Carlos Duque

Palmira, Valle

Fotografos

Figura Humana

Del 23/07/2015 al 23/08/2015

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Carlos Duque

fotógrafo

A ColArte

Imagen

 


Las caras desconocidas de Carlos Duque

En lo más alto de una biblioteca  consecuente en su desorden reposa aquella imagen de Luís Carlos Galán. Esa que parece estar tatuada en la memoria de un país. Esa foto que con un alarido mudo insiste en recordarle a Carlos Duque, el publicista, que en el fondo es un perseguidor de instantes en la vida de la gente. Un retratista.

"De la fotografía editorial es muy berraco vivir", y sí lo dice Duque debe ser verdad. Sin embargo él decidió llevar al límite una afición que empezó cuando era estudiante de primaria. En ese entonces, y como todos los niños que pasan por el colegio, Carlos ilustraba a Bolívar y Jesucristo. Pero más allá de las tareas, en sus ratos libres buscaba fotos en revistas para reproducir. Dibujó y les hizo caricaturas a los Beatles, Elvis Presley, Sophia Loren, Brigitte Bardot...

Con el tiempo se fue sofisticando y descubrió la cámara como mecanismo para perpetuar a las personas. No la volvería a abandonar. Hace un par de meses ingresó a la era digital: cambió el rollo por una tarjeta de memoria, el químico del revelado por la tinta de una impresora y el cuarto oscuro por un computador.

Y es que además de intenso, es un esclavo de su pasión. "Lo veo todo en gris". Esa decisión de quitarle por completo el color a sus retratos es una herencia de su maestro Fernell Franco, quien siempre le dijo que la realidad era blanca y negra. Que sólo la fantasía tenía color.

Duque no se queda quieto. Salta de una idea a otra. Pasa del sofá al espacio donde una mesa auxiliar reemplaza el comedor. Habla del afiche de un bebé diabólico que cuelga de su pared. Comparte como profesor sus años de experiencia.

"Una cámara es un mierda muy agresiva. Pero a pesar del miedo, a la gente le fascina que le tomen fotos". Trata siempre de que sus `modelos no se rían, que no se pongan esa máscara. Para eso Duque ha desarrollado una enorme facilidad para que los personajes se sientan cómodos y sucumban a sus ideas. Así logró que Fernando Botero se metiera a una tina, Robinson Díaz se quitara la ropa e Isabella Santodomingo se acostara desnuda sobre un caballo.

"Tengo una galería de la Colombia positiva". Antes de fin de año planea exponer unas 100 fotografias, en su mayoría inéditas. Contra todos los pronósticos, y a pesar de haberse convertido en el publicista electoral oficial y en un amuleto para los candidatos, no persigue políticos. Tampoco modelos. A la hora de retratar prefiere a personajes con recorrido -preferiblemente en el arte-, que hayan trabajado por el país, pero ante todo que él admire.

¿Qyé personaje le falta? Sin necesidad de pensarlo contesta: Shakira. Pero también vísualiza a Paula Andrea Betancur en un escritorio en su faceta de empresaria. Y a Germán Vargas Lleras con su mano herida. Lamenta el fallecimiento del maestro Eduardo Ramírez Villamizar y el de Enrique Grau, a los que nunca retrató...

Ccuenta con detalle sus sesiones fotográficas. Cada una es distinta, aunque siempre llega con un asistente y con la idea en la cabeza. "Ese es el 50% de la foto". Tarda una hora si es una toma simple y unas ocho si se trata de una producción más obsesiva.

Admira a los maestros del retrato. A Leonardo da Vincí y su Mona Lísa. A Rembrandt, Rubens. A Helmut Newton, Anníe Leibovitz. A Osuna y Hernán Díaz en Colombia.

