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1917, Aracataca
DISTINCIONES
1999 - Reconocimiento de los gobiernos de Mexico e Italia
Homenaje Nacional en reconocimiento por su obra en el mundo de la
fotografía
En años recientes recibió condecoraciones de Italia y Francia
Titulo deCaballero de La Orden de Las Artes y Las Letras en grado de
Comendador
Tomado del folleto: Gran Feria de Arte,
1999
Banco Santander

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El fotógrafo colombiano Leo Matiz es una leyenda viva de
la fotografía del siglo XX. Caricaturista, pintor, fotógrafo de
cine , actor, publicista, fundador de galerías y
medios de comunicación, sintetizan los múltiples oficios a los que Matiz
dedicó su vertiginosa vida en el periodismo y las artes.
Este trotamundos nacido en Aracataca en 1917, recibirá durante el
transcurso del año 1998 sendos reconocimientos de
los gobiernos de México e Italia, países
entrañables a la vida errante de Matiz. En su país, Colombia, el Ministerio
de Cultura le rindió el mes pasado un homenaje nacional
por su singular y exceptional aporte al desarrollo de la fotografía en el
mundo. Lo que confirma una vez más el valor estético y documental de sus
intensas y memorables imágenes, que registraron momentos decisivos de la
historia contemporánea.
En años recientes Italia y Francia lo
condecoraron con premios como el Horus
Sicof y el Filo
D Argento, y el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras
en el Grado de Comendador.
La crítica europea y norteamericana ha reconocido a Matiz como el "guardian
de la sombra" de la fotografía latinoamericana, en
alusión al acentuado y profundo contraste de luz y sombra en sus estampas,
que recogen instantes dramáticos de sus personajes
sumergidos en la cúspide del poder o en los laberintos de la marginalidad
social.
En 1940 parte hacia México y se vincula a la prensa de ese país como
reportero gráfico. Trabajó también para el cine
mexicano en los estudios Churubusco al lado de los legendarios fotógrafos
Manuel Alvarez Bravo y Gabriel Figueroa. Realizó el primer casting
cinematográfico de la actriz María Félix y se convierte en un destacado
protagonista de la vida cultural al lado de los
pintores Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo.
Igualmente cultivó en el país azteca una intensa amistad con el
bolerista Agustín Lara, los poetas Pablo Neruda y Porfirio Barba Jacob y el
escritor colombiano Alberto Zalamea.
En esa misma década las revistas Life y Selecciones del Riders Digest,
Look, Harpers Magazine, Norte , Así y las Naciones Unidas
lo incluyen dentro de su equipo selecto de
enviados especiales para realizar reportajes en Estados Unidos América
Latina y el Medio Oriente.
Leo Matiz con su cámara en bandolera ha construido un poderoso mural de
su época a través de una mirada crítica y de una sensibilidad abierta al
impacto de las cosas nuevas. En su indoblegable curiosidad de fotógrafo su
lente fijó para nuestra memoria gestos a instantes de múltiples personajes
de la política y la cultura. En el album íntimo de
su arte los retratos de Frida Kahlo, Luis Buñuel, las actrices María Félix,
Dolores de Río, Janice Logan, Esther Williams, el
trompetista Louis Armstrong, el torero español Manolete, el poeta chileno
Pablo Neruda y el pintor ruso Marc Chagall, conforman una sugestiva galería
de rostros que hoy se imponen a pesar del implacable paso del tiempo como
poderosos destellos que iluminan el frágil veto de nuestra memoria .
La Galería Diners ha deseado con esta exposición rendirle también un
cálido homenaje a la vida y a la visión generosa del mundo que Leo Matiz nos
ha ofrecido a través de su obra artística memorable.
Miguel Angel Florez
Fundación Leo Matiz
Tomado de la hoja exposición en la Galería Diners, 1998

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Fundación Matiz en
Bogotá La Fundación Leo Matiz, reúne
la memoria fotográfica del reconocido pionero de la reportería gráfica
colombiana, tiene sede en Bogotá. Su directora es Alejandra Matiz,
hija del artista, y Doris Alvarado, Tel. 571-3459334, 571-2490446
leomatiz@cable.net.co

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LA NOVIA OSCURA
Al igual que
muchos fotógrafos
de su generación, Matiz esperaba morir con la imagen perfecta de un rostro
registrada en los rollos de su cámara.
Tenía una predilección especial por el retrato y pensaba que ese
género era una forma de penetrar el alma y eternizar las múltiples
metamorfosis de un semblante.
En esa búsqueda disfrutaba de amores intensos y fugaces que luego
abandonaba con su premisa vital de "Leo Matiz va. No espera" y que le
sirvieron para inventar su epopeya personal de trotamundos que saltaba del
desierto mexicano a las guerras del Oriente Medio, para cazar imágenes para
las revistas Readers Digest, Look, Norte, Harper Magazine, Life y
Así.
