Omar Rayo Reyes

Roldanillo, Valle

Pintores (Abstraccion geometrica)

Abstracto, Figura

Omar Rayo

pintor

 


Entre la Incomprensión y el éxito

por Eduardo Serrano

Cuando en 1970 regresé a Colombia  me involucré con la tarea crítica  curatorial, la escena artística nacional se encontraba radicalmente dividida entre los artistas y gestores que apoyaban el arte figurativo v denostaban airadamente contra la pintura abstracta, que calificaban como simple diseño apto para cortinas y forros de muebles, y aquellos que apoyaban el arte abstracto v denunciaban al arte figurativo como literario y dependiente para su validez de las implicaciones extra-artísticas de su temática.

Para ese entonces Omar Rayo era va un pintor ampliamente conocido no sólo en el panorama nacional, sino internacional, habiendo expuesto en prestigiosos museos y galerías. Atrás habían quedado sus primeras búsquedas de originalidad a través de la caricatura, de retratos que parecían trabajados en madera y de su período bejuquista en el cual elementos vegetales como ramas y lianas parecen cobrar vida humana. Ya se había i ternado Rayo en las formas geométricas y había hecho de la combinación de los colores blanco v negro la base de sus composiciones. También había dado inicio a sus intaglios en los cuales su temática es abiertamente figurativa. Pero ni esa dicotomía en su producción, es decir, ni siquiera el hecho de representar en su obra gráfica elementos de la vida real, le acarrearía el perdón de quienes habían decretado la nulidad artística de la abstracción por considerarla no sólo fácil técnicamente ("eso soy capaz de hacerlo yo"), sino extranjerizante ("pura influencia gringa").

La primera exposición en la cual tuve la oportunidad de incluir ejemplos de sus pintura (y también la primera exposición en que fue tomado en cuenta mi criterio por los directivos del Museo de Arte Moderno de Bogotá) fue "32 artistas colombianos de hoy" (1973), organizada con motivo de la visita a la capital del país del Consejo Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York y que posteriormente se presentaría en Caracas. En esta muestra, pese a la establecida animadversión entre las mencionadas corrientes, no tuve ningún reato en combinar obras abstractas y figurativas puesto que desde esos años entendía el arte como creatividad visual y estaba convencido de la multiplicidad de rumbos que permitían una búsqueda válida de expresión y comunicación. Rayo fue incluido en la exposición con dos obras de su serie Origami, título apropiado puesto que en ellas se podían reconocer elementos plegados a la manera del arte o proceso japonés de construir figuras con papeles doblados. No se trataba de obras puramente abstractas puesto que se representaba un fondo y un elemento superpuesto, pero no había anécdota ni mensaje que era precisamente la de manda de los "pro-figuración", y en esos momentos en Colombia ese era un pecado imperdonable cuyo correspondiente castigo el artista habría de empezar a padecer en poco tiempo.

Internacionalmente, en cambio, su obra gozaría de un creciente reconocimiento por parte de la crítica, los artistas, los museos y las galerías, e pecialmente en México y Estados Unidos, países donde daría cuerpo a uno de los trabajos más singulares y acordes con los cánones de la modernidad que se produjeran en las décadas fina les del siglo XX, y donde su nombre figuraría consistentemente entre los más sobresalientes de la plástica. Quienes habíamos advertido en Colombia la solidez conceptual y técnica de su trabajo hubimos de resignarnos a recibir con justificado interés y admiración los catálogos y notas de prensa pertinentes a sus premios y presentaciones en el exterior, y a registrar las esporádicas exposiciones que el artista realizaba en otras ciudades colombianas o en pequeñas galerías capitalinas, a través de las cuales pudimos seguir la evolución concatenada v constante de su obra.

Más adelante, a finales de los años setenta, el maestro Omar Rayo dio comienzo a la quijotesca empresa de dotar con un Museo de Arte Latinoamericano a su nativa ciudad de Roldanillo, tarea que culminó en 1981 y que, por supuesto, fue mirada con gran escepticismo por parte de sus colegas, pero que sería imitada al poco tiempo por muchos de ellos quienes se darían a la tarea de fundar museos de arte moderno en sus lugares de nacimiento. Es importante precisar que el Museo Rayo ha cumplido una labor de vital importancia en la vida cultural de su región a través de la presentación asidua del trabajo de grandes nombres del arte de este continente y, en general, de una programación más activa y ambiciosa que la de sus homólogos en otras ciudades del país.

