Mompox Ciudad

Mompox, Bolivar

Ciudades y sitios

Construcción

 

Vea: Artistas de Mompox Articulo Pilar Lozano

Ricardo Posada


Declarada Patrimonio Nacional en 1959

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995

Conjunto arquitectónico admirable

 

Desde el 6 de diciembre de 1995, cuando en Berlín la Unesco la declaró Patri­monio Histórico de la Humanidad, Mompox entró, por arte de su pa­sado, en la órbita del mundo con­temporáneo, en la órbita del patri­monio mundial que, de una parte, la conservará y la defenderá de los embates naturales o de la mano del hombre, y de otra, la mostrará ante todos sus estados miembros, como lo que es: una de las maravillas del mundo por lo que representa en su diversidad intelectual, religiosa, es­tética y sociológica.

Sin embargo, es a Colombia y a Mompox que en primer término les corresponde cuidar, desarrollar, promocionar y mostrar la hermo­sa Villa de Santa Cruz de Mompox, que el 3 de mayo de 153, fundó don Alonso de Heredia -después de derrotar en cruenta batalla al gran cacique Mompox- sobre una población de tres mil habi­tantes, con bohíos, plaza y tem­plo y con tres caminos, práctica­mente los mismos que hoy sostie­nen las casas y las iglesias que desde entonces los españoles co­menzaron a construir.

Tras navegar en chalupa por el Río Grande de la Magdalena desde Tamalameque o desde Magangué -dos entradas maravillosas que revelan, entre una exuberante ve­getación, torres de iglesias y techos de tejas de barro-, el paisaje de ninguna manera denota olvido a primera vista, Pero adentro, no sólo recorriendo la ciudad sino toda la Isla, parece como si Dios (Mompox, la tierra de Dios) y el país se hubieran olvidado de ella después de haber sido tan impor­tante para España y para el Nue­vo Reino ¡ durante tres siglos y medio !

Es el contraste entre un pasado colonial en el que reinó la prospe­ridad económica , y una indepen­dencia gloriosa por las luchas libertadoras -Simón Bolívar la visitó nueve veces-, y un presen­te rezagado desde hace 140 años cuando un día al río Magdalena, que le había dado ,ama y fortuna inimaginables se le dio por salirse de madre, dejarla sobre un brazo que desde entonces lleva su nom­bre, y seguir su cauce por detrás de la preciosa isla, la Isla de Mompox.

Pero no fue sólo este fenómeno natural lo que condujo a Mompox a entrar en la tierra del olvido. Coincidió ello con los aconteci­mientos políticos y económicos de la época; de una parte las guerras civiles, y de otra, ya al final del si­glo, el progreso de la navegación con barcos de vapor que dejaron atrás a los champanes que habían permitido el desarrollo de astille­ros, orgullo de empresas pujantes. A pesar de sus capitales amasados gracias al contrabando, la ganadería, la agricultura, la minería, la destilación de aguardiente, el es­tanco, la aduana y el comercio "este, puerto de paso" entre Cartagena y Santafé y viceversa dejó de ser un fuerte militar de primer orden, los acaudalados momposinos hijos de españoles trasladaron sus flore­cientes negocios a otras ciudades del país, las minas dejaron de pro­ducir, y a la ganadería y la agri­cultura no se les inyectó el desarro­llo industrial y tecnológico que merecían. Los historiadores descri­ben la salida de las familias burguesas momposinas como un ver­dadero éxodo.

j Y así quedó y así está , Sus tres únicas calles La Albarrada, la Real del Medio y la de Atrás, para­lelas al Río Grande., que fueron tra­zadas sobre los rastros de los cami­nos dejados por la tribu quimbaya,  de origen caribe, sus callejones perpendiculares al Magdalena; y sus plazas y plazoletas,  le dan a la Villa un diseño urbano tan propio, tan encantador, que en cada esqui­na hay una sorpresa para el tran­seúnte. Y aún cuando el origen es­pañol se evidencia en sus casas,

edificios públicos, iglesias, y con­ventos, con el paso de los años, de los siglos, la ciudad fue adquirien­do su propia personalidad, diferen­te de las otras que fueron concebi­das con trazos similares. Formas espacios y volúmenes trabajados en mampostería, madera y hierro hacen de sus puertas y ventanas, techos, torres y campanarios una arquitectura colonial, sui generis en algunos detalles. Varias de las casas de familia, la mayoría de un solo piso, con amplios y extensos salomes., recámaras y corredores con sus refrescantes patios centra­les repletos de arbustos y plantas florales, han sido adaptadas para hoteles, para museos con su mara­villoso arte religioso y colonial y para la Casa de la Cultura, la bi­blioteca v la Academia de Historia. Todo, en fin, forma un conjunto arquitectónico para admirar, pero fundamentalmente para vivir, bajo los preceptos de la Ley que la decla­ró Patrimonio Nacional en 1959.

