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MODA EN COLOMBIA

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La Moda en el Siglo XIX , antes de la cámara fotográfica ...... (La comisón corográfica)
 

  José Manuel Groot Edward Mark Carmelo Fernandez Enrique Price Manuel Maria Paz
 


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Historia del diseño Siglo XX

Colombiamoda

     
 



EL ARMARIO DE TODOS LOS TIEMPOS

El vestido no sólo ha sido muestra de expresión y respuesta a las necesidades de las mujeres.

A continuación, un recorrido a través de la historia del vestuario femenino en Colombia.

(Artículo tomado de la Revista Semana Edición 1224, 17 de octubre de 2005)

En la Conquista

Las primeras referencias al vestuario de las mujeres en América son las recogidas en los diarios de Cristóbal Colón. En ellas se afirma que las mujeres, en lo que fue catalogado como vergonzoso e inmoral, andaban desnudas, se pintaban la cara y el cuerpo y se adornaban con elementos de origen animal como plumas, huesos, escamas, dientes y conchas. Al parecer, se usaban también, para esos fines, piedras pulidas o piezas de oro.

  -Se dice también que las indias que habitaban las costas llevaban vestidos que las cubrían íntegramente como defensa ante las plagas de zancudos y, en ningún momento, para tapar su desnudez.

  -Por ejemplo, según Cieza de León en sus Crónicas Peruanas, el traje de las mujeres pastos, en el actual Nariño, "era una manta angosta a manera de costal en que se cubren de los pechos hasta la rodilla y otra manta pequeña encima que les viene a caer sobre la larga, todas hechas de hierbas".

  -El mismo autor escribió que en el Urabá colombiano "las mujeres andan vestidas con mantas que les cubren de las tetas hasta los pies", y en la tribu de los Gorrones, en el Cauca, "indias e indios se colocaban maures que les tapaban la delantera". Y añadió también que las tribus chibchas eran especialistas en el arte del tejido.

En la Colonia

La primera referencia del siglo XVII es que, en los primeros años, se tuvo al parecer un enorme aprecio por la ropa venida de Eslaña porque, a raíz de su elevado casto, tenerla significaba prestigio. Incluso se dice que muchos indios principales intentaban vestirse como españoles.

  -En 1719, cuando se había creado el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, la moda dictaba la costumbre de imitar a Francia. Joaquín Posada Gutiérrez escribió, en sus Memorias histórico políticas, que las matronas llevaban "rica basquiña de seda, tontillo, camisa pechona de fina batista guarnecida de triple arandela de riquísimos encajes de Flandes, faja de galón de oro de dos pulgadas de ancho, ciñendo la cintura, abrochada con hebilla de oro esmaltado o cincelado, y babuchas de lama de oro o de plata".

  -Fray Juan de Santa Gertrudis describe el traje femenino en Cartagena en 1756 como "una camisa con labores de seda de colores y que es de hilo de oro y de plata también, formando un cuello de tres dedos de ancho, y a la caída de un lado y de otro un cuadrado que llaman pechitos Y en las faldas un encaje de cuatro dedos de ancho. Sobre la camisa con las mangas sin puños anchas, con los remates de encaje, visten un fustán de bretaña y alrededor un encaje o fleje, uno y otro con juntas".

  -A finales del siglo XVIII, según este autor, se usaba "traje largo, estrecho, talle alto y manga corta, llamado a la María Luisa, por María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, relegando el tontillo pero llevando el rico pañuelo de batista en una mano, el abanico de plumas o de cabritilla en la otra". Este recibía el nombre de Traje Imperio porque fue creado en las cortes de Napoleón y difundido principalmente por su esposa Josefina de Beauharnais.  Al reducirse el tamaño de las faldas se hizo necesario el uso de calzones y, hacia 1811, el del sostén.

En la Independencia

Los criollos neogranadinos, a partir de la Independencia, asumieron el cambio de vestido como una expresión de su ideología. Aunque se seguían usando los peinados altos y los viejos trajes de tisú, muchas mujeres, según las Crónicas de Bogotá de Pedro María Ibáñez, "se cortaban el pelo y se levantaban la ropa hasta cerca de la rodilla ".