Ya se había fumado buena parte de una cajetilla de Kent y había pedido una pizza. En eso llegó el momento que posara él para una foto. Opinó sobre la luz, pidió "menos brillo en la escasez de pelo" y ayudó con el montaje, todo sin arrebatarle el protagonismo a un fotógrafo asustado por enfrentar a un retratista aficionado con cara de profesional.

Tomado de la revista Cromos No.4515, 30 de agosto de 2004

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1947 - Palmira, Valle

Publicista

Construyó la imagen de Luis Carlos Galán para su compaña publicitaria

Ultimamente se ha especializado en fotografia de semidesnudos de actrices y personajes:  Enrique Santos, Jesus Piñacué, Isabella Santodomingo, Marcela Carvajal, Juanita Acosta, Flora Martinez ......

Ha publicado varios articulos ilustrados de gran éxito en la Revista Diners

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Semblanza de Carlos Duque  

A CARLOS DUQUE LE HUBIERA GUSTADO tomar la foto que aparece en esta página, porque él es fotógrafo y ya se sabe que los fotógrafos prefieren hacer fotos y no posar para otro fotógrafo.

Pero también le hubiera gustado diseñar estas dos páginas, porque él es diseñador y, de paso, si lo hubiéramos dejado, habría propuesto un nuevo concepto para el diseño total de la revista, incluyendo la carátula y un gran afiche en la página central, porque Duque es un experto en hacer afiches (recuerden el afiche de Galán).

Es más, si fuera por él, se habría encargado de hacer todos los avisos, porque Duque es publicista y, por no dejar, habría asumido además el manejo de la imagen de la revista, porque manejar la imagen (de un político, de un producto, de un programa de televisión, de una empresa) es una de las cosas que más le gusta a Duque.

Sin hablar de que le hubiera encantado escribir este texto y ponerle título, porque conoce como pocos el valor de las palabras y sabe que una palabra vale tanto como una imagen.

En fin, aquí vemos a un Duque de cuerpo entero, el fotógrafo, el diseñador, el publicista, el que maneja la imagen, el que hace los afiches, el que escribe, aunque en esta página lo único que lo dejamos hacer fue posar.  

Tomado de la Revista Cromos No.4122, enero 27 de 1997

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Fotógrafo y publicista.

- Transparencia es una expresión que está de moda en la moda. Hace referencia a una especie de caricia visual en la que la piel se mezcla con los materiales del vestido, no para insinuar sino para conceder. Eso es erotismo. Existe otro tipo de transparencia que es ala que hace mención permanente el sociólogo francés, Jean Baudrillard, y que consiste en la exposición burda de la intimidad, sea esta un secreto de estado, el horror de la guerra o una esquina del cuerpo humano; eso es pornografía.

Es indudable que las masas prefieren la evidencia y la contundencia sexuales, especialmente si estas vienen a todo color. Los medios impresos y audiovisuales están repletos de cuerpos hermosos y vacíos que se repiten hasta el infinito hasta lograr que la identidad de sus dueños desaparezca en esa orgía de falsa sensualidad, ante la mirada cruda del espectador.El retrato erótico es mi campo. Es decir, aquel en el que el protagonista se desnuda en cuerpo y alma para exponer su edad, su oficio, sus miedos o sus sueños. Acudo con frecuencia a la dramatización con el fin de aportar una historia que contextualice al personaje, que construya y justifique una relación erótica con el espectador. Prefiero el blanco y negro que el color, porque al contradecir el código del observador, lo obligo a hacer abstracción de la imagen e ingresar al terreno de la ficción, no con sus propias reglas sino con las mías. El erotismo es al sexo lo que la poesía es a la palabra.