En sus travesías por Colombia conoció a Clara, una mesera de Melgar a
quien retrató hacia 1973 durante una impetuosa y efímera relación amorosa.
Una de esas imágenes en las que la atractiva morena posó para la cámara
Rolleiflex del fotógrafo de Aracataca inspiró la portada de la novela de
Laura Restrepo La Novia Oscura, que relata la historia de una
prostituta llamada Sayonara, descrita en el libro como
"una muchacha mestiza de una oscura belleza bíblica".
Si bien en la vida real el mundo de `Clarita, como la llamaba Matiz,
nada tuvo que ver con el ambiente lascivo del `Dancing Miramar, el prostíbulo
de Tora en el poblado ficticio de Laura Restrepo, el destino le deparó un
final adverso a la mujer, quien desarrolló un cáncer que si bien no la mató,
sí la alejó de su plácida rutina en Melgar.
Leo Matiz y Laura Restrepo revisaron cientos de retratos femeninos
durante días enteros, hasta cuando apareció la imagen que la novelista
consideraba que se ajustaba a cómo imaginaba a la protagonista de su novela.
A pesar del entusiasmo de la escritora por el hallazgo, Matiz se mostró
renuente a entregarle la imagen de su novia para ser publicada en la portada
de un libro. "Mi papá no quería dársela para publicarla, pues era una ex
novia de él que se había suicidado. Ella y yo le insistimos para que
aceptara; él tenía miedo de que se publicara y que la familia de ella se
pusiera brava. Luego Laura nos dijo que peso esa foto al lado de su
computador para inspirarse al escribir la novela", cuenta Alejandra
Matiz, hija del maestro
Tomado de Revista Semana Edición
1367, 14 de julio de 2008, Curaduría de Eduardo Serrano 
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Fotógrafo de la vida
por Walter Engel, 1995
Leo Matiz Fotógrafo de fama
internacional, era en Colombia durante varios años una figura casi
legendaria. Las grandes agencias de noticias relataron sus aventuras
peligrosas y pintorescas en lejanas comarcas, e informaron también de los
honrosos encargos que hicieran al célebre fotógrafo colombiano publicaciones
de tan vasta circulación como Reader digest,
Life y Look, y aún las mismas Naciones Unidas. Matiz se enfrenta
con su cámara a la vida, la vida real, dura, cruel, sin maquillaje. Muchos
lentes y filtros usa el
artista para tomar sus fotografías, pero su arsenal carece de lentes rosados
a través de los cuales se ve la vida fácil, dulce y
sonriente. El ambiente predilecto de Matiz es la calle. El ambiente
intencionalmente ignorado son los salones de lujo. Eso no quiere decir que
no sea capaz de captar los encantos en el rostro de una mujer, inclusive en
escorzos y enfoques originales y audaces. También le interesan el paisaje y
la máquina, pero más que todo le cautivan la calle
y el hombre de la calle. Y éste en toda la amplitud de la palabra.
Leo Matiz es. pues, ante todo un cazador de la vida
cotidiana. Sin embargo, sus mejores hojas están muy por encima de meros
reportajes gráficos, porque lo que más atrae no es lo sensacional sino lo
directa y elementalmente humano. Una mujer humilde amamantando
a su niño no tene nada nuevo ni sensacional
como terna. Pero lo que Leo Matiz realiza con su cámara está.
artísticamente, más cerca de las pinturas de los grandes maestros sobre el
mismo eterno motivo que muchas Maternidades de reciente producción,
al óleo ya la acuarela.
Ampliaciones de cabezas humanas en
tamaño muy superior al natural pueden verse en muchas vitrinas y
exhibiciones de fotógrafos. Otro motivo, pues, que se presta a la
comparación. En general, hay dos tendencias en este género: o el rostro
femenino, fuertemente maquillado y retocado, o la
minuciosa demostración de los poros y los desperfectos del cutis. en
orgulloso alarde técnico. Matiz no se entusiasma con ninguna de estas
tendencias, y busca y logra en sus mejores trabajos de esta clase algo mucho
más valioso: la intensa expresión humana dentro de un concepto monumental.
Un sitio especial en la obra de Matiz ocupa el niño, y
nuevamente no se trata de fotografías en el estilo de los especialistas en
retratos de niños, sino de escenas arrancadas a la vida misma:
grupos de niños en múltiples situaciones, niños
aislados comiendo. mirando, llorando, niños
alegres y en la miseria;
niños dentro del ambiente y de la realidad de la vida.
Obreros rurales e industriales, mendigos, borrachos, figuras
del circo, todos están incluidos en el panorama de la vida presentado por
Leo Matiz.
De acuerdo con el tema, acentúa unas veces el lado
pintoresco y otras veces el lado pictórico del cuadro: pero siempre está
presente el lado humano.

