Desde el 6 de diciembre de
1995, cuando en Berlín la Unesco la declaró Patrimonio Histórico de
la Humanidad, Mompox entró, por arte de su pasado, en la órbita del
mundo contemporáneo, en la órbita del patrimonio mundial que, de
una parte, la conservará y la defenderá de los embates naturales o de
la mano del hombre, y de otra, la mostrará ante todos sus estados
miembros, como lo que es: una de las maravillas del mundo por lo que
representa en su diversidad intelectual, religiosa, estética y
sociológica.
Sin embargo, es a Colombia
y a Mompox que en primer término les corresponde cuidar, desarrollar,
promocionar y mostrar la hermosa Villa de Santa Cruz de Mompox, que el
3 de mayo de 153, fundó don Alonso de Heredia -después de derrotar en
cruenta batalla al gran cacique Mompox- sobre una población de tres mil
habitantes, con bohíos, plaza y templo y con tres caminos,
prácticamente los mismos que hoy sostienen las casas y las iglesias
que desde entonces los españoles comenzaron a construir.
Tras navegar en chalupa por
el Río Grande de la Magdalena desde Tamalameque o desde Magangué -dos
entradas maravillosas que revelan, entre una exuberante vegetación,
torres de iglesias y techos de tejas de barro-, el paisaje de ninguna
manera denota olvido a primera vista, Pero adentro, no sólo recorriendo
la ciudad sino toda la Isla, parece como si Dios (Mompox, la tierra de
Dios) y el país se hubieran olvidado de ella después de haber sido tan
importante para España y para el Nuevo Reino ¡ durante tres siglos
y medio !
Es el contraste entre un
pasado colonial en el que reinó la prosperidad económica , y una
independencia gloriosa por las luchas libertadoras -Simón Bolívar la
visitó nueve veces-, y un presente rezagado desde hace 140 años
cuando un día al río Magdalena, que le había dado ,ama y fortuna
inimaginables se le dio por salirse de madre, dejarla sobre un brazo que
desde entonces lleva su nombre, y seguir su cauce por detrás de la
preciosa isla, la Isla de Mompox.
Pero no fue sólo este
fenómeno natural lo que condujo a Mompox a entrar en la tierra del
olvido. Coincidió ello con los acontecimientos políticos y
económicos de la época; de una parte las guerras civiles, y de otra,
ya al final del siglo, el progreso de la navegación con barcos de
vapor que dejaron atrás a los champanes que habían permitido el
desarrollo de astilleros, orgullo de empresas pujantes. A pesar de sus
capitales amasados gracias al contrabando, la ganadería, la
agricultura, la minería, la destilación de aguardiente, el estanco,
la aduana y el comercio “este, puerto de paso” entre Cartagena y
Santafé y viceversa dejó de ser un fuerte militar de primer orden, los
acaudalados momposinos hijos de españoles trasladaron sus
florecientes negocios a otras ciudades del país, las minas dejaron de
producir, y a la ganadería y la agricultura no se les inyectó el
desarrollo industrial y tecnológico que merecían. Los historiadores
describen la salida de las familias burguesas momposinas como un
verdadero éxodo.
j Y así quedó y así
está , Sus tres únicas calles La Albarrada, la Real del Medio y la de
Atrás, paralelas al Río Grande., que fueron trazadas sobre los
rastros de los caminos dejados por la tribu quimbaya,
de origen caribe, sus callejones perpendiculares al Magdalena; y
sus plazas y plazoletas, le
dan a la Villa un diseño urbano tan propio, tan encantador, que en cada
esquina hay una sorpresa para el transeúnte. Y aún cuando el
origen español se evidencia en sus casas,
edificios públicos,
iglesias, y conventos, con el paso de los años, de los siglos, la
ciudad fue adquiriendo su propia personalidad, diferente de las
otras que fueron concebidas con trazos similares. Formas espacios y
volúmenes trabajados en mampostería, madera y hierro hacen de sus
puertas y ventanas, techos, torres y campanarios una arquitectura
colonial, sui generis en algunos detalles. Varias de las casas de
familia, la mayoría de un solo piso, con amplios y extensos salomes.,
recámaras y corredores con sus refrescantes patios centrales repletos
de arbustos y plantas florales, han sido adaptadas para hoteles, para
museos con su maravilloso arte religioso y colonial y para la Casa de
la Cultura, la biblioteca v la Academia de Historia. Todo, en fin,
forma un conjunto arquitectónico para admirar, pero fundamentalmente
para vivir, bajo los preceptos de la Ley que la declaró Patrimonio
Nacional en 1959.
