![]() |
|
||
|
|
| VISITE: | ||||||
|
CULTURA DE TIERRADENTRO Situada en el municipio de Inza en el departamento del Cauca, esta zona presenta importantes vestigios arqueológicos, principalmente por sus hipogeos de grandes dimensiones excavados en la roca. Con techo plano abovedado, planta elÃptica u oval y columnas sueltas y paramétricas, constituyeron un ejemplo de arquitectura funeraria única dentro del arte precolombino. Decoradas con pintura roja, negra y blanca, con figuras y rostros geométricos, en su interior se encuentran las urnas funerarias para entierros secundarios dentro de los cuales colocaban los restos óseos. Estas, de forma semiglobular y borde evertido, con decoración incisa empastada, aparecen decoradas con lagartijas y serpientes. Platos, ollas, trÃpodes, vasijas y cuencos, suelen ser de color negro, café y rojo oscuro. Tomado del Folleto: Cerámica Precolombina, Colección Fondo Cultural Cafetero - 1979
|
||||||
|
LAS TUMBAS DE NUESTROS ANTEPASADOS por Rosita Mora Hace ya muchos años, antes del
descubrimiento del Nuevo Mundo o quizás antes de la Era Cristiana, también
en América habitaban culturas y Y no se radicaron únicamente en Méjico y en el Perú. Se desarrollaron en Colombia y entre sus valles y montañas imprimieron su talento. Ahà escondieron a la posteridad sus adelantos. En lugar seguro decidieron conservar sus riquezas, pusieron en práctica sus adelantos arquitectónicos y en los más espaciosos lugares subterráneos dejaron descansar a sus queridos muertos. Construyeron tumbas y tallaron en piedras monumentales la imagen de sus dioses. Con el cincel y el martillo rindieron homenaje a los animales y copiaron en las rocas lo que más les agradó de la naturaleza. Hoy 1974 años después, un grupo de
arqueólogos se encarga de desentrañar su cultura. Encuentran sus tumbas a
muchos metros de profundidad y profanan Mauricio Puerta y Alvaro Chávez son dos jóvenes arqueólogos que con patas y manos, de dÃa y de noche, hasta con su alma, se dedican a la tarea de profundizar en la historia de esta cultura. Ellos, patrocinados por el Departamento Arqueológico del Banco de la República quieren con todas sus fuerzas dar a conocer cada detalle, cada manifestación de estas antiguas tribus, que a simple vista y según el reflejo de los hallazgos logrados hasta el momento, ponen de manifiesto, que en este lugar de montañas, silencioso, apasible, se esconde un mundo de sorpresas en donde se habla de hace muchos, pero muchos siglos. El lugar se llama Tierradentro y está localizado en el tranquilo municipio de San Andrés de Piscimbala. Un pueblecito en donde sobreviven los últimos descendientes de los indÃgenas paeses, a quienes según los estudios de la arqueologÃa, pertenecen todas estas reliquias. En Tierradentro, entre el masticar de la coca y el hilar del huso, los paeses de nuestros tiempos dibujan el paisaje que envuelve la cultura de sus antepasados y ahÃ, trasegando y sin quererlo, marcan un parangón entre lo que les dejaron los años y lo que les trajo esta nueva civilización. Con el golpe de la pica sobre la olla se rompe la tranquilidad. Estamos en la loma señalada por los indÃgenas para el descanso de sus .muertos. Mientras se desciende
hasta lo profundo de cada tumba la admiración y el respeto crecen.
Una maravilla arquitectónica queda al descubierto y un sinnúmero Ahà están el sapo, el caimán, la vasija
de barro, el chorote de la chica, la piedra
pulimentada y todo lo que supieron captar de la naturaleza. Ni siquiera, con los datos obtenidos hasta el momento se puede hacer una historia. Los huesos encontrados en las tumbas, son tan solo polvo, no se pueden analizar. Las piedras talladas y las tumbas no tienen nada en común. Es como si las hubieran hecho en dos épocas, dos culturas. En el libro de recuerdos de los paeses sobrevivientes no se habla de los hallazgos de Tierradentro. Hasta para ellos es un tabú. Dicen los ancianos que se trata de un legado de sus enemigos los pijaos, feroces e invasores que se apropiaron de sus terrenos para dejar en ellos el sueño de sus muertos. Los pijaos eran indeseables. Arrasaban tambos, quemaban cosechas, mataban paeses para comérselos. Por eso nada quieren saber del lugar que por algún tiempo habitaron los pijaos. Mientras tanto los historiadores en los libros de cronistas señalan a los dueños del territorio como sus autores. Incluso dan la única pista. "Son caracterÃsticas de los paeses, los pijaos estaban muy lejos de tanto adelanto"; Continúa el descenso alas tumbas y aparecen más interrogantes. ¿Con qué luz trabajaron, si ni siquiera utilizaron antorchas? De haberlas usado estarÃan las huellas en el piso, o los lugares para colocarlas en las paredes. ¿SerÃa aquà donde inició el camino la cultura agustiniana, en donde hicieron las primeras letras o tal vez fue en las lomas de Tierradentro en el cerro de Aguacate o en Aguabonita donde vino a padecer su decadencia? En busca de la ciudad perdida Para los arqueólogos de Tierradentro en algún lugar de la zona existe una ciudad perdida. Por eso buscan desde que sale el sol hasta cuando se oculta. Dice la lógica que cerca
a las tumbas donde descansan los restos de sus muertos debe haber un
cementerio y cerca al campo santo una ciudad. Desafortunadamente en sus
construcciones los antiguos paeses no utilizaban la
columna y esto hace más remota la posibilidad de
encontrar la ciudad perdida. Pero no se dejan las esperanzas.
