s humano de los actos: el acto de crear. Por ello ahora esta sorpresa jubilosa de sus �ltimas obras, en la Fundaci�n Santillana.  Con oscuras cenizas, aglutinadas como fondo, la resurrecci�n. Con el polvo, informe, vol�til, escap�ndosenos entre los dedos, la fijeza estructural que le permite insertar sus signos ancestrales pero siempre nuevos. Su renovado goce ante la sorpresa del color; esos naranjas, esos rojos, esos grises, tan frescos y detonantes.

En la arena des�rtica de nuestros d�as, brilla la valent�a de semejante aventura.

A los 75 a�os, el maestro Manuel Hern�ndez se abandera a un placer que no tiene parang�n. Tiene derecho a todos los desbordes pero solo se permite el juego inteligente de su insobornable fidelidad. Es fiel, c�mo no, a "la emoci�n de lo inesperado". A las nuevas tierras que, efectivamente, con quista con su visi�n.

Tomado del Suplemento Literario del peri�dico El Tiempo, 17 de agosto de 2003

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Signos de vida

por Mar�a Margarita Garc�a

C�mo sostener un premio si corresponde a una b�squeda ya superada?", se preguntaba Manuel Hern�ndez a principios de los a�os sesenta, despu�s de ganar el Sal�n Nacional de Artistas. Desde ese momento empez� a consolidar su propio abecedario: "Soy una persona serena. Me gusta observar los cambios propuestos por los materiales. Me motivan los ritmos y los balances de grandes espacios equilibrados y de gran sencillez para destacar la luminosidad en los bordes. Creo que eso marca el sentimiento del pintor y su posici�n ante la vida". El sabe bien que un artista nunca debe dejar de sorprenderse. "Siempre saldr� lo inesperado y yo me baso en la b�squeda de eso inesperado".

Su capacidad de redescubrimiento lo ha mantenido activo durante medio siglo de actividad pl�stica. Su sinceridad lo ha llevado a resistir el cierre de muchas puertas de galer�as y a dejar su trabajo diario guardado, como lo hizo de 1964 a 1974 cuando su obra no era comercial y ten�a abiertos los espacios de los museos y de los cert�menes internacionales. Manuel Hern�ndez, con la mayor parte de su obra en el taller, pudo insistir en sus temas. "Creo que la vida me dar� para descubrir un camino bien hecho, es decir, el de desarrollar la forma que tiene infinidad de posibilidades e instrumentos. Artistas como Cezanne trabajaron siempre con los mismos elementos y de una manera profunda, esto sin desconocer el ingenio de Matisse o de Picasso que rompe con todo".

Sus signos permiten acercamientos espirituales y a la vez logran establecer ritmos pl�sticos y po�ticos. Con pocos elementos que se arman, desarman, descomponen y se desplazan por la tela, el artista establece un di�logo surgido de un desarrollo mental y emocionalmente propuesto. "Como apunta a la observaci�n y la meditaci�n, los signos pueden dar con tenidos intensos de acuerdo con ciertas inclinaciones, diagonales, espacios y vibraciones. Desde luego, no s�lo me preocupo por el factor est�tico que me interesaba al principio, ahora pienso en la validez de nuevos contenidos de acuerdo con el contorno y peso de las formas. Creo que las mismas m�quinas que acompa�an al hombre le dan posibilidades de ver hechos de sintaxis, paradas e inicios. Incluso los computadores pueden inquietar al observador".

Ha creado obras fuertes y equilibradas, guiado por la b�squeda de nuevas t�cnicas. Aun desde hace un cuarto de siglo, cuando hall� en el acr�lico un medio importante para desarrollar su trabajo, lo investig� e incluso escribi� el libro La pintura acr�lica. Despu�s, a finales de la d�cada pasada, cambi� el pincel por el papel hecho a mano, los adherentes y las prensas. "El papel me gust� por su sequedad, por los tonos mates y su textura. Ahora uso materiales de poli�ster y arenas sobre lonas que dan cierta rigidez".

Tomado de laRevista Diners No.401, agosto de 2003

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Manuel Hern�ndez   

T�tulo Honoris Causa de Maestro en Artes Pl�sticas

El pintor bogotano Manuel Hern�ndez ser� distinguido por la Universidad de Antioquia con el T�tulo Honoris Causa de Maestro en Artes Pl�sticas, en acto solemne que se llevar� a cabo el martes 20 de junio, a las 6:30 de la tard�, en el Auditorio del Museo Universitario (Bloque 15, Ciudad Universitaria).

En concepto de la Facultad de Artes y de los tres pares nombrados para estudiar y evaluar sus ejecutor�as, Hern�ndez es uno de los exponentes de la generaci�n de artistas que a partir de la d�cada de los a�os cuarenta del siglo pasado, "rompe con la historia tradicional y vincula el arte colombiano con las discusiones est�ticas que entonces se desarrollan a nivel mundial".

Desde el punto de vista generacional, el trabajo de Hern�ndez est� asociado al realizado por sus colegas Alejandro Obreg�n (1920-1992), Edgar Negret (1920), Enrique Grau (1920-2004), Eduardo Ram�rez Villamizar (1923-2004), Omar Rayo (1928) y Fernando Botero (1932), entre otros, en opini�n de los proponentes del homenaje.

Para el Consejo de la Facultad de Artes, el Consejo Acad�mico y el Consejo Superior Universitario, Hern�ndez merece la exaltaci�n de la Universidad de Antioquia, por las siguientes razones:

-La solicitud se enmarca dentro de la pol�tica general de la Universidad de Antioquia de conceder el titulo Honoris Causa " "s�lo "a personas que hayan sobresalido en el �mbito nacional a internacional por sus m�ltiples y relevantes aportes a la ciencia, las artes y la t�cnica

.-Por sus planteamientos y aportes art�sticos y est�ticos, que se enmarcan en el contexto del desarrollo del arte de las �ltimas d�cadas y, de manera espec�fica, en el amplio proceso de reflexi�n que produce la abstracci�n.

En concepto de la cr�tica, "Manuel Hern�ndez es el pintor moderno colombiano por excelencia, es uno de los artistas m�s sugerentes de todo el arte colombiano y, por eso, se convierte en punto de referencia de muchos j�venes creadores, cr�ticos a historiadores No se conoce ning�n juicio de valor de un cr�tico o historiador reconocido que descalifique o concept�e negativamente sobre la obra de Manuel Hern�ndez.

Vida y obra

Por CARMEN MAR�A JARAMILLO Curadora de Arte

E n Colombia se gesta una aproximaci�n particular al arte moderno, al margen de los circuitos oficiales de la pl�stica, entre 1947 y 1952. Durante esos a�os, buena parte de las dependencias destinadas a difundir las artes pl�sticas, se encuentran en manos de funcionarios que representan los intereses de dos gobiernos conservadores, comandados por los presidentes Mariano Ospina P�rez y Laureano G�mez. En el mismo lapso (1948-1952) el artista Manuel Hern�ndez permanece en Chile, a donde llega despu�s de ganar la beca Eduardo Santos al mejor alumno de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Bogot�. Esa distinci�n le permiti� finalizar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Santiago, experiencia que le ofreci� puntos de vista novedosos, dado el contexto art�stico que primaba en Chile en el momento. Finalizaba una d�cada en la que se reconoc�an dos vertientes: la de los artistas de la llamada generac��n del 40, que retoma el paisaje a partir de una perspectiva modernista, y la de los artistas que sientan las bases para la llamada autonom�a en el campo de la pintura. 1

Mientras tanto en Colombia, al igual que en otros pa�ses de Sur Am�rica (Ecuador, Per� y Bolivia) en las d�cadas del treinta y el cuarenta los artistas manifiestan una postura est�tica af�n al muralismo mexicano, que en el caso local podr�a denominarse americanista. 2

Acerca de su experiencia como estudiante, y en contraste con toque hab�a visto en su pa�s, Hern�ndez comenta: "Lo primero que encuentro es una escuela situada en el Parque Forestal de Santiago [...] rodeada de jardines [.. .] pr�cticamente, la copia exacta del Petit Palais de Paris" 3. All� se respiraba "una especial libertad basada en el sitio donde estaba, los profesores y el di�logo intenso que se pod�a entablar con ellos. La apertura iba de la mano de algo que en Colombia se desconoc�a: en la Escuela de Bellas Artes hab�a secciones de arquitectura, ballet, m�sica... Por ello hab�a una grani din�mica de investigaci�n. Los profesores ten�an sus talleres en la parte superior del edifico y era muy sencillo ir all� a hablar y ver sus trabajos. Todos hab�an estado en Europa, se hab�an formado y ten�an un proceso acad�mico muy abierto, contrario al m�todo de Colombia que era, entonces, supremamente llevado y dirigido" 4.

Resulta pertinente agregar, adem�s, que la permanencia en un pa�s como Chile -abierto al mar en toda su extensi�n, y receptivo a los inmigrantes y a las culturas que ellos aportan- le debi� abrir al estudiante un horizonte art�stico donde involucr� perspectivas diferentes a las que hubiera encontrado en Colombia; as� mismo, esta circunstancia debi� resultar decisiva para la configuraci�n de su obra madura.

En forma simult�nea a la visi�n que configura Hern�ndez en un territorio m�s permeable a las influencias del arte moderno europeo que su pa�s de origen, en Colombia se comienza a perfilar un nuevo grupo de artistas que propone una ruptura con la est�tica del muralismo, y cuyo ideario es af�n al de otros mexicanos que, como Rufino Tamayo, hacen visible el desgaste de la revoluci�n est�tica que llevaron a cabo artistas como Rivera, Siqueiros y Orozco en los a�os veinte. Alejandro Obreg�n-considerado el primer pintor moderno en Colombia- comanda una revoluci�n pac�fica frente a los p�stulados de los americanistas, en una actitud est�tica similar a la de Tamayo en su pa�s. As� mismo, artistas como Edgar Negret, Eduardo Ram�rez Villamizar y Enrique Grau, entre otros, comienzan a integrar a sus preocupaciones pl�sticas, contribuciones del arte modermo que se han producido en Europa y en Am�rica Latina, ya que las circunstancias locales -intromisi�n de la Iglesia y el Estado en asuntos de la pl�stica, un medio conservador y la exaltaci�n de valores de la tradici�n espa�ola en contraposici�n a los postulados de las vanguardias-, no hab�an permitido un reconocimiento amplio a estos aportes.

As�, a finales de la d�cada del cuarenta se producen en Colombia los primeros pasos de lo que entiendo como un mestizaje de mestizajes, en la medida que en ese momento comienzan a reconocerse, casi en forma paralela, las rupturas de la vanguardia europea de comienzos del siglo XX, los valores pl�sticos de los grupos precolombinos 5 y los aportes de la cultura popular, aunados a las formulaciones est�ticas del arte moderno que se hab�a generado en Am�rica Latina en la decada del veinte. Esta mezcla dar� frutos en los a�os cincuenta, cuando los artistas colombianos asimilan las fuentes de las que han bebido, y cada uno define y consolida una propuesta personal.

Por las condiciones particulares que he anotado, cuando Manuel Hern�ndez incursiona en escenarios internacionales, se afirma que �l es el �nico pintor que se sustrae al influjo de la obra de Alejandro Obreg�n. En 1963 la cr�tica de arte Leslie Judy Allander escribe en The Washington Post "La primera cosa que impacta al entrar en la exhibici�n, es que aqu� por fin, est� el primer artista colombiano que no esta sobreinfluenciado por su talentoso compatriota Alejandro Obreg�n. Hern�ndez es completamente original en su expresi�n art�stica que es ligeramente abstracto-expresionista. El trabajo es elegance, refinado, inteligente, con obvio conocimiento" 7. Otro actor que incide en el car�cter insular de su obra en el medio local, estriba en su particular ubicaci�n generacional, entendiendo que el t�rmino generaci�n se aplica en este caso para la comprensi�n de los prop�sitos comunes de artistas modernos que trabajan en un lugar y bajo un determinado rango de edad.

