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SANTA MARTA:

Una ciudad donde se rinde culto al mar y ala música; donde el pasado y el presente se encuentran, en los mágicos atardeceres del morro o las playas trepidantes del Rodadero.  Santa Marta le espera.


Recientemente (1990) declarada Distrito Turístico, Santa Marta es un abanico de placeres dis puestos para el encanto de visitantes y nativos. 

Al borde del Atlántico y cerca de la Sierra Nevada de Santa Marta, asiento de las tribus Arhuacos y Koguis, la capital samaria se convierte, ańo tras ańo, en el punto de reunión de miles de turistas estresados, que llegan dispuestos a sumergir sus problemas entre el oleaje caribeńo. 

Claro que no todo es mar. Santa Marta es un mundo aparte, y de ello dan fe los diferentes paisajes con los que el visitante se tropieza a cada paso. Así que abra las puertas de su imaginación y acompáńenos en este recorrido... 

ESPÍRITU DE AVENTURA

Iniciemos el día en El Rodadero, el mayor centro turístico del país, situado a diez minutos de Santa Marta, donde encontrará todas las comodidades para navegar, practicar deportes náuticos, broncearse, o rumbear. 

Pero si usted es de esas personas con espíritu aventurero, no se quedará en El Rodadero no, qué va!, El Acuario lo espera. Más tarde irá al islote del Morro, al frente de la ciudad, que dejó de ser una fortaleza espańola de defensa contra los piratas para convertirse en el faro del puerto. 

Y en el camino, luego de diez minutos, llegará al Museo del Mar, en el que apreciará invaluables piezas arqueológicas y diez piscinas naturales con animales marinos como tiburones, delfines y focas.

Ahora, si se cansó del paisaje "marino", "toque" tierra. La ciudad no lo defraudará, al contrario, es una verdadera caja de sorpresas con rincones coloniales que contrastan con la arquitectura moderna de sus edificios principales. 

Diríjase al sur... sus estrechas calles, la Basílica Menor -con tres siglos de existencia-, donde, además, se conservan las cenizas del fundador Bastidas, y la Quinta de San Pedro Alejandrino hacen del pasado un presente palpable. 

En la Quinta de San Pedro, por ejemplo, los trapiches, caballerizas, destilerías y hasta la habitación de Simón Bolívar acercan al visitante a un Libertador de carne y hueso, alejado del héroe casi Dios que pintan los libros. 

Y no olvide, en este recorrido histórico incluya en su lista el convento de Santo Domingo, de gran valor arquitectónico, el Museo Etnológico y Antropológico Tayrona y la Casa del Correo, recientemente restaurada gracias al empeńo del empresario Ricardo Dávila.   La Casa está ubicada en La Calle de Santo Domingo con Callejón del Correo, y cuentan los historiadores, que antes de ser la sede de los Correos Nacionales vivieron en ella familias respetables como la de Juan B. Echeverría, padre de los fundadores del periódico El Estado. 

Con la restauración de la Casa del Correo, construida en el siglo XVIII, se quiso revivir elementos arquitectónicos desaparecidos.
Ojalá, este sea el comienzo de una tarea que tenga por fin recuperar aquellos legados valiosos del pasado. 

HUELLAS DEL PASADO 

La troncal del Caribe, rumbo al norte, conduce al Parque Nacional Tayrona, de 15 mil hectáreas, cubierto por cientos de cocoteros, mangos, guayabos y otros árboles frutales, que tientan al visitante a tirar piedras y saltar más alto de lo posible, con el fin de bajar uno de los "reticentes" frutos. 

Ante todo, el parque es un lugar privilegiado donde la vida se torna entre azul y verde, dependiendo del color del mar. Allí siempre habrá una playa solitaria en espera de un turista. _Y no se descuide!, porque si está de buenas podrá conocer "personalmente" algún despistado pelícano. 

Continuando por la Troncal del Caribe llega a la bahía Neguannge y a Cańaveral, el área recreativa del parque, donde puede practicar el camping y disfrutar de un mar embravecido, de fuerte oleaje y algunas corrientes submarinas. 

A partir de Cańaveral hay un sendero empedrado de origen indígena, que en tres horas de camino llevan a Pueblito, una ciudad construida por los tayronas con sorprendentes principios arquitectónicos y urbanos. Este es un sitio para visitar, pues es la única ciudad tayrona al alcance del turismo corriente. 

Seguramente se encuentra cansado, así que regrese a la ciudad y descubra la alegría de una Santa Marta rumbera, que en la noche adquiere un tinte más oscuro, más africano. Allí, la pasión por la danza se decubre en griles y discotecas como La Escollera y Mi Ranchito.
O si no le interesa mover las caderas, vaya a un casino como el del Hotel Camacá o Piedra Hincada. Y si no le llama la atención jugar con el dinero, le queda la posibilidad de pasear por la playa, los sonidos del mar y el viento de la noche alimentarán su espíritu.  

TAGANGA DE COLOR  

Un nuevo día. La temperatura, 22 grados centígrados; un clima apenas favorable para tomar rumbo hacia Taganga. Aquí puede pasar un día tranquilo y saborear un típico "pescado costeńo", preparado por expertas mulatas. 

Podrá ver a los pescadores atrapar su botín desde un montículo en el cerro y deleitarse con el pintoresco paisaje que sus barcas de colores en la playa le brindan. 

Porque así es Santa Marta: un caleidoscopio de sensaciones al alcance de su mano.

Tomado de la Revista Alo, No.51, marzo 22 de 1990