Carlos Duque
El Tiempo, enero 6 de 2002

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Por primera vez en su vida el publicista y diseñador Carlos Duque hace una exposición de fotografía, que estará abierta al público en la galería Diners de Santafé de Bogotá hasta el 27 de abril (1996). Aunque la fotografía no es el área principal de su trabajo, Duque la estudió como complemento del dibujo, de la pintura y el diseño, en el Art Center College of Design de Los Angeles

Las cien fotografías que forman la exposición tienen un formato de 20 cms por 30 cms y son en color y en blanco y negro. Los temas son tan variados como paisajes, rostros y objetos, pero ante todo son disculpas de una cámara, que se convierte en testigo de las miradas del publicista cuando no está trabajando. Y en esto radica gran parte de la importancia de la exposición, ya que es un trabajo desprevenido que dice mucho de la sensibilidad de Duque. De todos modos, la composición espontánea de las fotos, como el enfoque de las mismas, llevan implícitas esa manera de ver el mundo de una persona que se ha formado en el diseño.

Para Carlos Duque el propósito de esta exhibición es "Deshacerme de un archivo de fotografías que llevo acumulando durante 28 años. Es como quitarme una carga de encima, como cuando uno se desempapela para mostrarle a los amigos lo que encontró en el closet".

Tomado de la Revista Alo Casa,  Volumen 16, 1996

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El Duque de la Imagen

Con el afiche de Alvaro Uribe el publicista Carlos Duque saborea un triunfo que buscaba desde hace 20 años. 

El publicista Carlos Duque (Palmira, Valle, 1946) es la única persona del equipo de campaña que trabajó con Alvaro Uribe que aún no ha celebrado la elección del Presidente. "Tenía tantos deseos de ganar que ahora que lo logré miro el pasado sin tener un segundo para gozarme el presente ".

En efecto, mientras los uribistas festejaban él estaba en las oficinas de Duque Imagen, en el norte de Bogotá, contemplando la ciudad, hacia el sur, hacia Soacha, donde cae el sol y donde cayó asesinado el primer dirigente político a quien él le hizo un afiche inolvidable. Era Luis Carlos Galán. Hace 20 años llegó a su oficina en compañía de Maruja Pachón y le dijo: "Necesito que me ayudes para llegar a la Presidencia ". Duque se encerró durante una semana, vio retratos, analizó gestos, recuperó imágenes, hasta que encontró una fotografía tomada por un reportero de Bucaramanga que lo decía todo: "Me basé en ella para hacer el trabajo". A Galán lo mataron pero la imagen lo persiguió. "!Ah, usted es el del afiche de Galán!". Lo buscaron, entre otros, Pastrana para las elecciones de 1994, Peñalosa para las de la Alcaldía. Con tan mala fortuna que Samper le ganó al conservador y Mockus al liberal.

El creativo y estupendo publicista cultivaba una fama fatal: "Duque, qué buen trabajo pero ¿cuándo uno de tus candidatos va a ganar?-. Su autoestima no disminuyó.

Al contrario, siguió siendo el buen conversador que es, el tipo al que le gusta la rumba y el mismo que es capaz de pararse solo, durante horas, conmovido, ante el Guernica de Picasso en el Reina Sofía de Madrid; o de maravillarse ante el Sansón cegado por los filisteos de Rembrandt. Y el mismo que mira sin ver mucha televisión por que en realidad se instala frente a la pantalla y durante jornadas cambia y cambia de canal por el sólo placer de nutrirse de imágenes.

Así que siguió trabajando a todo vapor: Se volvió indispensable para las audaces portadas de la revista Diners, metió el hombro para ayudar a las fotoexposiciones callejeras que se tomaron a Bogotá hasta que un día lo llamó Alvaro Uribe. "Fue como volver 20 años atrás. El y Galán tienen la similitud que saben con certeza para dónde van, qué quieren de sus vidas, no vacilan en sus propuestas, la disidencia, en fin ".

Entonces le tomó una foto al espléndido cielo de Manizales, retrató las banderas amarilla, azul y roja en la luz de Bogotá y le tomó una foto al candidato en lo que él se siente pleno: en su casa de Rionegro (Antioquia). Luego le colocó una frase que él le escuchó en uno de sus discursos: "Mano firme, corazón grande". Y la imagen creada por Duque se consolidó. Y este hombre casado cuatro veces, padre de dos hijas y amante eterno de Bogotá, sintió que por fin iba a ganar unas elecciones. Cuando lo logró no sintió ganas de celebrar sino de hacer un balance de su vida, llena de imágenes para la historia.

