Pedro Ruiz Correal

Bogota

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Paisaje, Figura

Pedro Ruiz

Pedro Ruiz

pintor

Pedro Ruiz
A ColArte

 

 

 

CRITICA

Si Pedro Ruiz fuera un pintor de abstracciones, propondría aquí la lucha de los muchos matices del blanco con los muchos matices del verde, juegos de tensiones, de asedios, de avances y repliegues en lo indeterminado y en lo neutro. Y tal vez esas masas de fuerza y color podrían conmovernos con los halagos de la confrontación y del equilibrio. Pero Pedro Ruiz siente fascinación por las formas del mundo y prefiere un camino más arduo.

Lo arduo no es la forma en él, lo arduo no es la técnica. Puede ser, como dibujante, insoportablemente "correcto". Pero digo que ha escogido un arduo camino porque se atreve a confrontar algunas firmes supersticiones de nuestra época, que a veces no es menos maniquea que la Edad Media en lo que al arte se refiere. También ahora, como entonces, existe una realidad " grosera" y profana, que suele ser excluida de los incontaminados conventos del arte. De esa realidad le gusta a Pedro Ruiz nutrir sus suenos y sus obras. Del espíritu de las historietas gráficas, de las revistas frívolas, de los evanescentes mitos del cine, de los fuegos fatuos de la propaganda comercial. Toda esa presurosa humareda de signos que flota continuamente ante nuestros ojos y que con la misma prisa cambia, disolviéndose en signos nuevos, parece constituir una realidad de segundo orden; está destinada, como los diarios, como los semanarios, como los vasos plásticos, como las emblemáticas cajas de cigarrillos, a la basura, a las melancólicas provincias de deshechos que infaman el mundo.

"No hay lugar de esplendor, ni oscuro rincón sobre la tierra, que no merezca una mirada de admiración o de piedad", escribió Joseph Conrad. En esas palabras está como cifrada la estética de nuestro tiempo.

Como Ray Bradbury, como todos nosotros, Pedro Ruiz creció en un mundo abrumado por los esplendores de las historietas y el cine; de Buck Rogers y de Titanes Planetarios; por el mundo perdido de Tarzán, por la conquista de la Luna y de Marte; pero también creció en el corazón de los trópicos, en la invisible vecindad de la selva amazónica en el vértigo de los Andes; y preguntándose, como cualquiera puede hacerlo, qué significan estas blancas torres esbeltas que se perfilan contra el muro verde de estos cerros, estas formas de la cultura enfrentadas al asedio de una naturaleza salvaje.

Con todas estas cosas, Pedro Ruiz ha construido sus mundos Imaginarios. Son templos y palacios inspirados en el Partenón y en Palladio, son la arquitectura del Renacimiento, las columnas y las balaustradas de Florencia y Venecia, no sólo trasladadas al desamparo de las selvas tropicales sino sometidas a los caprichos de la imaginación del pintor. Los muros se alzan hasta lo inalcanzable, los espacios se alargan opresivamente.

Pero es en nosotros donde significan y se enfrentan la blancura y la oscuridad, donde se oponen el orden y la confusión, donde el espíritu se refugia en frecuencias y en simetrías ante el asedio de las fuerzas primitivas. Es en este punto donde la pintura de Pedro Ruiz se aproxima a la de los románticos. Esto que vemos no es la realidad del mundo sino la realidad de un espíritu, la forma como el palacio de los Dogos, o la columna de San Marcos, o la columna de Vendóme, o las palmas del Quindío, o los oblicuos bosques del trópico se proyectan y se dilatan en su imaginación y en sus suenos.

Algo quieren decirnos esos cuadros: algo que intensamente está en ellos. Y no es sólo una mirada al sesgo, como lo exige la época, sobre el ideal de la belleza como la concibieron Rafael o Canaletto: ese equilibrio profundo, grave, que interroga sus propios símbolos y que nos interroga. Es también una reflexión, y una toma de partido sobre nuestro desapacible presente. En una época trastornada por el escepticismo y por el culto snob de la monstruosidad, es reconfortante que alguien nos hable, con ironía, con destreza, de ciertos valores eternos. Que nos ofrezca estas nítidas imaginaciones, Estos mundos inquietantes y mágicos que no se parecen a la realidad cotidiana y que desde ahora formarán parte de ella. Desafiantes, porque hoy el orden es una forma de la rebeldía- peligrosos, porque también son formas de rebeldía la sinceridad y la inteligencia.