Carta abierta a un padre
por Alejandra Matiz
El pasado mes de marzo de 1995,
llegaste a Europa, después de cuarenta años o más
de ausencia. Viniste pisando tus ochenta años; no en vano naciste un primero
de abril en el mitico Macondo, donde la abuela de
García Márquez conversaba con los muertos; y a esta edad crepuscular
trajiste tu libro El tercer
ojo de Leo Matiz bajo el brazo y un viejo baúl lleno de
negativos y recuerdos. Llegaste con paso lento y seguro, con la madurez y
sabiduría que otorga la vida a través de los años, aún conservando el vigor
físico y mental de tu naturaleza, de tu temperamento del signo aries (que
tanto nos marca y une), ¡obligándonos a luchar sin conceder reposo! Tú eres
uno de los pocos sobrevivientes de aquella generación de intelectuales,
artistas y políticos latinoamericanos, que han pasado a nuestra historia; en
Bogotá, te reunías con ellos en el mítico café El automático, en plena
avenida Jiménez, cerca de El Tiempo, de El Espectador, y al
frente de tu famosa galería de arte Leo Matiz, donde expusiste por primera
vez en 1951 los trabajos de un joven tímido
antioqueño, Fernando Botero, el poeta de las mujeres gordas. Era una época
de oro también para tu amado México, ese país de contrastes y cultura
donde te formaste y
conociste la fama. (Nadie es profeta en su tierra). ¡Recuerdo siempre!: a la
una o dos de la mañana, permanecías despierto escuchando la radio, leyendo o
revisando mares de negativos, inmerso en la bruma de la melancolía;
recordando viajes, matrimonios, amigos, revoluciones, atentados, en esa
Danza de las horas de Enrique Santos -
Calibán - (a
quién debes tu profesión de fotógrafo).
¡Qué generaciones aquellas! Sé que recuerdas con especial
afecto a tu compañero de bohemia León de Greiff y su relato Stepansky:
Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos la llevo perdida...
También evocas las tertulias y conversaciones con el pintor
Ignacio Gómez Jaramillo y la ocasión en que hizo
tu retrato. (Una de sus mejores telas). Recuerdas... A Jorge Zalamea amigo
de García Lorca, compañero de vivencias en Colombia y México, con el Gran
Burundún Burundá y sus escalinatas. Llegas al país
Azteca, en un momento álgido: han asesinado al rebelde de Moscú, Trotski;
comienzas a vivir ese ambiente convulso, inquieto de transformaciones: que
marcan definitivamente el ámbito cultural y político mexicano. Conoces a
aquel joven simpático, de humor agudo y vivaz, Pablo Neruda, que por esos
años era el cónsul chileno: él inauguró una de tus exposiciones; rememoró un
trozo de su escrito Farewell, en que tu alma se reconoce:
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven más.
En cada puerto una mujer espera,
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con
la muerte
en el lecho del mar.
Unos meses después de tu llegada a México, el poeta maldito
Porfirio Barba Jacob, tu amigo y consejero, muere:
haces la última fotografía de su rostro reflejado en una mascarilla que
luego fue destruida y queda tu foto.
De él recitábamos juntos la Canción de la vida profunda:
Más hay también tierra,
un día...un día...un día...en que
levamos anclas para jamás volver.
1945, Luis Buñuel en México, él estaba un poco desorientado,
lo llevaste por los desiertos y le mostraste tus fotos de Los olvidados.
Hacia 1946 recorriste casi toda América, por cuenta del
Reader s Digest fotografiando las carátulas
de Selecciones (tus primeras fotografías a color). Fue una experiencia
interesante en tu vida.
Clemente Orozco, uno de los grandes muralistas a quien
quisiste como a un padre; Siqueiros, pintor estalinista quien plagió tus
fotografías para convertirlas en murales, testimoniando la revolución; ¡Y
por esta razón tuviste que escapar de México!
Tu amigo Agustín Lara, con su inolvidable canción: «María
bonita, María del Alma.
Gabriel Figueroa, el gran cineasta registrado por ti con su
cámara al hombro, en el rodaje de El circo, con tu amigo Cantinflas.
Luego... viajas a Palestina con el pasaporte azul de las Naciones Unidas,
haciendo parte de la misión del mediador Conde Bemardote; caes en una
explosión; de nuevo circulan noticias de tu muerte por el mundo, pero como
un león de siete vidas, sigues tan campante...
También están en tus nostalgias, otros políticos y
compañeros de juventud, como Jorge Eliécer Gaitán,
con su famosa frase: «A la carga...» Asististe a su primera manifestación
política en Fusagasugá, también viviste los momentos dolorosos y difíciles
de su muerte el nueve de abril de 1948... Tú,
herido, llegase hasta el quirófano para hacerle su última fotografía. Fuimos
a visitar a tu amigo y admirador (también aries) Carlos Lleras Restrepo para
entregarle unas fotos suyas y tu libro. Sin
presentirlo, sería la última vez en que pudimos compartir su presencia,
tomando como siempre un buen café.