Desde la llegada de los jóvenes arqueólogos a Tierradentro la cara de San
Andrés de Pisimbala se llenó de sorpresas. Ahora cada persona se preocupa de
las excavaciones. Hasta Clementina una abuela paés que tiene su tambo en la
montaña para vigilar silenciosa los A la estatua de dos cabezas llegaron a través del rumor de un indio. El anciano recordó que en 1916 un guaquero encontró una estatua de dos cabezas y como no halló oro volvió a enterrarla. La divinidad estaba a tres metros de profundidad. Poco a poco el amoniaco y otras sustancias que usan los entendidos para limpiar estos hallazgos, fueron destruyendo los hongos. Cuando llegó el momento y la belleza de la estatua estaba en su plenitud, todo el pueblo ayudó a levantarla. Fue como un dÃa de fiesta nacional y la única forma posible de ponerla en pie cuando no se cuenta con los medios suficientes. La escultura en piedra, la mujer de dos
cabezas, o la representación del bien y el mal, de la vida y la muerte, del
dÃa y la noche, en fin, de una dualidad, constituye una obra única en
América, desde Tierra del Fuego hasta el Estrecho de Bering. En el tocado de
la cabeza parece inspirada En Tierradentro cada dÃa se hace más palpable que quien ejecutó las tumbas, quien esculpió el caimán, el sapo, o la estatua de dos cabezas, es poseedor de un cerebro superior. Ahora las obras mudas hablan por sà solas de su artista inspirador. Y cuando llega la invasión de cabezas rubias al albergue de San Andrés de Pisimbala enmarcando el paisaje afirman que en Colombia también existió una cultura superior. Tomado de la Revista Cromos No.2935, 22 de abril de 1974
|
||||||
|
Viajar al Centro de la Tierra Tomado
de El Tiempo, Seccion Viajar, Más
que un cementerio, la zona arqueológica de Tierradentro
es una ventana abierta a nuestro pasado indÃgena y una opción
para emprender una travesÃa de aventura y conocimiento por el Cauca. Un
llamado ancestral se escucha desde la carretera polvorienta que
conÂduce de Popayán al orienÂte caucano. Esa carretera, que permite
recorrer desde los paisajes de pastos y ganado hasta los de
frailejones y quebradas de hielo, nos lleva a la tierra del Hijo de
las Estrellas. El
frÃo de los páramos de Las Delicias y Guanacas, entre Gabriel López
y el municipio de Inzá, cede lugar al çlima templado que señala la
entrada al entorno de cimas que los indÃgenas paeces eligieron como
lugar de descanso para sus muertos hace más de 1.200 años. En
El Crucero se inicia el recorrido por la zona arqueológica de
Tierradentro, donde se hallan más de 200 hipogeos o cámaras
funerarias, construidos por los indÃgenas bajo la tierra y sobre roca
volcánica o toba. Al
llegar al parque, los museos arqueológico y etnográfico muestran los
aspectos más representativos de la cultura paez: sus atuendos o
capisayos, su organización sociopolÃtica y algunos vestigios de
ollas de cerámica utilizadas como urnas funerarias decoradas con
agujeritos que forman espirales ó serpientes enroscadas, asà como
con figuras de lagartijas, jaguares y ciempiés que los paeces
tenÃan como sÃmbolo de la tierra, la muerte, el sexo y la fertilidad. Para
visitar los hipogeos hay que armarse de lÃquido, ropa y zapatos
cómodos, y muchas ganas de respirar aire puro y de recrearse con el
abrupto paisaje de las estribaciones de la Cordillera Central y por
los profundos cañones que las corrientes de agua han dejado a su paso.
