Pedro Ruiz Correal

Bogota

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Paisaje, Figura

TODO VALE

Del 14/05/2016 al 16/06/2016

As Above, is Below (From the "Natural Gold" Series)Fly Me to the Moon (From the "Natural Gold" Series),Only You (From the "Natural Gold" Series)VoyagerHoly Spirits (From the "Natural Gold" Series),Conversation 1 (New York)

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PEDRO RUIZ

pintor, escultor

Pedro Ruiz Recuento

 

CRITICA

Si Pedro Ruiz fuera un pintor de abstracciones, propondr�a aqu� la lucha de los muchos matices del blanco con los muchos matices del verde, juegos de tensiones, de asedios, de avances y repliegues en lo indeterminado y en lo neutro. Y tal vez esas masas de fuerza y color podr�an conmovernos con los halagos de la confrontaci�n y del equilibrio. Pero Pedro Ruiz siente fascinaci�n por las formas del mundo y prefiere un camino m�s arduo.

Lo arduo no es la forma en �l, lo arduo no es la t�cnica. Puede ser, como dibujante, insoportablemente "correcto". Pero digo que ha escogido un arduo camino porque se atreve a confrontar algunas firmes supersticiones de nuestra �poca, que a veces no es menos maniquea que la Edad Media en lo que al arte se refiere. Tambi�n ahora, como entonces, existe una realidad " grosera" y profana, que suele ser excluida de los incontaminados conventos del arte. De esa realidad le gusta a Pedro Ruiz nutrir sus sueńos y sus obras. Del esp�ritu de las historietas gr�ficas, de las revistas fr�volas, de los evanescentes mitos del cine, de los fuegos fatuos de la propaganda comercial. Toda esa presurosa humareda de signos que flota continuamente ante nuestros ojos y que con la misma prisa cambia, disolvi�ndose en signos nuevos, parece constituir una realidad de segundo orden; est� destinada, como los diarios, como los semanarios, como los vasos pl�sticos, como las emblem�ticas cajas de cigarrillos, a la basura, a las melanc�licas provincias de deshechos que infaman el mundo.

"No hay lugar de esplendor, ni oscuro rinc�n sobre la tierra, que no merezca una mirada de admiraci�n o de piedad", escribi� Joseph Conrad. En esas palabras est� como cifrada la est�tica de nuestro tiempo.

Como Ray Bradbury, como todos nosotros, Pedro Ruiz creci� en un mundo abrumado por los esplendores de las historietas y el cine; de Buck Rogers y de Titanes Planetarios; por el mundo perdido de Tarz�n, por la conquista de la Luna y de Marte; pero tambi�n creci� en el coraz�n de los tr�picos, en la invisible vecindad de la selva amaz�nica en el v�rtigo de los Andes; y pregunt�ndose, como cualquiera puede hacerlo, qu� significan estas blancas torres esbeltas que se perfilan contra el muro verde de estos cerros, estas formas de la cultura enfrentadas al asedio de una naturaleza salvaje.

Con todas estas cosas, Pedro Ruiz ha construido sus mundos Imaginarios. Son templos y palacios inspirados en el Parten�n y en Palladio, son la arquitectura del Renacimiento, las columnas y las balaustradas de Florencia y Venecia, no s�lo trasladadas al desamparo de las selvas tropicales sino sometidas a los caprichos de la imaginaci�n del pintor. Los muros se alzan hasta lo inalcanzable, los espacios se alargan opresivamente.

Pero es en nosotros donde significan y se enfrentan la blancura y la oscuridad, donde se oponen el orden y la confusi�n, donde el esp�ritu se refugia en frecuencias y en simetr�as ante el asedio de las fuerzas primitivas. Es en este punto donde la pintura de Pedro Ruiz se aproxima a la de los rom�nticos. Esto que vemos no es la realidad del mundo sino la realidad de un esp�ritu, la forma como el palacio de los Dogos, o la columna de San Marcos, o la columna de Vend�me, o las palmas del Quind�o, o los oblicuos bosques del tr�pico se proyectan y se dilatan en su imaginaci�n y en sus sueńos.

