Carmelo Fernandez

Guama, Venezuela

Pintores

Colonial, Figura Humana, Paisaje

 

Fernández, Carmelo

Pintor de la Comisión Corográfica, 1850

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S. XIX. Nació en Guama, Venezuela., 1810-1887

Muy joven pasó a Caracas en donde recibió sus primeras lecciones de pintura del francés Lessabe. Fue enviado a los Estados Unidos para que se perfeccionara en pintura. Allí recibió lecciones de Mariano Velásquez de la Cadena, y de Pinistre.

1827. Regresó a Venezuela y ocupó eI cargo de comandante de ingenieros en Puerto Cabello.

Ejecutó varios retratos para ilustrar el "Resumen de la Historia de Venezuela" de Baralt y Díaz. Colaboró con el coronel italiano Codazzi en el atlas y plano de Venezuela.

Viajó a Europa en donde recibió lecciones de Vigneron, con lo cual pudo perfeccionar su técnica pictórica.

1848. Luchó al lado de su tío el General Páez para derrocar al dictador Monagas.

1849. Se vino a la Nueva Granada a causa de la derrota de Páez.

1850. Fue llamado por Codazzi para trabajar como pintor de la Comisión Corográfica. Según el contrato debía ilustrar el libro de Manuel Ancízar titulado "Peregrinación de Alfa", con paisajes, tipos de población, trajes y monumentos antiguos. Sin embargo, la primera edición que se hizo de este libro en 1853 no fue ilustrada por Fernández y sólo trae una litografía de Martínez que representa a Manuel Ancízar.

1850. Tomó parte en la primera Expedición Corográfica. Acompañó a Codazzi; y recorrió las provincias de Vélez, Socorro, Soto, Ocaña, Santander y Pamplona, dejando 22 láminas tituladas así: Estancieros de las cercanías de Vélez; Notables de la Capital; Estrecho de Fura-Tena, Río Minero; Piedra Pintada de Saboyá; Cabuya de Simacota, sobre el río Saravita; Notables de la Capital; Casa principal de Cachirí; Campamento de la Comisión, Yarumito; Mineros blancos; Tejedoras y mercaderas de sombreros nacuma, Bucaramanga; Tipos blanco, mestizo y zambo; Iglesia de Ocaña; Cosecheros de Anís; Indios Mestizos; Mujeres blancas de Ocaña; Iglesia del Rosario de Cúcuta; Puente colgante sobre el Zulia; tipo africano y mestizo; notables de la capital; arriero y tejedora de Vélez; habitantes de la capital: Indios y mestizo.

1851. Tomó parte en la Segunda Expedición Corográfica y recorrió las regiones de Tundama y Tunja. En esta vez dejó 6 láminas tituladas así: Vista del nevado de Chita; Tipo blanco e indio mestizo; Habitantes notables; Piedra grabada de Gámeza; Casa de Boyacá; Tipo blanco e indio mestizó, Notables de la capital y terreno de la Acción de Boyacá. En realidad las láminas que dejó Fernández fueron 30, pero se perdieron dos que fueron arrancadas de las hojas en que estaban prendidas. Habiéndose enfermado por las privaciones y los climas malsanos, se dedicó a la enseñanza. Entre  las cátedras que dictó figuró la de dibujo topográfico.

Volvió a Venezuela y de allí viajó nuevamente a Europa, en donde permaneció algún tiempo.

A su regreso de Europa se estableció en Caracas, en cuyo Instituto de Bellas Artes, adelantó una labor fecunda hasta su muerte.

1877. Murió en Caracas.

Los dibujos de la Comisión Corográfica, ejecutados por Fernández, Price y Paz, quedaron por muchos años inéditos y sólo se publicaron completos por primera vez, como un suplemento de las "Hojas de Cultura Popular", en 1957. De los tres pintores, Fernández fue el mejor, especialmente en lo que se refiere al dibujo. Sus figuras son graciosas y llenas de movimiento.  

