Beatriz Camacho

Diseñadores de modas

Modas

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Beatriz Camacho

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diseñadora de modas

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Cartagena, 1966

Desde 1993 está metida de cabeza en el mundo de la confección, más dirigida hacia lo industrial. "Para mí lo importante es generar industria y empleo, por eso, me dediqué a organizar empresa, a salir adelante no solo por mí sino también por el país".

Así fue como tuvo contacto con Inexmoda y salió también a diseñar para desfiles. 

Ella  es madre de tres hijos, unos gemelos de 3 años y el mayor tiene 6 años (2002). 

Precisamente, salió de su Cartagena natal rumbo a Barranquilla cuando se casó, de eso hace ya diez años. 

Dentro de sus proyectos más cercanos están abrir su almacén en Bogotá, en plena calle 82 y comenzar a idear su colección para el próximo año. 

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de agosto de 2002

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La elegancia no es sólo una característica de los diseños de esta cartagenera.  Es, además, parte de su propia condición. Beatriz Camacho exhibe toda la sobriedad de los diseños  que lucieron las siete candidatas del segundo Minicromos (2000). Su disciplina académica (adquirida primero en Boston y, después, en Roma) y el blanco, uno de sus colores preferidos, inspiraron su colección: "Siempre creí que era el color que mejor resaltaba con el mar y la playa. Además, ahora mismo se está usando mucho".

Beatriz Camacho es diestra en el manejo de las mallas, los linos y las telas stretch, que adorna con finos bordados a mano. En eso y en la atención a sus clientes, ella es impecable. "Creo que uno no va a la tienda sólo a comprar, uno quiere sentirse mejor y es lo que yo siempre intento con mis clientes".

Tomado de la Revista Cromos No.4316, de octubre 23 de 2000

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Más alla de lo que Dicta la Moda

por Luz Martinez

Clásica y tradicional en su trabajo,
esta diseñadora cartagenera se inspira
en la sensualidad y la feminidad de la mujer.
Le interesa que ésta encuentre su propio estilo, pues para
ella la moda es índividual y debe
reflejar la esencia de cada persona

Cuando se le pregunta en qué momento sintió el  Ilamado a estudiar una carrera que se mueve entre la creación y el espectáculo, Beatriz Camacho tiene que decir que quizá no fue una decisión autónoma, sino de los demás.

"Diferentes personas me decían que tenía que estudiar algo creativo, porque era mi mejor habilidad. Siempre me incliné por administración de empresas, pero fue la gente la que terminó convenciéndome y después de pensarlo mucho me decidí por el diseño de modas", dice. Las dudas nacieron porque a pesar de que este oficio sí encajaba con sus cualidades, no se parecía mucho a su personalidad, pues confiesa que es tímida y retraída y la moda nada tiene de eso.


Recien termino el bachillerato en el gimnasio Cartagena de Indias, se fue directo a Boston a estudiar en el New burry school of fashion design, una escuela de diseño de modas. Fueron tres años que disfrutó a pesar de que estuvo sola. "Siempre traté de visitar otros lugares a las afueras de la ciudad, como Providence y Salem. A proveché al máximo esa oportunidad de la que le estoy muy agradecida a mi papá, quien fue el que realmente me ayudó a descubrir el trabajo para el cual estaba llamada".

La vida lejos de su casa no terminó en Estados Unidos. Luego de finalizar su formación en diseño, Beatriz tenía que encontrarse con ese primer sueño de convertirse en administradora. Por eso partió para Roma a estudiar, en la escuela Callegari, patronaje y organización de la producción industrial, pues, según ella, aunque la moda se entienda al lado de lo fashion y todo sea muy bonito, hay que aterrizarla y parte de la realidad está en los negocios, en saber cómo se hace una hoja de cossto, cómo se organiza un proyecto, etc. Otros tres años sin regresar a casa. Había llegado la hora de volver, definitivamente deseaba encontrar su punto de retorno. Beatriz, entonces, llega a Cartagena, su tierra natal, desde allí comienza su carrera y una nueva vida, pues el amor consigue anclarla en un solo sitio.