Hern�ndez se encuentra en el medio de dos grupos que maduran o definen proyectos diferentes: Por una parte estar�an Obreg�n, Grau, Negret, y Ram�rez Villamizar, para nombrar unos pocos, quienes nacen entre 1920 y 1922, y por otra, los pintores y escultores que consolidan su producci�n en la d�cada del sesenta, como Beatriz Gonz�lez, Feliza Bursztyn, Bernardo Salcedo, Santiago C�rdenas, �lvaro Herr�n y Carlos Rojas, cuyas fechas de nacimiento oscilan entre 1933 y 1939. Manuel Hern�ndez (1928) de alguna manera roza los dos grupos de artistas y mantiene un di�logo con ellos, pero su trabajo presenta un car�cter singular frente a los puntos de convergencia entre los artistas mencionados. 8

La atm�sfera del lugar

Hern�ndez opta por una modalidad de abstracci�n que se abstiene de generar s�mbolos que evidencien referencias f�cilmente identificables en la cultura local; sin embargo, est� lejos de caer en una polaridad meramente autorreferencial en cuanto a la pureza o incontaminaci�n de sus pinturas. A partir de esta mirada, se lo define como abstracto, no por que predique la autonom�a del arte como un campo autosuficiente que opera con base en meras relaciones formales, sino porque ejerce el proceso l�gico de abstraer referentes heterog�neos, tales como paisajes, emociones o estados espirituales.

Refiri�ndose a su relaci�n con el entorno natural, afirma: "En la Vega, Cundinamarca, permanec� por etapas. Ah� encontr� que hab�a un presentimiento de lo que despu�s iba a hacer. En la Vega siempre hab�a cambios atmosf�ricos muy intensos, bellos, que me surgir�an una gran inquietud. Lo mismo me ocurr�a con el vapor que se levantaba del piso. Lo nuestro es a la inversa de lo que sucede con el paisaje europeo: es una transformacion inminente de capas superpuestas y maceradas 9.

Las referencias al h�bitat, no contradicen, sin embargo, la preocupaci�n del artista por subrayar el car�cter decisivo que presentan las relaciones entre los elementos pl�sticos, al interior de sus obras. En su caso, la integraci�n entre alusiones al tr�pico y problemas fundamentales de la abstracci�n internacional, ha tenido lugar mediante un proceso cuidadoso y despojado de artificio. Su producci�n, genera pasadizos entre ambos universos -autonom�a y contexto- de forma m�s sutil que algunos de los artistas que trabajan en la �poca, cuya obra funda correlaciones identificables con la producci�n material y simb�lica de los mundos precolombinos y de las culturas mestizas.

A Hern�ndez le interesa, por su parte, se�alar una particular percepci�n de las atm�sferas y de su incidencia en los objetos, se�alando diferencias con la estructura visual que subyace en aquellas regiones que poseen otras configuraciones del espacio y otra forma de temporalidad en los ciclos naturales. Su postura, entonces, no tiene el car�cter de la antropofagia brasilera ni las con notaciones que esta posici�n est�tica ha irradiado hacia el subcontinente, en cuanto los artistas que la adoptan toman de la pl�stica de los pa�ses hegem�nicos los elementos que pueden resultarles �tiles, y expulsan aquellos que no se adecuan a sus intereses, con un gesto de repudio hacia la cultura que representan.

Con su obra, el pintor no busca probar determinadas tesis en el terreno ideol�gico ni pol�tico, sino que presenta su experiencia de un entorno que no responde al para�so perdido de los europeos ni al deslumbrante territorio de la otredad, exaltado por algunos artistas del �rea. Su visi�n se�ala diferencias con otras miradas, sin que ello implique oposici�n o negaci�n, de manera que -como se anot�- puede acudir a algunos giros gramaticales que provienen del arte abstracto internacional, e incorporar los a su lectura del lugar, integrando concepciones que pueden implicar contradicci�n insalvable para otras posturas que posean un car�cter fundamentalista.

Una abstracci�n at�pica

La revisi�n de la obra de Manuel Hern�ndez a la luz de su relaci�n con el contexto, la inicia el pintor Danilo Due�as a trav�s de la curadur�a de la muestra que le rinde homenaje en el XXXVII Sal�n Nacional de Artistas; as� mismo, el historiador Camilo Calder�n Schrader y el periodista Jos� Hern�ndez hab�an conducido entre vistas que exploran en su percepci�n de un paisaje f�sico y cultural. En el cat�logo de la muestra antol�gica a que se alude, Due�as afirma: "La l�nea recta del modernismo ha devaluado la orograf�a y mantenido el sujeto del artista, la obra, o la tendencia, por encima del lugar. Hern�ndez, por el contrario reitera la importancia de lo local, al constituirse �ste en el motor, el estimulo y tal vez podr�a arg�irse, el origen mismo de la creaci�n. Lo local equivale a tomar aquella parte de la cultura que no quiere ser suprimida, substituida o diluida. Por lo tanto comunica la diferencia como diferencia, perpetuando la singularidad, a interpretando la esencia intraducible, en rareza comprendida. De all� su determinaci�n de resistir los formatos globales, preservando marcos, y por ende mundos completos, en la realidad" 10;.

En la obra de significativos escritores colombianos (Gabriel Garc�a M�rquez, �lvaro Cepeda Samudio o �lvaro Mutis) que publican sus obras en el periodo en que el pintor madura su propuesta pict�rica, son frecuentes las alusiones a las condiciones f�sicas del ambiente, que permiten situar las historias en un espacio determinado, obviando aquellas menciones al tr�pico que redundan en el clich�. Por parte de Hern�ndez, las referencias al entorno tampoco juegan el simple papel de impresionar los sentidos, sino que en la interacci�n con el observador activan espacios de la memoria que contribuyen a localizar su trabajo. Podr�a afirmarse, incluso, que sus se�alamientos de lugar, son los m�s abstractos de la pl�stica colombiana de la �poca, y por eso mismo, s�lo hacia finales del siglo XX pudo iniciarse una reflexi�n a este respecto, a trav�s de la muestra y las entrevistas mencionadas.

Las referencias a los estados del tiempo, por parte de la literatura y de la pl�stica, se realizan apelando a una percepci�n que involucra, as� sea por evocaci�n, la totalidad de los sentidos, de manera que redunda en un proceso cognitivo. Si se explora en ellos, puede comprenderse, por una parte, c�mo la luz hace posible una determinada apreciaci�n del entorno, y por otra, de qu� manera la temperatura y la humedad inciden en procesos sociales y culturales diversos, a influyen por lo tanto en la construcci�n de la subjetividad de quienes habitan el lugar".

Seg�n el artista, este paisaje a�reo -donde se interrelaciona luz, temperatura y humedad- toma forma en su pintura, a trav�s de un modo de trabajar que se funda en la aplicaci�n de "capas superpuestas de saturaci�n". Con respecto a este proceso, el artista a�ade: "Nada es superficial*en el sentido de que yo pudiera trabajar sin meditaci�n" 12 ,

En esta apreciaci�n se destaca la yuxtaposici�n de los conceptos capas y superficie, que permiten acercarse tambi�n a su relaci�n con los problemas de la abstracci�n del siglo XX, ya que para �l, la superficie de sus obras trasciende el mero plano pict�rico. Dicho plano, entonces, responde a una ordenaci�n por capas que establece ritmos org�nicos 13, y que obedece a fen�menos impermanentes e intangibles, que pueden constatarse �nicamente por reflejo, a trav�s de la apreciaci�n de los elementos del paisaje que resultan afectados por su irradiaci�n difusa. Es decir, el artista trabaja sobre estructuras flexibles a impalpables, que pueden percibirse s�lo como resonancia en la materia.

Su ordenaci�n del plano pict�rico difiere del sistema de jerarqu�as que establecen la perspectiva a�rea y lineal, donde el ser humano se ubica en un lugar de dominio frente a la naturaleza, y por ende, separado de ella; la ordenaci�n espacial de Hern�ndez carece de cualquier distanciamiento de parte del observador, dado que posee un car�cter envolvente. As�, m�s que ubicar los objetos en un universo tridimensional fundado en la profundidad, Hern�ndez se�ala la existencia del fen�meno que le interesa -la atm�sfera- como un campo significante, y no como un vac�o a llenar.

Signo y trazo

A trav�s de la historia, los signos han mantenido un estatus de imagen, y en el caso del arte moderno y contempor�neo, este puede disociarse de sus connotaciones sem�nticas usuales. En los siglos XX y XXI, algunos artistas han hecho de los signos parte de su trabajo pl�stico, como una forma de incorporar aportes visuales que provienen de otros campos del conocimiento, as� como de otras culturas. Con respecto a la presencia de los signos en su obra, el artista afirma que emergen cuando empieza a buscar un "an�lisis de presencia" 14. As� mismo, comenta: "Para m� [son] indicaciones que orientan la mirada en una direcci�n determinada y son, por lo tanto, una propuesta sensible" 15.

En estos trabajos el significado proviene de la reflexi�n que comporta la totalidad de su pintura y no de una traducci�n literal de los signos, obedeciendo a una orientaci�n m�s sensual que racional. La configuraci�n de sus pinturas, entonces, se encuentra distante de aquellas que se fundan en los dise�os de las culturas nativas o en los ritmos de la vegetaci�n originaria, como ocurre en la obra de numerosos pintores en Am�rica Latina. En la obra de Hern�ndez; los signos cumplen -entre otras funciones- el papel de dispositivos pl�sticos que propician la formaci�n de contrastes entre aquella atm�sfera densa que les confiere forma, y la del entorno, que presenta un caracter m�s evanescente. Seg�n afirma, sus signos son ante todo "vivenciales, emocionales, porque creo que la pintura necesariamente tiene que comunicar hechos, y esos hechos son introducidos por los elementos mismos de la pintura. El color, la forma, los l�mites, la composici�n..." 16 As�, su relaci�n con el entorno, est� presente con mayor fuerza en la proyecci�n de las atm�sferas que en la conformaci�n de los signos. Esta paradoja lo libera de la necesidad de acudir a la narraci�n, que nunca tuvo que ver con su car�cter reservado, ni con su forma de entablar un di�logo con el mundo. Para un esp�ritu como el suyo, silencioso y con necesidad de recogimiento, su aproximaci�n al lugar se fragua a partir de una perspectiva interior, y no mediante la semantizaci�n un�voca de los signos.

En su producci�n de la d�cada de los sesenta, estos elementos afirman una gestualidad cercana a la de los pintores abstractos norteamericanos -a quienes sigui� de cerca durante su permanencia en los Estados Unidos-, a incluso, al trazo y manejo del color de un artista figurativo, como Francis Bacon.

En los setenta, comienza a suavizar los contornos de las formas, sin desechar los perfiles en�rgicos y puramente dibuj�sticos, que a veces intensifica con estr�as de carb�n sobre el color l�quido. En t�rminos generales, sus trazos re�nen cualidades de la pintura y del dibujo; a la par que delinean, son planos de color; se diferencian y se funden simult�neamente; act�an como separaci�n entre tonalidades y al mismo tiempo pueden percibirse como superficies pigmentadas.

