Marco Tobon Mejia

Santa Rosa de Osos, Caldas

Pintores

Figura Humana

 
 
MAn17717.jpg (23975 bytes)

Marco Tobón Mejía,   (Escultor)

TobM1502.jpg (49590 bytes)
MAn17751.jpg (32417 bytes) VelE0578.jpg (53804 bytes)
1876. Octubre 27. Nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia. Desde muy joven mostró especial disposición para la escultura.

La primera obra que ejecutó fue un medallón de su madre, doña Rosita de Tobón.

1896. Se fue a vivir a Medellín, en donde inició sus estudios serios de escultura, bajo la dirección del Maestro Francisco Antonio Cano.

1899. Al estallar la guerra de los mil días, el artista decidió tomar parte activa en ella y se alistó como soldado.

1903. Fundó en compañía de Francisco Antonio, de Antonio J. Cano y de Enrique Vidal, la Revista "Lectura y Arte". De ella solo se publicaron doce números y sirvió de orientación literaria y artística y de órgano de difusión para los nuevos pintores y dibujantes. Hizo varias ilustraciones para esta Revista, entre las que sobresalen las del Madrigal "Abanico" del poeta el "Negro" Cano. Viajó a La Habana. Cuba, en donde conquistó varios triunfos. Se colocó como dibujante de una Revista literaria, y ejecutó algunos relieves conmemorativos. Después de trabajar allí varios años, viajó, como representante cultural de Cuba, a París. En esta ciudad visitó los Museos y las Academias de Arte y así pudo perfeccionarse en la escultura. Fue amigo del escultor Rodin quien grabó uno de sus relieves alegóricos, y le rodeó de admiración y cariño.

1910. Fue nombrado Cónsul de Colombia en Génova y de esta manera mejoró su posición financiera, que era muy precaria, y pudo además conocer algunas ciudades de Italia.

1912. Ejecutó un relieve en bronce de Rafael Pombo, según dibujo de Urdaneta. (Museo Nacional N. 2336).

Participó en el Salón Anual de Artistas Franceses y obtuvo una Mención Honorífica.

1914. Tuvo que renunciar a su cargo de Cónsul, debido a la inestabilidad financiera del gobierno de Colombia y la situación de la política internacional.

Regresó a Francia y contrajo matrimonio con doña Francina de Tobón Mejía (a quien el artista llamaba cariñosamente Zazá), de la cual tuvo una hija.

Durante la guerra se dedicó a los más heterogéneos trabajos: platería, ebanistería, pintura, relieve, etc.

1916. Hizo un relieve de Carlos E. Restrepo con la inscripción: "A Carlos E. Restrepo: MCMX MCMXIV". (Museo Nacional de Bogotá, No 2343).

1918. Febrero 24. Ejecutó una medalla conmemorativa con la inscripción: "Inauguración del Monumento de José de la Cruz Caballero", hoy en el Museo Nacional de Bogotá y señalada con el número 2345.

1918. Fue nombrado Cónsul en Livorno, gracias a las gestiones que con tal fin hizo don Gustavo Santos ante el presidente de la República, doctor Suárez.

1919. Ejecutó el relieve en bronce: "Bolívar en el Chimborazo". Museo Nacional, No. 2332.

1922. Participó en el Salón Anual de Artistas Franceses y obtuvo una medalla de bronce.

1927. Regresó a Colombia para instalar personalmente la estatua de mármol del doctor Pedro J. Berrío, en Santa Rosa de Osos.

1927. Nuevamente viajó a París, en donde continuó con sus esculturas. De ellas, la más famosa es la que se titula: "Solitude Douloureuse", que es un mármol de Carrara de tamaño heroico que adorna una de las plazas de París, y fue especialmente elogiada por el Presidente de Francia, M. Paul Doumer, en el Salón de Artistas Franceses y premiada con una medalla de plata.

1933. Febrero 15. Murió en París, víctima de la tuberculosis, enfermedad que contrajo debido a las privaciones que sufrió cuando la guerra del 14 en Francia y además al polvo nocivo que respiraba cuando pulía sus moles de mármol.

Tobón Mejía manejó con maestría los volúmenes v supo dar a los mármoles bellas texturas.

