Cartagena Ciudad Capital Bolivar

Cartagena, Bolivar

Ciudades y sitios (Arquitectura, murallas, corralito, hoteles, paisaje urbano, restaurantes, teatro Heredia)

Construcción

 

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Retrato de una Ciudad

Entre Abolengos y Tangas

por Plinio Apuleyo Mendoza

Vista desde el aire, a ojo de alcatraz, como la ha fotografiado Jaime Borda Martelo, la ciudad parece una salamandra tendida al sol sobre la losa azul del Caribe. A esta mirada aérea escapan los rincones más íntimos y los tesoros de la ciudad colonial del mismo modo que en otros tiempos, resguardados tras las murallas, escapaban también al catalejo de los piratas. En cambio Bocagrande despliega delante del mar y en torno al espejo de turquesa del Laguito y de la bahía el ímpetu de sus hoteles y edificios residenciales como una réplica de Miami Beach. El conjunto del sector tiene el vibrante encanto de las ciudades turísticas a orillas del mar.

Es una visión fastuosa y no obstante superficial. Cartagena es una ciudad única, milagrosamente preservada, joven y antigua a la vez, que merece la espectacular consagración hecha por la Unesco el 17 de agosto de 1985 al ser declarada patrimonio de la humanidad. A lo largo de sus 456 años de vida ha conocido sucesivamente épocas de esplendor y decadencia. Sus cronistas nos recuerdan con razón que fue la joya de España en el Caribe. Era objeto de temerarias codicias. Los piratas de su majestad británica soñaban con ella desde que entraban en las aguas reverberantes del mar de las Antillas, y con suerte variable intentaban desafiar los cañones de sus espléndidas fortificaciones.

Dos imperios enfrentados cruzaban gritos y disparos al otro lado de las murallas. "Su comercio -dice García Márquez en El amor en los tiempos del cólera- había sido el más próspero del Caribe en el siglo XVIII, sobre todo por el privilegio ingrato de ser el más grande mercado de esclavos africanos de las Américas". Los virreyes -recuerda también- preferían gobernar desde aquí, frente al océano del mundo, y no en la capital distante y helada cuya lluvia de siglos les trastornaba el sentido de la realidad".

La dama crepuscular

Para pintar la estampa de su pasado colonial, a esas imágenes de los galeones cargados con el oro de Lima, Potosí, Quito y Veracruz buscando en la bahía un abrigo a las mareas y los vientos; a los bucaneros, ebrios de sangre y alcohol, abriéndose paso a través del humo y el estrépito de la pólvora para saquear conventos y violar mujeres; de virreyes, marqueses, muchachas guardadas como joyas tras portones y persianas, de militares, frailes, buhoneros y esclavos marcados con hierros candentes; a todo eso habría que agregar los herejes, bígamos y brujos llevados ante el tribunal del Santo Oficio; el pavor de las bóvedas donde aguardaban la muerte; los rezos en el tembloroso resplandor de las velas; las leyendas gallegas y africanas de espantos y aparecidos susurradas en la oscuridad de portales y patios.

Dueña de este pasado de leyenda y de todas las glorias y desventuras de la guerra de independencia, la ciudad pareció entrar en la era republicana en un largo período de letargo y decadencia. Con sus treinta familias de apellidos ilustres, parecia una dama llena de abolengos, resignada a vivir, entre los diluvios del invierno y las brisas de diciembre, el crepúsculo de su antiguo prestigio colonial. De su pasado esclavista había guardado cierto desdén por la chusma mulata que invadía sus calles entre semana y prendía el sábado, con cualquier pretexto, las velas de la cumbia.

"Moridero de pobres" llama García Márquez a esta ciudad de comienzos de siglo, "donde se oxidaban las flores y se corrompía la sal, y a la cual no le había ocurrido nada en cuatro siglos, salvo envejecer despacio entre laureles marchitos y ciénagas podridas". Entrando en ella, de regreso de París, Juvenal Urbino experimenta desde el barco una sensación de terror. "El mar parecía de ceniza, los antiguos palacios de los marqueses estaban a punto de sucumbir a la proliferación de los mendigos, y era impensable encontrar la fragancia ardiente de los jazmines detrás de los sahumerios de muerte de los albañales abiertos".

Visión magnificada de un desastre, sin duda, pero desastre al fin y al cabo. Al otro lado de la ciudad tumultuosa y popular que crecía sin misericordia a orillas de las ciénagas, la ciudad dirigente mantenía su altiva respetabilidad. Clubes exclusivos y frescas casas de Manga, sombreadas por palmeras y con pórticos de columnas, le servían de refugio. El comercio, siempre activo en una ciudad portuaria, y la ganadería de las sabanas le permitían mantener su lustre tradicional. Entre esta alta clase y la pobrería que llenaba plazas y portales viviendo de cualquier cosa, no había sino una débil y modesta clase media de funcionarios y empleados, sin ninguna capacidad dirigente. Cartagena estaba lejos de tener la pujanza de Medellín o Ba rranquilla.

Esta situación llegó a ser como un sello heráldico de la ciudad hasta mediados de siglo. Con raras excepciones, líderes cívicos, empresarios, alcaldes, gobernadores, notabilidades políticas, historiadores o artistas lucían los plateados apellidos que en los archivos de la ciudad siempre figuraron en pape les protagónicos, inclusive a la hora de subir al cadalso durante los días heroicos. Vélez, Román, Pombo, Piñeres, Lequerica, Emiliani, Lemaitre, Del Castillo, Cavelier, Mogollón, Grau, Ángulo, Segovia, Martínez,  Aycardi, Zubiría, de la Vega, Martelo, y otros cuantos del mismo timbre giraban como brillantes libélulas en los salones del Club Cartagena o en el Club de Pesca, donde ningún montuno de las sabanas, que hubiese sudado su dinero cabalgando entre novillos o marcando reses, ponía allí sus pies.