OBRAS

Las láminas de la Comisión Corográfica, antes mencionadas. Retrato de Bolívar para ilustrar la "Historia de Venezuela" de Baralt y Díaz.  

BIBLIOGRAFIA

Ramón Guerra Azuola: "La Comisión Corográfica". "Ingeniería y Arquitectura", N91, Enero Febrero, 1950. Bogotá.

Gabriel Giraldo Jaramillo: "La Pintura en Colombia". Fondo de Cultura Económica. México, 1948. Album de la Comisión Corográfica. Publicaciones de las "Hojas de Cultura Popular Colombiana". Bogotá, 1952.  

Tomado del libro Diccionario de Artistas en Colombia
Doctora Carmen Ortega.

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 En 1986 la Litografía Arco publicó el libro Acuarelas de la Comisión Corografica, con las ilustraciones completas de la colección de la Biblioteca Nacional, pertenecientes a los tres dibujantes comisionados:  Carmelo Fernandez, Enrique Price y Manuel Maria Paz.

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Estampa del venezolano Carmelo Fernández, militar y pintor en la Nueva Granada

por Pilar Moreno de Angel

El pintor venezolano Carmelo Fernández estaba destinado a cumplir papel destacado dentro de las artes plásticas de nuestro país durante el siglo XIX. Artista romántico y costumbrista, dejó una colección de cuadros que describen la vida cotidiana durante la pasada centuria. Su vida está unida a los vaivenes políticos venezolanos y por ello, según don Alfredo Boulton, su obra pudo desarrollarse más cabalmente en Colombia.

Carmelo Fernández nació en el pueblo de Guama, estado de Yaracuy, el 30 de junio de 1810. Fueron sus padres el español José María Fernández y una hermana del general José Antonio Páez llamada Luisa. Este tío lo invitó ya en su mocedad a Caracas a fin de recibir sus primeras lecciones de dibujo con el profesor francés Lessebe. La protección de José Antonio Páez a su sobrino se prolongó enviándolo más tarde a los Estados Unidos. En un colegio de Washington que pertenecía a don Mariano de la Cadena, recibió clases de dibujo con el italiano Pinestri. En los primeros meses de 1827 regresó a Venezuela.

El enorme aparato militar que había creado la Unión Colombiana se mantenía vigente. La carrera militar constituía un camino de ascenso social y era también la mejor manera de asegurar un puesto en la administración. Por ello el joven Fernández se presentó al jefe militar de la plaza de Venecia, quien lo adscribió al servicio militar, destinándolo como simple soldado al segundo escuadrón de granaderos montados. Era su primera obligación estudiar matemáticas en la comandancia de ingenieros en Puerto Cabello.

Para entonces surgieron problemas políticos en el sur de Colombia y se llegó al punto de tener un enfrentamiento armado con los peruanos. De allí que el Libertador ordenara llenar las vacantes, en los cuerpos militares existentes o por crear, con personas naturales de Venezuela. Fernández, con otros aspirantes, fue movilizado hacia Bogotá, donde se le incorporó al batallón Cazadores de Occidente, al mando del coronel Carlos Castelli.

En el Archivo Nacional de Colombia reposa el siguiente despacho:

El 24 de marzo de 1829, en virtud de un plan de propuestas presentadas por el comandante del Batallón Cazadores de Occidente para oficiales de su cuerpo, se libraron los despachos siguientes: Cuarta Compañía. De subteniente 1o. al aspirante Carmelo Fernández.

Está firmado por el general Rafael Urdaneta (1).

La disolución de la Gran Colombia era inminente. Ya así en Antioquia se rebelaba el general José María Córdova contra la dictadura de Bolívar, y como el primer movimiento militar más importante era reprimir esta insurrección, una expedición punitiva al mando del general Daniel Florencio OLeary salió hacia Antioquia. De ella hacía parte el subteniente Carmelo Fernández, quien relató en sus memorias esta campaña.