  -Las mujeres neogranadinas de clase alta de después de la Independencia lucían para diario un traje catalogado como outré y descrito en sus Memorias por el europeo Boussingault que vino al país después de la Independencia, como "un rebozo (mantilla) de material azul, falda de bayeta que es una tela de tejido liviano fabricada en el país y un sombrero de fieltro parecido al de los hombres". Este traje sería el que daría origen al vestido nacional. La única diferencia entre clases era que las inferiores no llevaban calzado.

  -El mismo autor reseñó que los vestidos de las damas de clase alta eran, al igual que la educación y las costumbres, iguales a los de la España de la Edad Media. Eso es, en palabras de José Caicedo Rojas, "una mantilla azul o negra, de paño con un ancho sobrepuesto que cubría la cabeza, sujetándose quién sabe cómo el peinetón del cual engarzaban también un sombrero negro de forma redonda y de ala muy ancha. La mantilla caía sobre los hombros; dejando libres los globos de las mangas y cubriendo la espalda como una cortina cuyas puntas venían al pecho. De la cintura abajo las cubría una enagua de género de lana negra que llamaban alepín y que adornaban abajo con canutillos Quedaba, pues, descubierto el tocado de la cabeza, los pendientes de oro o de piedras preciosas que les colgaban de las orejas, y los collares con que se adornaban el cuello ".

  -Las camisas variaban según el clima, pero siempre tenían encajes y flores bordadas a mano y el largo de la manga variaba del hombro al puño. Las medias eran de algodón de vivos colores o bordadas, sostenidas con ligas y zapatos de cordobán estilo chinela, sobre los que, para salir de lugares húmedos o lluviosos, se ponían unos chapines. Este calzado se usaba en España y se caracterizaba por no tener puntas ni talones, pero sí plataformas en corcho de 15 a 20 centímetros, por lo general, se denominaba alcorque, pantufo o coturno y pasó a ser calzado de lujo cuando se le añadieron piedras preciosas y bordados de seda, oro y plata.

  -Durante las dos primeras décadas de este siglo, las mujeres siguieron usando un atuendo que, desde el siglo XVI, había cambiado muy poco. Fue solo después de la In dependencia, con la inmigración por parte de países europeos distintos a España, que empezaron a desligarse del régimen colonial gracias a la llegada de lo último en moda romántica: la falda subió para permitir ver los zapatos de cabritilla y las medias, y luego volvió a bajar y se pasó al uso de botas. Las telas preferidas eran transparentes como el organdí, y la muselina en colores como blanco rosado, violeta y celeste y, hacia 1830, los estampados escoceses y el color rojo vivo.

  -Se acostumbraba a que la devoción o la necesidad de un favor divino hicieran que muchas mujeres, recibiendo por ello el nombre de beatas o piadosas, vistieran un traje parecido a un hábito que, conocido con el nombre de hábito o vestido monjil, consistía en un vestido de paño de color café ajustado a la cintura por una larga correa de cuero negro cuyo extremo colgaba hasta el borde de la falda, una mantilla de paño blanco y sombrero negro.

 -José Manuel Groot escribió, refiriéndose a la moda de la mujer popular y campesina en1830,que "el lujo de las mujeres del pueblo era en esos tiempos, enaguas de bayetas rosadas con cintas celeste.; mantellina de paño azul y sombrero de castor negro de copa redonda y a la extendida; otras usaban cubanos con cintas de raso, mantillas y enaguas de paño azul. No había mujer de artesano que no tuviera gruesas sortijas, zarcillos y gargantillas de oro o de plata con relicario de Santa Bárbara en oro ". -Charles Saffray describió así las mujeres de Cartagena: "jubón corto de sarga, de indiana o de muselina, ajustado por un cinturón de lana de vivos colores (..) para salir a la calle se ponen un pequeño chal de algodón, de lana o de seda, el cual cruzan sobre el pecho dejando las extremidades pendientes a la espalda ".

 -Miguel Cané, al describir las aguadoras de Bogotá de finales del siglo, dice: "su traje era una camisa dejando libres el tostado seno y los brazos y una saya de un paño burdo y oscuro. En la cabeza un pequeño sombrero de paja. Todas descalzas". Se concluye con ambas la descripción de que las piezas de los vestuarios de las mujeres de clase alta eran las mismas usadas por las de clases inferiores llamadas cintureras en Cundinamarca, Huila y Tolima y ñapangas en Popayán. Las diferencias eran sólo la calidad de las telas, la ausencia de calzado y el sombrero de tejido tosco.