En mi memoria, está el Presidente Guillermo León Valencia y
su huésped Charles de Gaulle con quien cantamos La Marsellesa.
Aquella entrañable amistad con el periodista AndrésSamper
Genecco; sin saberlo, llevabas en brazos a su hijo afectuosamente llamado «Ernestingoli»,
lo montabas en tu famoso caballo de paso castellano, llamado Ney, en esa
bella finca de Fusagasugá, Jalisco; allí teníamos una pequeña zona cafetera.
Alguna vez de sobremesa comentaste que el Presidente Ospina Pérez, vecino
nuestro, decía: «el mejor café de Colombia, se produce en esta tierra, este
fenómeno se debe a la humedad permanente del terreno. (él hizo
estudios de reforestación y suelo). En los amaneceres luego de tomarte un
buen tinto. cantabas
Ay, mama Iné, todos tomamos café...
Y aquel joven bogotano que trabajaba en una empresa
petrolera en relaciones públicas y
con quien viajaste a los largo del río Magdalena, Álvaro Mutis. en
cuyos brazos me bautizaron, creador de Magroll el gaviero, personaje
que tanto se te parece.
Vamos más allá a otros tiempos, y espacios poblados por
otros amigos y personajes que desfilan en la memoria de tus negativos
fotográficos. Caracas, 23 de enero de 1958: es la caída del dictador Pérez
Jiménez, trabajabas en equipo con los periodistas García Márquez y Apuleyo
Mendoza; tus fotos son
publicadas por Paris Match. Testimonias otros
acontecimientos históricos, como los atentados a Rómulo Betancourt
y a Richard Nixon.
¡Regresamos a Venezuela una y otra vez! Hasta tienes una
nieta venezolana: Natalia.
Un sortilegio Caribe presagia a través de un sueño. casi
poético, la pérdida de tu ojo izquierdo. Tu miedo comenzó hace
cincuenta años en New York; un ángel sacaba tu
ojo y huía hacia las nubes (no lo hacía
por maldad sino por amor); días antes, habías fotografiado a Chagall.
Este sueño premonitorio se cumplió fatalmente en 1978 en
Bogotá. En un atraco para robarte tus cámaras, perdiste el ojo izquierdo.
Fueron años duros de oscuridad y
tristeza, pero recuerda: «los artistas no mueren, se restauran...»
Tantos son los recuerdos que miras. casi siempre, del otro
lado del lente; en un eterno recomenzar... Ahora
es París, la ciudad amada, la ciudad del arte. la ciudad de la luz, de los
sueños, de la fotografía y estás tú presente con tu fiel compañera, la
Rolleiflex.
Tomado de la Revista
Mundo No.19, 
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Homenaje al otro genio de Aracataca
Leo Matiz (1917-1998), uno de los fotógrafos latinoamericanos más
importantes del siglo XX, estaba casi ciego cuando tomó sus últimas fotos.
Eso cuenta su hija Alejandra: "Él le decía a un asistente que ubicara la
cámara en un lugar específico y que la enfocara. Alguna vez le pregunté cómo
tomaba las fotos, si casi no veía, y él me respondió que ya no necesitaba
verlas, porque luego de tantos años, las sentía".
Muchas de las imágenes que tomó en México, a donde llegó en 1941 después
de dejar su trabajo de reportero gráfico en EL TIEMPO, se pueden ver ahora
en el libro El México de Matiz, lanzado el viernes en el Instituto
Mexicano de Cultura, de San Antonio, Texas (Estados Unidos).
Impreso en Verona (Italia) y editado por la fundación que lleva el nombre
del artista, en asocio con Invercap (compañía administradora de fondos, en
México) y la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, el libro entrega un
verdadero festín en imágenes tan bellamente logradas que, a veces, parecen
pinturas.
Allí está el México del cine y el de las artes plásticas de los años
cuarenta, con sus artistas venidos del exterior y los más representativos
del país: María Félix, Mario Moreno Cantinflas, Luis Buñuel, Frida Kahlo,
Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros. También en sus fotos, está ese país de
la revolución, el de los campesinos que descansan de su jornada en parajes
surreales, bajo cielos que, aún en blanco y negro, parecen producir un calor
inmisericorde; y hombres, mujeres y niños, mientras se ganan el pan.
Nombrado Caballero de las Artes y las Letras por Francia, fotógrafo de
revistas como Life y reportero para la ONU en el conflicto
palestino-israelí, Matiz fue uno de los mejores de su tiempo. Su
apasionante trabajo sobre México podrá verse durante dos meses en el
Instituto Mexicano de Cultura, informó Alejandra Matiz, de la Fundación Leo
Matiz.