El general Pedro Alcántara Herrán firmó el 3 de mayo de 1830 el despacho que concedía el grado de teniente al subteniente Fernández (2), quien regresó a Venezuela al finalizar este mismo año.

Carmelo Fernández relató en sus Memorias el motivo de su corta permanencia en su patria:

En una desavenencia acaecida entre el coronel Cistaga y su esposa, oí especies que lastimaron mi delicadeza y resolví en enero de 1831 tomar mi pasaporte para Guayaquil, porque en ese tiempo que se anunció en Valencia la muerte de Bolívar, gobernaba Urdaneta en la Nueva Granada, y de seguro para allá no me habrían dado pasaporte. Era precisamente para la Nueva Granada que yo quería irme.

Carmelo Fernández se embarcó en Puerto Cabello en una pequeña nave que zarpó rumbo a Curazao. De allí viajó a Cartagena, donde el prefecto y comandante general del departamento, Mariano Montilla, le confió el mando de un piquete de caballería, junto con el cual debía ponerse a las órdenes del general Ignacio Luque.

en la capital de la república, el joven Fernández había encontrado la valiosa protección del coronel José Lindo, quien había sido edecán del general José Antonio Páez. Lindo le consiguió un empleo como escribiente del Estado Mayor General y posteriormente logró que se le incorporara en el escuadrón Húsares de Ayacucho. Fernández nos relata en sus Memorias:

Durante su breve estadía en Cartagena compró una miniatura de Bolívar, ejecutada sobre marfil por el pintor italiano Antonio Meucci, la que presentó posteriormente como regalo a la bella Teresa Tinoco Zabaleta, quien tenía entonces 18 años de edad.

¿Quién era esa dama que inspiraba su amor? Un año antes en la primera estadía de Carmelo Fernández en Bogotá, cuando había estado enfermo, recibió los cuidados de doña Josefa Zabaleta, viuda del coronel Tinoco, quien había perecido en el sitio de Puerto Cabello, y quienes eran los padres de la bella Teresa. La viuda de Tinoco había contraído nuevo matrimonio con el rico comerciante Manuel Antonio Arrubla y se encontraban radicados en Bogotá. (En la actualidad pertenece esa miniatura a la familia Zuluaga La Hoz, de Valencia, Venezuela. Anota don Alfredo Boulton: "todavía ciento veinte años después, en casa de los descendientes de doña Teresa, se guarda el regalo de Fernández.").

Se conserva en el Archivo Nacional de Colombia el pasaporte expedido en Cartagena al teniente Fernández, para trasladarse a la capital:

REPÚBLICA DE COLOMBIA

Departamento del Magdalena Estado Mayor

Pasaporte No. 39

De orden del señor General Comandante en Jefe del departamento, concedo pasaporte al teniente 2o. de caballería Carme/o Fernández para que siga a Bogotá, capital de la República a presentarse al gobierno.

Cartagena 11 de mayo de 1831

El Coronel Jefe Antonio Uzcátegui (3)

El fin de la Unión Colombiana era ya un hecho cuando el teniente Fernández entró a Bogotá. El gobierno de facto del general Rafael Urdaneta había caído. El vicepresidente, general Domingo Caicedo, había asumido el ejercicio del poder ejecutivo y una de sus primeras actuaciones como gobernante había sido la de restablecer al general Francisco de Paula Santander en sus grados y honores militares. El 21 de noviembre sancionó la ley que formó la República de la Nueva Granada. Entre tanto, en la capital de la república, el joven Fernández había encontrado la valiosa protección del coronel José Lindo, quien había sido edecán del general José Antonio Páez. Lindo le consiguió un empleo como escribiente del Estado Mayor General y posteriormente logró que se le incorporara en el escuadrón Húsares de Ayacucho. Fernández nos relata en sus Memorias:

Al pasar a Húsares por influencia de mi amigo el coronel Lindo, fui presentado al Comandan te Ureña, primer ¿efe o Comandante del cuerpo, y puedo decir que fue allí donde aprendí mejor el servicio de caballería, porque el cuerpo estaba entonces montado, en buenos caballos, y aprendí el servicio de guarnición y de campaña en el tiempo que serví en aquel cuerpo. En Setiembre de 1831 se recibió la orden de marchar al Sur, y ai Ecuador donde mandaba Flores, íbamos a hacer la guerra a un país hermano y amigo. Marcharon fuerzas de infantería y caballería. AI llegar al pueblo de La Plata pasamos el Magdalena por un puente de bejuco muy azaroso por lo que temblaba. Camino muy pedregoso para los cabal/os que iban herrados de las cuatro patas. Después de multitud de peripecias, que no refiero, pisamos por fin el suelo del Ecuador, y llegamos a la villa de I barra ya Tulcán. Allí no sé si por influencias diplomáticas o por carecer nuestro ejército de elementos necesarios para hacer la guerra, recibimos orden de contramarchar.

Relata asimismo Fernández en sus Memorias, con cierto dejo de amargura, que el grado de capitán con el cual se le ascendió por aquella época en Bogotá no le fue reconocido en Venezuela.

Del período anteriormente relacionado no se conoce ninguna obra pictórica de Fernández. Sin embargo, los personajes que conoció por entonces, como el Libertador, el Mariscal de Ayacucho y otros próceres, le sirvieron posteriormente para elaborar los retratos de litografía que ilustran la obra clásica Resumen de la historia de Venezuela de Baralt y Díaz.

El capitán Carmelo Fernández, en compañía del coronel Antonio Jurado, salió de Bogotá rumbo a su patria.

Habría de regresar a la Nueva Granada casi diez años más tarde, ya que el 11 de noviembre de 1842 el gobierno de Venezuela lo nombró en la comisión que debía ir a Santa Marta con motivo del traslado solemne de los restos del Libertador a Caracas.

Cuando don Simón Camacho, miembro de la comisión, visitaba en compañía del doctor Reverend la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, encontró que:

En un rincón del gran patio, bajo un toldo improvisado, estaba el primer teniente de caballería Carmelo Fernández enviado por el gobierno de Venezuela para tomar las vistas de los lugares en que murió y fue sepultado el Libertador. En aquel momento sacaba la vista de la Quinta.

El doctor Héctor García Chuecos reproduce una nota de Carmelo Fernández fechada en Caracas el 14 de febrero de 1843, dirigida al Secretario de Estado en los despachos de Guerra y Marina, donde enumera los dibujos por él elaborados, relativos a los funerales del Libertador:

1o. Vista de Santa Marta desde el fondeadero; 2o. Vista de la bahía de Santa Marta con los buques del Convoy; 3o. Perspectiva de la vista de San Pedro Alejandrino; 4o. Plano de la misma; 5o. Perspectiva de la Catedral de Santa Marta; 6o. Plano de la misma, y 7o. Catafalco de Santa Marta. 8o. Exhumación del cadáver del Libertador; 9o. Embarco de los restos; 10. Perspectiva interior de la goleta "Constitución", teniendo los restos a su bordo; 11. Los buques que componían la expedición fondeados en los Roquea; 12. Convoy de embarcaciones menores que en la rada de La Guaira escoltan la falúa que conduce los restos al muelle, y vista de los buques de guerra y mercantes que a la sazón se hallaban en dicha rada; y 13. Desembarco de los restos en el muelle de La Guaira. 14. Procesión fúnebre de La Guaira; 15, 16, 17 y 18. Procesión fúnebre de Caracas; 19. Interior del templo de San Francisco; 20. Arco Triunfal; 21. Catafalco de Caracas, y 22. Capilla de la Catedral.