 -En el siglo XIX, el principal cambio tuvo que ver con la manera de peinarse. Los peinados del siglo anterior fueron reemplazados por innumerables propuestas que tenían que ver, en la mayoría de los casos, con el uso de adornos. Se usaba un pañuelo doblado en diagonal y amarrado sobre la frente para imitar los turbantes que venían del oriente, adornos de plumas y flores y sartas de pedrería, moños de cinta y peinetas de carey adornadas con diseños calados. También se empezaron a usar rizos y trenzas y otros accesorios como sombrillas y abanicos Estos eran de 12 a 15 centímetros y a partir de 1830 venían con las pantallas pintadas de paisajes y flores En la segunda mitad del siglo XIX, los ricos empezaron a encargar ropa directamente de París y esto sofisticó los hábitos de la moda.

A partir del siglo XX
1900

Una nueva forma de vestir, caracterizada por grandes abrigos de lino y sombreros anudados con voluminosas bufandas, se toma el ambiente como una necesidad para resistir el viaje en el carro que se ha popularizado en esa época: el descapotable Ford T Al auge de la confección de vestidos sobre medidas de dos piezas en lino y algodón para el diario, sastres de popelina opaca y organdí transparente para la tarde y trajes de seda de cuello alto para la noche, se suma el interés por las faldas hasta el piso que sólo a finales de la década dejarán ver una pequeña parte de los tobillos Los abrigos más sofisticados eran los de Madame Paquin.

1920

En la primera década, las mujeres se quitan el corsé y abandonan la falda larga y toman una silueta sin curvas que produce la tendencia que se inclina hacia los sastres tejidos con chaquetas estilo capa y los trajes ligeros de manga sisa, capuchón, cuello con pinzas y talle bajo  o sin cintura. Para las noches es habitual la figura de barril sin mangas, con grandes paneles y cuentas de astrágalo y énfasis en una linea de cintura baja y una banda ancha estilo faja de esmoking. Y para el día se usan vestidos de rayón o de fibras naturales como lino, lana, seda y algodón, en tonos morados neutros, cafés y azules. La moda para ir a los famosos tés bailables del Hotel Regina es falda hasta la rodilla para el día y la noche y luego, a finales de la década, hasta la mitad de la pantorrilla.

1930

La ropa se toma más ligera y libre para privilegiar las siluetas naturales y delgadas acompañadas del pelo ondulado hasta los hombros Las importaciones se reducen como una de las últimas consecuencias de la depresión y obligan al uso de algodón y lana de producción nacional para elaborar vestidos con el talle en su lugar y largas cadenas en el cuello y las muñecas, carteras acolchadas y camelias falsas en la solapa de la chaqueta. Los colores son apagados a principios de la década pero, poco a poco, pasan a ser más vivos y se apoderan de la tendencia hasta cuando llegan los estampados con dibujos geométricos o abstractos en telas con ondas estrechas

1940

Los diseños más comunes son los trajes de chaqueta y falda hechos a la medida y para enfatizar las caderas. Aparecen también la abertura en la falda, el corte asimétrico, el escote curvo, los sombreros alargados. Marca la moda el Casquete... de copa elevada, líneas curvas y adornos florales. Las jóvenes, con ánimo de informalidad, por primera vez usan una ropa más deportiva compuesta por pantalones con enormes camisas y medias cortas, pulseras en el tobillo, botas y faldas tejidas.

1950

Hace furor una falda ancha hecha con muchos metros de tela y acompañada por un cinturón apretado. La acompañan blusas de manga corta y sisas en forma de diamante, suéteres de manga larga con botones y apliques de lana y otro tipo de falda: la estrecha plisada hasta la rodilla o un poco más arriba. La ropa casual se mueve entre tonos sólidos y neutros con estampados de flores. Para la noche se usaban vestidos opacos en forma de corazón alargado o strapless en seda natural o nylon sobre el vestido, con adornos de tul, mantas y lazos de velvet. Brocados, satines y tafetán en texturas naturales y sintéticas. Flores brocadas en tonos sólidos y clásicos, con efectos que parecen sobrepuestos en chiffon. El azul pavo real y el rosado fuerte se convierten, junto al gris flanel, en los colores favoritos de la época. Las faldas y los pañuelos ostentan dibujos hechos a mano, aplicaciones, lentejuelas y brillantes.