Tomado de la Revista Semana No. 1048, 3 de junio de 2002

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EL ARTE DE VER 

Por William Ospina

kafka afirmó con cierta decepción que la fotografía sólo sabe darnos superficies. Alguien ha debido explicarle que eso no significa que no pueda darnos lo profundo, porque el arte de la fotografía tiene el deber de mostrar lo hondo en lo superficial, lo oculto en lo visible. No en vano Proust declaró que lo más profundo es la piel, y Oscar Wilde dejó dicho que sólo los superfluos no juzgan por las apariencias.

Carlos Duque ha combinado su labor como comunicador y publicista, oficios que siempre afirman cosas, con su vocación de fotógrafo, y en particular de retratista, un arte que, antes que afirmar, interroga. Su aventura en ese campo reúne una vasta galería de personajes, casi todos colombianos, cuyo tejido de luz y de sombras nos ofrece a menudo minuciosas revelaciones. Duque es creador de símbolos pero también un explorador del sentido de los rostros a los que se acerca. Una atmósfera o un objeto pueden ayudarle enseguida a revelar la clave de un destino; pero a veces un carácter sólo emerge al ser asediado desde ángulos o momentos diversos.

Duque ha creado algunas imágenes muy familiares para los colombianos. A partir de una fotografía de Luis Carlos Galán hizo un dibujo que llegó a representar menos a un hombre que a un proyecto político; un dibujo que incluso, como suele ocurrir con los símbolos, llegó a parecerse más al proyecto que el personaje mismo. Era la evocación de un viejo dibujo de Gaitán con el grito elocuente y el brazo en alto que en una época simbolizó la rebeldía colombiana. También una fotografía de Jaime Garzón, con un pato en las manos, simbolizó hace algún tiempo una arriesgada frontera de crítica social, humor e irreverencia. Y la fotografía de Isabela Santo Domingo desnuda sobre un caballo anda cabalgando por la imaginación de muchos colombianos.

A esos símbolos establecidos, ya deberían haberse añadido en nuestra conciencia otras obras de Duque: el retrato de Yolanda Pulecio, que bien puede simbolizar la dignidad y el dolor de las madres colombianas, siempre postergadas por los mezquinos cálculos del poder; el rostro de Tatiana de los Ríos mirando al cielo con sus ojos enormes que parece encarnar el verso de Angelus Silesius "La rosa es sin por qué, florece porque florece"; el retrato joven del fotógrafo Fernell Franco, cuya mano sin cámara no deja de buscar el encuadre de lo que está viendo; el rostro grave de Santiago García contrastando con la brillante nariz de payaso; el retrato de Fanny Mikey con una nube luminosa en su cabeza; y el retrato de Marcela Carvajal, un Hamlet femenino con un cráneo en la mano.

¿Qué busca descubrir Carlos Duque en sus personajes? Casi todos son seres públicos, de los que creemos saber mucho. Un alcalde, un Presidente, una modelo, una actriz, un director de teatro, un pintor, un escritor, una artista. El fotógrafo sabe que creemos conocerlos y juega a confirmar nuestra idea de ellos. Pero algo inesperado entra en escena, un aparente juego de ingenio que se convierte en una exploración más profunda del alma de los personajes.