Hacia finales de los setenta, en lugar del trazo comienza a aparecer una especie de halo". Se trata de un borde indeterminado donde el foco se diluye y genera un efecto ambiguo que puede asimilarse tanto a una sombra como a un registro levemente desajustado en una impresi�n a color. Este campo impreciso -que contin�a apareciendo en algunas obras, desde los a�os ochenta hasta hoy- se transforma en ocasiones en un espacio que separa signo y entorno. Esta �ltima modalidad constituye una forma de dibujo negativo, es decir, que opera por sustracci�n y no por adici�n. En �l, la huella de la construcci�n de las capas, puede percibirse no s�lo en los vestigios que aparecen en las distintas superficies, sino en dichas fronteras, tierra de nadie, donde resulta posible efectuar una arqueolog�a de las  pinturas, ya que se encuentran indicios del proceso de elaboraci�n de cada cuadro. All� es posible percibir la noci�n de tiempo que construye su producci�n, dado que pueden inferir se los lapsos, silencios y dudas, como evidencias de las jornadas de trabajo. Contrario al borde duro de la abstracci�n geom�trica, Hern�ndez trabaja unos l�mites porosos que propician una tensi�n entre los planos, y que dejan a la vista del observador su vulnerabilidad: los diversos estados interiores con que abord� cada pintura, una y otra vez, as� como los giros reflexivos en el desarrollo de las obras.

La modernidad que proyecta Hern�ndez se desinteresa de los acabados industriales, la geometr�a pura, la supresi�n de la emoci�n o a eliminaci�n de la subjetividad. Su trabajo resulta m�s af�n al de un artista a quien admira, como Rothko, que afirmaba: "El artista abstracto ha dado existencia material a muchos mundos y tiempos invisibles. Pero yo repudio su negaci�n de la an�cdota tanto como repudio la negaci�n de la existencia de toda la realidad. Porque el arte para m� es una an�cdota del esp�ritu y el �nico medio de concretar el objeto de sus variadas prisas y quietudes. M�s vale ser pr�digo que avaro. Antes conferir�a atributos antropom�rficos a una piedra que deshumanizar el m�s m�nimo atisbo de conciencia." 18.

La abstracci�n de Hern�ndez, como la del pintor ruso, tampoco es purista ni fundamentalista. La dimensi�n po�tica que confiere a sus grafismos le permite fluir en una modalidad que puede encontrar lugar en lo que Roberto Pontual de nomin� en los a�os setenta Geometr�a sensible. El cr�tico la plantea como una forma de concreci�n de la abstracci�n en Am�rica Latina, que permite la confluencia de elementos opuestos a primera vista: "Geometr�a supone c�lculo, determinaci�n, rigor, ejercicio de la raz�n. Sensible sugiere imprevisibilidad, animaci�n, alternancia, indeterminaci�n, pr�ctica intuitiva`19. Un subcontinente producto de colonizaciones y mezclas s�lo puede ser consecuente con proyectos que re�nan la contradicci�n y que, en buena parte de los casos, no la resuelvan, sino que simplemente convivan con ella, mientras que en otros, la fusi�n de tales fuerzas opuestas genere aportes y enriquezca los universos est�ticos y vitales. Por eso, la pintura de Hern�ndez nunca se ha inclinado por la geometr�a incontaminada. En ella, elementos caracter�sticos por su pureza, como el c�rculo y el cuadrado, se han dilatado, generando �valos y rect�ngulos, a manera de estructuras virtuales, dentro de las cuales se transforman sus signos org�nicos. De ah�, tambi�n, que se aleje de los colores primarios, -considerados como verdades a priori para los primeros artistas abstractos-, y que acerque su paleta a tonos matizados, cargados de simbolismo: "En el azul busca una referencia s�lida y sombr�a, una relaci�n con la ceniza, con la quietud, tal vez una reflexi�n con la muerte. El color violeta evoca lo inesperado, que niega la costumbre y acata un nivel silencioso, y el rosa permite que exista otra posibilidad vibrante de la luz " 20.

As� mismo, cuando acude al negro, no s�lo se interesa por la alusi�n al dibujo, a la l�nea, como algunos abstractos puristas, sino que lo hace a partir de la relaci�n con su h�bitat, mediante una carga emotiva y dram�tica, de modo que adopta un car�cter pict�rico: A m� me apasiona el negro, lo he buscado intensamente porque me apasiona un Vel�zquez y creo que �l es un pintor negro. Creo que aqu� lo nuestro tiene mucho de blanco y negro, tal vez por el contraluz, por el sol tremendo del tr�pico que produce una sombra profunda, un eje vertical que nada tiene que ver con las estaciones en Europa que implican un gozo est�tico del color. El tr�pico es dram�tico y como tal, es blanco y negro. A m� me encantar�a ser un pintor negro porque creo que la fuerza del sitio donde est� lo obliga a tener sus caracter�sticas" 21. De all� que, quiz�s las pinturas m�s oscuras que ha realizado en los �ltimos a�os, y que a primera vista parecer�an nocturnos, tengan m�s bien que ver con esa sombra profunda que permite resguardarse de un sol calcinante, en un h�bitat que su trabajo ha despojado de la falsa ingenuidad y del manierismo del arte preconcebidamente latinoamericano. Desde otra perspectiva, el negro y los tonos sombr�os de sus obras m�s recientes, parecen encarnar una met�fora de duelo por un entorno que presenta contrastes extremos en los �mbitos del dolor y la muerte.

Por �ltimo, y a manera de colof�n, es importante aclarar que su reflexi�n, adem�s de haber abordado el tr�pico, ha girado en torno a Am�rica Latina. Esta dimensi�n de su obra, sin embargo, fue ignorada por el medio art�stico en las d�cadas del sesenta y el setenta, dado que se reconoc�an con mayor facilidad los signos que resultaban inequ�vocos en su connotaci�n de aspectos sociales o pol�ticos del subcontinente, acorde con la ideolog�a de la �poca. As�, la lectura matizada de trabajos como los de Manuel Hern�ndez o Carlos Rojas, s�lo ha podido ser retomada con posterioridad, cuando la saturaci�n de las im�genes inmediatistas ha demandado un nivel m�s elaborado tanto en el procesamiento como en la recepci�n de la informaci�n visual.

La comprensi�n que ha tenido Manuel Hern�ndez sobre Am�rica Latina pudo parecer herm�tica en su momento, en tanto no surge del clich� pol�tico ni de la exaltaci�n del exotismo como un producto comercial. Su postura hacia el subcontinente emerge m�s bien de una relaci�n con el paisaje y con la cultura, que implica procesos l�gicos complejos. Su entorno natural incluye los m�s diversos pisos t�rmicos y los m�s varia dos cielos y atm�sferas; as� mismo, no presenta el bullicio y el caos de la vegetaci�n exuberante, sino que responde al silencio y a la subjetividad de la vivencia. Seg�n coment� en la d�cada de los ochenta, el arte abstracto "me permite una mayor introspecci�n, a nivel de sentimiento y de argumentaci�n, y por eso mismo una mejor ubicaci�n espiritual en el hecho latinoamericano. Por ejemplo: muchas veces se lleg� a decir que es distintivo de Am�rica Latina el color chillon y aleg�rico, la forma rimbombante, el mal gusto; por el contrario, creo que Latinoam�rica es una cimentaci�n profunda de meditaci�n en su color, porque el paisaje mismo envuelve el color en una gama superpuesta, en el que hasta las formas son exuberantes por la sutileza de sus contornos. Considero que la meditaci�n, el silencio, no por timidez, sino por cierto sentido necesario de profundidad, caracteriza al latinoamericano. No es gratuito pensar que tambi�n podemos ser profundos, a pesar de que nos lo quieran suprimir. Tengo la convicci�n de que el latinoamericano ha sido siempre de una gran raigambre interior y silenciosa, de meditaci�n casi innata: su lanzamiento hacia conquistas siempre se ha dado con doble paso, no el impromtu de un Pollock. Un Pollock no se hubiera generado en Am�rica Latina. Cuando los del altiplano bajamos a tierra caliente, es grato ver como hay un halo, una especie de vapor envolvente de toda la atm�sfera. Los contornos desaparecen, pero hay una sequedad interior hermos�sima que nos conmueve. Esa parte envolvente en el paisaje y la atm�sfera es lo nuestro" 22.

NOTAS

1 "... los integrantes de la Generaci�n del 40 [...] retomaron unas de las fuentes tem�ticas m�s fecundas de la pintura chilena: el paisaje. AI mismo tiempo, decantaron las t�cnicas derivadas del postimpresionismo, como la utilizaci�n del color en su saturaci�n m�xima, el empleo del trazo con soltura y rapidez y el use de la pasta en proporciones crecientes. Todo esto unido a una concepci�n pict�rica basada en la importancia cada vez menor de la fidelidad de la representaci�n a la realidad observada, conquista ya aceptada por la mayor�a de los artistas. La otra l�nea de acci�n tiene su punto de partida en el Grupo Montparnasse con su inclinaci�n (derivada de C�zanne) a concentrarse en el aspecto intelectual del fen�meno art�stico. Sus integrantes hab�an dirigido su atenci�n a problemas pl�sticos inherentes a la pintura como actividad aut�noma que deb�a ser investiga da en s� misma. Ellos abrieron el camino a la autonom�a pl�stica. La obra de Luis Vargas anterior a 1930, as� como algunas pinturas de Hern�n Gazmuri y Augusto Eguiluz, son los primeros antecedentes de esa autonom�a que culminar� en la abstracci�n geom�trica". Mil�n Ivelic. "Chile" En Arte latinoamericano del siglo XX. Editor: Edward Sullivan. Editorial Nerea, Madrid, 1996. P�g 304 

2 - Esta diferencia la describe el pintor as�: "La tendencia marcad�sima en Colombia (...] proven�a de M�xico. El grupo de profesores, empezando por G�mez Jaramillo y por Acu�a, se hab�a formado all� y estaban muy infuenciados por el muralismo. En cambio en Chile hab�a una mayor influencia europea que iba desde el impresionismo hasta el surrealismo pasando por todas las corrientes y movimientos en boga". En: "Las claves de un signo llamado Hern�ndez", entrevista realizada por Jos� Hern�ndez en el cat�logo Homenaje al maestro Manuel Hem�ndez. La exposici�n cont� con la curadur�a de Danilo Due�as, y se llev� a cabo en el marco del XXXVII Sal�n Nacional de Artistas, Corferias, Bogot�, 1998. P�g 10

3 - "Las claves de un signo llamado Hern�ndez". Entrevista realizada por Jos� Hern�ndez en el cat�logo Homenaje al maestro Manuel Hern�ndez. Ministerio de Cultura, Bogot�, 1998. P�g. 10 

4 - �dem 

5 - El grupo de americanistas hab�a exaltado el arte y la mitolog�a de los pueblos ind�genas pero su lectura se hab�a llevado a cabo desde una pl�stica de car�cter realista. 

6 - Como hab�a ocurrido en otras ocasiones en el plano local, entre 1947 y 1952 convergen distintos procesos de modernizaci�n que en otros lugares adoptaron una cronolog�a -o secuencialidad- diferente, como es el caso de las modernidades est�ticas que formulan en la d�cada de los veinte, pa�ses como Argentina, Cuba o Brasil. 

En el �mbito local, la autonom�a de los diversos subcampos de la cultura se relaciona en forma estrecha con los procesos de modernizaci�n en los terrenos pol�tico, social y econ�mico, pero de una manera asincr�nica con relaci�n a Europa, ya que se producen con simultaneidad hechos o acontecimientos que se dieron en el continente europeo con d�cadas, a incluso siglos, de diferencia. Es decir, en Europa se instituyen las academias en los siglos XVI y XVII, y como consecuencia de ellas surgen los salones de arte. De su incidencia en la sociedad, surge una cr�tica de arte, en un principio blanda y con posteriordad, radical, como una manera de independizar los valores art�sticos de las exigencias del mercado. 