Algo quieren decirnos esos cuadros: algo que intensamente est� en ellos. Y no es s�lo una mirada al sesgo, como lo exige la �poca, sobre el ideal de la belleza como la concibieron Rafael o Canaletto: ese equilibrio profundo, grave, que interroga sus propios s�mbolos y que nos interroga. Es tambi�n una reflexi�n, y una toma de partido sobre nuestro desapacible presente. En una �poca trastornada por el escepticismo y por el culto snob de la monstruosidad, es reconfortante que alguien nos hable, con iron�a, con destreza, de ciertos valores eternos. Que nos ofrezca estas n�tidas imaginaciones, Estos mundos inquietantes y m�gicos que no se parecen a la realidad cotidiana y que desde ahora formar�n parte de ella. Desafiantes, porque hoy el orden es una forma de la rebeld�a- peligrosos, porque tambi�n son formas de rebeld�a la sinceridad y la inteligencia.

William Ospina

Tomado del Folleto: Gartner Torres Arte - 1991
Pedro Ruiz - Mundos Imaginarios

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El Arte de lo Intangible

por Maria Margarita Garcia

  Con pinturas, esculturas, fotograf�as y la disertaci�n de antrop�logos, intelectuales, historiadores y chamanes, Pedro Ruiz echa una mirada al inconsciente colectivo y al Conocimiento en su exposici�n Biblioteca Natural", expuesta desde mediados de marzo en la Galer�a Diners. (1999)
 
 

 Sencerr� en la biblioteca. Recorri� con sus ojos los cientos de t�tulos que su padre le�a continuamente. Tom� un libro para observar las pinturas. Se extasi�, igual que otras veces, con las obras de Botticelli. Pedro Ruiz, en sus horas de estudio, se quedaba viendo las reproducciones de las obras famosas de los museos del mundo y en otras ocasiones se inventaba historias para verlas en im�genes sobre el papel. Despu�s sal�a de aquel sal�n y recorr�a su casa donde lo miraban insistentemente las obras de Lucy Tejada o se deten�a para responder a la vibraci�n del color que produc�a alguna de las pinturas que Eduardo Ram�rez Villamizar hab�a hecho en los ańos sesenta. As�, sin saberlo, se inici� en un mundo fant�stico del que no ha salido desde hace m�s de quince ańos.

Miguel Angel y Botticelli hab�an quedado en su memoria. Penetraron hasta tal punto, que al llegar a perfeccionar sus conocimientos de arte en la Ciudad Luz, visitaba los museos para volver a ver esas obras que tanto le hab�an impactado de nińo.

En la Escuela de Bellas Artes aprendi� todo el rigor de la academia, logr� expresar la fuerza del cuerpo humano, se col� en las clases de �leo -materia de la que hab�a sido eximido- y sigui� las pautas de los cl�sicos a pesar de observar en su entorno toda la influencia de las vanguardias y de la abstracci�n.

Su obsesi�n era y sigue siendo la naturaleza. La base de su trabajo es su propia concepci�n del mundo. Pedro Ruiz nunca ha sido un fan�tico de la pintura por la pintura aunque se ha dejado llevar por la emoci�n y por el instinto.

Su formaci�n ha sido la de un intelectual. Y aunque en una �poca se detuvo en las novelas de ficci�n, en los �ltimos ańos se ha dedicado a devorar ensayos de importantes sic�logos y antrop�logos. Con Jung ha logrado introducirse en las profundidades del ser humano y de su inconsciente colectivo. De la mano de la antropolog�a ha ido, de una manera cient�fica, hacia el esp�ritu. Bajo la influencia del libro El reencantamiento del mundo ha vuelto a la esencia y a reflexionar sobre la naturaleza y sobre la fragmentaci�n.