La risa de papel de Poncho Rentería nos recuerda que su humor es un tipo de prosa; el claroscuro del retrato del alcalde Jaime Castro nos hace sentir la melancolía del poder; a la estampa de Martha Senn la ciñe un espacio con sentido musical; la mano nerviosa de Pilar Castaño, cubierto el rostro con su propio cabello, muestra a alguien acostumbrado a ser visto esforzándose por ver; el entorno oscuro del caricaturista Héctor Osuna hace que sólo veamos la mano y la cabeza que lo definen: la sonrisa en la mirada y el escepticismo en los labios, la franqueza en la mano y el oído junto al lápiz; en el retrato de Alonso Sánchez, de pronto, como en un sueño, a un personaje corriente le brotan garras de halcón o uñas de pantera; el retrato de Fernando Gaitán está ceñido por un vuelo de páginas detenidas en el aire; el retrato de Sergio Cabrera nos sugiere que hay algo oriental en su mirada. Duque no afirma nada aquí: es un artista que interroga y su giere. A veces sin darse cuenta nos revela cosas, como en esos cuatro retratos de Álvaro Uribe que parecen de cuatro personas distintas; como ese de Saramago en el que la mano parece imponerse sobre el rostro, como delatando a alguien que antepone la realidad a la imaginación y la acción al mero pensamiento; como Jacanamijoy, con un lienzo en blanco siempre esperándolo y la sonrisa feliz de quien está satisfecho de su destino; y como el bellísimo retrato de Débora Arango, tal vez el más hondo de todos, en el que nos conmueven la dignidad y la franqueza, la nobleza del rostro dibujado por los años y el resplandor de la mirada de quien supo obedecer siempre a su corazón.

En ese momento ya el personaje no necesita adorno alguno, ni recurso alguno de ingenio para revelarnos quién es, y la mirada del artista se olvida por un instante de que la fotografía es un ejercicio intelectual que combina el ojo, el pensamiento y el azar, y se deleita en ser testigo de una fuerza humana llena de autenticidad y de luz interior.

Seguramente Duque, que se ha consagrado a darnos testimonio talentoso del pequeño mundo de los rostros públicos, nos dará un día también retratos de ese otro país, "de rudas manos y de oscuros nombres", que es en el que más necesita Colombia reconocerse.

Tomado de la Revista Diners No. 425, agosto de 2005

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 Duque en México

Inauguró el 6 de octubre de 2005 la exposición Almario el Festival Cervantino en Guadalajara, México.  22 retratos en blanco y negro que Duque describe así: "Rostros de aire que nos miran desde el otro lado del espejo"

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Retratos al desnudo

EI nombre de Carlos Duque remite inmediatamente a dos imágenes: el retrato y la publicidad.

Los personajes más famosos de Colombia han posado frente a su lente y de eso dan testimonio dos libros de fotografías que ha publicado hasta el momento. Y en publicidad se ha convertido casi que en un ícono por sus afiches de varias campañas políticas como, por poner solo unos pocos ejemplos, la de Luis Carlos Galán (con el brazo arriba, la primera, y con la mirada seria, la segunda) o la que diseñó para el presidente Alvaro Uribe.

Este palmireño modelo 1946 es egresado de la Escuela de Bellas Artes de Cali, y del Art Center College of Design, de Los Ángeles, California, donde se especializó en fotografía.

Sin duda, en donde más cómodo se siente es en la dirección creativa de agencias de publicidad, que ha sido su mundo.

Por ejemplo, trabajó en Nicholls Publicidad, Leo Burnett Colombia, Norlop Thompson Ecuador, Procesos Creativos y Duque & Asociados, de la que fue su fundador y presidente. Hoy en día dirige Duqueimagen, empresa especializada en proyectos de comunicación institucional, publicidad política, a imagen de empresas públicas y privadas.

En el campo de la publicidad, lo seducen tres áreas: creación publicitaria, diseño gráfico y desarrollo de imagen pública y política.

Carlos Duque no toma fotografías para retratar belleza, sino para desnudar el alma.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 493, 22 de septiembre de 2007

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Duque presenta su autorretrato

Siempre hay whisky y vino para que sus modelos se desinhiban. Pero, según él, son pocos los que beben antes de las sesiones fotográficas.