1960

Los vestidos empiezan a subir más allá de la rodilla y el pelo se usa por encima de los hombros o en colas de caballo que, en ese tiempo, implican un atrevimiento. La alta costura, amenazada con desaparecer por la llegada del prét-á poner, se mantiene aún con el uso conservador del conjunto de vestido y abrigo, sastres de chaqueta y falda y vestidos de noche hasta el tobillo. Un imagen imitada en Colombia fue la que dejó Jacqueline Kennedy cuando vino a Bogotá con el vestido que fue catalogado como vestido talego: cartera Chanel, sombrero píldora, pañoleta en el pelo y collar de perlas. También se empieza a usar pantalones, pantimedias y un vestuario que, en definitiva, se podría llamar masculino. Minifalda, botas altas y cartera al hombro y vestidos cortos y pintados con flores y motivos abstractos que se usan por igual para el día y la noche

1970

Es el boom de las camisetas sintéticas con remolinos sicodélicos, estampados de flores y motivos geométricos. Los jeans de bota campana hacen su aparición junto al furor causado por la maxifalda sin que por ello sea destronado el pantaloncito. Entran en escena cuellos y solapas desproporcionados y zapatos de plataforma y suecos. Blusas de lazo, crinolinas, escotes con boleros y camafeos. Aparecen tejidos ásperos y se da un retorno de lo étnico y primitivo de nylon, acrílico y otras fibras sintéticas.

1980

Es la década de la ostentación. Reina desde el conjunto victoriano de chaqueta y falda fruncida, acompañado de blusas con lazos, de gatica, hasta una silueta de hombros anchos y falda estrecha. Voluminosas hombreras y faldas de lycra y diversos materiales elásticos.

Es importante, como símbolo de poderío, el uso del sastre. Hay gran proliferación, a partir de lo mostrado en películas como Flashdance y Fama, de balacas y jeans rotos desteñidos.

1990

Esta es la década en la que la moda es menos uniforme. Prima como valor el individualismo en el vestir: quien confía en sí misma y en sus opiniones es bella. Tal vez por eso prima una suerte de minimalismo tanto en las modelos como en los diseños. Es de notar también una marcada tendencia a incorporar en la moda elementos orientales que se notan, sobre todo, en la presencia de pliegues en los vestidos. También hacen su aparición las transparencias y el wonderbra.

2000

Actualmente el vertiginoso movimiento del mundo hace que haya muchas propuestas de moda y sea difícil definir lineamientos muy claros. Pero entre lo que se alcanza a percibir, parece que en esta década prima la nostalgia por lo pasado y, por ello, se intenta recuperar tendencias de moda de las décadas anteriores. Y, también, se hace claro el interés por involucrar elementos de cultura popular dentro del vestido, en lo que se podría llamar como moda kitch. El traje unisexo marca también una de las revoluciones más importantes en lo que a moda se refiere. 

El traje nacional

Durante el siglo XIX, entre todas las variaciones que pudo tener, la pieza de vestir común entre todas las clases era la ruana. Proveniente al parecer de la unión entre el colonizador y el colonizado, esta prenda se convirtió en común denominador del vestuario de esta parte del mundo.

El guardapiés. Se trata de una prenda exterior que casi siempre es una especie de delantal de tela fina muy adornado con encaje, que llegaba hasta el borde del vestido y estuvo de moda entre los siglos XVII y XVIII.

La pollera. Puede ser interior o exterior y es muy ancha y fruncida en la cintura, adornada con bordado o encajes.

El faldellín. Cuando era prenda exterior consistía en dos faldillas separadas y abiertas de arriba abajo que se amarraban a la cintura. También, según Soledad Acosta de Samper, se usaba amarrada al cuello para lavar en los ríos y es quizá el origen del chingue.

FUENTES:

     -  Aída Martínez Carreño. La prisión del vestido, aspectos sociales del traje enAmérica. Planeta Colombiana Editorial S.A.,1995

     -  Antonio Montaña. Cultura del vestuario en Colombia. Fondo cultural cafetero, 1993

     -  SEMANA MODA. Noviembre de 1999

Tomado de la Revista Semana No. 1224, 17 de octubre de 2005

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La Moda Colombiana

Articulo del Periódico El Tiempo

Sentirse orgulloso de la moda colombiana es mucho más que ponerse un pantalón y una chaqueta made in Colombia y quedar conforme con lo que el espejo revela.