Revista Diners No.348, marzo de 1999

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Desplazamiento interno  
 
Pedro Ruiz presenta una serie de 17 �leos sobre papel titulada Desplazamiento. En ellas el pintor bogotano, de 47 ańos, insiste sobre un mismo tema, que alude al paisaje transportado en una barcaza por un boga. Los bogas, a su vez, reflejan las diferencias �tnicas del pa�s. Dice que es una reflexi�n sobre el conflicto armado en Co lombia.

"La idea b�sica es mostrar la situaci�n humana, con aspectos que la violencia no puede tocar", dice Ruiz, que estudi� bellas artes y grabado en Par�s y, actualmente, hace parte del grupo interactivo Nadieop�na. Son paisajes interiores que reflejan la parte emocional, que tienen como punto de partida un �rbol de banano rojo, pues la obra de este artista tiene como referencia permanente la naturaleza, en sus aspectos m�s sutiles.

Mar�a Cristina Pignalosa
Redactora de El Tiempo, 2 de febrero de 2004
Con ocasi�n de la exposici�n en la Galer�a Diners, 2004

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de Tres Artistas de su Tiempo

Por Mar�a Margarita Garc�a

La obsesi�n de Pedro Ruiz era y sigue siendo la naturaleza. La base de su trabajo es su propia concepci�n del mundo. Su formaci�n es la de un intelectual. Y aunque en una �poca se detuvo en las novelas de ficci�n, en los �ltimos ańos se ha dedicado a devorar ensayos de importantes sic�logos, fil�sofos y antrop�logos. En medio de sus investigaciones, sus lecturas, su pr�ctica como artista sin encasillarse en un medio o en un terna, se encontr� con una fotografa de un elefante que era desplazado en una balsa. Aparentemente era algo ins�lito, pero normal en la India, cuya cultura tambi�n lo apasiona. "All� ocurren cosas extraordinarias, y yo estaba buscando una forma de expresar el paisaje interno sin ir al surrealismo". Tal vez fue �ste el punto de partida para crear �leos sobre papel y sobre tela, en los cuales alude al desplazamiento de tantos seres humanos en Colombia y el mundo.

Fue as� como pint� una serie de paisajes que se desplazan en pequeńas balsas dirigidas por un boga. Se trata de matas de pl�tano, algunas de ellas bajo un rojo intenso que llega a relacionarse con la violencia. Sin embargo no son trabajos desgarradores, tienen cierta poes�a y en ellos se advierten los detalles que han caracterizado sus obras. "Es un tema repetitivo de una persona cargando con un paisaje concebido como pertenencia, porque siempre que me he referido a la naturaleza, la he expresado en su relaci�n con el hombre, con su paisaje exterior e interior". �ste es el hilo conductor de un artista contempor�neo dispuesto a tomar cualquier t�cnica para expresar lo que quiere. "Los materiales que usamos en el arte se volvieron conceptos. Yo trabajo con distintas t�cnicas como el video y la fotografa, y en diferentes formatos. Considero que un artista de este siglo no se puede limitar. Por lo tanto ya no me pueden definir como paisajista. Me parece interesante usar el potencial creativo que hay en este momento, respecto del manejo de lo que se considera arte. Yo trabajo con un grupo interdisciplinario de artistas, que me permite incursionar en otras �reas con una fuerte rigurosidad de los conceptos. Pienso que cada exposici�n es un proceso distinto". El grupo me permite trabajar lo que considero importante en el comportamiento humano, y alejarme del concepto de un artista reducido a su estudio que pinta cuadros cada vez m�s costosos y que se enriquece monetaria mente, y acercarme al de una persona que se siente obligada a preocuparse por los dem�s".

Como artista se form� en Par�s, donde sigui� el rigor de la academia y las pautas de los cl�sicos a pesar de apreciar en su entorno las vanguardias y la abstracci�n. "Lo importante es la relaci�n del hombre con la naturaleza y de lo que ocurre en un pa�s como Colombia. Se trata de restarle importancia a la manera de representar. En la exposici�n de Diners no reflexiono sobre la pintura sino sobre el concepto. Esto no quiere decir que haya dejado de lado la investigaci�n pl�stica, pues en la muestra que realizar� en marzo en Miami, en la Galer�a Casas Riegner, reflexiono sobre el terna de la pintura".