La vida en el medio siglo

Las bonitas mujeres que en el Club Cartagena habían vivido noviazgos inocentes, bajo la mirada vigilante de padres y hermanos, con la música de Lucho Bermúdez o los boleros de Lara y Elvira Ríos invadiendo el aire tibio de la noche, una vez casadas matarían el ocio ardiente de las tardes jugando a la canasta o al vido, comentando entre risas de escándalo los chismes de Juanita en el Diario de la Costa o haciendo voluntariado social con la aprobación benévola del obispo. Jamás expusieron su piel al sol canicular de los mediodías ni iban a las playas, que eran invadidas por muchedumbres estrepitosas de los barrios populares y cachacos con gorras y franelas de turista, martirizados por los zancudos. Impecables en sus smokings tropicales, personajes como Fulgencio Lequerica, Vicente Martínez o el Bebé Martelo presidían las fiestas del 11I de noviembre y prestaban su mano para exhibir, ante el relámpago de los flash, a la nueva reina de la belleza.

Libres por una vez de jugar el papel de novios intachables o de escoltas principescos de las debutantes en sociedad, los muchachos de las buenas familias encontraban la manera de vivir alguna aventura efímera con muchachas más libres en los bailes tumultuosos de la Plaza de la Aduana o de la Plaza de los Coches, amparados por la impunidad del capuchón.

Tal fue la vida de Cartagena a la altura del medio siglo, cuando todavía el cordón umbilical con el pasado, con sus tradiciones, sus códigos éticos, su sentido de las distancias, no se había roto. Treinta años después, la ciudad es otra. No podría comparársele a la dama crepuscular de grandes abolengos, sino a una de esas muchachas bellas y elásticas sin miedo a nada, con pelo de huracán, que vibran al ritmo de candela viva de la salsa en las noches de La Escollera o el Club Náutico.

Nuevos aires

En muy buena parte, ese cambio se debe al aire fresco que viene soplando desde las universidades en los recintos de la clase dirigente. Activos profesionales, venidos de una emergente clase media, han tomado el timón que antes mantenían en sus manos las grandes familias. Alcalde, gobernador, dirigentes políticos, empresariales y cívicos vienen hoy de esa provincia que no ponía sus zapatos en el Club Cartagena. La sola Corporación Tecnológica de Bolívar reúne 2.000 estudiantes que se apartan, al fin, de las carreras tradicionales. El Club de Profesionales, en Crespo, tiene hoy en la ciudad un peso considerable.

La riqueza ha cambiado de manos. Febriles inversionistas del interior del país, olfateando la explosión turística de la ciudad, llena ron de nuevos edificios el sector de Bocagrande haciendo de la propiedad horizontal un vértigo de millones, de ofertas y demandas, de transacciones rápidas y atrevidas. El metro cuadrado puede alcanzar la cifra insolente de 375.000 pesos (1989). Todo, en tomo a la construcción, es fiebre e ímpetu, desde que el turismo selectivo que antes llenaba el Hotel del Caribe fue arrasado por el turismo medio y popular que, llegando con frecuencia en polvorientos automóviles, toma por asalto la ciudad en puentes y vacaciones.

La ciudad, que tuvo siempre, desde los tiempos remotos de la Colonia, una reputación de centro comercial, deriva ahora el 40 por ciento de sus ingresos de la industria. El complejo de Mamonal, que incluye grandes empresas petroleras, químicas y de agroindustria, ha venido creciendo de manera constante. Los nuevos proyectos de Atuncol, Agafano, Dexton, Dow Química, Hoechst, Holasa, Maltería Tropical, Petroquímica de Colombia, Siderúrgica del Caribe, Flota Mercante Grancolombiana y Drummond representan para la próxima década inversiones por más de 430 millones de dólares.

Si bien ejecutivos y empresarios del interior son mayoritarios en el manejo de esas empresas, Intercol tuvo en su momento la buena idea de reclutar y formar ejecutivos oriundos de la ciudad.

Aunque el turismo no representa sino el 5 por ciento de los ingresos de la ciudad, socialmente rinde un beneficio considerable. Desde los almidonados maitres del Hotel Hilton hasta las negras que venden cocos en la playa y los cocheros que llevan turistas por las calles dormidas de la ciudad vieja, miles de cartageneros viven de él. Si bien los canadienses de tercera edad que vienen para disfrutar del sol del Caribe se han ganado una reputación de avaricia, los turistas de los cruceros dejan cada uno en promedio doscientos dólares en la ciudad. Son ávidos compradores de esmeraldas y objetos de oro para prosperidad de las innumerables joyerías.

Dos ciudades

Pese a todo, el viejo espíritu de la ciudad no desaparece y sus tesoros coloniales en vez de ser relegados a segundo plano han tenido una espectacular revalorización. En el Club de Pesca revive la tradición cartagenera de la tertulia. Allí se reúnen todos los viernes viejos y nuevos cartageneros para cultivar el antiguo placer de la charla, alrededor de un trago, en el aire salobre del atardecer de la bahía: Enrique Zureck, Reinaldo Martínez, Fucho Román, Tico Rodríguez, Tico Cavelier, Guillermo Lequerica, León Trujillo, Juan Ignacio Gómez Nahar, Pablo Obregón, entre otros.

La ciudad que se alza dentro del recinto amurallado ha sido milagrosamente recuperada. Es como una tela antigua que hubiese sido objeto de una soberbia restauración. Asomarse a un balcón y mirar de noche las calles silenciosas alargándose entre vetustos caserones coloniales, oír el paso tranquilo de los coches, es como tener una visión del siglo XVIII. La vieja Cartagena produce esa sensación de encanto e irrealidad, de tiempo de tenido, que uno sólo percibe en Europa en ciudades tales como Ve necia o Brujas.

Los lugares que han surgido allí participan de la misma atmósfera evocativa. En Queimada, un bar penumbroso con un largo mostrador de madera, devotos del bolero vienen en las noches para oír cantar a Sofronin. A pocos metros de allí, en la casa suntuosa del bogotano Eduardo Puyana, el Bodegón de la Candelaria revive la atmósfera de un patio sevillano. El Mirador de los Altos es un lugar encantador desde donde se divisan los tejados y torres de la ciudad colonial. Es célebre su pianista español que toca hasta la madrugada. En la Plazuela de Santo Domingo, Pacos reúne una cliente la de jóvenes profesionales y ejecutivos. En las bóvedas, las peñas taurinas reviven otra vieja tradición de la ciudad.