El diseñador gráfico, publicista y fotógrafo Carlos Duque intenta "establecer una relación de complicidad para que la gente se deje dirigir", pero hay muchos con los que es difícil romper el hielo. "El presidente Alvaro Uribe ha sido el más tímido", recuerda.

Cuando se trata de un repor taje, el. trabajo con este direc tor creativo visual, como él se define, es muy arduo. Tanto es así, que hace tres años, en medio de una sesión fotográfi ca, la modelo Tatiana de los Ríos paró y le dijo: "No estoy preparada para esto".

Luego de cuatro décadas de carrera, en los que Duque ha diseñado, entre otras cosas, el afiche de la campaña presidencial de Luis Carlos Galán, de Andrés Pastrana y de Álvaro Uribe, un día, hace tres años, mientras intentaba organizar los 3.200 trabajos que tenía guardados, decidió que era la hora de exorcizarlos.

"Tenía que deshacerme de todo eso", comenta.

Ei resultado es un libro, Historias de papel, 300 piezas de fotografía y diseño, que acaba de publicar con el patrocinio de Caracol Televisión.

A medida que se pasan las hojas, se puede leer una historia: "Es un objeto de lectura visual-asegura--. Lo que cuenta no lo puedo decir con palabras. Solo con imágenes. Pero sí estoy seguro de que es mi autorretrato".

El polifacético hombre de 61 años asegura que cada vez que retrata a alguien busca que su "toque" sea perceptible en la imagen. "Por eso digo que este libro es un autorretrato elaborado por muchas imágenes", dice.

Le ha tomado fotos a la diseñadora Silvia Tcherassi, al escritor Santiago Gamboa, al artista Fernando Botero y al director de EL TIEMPO, Enrique Santos, con su hijo Alejandro, director de Semana.

Duque escoge a sus personajes. No le gustan los modelos exigentes. "Si eso pasa, es que no desean que les tome fotos", dice. Y agrega que nadie se ha negado a posar para su lente.

Germán Santamaría, director de la revista Diners, para la que Duque ha tomado fotografías desde hace nueve años, asegura que él es el verdadero reportero, que "time un testimonio histórico del país".

"Admiro mucho ese trabajo (del reportero gráfico). Pero yo soy más de reflexionar la imagen y de elaborarla. Siempre tengo un concepto, pero también hay espacio para la espontaneidad", dice Duque.

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de diciembre de 2007

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La publicidad y ia sociedad de consumo para Carlos Duque

"Con el paso del tiempo uno va acumulando símbolos, conceptos e imágenes que hoy concreto en esta exposición. Es una idea que se ha estado madurando por 40 años", dice Duque. El fotógrafo y publicista se refiere a Shopping Planet, una serie de fotografías digitales que hace una fuerte crítica a la sociedad de consumo, a partir de su trayectoria como publicista. Sus imágenes muestran una puesta en escena en la que ocupan el mismo lugar casas en ruinas, población desplazada, publicidad, productos y símbolos. "Cuando uno corre el velo del mundo de la sociedad de consumo, aparece esa otra parte que no tiene esperanza de equilibrar aspiraciones, como sí la tienen las clases pudientes, una parte mínima de la sociedad", dice.

Tomado del periódico Wl Tiempo, 11 de julio de 2011 

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La vida de Carlos Duque se partió en dos en 1981, el día que Luis Carlos Galán y Maruja Pachón llegaron a su oficina en busca de una agencia de publicidad que se encargara de la campaña de quien todo parecía indicar que iba a ser el próximo Presidente de Colombia. De aquella visita surgió al poco tiempo ese afiche inolvidable de Galán al mejor estilo de los comuneros que aún hoy, tantos años después de su asesinato, no deja de conmover