Un ascenso por peldaños Lleva ocho años en un oficio que se mueve entre telas, dibujos, máquinas de coser, creación y un taller.

A su regreso de Europa, a los 23 años, se embarcaría en un proyecto que fue la semilla de lo que hoy  ella significa para la moda colombiana. "Cuando llegué a Cartagena quise trabajar en algún sitio que ya estuviera montado, como asistente, modista o lo que fuera, pero no fue fácil y me dije: voy a lanzarme".

Fue entonces que con la ayuda de su papá pidió un préstamo de siete millones de pesos. Con ese dinero compró cuatro máquinas planas y una fileteadora y decidió montar un taller. Puso un aviso en el periódico para contratar modistas; se presentaron 20, pero sólo es cogió las cuatro mejores. Empezó primero a enseñar cómo pegar un cierre, una manga, cómo hacer una costura recta en máquina plana, etc., pues todavía no podía lanzarse a hacer una colección; sólo tres meses después lo logró. Trabajaba además en la noche en el almacén Magaly París, haciendo vitrinas.

"Había momentos donde me desesperaba porque tenía pendiente un préstamo, debía producir y nada que arrancaba. Me entraban unas `mariposonas del tamaño de pája ros prehistóricos en el estómago", dice con cierto humor pues a pesar de todo, esa época la recuerda con mucho cariño.

Pero el punto exacto, donde Beatriz se encuentra con el. destino para el cual estaba llamada fue un foro que organizó Alicia Mejía, directora de Colombiamoda. "Cuando llegué, ella me dijo: `qué chaqueta tan linda tienes! Y me pregunto que de dónde había salido. Le contesté que era mía. `No puede ser!, está super bien hecha, por qué no participas en Colombiamoda, me dijo". Y con claro acento costeño cuenta que en ese instante se dijo á sí misma: "_hombe!, yo sí sirvo, si funciono, voy palante".

Sin duda, ese golpe combinado con suerte, la llevó al año siguiente de ese encuentro a participar en Colombiamoda 92. "Me fue espectacular, nunca pensé que me ordenaran tantos pedidos. Fue la locura. Dejé de despachar la mitad, no tenía capacidad para tanto. Alicia no tiene la más mínima idea de lo que ella ha sido en mi carrera", afirma.

El año 93 es quizás uno de los más importantes. No solo realizó su primer desfile con Coltejer, sino que su vida cambió de nuevo. Se casó con el hombre que logró que no se devolviera de nuevo a otra tierra extran jera, era él ahora quien le proponía dejar Cartagena para hacer una vida juntos en Barranquilla. Tuvo que volver a empezar pero el apoyo de su esposo fue decisivo. Allí vive hace ocho años, donde al igual que en Cartagena tiene su propia tienda, feliz con sus hijos: una pequeña de 5 años y gemelos de 2. Dice que a veces se siente culpable por no dedicarles todo el tiempo. Sí, ella es una trabajadora incansable.

Cada quien tiene un estilo

Beatriz asegura con total convencimiento que encontró un estilo y que este lo halló desde el principio. Se inclina por mostrar a una mujer ultrafemenina, sensual y actual.

Ella tiene su propia reflexión en torno a lo que significa la moda, pues a pesar de vivir rodeada de ella, cree firmemente que su trabajo no debe ser para decir `qué está de moda o para imponer parámetros generales. Todo lo contrario, su gran esfuerzo está en lograr que cada persona se encuentre consigo misma, saque su propio yo y descubra lo que quiere y con lo que se siente bien. "Diseño para mujeres que sean libres y se sientan libres hasta de la moda", afirma.

De esa manera es que ha logrado ser tan perceptiva, pues le interesa que su cliente `fabrique a través de lo que habla, desea y quiere, su propio estereotipo de moda y estilo. En este caso, Beatriz se convierte en un vehículo eficaz para emprender esa búsqueda.