Dentro de este vivo resurgimiento de Cartagena, viejos lugares cambian de cara. Cafés al aire libre, frecuentados por gente joven, animan la zona del Arenal, que en otro tiempo abrigaba talleres de reparación de embarcaciones pesqueras y burdeles de marineros. La vida cultural arde con vivacidad en torno a la Escuela de Bellas Artes, al Museo de Arte Moderno, a galerías de arte y a la Calle de la Facto ría donde Alejandro Obregón, que es hoy una institución de la ciudad, tiene su casa y taller. Docenas de muchachos devoran libros en la biblioteca Bartolomé Calvo, con la misma pasión con que asisten al Festival de Música del Caribe y al Festival de Cine.

Las muchachas de la nueva generación deben reírse hoy de sus madres y abuelas y de la vigilancia carcelaria a que fueron sometidas cuando eran jóvenes solteras. Deben reírse también de sus ejercicios de piano en la quietud de las tardes, sus juegos de canasta, sus clubes de jardinería y sus trajes de baño pudibundos. La tanga es hoy como un símbolo de la liberación. Las jóvenes cartageneras no le temen al sol, ni al mar, ni a los hombres; la relación con estos ha cambiado por completo. Con la misma saludable vitalidad deportiva se zambullen en el agua azul de las islas o en la música de la salsa y del rock que estremecen las noches de La Escollera.

Las viejas distancias sociales van quedando abolidas. Nadie se sor prende de ver al lado suyo, bailando con turistas italianos o gringos, a las muchachas de color que antes regaban los jardines o vendían alegrías por las calles. Inclusive para la clase alta y tradicional, el club dejó de ser el único lugar de encuentro. Se circula con mayor elasticidad en hoteles de lujo, restaurantes, residencias y apartamentos de bogota nos enamorados de Cartagena y en las casas de lujo que han sido edificadas en las islas.

Sede internacional

Las Islas del Rosario, justamente, son otro factor de cambio. Refugio en otro tiempo de pescadores de langostas y de pargos, entraron en la vida de la ciudad como su natural prolongación marina. Están lejanos los tiempos en que su primer colono fue un pescador negro que se denominaba a sí mismo Ricardo el rey de los tiburones. Sus verdaderos pioneros fueron hombres tales como Pepino Mogollón, José Vicente Truco, Rafael Obregón, Roberto de la Vega, Fucho Román y Hernán Echavarría. Los bogotanos las descubrirían desde cuando el presidente Pastrana Borrero las puso de moda.

Internacionalmente la ciudad cobró una dimensión prestigiosa cuando se inauguró el Centro de Convenciones y la Casa de Huéspedes. Presidentes y cancilleres de América Latina han ido allí una y otra vez. Felipe González, el jefe de Estado español, declara a quien quiera oírlo que Cartagena es una de las ciudades más fascinantes del mundo. El propio rey de España, Juan Carlos de Borbón, comparte este amor a primera vista. La conoció cuando era un tímido cadete naval. Volvería como invitado de honor con su esposa y su hijo, el príncipe de Asturias.

_Qué futuro le espera a la ciudad? Sus dirigentes cívicos, como Carlos Villalba Bustillo, fruncen el ceño recordando su crecimiento vertiginoso, la insuficiencia de su capacidad eléctrica y de los restantes servicios públicos, la especulación inmobiliaria y los problemas ecológicos que envenenan el agua de la bahía y matan peces y alcatraces. La traumática situación de Colombia, recientemente difundida en el exterior, aleja el turismo. Hoteles vacíos y solitarios parasoles en las playas son como un reflejo de esta situación preocupante. Son nubes, y ojalá nubes pasajeras como las que ensombrecen a veces los cielos del Caribe.

De todas maneras, un hecho es cierto: la ciudad ha emprendido un decidido despegue desde hace tres décadas y nada permite creer que no continuará con igual fuerza. Los suyos son problemas de crecimiento. Pero si hay algo extraordinario en la Cartagena de hoy es que su impetuosa modernidad y su estrepitosa vocación turística no han alterado, pese a todo, su espíritu tradicional. La ciudad colonial es conservada como una joya en su estuche de piedra. La vieja dama de abolengos y la muchacha de la tanga, su nieta, han logrado convivir en pleno acuerdo.

Plinio ApuletoMendoza
Tomado de la Revista Diners No.235, octubre de 1989

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CARTAGENA DE INDIAS VISIÓN PANORÁMICA

Por Adelaida Sourdis Nájera.

 

En su cuarto viaje Cristóbal Colón avistó las costas colombianas. En 1499 Alonso de Ojeda con Juan de la Cosa y Américo Vespucio descubrieron el Cabo de la Vela , en la Guajira y entre 1501 y 1502, Rodrigo de Bastidas bordeó toda la costa colombiana y descubrió la bahía de Cartagena. Entrados los conquistadores en “tierra firme”, o sea en el continente, en 1509 la Corona de Castilla creó las primeras divisiones administrativas en un área geográfica cuya extensión apenas se intuía. Nueva Andalucía y Castilla de Oro se llamaron, en homenaje a los reinos poseedores del nuevo mundo descubierto. La primera abarcaba desde el Cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá, o del Darién y la segunda el istmo de Panamá. En 1532, Pedro de Heredia, madrileño llegado a Santo Domingo con Bartolomé Colón y a Santa Marta con el gobernador Pedro de Vadillo, contrató con la Corona la conquista de una parte del territorio de Nueva Andalucía. Se le concedió la gobernación de Cartagena, que se extendía desde el río Magdalena hasta el golfo del Darién. Desembarcó en enero de 1533 y se asentó en el poblado de Calamarí (cangrejo en lengua nativa), en la isla de Karec a orillas de la bahía, que había sido abandonado por los indígenas. Después de buscar infructuosamente un sitio favorable con provisión de agua dulce para hacer la fundación a que estaba obligado, se decidió por el asentamiento nativo aunque no tuviera el anhelado río. Lo determinó la excelente bahía, bien protegida y con fondo suficiente para barcos de gran calado. Fundó la ciudad de Cartagena de Indias - para distinguirla de la Cartagena de España - , en junio de 1533.