Al unísono con la construcción y afianzamien to de su museo, la obra de Rayo seguiría con solidándose paulatinamente. Cada nueva exposición suya era y sigue siendo un aporte a la idea de exigua tridimensionalidad que ha mantenido viva tanto en pintura como en gráfica y a través de la cual ofrece un invaluable ejemplo de los logros que implica la perseverancia, la convicción en los alcances de un proyecto y la certidumbre de que la imaginación constituye el motor principal y más genuino de la plástica.

Su pintura gira sobre la idea central de cintas que se extienden y entrelazan configurando patrones cuyo marcado efecto óptico se debe en parte al empleo del vaporizador en las áreas que corresponden con sombras y dobleces. Su larga permanencia en similares, pero siempre distintos planteamientos, y su insistencia en los colores blanco y negro (aunque a veces acompañados por colores fuertes que le otorgan una especial vistosidad a sus lienzos), permiten afirmar que su trabajo es un permanente testimonio de la sorprendente agudeza del artista para el cambio sutil y las variaciones infinitas.

Cada una de sus obras hace parte de un proceso que continúa gracias a razonamientos ordenados y lógicos que reiteran el rigor y el ascetismo entre sus metas y el cual se complementa con la meticulosidad y pulcritud de su ejecución. En los intaglios su técnica es igualmente impecable, pero en estas obras, por lo general totalmente blancas, la línea recta es menos permanente y las representaciones se acompañan con detalles que hacen gala de un agudo sentido del humor.

Hoy, cuando la rivalidad entre artistas abstractos y figurativos hace parte de la historia, cuando la descalificación del arte por su estilo, técnica o recursos constituye una actitud extravagante y obsoleta, y cuando la obra de Omar Rayo no sólo se erige como uno de los hitos más señalados del arte nacional, sino que ha conseguido un reconocimiento internacional como el de pocos artistas del país, quienes siempre respetamos su talento y creímos en la consistencia y los extensos alcances de sus argumentos, no podemos menos que sentir una gran satisfacción.

Tomado de la Revista Mundo, No. 1, octubre de 2001

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Rayo en almanaque Propal 

Por Eduardo Serrano

El calendario Propal 2007 se halla dedicado a Rayo y constituye oportunidad propicia para revisar el desempeño de su producción iniciada en los 60, cuando comenzó a dejar atrás sus primeras búsquedas y a consolidar un lenguaje de formas geométricas. Desde entonces su trabajo gira alrededor de la idea: de cintas las cuales se doblan, extienden y entrelazan configurando patrones de marcado efecto óptico. Su permanencia en similares, pero siempre distintos planteamientos, y su insistencia en blanco y negro ;aunque a veces acompañados por tonalidades vivas que remiten a la intensidad cromática del trópico), permiten afirmar que su trabajo constituye testimonio de su sorprendente agudeza para el cambio sutil v las variaciones infinitas.

Sus pinturas se distinguen por la meticulosidad y pulcritud de su ejecución y todas hacen parte de un proceso que prosigue (y podría seguir indefinidamente) gracias a razonamientos ordenados y lógicos que cuentan con el rigor y el ascetismo entre sus metas. No es extraño que cada exposición suya haya constituido una reiteración de su credo estético y de sus convicciones creativas. ni que, al mismo tiempo, siempre haya deparado al menos una sorpresa. Es decir, en cada exposición ha habido siempre un aporte, un cambio, un nuevo pliegue desde donde apreciar su creatividad, pero sin salirse de esa exigua tridimensionalidad donde ha conseguido representar una insólita cantidad de patrones y dobleces. Por cuenta de esa dicotomía, su obra representa un señalamiento de los logros que pueden alcanzarse a través, tanto de la perseverancia y de la convicción en los alcances de un determina do proyecto, como de la certidumbre de que la imaginación constituye el motor principal y más genuino de la expresión plástica. También ha producido intaglios (relieves sobre papel) decididamente figurativos, generalmente blancos, con una técnica impecable al igual que sus pinturas, pero en cuya elaboración no hay predominio de la línea recta. Algunas de estas representaciones se han acompañado con detalles de color que complementan su significado además de de velar un agudo sentido del humor.

El calendario ofrece la posibilidad de apreciar en gran formato a impecable impresión algunas de sus últimas pinturas (...)

Tomado del suplemento del periódico El Tiempo, 2 de diciembre de 2006