Tomado de la Revista Diners No.407, febrero de 2004

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Amor en el aire

Con t�tulos de canciones de amor, el artista Pedro Ruiz titula su nueva serie de acr�licos sobre papel o lienzo, que recrean la imagen de los cultivos de amapola siendo fumigados desde pequeńos aviones con glifosato.

Esta imagen com�n en el imaginario nacional, es revisitada en esta ocasi�n por el artista con un tinte rom�ntico -de ah� el t�tulo Love is in the air (el amor est� en el aire)- e ir�nico al tiempo que pretende hacer un llamado de atenci�n sobre el desinter�s por el medio ambiente y por lo que significa el problema de los cultivos il�citos y los efectos de la fumigaci�n.

Tomado del peri�dico El Espectador, 13 de agosto de 2006

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Blanco y negro

Por Mar�a Margarita Garc�a

En una tarde de invierno, encerrado en su estudio y en pleno di�logo con sus obras, Pedro Ruiz empez� a plantearse los problemas relacionados con su oficio de pintor.  Quer�a llamar la atenci�n a los ojos ciegos de quienes posan su mirada sobre los muros sin observar los cuadros, pues hab�a palpado la llamada "crisis de la pintura" por un grupo de amigos y de j�venes artistas que pasaban ante las obras como si estuvieran frente a una pared desocupada. Hab�a notado en ellos una gran pasi�n por la fotograf�a y decidi� experimentar hasta conseguir brillos, luces y sombras asociados a ese g�nero pero sin salirse de los par�metros de la creaci�n pict�rica. Con esos elementos se introdujo en la situaci�n actual del pa�s, la ecolog�a, el hombre y especialmente el amor. Se trata de obras en las cuales se advierte la estela del avi�n fumigador de plantas ilegales sobre el paisaje y las tierras colombianas.

Con sus acr�licos sobre papel se detiene en el paisaje y en su oficio y hace un seńalamiento sobre las acciones y la cultura de hoy. "Yo no tomo posici�n. Creo en la necesidad de investigar en las medidas convenientes para el pa�s, como la de adelantar campańas para evitar el consumo de la droga. Esa es una manera de pensar en los dem�s. No se trata de fumigar la tierra, pues la soluci�n est� dentro de cada ser humano y mientras no solucionemos el ego�smo que nos impide pensar en el otro, no avanzaremos. En ese sentido estoy de acuerdo con Jung, quien se refiere a la propia transformaci�n del ser porque no se trata de cambiar al otro. En realidad es una posici�n idealista, y con mis obras, mediante la ficci�n, trato de seńalarlo y subrayarlo". En primera instancia se advierte una serie de paisajes a�reos en los cuales se percibe el manejo de la luz, la sombra, el detalle, elementos caracter�sticos de la obra de Pedro Ruiz en blanco y negro a la manera de la fotografa tradicional. "La fotograf�a avala, propone, se convierte en documento y en prueba. Eso le da cierta fuerza al proyecto".

Son trabajos alusivos a la conciencia social, la cultura, la ecolog�a, la erradicaci�n de conceptos adoptados como verdades absolutas. Ideas enlazadas a esa frase le�da en el ploter con el cual se invita a recorrer la muestra: " El �nico mecanismo de su pervivencia es el amor", un amor que trasciende. Pero tambi�n son creaciones en las que est�n presentes la iron�a y la contradicci�n, especialmente en las telas de colores con las amapolas en primer plano y los rojos que apuntan a la violencia.

Los acr�licos, la mayor�a de formato horizontal, expresan la idea de la exageraci�n del recorrido. "De todos modos es un planteamiento est�tico, pues el testimonio podr�a ser de otro formato, pero �ste da la idea de prolongaci�n".