El libro, de 200 páginas, fue editado en un papel de alto gramaje y de
color marfil. Las fotos tienen una suave tendencia al sepia y fueron
impresas con tintes naturales. Habrá una edición en inglés que será lanzada
en noviembre, en Nueva York.
Tomado del periódico El Tiempo, 6 de septiembre de 2009 
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Leo Matiz, su mirada abstracta
La obra de este fotógrafo colombiano, amado en México,
tiene muchos matices.
por Sara Araújo Castro
En
una ecuación improbable, una población pequeña y perdida del Caribe
colombiano, a la orilla del río Aracataca, con casas protegidas del sol por
plantaciones de banano, le regaló al país dos genios. Aracataca dio a luz a
nuestro único Nobel, el que narró Macondo; pero diez años antes, en 1917,
había parido en el lomo de un caballo a quien la inmortalizó en fotos:
Leonet Matiz.
Ahora, setenta años después de que el fotógrafo del Magdalena hiciera las
primeras imágenes que se acercan al abstraccionismo, la galería La Cometa
exhibe la muestra Geometría en Colombia, la obra de Leo Matiz.
Su hija Alejandra, guardiana del legado gráfico y de su memoria, resalta
el hecho de que en 1939, en una investigación sobre la zona bananera, Matiz,
sin saberlo, estaba haciendo arte geométrico, pues las imágenes de las hojas
de plátano y de los racimos bajo su lente se ven de otra manera.
Esto fue poco antes de que se subiera en un carguero rumbo a México, país
que le dio la gloria y la cruz. Tras dos años de recorrido, el joven Matiz
llegó con sus fotografías como única referencia al D. E, la promesa de
América Latina. Al poco tiempo ya estaba recorriendo el país de arriba
abajo, y en siete años había entablado amistad con uno de los artistas más
influyentes de la época: David Alfaro Siqueiros. Este le habló de su gran
proyecto de kilómetros de murales para rendir homenaje a la revolución
Mexicana. Con esto en mente, cuenta su hija Alejandra, Matiz se fue por todo
México a hacer fotos, las dejó en poder de Alfaro Siqueiros mientras hacía
un trabajo especial para Naciones Unidas.
A su regreso, Matiz se encontró con una muestra de Siqueiros en Bellas
Artes que, para su sorpresa, consistía en cuadros inspirados en sus fotos,
sin un solo reconocimiento. "Por ingenuo y por joven, mi papá decidió pelear
con ese gigante que era Siqueiros. Su denuncia le costó dejar su querido
México". A Matiz lo acusaron de desprestigiar la pintura mexicana financiado
por la CÍA; tras encontrar su estudio quemado, pidió ayuda al entonces
Embajador Jorge Zalamea, quien lo sacó a escondidas.
Pasaron
más de 45 años para que el fotógrafo se atreviera a pisar de nuevo suelo
mexicano. Acompañado de su hija, con cataratas y un ojo menos (pues lo había
perdido en una riña en Bogotá en el año 79) pero "con un ojo divino de
reemplazo", como dice Alejandra, Matiz regresó a trabajar a México. Lo
recibió una ciudad que no era la que había dejado, pues su población era
cinco veces mayor; sus temores no habían desaparecido con la muerte de
Siqueiros, pero su profundo amor por esta tierra quedó plasmado en un libro
Los hombres del campo, en el 97.
Matiz no pudo llegar al homenaje que le rendiría Conaculta al año
siguiente: murió con el pasaje que le enviaron en una mano y con el
pasaporte en otra. Pero además de un archivo de casi un millón de negativos,
dejó a su hija Alejandra, la guardiana de su memoria, quien viaja por el
mundo difundiendo una obra que todavía tiene mucho por descubrir.
Tomado del periódico El Espectador, 1 de junio de 2010 
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La Venezuela de Leo Matiz
Llega a la galería
Nueveochenta de Bogotá una selección
de fotografías
con lo mejor
del trabajo del fotògrafo
colombiano en el país vecino.
México y Venezuela fueron los dos países adoptivos del fotógrafo
colombiano Leo Matiz. En México retrató a la élite artística de los
cuarenta, entre ellos, Frida Kahlo, Diego Rivera, Agustín
Lara y María Félix. Luego, tras la
disputa que tuvo con el muralista David Alfaro Siqueiros por unas fotos de
su mural Cuauhtemoc contra
el mito que no fueron de su agrado, lo que
terminó con la quema de su estudio, decidió radicarse en Venezuela. Allí
permaneció, con algunas interrupciones, durante cuarenta años. A este
periodo de su vida y obra está dedicada la exposición Leo Matiz en
Venezuela 1950-1990,
que estará en la galería Nueveochenta de Bogotá desde el
28 de julio hasta el próximo
24de septiembre.