William Ospina

Tomado del Folleto: Gartner Torres Arte - 1991
Pedro Ruiz - Mundos Imaginarios

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El Arte de lo Intangible

por Maria Margarita Garcia

  Con pinturas, esculturas, fotografías y la disertación de antropólogos, intelectuales, historiadores y chamanes, Pedro Ruiz echa una mirada al inconsciente colectivo y al Conocimiento en su exposición Biblioteca Natural", expuesta desde mediados de marzo en la Galería Diners. (1999)
 
 

 Sencerró en la biblioteca. Recorrió con sus ojos los cientos de títulos que su padre leía continuamente. Tomó un libro para observar las pinturas. Se extasió, igual que otras veces, con las obras de Botticelli. Pedro Ruiz, en sus horas de estudio, se quedaba viendo las reproducciones de las obras famosas de los museos del mundo y en otras ocasiones se inventaba historias para verlas en imágenes sobre el papel. Después salía de aquel salón y recorría su casa donde lo miraban insistentemente las obras de Lucy Tejada o se detenía para responder a la vibración del color que producía alguna de las pinturas que Eduardo Ramírez Villamizar había hecho en los anos sesenta. Así, sin saberlo, se inició en un mundo fantástico del que no ha salido desde hace más de quince anos.

Miguel Angel y Botticelli habían quedado en su memoria. Penetraron hasta tal punto, que al llegar a perfeccionar sus conocimientos de arte en la Ciudad Luz, visitaba los museos para volver a ver esas obras que tanto le habían impactado de nino.

En la Escuela de Bellas Artes aprendió todo el rigor de la academia, logró expresar la fuerza del cuerpo humano, se coló en las clases de óleo -materia de la que había sido eximido- y siguió las pautas de los clásicos a pesar de observar en su entorno toda la influencia de las vanguardias y de la abstracción.

Su obsesión era y sigue siendo la naturaleza. La base de su trabajo es su propia concepción del mundo. Pedro Ruiz nunca ha sido un fanático de la pintura por la pintura aunque se ha dejado llevar por la emoción y por el instinto.

Su formación ha sido la de un intelectual. Y aunque en una época se detuvo en las novelas de ficción, en los últimos anos se ha dedicado a devorar ensayos de importantes sicólogos y antropólogos. Con Jung ha logrado introducirse en las profundidades del ser humano y de su inconsciente colectivo. De la mano de la antropología ha ido, de una manera científica, hacia el espíritu. Bajo la influencia del libro El reencantamiento del mundo ha vuelto a la esencia y a reflexionar sobre la naturaleza y sobre la fragmentación.

Revista Diners No.348, marzo de 1999

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Desplazamiento interno  
 
Pedro Ruiz presenta una serie de 17 óleos sobre papel titulada Desplazamiento. En ellas el pintor bogotano, de 47 anos, insiste sobre un mismo tema, que alude al paisaje transportado en una barcaza por un boga. Los bogas, a su vez, reflejan las diferencias étnicas del país. Dice que es una reflexión sobre el conflicto armado en Co lombia.

"La idea básica es mostrar la situación humana, con aspectos que la violencia no puede tocar", dice Ruiz, que estudió bellas artes y grabado en París y, actualmente, hace parte del grupo interactivo Nadieopína. Son paisajes interiores que reflejan la parte emocional, que tienen como punto de partida un árbol de banano rojo, pues la obra de este artista tiene como referencia permanente la naturaleza, en sus aspectos más sutiles.

María Cristina Pignalosa
Redactora de El Tiempo, 2 de febrero de 2004
Con ocasión de la exposición en la Galería Diners, 2004

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de Tres Artistas de su Tiempo

Por María Margarita García

La obsesión de Pedro Ruiz era y sigue siendo la naturaleza. La base de su trabajo es su propia concepción del mundo. Su formación es la de un intelectual. Y aunque en una época se detuvo en las novelas de ficción, en los últimos anos se ha dedicado a devorar ensayos de importantes sicólogos, filósofos y antropólogos. En medio de sus investigaciones, sus lecturas, su práctica como artista sin encasillarse en un medio o en un terna, se encontró con una fotografía de un elefante que era desplazado en una balsa. Aparentemente era algo insólito, pero normal en la India, cuya cultura también lo apasiona. "Allí ocurren cosas extraordinarias, y yo estaba buscando una forma de expresar el paisaje interno sin ir al surrealismo". Tal vez fue éste el punto de partida para crear óleos sobre papel y sobre tela, en los cuales alude al desplazamiento de tantos seres humanos en Colombia y el mundo.