A Ruiz le impact� esta frase de Tolstoi -aunque le parece un concepto dif�cil de lograr-: " El arte es v�lido en la medida en que deje algo positivo para la humanidad". Sin embargo, el artista soluciona su planteamiento pl�stico con lirismo. "Si t� quieres reflexionar, no lo puedes hacer si lo atacan. Mi intenci�n es cuestionar la fumigaci�n de plantas ilegales a ir m�s all� de los hechos. Por eso expreso el problema de una manera amable".

Tomado de la Revista Diners No. 436, julio de 2006

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Brilla el lado m�s bello de Colombia

por Diego Guerrero

La exposici�n Oro, esp�ritu y naturaleza de un territorio, del artista Pedro Ruiz, deja en claro un par de cosas: una, que Colombia tambi�n es un pa�s en el que hay belleza y remansos de paz en medio de la injusticia. Y dos, que en un medio art�stico en el que pululan los trabajos de denuncia, que hablan -no sin raz�n- de la barbarie y de la indolencia que agobia al pa�s, hay tambi�n espacio para que el lado bello de ese pa�s sea plasmado en el arte.

La exposici�n que se inaugura el  29 de julio en el Museo de Arte Moderno de Bogot� muestra treinta cuadros en peque�o formato en los que la naturaleza y las costumbres se revelan enmarcados en laminillas doradas.

La obra hay que verla con lupa (hay una a cada lado del cuadro). La raz�n es que cada una mide 20 por 30 cent�metros y esta hecha con un detalle que se acerca a la obsesi�n. Para colmo, son pinturas llenas de exuberancia y desbordadas en sus proporciones.

La l�nea conductora de este recorrido es el r�o, uno dorado, lo mismo que el cielo. En Oro las im�genes van a bordo de una canoa guiada por un barquero. Todo parece exagerado, algo macondiano, si se quiere: de las embarcaciones brotan decenas de mariposas azules de todos los tama�os y ballenas del Pac�fico. Las canoas transportan una iglesia colonial blanca con su paisaje de �rboles de flores amarillas; ventas ambulantes de cocos y minutos de celular con sombrillas que salen volando; un paisaje de la Sierra Nevada, la selva, una maloca con su techo gigante y un cuadro abstracto de Carlos Salas. Sobre el bote llueven mangos y la letra del vallenato Alicia adorada.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 21 de julio de 2009

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Afinada percepci�n

Francia otorg� al artista colombiano Pedro Ruiz la Orden de Caballero de las Artes y las Letras. Retrato de un hombre riguroso y retra�do, cuya obra incorpora elementos kitsch y una mirada hiperrealista.

Una luz opaca se cuela por la ventana del estudio de Pedro Ruiz y parece mezclarse con las notas de Cosi fan tutte de Mozart. All�, donde todo es pulcro -techos altos, acabados nuevos, una cocina abierta y moderna, butacas retro que se usaban en los diners de los 50, y una delicada disposici�n de cuadros y pinturas- se revela el espacio de un hombre riguroso.

Pedro, entrecano y con rasgos afilados, tambi�n irradia ese cuidado en el vestir. Ese refinamiento, esa minuciosa aprehensi�n de las cosas, es una se�al importante al admirar su obra. Ambos, artista y creaci�n, son impulsados por un perfeccionismo que lo hace afirmar, a pesar de una larga y prolija trayectoria, que no se siente consagrado. El camino del arte, que comenz� a los siete a�os cuando se dedic� a dibujar cuchillos, l�mparas y objetos, seguir� siendo un asunto inconcluso. De ni�o y ahora de adulto, dibuja con precisi�n, de forma meticulosa, casi obsesionada con lo hiperreal.

De peque�o se sent�a fr�gil frente a un mundo que le parec�a dif�cil, denso y saturado. "Mi coraz�n me dijo que deb�a dibujarlo con riguroso realismo para no dejarlo escapar. Ser artista no era mi ambici�n sino como dec�a Pessoa, mi manera de estar solo", dice.