Es recordar que gracias al sector textil y de la confección por lo menos 300 mil familias reciben ingreso fijo; que la calidad de las prendas ha hecho voltear los ojos de miles de hombres de negocios hacia nosotros, y que ferias de moda como Colombiatex y Colombiamoda se cuentan dentro de las más importantes de Latinoamérica.

Pero después de una década de trabajo serio y organizado, el país puede mostrar mucho más en materia de moda: un numeroso grupo de diseñadores con reconocimiento internacional; un sector que a pesar de reveses como el contrabando y la apertura económica, ha generado cientos de empleos en los últimos meses; un semillero de modelos con las condiciones físicas necesarias para proyectarse internacionalmente y, ante todo, un motivo permanente y muy atractivo para hablar bien de Colombia.

Por algo los colombianos están incluidos dentro del selecto grupo de las agujas más finas del mundo. Lo que, palabras más palabras menos, quiere decir que la ropa que aquí se diseña, confecciona y fabrica (bien sea para consumo local o para exportación) se ajusta a los cánones de calidad exigidos por el  mercado internacional.

Esas cualidades han hecho que en Colombia se maquilen prendas para marcas tan reconocidas como Levi Strauss, Ralph Lauren, Liz Clairbome, Naútica, Nine West, Keneth Coler, Timberland, Hush Puppies y Brooks Brothers.

Hoy por hoy, gracias a la industria textil se sostienen relaciones comerciales con México, Canadá, Chile, Panamá, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Estados Unidos y algunos países de Europa.

La última versión de Colombiamoda, celebrada en agosto pasado, reportó la visita de 104 compradores internacionales que vinieron en misiones específicas con Proexport Colombia y de otros 480, que hace un par de años tienen separada en su agenda la cita en Medellín.

El buen nombre también está respaldado por la calidad de los textiles nacionales (paños, lanas, algodones, índigos, etc.), la variedad de insumos (botones, cremalleras, marquillas) y la mano de obra calificada y económica. "Los colombianos tenemos cultura de moda y conocemos el oficio", asegura Alicia Mejía, directora i EL TIEMPO de mercadeo del Instituto para la Exportación de la Moda (Inexmoda).

Por eso ya no resulta extraño ver colores y diseños similares en las vitrinas de las tiendas dé Nueva York, París, Medellín y Bogotá. Como tampoco asusta que las tendencias vigentes para los más importantes diseñadores del país se encuentren a precios más económicos en grandes tiendas de cadena colombianas que han desarrollado marcas propias como los almacenes Exito con Arkitec.

El buen momento de la moda colombiana también ha permitido poner al más alto nivel prendas fabricadas en el mercado nacional. Es el caso de la ropa interior que a través de firmas como Leonisa ha conseguido calidad premium en el exterior (en países como Chile, México, Venezuela, España e Italia) y ha ganado premios en algunas de las más importantes ferias del mundo,

También se destaca la confección exportación de ropa infantil (en Bucaramanga se celebra cada año una feria especializada Uamada Eimi a la que asisten compradores de diversos países), así como el sector formal masculino con empresas como Confecciones Colombia que exporta el 35 por ciento de su producción totaL

Por el lado de los diseñadores, los últimos años también son de ganancia. La posible vinculación de Silvia Tcherassi a la casa de modas Pierre Balmain (una de las diez más importantes del mundo en alta costura) y la acogida que nombres como los de Carlos Pinel, Pepa Pombo, Ayerbe & Quintana, Hemán Zajar, Angel Yañez y Alfredo Barraza despiertan en el mercado internacional son reflejo de los buenos tiempos

Tomado del periodico El Tiempo
noviembre 8 de 2000

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EL TRAJE NACIONAL

por Aida Martinez Carreño

Enumeradas algunas de las influencias que han concurrido para determinar la forma de vestir de los colombianos entre 1830 y 1930, es imposible pasar por alto la existencia de una línea constante en el atavío femenino que se origina en el período colonial y llega hasta nuestros días.