OBRAS

En el Museo Nacional se encuentran:

"La Poesía" (No 2311), obra que había sido ejecutada para un monumento a José Asunción Silva. Esta escultura fue donada por la señora del artista al Museo Nacional; "El Silencio" (No 2312), mármol que fue donado por el artista al Museo Nacional; "La Música" (N9 2313), relieve en bronce; "Paisaje en el Desierto" (N9 2326), relieve en bronce; Alegoría: "Cabeza de mujer coronada de laurel", con la inscripción: "República de Colombia" (No 2327), óvalo en bronce; "Taladrando la Roca", figura de hombre (NQ 2328), relieve en bronce; "Cigüeña" (N9 2329), relieve en bronce; "Thais" (N- 2330), relieve en bronce; "Murciélago" (N2 2331), relieve en bronce; "Relieve de Bolívar en el Chimborazo" (No 2332); "Medalla de bautizo" (No 2333), relieve en bronce; "Mujer a la orilla del Mar" (No 2334), relieve en bronce; "Cabeza de Mujer" (N@ 2335), relieve en bronce; Relieve en bronce de Rafael Pombo (N9 2336); "A la Porte de Luxemburgo" (N2 2337), relieve en bronce; "Símbolo de la guerra" (No 2338), relieve en bronce; "Placa con una rama de oliva" (No 2339), relieve en bronce; "Mujer en la roca" (No 2340), relieve en bronce; "Salomé" (N9 2341), relieve en bronce; "Meditación" (NQ 2342), relieve en bronce; Relieve de Carlos E. Restrepo (No 2343); "La Cautiva" (No 2344), relieve en bronce; Medalla Conmemorativa (No 2345); Placa con el busto del Presidente Carlos E. Restrepo (No 1944), bronce.

Las esculturas de Tobón Mejía también adornan varias de las plazas de las ciudades colombianas, a saber:

En Medellín: La escultura de Córdoba, con un león al pie; el busto de Cisneros., el cubano; el busto de Francisco Antonio Zea; el monumento póstumo a Berrío en el Cementerio de San Pedro; el monumento póstumo a Jorge Isaacs, en el Cementerio de San Pedro.

El Monumento a la Bandera en Barranquilla.

El busto del doctor Berrío, en Puerto Berrío.

El busto del ilustrísimo señor Obispo González, en Santa Rosa.

Entre sus relieves sobresalen:

"El último sueño", "Crepúsculo", "El taller de Rodin", "La danza del velo", "Maternidad", "Un perfil de los Andes", "La adoración", con ARS de Silva, "La danza", "El Sagrado Corazón", "La soledad dolorosa", "Cabeza de Cristo", "Autorretrato".

Por último tenemos que mencionar sus medallas:

El retrato en medallón de Epifanio Mejía; el medallón de Carlos E. Restrepo; el medallón del Negro Cano; el medallón de Cuervo; el medallón del Mariscal Sucre.

BIBLIOGRAFIA

Javier Gutiérrez: "Marco Tobón Mejía, mago incomparable del cincel", en "Horizontes", Revista de Difusión Cultural. Vol. 1, N@ 2. Medellín, Mayo de 1949.

Daniel Samper Ortega: "Contestación al Discurso de Coriolano Leudo". en Iniciación de una Guía de Arte Colombiano. Publicada por la Academia Nacional de Bellas Artes. Bogotá, 1934.

Catálogo del Museo Nacional. Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo Bogotá, 1960.

 

Tomado del libro: Diccionario de Artistas de Colombia
Doctora Carmen Ortega Ricaurte
Editorial Tercer Mundo, 1965
Retratos de Marco Tobon por Francisco Antonio Cano, Efraim Martinez y Eladio Velez, tomados del libro Museo de Antioquia

 
  MARCO TOBÓN MEJÍA fue un afamado escultor que nació en el municipio antioqueño de Santa Rosa de Osos en 1876. Según el historiador del arte Germán Rubiano Caballero, “sus relieves de bronce, electroplata y peltre, son algunas de las esculturas más creativas del arte de su época en Colombia”1. Su obra habla el lenguaje del Art-Decó, estilo tan en boga luego de la exposición parisina que le dio su nombre en 1925. Como su nombre lo indica, la idea de esta forma de arte aplicado era decorar, embellecer, exaltar la existencia de la naturaleza por la vía de la purificación de las formas, pero sin caer en la frialdad de la simplicidad.