Ahora que Mompox, gracias
al tesón de su gente, de sus amigos y de Colcultura con Olga Pizano,
subdirectora de Patrimonio, a la cabeza, consiguió ser declarada
Patrimonio Histórico de la Humanidad., deberá modernizar su
infraestructura de servicios mediante las herramientas que le da la
Constitución y hacer de su administración pública un modelo
turístico, ecológico, comercial e industrial de primer orden. Y
ante todo, cubrir sus necesidades básicas en acueducto, alcantarillado
y electrificación para sus 89.000 habitantes de los cuales 20.000
están en la parte urbana de la villa. Aunque los planteles educativos
ofrecen estudio no sólo al municipio sino a toda la antigua Provincia
de Mompox, y en educación escolar se registran 11.613 alumnos en 4
establecimientos, falta por atender en preescolar el 29 por ciento, en
primaria el 2 por ciento y en bachillerato el 29 por ciento de la
demanda. El afamado colegio Pinillos, otrora Colegio-Universidad San
Pedro Apóstol, sigue siendo uno de los planteles de bachillerato
mejor calificados del país, y quizá con él se lidere la restitución
de la universidad pública, en vez de una privada que sin planeación y
estudios de factibilidad pensaban organizar unas cuantas personas.
Aun
cuando el 80 por ciento de la población tiene atención médica, falta
especialmente en la zona rural salud
pública. Igualmente, así corno el centro histórico va a ser cuidado
como una jova, Mompox tendrá que resolver problemas de vivienda en los
dos barrios adyacentes tradicionales y, en los nuevos que se están
formando en la periferia.
Devolverle a la Isla sus vías carreteables y el
aeropuerto.. dotarla de servicios turísticos y hotelería,
promocionar su espléndida Semana Santa y sus reservas ecológicas y
medioambientales, entre ellas la Ciénaga de Pijiño y la Reserva
Natural El Garcero. son tareas urgentes, tanto para atender la
avalancha de visitantes como para desarrollar toda la comarca.
Desde cuando se acabó la gran navegación, Mompox padece el más
inmerecido aislamiento, y por eso la producción agropecuaria,
microempresarial y artesanal – orfebrería, cerámica y cestería, se
queda estancada. Especial
atención merece la llamada Depresión Momposina, estudiada por José
Celestino Mutis y Francisco José de Caldas que es un privilegio en
algunos aspectos como la fertilidad de sus suelos, los cítricos, los
productos agrícolas, los pastos y los bosques extraordinarios;
la navegación por caños y brazos y la abundancia de peces, pero
una desventaja con la creciente del río y sus inundaciones que dejan
pérdidas incalculables en vivienda, en salubridad y en la agricultura.
Por fortuna, varias fundaciones y organizaciones cívicas, como
la Asociación de Municipios de la Depresión Momposina, la Corporación
Autónoma Regional para el Sur de Bolívar, la Fundación Neotrópicos,
y el periódico La Brisa, están impulsando programas de preservación.
No es tarde para que Mompox vuelva a ser la gran anfitriona
que fue: elegante, distinguida,
rica, generosa, hospitalaria, batalladora y alegre, y ahora para toda la
humanidad.
Nohra Parra
Tomado de la Revista Diners No.313 de abril de
1996