Cartagena - Grabado en Atlas de Ogilby, 1671La ciudad prosperó rápidamente en razón del saqueo de los pueblos indígenas de la comarca y, sobre todo, de las sepulturas zenúes, abundantes en oro. Se convirtió en un puerto importante adonde llegaban y desde donde salían hombres y productos hacia otros lugares del Caribe y hacia España. Su cercanía al río Magdalena la determinó como punto de partida al interior del continente a través de dicha arteria fluvial, que era el camino de entrada al Nuevo Reino de Granada, la gobernación concedida a Gonzalo Jiménez de Quezada en el país de los Muiscas. Desde muy temprana época fue víctima de piratas y corsarios que navegaban bajo las banderas de los enemigos de España. Entre 1543 y 1697 sufrió seis ataques mayores con gran pérdida de vidas y patrimonio. Entre ellos el del inglés Francis Drake en 1586, y en 1697 el del Almirante francés, Jean Bernard Desjeans, Barón de Pointis.

DE FLOTAS Y GALEONES

Los metales preciosos del nuevo mundo, en especial la plata de México y Perú, comenzaron a inundar a Europa a través de España y ésta fue presa codiciada por sus enemigos (Holanda Inglaterra y Francia) que trataban de arrebatarle algo de sus fabulosos tesoros. Para protegerlos se inventó entonces un sistema de transporte hacia América que operó con buenos resultados durante más de un siglo: la Carrera de Indias, constituida por flotas de barcos mercantes, especialmente galeones, protegidos por navíos de guerra comandados por un Almirante. Como complemento se estableció el sistema de puerto único habilitado: Sevilla, en España, Cartagena, Portobelo, la Habana y Veracruz en América.


SIGLOS XVII y XVIII

La ciudad crece en población, prosperidad económica e importancia geopolítica . Cartagena llegó a ser puerto principalísimo y lugar estratégico en el Caribe. Su misión era proteger el tesoro del Perú y resguardar y aprovisionar la flota hasta su partida. En segundo término, actuar como Plaza Antemural y llave(1) del Nuevo Reino de Granada. Se organizó un complejo sistema de comunicaciones entre el Pacífico y el Caribe en el cual la ciudad de Heredia era punto de apoyo vital. La plata peruana se embarcaba en la llamada “armadilla del Sur”, en el puerto de El Callao, rumbo a la ciudad de Panamá en el Istmo. Simultáneamente se enviaba aviso por tierra a Cartagena en donde estaba surta la flota, la cual zarpaba hacia Nombre de Dios, en el siglo XVI y a Portobelo en el XVII para recoger el tesoro peruano. Vuelta a Cartagena, carenados los barcos y debidamente aprovisionados con agua y alimentos para el largo trayecto hacia España, partía con su valiosa carga. Con ella iban las perlas de la Guajira , el oro del Cauca, de Antioquia y el Chocó y los productos del Nuevo Reino que habían llegado a Cartagena por tierra y a través de los ríos Cauca y Magdalena. Con el fin de facilitar la comunicación de la ciudad con este último, se excavó en el siglo XVI el Canal del Dique aprovechando una vía natural formada por varias ciénagas y caños. Parte de Calamar hasta desembocar, antes en la bahía de Barbacoas y actualmente en la de Cartagena(2).
 

FERIAS Y CONTRABANDO

La actividad comercial y portuaria fue el quehacer vital de los cartageneros. La ciudad giraba en función de la llegada y salida de las flotas, la reparación y aprovisionamiento de los navíos y, ante todo, las ferias que se organizaban para vender las ropas y mercancías europeas llegadas en los convoyes. El puerto, poblado por gentes de todas clases, nacionales y extranjeras, bullía de actividad y presentaba un aire cosmopolita y alegre. Posaderos, tenderos, barberos, sastres, zapateros, pintores, plateros, carpinteros, calafateros, herreros, cargadores… todos en función de lograr una ganancia. Los precios subían, se especulaba con la escasez y las necesidades del momento, y el comercio de Sevilla y de Cádiz hacía su agosto. El resultado fue de esperarse, el contrabando ejercido por holandeses e ingleses en connivencia con autoridades y agentes locales, tejió una tupida red que fue el dolor de cabeza de la Corona pues nunca logró erradicar el lucrativo negocio.

FORTIFICACIONES

Castillo de San Felipe de Barajas,1964Desde que Cartagena sufrió los primeros asaltos piráticos sus habitantes reclamaron la construcción de defensas. No obstante, sólo después de los ataques de Hawkins y Drake la Corona determinó construir el imponente sistema defensivo, que encerró totalmente la ciudad con una muralla de piedra intercalada con fuertes y baluartes, la organizó como una Plaza Fuerte y la hizo inexpugnable(3). Pero no fueron tanto los ruegos de sus fieles vasallos los que decidieron a Felipe II a iniciar la construcción del monumental aparato de guerra, como la importancia de la ciudad en la geopolítica imperial pues era apoyo vital en la defensa y las comunicaciones del Perú y el Sur de América con la metrópoli. Para defender las más preciadas joyas de la Corona : el país de los Incas y el de los Mayas y Aztecas, se organizó un complejo sistema defensivo que bordeaba todo el mar Caribe(4) cuya eficiencia se probó a través de los años, pues a pesar de los múltiples intentos de sus enemigos y de su propia recesión y decadencia en el siglo XVII y buena parte del XVIII, España conservó casi intacto su imperio americano. Sólo lo perdió cuando sus propios súbditos decidieron hacer casa aparte.
 