Un concierto de pájaros y nos acompaña el recorrido. "Los
hipogeos están construidos por grupos en las cimas de las lomas. Por la
variedad de urnas encontradas se deduce que eran panteones abiertos en
los que se depositaban los restos de los difuntos de la comunidad. El
ascenso al Alto de SegoÂvia, el lugar donde se encuentran los
primeros 30 hipogeos, comienza luego de cruzar un puente de guadua sobre
el rÃo San Andrés. De ahà en adelanÂte, el empinado camino de
herradura sobre tierra blanca está impregnado de olor a guayaba
fresca, eucalipto y arrayán. En
la cima están las tumbas cubiertas por los kioscos construidos
recientemente para protegerlas. En medio de ellas está el helipuerto
que apoyó las labores de socorro durante la avalancha del rÃo Páez en
1994. Para
ingresar a los hipogeos hay que descansar y esperar que pase el sofoco
de la subida. Una escalera sencilla, en forma de espiral y sobre la
misma roca, conduce a la entrada de la tumba, que generalmente se
encuentra a 2,5 ó 7 metros de profundidad. Desde
ahà se ve la cámara funeraria, un espacio con paredes y techo
pintados de colores rojo, negro y blanco que, según anotaciones
arqueológicas, significaban, la vida, la muerte y la luz del
nacimiento, respectivamente.
Rutas
ancestrales Desde
Segovia se pueden ver las otras cimas como el Alto del Duende, el Alto
de San Andrés y la Loma del Aguacate.
Aquà continúa el recorrido hacia esos lugares, donde existen
las diversas formas de entierros secundarios, desde sencillos hasta muy
decorados, al parecer según la jerarquÃa del difunto. El
recorrido por los hipogeos se hace en dos circuitos. Uno desde los
museos, pasando por los altos de Segovia; El Duende y El Tablón -sitio
donde se encuentran esculturas en piedra con representaciones de
personajes cotidianos como la muerte y la madre cargando al hijo,
asà como de lagartos, ranas y soles – hasta llegar a San Andrés de Pisimbalá, corregimiento del municipio de Inzá
y epicentro de la zona arqueológica. Además
de establecer un contacto con la gente de la región, aquà se puede
admirar la iglesia doctrinera, una construcción de paredes blancas y
techo pajizo, levantada cuando se inició la evangelización en esta
zona del Cauca y mantenida en pie por más de 400 años. El
otro circuito es el que comprende la parte occidental del parque
arqueológico. Inicia en los museos y sube a la Loma del Aguacate, el
lugar más alto, para luego llegar hasta el Alto de San Andrés. Conocer
el parque arqueológico no es la única alternativa en este paraje
montañoso rodeado de misterio. Dirigirse hasta las poblaciones de
Calderas, Santa Rosa y Tumbichukué, entre otras, es establecer el
contacto directo con los descendientes de los autores de los
hipogeos. En
estas aldeas están los resguardos indÃgenas. Organizados en
cabildos, los paeces tratan de cumplir las leyes en torno del
cuidado de la tierra y de la conservación de las tradiciones
ancestrales dejadas por Juan Tama, el lÃder que nació de las estrellas
una medianoche de tempestad y que fue confiado a las aguas del rÃo
Lucero, de donde lo sacaron los indÃgenas para cuidarlo. Si usted va ..... Tierradentro
está conformado : por los municipios de lnzá y Belalcázar. A la
zona arqueológica concentrada en los alrededores de Inzá (1.750
metros sobre el nivel del mar) se llega desde Popayán por vÃa
terrestre. Se va por Totoró, trepando la Cordillera Central, hasta
llegar al sitio El Crucero. Este
recorrido dura entre 5 y 6 horas, y el pasaje en un bus de la empresa
Sótracauca, la única que viaja hacia la zona, cuesta 10 mil pesos
(julio 2000). En El Crucero hay dos opciones: caminar dos kilómetros
hasta la entrada del parque o esperar un carrito que lo lleva por
1.500 pesos. Desde
Bogotá la ruta es por Neiva,
La Plata y el cañón del rÃo Páez hasta el sitio Guadualejo. -El
recorrido por la zona arqueológica puede tomarle un dÃa. Hay
servicio de guÃa (unos 15 mil pesos) y de alquiler de cabaIlos (3 mil
pesos por hora). -Todas
las casitas que rodean el parque son alojamientos. TamÂbién está el
hotel turÃstico El Refugio, que ofrece más comodidades. La tarifa
para una persona en las residencias familiares es de 4 mil pesos
diarios; en el hotel las tarifas van de 10 mil a 30 mil diarios pesos
por persoÂna. Todas las habitaciones del hotel tienen baño privado y agua
caliente. -Hay
dos restaurantes en el secÂtor, donde se venden comidas sencillas a 3
mil pesos. Si usted quiere compenetrarse más con la cultura paez, no
olvide probar el mote -maÃz cocido- en todas sus formas, pues es lo
tÃpico de su gastronomÃa. -Lleve
suéter, pues para llegar a la zona arqueológica desde Popayán hay
que pasar por dos páramos.
-Informes:
Oficina de Turismo Municipal, Carrera 5 No. 4-68. Teléfono: (2) 824 22
51.
|
||||||
|