En Colombia, por el contrario, a limitaci�n de las famosas exposiciones de Arte a Industria que se realizaban en Europa, en las que se exhib�an inventos, m�quinas revolucionarias, nuevos productos y tambi�n obras de arte, se convoc� en 1841, durante el gobierno del General Pedro Alc�ntara Hern�n, una primera muestra colectiva de arte nacional, que se llam� Primera Exhibici�n de la Moral y de la Industria (Camilo Calder�n, 50 a�os, Sal�n Nacional, Colcultura, 1990, P�g. XVIII). Por su parte, las academias de arte surgen en la d�cada del setenta del siglo XIX, cuando se fundan la Academia Guti�rrez (1873) y el Instituto de Bellas Artes (1882 y 1884), antes de la fundaci�n de la Academia Nacional de Bellas Artes. En el pa�s, entonces, los salones no surgen como una consecuencia l�gica de las academias, sino a la inversa. Por otra parte, los salones -dise�ados de manera que se tenga especial �nfasis y cuidado en las exposiciones de arte-, as� como las escuelas oficiales de arte, la cr�tica, y el p�blico como un receptor activo, comienzan a perfilarse, con cierta madurez, en forma casi simult�nea [en 1886 con la creaci�n de la Escuela Nacional de Bellas Artes y con la celebraci�n de la Primera Exposici�n Anual], y no como consecuencia unas de otras". Carmen Maria Jaramillo "Una mirada a los or�genes del campo de la cr�tica de arte en Colombia". Artes, la Revista, Universidad de Antioquia, Medell�n, Volumen 4, No. 7, de 2004 

7 - Leslie Judy Allander. En el cat�logo de la Exposici�n Manuel Hem�ndez 1963- 1983 Ilevada a cabo en el Museo de Arte Moderno de Bogot�. 

Esta afirmaci�n fue subrayada y confirmada a�os m�s adelante por el cr�tico brasilero Federico Morais: "Judy Allander observaba que Manuel Hern�ndez era el primer pintor en Colombia que no se parec�a a Obreg�n. Estaba en lo cierto. Este mismo Hern�ndez que evolucion� en su pintura con mucha seguridad y coherencia es hoy el �nico pintor abstracto digno de inter�s". Federico Morais: "Colombia, un pa�s redondo". En Re-vista del arte y la arquitectura en Colombia. A�o 1 No. 1, Medell�n, abril-junio de 1978, P�g. 32 

8 - Esta insularidad se intensifica por sus estancias fuera del pa�s, justo en el momento de su iniciaci�n como artista (1948-1952), as� como en el lapso donde define su propuesta pl�stica. Entre 1961 y 1963 el pintor permanece en Europa y Estados Unidos, y en este lapso consolida los elementos fundamentales de su gram�tica pict�rica. 

9 - "Las claves de un signo llamado Hern�ndez". Entrevista realizada por Jos� Hern�ndez en el cat�logo Homenaje al maestro Manuel Hem�ndez. Ministerio de Cultura, Bogot�, 1998. P�g. 9  

10 - Danilo Due�as. "Dejar sin t�tulo". Cat�logo Homenaje al maestro Manuel Hem�ndez. Ministerio de Cultura, Bogot�, 1998. P�g 86

11 - Con respecto a la incidencia de la atm�sfera local en la construcci�n de la visualidad de algunos artistas colombianos, Maria Lovino anota: "�scar Mu�oz, Fernell Franco y Ever Astudillo son los artistas que desarrollan por primera vez en la fotograf�a en Colombia, y a trav�s de ese medio, en el blanco y negro, la reflexi�n sobre la particularidad de la luz en el tr�pico y sobre la variabilidad que ese factor le representa a la visibilidad (desde el inicio de la d�cada del setenta). Con muy diversas conclusiones, y atados a la elucidaci�n de la ciudad, la pertenencia y la construcci�n-destrucci�n, las abstracciones de los tres artistas se desarroIlan en Cali, la capital del Valle del Cauca, cercana a las costas del Oc�ano Pac�fico, en donde ocurre uno de los fen�menos de m�s alta pluviosidad del mundo. Esa circunstancia hace que la atm�sfera de evaporaci�n en Cali sea constante, alterando las posibilidades de enfoque y visibilidad, con respecto a otros lugares tropicales.
Unida a esa observaci�n, en la propuesta de Mu�oz, la met�fora sobre el ser, la vida, la muerte, la impermanencia, la transmutaci�n, lo finito, lo infinito y lo eterno que hay en lo real, se resuelve en la disoluci�n. En la obra de Franco, la particularidad de la luz del Valle del Cauca, potencia-entre otras influencias que le vienen artista del cine y de la reporter�a- un contraste alt�simo entre el blanco y el negro, en el que las formas emergen de la m�s profunda oscuridad: un m�nimo rayo de luz potencia toda la escena de abigarramientos. En la obra de Ever Astudillo, la ganancia la toman los grises y el ensordecimiento que la luz ocasiona en paisajes urbanos construidos en la urgencia". Mar�a lovino. "Grafiado en la ciudad", Ponencia sobre fotograf�a e imaginarios nacionales en Colombia, Foro sobre fotograf�a latinoamericana en la d�cada del noventa. Centro de la imagen, M�xico
D. F, junio 10 de 2004.

12 - Conversaci�n con Jos� Hern�ndez. Op. Cit. P�g 9

13 - La estructura visual del entorno encuentra correspondencia con las propuestas de buena parte de los artistas modernos. As�, en el terreno local, un pintor que trabaja en forma simult�nea a este artista, como Carlos Rojas, lleva a cabo su serie de trabajos compuesta por l�neas horizontales, siguiendo, entre otras, el trazado de los textiles ind�genas americanos. Por su parte, en la d�cada del cincuenta, pintores como Alejandro Obreg�n, Fernando Botero y Enrique Grau, confieren a sus figuras la frontalidad y el hieratismo de los objetos y representaciones precolombinas, as� como algunas de las coloraciones y formas de distribuci�n del espacio caracter�sticas de dichas culturas

14 - Conversaci�n con Jos� Hern�ndez. Op. Cit P�g 16

15 - Conversaci�n con Camilo Calder�n. "Signo y claridad". En Manuel Hern�ndez signo y abstracci�n. Editado por Davivienda, Bogot�, 1988, Bogot�. P�g 30

16 - Conversaci�n con Camilo Calder�n. Op Cit. P�g 30

17 - Mark Rothko. "Declaraci�n personal" En Mark Rothko. Fundaci�n Juan March, Madrid, 23 de Septiembre de 1987 - 3 de enero de 1988. s.p.  

18 - Roberto Puntual. "Do mundo, a Am�rica Latina entre as geometr�a a sensible". Am�ri ca Latina Geometr�a Sens�vel. Museo de arte Moderno de Ri� de Janeiro, 1978. P�g. 8.

19 - Ana Mar�a Escall�n. "El lenguaje del silen cio" En Manuel Hem�ndez signo y abstracci�n. Editado por Davivienda, Bogot�, 1988, Bogot�, P�g. 15 

20 Jos� Hern�ndez. Op. Cit. P�gs. 19-20 21 Conversaci�n con Camilo Calder�n Op cit. P�g. 51.

Tomado del Suplemento - Universidad de Antioquia, No. 544, Medell�n, junio de 2006
Circul� con la edici�n del peri�dico  El Tiempo, junio de 2006

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Compromiso y riesgo 

por Manuel Hern�ndez

Para un artista como yo que he estado la mayor parte de mi vida vinculado a la ense�anza, resulta enriquecedor y estimulante recibir el T�tulo Honoris Causa de Maestro en Artes Pl�sticas. Y el hecho de que este grado me sea otorgado por una Instituci�n tan importante en el �mbito acad�mico nacional e internacional como lo es la Universidad de Antioquia, me resulta doblemente gratifican te y significativo. Mi lenguaje o estilo emerge cuando toco el campo cercano a la emoci�n, cuando camino por lo desconocido apoyado en el presentimiento, m�s que en la raz�n. Los encuentros iniciales de mi pintura, controvertidos por ins�litos a inesperados, se constituyeron, sin embargo, en el abecedario o fuente de consulta a trav�s de mi vida.

He buscado que el negro sobre el negro obligue al nacimiento de la forma, que el sentido de lo plano palpite de extremo a extremo, he querido que el color inunde mi obra sin estridencias. He negado la perspectiva, las an�cdotas, y me he situado en lo abstracto, lo sereno, lo equidistante. Con �valos, diagonales, equilibrios y desequilibrios sugiero atm�sferas contenidas. Utilizo contrasentidos, dudas en el contorno, abandono lo preciso, quiero luz en los bordes, luz que aparece y desaparece; trabajo el signo como lenguaje pl�stico m�s que como vigencia hist�rica. Me interesa lo inesperado, lo sin tiempo, lo que nos toca y pasa, el ser y no ser, la contradicci�n, la interpretaci�n abierta que despierte la sensibilidad y el encuentro.

Como artista considero que este t�tulo lleva consigo una gran responsabilidad: la de mantenerme fiel a los principios de experimentaci�n creativa y de sinceridad expresiva que han sido el norte a lo largo de mi trayectoria, y la de mantener mi obra dentro de los par�metros de calidad y pertinencia que condujeron a una Universidad tan prestigiosa como la Universidad de Antioquia a otorgarme esta preciada distinci�n. Finalmente,  esta distinci�n reafirma mi convicci�n de que el artista debe ser universal, debe comprometerse con su tiempo desechando las nostalgias del pasado, y que lo importante es entregar lo que en su momento presiente y en eso hay que arriesgar.

Tomado del suplemento Alma Mater, Universidad de Antioquia No. 545, 2006

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Una vida de signos y abstracciones

por Mar�a Cristina Pignalosa, redactora de El Tiempo

Dos exposiciones con la obra consolidada del artista Manuel Hern�ndez se ver�n desde hoy en la C�mara de Comercio de Bogot� y, a partir del 20 de junio, en el Museo de Antioquia.

Si bien Hern�ndez (nacido en 1928) hizo sus primeras incursiones pict�ricas dentro de la figuraci�n, su obra se dirigi� hacia la abstracci�n.

De sus pinturas, opina el cr�tico e investigador de arte Eduardo Serrano: "La pintura de Hexn�ndez se origina en figuras geom�tricas como el �valo y la elipse, con las cuales ha elaborado algunos signos que conforman su alfabeto personal".

Aspectos como la tensi�n, balance y equilibro son parte fundamental de las pinturas. "El colorido de sus obras ha variado ampliamente, pero siempre ha sido arm�nico y silencioso, en tanto que la impresi�n atmosf�rica que producen los fondos se reitera con los bordes gaseosos de los signos que parecen levitar en una especie de infinitud c�smica", dice Serrano.

Contribuci�n gr�fica

La obra de Hern�ndez es motivo de un libro de Juan Gustavo Cobo que, inspirado en sus trazos, realiz� una nueva obra titulada Mirar con las manos. La publicaci�n contiene algunos dibujos de Hern�ndez que acompa�an 23 poemas, uno de los cuales alude a la presencia f�sica del artista.

El volumen, recientemente publicado por Editorial Sic, de Bucaramanga, se presentar� en Bogot� y Medell�n, durante las exposiciones del artista. El libro tiene una edici�n limitada de tan solo 100 ejemplares numerados y firmados por Hern�ndez y Cobo, lo cual lo convierte en un libro-arte de colecci�n.

"A los 77 a�os, los pies son lentos, pero la intuici�n se agudiza", es la frase que inicia uno de los poemas que incluye bellas palabras sobre las formas y los colores del pintor y escultor.

Dos escenarios

El trabajo de Hern�ndez refleja, ante todo, una actitud ligada a la est�tica y a la emoci�n. Su pintura es sofisticada, incluye visiones po�ticas y referencias sutiles de la forma y el color que crean ilusiones con bordes y sombras, trazos y brochazos que a pesar de la fuerza mantienen un efecto de liviandad.