PUERTO NEGRERO

Otro dudoso honor le cupo a Cartagena, ser la sede del tráfico de esclavos. La conquista, el maltrato, la sobreexplotación y en buena medida, las enfermedades y los males del alma, produjeron en el siglo XVI un catastrófico descenso de la población indígena que estuvo a punto de desaparecer. Se planteó entonces la necesidad de traer esclavos negros para reemplazar a los indios en las más arduas tareas de producción. Cartagena y Veracruz fueron los puertos de recibo del inhumano cargamento. Hacinados en embarcaciones sin las mínimas condiciones de salubridad, muchos enfermaban y morían en la travesía. El siglo XVII vio desfilar los barcos negreros trayendo “cargazones” de las costas y el Norte de África. Muchas etnias con diferentes lenguas, costumbres y creencias se mezclaban en el puerto haciendo de aquello un verdadero babel. Los compraban en pública subasta gentes de todas clases: padres de familia, comerciantes, ganaderos, agricultores, dueños de minas; en suma, todo aquel que podía darse el lujo de tenerlos. Sus precios eran elevados y llegaron a constituir el activos más valioso de las haciendas y las empresas mineras. De Cartagena partía la mayoría al interior del país, a Santafé, a las minas de Antioquia, Cauca y Chocó, y a destinos aún más lejanos en Quito o Perú. Un ínfimo consuelo tenían esos infelices, los amorosos cuidados y auxilios que les prestaba Pedro Claver, un bondadoso jesuita que dedicó su vida a socorrerlos. Sus esfuerzos y dedicación le merecieron la santificación y el título de “apóstol de los negros” con el que hoy se le venera. En el siglo XVIII la esclavitud decayó y dejó de ser rentable por el aumento de la población mestiza libre, que alquilaba sus servicios a precios ínfimos y a quien no había que albergar y vestir.

POBLACIÓN

Antes de la llegada de los españoles la costa colombiana a la altura de la provincia de Cartagena estaba habitada por tribus indígenas primitivas, belicosas y valientes, que defendieron con fiereza su territorio frente al invasor con flechas envenenadas lanzadas tanto por hombres como por mujeres. Pertenecían a la familia de los caribes, eran pescadores, recolectores y cultivaban la yuca y otros frutos de la tierra. Creían en el más allá, enterraban a sus muertos con ofrendas funerarias y en sus rituales algunos devoraban a sus enemigos. Fabricaban una cerámica sencilla, tejían la paja y el algodón y habitaban en bohíos construidos en bahareque y palma. Fueron violentamente sometidos por los españoles. En el interior de la provincia, en la cuenca de los ríos Sinú y San Jorge floreció la civilización Zenú, una importante cultura hidráulica que en épocas anteriores al siglo séptimo de nuestra era desarrolló un sistema de canales que controlaban las crecidas de los ríos, evitando las inundaciones en un área de aproximadamente 500.000 hectáreas . Fueron hábiles orfebres del oro(5).

Adolfo Meisel y María Aguilera presentan el siguiente cuadro de crecimiento demográfico de la ciudad en doscientos cuarenta y cuatro años(6).

 

AÑO

 

POBLACIÓN

 

1565

1.000

1630

6.000

1684

7341

1709

4.556

1777

13.690

1809

17.600

INQUISICIÓN

En 1610, cuarenta años después de haberla establecido en América, la Corona determinó crear un tercer tribunal del Santo Oficio de la Inquisición pues los de México y Lima no alcanzaban a cubrir el vasto imperio de ultramar. El sitio escogido fue Cartagena de Indias, adonde llegaron en septiembre de ese año los primeros inquisidores, los licenciados Pedro Mateo de Salcedo y Juan de Mañozca. Su jurisdicción era amplísima, cubría las islas de Barlovento y las provincias que dependían de las Audiencias de Santafé y de Santo Domingo. En términos eclesiásticos esto comprendía los obispados de Santo Domingo, Puerto Rico, Santiago de Cuba, Panamá, Cartagena, Santa Marta, Caracas, Santafé y Popayán(7). Permaneció en Cartagena hasta el 11 de noviembre de 1811, cuando la ciudad declaró su independencia absoluta de España y expulsó a los inquisidores quienes huyeron hacia Santa Marta. Con la reconquista por Pablo Morillo en 1816 regresó el odiado Tribunal. Actuó hasta 1821, fecha en que las últimas tropas realistas salieron para siempre de Colombia. Anna María Splendiani, estudiosa del tema, informa que durante los doscientos años de su vigencia la Inquisición llevó a cabo doce autos de fe, el primero en 1614, y les siguió juicio a aproximadamente ochocientas cincuenta personas de las cuales cinco fueron quemadas. El último reo juzgado fue el santafereño Rafael Barragán por haber proferido proposiciones heréticas. Fue muy sonado un auto de fe celebrado en 1636 en el cual se condenó a varios portugueses residentes en la ciudad por practicar el judaísmo. Se reunían en secreto en una casa del barrio Getsemaní para orar y estudiar la ley mosaica, respetaban el sábado y el ayuno judío y contribuían con dinero al sostenimiento de la comunidad judeo - portuguesa de Amsterdam. No fueron quemados pero se les torturó y desterró para siempre de los dominios españoles(8).

EL SIGLOXIX, INDEPENDENCIA, SACRIFICIO Y RECESIÓN

Las ideas liberales y autonomistas, ya incubadas en los criollos por la ilustración española, el enciclopedismo francés y la revolución de las colonias inglesas, tuvieron gran aceptación entre los dirigentes criollos, que se sumaron al movimiento contra Napoleón Bonaparte para preservar el imperio español bajo su monarca legítimo. Este movimiento, que sólo pretendió en un principio aplicar las ideas de la soberanía emanada del pueblo y no del derecho divino de los reyes y de la legítima resistencia al tirano para llenar el vacío de poder que había dejado la vacancia del trono por la prisión de los reyes, evolucionó hacia la idea de independencia absoluta de la metrópoli. Fue un proceso iniciado con las revoluciones de 1809 y 1810 y culminado en 1824 con las guerras de independencia. Dos etapas se distinguen en Colombia, en ese entonces Nueva Granada: de 1810 a 1815 y de 1816 a 1821. En la primera se organizaron la Juntas Supremas de Gobierno, en un principio defensoras de los derechos del Rey prisionero, pero autonomistas en su concepción de un gobierno propio no dependiente de las autoridades provisionales de España. En una segunda fase, con el desarrollo de los acontecimientos y las influencias externas esos cuerpos tomaron un carácter independentista radical, que se concretó en la guerra final liderada por Simón Bolívar.
 

