Alfredo Guerrero

Cartagena, Bolivar

Pintores

Figura Humana, Desnudo

Alfredo Guerrero

Pintor, dibujante

 


En 1974 el Premio Nacional de Dibujo lo obtuvo un artista desconocido, por ese entonces, llamado Alfredo Guerrero.  Diez años después él ha logrado consolidar un nombre de importancia en el panorama plástico de Latonoamérica

por Gloria Ines Daza, 1984

Después de la desaparición de Marta Traba, qué camino le queda al arte nacional? Cuál será la actitud de la crítica y cuál la de los medios de comunicación? La vida sigue su curso y el arte también. Se renovarán los "cuadros", tanto en el arte como en la crítica? O, I morirá el arte en Colombia? Predicciones diversas, negros augurios en contraste con un panorama optimista, es lo que encontramos a comienzos de este 1984. Y qué mejor que para aclararnos interrogantes, conversemos con uno de esos artistas "ya hechos", tranquilos y reposados pero siempre vivos y actuantes, como lo es Alfredo Guerrero, cartagenero de pura cepa, Premio Nacional de Dibujo en el Salón Nacional de 1974.

CON CHES ESPECIALISTAS

- Qué es lo que más le inquieta en el panorama de las artes plásticas colombianas para esta década?

-Lo que más me inquieta es la excesiva comercialización del arte, su improvisación y falta de calidad y la falta de una crítica severa y profesional, desvinculada de intereses personalistas, que lo juzgue y oriente.

- Y a qué cree que se deba esa ausencia de crítica?

-Ausencia (con algunas destacadas excepciones) motivada por la desvirtuación del "oficio", por ejercerlo, malintencionadamente, por intereses personales que no deben existir. Y por sobre todo, por la indiferencia de los medios de comunicación que prefieren el ejercicio noticioso de la información, al ejercicio profesional, metódico y serio de la labor crítica. Y que en alto grado es snobista, pues prefiere -como en el fútbol- la nueva aparición de un especialista argentino, que apoyar el oficio de algún colombiano.

- A qué se refiere usted cuando habla de la excesiva comercialización, cuando estamos en plena crisis económica?

-Pues me refiero a que en la pasada bonanza, el arte se convirtió en artículo de gran demanda, inflado por el con sumo y la alta cotización. Esto sirvió para que mucho del buen arte se deteriorara por la misma producción masiva a que se vio sometido y que abundara un seudoarte de apariencia, maquillado de "estilo",que "epató" a los nuevos compradores y a los nuevos ricos. Se produjo arte a la orden del día y se vendió indiscriminadamente hasta en los Carullas y almacenes populares por departamentos. No faltaron sino las casetas y puestos de dulces y de perros calientes, como está pasando con el tráfico interno de estupefacientes. Primero la marihuana y la coca, luego el desecho, el bazuco.

PRIMEROS PASOS CON LA MULATA

- Esta mala calidad del arte, no se deberá también a la llamada crisis de la universidad, desde cuando se transfomó la "Escuela " en facultad y, por ende, se perdió esa mística de alumno perpetuo que poseía el artista?

- Evidentemente este es el otro factor de crisis. Cuando yo estudié, primero en la recién creada Escuela de Bellas Artes de Cartagena, fundada por Eduardo Lemaitre en 1958, y posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, que funcionaba en el claustro de Santa Clara, el estudio del arte, en lo que se refería a alumnos y maestros correspondía a toda una liturgia en la que el profesor estaba siempre muy por encima del alumno. Esto no era tan malo como ha tratado de creerse. Un Gómez Jaramillo, profesor de trabajo mural, era un Miguel Angel para nosotros y en consecuencia nos comportábamos. Me parece estar viendo esos altos muros encalados del taller, donde recibíamos sus enseñanzas y practicábamos enganchando los pinceles y las brochas en varas y sintiendo esa magnificencia de la gran altura y de las mayores proporciones.

Pero qué decir de esos dos años cursados en La Heroica, cuando no existía ninguna modelo profesional y tuvimos que inventarnos la más extraordinaria mulata que puedan imaginarse. Cuando no disponíamos de la mulata, las mismas compañeras, en honor al "oficio ", se prestaron para posar para tomas fotográficas, que luego en el laboratorio eran sometidas al "borrado" de los rostros, para que nadie las identificara. Bellos y juveniles cuerpos anónimos, todo por amor al arte. Así dimos nuestros primeros pasos.

- Pero todo esto tan mágico, se repitió en Bogotá? 0 aquí las cosas eran a otro precio?

