Alonso de Narvaez

Villa de Alcala de Guadaira, España

Pintores

Religioso

 

ALONSO DE NARVAEZ
Imagen Nuestra Señora de Chiquinquira

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S. XVI. Nació en la Villa de Alcalá de Guadaira en las cercanías de Sevilla, España.

Llegó a la Nueva Granada y se estableció en Tunja; contrajo matrimonio con doña Ana del Prado 1555. Pintó la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, una de las más veneradas de Colombia. 1583. Octubre 12. Hizo testamento, ordenando que fuera enterrado con el hábito de la Orden Dominicana. Murió pocos días después en Tunja.

Alonso de Narváez es el pintor más antiguo del que se tiene noticia actualmente. No se le conoce más obra que la de la Virgen de Chiquinquirá.

OBRAS

La Virgen de Chiquinquirá está pintada en un lienzo de algodón de un metro de alto por 0.60 m. de ancho. Esta imagen fue hecha por encargo del español Antonio de Santana, encomendero del pueblo de Suta y pintada con colores preparados por los mismos indios. La Virgen ocupa el centro del cuadro, lleva en el brazo izquierdo al niño Jesús y va acompañada por la imagen de San Antonio de Padua a la derecha y por la de San Andrés a la izquierda. Fue pintada al temple, "triturando tierra de diferentes colores con el zumo de algunas yerbas y flores correspondientes". Debido al poco cuidado que se tuvo con la imagen, se dañó de tal manera que el cura ordenó que fuera quitada de donde estaba. Una mujer, que la encontró abandonada, la recogió y según dice el milagro, la imagen se renovó el 26 de diciembre de 1586.

BIBLIOGRAFIA

Gabriel Giraldo Jaramillo: "La Pintura en Colombia". Colección Tierra Firme, N" 36. Fondo de Cultura Económica. México, 1948.

Gabriel Giraldo Jaramillo: "Notas y Documentos sobre el Arte en Colombia". Editorial A. B. C. Bogotá, 1955.

Tomado del libro Diccionario de Artistas en Colombia
doctora Carmen Ortega Ricaurte

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Nació en la Villa de Alcalá de Guadaira, localidad cercana a Sevilla, llegando al Nuevo Reino a  mediados del siglo XVI. Se radicó en Tunja, donde ejerció el oficio de platero y pintor. Allí pintó el cuadro después conocido como NUESTRA SENORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRA, imagen milagrosa que daría origen a una extensa representación pictórica hasta nuestros días. Murió Narváez en Tunja el 12 de octubre de 1580.

El lienzo mide 1.25 mts. de ancho por 1.19 mts. de alto. Está sujeto a un bastidor de travesaño vertical reforzado por piezas de madera fijadas al mismo, las cuales sirven de apoyo a los elementos metálicos -tornillos y otros- utilizados para sujetar las joyas colocadas en diferentes épocas. La tela tiene numerosos faltantes pequeños, en su mayoría producidos por los elementos de fijación de las joyas. .

En cuanto a su manufactura se trata de un tejido de algodón, confirmado con el análisis microscópico de la fibra. La tela muy delgada, de trama abierta, con un promedio de 14.5 hilos por cm2, fue confeccionada en telar manual. Es bien probable que se haya encolado para darle un poco de rigidez al soporte, sobre todo si consideramos lo delgado de las fibras y lo abierto de la trama.

La obra no muestra la capa de base de preparación que habitualmente sirve de apoyo a la capa pictórica. El color se aplicó directamente sobre la tela impregnando los hilos.

Para la capa pictórica se utilizó blanco de España -carbonato de calcio-, adquirible fácilmente en su estado natural mezclándolo con cola como aglutinante, a lo cual fueron añadidos colores de origen orgánico, obteniendo matices en escasa gama. Esta técnica explica el acabado general en tono mate que presentan las pinturas al temple.

El estado de conservación es precario, apenas si es posible distinguir los personajes, los cuales presentan decoloración generalizada. La figura de la Virgen es la más afectada por la pérdida de color: pinceladas muy tenues permiten seguir el óvalo del rostro y demarcan débilmente los párpados y la boca. Trazos en blanco limitan el velo que cae sobre los hombros y pecho al igual que el paño que cubre al niño. Del manto se aprecian los bordes externos en azul pálido; en la parte inferior de la figura sólo son visibles las pinceladas oscuras que marcan los pliegues del vestido.

La figura de San Antonio es la más definida dentro del conjunto, presentando mayor cantidad de color en las vestiduras. Las manos y el rostro se conservan, gracias a la delimitación de contornos con trazos oscuros; blancos de diversa densidad ayudan a localizar las manos, rostro y figura del niño, que aparecen muy débiles.

El trazo pictórico es más apreciable en la figura del San Andrés. Pinceladas cuidadosas de color marrón dibujan detalles del cabello, ojos y barba. Los volúmenes de los pómulos, nariz y frente, se han obtenido nuevamente con color blanco aún notorio; igual tratamiento han recibido las manos, apreciables en pobre dibujo. En la capa que cubre el cuello y los hombros se conserva el color negro, café y rojo fácilmente identificables. Los pliegues del vestido están delineados con color negro.

La corona de oro que ostenta la imagen en la actualidad, no aparece dibujada en el lienzo. Está trabajada en oro y esmeraldas y fue diseñada por Ricardo Acevedo Bernal en 1919.

La pintura, que cumple cuatrocientos treinta y un años de ejecutada, ha tenido que soportar factores climáticos desfavorables, ya que periódicamente ha sido trasladada en procesión. Si consideramos algunas relaciones históricas sobre el estado de conservación del cuadro, podríamos afirmar que el deterioro mayor lo ha sufrido en los últimos cincuenta años en que fue expuesto a iluminación eléctrica intensa y casi permanente.

Son evidentes las huellas de humedad y manchas producidas por grasa. No existen rasgaduras lineales en el lienzo, únicamente los orificios mencionados. La decoloración marcada en algunas áreas, como el rostro de la Virgen, son debidas, en parte, a la técnica y materiales empleados por el pintor, que inciden desfavorablemente en la conservación de la pintura. Las anilinas y pigmentos de origen vegetal u orgánico son degradados por exposición a la luz y a la humedad.

EI análisis radiográfico confirma la presencia de carbonato de calcio en la pintura, por su característica absorción de fotones; así como la impregnación reticular de la tela y la ausencia de base de preparación. Las áreas de alta densidad -blancas- se deben a la absorción total de los rayos X por el oro de las joyas, dando como resultado el dibujo del contorno de las mismas. Los pequeños puntos blancos y fragmentos alargados, corresponden a restos de alfileres o pequeños clavos que sostuvieron joyas ya retiradas.

La obra de Narváez servirá, a partir de este momento, como patrón que se reproducirá a través de los siglos, introduciendo algunas variaciones, sobre todo de tipo iconográfico. Cada pintor colocará su impronta respetando la disposición y espíritu del original.

Tomado del libro Chiquinquira, Arte y Milagro
Editorial Arco, 1986