Si bien Duque es reconocido como un prestigioso publicista y diseñador gráfico, tal vez han sido sus retratos los que le han dado no solo renombre sino un lugar en el corazón de cientos de colombianos que se han puesto en sus manos con la ilusión de conseguir una imagen que destaque sus cualidades, disimule sus defectos y les permita dejar un testimonio grato para la posteridad. Ante sus ojos biert abiertos de fotógrafo han desfilado escritores, artistas, políticos, periodistas y toda suerte de divas, y está convencido de que no hay personaje que no sea vanidoso ante una cámara. Duque también ha puesto su lente al servicio del arte. Precisamente en estos días la galería El Museo, de Bogotá, expone su obra Shopping Planet, una serie de paisajes humanos de alto contraste, en los que la belleza y la ironía se codean quizás con el propósito de llamar la atención sobre los excesos de la cultura del consumo.

Tomado de la Revista Carrusel No. 1556, 22 de julio de 2011 

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Carlos Duque y sus seres meditantes

por Carlos Restrepo

Uno de los accidentes más comunes en una sesión de fotos es cuando el personaje cierra los ojos.  Hace un tiempo, el fotógrafo Carlos Duque comenzó a notar, mientras revisaba sus archivos de más de 12 años, que a muchos de los protagonistas les ocurría esta situación. Así surgió su exposición Meditantes, que acaba de inaugurar en el Museo de Artes Visuales, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, en la que reúne cien fotografías de personalidades reconocidas del país, a las que Duque une otros de sus trabajos más recientes.

Es interesante porque el proceso fue orgánico en el sentido en que la exposición se creó ella misma, anota el artista, al agregar que al darse cuenta de que en esa secuencia de imágenes había una exposición en ciernes comenzó a pedirles, de manera directa, a sus fotografiados que cerraran los ojos.

De hecho, ese es uno de los tips que uso para fotografiar gente. Para que no estén mirando fijamente a la cámara durante la sesión, yo les pido que descansen la mirada, porque la mirada fija en la cámara tensiona mucho. Entonces, les digo que se relajen, que cierren los ojos, y en ese momento tomo una foto, explica.

De un archivo que supera las 200 personalidades, Duque seleccionó 100 en blanco y negro, entre artistas, actores, escritores, poetas, directores de teatro, políticos y expresidentes de la República, que cumplieran con el objetivo estético y plástico que buscaba. Luego, las organizó a manera de secuencia, en un formato de 40 por 50 centímetros. La parte difícil de la factura de la exposición era unificar el lenguaje de las fotos -dice-. En ese sentido, como todas eran muy distintas, hechas en lugares diferentes, realicé un trabajo muy fuerte para darles una atmósfera digital, que me tomó un año y medio.

Pensando el país

Al mirar en retrospectiva sus imágenes, Duque descubrió el título de la muestra. Una vez que tienes estas imágenes juntas, lo que se produce allí es una especie de performance en el que los personajes parecieran estar meditando el país; porque son personajes reconocidos, que de alguna manera construyen el pensamiento contemporáneo colombiano, comenta.

Pero, además de esa sensación, lo que Duque busca es que el mismo asistente inicie su proceso automeditativo. Yo lo defino como que ellos están con los ojos cerrados, supuestamente meditando, pero realmente quien está meditando es el espectador; porque una vez que tú miras a alguno de los personajes, tratas de comunicarte con él, a través de la imagen que tienes de esa persona, te caiga bien o mal. Esa es la experiencia real de esto. Por eso, una de sus grandes frustraciones es no tener el privilegio del espectador al ingresar a su muestra. Quisiera no haber visto nunca esas fotos antes para verlas por primera en su conjunto. Todos van a ver y van a tener una sensación que yo no he tenido: la maravilla y la emoción de sorprenderse, concluye.

Tomado del periódico El Tiempo, 20 de agosto de 2012

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En el Museo de la Tadeo Lozano

El poder con ojos callados

El publicista Carlos Duque presenta 'Meditantes', muestra que estará en exhibición hasta el 21 de septiembre.

por Liliana López Sorzano

Es probable que no haya una fragilidad más humana que cerrar los ojos. Esa mirada al revés, hacia adentro, desviste a cualquier persona. Puede ser el personaje más poderoso, pero con los ojos cerrados se vuelve más vulnerable.