En el Museo de Antioquia el artista ser� condecorado y su muestra se abrir� el pr�ximo 20 de junio, con dibujos y pinturas sobre papel y tela, adem�s de una nueva secuencia de esculturas en formatos peque�o y mediano. Cabe la posibilidad de que estas �ltimas puedan convertirse en piezas monum�ntales para el espacio p�blico.

Como dice el poema de Cobo Borda, "...La m�s radical de las rebeld�as, se nutre de un terso rect�ngulo, de inteligente equilibrio. Con ese don, �l ha hecho posible el milagro de mirar con sus manos todo cuanto existe. Escala para llegar a nosotros mismos..."

Tomado del peri�dico El Tiempo, 14 de junio de 2006

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UN ARTISTA QUE ARRIESGA

Por Mar�a Margarita Garc�a 

MANUEL HERN�NDEZ, DECANO DE LA PINTURA ABSTRACCIONISTA EN COLOMBIA, A LOS 77 A�OS SE HA INICIADO EN LA ESCULTURA. EN ESTOS D�AS REALIZ� EXPOSICIONES DE SUS OBRAS EN LA C�MARA DE COMERCIO DE BOGOT� Y EN LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA.  EL AULA MATER LE OTORG� EL T�TULO HONORIS CAUSA EN ARTES PL�STICAS. VIDA Y OBRA
DE UN GRAN ARTISTA.

En medio del traj�n de Roma adonde hab�a ido para perfeccionar sus conocimientos en la Escuela de Bellas Artes, Manuel Hern�ndez percibi� la necesidad de abandonar los par�metros orientadores del lenguaje pl�stico con el cual hab�a tenido �xito.  Pens� en su primera d�cada de actividad profesional, en sus tiempos infantiles cuando sal�a a dibujar con su padre y en los trabajos realizados como estudiante de la Universidad Nacional, a la que hab�a regresado mucho tiempo despu�s como profesor. Vinieron a su memoria los hechos vividos con sorpresa al ganar una beca de estudios en Chile, su encuentro all� con el pintor Roberto Matta, sus experiencias como creador del Grupo de los Nueve con importantes artistas latinoamericanos residentes en ese pa�s, su regreso a Colombia y su funci�n como director de la Escuela de Bellas Artes de Ibagu�. Pasaron por su mente las im�genes de aquella ciudad del Tolima donde ya hab�a decidido variar el rumbo de sus pinturas. Pens� tambi�n en su obra Flores en blanco y rojo, con la cual obtuvo el Premio del Sal�n Nacional de Artistas (1961) y en la que se advert�an los c�nones del expresionismo l�rico que comenzaba a abandonar.

Estaba tan convencido del nuevo giro de sus obras, que las expuso en la Biblioteca Nacional de Bogot� bajo el t�tulo Formas. Pero recibieron toda clase de cr�ticas, hasta el punto de ser catalogadas como p�stumas. Sin embargo, Manuel Hern�ndez continu� su b�squeda lejos del figurativismo y hoy, a los 77 a�os, est� considerado el decano de la pintura abstracta en Colombia, camino abierto por Marco Ospina y Guillenmo Wiedemann. Y as� como fue creando lentamente su propio abecedario de lonas y telas, de la misma manera ha comenzado a expresarse con la escultura. Casi al borde de los ochenta a�os ha empezado a llevar sus signos a la tridimensionalidad. " Por primera vez intento y desarrollo la escultura y me detengo en el manejo del espacio". De este modo los elementos presentes en sus pinturas han tomado forma y peso en el bronce. Su esp�ritu de artista curioso, sus ensayos en el campo de la t�cnica, su firmeza en un lenguaje que lo alej� de las salas comerciales de 1964 a 1974 y llev� su obra a los museos, lo han conducido a recibir, por parte de la Universidad de Antioquia, el t�tulo Honoris Causa en Artes Pl�sticas, 55 a�os despu�s de graduarse en la Academia de Bellas Artes de Chile. No en vano ha realizado casi ochenta exposiciones individuales en m�s de treinta pa�ses y sus pinturas forman parte de 35 instituciones p�blicas de Alemania, Brasil, Colombia, Estados Unidos y Panam�. "El anhelo de todo artista es llevar sus obras hasta las �ltimas consecuencias, exponerlas en diferentes museos y galer�as. Siempre he sido consecuente porque es importante para un pa�s ver el trabajo del artista".

Cuando se encierra en su estudio establece un profundo di�logo con sus telas sin forzar los encuentros y dej�ndose sorprender. "Si no hay sorpresa, sospecho, no hay sinceridad".

La sinceridad consigo mismo lo ha llevado a insistir en sus propios temas y en sus elementos para evolucionar en ellos. Manuel Hern�ndez ha investigado constantemente los materiales, aun desde hace un cuarto de siglo cuando hall� en el acr�lico un medio importante para el desarrollo de su trabajo y se dedic� a descubrir sus atributos hasta escribir un libro sobre el tema. Luego se introdujo en el papel hecho a mano, atra�do por su seque dad y su textura. Despu�s utiliz� el poli�ster y las arenas sobre lonas para conseguir cierta rigidez. Y ahora le ha dado al bronce un terminado especial. " Es un medio multifac�tico, incluso tiene una textura cercana al hierro. Precisamente la obra Signo balance, que expuse en la C�mara de Comercio de Bogot�, est� hecha de este material de brillos extraordinarios y a su vez sigue constituyendo esa cosa magra y esencial que ha caracterizado mis pinturas. Porque adem�s del color producido por las superficies y sus atm�sferas, me permite se�alar la rudeza del material".

En sus pinturas balanceadas, equilibradas y l�ricas saltan a la vista los medios utilizados, como los adhesivos que empleaba Mir�, "especie de polvo de m�rmol con el cual es posible advertir la luminosidad en la tela misma". As� Manuel Hern�ndez expresa su admiraci�n por Mir� "quien hace parte de una trilog�a importante para m�, junto con Picasso y Tamayo. En ellos he visto los grandes silencios sugeridos en la escultura latinoamericana. Pero lo que m�s me interesa es experimentar los accidentes del material, sentir su textura, crear el relieve".

Actualmente sus pinturas sobre lona buscan la fluidez del manejo, incluso desechando la dureza del marco y el bastidor. Son obras de grandes dimensiones realizadas no en el piso, como lo har�a Pollock, sino sobre soportes y superficies capaces de sostenerlas. Con secadores acelera la producci�n de un trabajo impermeable a las influencias art�sticas externas. "Aunque el artista no est� metido directamente en los factores pol�ticos y econ�micos, s� tiene un presentimiento. Con la globalizaci�n a�n se advierte la diferenciaci�n. Si comparamos el color de la pintura europea con la de Colombia, vemos la verticalidad de la luz solar. Cuando se es sensible a los con tenidos inesperados, el comercio pasa a un segundo plano. De todos modos creo que el artista debe ser un viajero. En mi caso conozco la mayor�a de los museos y eso me ha permitido dilucidar mi verdad para seguir haciendo lo propio y consolidar lo buscado".

Ahora, cuando ha pasado m�s de medio siglo de experimentaciones y logros, Manuel Hem�ndez echa un vistazo a su propia historia. Se detiene en Chile y en su encuentro con Pedro Matta, "quien viajaba desde Par�s a pasar algunas temporadas en su pa�s". Piensa en el Grupo de los Nueve, atento a poner en tela de juicio la posici�n de la academia de finales de la d�cada de 1940. "Las escuelas de bellas artes eran categ�ricas en sus planes de estudio y no dejaban meditar en nuevos conceptos. Pens�bamos en la evoluci�n del artista, en otros lenquaies alternativas que ya se estaban desarrollando con el cubismo. Entonces alquilamos un taller en la Plaza de Arenas y lo compartimos con m�sicos, bailarines, pintores y escultores, con quienes ten�amos un di�logo constante. En ese momento, Matta y Emilio Pettorutti tra�an la influencia europea en sus conferencias y tertulias y nos incitaban a un cambio". Luego en Roma, adonde viaj� con su esposa y sus dos hijos mayores, encontr� los medios para consolidar las vivencias palpadas en Chile y resolver sus inquietudes respecto de la pintura mexicana. "Asociaba el muralismo con lo pol�tico, pero mi manera de ser me dictaba la b�squeda de algo m�s �ntimo y por eso me interes� en Roma y especialmente en Estados Unidos donde encontr� a Pollock y a De Kooning y pude meditar sobre mi pintura hasta hallar en la abstracci�n l�rica mi lenguaje, tal vez movido entre los bordes y la luminosidad del color generada en el trabajo de Rothko. As� estuve cerca de una simbolog�a que luego vi en Soto quien trabajaba con c�rculos y cuadrados mientras que yo lo hac�a con una l�nea rom�ntica de �valos y rect�ngulos. Con estos elementos he producido toda mi pintura. Me he acercado a la claridad y la sencillez mediante la b�squeda de variantes con las cuales he hallado consistencia".

Ahora el di�logo con sus obras lo establece con el balance y el equilibrio. "La pintura es una sola. Hay temas reiterativos. Artistas como Cezanne trabajaron siempre con los mismos elementos y de una manera profunda". Y as� lo ha hecho Hern�ndez con sus signos silentes, a veces hier�ticos que no s�lo orientan la mirada del espectador en las direcciones externas sino que tambi�n tocan su interior mientras establecen ritmos pl�sticos y po�ticos. "Lo valiente del pintor es lanzarse a nuevos caminos. Uno debe arriesgar hasta el fin de los d�as". En esta actitud se mantiene firme Manuel Hern�ndez, que primero arriesg� con el abstraccionismo y ahora arriesga con la escultura. Hasta el fin de los d�as.

Tomado de la Revista Diners No.436, julio de 2006

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Signos de geometr�a

Por Mar�a Cristina Pignalosa

Manuel Hern�ndez sigue tan vital y creativo, como siempre. A pesar de sus a�os y de su andar pausado, siente gusto por lanzar pinturas sobre el lienzo. Es un gesto vital, que hace con gran versatilidad, aun si otros artistas anteriores tambi�n lo hicieron. Dice que este lenguaje pl�stico les da gran libertad al pigmento sobre el lienzo y a la refracci�n de los colores.

El use del Carburundum es lo m�s reciente. Es un m�todo que utilizaron pintores del impresionismo para mezclar diferentes tonos sin que se disuelvan los colores puros. Signac y Seurat son algunos de los artistas anteriores a Picasso que lo hicieron y dice Hern�ndez que esto le abri� el camino a Pollock para distanciarse del caballete y romper la superficie hier�tica sobre bastidores. Fue un hecho que implic� una gran libertad.

Aunque serenidad, quietud, neutralidad, verticalidad y meditaci�n son constantes de su obra, el artista introduce factores contempor�neos de acci�n y libertad. Son obras que mantienen un gran sentido emotivo, no solo como elemento de fuerza. Las m�s recientes tienen chorreo y goteo en sus superficies. Son nuevas versiones, donde la seguridad del trazo paralelamente incluye gestos m�s contempor�neos con nuevos materiales como piroxilina, acr�lico comercial y pintura para pared, a la par que puede optar por usar �leo o la tradicional pintura al temple.

Hern�ndez trabaja simult�neamente una serie de esculturas. Son momentos de expectativa para �l, pues algunas ser�n llevadas a gran escala a espacios p�blicos. Para ello se requiere de un apoyo esencial tanto del Estado, como de los talleres de fundici�n del pa�s.

Hern�ndez fue el primer decano de la nueva Escuela de Bellas Artes, cuando se traslad� a las instalaciones de la Nacional. Fue un paso de apertura a nuevos lenguajes, experimentos a inquietudes. Estuvo 3 a�os en la direcci�n y posteriormente fue profesor 17.