El impulso creador se mostr� entonces como un deseo de salvaci�n, de b�squeda permanente. Ruiz se empe�� en no hacer de su arte un asunto sensiblero y superficial. Aunque era un ni�o asustadizo, sus primeros trabajos fueron bien recibidos, especialmente sus desnudos femeninos que se vend�an en los recreos escolares. "La clave estaba en aumentar ciertas �reas de la anatom�a", recuerda en tono mordaz.

En su casa flu�a la intelectualidad, pues su padre, un reconocido ex ministro, ten�a un estudio abarrotado de libros. En ese espacio, uno de sus preferidos, Ruiz se entregaba a la lectura de El libro de tierras v�rgenes, de Kipling, que le revel� uno de los principios claves de su arte: la naturaleza.

Contrariado al finalizar la etapa escolar, se neg� a convertirse en artista. Se fue de la casa a vivir con amigos y tom� un trabajo modesto. Pas� hambre. Recuerda que un hombre con seis dedos, al notarlo, le cedi� su sopa en una tienda, y que un mensajero de la empresa en la que laboraba le ofreci� un plato de fritanga. "Fue hermoso ver c�mo esas personas se preocupaban por m�. All� aprend� que el mundo es m�s solidario de lo que parece. Algunos comentan que mi obra tiene un dejo de ingenuidad, pero m�s que eso se trata de una manera de ver el mundo". En otras palabras, se trata de ver lo bello en medio de la fealdad.

Con la mente m�s clara, Ruiz se embarc� a Par�s donde estudi� en la Escuela de Bellas Artes y. sin m�s resistencias, se convirti� en artista. Regres� en 1983, trabaj� en una agencia publicitaria y present� su obra al Sal�n Nacional de Artistas.

M�s tarde, ser�a el mentor detr�s de proyectos como la Biblioteca Natural -donde cada artista recib�a un anaquel para reflexionar pl�sticamente sobre el conocimiento en Colombia y Chachach�, una tienda en la que se montaban pasarelas, desfiles y deliberaciones sobre moda. Luego hizo parte de Nadieopina, un colectivo que se propon�a deshacer la imagen del artista como genio creador. De todas esas invenciones le qued� un sinsabor: el de sentir que no era un artista contempor�neo y de preferir, en cambio, lo retro, lo humor�stico, lo kitsch.

De ah� naci� Lave is the air, cuyo eje era repensar con humor la fumigaci�n de los cultivos de amapola y el sentido del amor. En uno de los recintos de la exhibici�n, a oscuras, sonaba la canci�n Amapola de Los Panchos. Al llegar el bolero a su climax, las luces se encend�an y muchas amapolas aparec�an, pintadas sobre hojas arrancadas de revistas. "Era una reflexi�n sobre el amor real, el compasivo". Emblemas de aquella obra: pinturas de los campos fumigados y un soldado ataviado en un traje hecho de la flor roja.

M�s adelante vendr�a Oro, la obra donde confluye con m�s vigor el imaginario de Ruiz. De nuevo en un recinto a oscuras, se observan 30 pinturas min�sculas, con fondos dorados, insertadas en guacales que parecen flotar en el aire. Para mirarlas es preciso usar la lupa que las acompa�a. En cada una aparece una delgada barcaza, conducida por un pescador. �Qu� cargan? Una, lleva una pintura de Carlos Rojas; otra, una iglesia de Cali rodeada de flores amarillas. Luego se suceden un tigre mariposa, ballenas jorobadas, guacamayas, guaduales, la letra de la canci�n Alicia adorada y la Catedral de Cartagena de Indias.

Despu�s de 22 a�os de carrera, de exhibiciones individuales en Casa Reigner, en el Museo de Arte Moderno de Bogot� y en el Museo de Arte Moderno de Cartagena; de participar como fundador en varios proyectos colectivos; y de ganar con Nadieopina la convocatoria para las exposiciones de la Galer�a Santa F� en 2002, Pedro Ruiz conserva una aguda y refinada percepci�n que le permite ver lo que otros no pueden. La prueba de ello est� en Oro, que represent� un retorno a la pl�stica realista, a un escenario interior que no ha cambiado, como su estudio. Es �l, el propio Ruiz, solitario, refinado y riguroso.