En Cartagena se organizó la primera Junta Suprema de Gobierno el 22 de mayo de 1810, cuyo ejemplo siguieron los criollos de Cali, el tres de julio, Pamplona el cuatro, Socorro el diez y la capital Santafé, el veinte(9). Poco después en la provincia cartagenera se inició la emancipación absoluta. Mompox declaró su independencia de España el 6 de agosto de 1810 y fue duramente reprimida por Cartagena, pero un año después, el once de noviembre de 1811 la ciudad amurallada declaró su separación absoluta de España y estableció el Estado “libre, soberano e independiente”(10) de Cartagena de Indias. Esta república duró hasta el cinco de diciembre de 1815 cuando los patriotas evacuaron la ciudad ante la imposibilidad de continuar resistiendo a los ejércitos al mando del General Pablo Morillo, enviados por Fernando VII para reconquistar la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada.

Cartagena y su provincia soportaron un pavoroso asedio. La provincia fue invadida desde Santa Marta por tres puntos diferentes y la ciudad fue sitiada por mar y tierra durante 107 días. Las tropas invasoras impidieron la entrada de alimentos y refuerzos hasta rendir la Plaza por hambre. Caballos, burros, perros, cueros, ratas y otras alimañas fueron consumidos por una población hambrienta que prefirió la muerte antes que entregarse. El cinco de diciembre de 1815, al caer la tarde los patriotas evacuaron la ciudad en una flotilla de naves corsarias que logró burlar el cerco de los barcos realistas. Muchos naufragaron y otros fueron abandonados por los corsarios en playas panameñas después de haber sido despojados de las pocas pertenencias que habían logrado salvar. El seis de diciembre los españoles entraron a la ciudad donde sólo encontraron desolación y muerte. Eran tantos los cadáveres y tal la pestilencia, que Morillo ordenó apilarlos en barcazas, echarlos al mar y hacer sahumerios en toda la ciudad. Los relatos cuentan que se formó sobre la Plaza una densa nube que la cubrió durante varios días(11).


El siglo XIX vio el desplome de la otrora orgullosa Plaza Fuerte Antemural del Reino. Fue el último reducto de los españoles hasta el final de la guerra en junio de 1821, fecha en que las tropas de tierra y mar, comandadas por el General Mariano Montilla y el Capitán de Navío y Jefe de la Escuadra José Prudencio Padilla, lograron rendirla. El Teniente Coronel José María Córdoba, al frente del batallón de Antioquia fue el primero en entrar al recinto amurallado por la puerta de la Media Luna (infortunadamente demolida junto con otros baluartes y cortinas de murallas entre 1880 y 1924)(12).

El costo de la independencia fue catastrófico para Cartagena y su provincia(13). Significó la destrucción de su economía, la pérdida de su preeminencia geopolítica, el empobrecimiento y la recesión económica durante casi un siglo. La destrucción de la ciudad significó una caída dramática de su población. Perdió la mitad de sus habitantes y la casi totalidad de su clase dirigente, muerta durante el sitio, emigrada o sacrificada en los patíbulos de las autoridades realistas. De 18.708 personas que se calcularon para la ciudad en 1815, la población descendió según el censo de 1835 a 11.929 personas y siguió disminuyendo durante el siglo. En 1905 Cartagena apenas albergaba a 9.681 personas(14).
 

UN SIGLO PERDIDO

La república se construyó con derroteros diferentes y Cartagena quedó abandonada a su suerte. El canal del Dique obstruido por los realistas la dejó sin su mejor comunicación con el río Magdalena. El comercio que había sido su actividad principal decayó pues el volumen de las transacciones nacionales disminuyó y la ciudad ya no era puerto único. Además, el situado había dejado de llegar desde comienzos de la emancipación. El puerto y la aduana de Santa Marta sobrepasaron con mucho a Cartagena y a partir de 1870 Barranquilla se consolidó como el principal centro de la región y la tercera ciudad del país..

RECUPERACIÓN LENTA PERO SEGURA

Rafael Núñez, el hijo más preclaro de Cartagena, cuatro veces presidente de la república y padre de la constitución de 1886 que rigió a Colombia durante 105 años, fue artífice de la recuperación de la ciudad iniciada a finales del siglo XIX con la canalización del Canal del Dique. La reanudación de la navegabilidad de dicha vía y de los ríos Sinú y Atrato, la construcción del muelle de la Machina y la reactivación del puerto, la expansión de la ganadería y las exportaciones de vacunos hacia el interior del país, las Antillas y Venezuela y el alto volumen de las exportaciones de café, que sumaron 34.653 toneladas en 1898, permitieron que Cartagena se consolidara como el segundo puerto del país después de Barranquilla. La recuperación demográfica comenzó por fin en la siguiente centuria Entre 1912 y 1951 la tasa de crecimiento poblacional se situó en un 3.2%, la más alta en toda la historia de la ciudad, aunque estuvo por debajo de la de otras ciudades intermedias del país(15).

PETRÓLEO E INDUSTRIA

Dos factores marcaron el crecimiento económico en la primera mitad del siglo XX: la construcción del ferrocarril a Calamar, que mejoró la comunicación de la ciudad con el río Magdalena y el establecimiento de la Andean Petroleum Company. Esta empresa contrató con el gobierno la construcción de un oleoducto para transportar el petróleo del campo de “Las Infantas”, en Santander, hasta Mamonal, en la bahía y se vinculó a la ciudad amurallada como sede de sus negocios. Cartagena se convirtió en el primer puerto exportador de petróleo del país por lo cual el valor del tráfico de exportación superó al de Barranquilla. La Andean Construyó importantes obras de infraestructura y generó empleo lo que reanimó la vida económica de la ciudad(16).