"Anteriormente fue una bohemia mal entendida, con elementos de un romanticismo tra�do de siglo anterior, no cercano a nuevas acciones que busc�bamos de la nueva generaci�n", dice el artista.

Es muy ordenado, al menos tiende a serlo. Busca continuar un orden de desarrollo, que avanza sobre caminos conocidos, con resultados definidos. La acci�n de rompimiento y aparente desorden en sus nuevos trabajos es tan solo una forma de distanciarse de su car�cter intimista, sereno y un poco t�mido. Dice sobre arte joven: "A los 77 considero inevitablemente la acci�n vigorosa del grupo joven contempor�neo con nuevas versiones y conceptos que cargan mucha fuerza y veracidad".

Sobre el arte colombiano: "Es tan extenso y est� en proceso de b�squeda. Para manejar una verdad a nivel universal falta mucho. Salvo Obreg�n, que con su gran verdad de ubicaci�n contempor�nea y con medios vers�tiles fue un int�rprete sensible. Abri� el camino a impuls� el arte para esta nueva generaci�n".

�La cr�tica existe? 

S� creo, hay profesionales que llevan 20 a�os estudiando y escribiendo y no por capricho. La mayor�a ha dedicado su tiempo para establecer cu�les son los valores reales del arte, seg�n su captaci�n.

�Qu� lo apasiona?

Redescubrir elementos emocionantes en la b�squeda de nuevos materiales. Investigo sobre materiales sencillos, unos como los acr�licos, casi indestructibles, pero que por su nobleza y si se saben manejar, se pueden aplicar las viejas tradiciones t�cnicas.

" Considero que los Salones Nacionales son obligatoriedad del Estado y que hay que dejar de lado las caprichosas maneras de adjudicar premios. Se requiere una legislaci�n con caracter�sticas m�s precisas protegido el arte de entusiasmos pasajeros, pues su realizaci�n es fundamental para el pa�s. El arte no debe ser visto solamente desde el punto de vista comercial. No debe ser manejado por galer�as, pues el arte tiene prioridades y leyes que son ajenas a intereses del dinero. Es una b�squeda espiritual y est� enfocado a buscar mayor proyecci�n y di�logo".

Sobre instalaciones y performancias dice: "Est�n un poco pasadas. Lo que se est� viendo fue descubierto en los 80 en Alemania. En muchos trabajos se capta lo que fue y lo que se puede ver en revistas actualmente. Pero no por esto se puede seguir con el pincel por nostalgia de t�cnicas trasnochadas. El artista es luchador y es un momento en el que los j�venes deben hacer cosas nuevas y vigorosas; hay que apoyarlos indistintamente de c�mo se cataloguen".

"Me siendo inmensamente agradecido por los gestos de solidaridad y amistad recibidos, especialmente con la U. de Antioquia, de gran prestigio internacional, que fueron los iniciadores de las bienales. Me consolida espiritualmente, me consuela y es un apoyo para seguir buscando. El premio es est�mulo a la creatividad".

Los favoritos de Hern�ndez son Rembrandt, Durero y Vel�squez. Fundamental, Picasso; conmovedor, Morandi; su preferido, Rothko. Admira a Tamayo, Soto, Matta, Braque y C�zanne. Es atra�do tambi�n por la magia que combina el drama con exquisitos espacios de Monet y Turner.

Sobre �l dice Ana Mar�a Escall�n: "Es un pintor dibujante, un dibujante pintor que se asoma ahora a la escultura. Un educador insigne, un investigador que produjo en Colombia las posibilidades del color en acr�lico. Un ser que ha logrado manejar el mundo desde la dignidad m�s sobria. Al punto de que cada relato de su vida tiene como justificaci�n la suerte".

Dice Juan Gustavo Cobo Borda, autor de un libro para el evento en Medell�n: "Este asceta de la escritura pl�stica, con sus signos y sus acentos, es un sensualista �vido de disfrutar todos los colores, del violeta al ocre y de experimentar con la variedad inagotable de las texturas, de la tela al papel hecho a mano".

Tomado del suplemento de El Tiempo, 25 de noviembre de 2006

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Los rumores de Manuel Hern�ndez

Durante cuatro meses, Ana Mar�a Escall�n, curadora del nuevo museo de artes visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, junto a Isabel Bernaza, directora del mismo, recorrieron el equilibrado y c�lido mundo de �valos y rect�ngulos del maestro bogotano Manuel Hern�ndez. Su tarea no era otra que seleccionar, entre una colecci�n de m�s de 1.500 dibujos guardados con recelo por el propio artista, una muestra que revelara los aciertos creadores pero tambi�n las b�squedas y secretos del pintor.

El resultado son los 160 dibujos y 80 bocetos que constituyen la exposici�n permanente del museo, instalado en un moderno edificio construido para acoger variadas propuestas pl�sticas como video, instalaci�n, dibujo, performance y fotograf�a.

"Bienvenidos a sus dibujos, en los que se evidencia la lectura directa que existe entre la mano y el pensamiento. En ella el maestro nos muestra la experiencia de un oficio que lo enfrenta de muchas formas y con variadas t�cnicas, porque, en su vida, la creaci�n ha girado entre la investigaci�n y la experimentaci�n", coment� Jos� Fernando Isaza, rector de la universidad Jorge Tadeo, durante la inauguraci�n del museo.

CAMBIO DE RUMBO

Manuel Hern�ndez estudi� arte en la Universidad Nacional y en 1948 viaj�, gracias a una beca, a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Santiago de Chile. All� comenzar�a a tomar distancia de los preceptos, todav�a costumbristas, que ordenaban la pintura colombiana. M�s adelante, en 1961, ganar�a el Premio Nacional de Pintura, y emprender�a su periplo a Italia en busca de nuevos caminos creadores.

Seg�n su esposa, Pilar, aquel momento representa un punto de quiebre: "Dej� atr�s la figuraci�n y empez� a experimentar primero con el blanco y el negro y luego con otros colores. Fue un golpe dif�cil de captar, porque el premio lo hab�a ganado por otro tipo de pintura".

Desde entonces, cualquier papel, servilleta, hoja de cuaderno o pliego, le ha servido a Manuel Hern�ndez en su b�squeda del equilibrio entre las formas geom�tricas y las tonalidades. "Los horarios de los d�as de la semana no existen cuando a uno lo sobrecoge la intenci�n de crear", le dijo el maestro Hern�ndez a Ana Mar�a Escall�n durante una de sus visitas.

La edici�n de un cat�logo impecable, con los dibujos y textos del propio pintor, revelan que Ana Mar�a Escall�n no s�lo estaba atenta, durante el tiempo de la curadur�a, a los trazos consignados en aquel archivo escondido por tantos a�os de las miradas ajenas, sino tambi�n atender trampas verbales para lograr una confesi�n del pintor.

"Manejo dos formas geom�tricas: el �valo y el rect�ngulo en todas sus combinaciones posibles. En esas combinaciones encuentro lo arm�nico. El �valo es una forma abierta y el rect�ngulo es cerrado", es la explicaci�n sint�tica del propio pintor sobre su b�squeda.

Para Ana Mar�a, en tiempos de cambios continuos, donde hasta las leyes de la f�sica se alteran y quedan en entredicho, la obra y el trabajo incansable de Manuel Hern�ndez recuerdan que lo esencial existe, "a �l le importa la �tica de los signos silentes. No en vano pinta el silencio en silencio".

Para el ojo cr�tico de la curadora, en la colecci�n se encuentran dispersas suficientes pistas sobre las influencias del maestro: Piero della Francesca, Manet, C�zanne y Picasso. Tambi�n Paul Klee, de quien aprende la versatilidad de la t�cnica, y Emilio Pettoruti, cubista argentino, quien en los comienzos de su carrera le ense�� las transiciones entre lo c�lido y lo fr�o. La lista la completar�an Roberto Matta, surrealista chileno, Jes�s Soto y Piet Mondrian, con quienes descubri� la opci�n de reducir la expresi�n a cuadros y rect�ngulos, y por supuesto, a los norteamericanos Jackson Pollock, Robert Motherwell, Morris Louis o Roy Lichtenstein.

"No era un dibujo para mostrar sino para guardar", dice su esposa, quien ha estado atenta a cada uno de los esfuerzos para organizar esta colecci�n. Sin embargo, ahora que aguardan por la mirada de los visitantes del nuevo museo, cobran un significado nuevo seg�n Jos� Fernando Isaza: "Son una ense�anza de vida, porque a Manuel Hern�ndez le interesa que conozcamos las batallas de un artista y aprendamos que perseverar en la vocaci�n no es posible sin fuerza de esp�ritu, constancia y dedicaci�n".

Tomado del peri�dico El Espectador, 25 de noviembre de 2007

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Un Artista debe ser testarudo

por Diego Guerrero
Cultura y entretenimiento, El Tiempo

Cuando todo le sal�a bien, dej� de ser figurativo para volverse abstracto y a los 80 a�os deja la pintura para irse a la escultura

Mar�a del Pilar Qui�ones tamborilea con sus dedos con algo de desesperaci�n sobre una mesa de trabajo, en el taller de su esposo, el artista bogotano Manuel Hern�ndez. Es un lugar amplio, blanco con techo alto y ventanas grandes en dos de los cuatro costados.

Ella finge molestia y, como reclamando a su suerte, dice: "Justo cuando vend�a lo que pintaba y le iba bien con el color, nos vamos para Roma, decide dejar las pinturas y... �Comprar carboncillos! Estuvo ocho a�os sin vender".

A sus 80 a�os, Hern�ndez, al otro lado de la mesa, tranquilo como quien se sabe amado por la misma persona hace m�s de cinco d�cadas (cumplieron bodas de oro), r�e suavemente. Parece recordar el dolor de cabeza que debi� darle a su mujer a principios de los a�os 60, cuando luego de ganar el XIII Sal�n Nacional de Artistas y con un camino profesional relativamente despejado cambi� su estilo.

Hoy, ella reconoce que si no hubiera sido por ese salto al vac�o, propio de un artista que quiere ser �l mismo, Manuel Hern�ndez no ser�a un nombre imprescindible de la pl�stica nacional.

S�, es menos conocido por la gente que otros de la generaci�n de los grandes maestros, de la que hace parte (Botero, Obreg�n, Grau...). No por ello su obra es menos importante. No lo dice su pasado lleno de exposiciones en Am�rica, Europa y Asia, sino su presente.

En la galer�a Casas Riegner, de Bogot�, est� su m�s reciente obra, fruto de otro giro inesperado: cuando el artista alcanzaba ocho d�cadas en este mundo dej� las brochas y el acr�lico y mir� a la escultura.

Los cambios siguieron

"Empec� en vista de que los a�os pasan y la brocha me quedaba dificil -explica-. Me quedaba mas f�cil hacer como Negret y Ram�rez Villamizar que, m�s inteligentes, usaban talleres para hacer sus obras. Ahora, dibujo en el papel y en el taller cortan por computador. Parte importante de la vida es entender los l�mites y con la brocha empec� a sentirlos, pero quer�a seguir creando y vi que el metal y el computador me lo permiten".

Todo un hallazgo para quien hace tres meses sufri� una trombosis, que ahora parece prueba superada.

Con el tiempo, el color regres� y lo acompa�� por a�os en cuadros que se empezaron a vender luego de que -por fin- en 1971, el galerista (hoy curador) Eduardo Serrano lo sac� de su sequ�a en ventas, con una exposici�n.

Para entonces, nada quedaba de lo figurativo y la abstracci�n era lo suyo. Los cambios siguieron apareciendo volvi�ndolo cada vez m�s sutil.