Tomado de la Revista Avianca No.67, octubre de 2010

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Homenaje a Pedro Ruiz

Hoy se lanza el libro de arte de Seguros Bol�var, dedicado al artista bogotano.

por Carlos Restrepo

Una de las mejores descripciones del artista bogotano Pedro Ruiz, de 54 a�os, es del poeta W�liam Ospina, su amigo de juventud: "Tiene esa man�a picassiana de andar interviniendo todo lo que toca, las sillas, los trajes, los objetos, y supongo que tendr� que haber alguien impidi�ndole transformar en obras de arte los refrigeradores y las puertas, las vajillas y los espejos".

As� lo recuerda Ospina en la semblanza que escribi� para el libro de gran formato de la tradicional colecci�n de arte de Seguros Bol�var, que se publica a fin de a�o y que esta vez est� dedicado a la obra de Ruiz. "Es un privilegio pertenecer a la colecci�n", anota, emocionado, el artista, que esta noche presidir� el lanzamiento del libro en el Museo del Chic�, en Bogot�.

La vocaci�n creadora es algo que Ruiz tuvo claro desde que era ni�o. "Mi pap� fue un hombre que se dedic� a la cultura. Por consiguiente, la casa si�mpre estaba llena de personajes y libros, y mis primeros pasos en el arte fueron a trav�s de esos libros", cuenta.

Luego de graduarse en el Liceo Franc�s y de un paso fugaz por el Conservatorio Nacional y por una facultad de Arquitectura, viaj� a Francia para estudiar grabado en la escuela Atelier 17, con la t�cnica del artista Stanley William Hayter, actividad que combinaba con sus clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Par�s. A su regreso a Colombia, y mientras consolidaba su trabajo art�stico, Ruiz -leal a su manera de ser, curiosa e inquieta- trabaj� como creativo en el mundo de la publicidad y fue coautor de la agenda El libro de los d�as, un cl�sico infantil, junto con su hermana Clarisa y la escritora Yolanda Reyes.

Luego vinieron etapas muy importantes de su trabajo, como Oro, Lave Is In the Air, Nadieepina, Biblioteca natural. Cuerpos pintados y Las alas de la memoria, que en �ltimas hacen parte de una sola reflexi�n sobre la inclusi�n y la igualdad, dos de sus preocupaciones principales.

"Mi tem�tica -resume- es el arraigo del hombre por la tierra y una a�oranza de volver a contamos a trav�s de la naturaleza".

Ruiz "es jaguares y palmeras, canoas y capiteles corintios, bellas mujeres et�reas y muchachos que flotan a unos cent�metros del suelo, papagayos y selvas, avionetas que dejan en el aire azul l�neas de muerte, abigarrados campos de amapolas. La magia de un trazo de tinta que se desliza sobre el papel repitiendo las formas del mundo, de un pincel que transforma alegremente el lienzo en tierra de Ilusi�n", concluye Ospina.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 21 de noviembre de 2012 

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Pedro Ruizs work occupies itself with social and political issued that affect his country, Colombia. Nature and the concept that it is a force which we cannot control and must live in harmony with it, is ever-present in his works. There are three fundamental series which Ruiz has developed through paintings and installations: Love is in the Air, Displacements and Gold.


LOVE IS IN THE AIR 

Love is in the Air is reminiscent of a nostalgic poem bleeding with elements of a love that seems to have drifted away from where it is needed most. Images of strikingly beautiful poppies overwhelm our sentiments, almost misleading in their humorous delight, as love songs fill the air. A sinister thread of gas hangs, an ironically gentle yet foreboding sign of the destruction yet to come.