- Eran a otro precio, pero en otro sentido. Eugenio Barney, nuestro director, nos examinó y revisó el pénsum que habíamos visto en la provincia. Nos aconsejó que iniciáramos los estudios desde el primer semestre y como el arte era nuestra razón de ser, lo aceptamos de buena gana. Darío Morales tuvo además el mérito de haber terminado también el bachillerato.

- De dónde tanta vocación? El costeño tiene fama de ser un tipo poco serio y superficial.

- En todas partes se cuecen habas. Y de todo hay en la viña del Señor. Yo tuve la fortuna de tener un padre que le paró bolas en serio a mis inclinaciones artísticas y siempre me apoyó. Tanto, que llegó a financiarme mi beca durante el primer viaje a Europa. Fue un viejo increíble. El tomó muy en serio algo que producía no sólo grandes dudas, sino el rechazo de los padres de entonces.

- Qué piensa usted de la necesidad de los artistas de irse a instalar en París o si no se pierden en el anonimato tercermundista?

-Hay mucho de verdad en ello. Yo, por ejemplo, me fui la primera vez por seis años. Es lo mismo que me pasó cuando me tuve que trasladar de Cartagena a Bogotá. Son cosas apenas naturales y mis visitas al Museo Nacional quedaron muy pronto satisfechas. Había que salir a Madrid, a Florencia, a París. No es un problema de falta de valores. Esto es puro maniqueísmo. Es la verdad de a puño. De dónde podía yo en Colombia sacar obras y museos como el Prado y el Louvre? Yo no creo que el verdadero artista viva de su intuición. Necesita alimentarse de experiencias reales y no se conforma con ver laminitas. Después de ver y tocar, podemos encontrar y revivir nuestra experiencia en los libros. Pero pare de contar. El artista necesita obligadamente poseer cultura. Debe ser, si así lo prefiere, una computadora que ha venido programando una infinidad de datos, de información cultural a través de los tiempos. No existe un buen artista sólo con la "pura gracia" divina.

DESNUDOS PARA EXORCIZAR

- Y por qué el desnudo como tema?

- No sólo el desnudo. Me interesa, si se quiere, más el autorretrato. Con un autorretrato gigante fue que gané el premio del Salón Nacional. Excepcionalmente de gran formato, pues mi dibujo es intimista, para ser observado y absorbido de cerca y no visto de lejos. El desnudo es una presencia constante de la sensualidad del artista. Exorciza los demonios de los tabúes medievales y de los fantasmas de lo prohibido que flotan en la Cartagena de mi infancia y, adolescencia. Significativamente, el desnudo es el símbolo de la intimidad y el "sitio vedado" del taller del artista. Siempre estará la presencia del pintor, así no aparezca más que la modelo, en lo que dibujo y pinto. El es el protagonista, el dueño y señor. Así debe ser en el arte. Tener conciencia cabal de su dominio. Es una hazaña, una aventura, pero en ella siempre se conocen las reglas del juego. Estos podrían ser los valores subjetivos, lo que me impulsa a trabajar con el cuerpo femenino, amén de valores universales como son la forma, el movimiento, las proporciones, etc.

- Usted se considera pintor o dibujan te?

Yo me considero un artista. Después de haber salido hace tiempo de la universidad, me dediqué nuevamente durante cinco años a "aprender" a dibujar. Y lo digo muy seriamente. Soy básicamente dibujante. Mi técnica es más que todo lápiz cruzado y realizo el volumen a base de trazos o rayas hechos, con lápices duros en principio y luego lápices blandos modelando el contorno.

Soy pintor en la medida en que siento el color. Después de mucho tiempo he llegado a una economía total de tonos -5 colores no más- pero el tratamiento se aproxima por otros caminos a la apariencia del dibujo. Empleo pinceles de punta, para que mi pintura sea también vista en detalle y la elaboro por capas, sin tapar nunca el fondo de la tela. Voy del gris más claro hasta el más oscuro, de los marrones y dorados más intensos, hasta los más graves. Todo en mi trabajo está hecho para ser descubierto. No hay mayor placer que "meterse" literalmente dentro de una obra de arte. Esto es lo que yo experimento.

Y así hablaríamos interminablemente con Guerrero. Hablaríamos de las dificultades que tienen los artistas que son marido y mujer y que afortunadamente él no tiene. Su mujer es otra gran artista. Cecilia Delgado, también cartagenera.

Tomado de la Revista Cromos No.3444, 17 de enero de 1984

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  Cuando Alfredo Guerrero trabaja un cuadro, lo hace a cabalidad, con la elegancia que le es característica, el gusto por los finos materiales y la pulcritud en su tratamiento que lo acercan a la exquisitez y al refinamiento. 