Fue así como pintó una serie de paisajes que se desplazan en pequenas balsas dirigidas por un boga. Se trata de matas de plátano, algunas de ellas bajo un rojo intenso que llega a relacionarse con la violencia. Sin embargo no son trabajos desgarradores, tienen cierta poesía y en ellos se advierten los detalles que han caracterizado sus obras. "Es un tema repetitivo de una persona cargando con un paisaje concebido como pertenencia, porque siempre que me he referido a la naturaleza, la he expresado en su relación con el hombre, con su paisaje exterior e interior". Éste es el hilo conductor de un artista contemporáneo dispuesto a tomar cualquier técnica para expresar lo que quiere. "Los materiales que usamos en el arte se volvieron conceptos. Yo trabajo con distintas técnicas como el video y la fotografía, y en diferentes formatos. Considero que un artista de este siglo no se puede limitar. Por lo tanto ya no me pueden definir como paisajista. Me parece interesante usar el potencial creativo que hay en este momento, respecto del manejo de lo que se considera arte. Yo trabajo con un grupo interdisciplinario de artistas, que me permite incursionar en otras áreas con una fuerte rigurosidad de los conceptos. Pienso que cada exposición es un proceso distinto". El grupo me permite trabajar lo que considero importante en el comportamiento humano, y alejarme del concepto de un artista reducido a su estudio que pinta cuadros cada vez más costosos y que se enriquece monetaria mente, y acercarme al de una persona que se siente obligada a preocuparse por los demás".

Como artista se formó en París, donde siguió el rigor de la academia y las pautas de los clásicos a pesar de apreciar en su entorno las vanguardias y la abstracción. "Lo importante es la relación del hombre con la naturaleza y de lo que ocurre en un país como Colombia. Se trata de restarle importancia a la manera de representar. En la exposición de Diners no reflexiono sobre la pintura sino sobre el concepto. Esto no quiere decir que haya dejado de lado la investigación plástica, pues en la muestra que realizaré en marzo en Miami, en la Galería Casas Riegner, reflexiono sobre el terna de la pintura".

Tomado de la Revista Diners No.407, febrero de 2004

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Pedro Ruizs work occupies itself with social and political issued that affect his country, Colombia. Nature and the concept that it is a force which we cannot control and must live in harmony with it, is ever-present in his works. There are three fundamental series which Ruiz has developed through paintings and installations: Love is in the Air, Displacements and Gold.


LOVE IS IN THE AIR 

Love is in the Air is reminiscent of a nostalgic poem bleeding with elements of a love that seems to have drifted away from where it is needed most. Images of strikingly beautiful poppies overwhelm our sentiments, almost misleading in their humorous delight, as love songs fill the air. A sinister thread of gas hangs, an ironically gentle yet foreboding sign of the destruction yet to come.

Focusing on the politically charged theme of fumigating heroine producing poppies, Pedro Ruiz’ latest body of work imbues his subject with a spiritual and utterly human tone, posing the most basic yet complex of questions: where is the love when such drastic acts take place? Behind such devastating beauty lies an irony that is at once fragile, humorous, and deeply profound, one that Ruiz hopes will bring viewers to thoroughly contemplate a problem that involves all of us as a society. For when violence breaks, it is a ripple effect of involvement and suffering, and the solutions proposed yield no true answer.

As Carl Jung has expressed, “Your vision will become clear only when you look into your heart…who looks outside, dreams; who looks inside, awakens.” It is precisely this awakening that Ruiz is calling upon, and through the lovely irony of bittersweet reflection, he begs the question, where is the love? 

DISPLACEMENTS 

Through this series Pedro Ruiz gracefully alludes to the tragedy born from warfare in Colombia, juxtaposing strikingly harmonious and peaceful images of a man transporting a symbolic representation of his homeland in a canoe with the painful context that this image represents: that of the forced displacements in this country. Displacements grew from the artist’s perception that, through art, the collective memory of a country in conflict can grow beyond that of sorrowful memories of loss. From Displacements stems the idea that those who have had to leave their home, their land, their place of origin, always take a part of it within themselves. The image of banana trees bathed in red alludes to the violence and heartbreak suffered by those who must depart from a territory that is an essential part of their being. Whether those displaced take their land with them in its natural state, or metaphorically tainted in red, this body of works demonstrates how nature can find itself in tune with the reality of our existence. 

GOLD 

GOLD, Spirit and Nature of a Territory, born out of the artist’s Displacements series, seeks to convey the essence of the Colombian spirit, with the canoes now carrying elements of a beloved cultural patrimony to be shared with the rest of the world. Conceived as a traveling exhibition of 40 unsellable miniature works, 4 have now been transferred into a larger format, reflecting a collective identity that leaves behind the sweeping stereotypes born from violence and conflict, to encompass a clearer definition of who Colombians truly are.

When displaced Colombians must depart, relinquish their home, and start anew, the cultural elements embodied in their identity escape and are overshadowed by the definition of a country wrought with warfare and difficulty. They are no longer from the Colombia whose butterflies rise to the heights of planes flying at dawn, but from a country that is suspiciously judged before being truly experienced. With GOLD, Spirit and Nature of a Territory, Ruiz serenely invites us to reflect and meditate upon the different values that throughout the centuries have shaped this nation, asking us to look beyond the initial impression, through the multifaceted layers, and into the heart of a rich and complex identity

Texto gentilmente suministrado por Arte Consultores, 2012