"La moda es el reflejo del espíritu de cada persona y por eso es completamente individual. Cada quien tiene su propio estilo, de acuerdo con las exigencias de su cuerpo, su alma, de su manera de ser y de su trabajo", señala. De ahí que lo que usualmente se conoce como las últimas tendencias, lo maneje con respeto y de manera tímida.

Sueña con exportar. En este momento vende en Venezuela y Panamá, pero necesita que ese proyecto se consolide más. Así que el futuro determinará. Por ahora trabaja, continúa en su tarea de hacer moda para personas dispuestas a lanzarse a la búsqueda de su interior y desde allí reflejar lo que son en una prenda, marca Beatriz Camacho.

Tomado de la Revista Carrusel No. 1147, 24 de agosto de 2001

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Beatriz Camacho, maestra de los cortes

Enfrentar el reto de compartir pasarela con unos diseñadores que hacen parte de las grandes ligas de la moda mundial, no es nada fácil. Sin embargo, sin miedo a equivocarse y con letras mayúsculas, se puede afirmar que la colombiana Beatriz Camacho estuvo a la altura de las Pasarela Orbitel de Moda 2002. 

Cuando la Ilamaron a contarle que había sido la elegida para compartir pasarela con los estadounidenses Badgley Mischka, no podía creerlo. AI principio, hasta pensó en declinar la invitación pues se sentía un poco intimidada por el compromiso y por la categoría de sus compañeros de fórmula. Pero, después de algunos desvelos y de reflexionar mucho, entendió que no solamente era la oportunidad de demostrar todo lo que sabe, sino que era un reconocimiento a su trabajo y el momento de presentar en su país una impresionante colección bajo el sello Beatriz Camacho. 

"Cuando empecé a diseñar me di cuenta de que no tenía por qué dudar, pues todo me fue saliendo con mucha espontaneidad y fluidez", dice la cartagenera, con esa timidez y sencillez que siempre la han caracterizado. 

EXPERIENCIA Y JUVENTUD 

Aunque tiene almacenes en Barranquilla y Cartagena desde hace casi diez años, esta joven diseñadora ha ido cobrando fuerza a medida que presenta sus desfiles en las ferias más importantes del país, y de ahí que los directivos de Orbitel, asesorados por Inexmoda, le pidieron que este año fuera la estrella invitada de la noche, como representante de Colombia. 

"Para mí es un honor compartir la pasarela con unos diseñadores tan talentosos como estos. Su línea de noche con ese hermoso trabajo en pedrería es maravillosa", comenta la creadora colombiana. 

Beatriz Camacho estudió Diseño de Modas en New Burry School of Fashion Design en Boston y Patronaje Industrial en el Instituto Collegari de Roma. Sus colecciones han salido publicadas en las revistas más importantes del país y los expertos coinciden en afirmar que tiene una gran proyección internacional, motivo por el cual fue la elegida para acompañar a la pareja norteamericana. 

Aunque Ileva cerca de diez años trabajando, hasta hace unos cuantos empezó a surgir con fuerza. Su especialidad ha sido el trabajo con lino -y por eso es bien conocida en Barranquilla y Cartagena-, pero, poco a poco, ha ido ampliando su portafolio de texturas y en este momento trabaja infinidad de materiales en unas colecciones muy femeninas, Ilenas de sensibilidad y mucho arte. 

La mujer que presentó en este desfile es superfemenina, etérea y tranquila. "Uno se va encontrando lo que Ileva adentro y esa es mi manera de concebir a la mujer", puntualiza. Y a decir verdad, Beatriz Camacho es así: tranquila, no le gusta Ilamar la atención, es muy suave y hasta algo tímida. 

"Las siluetas que presenté -dice- son fluidas, con materiales muy suaves como encajes, tules, sedas, velos bordados con lentejuelas, chamois de seda". Como buena hija de la costa, el color predominante es el nácar en todas sus gamas. "Va desde un beige suave hasta un gris, pasando por el coral pálido". 

Los 30 vestidos que presentó Beatriz Camacho son como ella misma los define "un prét-á-porter con pretensiones", lo que quiere decir que sin hacer alta costura, todos son trajes de noche bien elaborados. 