No obstante, dichas apreciaciones dejarían inconclusa una captación seria y total de su producción artística, plena de valores formales y conceptuales. 

Es indudable que la obra de Guerrero en estos dos últimos años se muestra coherente, remozada y enriquecida, de tal forma que escapa a la repetición o al anquilosamiento. Las actitudes y nociones presentes en esta exposición no irrumpen gratuitamente; se hallan latentes o insinuadas en su producción anterior y han alcanzado su momento de madurez y desarrollo. 

Pintura en el mejor sentido: la luz, el color, la mancha, la pincelada evidente, ricos empastes y texturas, logradas por su peculiar sistema de trabajo: ejecuta en forma
secuencial varios cuadros a la vez, con el fin de poder aplicar varias capas de color con diferente tratamiento, que se van su mando sin ocultar la imprimación del lienzo que le proporciona luminosidad haciendo cada vez menos necesaria la utilización del blanco. Emplea el color real -como reales son los objetos- pero con la entonación dada por el artista y modulado según necesidades cromáticas y estéticas.

El taller del artista se ha constituído en constante centro de interés con evidente vinculación afectiva, emocional y vital. Ese taller, celosamente reservado pero que a lo largo de su obra se ha tornado identificable con los objetos más queridos al pintor: están presentes la tabla de pintar, los libros, los muebles, las reproducciones que siempre han estado allí, con un elemento adicional que adquiere gran importancia en el cuadro: telas blandas, solemnes y escenográficas que ofician de telones buscando establecer por medio de juegos y combinaciones un fondo que se va imponiendo a cambio de los muros vetustos que antes eran objeto de su dedicación. 

El fondo así concebido aumenta su dinamismo, impregnando todo el ambiente de una cierta blandura. 

Insiste en el desnudo como tema, corservando el mismo tipo femenino. Sin embargo, el tratamiento anterior de pie, estático, con una cierta dureza, ha perdido idealidad evolucionando hacia un cuerpo inquietante, ondulante, en posiciones inusuales donde las redondeces funcionan plásticamente y henchido de sensualidad en la forma, en el color y en la intención. Esa palpable sensualidad del desnudo se transmite a los pliegues de las telas y aún a los muebles y objetos integrando el cuadro de tal manera que los elementos no operan por contraste, se complementan y enriquecen mutuamente. 

El otro tema recurrente lo constituye el autorretrato como fuente inagotable y
con infinitas posibilidades expresivas. La identificación modelo-artista no sólo en el aspecto físico sino además sentimental y anímico interpretando íntimamente cada gesto o actitud que corresponde a su propia realidad. 

"Yo actuó mi pintura -afirma Guerrero-, presento al espectador mi estado de ánimo, mis inquietudes y el mundo cerrado en que vivo". Compromiso vital y razón de existir que involucra al artista y el medio en el cual vive y actúa, que le obliga dadas las circunstancias y la actitud personal frente alas mismas, a reaccionar aislándose en su taller-mundo, aunque a veces deliberadamente evoque reminiscencias. 

Se plantea además la permanencia del ambiente con respecto a la evolución del personaje. El envejecer convertido en vehemente deseo: en cada nuevo autorretrato se marca un interés por captar el paso del tiempo. 

LYLIA GALLO DE BRAVO
Tomado del folleto, exposicion Galería Garcés Velásquez, 1981

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ALFREDO GUERRERO

“LA PUREZA VISUAL” 

En el Museo de Arte Moderno de Cartagena, se inaugura el día viernes 28 de diciembre, 2012, la exposición de pintura de Alfredo Guerrero; el crítico de arte, Álvaro Medina, nos comenta: 

“Alfredo Guerrero se acoge, en definitiva, a una tradición que le permite, cuando trata el desnudo femenino de modo ortodoxo y pulcro, pintar masas ligeras en busca de una plástica                             verdaderamente pura.

Toca admitir, entonces, que la preocupación esencial del pintor ha sido la pureza visual. A través de los años, con tenaz insistencia, este cartagenero ha trasegado, no exactamente la perfección o la belleza de una forma dada, sino su presencia pura. De allí que el espacio tienda a ser despojado, con visos de desolación. Por eso los salones que pinta son vacíos y, en los cuadros panorámicos en los que nos deja vislumbrar la presencia del aire libre, el paisaje como tal no asoma. Las atmósferas carecen, en consecuencia, de ambientación específica y los muebles están allí, en el cuadro, tan desnudos como las modelos que se ofrecen a la vista. Presenciamos, en fin, pinturas con aires de apuntes cuidadosamente pensados y compuestos.” 

Por: Álvaro Medina- Miembro de AICA-Colombia, 2012 

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