Consiguió
su primer trabajo en el país vecino en la revista El Mes Financiero y
Económico, gracias a la intermediación del periodista colombiano Plinio
Mendoza Neira. A cargo de la sección Así es Caracas, Matiz registró la
cotidianidad de la capital. Luego pasó a la revista Momento, junto a
Gabriel García Márquez. En compañía de su paisano de Aracataca, cubrió la
insurrección popular que en 1958 puso fin a los seis años de dictadura de
Marcos Pérez Jiménez. Las imágenes del día del levantamiento son uno de los
temas de la exposición.
Matiz, en general, logró registrar el cambio profundo que experimentó
esta nación tras la llegada de los dólares del petróleo. Se preocupó por
retratar las transformaciones que esa bonanza, junto con la democracia,
trajeron a campos como la arquitectura, la cultura, la publicidad y la vida
cotidiana. Sus fotos son la bitácora visual de la apertura de ese país al
mundo.
En la muestra figura también el testimonio gráfico del viaje de Fidel
Castro a Venezuela en 1959 -el
primero que hizo al exterior tras el triunfo de la revolución-con motivo del
primer año de la caída de Pérez Jiménez. En ellas se puede ver a Castro
mientras es aclamado en varios lugares de Caracas, entre ellos el aula
máxima de la Universidad Central de Venezuela. En la exposición también
estará el registro que hizo de la obra del arquitecto Carlos Raúl
Villanueva, retratos y episodios de la historia del país vecino que registró
primero como fotógrafo oficial del presidente Rómulo Betancourt y luego, en
los ochenta y noventa, desde la Oficina Central de Información de Venezuela.
Habrá también una selección de fotos abstractas que corresponden a su faceta
más cercana a la plástica.
La curaduría está a cargo del español de origen cubano Osbel Suárez
Breijo, quien se acaba de desempeñar como curador de la exposición
América fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973)
para la Fundación Juan March en Madrid, en la que incluyó a Matiz como único
representante colombiano en esta corriente artística del siglo XX. La
muestra tiene lugar al tiempo que la hija del maestro, Alejandra Matiz,
adelanta gestiones para repatriar el archivo de su padre, cuya
digitalización terminará el año entrante en México.
Tomado de la Revista Semana No. 756, 17 de julio de
2011

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Tras las huellas de un genio detrás
del lente
La obra fotográfica
de Leo Matiz, objeto de siete exposiciones en España,
México y Estados Unidos
por
Melissa
Serrato Ramírez
"Leo Matiz en las fotos no quiere decir más ni menos de lo
que su cámara ha registrado. Hay en ellas esa honestidad básica, ese rechazo
a toda retórica efectista, a todo barroquismo de simular, que las hace tan
evidentemente valiosas y perdurables. Leo Matiz sabe muy bien lo que quiere
que la cámara vea; es lo mismo que él ha visto y nada más".
Así
describió el poeta y novelista colombiano Alvaro Mutis una de las mirada más
certeras y que marcaron la fotografía del siglo XX. Por ello, no deja de
resultar curioso, según cuenta Alejandra, la hija de Matiz, que este artista
haya creído con pesimismo, resignación y humildad que la irrupción del color
en las instantáneas iba a relegar al olvido el trabajo de toda su vida.
La historia falló en favor de su blanco y negro, de ese
deseo de no dejar escapar en el tiempo a la vida misma, de las intensas y
sencillas escenas de la vida cotidiana, de la conmovedora y asombrosa
Colombia que recorrió y retrató de palmo a palmo y de los originales
retratos de personajes, eventos y situaciones de todo el mundo que
definieron su época.
Así lo atestiguan siete instituciones artísticas que dedican
sus espacios a exhibir la obra de este fotógrafo, natural de Aracataca. La
muestra colectiva ‘Caribbean Crossroads of the World’
(Cruces de caminos caribeños
del mundo), dividida en tres museos, muestra qué era
los que vela su ojo escrutador en el Caribe, y las cuatro restantes, otras
aristas de su particular trabajo, del que llegó a reunir más de 150.000
negativos, que hoy se digitalizan
para preservar el legado Matiz.
Tomado del periódico El Tiempo, 25 de junio de 2012

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A 14 años del fallecimiento del fotógrafo
colombiano Leo Matiz, su arte sigue tan vivo
como si su mágico tercer ojo continuara
obturando para capturar imágenes de los
personajes y paisajes que lo cautivaban.
La
semana pasada Alejandra Matiz, hija del
maestro y presidenta de la fundación que
promueve e investiga el legado visual del
reportero nacido en Aracataca (Magdalena),
en 1917, sorprendió con un anuncio al otro
lado de la línea: “Quiero compartir con los
periodistas colombianos un hallazgo
importante: 55 fotografías inéditas del
maestro, halladas en México. Estoy muy
feliz”.