Además, y guardando las proporciones de lo que significa realmente la alta costura, la colección de la cartaqenera resultó ser de alta técnica y demostró por qué es considerada la maestra del corte. Con vestidos que Ilevaban más de 60 cortes cada uno, sus propuestas casi no requieren de aguja e hilo para armar sus prendas. Su gran maestría radica precisamente en esos sesgos que le hace a las diferentes texturas y que le dan a la prenda una fluidez única, capaz de hacer volar a cualquiera de sus mujeres. 

De esta manera, y gracias a la Pasarela Orbitel . de Moda 2002, Beatriz Camacho ingresó a las grandes ligas de la moda nacional y su proyección internacional ya no es simplemente una meta futura, sino prácticamente una realidad, gracias a que varios de los compradores internacionales que vieron este desfile quedaron impactados con la magia cartagenera de esta creadora.

Tomado de la Revista Orbitel de Moda 2002

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Ovacionada en Plataforma K 2006, en Barranquilla

por Martha Luz Monroy
Subeditora de entretenimiento

Los asistentes quedaron perplejos con su propuesta de sedas teñidas a mano en batik.

Hay pasarelas que no dan ni calor ni frío. Otras que provocan ganas de llorar. Pero hay unas más que producen emoción, ganas de aplaudir y de decir "viva", como la de Beatriz Camacho en Plataforma K.

La cartagenera hizo parar a los asistentes con ovaciones por la colección que presentó. Comenzó, como muy pocos lo hacen, por el final. Es decir, que las más de 20 modelos, antes de cualquier cosa, llenaron la pasarela y después comenzaron a salir una a una. Arrancó con vestidos en tifón trabajados en batik (teñidos), con cortes asimétricos y con gran movimiento. Colores tierra como el café, sobre agua marina, fueron protagonistas.

En su propuesta se vio mucho drapeado y faldas hasta la rodilla y los talones. También se arriesgó con pantalones capri (hasta las canillas) y propuso desde mangas largas hasta hombros destapados, pasando por escotes delanteros y traseros.

La coherencia de su pasarela, el manejo de sedas naturales y el paso sutil de un color a otro fueron sello de su propuesta. De los tierra se fue a los naranja, los ladrillo, los vinotinto y los rojos, utilizando unos debajo de otros para dar sensación de difuminación.

La coherencia de su pro puesta estuvo acompañada por detalles como un ventiIador en un extremo de la pasarela que levantaba las faldas. lo que reforzaba el movimiento de sus suaves texturas. Al final, un auditorio contento y entusiasmado por haber visto una propuesta y buena producción en la pasarela.

En vestidos de baño

Las tres propuestas que se vieron se caracterizaron por el uso de accesorios. Claudia Eusse fue muy brillante, con la utilización de lentejuelas y detalles como retazos, que presentó también para niñas.

Claudia Olier trajo una propuesta en la que había desde vestidos de un solo tono, hasta estampados y camuflados.

Agnete Sung se inspiró en los guambianos y pintó sobre biquinis caras indígenas y sombreros de esta tribu. En su colección predominó el uso de accesorios en palma de iraca hechos por artesanos de Usiacurí (Atlántico).

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de marzo de 2006

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EI principal objetivo para su segunda participación en la Pasarela Identidad Colombia es que lo que se vea allí repercuta en la economía de los artesanos. Por eso, en su colección contó con el aporte artesanal de comunidades de Nariño, Atlántico, Córdoba, Valle del Cauca y Chocó, muchas de ellas desplazadas por la violencia y ahora asentadas en ciudades capitales. Las siluetas contemporáneas de sus vestidos contrastan con la apariencia rústica de los materiales elegidos, como fibra de plátano, cacho, hueso y caña flecha, en tejidos elaborados en Tuchín, Córdoba, exclusivamente para ella.

Camacho, que no descuida detalle complementa estos atuendos con accesorios fabricados con tamo de trigo y werregue Todos de gran gran tamaño, pero muy funcional

Tomado de la Revista Fucsia No. 95, 2008