En 1957 se terminó de construir en Mamonal una refinería de petróleo por la compañía INTERCOL. En 1974 la planta pasó a ser propiedad de la Empresa Colombiana de Petróleos ECOPETROL y diez años más tarde fue modernizada y ampliada. La confluencia de la industria petrolera y el gas natural generaron el nacimiento de un importante complejo petroquímico para producir amoníaco, acido nítrico, urea, abonos complejos y negro de humo, polietileno, P.V.C., cloro y otros productos. Ampliado el complejo, en la década de 1980 se crearon nuevas industrias de cemento, polietileno y polipropileno, surfactantes, aditivos para las industrias de detergentes y de cosméticos, poliuretanos y resinas epóxicas. Al lado de las petroquímicas se desarrollaron las metalmecánicas, de plásticos y del ramo de alimentos(17). En 2006 se constituyó la sociedad Refinería de Cartagena S.A, entre ECOPETROL y Glencore para ampliar la capacidad de carga de la planta, mejorar su factor de conversión y permitir la producción de combustibles más limpios(18).
 

La segunda mitad del siglo se caracterizó por el continuo crecimiento de la economía. La construcción, ligada al auge del turismo se presentó como uno de los sectores más dinámicos y la actividad portuaria se consolidó como la primera en el país. Cartagena movilizó el 34% de la carga total de todos los puertos nacionales(19).

TURISMO Y CULTURA

A partir de mediados del siglo pasado la actividad turística cobró importancia en el mundo. Colombia tomó la determinación de desarrollar la industria y Cartagena se convirtió en el primer destino para el turismo nacional e internacional. A fin de adecuar la ciudad a su nuevo objetivo el Gobierno nacional emprendió un programa de revalorización y restauración de su arquitectura monumental, bastante completa a pesar del “murallicidio” del siglo XIX. Castillos, baluartes, fuertes y murallas recobraron su antiguo esplendor bajo la dirección de expertos nacionales y extranjeros. Le siguieron las antiguas casonas que volvieron a vivir en manos de propios y foráneos. Se construyeron hoteles y un gran Centro de Convenciones, se montaron restaurantes, se organizaron festivales: de cine, de literatura, de música, el concurso nacional de la belleza …

Como las fortificaciones constituyen la muestra más completa de la arquitectura militar del imperio español en América, en 1984 la UNESCO declaró al sector histórico de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad. Actualmente Cartagena tiene la categoría de Distrito Turístico Y Cultural y es sede alterna y habitación del Presidente de la República en el Caribe, en la Casa del Fuerte de San Juan de Manzanillo, hermosamente restaurado y acondicionado para instalaciones del primer mandatario y alojamiento de huéspedes ilustres de Colombia.

INDICADORES SOCIALES Y ECONÓMICOS

En esta “ciudad de los espejos”, como la llamó Alberto Abello en razón del reflejo un tanto irreal que produce su historia y su centro amurallado cargados de misterios que acaparan la atención y se quedan en los imaginarios colectivos, se mantiene una enorme inequidad social. Es una ciudad dual, fragmentada, en la cual la distribución del ingreso es profundamente desigual y gran parte de sus habitantes sufre la pobreza y la miseria. En una población estimada en el 2003 en un millón de personas, el 80% vivía en estratos uno, dos y tres, un 15% en estratos cuatro y cinco y sólo un 4% en estrato seis. En 2002 el 74% de las familias registradas en el Sisben pertenecían a los estratos 1 y 2. A ellos se suman los numerosos desplazados por el conflicto armado que llegan diariamente buscando una nueva vida(20).

Se hacen esfuerzos continuados por dar soluciones al problema y los indicadores sociales de 2007, elaborados por varias instituciones de la ciudad, muestran una mejoría en los sectores de salud, en el cual se logró en 2006 en el Régimen Subsidiado de Salud una cobertura casi total de la población; servicios públicos de agua, alcantarillado, energía eléctrica y gas, en el cual hubo un incremento notable en el estrato 1 seguido del 6; en los delitos contra la vida y el patrimonio que se redujeron a 324 en el primer semestre de 2007. El desempleo disminuyó ligeramente pero la mayor ocupación ocurrió en el sector informal donde un 65.4% de los trabajos se dieron en actividades excluidas de los beneficios legales, contra un 34.6% de los puestos laborales en el sector formal. La deserción escolar fue del 23.4%(21). Los resultados económicos han sido positivos. El 2006 mostró un bajo aumento en los precios, creación de nuevas empresas, crecimiento de la industria, especialmente en el sector de la construcción, aumento de la ocupación hotelera, crecimiento del comercio exterior y de las captaciones del sistema financiero(22).

El “corralito de piedra”, como la bautizó cariñosamente Daniel Lemaitre, o “la heroica” como la ha denominado la historia, es una de las ciudades más queridas por los colombianos que sueñan con visitarla, no sólo porque ven en ella un bello símbolo de la nacionalidad, sino porque el cartagenero se distingue por su alegría, su natural inteligencia, su afán de servicio y su actitud acogedora hacia todo el que llega.


Bibliografía

(1) Se llamaban “llaves” a los puntos que abrían la entrada a los territorios continentales e insulares del imperio. Existieron 20, la primera era Veracruz, llave del virreinato de Nueva España y la 20 era Jamaica, llamada la “llave perdida del imperio español” pues cayó en manos de los ingleses en 1659. Cartagena era la número 15.

(2) Su curso original rectificado para desembocar en la bahía de Cartagena está produciendo un peligroso fenómeno de sedimentación que amenaza las condiciones de navegabilidad de la bahía.

(3) Ver: SEGOVIA SALAS, Rodolfo, Las fortificaciones de Cartagena. Bogotá, 1982, Carlos Valencia Editores.

(4) Ver: SEGOVIA SALAS, Rodolfo, El lago de piedra: la geopolítica de las fortificaciones españolas del Caribe (1586—1786). Bogotá, 2006. El Ancora Editores.

(5) Ver: PLAZAS, Clemencia y Ana María FALCHETTI de SÁENZ, Asentamientos Prehispánicos en el Bajo Río San Jorge. Bogotá, 1981, Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República.