"Les dec�a a mis alumnos en la Escuela de Bellas Artes: si venden m�s de tres cuadros en una exposici�n, paren y miren qu� est�n haciendo mal".

Lo dice �l, que para alimentar a sus cuatro hijos fund� una empresa de acr�licos y dio clases, pero nunca dej� de crear. Aunque lo que pintaba de noche nadie lo quer�a ver de d�a. Por eso enroll� sus lienzos por a�os. "No tuve una musa. El trabajo es lo importante y siempre he estado produciendo", asegura.

Parece f�cil decirlo ahora que le han hecho homenajes, que vende adentro y afuera del pa�s y que el mural del Congreso es reconocido como una gran obra, pero otra cosa es aguantar en el arte con su mujer como �nica testigo de su valor y de sus trasnochos en un estudio al que no dejaba entrar a nadie.

"Fui a pintar a Roma y a Nueva York. Viv�a de las becas -recuerda-. �C�mo hice para no desfallecer? Artista que duda, desvirt�a lo propio. Uno debe creer con intensidad en lo que hace, romper con todas las dudas, tener una sensibilidad permanente, trabajar intensamente, no para exponer sino para crear".

Sin rubor sino con profundo agradecimiento, reconoce en su esposa a una salvadora. �l se benefici� no solo de su amor sino de una que otra brocha que sacaba de El �tico, un renombrado almac�n de pinturas y elementos para artista, que ella fund�.

No fui tan conocido

Pilar da a entender que no, que si su marido no se hubiera casado hubiera llegado m�s lejos. �l lo niega con la misma certeza que tiene en su pintura. Recuerdan entre risas los tiempos en que apenas la suerte empezaba a sonre�r:

-Una vez vend� todos los cuadros de una exposici�n y le dije a Pilar que nos �bamos para Paris -cuenta el artista.

-Nos fuimos todos, hasta con un hijo al que sacamos de la universidad-, apunta ella.

-�Nos gastamos todo! Era maravilloso, los hijos para arriba y para abajo. Ni pintaba porque hab�a exposiciones por todas partes. Qu� iba a pintar con esos maestros ah�".

Con esa vida tuvo poco tiempo para relaciones. "No fui tan conocido, porque era callado, t�mido. Bernardo Salcedo, por ejemplo, entreten�a a la gente con sus declaraciones. Yo no era as� y eso se necesita para figurar", dice, sin amargura. Es solo una explicaci�n de por qu� sus amigos sonaban m�s que �l.

De todos modos, para �l la pintura no es asunto de fama, sino algo m�s sagrado. "Creo que hay un Dios y que la naturaleza ofrece verdades ineludibles de �l. Por eso no hice nada pol�tico. El pintor a su pintura. Ah� est�

Tomado del peri�dico El Tiempo, 1 de junio de 2008

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Los signos se salen de la tela

por Mar�a Cristina Pignalosa

Una tela de 30 metros con toda la simbolog�a y el alfabeto pict�rico de Manuel Hern�ndez se extiende por las paredes del segundo piso de la galer�a Casas Riegner de Bogot�

Un paso m�s adelante, el artista abre la l�nea cerrada de sus signos y las siluetas de estos se trasladan a relieves en l�mina de metal, como asociaciones libres en un nuevo espacio, transformadas en formas expresivas y sutiles.

A otro lado hay telas sin bastidores, flexibles, donde el negro sobre negro contrasta con las formas de las esculturas, que rompen el espacio.

Todo eso es lo que el artista ha producido a lo largo de los tres �ltimos a�os, y que expone desde hoy.

Hern�ndez dice que apenas ahora desarrolla la parte escult�rica, que hab�a iniciado hace dos a�os. "Hago intentos en diferentes materiales y diversos metales, como acero y cobre, aluminio y hierro en varillas aceradas y texturizadas y trabajos en distintas l�minas met�licas", comenta.

Y agrega: "Hago los dibujos que Iuego se pasan al computador. Posteriormente, son dise�ados de acuerdo con los bocetos y muy precisamente, en talleres especializados, donde con trabajos de corte computarizado se recortan las l�minas en los mismos trazos firmes que hice. Ante todo busco que sean diferentes al proceso mismo".

Vigila todo �l mismo

A Hern�ndez .le interesa el trabajo con nuevos materia les. Sus signos en blanco y negro est�n trabajados con lacas piroxilinas y nuevos elementos industriales de alta resistencia.

El personalmente revisa los cortes y soldaduras en estos metales. Env�a los bocetos y expertos trabajadores los acondicionan en programas que cortan las l�minas.

Luego, Hern�ndez corrige la parte final y los detalles o les incrusta elementos.

"Estamos en un di�logo permanente con los expertos manuales de este trabajo", dice el artista.

Son todas piezas �nicas. So lo se produce un ejemplar de cada dise�o y, como son piezas diferentes, cada uno se ex presa mejor en determinado material.

Algunas son vaciadas en bronce. Otras son recortadas para luego ser un alto relieve o un bajo relieve, cada una se expresa mejor en determinado material.

En esta exhibici�n tambi�n hay dos grandes telas murales de grandes dimensiones, de casi nueve metros que, dice el artista, no le preocupa si los colocan sobre el suelo o si est�n en el techo; son telones para colgarse abiertamente y con toda la libertad posible.

Hern�ndez tiene proyectado ofrecer a Bogot� un gran mural, para el piso de alguna plazoleta.

Mientras se decide cu�l, el pr�ximo mes inaugurar� en el Museo de Arte Moderno de Bogot� una gran retrospectiva para celebrar sus 80 a�os.

Ser�n 120 obras seleccionadas por la cr�tica de arte y curadora de la muestra, Ana Mar�a Escall�n. Ser�, dice el artista, un recorrido por su vida desde 1952 hasta el presente y lo m�s actual de su trabajo, que en parte ahora se expone en Casas Riegner.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 15 de mayo de 2008

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Maestro de la geometr�a abstracta

de Lina Mar�a G�mez Gonz�lez

Junto a Carlos Rojas, �dgar Negret y Eduardo Ram�rez Villamizar, entre otros, Manuel Hern�ndez form� una destacada generaci�n de artistas colombianos, siendo �l, el pintor abstracto de este grupo de creadores. Hoy, a sus 80 a�os de edad, ha dejado atr�s las pinturas y los dibujos de gran formato para enfocar su trabajo en la prolongaci�n del dibujo: la escultura. Desde hace tres a�os, el �valo, el rect�ngulo y la diagonal -formas caracter�sticas de su obra- han pasado del lienzo al metal, reafirmando as� el constante cambio en que ha vivido como artista.

Pionero del acr�lico en Colombia, debido a su personalidad reservada, no ha tenido la fama de los otros artistas de su generaci�n. Sin embargo, es un creador infinito que sigue trabajando y explorando nuevas t�cnicas para representar la geometr�a en lo abstracto, que le recuerda aquellos pomos rosados empacados en cajas rectangulares y transparentes que fabricaba y vend�a su madre, evocaci�n recurrente en su obra.

Hern�ndez, nacido en Bogot�, inici� su formaci�n art�stica en el internado de Tunja. Mientras sus amigos jugaban f�tbol, �l prefer�a caminar y regocijarse con los colores de las hojas de los �rboles, ver las superficies rocosas y las formas de las nubes.

Luego ingres� a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, donde su ense�anza es tuvo marcada por los muralistas colombianos Ignacio G�mez Jaramillo, Luis Alberto Acu�a y Gabriel Giraldo, entre otros: Al igual que con la influencia de los mura listas mexicanos: Diego Rivera y Clemente Orozco.

Con una beca fue a estudiar a la Academia de Bella sArtes de Chile, donde se acerc� a la obra de Monet, Renoir o Sisley y trabaj� de la mano del argentino Emilio Petorutti, quien le influenci� en el cubismo. "�l suger�a que para obtener la luz natural, hab�a que trabajar con luz fr�a y c�lida. Por ello trabajaba de noche para tener la influencia de ese contraste. Adem�s, para cumplir con mi labor de docente en el d�a, el tiempo disponible para trabajar en mi obra era durante la noche", recuerda Manuel Hern�ndez, sentado en la sala de su casa y rodeado de las obras de otros artistas amigos suyos con quienes ha intercambiado su trabajo. Durante estos 50 a�os de labores, el maestro ha producido tratando de ser un artista sincero, espont�neo y de conservar el estilo de la geometr�a abstracta en su ex tensa obra.

Tomado del peri�dico El Espectador, 27 de junio de 2008

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Manuel Hern�ndez: 80 a�os

El 20 de octubre Manuel Hern�ndez cumplir� ochenta a�os, con un trabajo igual de vital que hace medio siglo. Tiene la disciplina adquirida desde ni�o cuando sal�a a dibujar con su padre o resist�a el fr�o en el internado de Tunja o creaba en Chile el interdisciplinario Grupo de Los Nueve.

Hoy se desplaza diariamente a su estudio donde extiende las lonas sobre el piso para pintar, tal como lo hac�a Pollock. Sus manos tienen menos energ�a y por eso ha buscado otros medios de expresi�n, volcados hacia el volumen. Sus signos silentes han encontrado fuerza en bronces y metales y reiteran el ritmo y el movimiento hallados a lo largo de su actividad pl�stica. En ellos se advierte el concepto del artista contempor�neo que ha dejado su trabajo solitario y ha permitido la colaboraci�n de otros.

"Quise realizar esculturas de bronce y busqu� talleres que produjeran mi nueva obra. Hice las maquetas de arcilla y cartones para ser fundidas. Us� metales para los relieves y los pint� con piroxilinas para conseguir un secamiento r�pido. Los talleres se basan en mis dibujos y utilizan la computadora para cortarlos con precisi�n". Estas nuevas obras, l�ricas y fuertes, se exhiben en la Galer�a Casas Riegner que ha iniciado un homenaje al artista octogenario. Y desde el 25 de este mes, el MamBo abrir� una gran retrospectiva del artista. 

Mar�a Margarita Garc�a
Tomado de la Revista Diners No. 459, junio de 2008

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Un pintor colombiano

Su ampl�sima trayectoria, que se inicia en la facultad de bellas artes de la Universidad Nacional de Colombia a incluye estudios en la Universidad de Santiago de Chile y en el Art League de Nueva York, lo ha llevado a mostrar su obra en Bonn, Boston, Buenos Aires, Caracas, Hong Kong, Londres, Madrid, Manila, Nueva Delhi, Osaka, Par�s, Rio de Janeiro, Roma, Sevilla, Sidney y Washington, entre otras ciudades de cuatro continentes, as� como en las principales capitales colombianas. 

Trabajos suyos se encuentran en m�s de 35 instituciones p�blicas de Alemania, Brasil, Colombia, Estados Unidos y Panam�. Entre ellos destacan el mural Signos y leyes, realizado para el edificio del Congreso de la Rep�blica de Colombia; el mural que le encarg� el arquitecto Oscar Niemayer para el Parlamento Latino del Memorial de las Am�ricas en S�o Paulo; los lienzos de la colecci�n de la Presidencia de Colombia y de la colecci�n de la OEA en Washington; las pinturas que se encuentran en los museos de Arte Moderno de Bogot�, M�xico y R�o de Janeiro, y las que reposan en colecciones tan significativas como las del Chase Manhattan Bank, la C�mara de Comercio de Medell�n y las fundaciones B�rbara Duncan y Marcelo Carbona y Moraf.

La obra de Manuel Hern�ndez revela un dominio extraordinario de los elementos que le pertenecen por derecho propio a la pintura: el dibujo, la luminosidad, el manch�n, la pincelada, el color y, sobre todo, el misterio, se entrelazan para construir un mundo sui g�neris; un universo alimentado por signos o, mejor
a�n, por un signo que se articula y se desarticula sin cesar para descubrir, a la postre, las m�ltiples facetas de una identidad que siempre sorprende. La infinita sucesi�n de variaciones forja un universo de im�genes, de sugerencias, de refinamiento visual y de gracia que revela el talante de un lenguaje con la capacidad de establecer un di�logo directo entre cada obra y la sensibilidad del espectador; una conversaci�n llena de poes�a, singular y enriquecedora, en ese cosmos inquietante y, a la vez, sosegado de la abstracci�n.