Ahora que Mompox, gracias al tesón de su gente, de sus amigos y de Colcultura con Olga Pizano, subdirectora de Pa­trimonio, a la cabeza, consiguió ser declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad., deberá modernizar su infraestructura de servicios me­diante las herramientas que le da la Constitución y hacer de su admi­nistración pública un modelo turís­tico, ecológico, comercial e indus­trial de primer orden. Y ante todo, cubrir sus necesidades básicas en acueducto, alcantarillado y electrificación para sus 89.000 habitan­tes de los cuales 20.000 están en la parte urbana de la villa. Aun­que los planteles educativos ofre­cen estudio no sólo al municipio sino a toda la antigua Provincia de Mompox, y en educación escolar se registran 11.613 alumnos en 4 establecimientos, falta por atender en preescolar el 29 por ciento, en primaria el 2 por ciento y en ba­chillerato el 29 por ciento de la demanda. El afamado colegio Pinillos, otrora Colegio-Universi­dad San Pedro Apóstol, sigue sien­do uno de los planteles de bachillerato mejor calificados del país, y quizá con él se lidere la restitución de la universidad pública, en vez de una privada que sin planeación y estudios de factibilidad pensaban organizar unas cuantas personas.

Aun cuando el 80 por ciento de la población tiene atención médica, falta especialmente en la zona ru­ral  salud pública. Igualmente, así corno el centro histórico va a ser cuidado como una jova, Mompox tendrá que resolver problemas de vivienda en los dos barrios adya­centes tradicionales y, en los nuevos que se están formando en la peri­feria.

Devolverle a la Isla sus vías carreteables y el aeropuerto.. dotar­la de servicios turísticos y hotelería, promocionar su espléndida Semana Santa y sus reservas ecológicas y medioambientales, entre ellas la Ciénaga de Pijiño y la Reserva Natural El Garcero. son tareas ur­gentes, tanto para atender la avalancha de visitantes como para desarrollar toda la comarca.  Desde cuando se acabó la gran navegación, Mompox padece el más inmerecido aislamiento, y por eso la producción agropecuaria, microempresarial y artesanal - orfebrería, cerámica y cestería, se queda estancada.  Especial atención merece la llamada Depresión Momposina, estudiada por José Celestino Mutis y Francisco José de Caldas que es un privilegio en algunos aspectos como la fertilidad de sus suelos, los cítricos, los productos agrícolas, los pastos y los bosques extraordinarios;  la navegación por caños y brazos y la abundancia de peces, pero una desventaja con la creciente del río y sus inundaciones que dejan pérdidas incalculables en vivienda, en salubridad y en la agricultura.  Por fortuna, varias fundaciones y organizaciones cívicas, como la Asociación de Municipios de la Depresión Momposina, la Corporación Autónoma Regional para el Sur de Bolívar, la Fundación Neotrópicos, y el periódico La Brisa, están impulsando programas de preservación.

No es tarde para que Mompox vuelva a ser la gran anfitriona que fue:  elegante,  distinguida, rica, generosa, hospitalaria, batalladora y alegre, y ahora para toda la humanidad.  

Nohra Parra  

Tomado de la Revista Diners No.313 de abril de 1996

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SANTA CRUZ DE MOMPOX

Caprichosamente el río Magdalena, a la altura del municipio de El Banco, toma dos rumbos diferentes para formar la isla en agua dulce más grande de Latinoamérica. Se trata de Santa Cruz de Mompox, declarado por la Unesco patrimonio histórico y cultural de la humanidad; maravilloso destino de la geografía de Bolívar, en el que cada rincón, cada ventana o cada frontis de sus siete iglesias encierra un pasado que atrapará al viajero. 

Visitar las iglesias y parques.

Hay siete iglesias recomendadas en la isla, incluida la capilla del cementerio municipal. La de Santa Bárbara es muy frecuentada y, tal vez, es el icono arquitectónico de Mompox. Se destacan también los templos de La Concepción, San Francisco, Santo Domingo, San Agustín y San Juan de Dios. Cuando vaya a la capilla del cementerio aprecie las tumbas del general Hermógenes Maza y del poeta Candelario Obeso. También camine por las plazas La Libertad, Inmaculada Concepción y los parques Bolívar, Juan B. Corral y el bosque Santander.

Casa 1734 y los Portales de la Marquesa. Durante una caminata por el malecón visite estos dos sitios que, aunque en regular estado, hacen parte de la historia de Mompox. La Casa 1734 sirvió de escenario para la película Crónica de una muerte anunciada, basada en la obra de Gabriel Carcía Márquez, y deriva su nombre del año en que fue construida. Allí vive actualmente Cheila Herrera Dovale, quien amablemente le enseñará los rincones del lugar.

Trabajo de los artesanos. Mompox es reconocido a nivel internacional por la destreza de sus artesanos para la elaboración de joyas en plata y oro. Acérquese al claustro de San Agustín o a alguna de las joyerías como El Kilate, William Vargas o Jimmy. Así mismo, el trabajo en madera goza de gran prestigio, siendo el taller de Danilo y Olinda el sitio donde se hacen, entre muchos otros muebles, las famosas sillas momposinas.

Hostal Doña Manuela. O Casa del Tedeum. Hermosa mansión del siglo XVII, la más grande del pueblo, adecuada con las comodidades de la hotelería moderna: piscina, restaurante, aire acondicionado, servicio de lavandería, minibar y televisión satelital. Cuenta con servicios adicionales como quiosco, tarima de eventos y guías.

Más por conocer: Las casas de la Cultura, Candelario Obeso, Hermó genes Maza, del Cabildo y la Casa de los Apóstoles. Para los despla7amientos consulte con su hotel.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007

 

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