Los finos relieves de Marco Tobón Mejía podían ser enmarcados para colgarse en las casas, pero además sus relieves en plata los encontramos incrustados en objetos religiosos, como el sagrario en mármol de la catedral de Santa Rosa de Osos. Tobón Mejía logró dominar, además, el arte de la escultura de gran formato hecha en mármol blanco, en ella lo femenino inunda el espacio con refinamiento y voluptuosidad. Sus formas están gobernadas por el manejo equilibrado de las proporciones que eran dibujadas, de manera previa, en bocetos y cartones, tal como lo aprendió de su maestro Francisco Antonio Cano. Sus volúmenes no son excesivos para ser monstruosos, pero sí alcanzan un tamaño considerable para ser suge-rentes y atractivos. Es en ese justo punto medio que el arte de Marco Tobón Mejía logra conducir al espectador por la senda de lo sublime, de este hecho da cuenta la pieza que le rinde homenaje a las tiernas alumnas de las Escuelas primarias de Santa Rosa de Osos (1900).

El tema central de su obra es la sensualidad del cuerpo femenino. Como en ningún otro artista colombiano el cuerpo de las mujeres estuvo mejor cuidado, mejor comprendido, mejor guardado. Cada una de las láminas de pequeño formato sobre las que dibujó un desnudo, para luego repujarlo, aloja una preciosa miniatura que merece ser disfrutada por horas y horas observando sus detalles, gozando su magnífica belleza. Tobón Mejía cultivó además el arte de la escultura monumental, en ese sentido sobresale la figura que hizo del ingeniero Francisco Javier Cisneros (1923), la cual se conserva fundida en bronce en la plazoleta que lleva ese mismo nombre en Medellín e incluye un magnífico pedestal en mármol.

Decir que la obra de Tobón Mejía es simbolista es condenarla a la mirada de una sola arista; claro que lo fue, pero en su obra hay otros elementos que la hacen más compleja. Para buscarlos hay que seguir la huella biográfica, aquella donde los indicios intelectuales de su proceder se traducen en bitácora de viajes. En primera instancia, su arribo a la fulgurante ciudad de La Habana en 1905. Fue en el gran centro cultural del caribe que Marco Tobón Mejía entró en contacto con colecciones de obras de arte de diferentes procedencias y épocas, su mirada cosmopolita se construyó viendo obras renacentistas, clásicas, neoclásicas y modernistas. La experiencia temprana en Cuba lo llevó a realizar portadas de revistas como El Fígaro, en donde las formas del Art-Nouveau le sedujeron. Posterior es su etapa parisina, allí visitó

a Augusto Rodin en su estudio de la 79 rué de Varenne y vivió el apogeo del Art-Decó, aquel que marcó a compatriotas suyos como Rómulo Rozo. Para ellos las artes decorativas fueron mucho más importantes que las vanguardias, pues detrás de la manufactura y del oficio se escondían los más profundos valores de la labor artística.

Fue París la capital del arte aplicado a comienzos del siglo XX. Ese espacio lo ganó luego de que la ciudad siguiera alojando infinidad de talleres, que desde 1794 se habían nutrido de la formación impartida por la Escuela de Artes y Oficios. Desde el siglo XVIII los ideales ilustrados, que condujeron a la revolución francesa, se habían apoyado en la reivindicación de las diferentes tareas y labores que ejercía el pueblo llano, fue así como carpinteros, escultores, constructores de carruajes, peluqueros y sastres aparecieron representados en el último tomo de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. Valorar al artesano y no demeritarlo fue una tarea que emprendieron con éxito, tanto franceses como ingleses, estos últimos en cabeza del ideólogo John Ruskin y del diseñador Wi-lliam Morris.

La realidad en Colombia siempre ha sido otra, acá quien practica un oficio ha sido considerado de baja categoría. Tanto el carpintero, el tallador o el pintor han sufrido un descrédito por hacer las cosas con las manos, es decir: “por no pensar”. Nada más injusto que ese falso estigma. ¡Cuánto mal hacen los padres que amedrantan a los hijos cuando saben que su anhelo es dedicarse al estudio de las artes!

A Marco Tobón Mejía le debemos muchas de las mejores tallas, pero además el hecho de haber tenido la personalidad suficiente para renunciar a la estigmatización de su labor dentro de su propio país. La vida lo llevó a buscar conocimiento y fortuna trascendiendo las fronteras nacionales y forjándose un lugar en el mundo de las artes. Es por eso que las superficies metálicas grabadas por Tobón Mejía están hoy en las vitrinas de importantes museos y no rodando entre cuartos de San Alejo o en los mercados de pulgas.
R.R.V.


Tomado de la Revista Credencial Historia, Edición 316, 2016