Tomado de la Revista Studia Colombiana, No. 5, Universidad de Salamanca, Centro Cultural Bogota, 2006

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Blanco y Negro

en la exposici�n de Caras y la Galer�a Casas Riegner, 2008

por Sandra Mart�nez

La puerta de madera del apartamento 401, en el norte de Bogot�, se abre con lentitud. El maestro Manuel Hern�ndez est� de pie delante de un cuadro azul oscuro que ocupa toda la pared. Saluda con amabilidad, se dirige lento hasta la sala y se sienta en una peque�a silla de mimbre, su silla", dice.

Los sof�s son negros, las paredes blancas y por donde se mire hay obras de diferentes artistas. En la esquina, una escultura de Eduardo Ram�rez Villamizar, m�s all� una de Edgar Negret, colgados en las paredes cuadros de Carlos Rojas, de Bernardo Salcedo. "Son canjes entre amigos, siempre lo hemos hecho", cuenta el artista con una sonrisa. Vestido de negro, tranquilo y seguro, se dispone a hablar de su nueva exposici�n con la que conmemora este a�o, dice orgulloso, "50 de trabajo" y 80 de vida.

Pide una gaseosa y se la toma en peque�os sorbos a lo largo de la entrevista, mientras cuenta que ha trabajado durante los �ltimos dos a�os en esta exposici�n. Todos los d�as, por la ma�ana, inclusive durante algunos festivos, se va en compa��a de su esposa Pilar hasta su taller, ubicado al norte de la ciudad, a pensar, dirigir a sus asistentes y revisar una y otra vez lo que ha creado.

"Me interesaba mostrar la parte nueva de mi trabajo, en la cual me despojo de mi proceso colorista y llego al extremo del blanco y del negro, el principio y el fin del artista, el dramatismo puro", le asegur� a CARAS. Seg�n �l, las luces, las sombras, los contraluces, los bordes, los reflejos, los contrastes, las texturas, se perciben con mayor fuerza al quitar el color y se convierten en un apoyo de la parte espiritual, de lo sensible, de lo trascendental, que siempre ha movido su obra.

La exposici�n, que se inaugurar� el pr�ximo 15 de mayo de 2008 en la galer�a Casas Riegner de Bogot�, re�ne cerca de 50 de sus obras, entre telones de gran formato, esculturas de bronce y otros materiales nuevos, que presentar� por primera vez al p�blico. "Mi pintura ha tenido una evoluci�n, pero quer�a hacer un alto y enfrentar los dos extremos, el blanco y el negro, adem�s de iniciar mi etapa hacia la escultura", dice Hern�ndez.

Comenz� a trabajar la escultura justo hace tres a�os. "Me acerqu�, porque no las hago yo. Dibujo los bocetos y mis asistentes las desarrollan y la interpretan con un gran talento", confiesa. Y ahora, en esta etapa decidi� ensayar con nuevos materiales como alambres trabajados en recortes y con aristas texturizadas, pero siempre sobre los esquemas que ha mantenido a lo largo de su trayectoria.

"En las obras est� la forma muy elemental de la l�nea, que da un contenido a los ritmos sobre los esquemas que me he trazado y que son muy precisos. Siempre est�n dentro del �valo y el rect�ngulo, es mi pintura y la he evolucionado con el sentimiento de la diagonal, un factor de velocidad, rapidez y todos los significados que puede tener la geometr�a", dice. Hern�ndez explica, adem�s, que le hac�a falta trabajar esa parte, que otros artistas contempor�neos ya hab�an realizado: "Mis asistentes, con s�lo el boceto que hago, trabajan para volverlo tridimensional, me cortan los metales, miran los diferentes grosores y estos nuevos materiales me dan unos visos especiales que me interesan mucho".

En sus propias palabras

Est� cansado. Hoy permaneci� en el taller en la ma�ana, ya son las cuatro de la tarde pasadas y le duelen las piernas. "De joven estuve demasiado tiempo de pie", explica. As� que comienza un juego de palabras, lugares, personas y recuerdos, antes de tomar las fotos. "Voy a ver si soy capaz", dice entre risas.

Beca Eduardo Santos: "Fundamental para m� porque fue la primera vez en la vida que pude dedicarme exclusivamente y de lleno a la pintura. Estaba muy joven".

Chile: "Formaci�n vital. Estuve cinco a�os, me fui becado en 1948 y por eso no fui compa�ero de los de mi generaci�n. Recib� clases de personas como Emilio Pettoruti, compa�ero de Picasso. Signific� todo un aporte para m� porque en ese momento hab�a una gran b�squeda por descubrir nuevas cosas, distintas del muralismo mexicano".

Sal�n Nacional de Pintura de 1961: "Lo gan�, parad�jicamente, con el cuadro llamado Flores en blanco y rojo, que era una mezcla entre figuraci�n y abstracci�n".

Wassily Kandinsky: "El personaje clave de toda la estructura contempor�nea, el maestro esencial de los abstractos principiantes como yo, junto con otro artista, Mark Rothko, que influy� de manera profunda en mi obra".

Pintura acr�lica: "En Colombia el �leo constitu�a el fundamento de la pintura. Me correspondi� el redescubrimiento del acr�lico, un material extraordinario en duraci�n y resistencia. Fui uno de los pioneros en usarlo en el pa�s".

�valos y rect�ngulos: "Con eso he podido manejar toda la evoluci�n de mi pintura, que parece f�cil, pero no lo es. Es la mezcla, en todas sus combinaciones posibles, del �valo, una forma abierta, y del rect�ngulo, que es cerrado".

La Vega, Cundinamarca: "All� tuve un presentimiento de b�squeda, de inquietud de lo que har�a despu�s. El pueblo era de una nobleza en su verde, en su naturaleza, en los r�os. Me transmite un gran sentimiento de juventud y vitalidad".

Es hora de bajar al taller a ver algunas de sus obras, antes que se vaya la luz del sol. Su esposa, Pilar, su polo a tierra y su eterna compa�era, ser� la gu�a. �l se quedar� descansando, entre sus obras, su silencio y su tranquilidad. Ma�ana ser� otro d�a y a�n tiene mucho trabajo por delante: necesita resolver detalles de la exposici�n, que estar� abierta al p�blico hasta el pr�ximo 21 de junio,

EN DETALLE

■ El maestro Manuel Hern�ndez cumple a�os el 20 de octubre.

■ Este a�o tambi�n celebra los 50 a�os de matrimonio con su esposa Pilar. Ella, estudiante de bellas artes, lo conoci� porque su padre se lo present�. Ambos se ganaron una beca para estudiar en Italia. Tuvieron cuatro hijos varones, pero ninguno sigui� sus pasos. "Afortunadamente, pues cada vez que los ve�a con un pincel los espantaba", dice el maestra.

■ Hern�ndez fue uno de los pioneros en el uso de la pintura acr�lica en Colombia. Cre� una empresa llamada Roseta, pero �l se deslig� completamente del negocio y se dedic� de lleno al arte. Sin embargo, gran parte de su familia trabaja hoy en la f�brica. Adicionalmente, su esposa mont� el almac�n El �tico, que vende art�culos para pintar.

� El Museo de Arte Moderno de Bogot� est� organizando una retrospectiva de toda su obra, que ser� curada por Ana Mar�a Escall�n.

Tomado de la Revista Caras, 3 de mayo de 2008

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Las obras de Manuel Hern�ndez ir�an al grafiti

Desde su estudio, el reconocido artista habl� de nuevas ideas para su obra.

por Melissa Serrato Ram�rez, Cultura y Entretenimiento

"Est�n en mi estudio, que lo he adaptado para una exposici�n retrospectiva, que recoge los �ltimos 30 a�os de mi pintura. Encontrar�n obras de los a�os 40 y hasta nuestros d�as, y con las que deseo que el p�blico pueda tener una visi�n m�s exacta de lo que ha sido mi pintura". Es la invitaci�n que hace el artista Manuel Hern�ndez, tras abrir por primera vez su espacio de trabajo.

Se trata de un proyecto de Waiker Marketing cultural, que encabeza Andrea Waiker, exdirectora de artBO, la Feria Internacional de Arte de Bogot�, con el prop�sito de acercar al p�bhco al proceso creativo de Hern�ndez, uno de los grandes exponentes del arte colombiano.

Son veinte obras de gran formato las que est�n exhibidas en su estudio, tambi�n se puede ver una biblioteca con algunos de los cat�logos de sus exposiciones y unos bosquejos en peque�o formato. Sin embarco, lo que m�s sorprende al estar all� es el entusiasmo de Hern�ndez para hablar de su obra, pues no escatima palabras, a pesar de que habla lento y, a veces, hasta le falta el aire para seguir adelante. Incluso, se le nota un entusiasmo renovado cuando cuenta de los nuevos proyectos que tiene para desarrollar con su obra.

Manuel Hernandez, pintorLa idea, que todav�a est� afinando y madurando, consistir�a en que, en el futuro, ya no pondr� a disposici�n del p�blico sus cuadros de la manera tradicional; es decir, la tela sobre el bastidor, sino que piensa entregar las obras en formato mediano para que un grafitero las plasme en la pared de la casa del coleccionista.

Seg�n Hern�ndez, "los grafiteros tienen un movimiento valioso, vigente y moderno".

Cuenta el artista que desde hace varios a�os ha trabajado en esta idea para que la pintura exista por s� misma. Y aunque es consciente de que debe resolver los temas de derechos de autor, para evitar falsificaciones, sue�a tambi�n con que los grafiteros lleven su obra por el pa�s.

"En mi caso, pienso que los grafiteros pueden cumplir una gran funci�n llevando estas obras por plazas p�blicas. Ellos han ganado mucho terreno en la medida en que llevan la pintura al sitio que consideran oportuno y donde son invitados. Adem�s, si yo les entrego el bosquejo, solo tienen que seguir la l�nea y las formas, y el bosquejo original se quedar�a con el coleccionista", comenta el artista.

Por ahora Hern�ndez sigue d�ndole puntadas a este sue�o. Mientras tanto, el p�blico puede visitar su estudio, donde se exhiben actualmente algunas de sus obras. Sin embargo, su esposa, Pilar, cuenta que aunque la idea de abrirlo lo entusiasm� mucho, "le doli� recoger todos sus utensilios de all�", pues fue adaptado para exponer las obras; es decir, se pintaron las paredes de blanco y provisionalmente no habr� rastros de lo que era el espacio �ntimo en el que creaba sus obras.

De hecho, en el piso solo quedan huellas de la pintura que se sal�a de las telas sobre las que trabajaba. Entonces, no es posible disfrutar del ambiente del estudio como tal, pues todos los pinceles, pinturas, esponjas, brochas, carboncillos y dem�s implementos tuvieron que ser guardados para dar acceso al p�blico y a la exposici�n.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 6 de mayo de 2013 

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  Manuel Hernandez: Signo eco se�al

 

 

 

Hern�ndez se forma en Colombia. Chile e italia. Desde los a�os 60 su obra repite obsesivamente un s�mbolo que a pesar de iterarse valora la ausencia del objeto representado. Cada una de sus formas es una soluci�n pict�rica envolvente que recrea atm�sferas diversas; Hern�ndez es el primer expresionista abstracto del pa�s y uno de los pocos que no recurri� a la geometr�a como medio.

Juli�n Posada, Alberto Sierra 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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