Posteriormente muchos de estos dibujos serían reproducidos en un álbum titulado Recuerdos de Santa Marta en 1842, seleccionado por Simón Camacho. Cuando estalló la guerra civil en Venezuela, en 1848, Carmelo Fernández se expatrió y se trasladó a Bogotá, a donde llegó en los primeros meses de 1849.

El coronel Agustín Codazzi, quien se encontraba en Bogotá, presentó a la Secretaría de Relaciones Exteriores, en mayo de 1849, un mapa general de la República, tomado según los documentos conocidos hasta entonces. Esta carta geográfica estaba adornada con una viñeta alegórica dibujada por Carmelo Fernández, la cual, según el relato de Lázaro María Girón:

representaba al cóndor reposando sobre una eminencia de los Andes, con el pabellón nacional y la granada entre las garras; a su espalda se veían las cumbres nevadas de nuestras montañas; abajo, en hermoso grupo, los animales y vegetales del país; y en último término el istmo de Panamá bañado por dos océanos.

Como Codazzi conocía ampliamente a Fernández, ya que éste había colaborado con él en el Atlas de Venezuela, lo hizo incorporar a la Comisión Corográfica de la Nueva Granada en calidad de dibujante. Codazzi había firmado el 1o. de enero de 1850 un contrato en donde se comprometía a levantar el relieve del país y trasladarlo a mapas dentro de un sexenio.

La Comisión Corográfica, instituida bajo la administración del general José Hilario López, según las palabras del historiador colombiano Gabriel Giraldo Jaramillo,

representa dentro de la vida cultural republicana lo que la Expedición Botánica significó durante la etapa final del coloniaje; una y otra estuvieron inspiradas en un sentido nuevo y realista de las necesidades económicas y culturales del país, que debía abandonar los viejos moldes escolásticos, la vana lucubración intelectual, los manidos derroteros de especulación empírica, para orientarse hacia una inédita ruta de progreso, de investigación, de experimentación pragmática y racional.

En esta empresa cultural y científica trabajó Carmelo Fernández como dibujante en los años de 1850 y 1851. En esta condición formó parte de sus dos primeras expediciones y fue así como viajó a las provincias de Tunja, Tundama, Ocaña, Socorro, Soto, Vélez y Santander.

En el álbum de la Comisión Corográfica que conserva la Biblioteca Nacional de Colombia, se encuentran treinta acuarelas dibujadas por Carmelo Fernández, las cuales son consideradas por los críticos colombianos como las mejores desde el punto de vista artístico de todas las que componen dicho álbum. Ya desde el siglo pasado expresaba el crítico de arte Lázaro María Girón:

Carmelo Fernández se distingue por la precisión. Por la exactitud en los detalles. Todo en él parece tender a la prolijidad de una miniatura. Hasta los bordados de los trajes aparecen cuidadosamente trabajados. Está especialmente dotado para fijar las actitudes de los personajes, lo cual ayuda a indicar su carácter y alcurnia. Los mobiliarios, enseres, pormenores de la flora, todo está allí para ser palpado, analizado, estudiado, y para ello acompaña siempre el motivo principal de sus láminas con árboles o productos típicos de la provincia; así el conjunto puede entenderse mejor; a veces llega hasta agregar piedras y fósiles a fin de que nada falte en el conjunto regional...

No olvidó ni los antiguos mobiliarios, ni las herramien tas de trabajo, ni accesorio alguno característico. Los bellos sombreritos de paja pintados de blanco y negro y con cintas de colores, las cuentas de vidrio que adornan el robusto pecho a las muchachas mestizas de Pamplona y Vélez; la camisa con bordados y arandelas; las limpias enaguas azules que bajan con soltura desde el esbelto talle; los pañuelos colgados negligentemente sobre los morenos hombros; los pañolones rojos, de hilo, con dibujos blancos y las demás prendas de vestido usuales en las mujeres; todo allí está bien y graciosamente representado.