(6)MEISEL ROCA, Adolfo y María AGUILERA DIAZ, Cartagena de Indias en 1777: un análisis demográfico. Bogotá, 1997. Biblioteca Luís Ángel Arango, Boletín Cultural y Bibliográfico, No. 45, p. 24.

(7)Popayán estaba sujeta a la Audiencia de Quito, pero la jurisdicción eclesiástica no siempre correspondía a la a la administrativa por lo cual esta ciudad quedó bajo el tribunal de Cartagena.

(8)SPLENDIANI, Anna María. Cincuenta años de inquisición en el tribunal de Cartagena de Indias 1610 - 1650. Bogotá : Centro Editorial Javeriano - Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1997.

(9)SOURDIS, Adelaida, Cartagena de Indias durante la Primera República 1810—1815. Banco de República. Bogotá, 1988. pp. 28—29.

(10)Acta de Independencia de Cartagena.

(11)SOURDIS, Adelaida, Cartagena de Indias durante la primera República… op. cit.

(12)Ver: Cronología del murallicidio, en: MEISEL ROCA, Adolfo y María Aguilera Díaz , La economía de Cartagena y los beneficios de la apertura. Cartagena, 2004, Banco de la Republica.

(13)La provincia de Cartagena comprendía los actuales departamentos de Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre y San Andrés y Providencia, el único que por su situación geográfica insular se salvó de la destrucción.

(14)SOURDIS NÁJERA. Adelaida, El precio de la independencia: la población de Cartagena de Indias (1814—1816). Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Historia de los Procesos de Independencia en la América Española. Bucaramanga, 2006. En: Anuario de Historia Regional y de las Fronteras. Vol. 12, septiembre 2007. Universidad Industrial de Santander. Boletín de Historia y Antigüedades. Vol. XCIV, No. 836. Bogotá, 2007.

(15)MEISEL ROCA y AGUILERA, op. cit.

(16)Ibíd.

(17)SOURDIS, Adelaida, Reseña Histórica, El departamento de Bolívar. En: Bolívar y Cartagena: Compendio Estadístico. Cartagena, 1992. Banco de la República, Investigaciones Económicas.

(18)http://www.ecopetrol.com.co/contenido

(19)OBSERVATORIO DEL CARIBE COLOMBIANO, Cartagena de Indias, sobrellevando la crisis. En: Cuadernos Regionales, No. 7, octubre 1999.

(20)ABELLO, Alberto, Cartagena de Indias, la Ciudad de los Espejos . Ponencia presentada en el seminario “La ciudad desde el margen”, organizado por el Observatorio del Caribe Colombiano y la Secretaría de Planeación Distrital. Cartagena, 26 de junio de 2003.

(21)OBSERVATORIO DEL CARIBE COLOMBIANO, Cuadernos de Coyuntura Social de Cartagena, No. 11, octubre 2007. Indicadores Sociales de Cartagena.

(22)OBSERVATORIO DEL CARIBE COLOMBIANO, Cuadernos de Coyuntura Económica de Cartagena, no. 21, noviembre de 2006.

Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 222, Junio de 2008
http://www.banrepcultural.org/revista-91 

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Cartagena de Indias

Situada frente al mar Caribe, en el departamento de Bolívar, Cartagena de Indias se constituye en uno de los conjuntos arquitectónicos más representativos del período colonial en Colombia.

Las primeras construcciones de la ciudad fueron casas elaboradas en paja y madera, que alojaron a los recién llegados colonizadores. Fue en el siglo XVII cuando los albañiles provenientes de España iniciaron la edificación de viviendas y claustros conventuales, aplicando los conceptos y técnicas aprendidos en la Península Ibérica, especialmente en Andalucía.

Ellos debieron adaptar sus conocimientos a las condiciones físicas y climáticas del nuevo territorio. Esto dio como resultado dos de las características más importantes de la arquitectura cartagenera: ante la falta de piedra fue necesario utilizar como material básico para las construcciones la piedra coralina. Además, el ambiente excesivamente salino impidió el uso del hierro para las rejas de las ventanas y balcones, y llevó a los artesanos a  trabajar los enrejados en madera, un arte uso que desarrollaron con maestría.

ATRACTIVOS TURÍSTICOS

Casa de la Aduana: Se encuentra ubicada en la Plaza de la Aduana. Fue uno de los primeros edificios construidos en Cartagena de Indias y su estilo es renacentista. En esta edificación tiene su sede la Alcaldía de la ciudad.

Iglesia y Convento de Santo Domingo: Esta construcción, localizada en la Plaza de Santo Domingo, es el templo más antiguo de Cartagena de Indias. En su fachada se destaca el gran portón, que sigue el estilo del Renacimiento español de finales del siglo XVI.

Casa de la Moneda: En ella se aprecian algunas de las características de las viviendas cartageneras construidas en el siglo XVII: los grandes ventanales, los balcones volados de madera y el amplio zaguán.

Palacio de la Inquisición: Hace parte de las construcciones de la arquitectura civil cartagenera del siglo XVIII. En él funciona actualmente el Museo Histórico de Cartagena, el cual reúne una colección de objetos históricos y artísticos que recrean la vida de la ciudad desde la época precolombina hasta la actualidad.

Convento de Nuestra Señora de la Candelaria de la Popa: En la cima del cerro de la Popa se encuentra este complejo religioso, que originalmente se construyó en madera y palma, y años después adoptó su estructura de cal y canto. Sirvió como fuerte al Libertador Simón Bolívar y hoy es sede del Museo Religioso.

Castillo de San Felipe de Barajas: Es una mole de piedra con 63 cañones, construida siguiendo las normas de la arquitectura militar de la colonia. Sus baterías y emplazamientos de artillería están comunicados por galerías subterráneas.

Manga: Este es un sector residencial y portuario que inició su urbanización a comienzos del siglo XX con la construcción de quintas inspiradas en las villas del sur de Francia. En Manga se utilizaron por primera vez materiales como el concreto y los pisos de mosaico.

Tomado del folleto Vive Colombia, 2010