Una felicidad que no necesitaba mención
porque con su sola voz la transmitía,
mientras que a su lado vociferaba
Miguel Ángel Flórez
Góngora, biógrafo del legendario fotógrafo,
quien prefirió no hablar, quizá ocupado
intentando meter su humanidad en cada imagen
rescatada para escudriñar lo esencial de
cada una, el instante decisivo del que nos
hablara Henri Cartier-Bresson.
Pues bien, se trata de 55 imágenes, la
mayoría de ellas referentes a la legendaria
pareja de artistas mexicanos Diego Rivera y
Frida Kahlo en los años 40.
De acuerdo con Alejandra Matiz, las
imágenes fueron captadas en la casa de
Dolores Olmedo, la Casa Azul, en Xochimilco,
Ciudad de México.
“El hallazgo ha sido muy importante, es
un tesoro, y a partir de 2013 este material
comenzará a exponerse en Japón, Emiratos
Árabes y Estados Unidos”, comenta la hija
del maestro en un comunicado oficial de la
Fundación Leo Matiz.
La obra fotográfica de Leo Matiz en
México se equipara a la de otros grandes
fotorreporteros como Edward Weston, Manuel
Álvarez Bravo y Tina Modotti.
Tomado del periódico El Espectador, 14 de noviembre de
2012

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Leo
Matiz - documental
Diego
Samper: dirección general y guión [Colombia, 2013]
Producida con el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia y la Fundación
Leo Matiz.
Marlene Escobar: edición de fotografía y animación
Jamie Griffiths: producción, dirección de fotografía, cámara, edición y
masterización de imagen
Antonio Arnedo: composición de música original
Miguel Ángel Flórez: investigación biográfica sobre Leo Matiz
Duración: 50 minutos
Sinopsis
En el
documental se explora la obra del fotógrafo colombiano Leo Matiz a partir de
un relato en primera persona: son sus imágenes y su voz las que nos relatan
la historia de sesenta años de práctica de este arte.
Un fotógrafo y su equipo de investigación viajan a México, donde está el
archivo de la Fundación Leo Matiz, y estudiando en detalle la colección, van
revelando los aspectos más trascendentes de su vida y las imágenes más
significativas de su obra. Surge la imagen de Matiz, viajero y apasionado de
la vida, reportero de guerra y explorador de la esencia de lo
latinoamericano, cronista de la gestión de la modernidad y pionero de la
reportería gráfica y la fotografía abstracta en Colombia. Una tras otra, sus
imágenes nos permiten descubrir un ser profundamente humano que supo
registrar con su cámara la luz y la sombra de la naturaleza humana.
Tomado de
http://www.museonacional.gov.co/htm/ev_calendar_det.php?id=1926&lan=s ,
2013

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Mirando el
infinito
A través de dos exposiciones simultáneas y diversas denominadas
Leo Matiz, mirando el infinito
e
Instantáneas del
sonido -La mirada de Leo Matiz a la música en América Latina, realizadas en
Bogotá, Colombia y la Ciudad de México, las memorables imágenes del
legendario fotógrafo colombiano Leo Matiz, estarán exhibidas en el
Museo
Nacional de Colombia y en el
Museo
Mural de Diego Rivera,
durante los meses de abril y junio de 2013,
respectivamente, y como parte de sendos Homenajes Nacionales ofrecidos por
Colombia y México para destacar el legado visual moderno e innovador
captado por el reportero gráfico nacido en 1917 en Aratacaca, Magdalena, y
reconocido como uno de los grandes foto-reporteros del siglo XX.
La muestra
Leo Matiz, mirando el Infinito
estará exhibida en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de
Colombia del 4 de abril al 19 de mayo de 2013 en Bogotá e incluye 128
fotografías en blanco y negro que reúne las imágenes realistas,
abstractas y vanguardistas de Leo Matiz.
La exposición
Leo Matiz, Mirando el Infinito,
realizada con el apoyo del
Museo
Nacional de Colombia- Ministerio de Cultura
y la
Fundación
Leo Matiz,
y con la curaduría del académico e investigador mexicano Ernesto Peñalosa,
incluye una selección de la fotografía documental humanista realizada por
Leo Matiz y al mismo tiempo ofrece una visión de la búsqueda modernista
del fotógrafo colombiano, en una línea experimental o abstracta, que lo
aproximó con las vanguardias artísticas del siglo XX.