Focusing on the politically charged theme of fumigating heroine producing poppies, Pedro Ruiz� latest body of work imbues his subject with a spiritual and utterly human tone, posing the most basic yet complex of questions: where is the love when such drastic acts take place? Behind such devastating beauty lies an irony that is at once fragile, humorous, and deeply profound, one that Ruiz hopes will bring viewers to thoroughly contemplate a problem that involves all of us as a society. For when violence breaks, it is a ripple effect of involvement and suffering, and the solutions proposed yield no true answer.

As Carl Jung has expressed, �Your vision will become clear only when you look into your heart�who looks outside, dreams; who looks inside, awakens.� It is precisely this awakening that Ruiz is calling upon, and through the lovely irony of bittersweet reflection, he begs the question, where is the love? 

DISPLACEMENTS 

Through this series Pedro Ruiz gracefully alludes to the tragedy born from warfare in Colombia, juxtaposing strikingly harmonious and peaceful images of a man transporting a symbolic representation of his homeland in a canoe with the painful context that this image represents: that of the forced displacements in this country. Displacements grew from the artist�s perception that, through art, the collective memory of a country in conflict can grow beyond that of sorrowful memories of loss. From Displacements stems the idea that those who have had to leave their home, their land, their place of origin, always take a part of it within themselves. The image of banana trees bathed in red alludes to the violence and heartbreak suffered by those who must depart from a territory that is an essential part of their being. Whether those displaced take their land with them in its natural state, or metaphorically tainted in red, this body of works demonstrates how nature can find itself in tune with the reality of our existence. 

GOLD 

GOLD, Spirit and Nature of a Territory, born out of the artist�s Displacements series, seeks to convey the essence of the Colombian spirit, with the canoes now carrying elements of a beloved cultural patrimony to be shared with the rest of the world. Conceived as a traveling exhibition of 40 unsellable miniature works, 4 have now been transferred into a larger format, reflecting a collective identity that leaves behind the sweeping stereotypes born from violence and conflict, to encompass a clearer definition of who Colombians truly are.

When displaced Colombians must depart, relinquish their home, and start anew, the cultural elements embodied in their identity escape and are overshadowed by the definition of a country wrought with warfare and difficulty. They are no longer from the Colombia whose butterflies rise to the heights of planes flying at dawn, but from a country that is suspiciously judged before being truly experienced. With GOLD, Spirit and Nature of a Territory, Ruiz serenely invites us to reflect and meditate upon the different values that throughout the centuries have shaped this nation, asking us to look beyond the initial impression, through the multifaceted layers, and into the heart of a rich and complex identity

Texto gentilmente suministrado por Arte Consultores, 2012 

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  Pedro Ruiz

Acerca de la obra de Pedro Ruiz


La obra de Pedro Ruiz se centra en temas sociales y pol�ticos que afectan no solamente su pa�s Colombia, sino el mundo entero. El concepto de la naturaleza, su fuerza y la misi�n de la humanidad de aprender a vivir en armon�a con ella est�n siempre presentes en su trabajo. Con su serie, �Oro, Esp�ritu y Naturaleza de un Territorio,� Ruiz invita a reflexionar acerca de los valores que a trav�s de la historia de Colombia han moldeado esta naci�n. El pide que miremos mas all� de la impresi�n inicial que nos presta este pa�s y que ahondemos al coraz�n de una identidad rica y compleja que hace de este pa�s un lugar �nico, bello, y especial. Aunque la invitaci�n a apreciar y preservar nuestros mas preciados valores y tesoros es siempre vigente en todas sus obras, el aspecto simb�lico de la imagen se ve reforzado gracias a la simplicidad de las obras redondas de la serie �Oro Real.� Aqu�, la apariencia apacible y sencilla de los cuadros evoca el misticismo del oriente que a su vez es una invitaci�n directa y contundente a la reflexi�n... una reflexi�n y un llamado a la urgencia de reconectar con el mundo natural, vital para la evoluci�n del ser humano y el mundo actual.

Texto suministrado por Beatriz Esguerra, 2016


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