Y sobre las características generales de las pinturas de Fernández dice:

Aparte de las buenas cualidades de composición y ejecución que caracterizan a estas producciones, es de admirar en ellas la manera como da ¡dea de toda una región de la república, con su clima, sus razas, sus costumbres, su cultura, sus industrias y producciones, y hasta su grado de adelanto intelectual, dado que por elementos físicos se pueden formar concepto acerca de los alcances de éste.

A cada paso se descubre en ellas el deseo alcanzado con buen éxito de reflejar en oportunos episodios el aspecto local del país, así como el movimiento de la vida nacional. El señor Fernández, inteligente y fiel intérprete, supo sorprender con su pincel actitudes y rasgos muy natura/es y característicos, logrando formar así verdaderos tipos que, sin ser retratos, nos son, sin embargo, conocidos.

El historiador Gabriel Giraldo Jaramillo, en su obra La pintura en Colombia, anota:

Fernández es el más capacitado de los pintores de la Comisión; no sólo era dibujante hábil y cuidadoso que lograba con facilidad el dominio de los rasgos predominan tes, sino que se distinguía por su colorido armonioso, limpio y delicado; escrupuloso y detallista, llega en ocasiones hasta el preciosismo y nos da verdaderas miniaturas, plenas de exactitud y fidelidad; sabía captar en sus retratos los aspectos

esenciales, característicos de los personajes, de tal suerte que nos presenta verdaderos tipos sociales de la época: el orejón con sus zamarros de cuero de tigre y su sombrero de anchas alas; el acicalado caballero de la ciudad con su levita y su alto sombrero de copa; la mulata arrogante y desenvuelta que va pregonando con su paso rítmico la altivez de su estirpe; el indio ladino y malicioso, el negro matrero y procaz; toda la gama de colores, toda la escala social, el pueblo todo, heterogéneo, abigarrado y multiforme, en formación entonces, aparece en estos dibujos de Fernández, arrancado a la realidad viva, sin artificios, ni retoques, ni adulteraciones intelectuales.

Muy serias discrepancias se presentaron entre Carmelo Fernández y los otros miembros de la Comisión Corográfica, diferencias que se revelaron en varias cartas despachadas por Codazzi a su esposa y que fueron transcritas por Andrés Soriano Lleras. Esta correspondencia nos describe el carácter hosco y violento del pintor, a más de su afición por las mujeres llamadas por Codazzi las pelonas. Dice el jefe de la Comisión Corográfica:

No se deja ver i aunque estuvo en la comida de Blaise no se arrimó a mí para nada. No sé lo que tenga en la cabeza, ya se ve que es loco el pobre i las diferentes fases de la luna deben influir en su personita que procura estar lejos de nosotros para que no veamos que no trabaja sino con las pelonas.

Y en la carta dei 29 de junio dice:

No le he dicho nada a Carmelo Fernández, porque hace más de 20 días que no se le ve la cara; si me encuentra por la calle me huye lo mismo que hizo en Bordeaux. Ese loco la ha tomado ahora conmigo i no sé por qué ha dicho que tiene muchas quejas i que no puede seguir en la Comisión; i el mejor negocio es que ni una palabra ha pasado entre los dos, porque no se deja ver; sin embargo, con sus chismes me molesta i te aseguro que no hai en este mundo cosa más desagradable para mí que tener disgustos de familia. porque en esta caravana debemos ser como una familia en perfecta armonía.....El sosiego i la tranquilidad de ánimo son dos cosas mu i necesarias en esta peregrinación para trabajar bien i conservar la salud; de manera que si yo debo seguir el año que viene con este loco, me parece que dejaré el trabajo, porque te repito que lo único que me queda a mi edad es de gozar de tranquilidad de espíritu i conservar buena armonía con los que me acompañan. Si estos trabajos me obligan a estar lejos de mi familia que quiero en extremo, a lo menos quería tener el consuelo de no tener disgustos por caprichos ágenos, pues que mi familia no me los da, pues yo creo que U. vive en paz i en buena armonía con todos, pero si así no fuera, i supiera que en la familia no hai tranquilidad, te aseguro que preferiría estar fuera de ella todo el año que venir a pasar algunos meses en medio de disgustos domésticos. Si, pues mi familia no va i me da que sentir, ¿por qué debo yo aguantar las impertinencias del loco Fernández? Te aseguro que el hombre es siempre lo mismo i no ha cambiado nada. Vive solo i su cuarto de día i de noche está concurrido por las pelonas i creo que no trabaja nada. Yo que es-toi encargado por el Gobierno como jefe de la expedición de vigilar para que cumpla con sus deberes no puedo hacerlo, ni lo hago porque él huye de mí. Pero lo cierto del negocio es que él quiere vivir con la familia en Cúcuta, porque así lo quiere su esposa, i ya está buscando medio de colocarse aquí según me han informado varios. Ojalá que así suceda...