Igualmente, dentro de los Homenajes Nacionales a Leo Matiz que se llevarán a
cabo durante el primer semestre del año en curso, del 16 de abril al 16 de
junio de 2013 se exhibirá en el
Museo
Mural de Diego Rivera
en Ciudad de México la exposición
Instantáneas del sonido -La mirada de Leo Matiz a la música en América
Latina,
que abarca un conjunto de 72 fotografías
vintages sobre músicos populares de Colombia, América Latina, Europa y
Estados Unidos y que fueron captados por el lente de Leo Matiz entre los
años 40s y 60s del siglo XX.
La muestra reúne una selección de fotografías antiguas y modernas de Leo
Matiz que presentan retratos de músicos, hasta ahora nunca exhibidos, tanto
de autores anónimos como de prestigio internacional entre los que se
destacan Pablo Casals, Louis Amstrong, Agustín Lara, Frank Preuss y Lucho
Bermúdez, entre otros.
Texto gentilmente suministrado por ArtNexus, 2013

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Exposición temporal
Leo Matiz, mirando el infinito
Museo Nacional de Colombia
Sala
de Exposiciones Temporales Gas Natural Fenosa,
4 de abril al 19 de mayo de 2013
La muestra incluye 128
fotografías en blanco y negro que revelan las diversas facetas y búsquedas
estéticas del legendario fotógrafo colombiano, reconocido como el creador de
memorables imágenes realistas, abstractas y vanguardistas. Un homenaje a 81
años de vida errante y fecunda, que convirtieron a Leo Matiz en una de las
personalidades más originales e innovadoras de la fotografía universal en el
siglo XX.
En el marco del programa Homenajes Nacionales,
el Museo Nacional - Ministerio de Cultura presenta la exposición temporal
Leo Matiz, mirando el infinito. La muestra se compone de imágenes que
revelan la estética humanista y de
posvanguardia del reportero gráfico nacido en Aracataca (Magdalena),
considerado uno de los fotógrafos más versátiles y singulares de la
reconocida generación de fotorreporteros que renovaron la escena del arte
fotográfico durante las primeras seis décadas del siglo pasado en Colombia,
América Latina, Estados Unidos y Europa.
En la exposición, que permanecerá en el Museo entre el
4 de abril y el 19 de mayo, se desarrollan varios aspectos temáticos que
abarcan fotografías de la cultura urbana, el agua, la tierra y el mundo
rural, el arte y el entretenimiento, los retratos de celebridades del siglo
XX, al igual que imágenes experimentales, vanguardistas y surrealistas que
revelan las diversas búsquedas expresivas de Leo Matiz y su esfuerzo por
transformar los códigos visuales establecidos, logrando inolvidables
composiciones realistas y geométricas que escapan a nuestra mirada habitual
sobre los seres y las cosas.
Leo Matiz colaboró con varias publicaciones en
Colombia como reportero gráfico. En 1940 partió hacia México, con el interés
de vislumbrar un escenario más amplio para su vocación de fotógrafo, pintor
y actor de cine; además, en la segunda
mitad del siglo XX estuvo en el Medio Oriente y el continente americano
haciendo profundos y sorprendentes trabajos para las revistas Así, Nosotros,
Life, Reader’s Digest, Harper Magazine, Estampa, Momento, Look y Norte, que
lo convirtieron en uno de los reporteros gráficos más innovadores de su
tiempo, “cuando no era común que los fotógrafos de la región se interesaran
por realizar su obra fuera de sus propias fronteras”, expresó Ernesto
Peñaloza Méndez, curador de la muestra y profesor del Instituto de
Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM).
La versatilidad de Leo Matiz
La exposición, concebida por el Museo Nacional
y la Fundación Leo Matiz como un amplio y versátil caleidoscopio sobre la
obra fotográfica de Matiz, está conformada en su gran mayoría por
ampliaciones originales hechas
por el artista. Su hilo conductor
busca mostrar la consolidación de los estilos y concepciones estéticas que
dominaron el trabajo visual de Matiz, “a caballo entre la renovación del
fotoperiodismo internacional y la tradición moderna, vinculada a las
vanguardias artísticas”, según lo definió Ernesto Peñaloza.
La exhibición se tituló Leo Matiz, mirando el
infinito, en alusión a una reflexión del fotógrafo, que se consideraba
destinado a las tragedias. “Me he salvado de los huracanes, de los volcanes
nacientes, de los ríos que se salen de su curso, de los atentados. Pero yo
no puedo dormir. He venido a ver el infinito”, confesó alguna vez.
En el marco de la muestra se publicará un catálogo y
el Ministerio de Cultura hará el lanzamiento del documental Leo Matiz,
dirigido por Diego Samper y realizado con el apoyo de la Fundación Leo
Matiz.
La exposición Leo Matiz, mirando el infinito es una
realidad gracias al patrocinio de Ecopetrol y Banco Itaú BBA, así como al
apoyo de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Colombia y la
Universidad Nacional Autónoma de México
Texto gentilmente suministrado por el Museo Nacional de
Colombia, 2013

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