Futbolista Carlos El Pibe ValderramaUn retrato sin la expresión de la mirada es paradójico porque la intención de muchos fotógrafos es tratar de captar, de ahondar en lo que un par de ojos puedan revelar.

Esa es la esencia de Meditantes, la exposición del publicista Carlos Duque que se exhibe en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Duque escogió 100 fotografías de personajes a los que decidió despojar de la mirada para que, con párpados cerrados, se evidencie en ellos otro aspecto. Estas personalidades a través de los medios han creado una especie de inconsciente visual colectivo. Algunos se develan plácidos, otros incómodos, y otros tantos parecieran hacerle un guiño a la muerte.

"En la fotografía, en el mundo de los medios, si no hay mirada no hay comunicación", advierte Duque. Por esa razón, esta colección de imágenes en blanco y negro, de claroscuros, de focos resueltos y difuminaciones resulta particular, por ese aire onírico, algo etéreo e incluso inocente en el que parecen flotar los retratados.

Hace 12 años Carlos Duque empezó a hacer fotos de figuras públicas y descubrió que en toda sesión de retratos había algunas en las que los personajes aparecían con los ojos cerrados. Las clásicas fotos que por la obturación de\ flash sorprenden a la persona en un pestañeo son las que se suelen descartar inmediatamente. Algunas de estas imágenes pertenecen a esas casualidades de una toma, y las demás son trabajo consciente de Duque que al final de cada sesión les pide a sus retratados cerrar los ojos. Todas son fotos hechas en sesiones destinadas para otras cosas.

Duque se crió viendo revistas Life y lo que más lo atraía eran las fotos de las celebridades. "Siempre me ha llamado la atención el retrato del poder". Cuando empezó a hacer fotografía de personajes, lo movía tratar de descubrir qué hay detrás de la fama y por qué las personas subieron a un pedestal. "Cuando esa persona se enfrenta a la cámara, uno se da uno de que un famoso es como cualquier otro y que son los medios los que les dan esa licencia de verse más grandes. La gente suele imaginar que estar en todos los medios es ser muy especial y no es así: es tan especial como cualquiera", confiesa.

Meditantes es una manera de desmitificar el poder. Es quitar el zoom de la mirada para llevar la atención a la piel, a la boca, a las arrugas y preguntarse qué estará pasando por las mentes de esos personajes, qué sueños transitan y qué pecados confiesan en silencio.

La actriz Cristina UmañaSegún Duque, la mirada inhibe al espectador y en la fotografía política la gente desconfía de un candidato que mira a la cámara y sonríe porque creen que los está tratando de convencer. "Mientras que si no mira a la cámara, puedo juzgarlo, yo soy el que miro. Aquí sucede lo mismo, ninguno me está mirando, a todos los puedo observar. Como espectador los tengo a todos como si estuvieran meditando el país".

Entre más famoso el personaje, más frágil es ante una cámara, dice Duque. Si bien sus sesiones no son eternas pero tampoco instantáneas, suele tener el tiempo para conversar con ellos y dirigirlos cuando están tan poco acostumbrados a acatar órdenes. "El poder que ejerce el fotógrafo sobre una personalidad es lo que desmitifica el otro cuerpo. En el fondo, lo que las celebridades esperan es que alguien los dirija, alguien en quien tener confianza para verse bien, eso es lo que les interesa".

Estos 100 retratos son el rostro del poder político, económico, social, artístico y cultural colombiano, que desde sus ideas y acciones han moldeado el curso del país. Esta vez la potencia de la mirada desaparece y todos sufren una pequeña muerte inducida por este retratista del poder.»

Hasta el21 de septiembre de 2012 en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Tomado del periódico El Espectador, 21 de agosto de 2012 

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