Fernández fue reemplazado como dibujante de la Comisión Corográfica. El inglés Enrique Price ocupó su puesto, pero con el encargo de terminar los trabajos iniciados por él, según se desprende de la siguiente comunicación:

Al señor Gobernador de la Provincia de Santander

Bogotá, 24 de junio de 1852 El Señor Carmelo Fernández sigue para Cúcuta con ánimo de permanecer algún tiempo en esa Villa y con tal motivo ha avisado al P. E. que allí entregará a quien le recomiende las 16 láminas que le faltan para completar los trabajos que se le encomendaron como adjunto a la Comisión Corográfica y en virtud del contrato aprobado el 10 de diciembre de 1850.

El ciudadano presidente de la República me ha indicado recomiende a U. para que perciba y remita a este despacho las láminas que debe entregar el señor Fernández como completo de las que son de su cargo trabajar con arreglo al expresado contrato. Para la mejor inteligencia en este negocio acompaño a U. copia del contrato y una lista general de las láminas. En esta verá U. marcadas las que hasta hoy ha entregado el señor Fernández; por consiguiente las restantes son las que U. debe obtener y en caso necesario exigir de él.

Réstame recomendar a U. emplee su bien conocida eficiencia en este asunto que tanto contribuye a la belleza de los trabajos corográficos. Soy de U. atento servidor,

José María Planta (4)

Algunas otras obras pictóricas debió de dejar Carmelo Fernández en Bogotá. Existe una litografía conocida con el nombre de Tren de viaje de un cura de tierras altas, la que ha sido atribuida al pintor costumbrista colombiano Ramón Torres Méndez. Sin embargo, la autora de este artículo posee en su colección particular un ejemplar de esta litografía salida del taller de los hermanos venezolanos Celestino y Jerónimo Martínez, litógrafos radicados en Bogotá, donde se puede leer muy claramente: "Carmelo Fernández dib."

Carmelo Fernández regresó a su patria y tiempo después emprendió un nuevo viaje a Francia. Nuevamente en Venezuela, en el año de 1886 se desempeñaba como ingeniero del Ministerio de Obras Públicas en Caracas. En esta ciudad murió el 9 de febrero de 1887 a la edad de 77 años. Como puede verse, parte muy importante de la vida de este hombre polifacético —militar, artista, geógrafo— la vivió en tierras de la Nueva Granada, donde conoció el amor, vivió momentos cruciales de la vida republicana y dejó una notable producción artística. □

Notas

(1) Archivo Nacional de Colombia. Despachos Militares, Tomo 14. F. 54

(2) Archivo Nacional de Colombia. Tomo 14, Folio 76 r.

(3) Archivo Nacional de Colombia. Secretaría de Guerra y Marina. No. 785 F. 48 a 50.

(4) Archivo Nacional de Colombia - Fondo Ortega Ricaurte - No. 3 Caja 66-67.

Tomado de la revista Lámpara No. 81,marzo de 1981