No intentaremos arializar esta permanencia; nos limitaremos tan sólo a reseñar, con el apoyo del testimonio escrito y gráfico, su existencia y sus variantes. Básicamente, la indumentaria que identificó a la mujer colombiana de todas las clases sociales, y que ha sobrevivido en algunos sectores, exceptuando naturalmente grupos indígenas y zonas con características muy particulares, se resume en las siguientes prendas: falda larga, ancha, recogida en la cintura, de un material grueso. Mantilla o pañolón colocado sobre la cabeza, envolviendo el pecho, las dos puntas sobre los hombros. Sombrero masculino que ayuda a sostener la manola. El calzado varía desde su ausencia total hasta el zapato de cuero, pasando por la alpargata, los zapatos de paño y las babuchas de cordobán; todo  en color negro. Los cambios y la lenta evolución de este atuendo se derivan de la diversidad de climas, la aparición de nuevos materiales, la incorporación de diferentes técnicas y un sutil uso del color con propósitos casi siempre discriminatorios.

Una primera referencia de don Pedro María Ibáñez al traje usado en los días de la colonia, nos dice: "Las damas usaban desde aquellos remotos tiempos las anchas mantillas de seda o paño que aún hoy se conservan. En ciertos días solemnes, como la fiesta del Corpus o el Jueves Santo, cambiábanlas por mantillas de encaje negro. . . Vestían también ricas basquiñas y jubones de seda negra. .t . " Enfatiza el mismo cronista los sobresaltos y afanes que sufrieron los realistas al declararse la indepencia así: ". . . Y esto fue tan precipitadamente, que llegaron a Honda vestidos con capas y sombreros de pelo, acompañados de algunas señoras abrigadas con mantillas de paño y sombreros redondos de castor. . . "

En tan escasa cantidad y variedad de prendas, alcanzan -y muy claramente a establecerse modalidades de contenido determinante: "Los vestidos de las mugeres (sic) ya sean pobres o ricas, especialmente los de las blancas, tienen que ser negros. Consisten en una basquiña negra con mantilla del mismo color. Las negras tan sólo pueden llevar mantilla blanca " (1822)

¡Que pocas variaciones, qué refractario a las influencias extranjeras resulta ese atuendo! en 1849, la descripción de don Salvador Camacho Roldán es la siguiente: "El traje invariable de las señoras para salir a la calle era: enagua de alepín, tela negra de lana; mantilla de paño, sombrero de huevo frito, de armazón de cartón forrado en felpa negra de algodón o de seda, que imitaba la figura de aquél, y zapatos de paño o cordobán!.

El médico Charles Saffray, recorre el país en 1869; de sus memorias de viaje tomamos notas referentes a la visita a Cartagena: "En la iglesia no hay asientos; cuando las señoras van a misa, vestidas de negro y cubierta la cabeza con la mantilla, las sigue siempre una negra, que lleva un tapiz para que se arrodillen o se sienten. . . ; cuando el viajero se traslada a Medellín, la situación parece no denotar cambio alguno: "Todas las que van a misa se visten de negro cubriendo su cábeza con la característica mantilla, que, recogida sobre la frente, les comunica un aire de notable modestia. Pero como los ojos quedan descubiertos y son muy negros y están velados por largas pestañas, si hacen pensar en el Paraíso, harán olvidar a muchos la devoción que deben tener en misa. Por otra parte, nunca faltan momentos en que la mantilla se desarregla, lo cual obliga a su dueña, como es natural a elevar graciosamente ambos brazos sobre la cabeza para prenderla mejor, y entonces deja ver, como por casualidad, el busto y el rostro. A fin de aprovechar estas oportunidades, los elegantes de la población acuden solícitamente los domingos al atrio de la iglesiai.  Poco varía su testimonio al llegar a Bogotá. Hay abundantes anotaciones sobre esta particular manera de vestir y cabe suponer que pese a la severidad y uniformidad de la misma, o precisamente por estas razones, estimulaba la imaginación y la fantasía de los observadores. "Pocas son las mujeres que no son bonitas y todavía menos las que no tienen buen cuerpo; su traje tan singular, no se ve en ningún otro sitio del mundo "

En los trabajos de la Comisión Corográfica (1850-59), dejaron los pintores que participaron interesantes documentos referentes al traje que confirman el uso general de la mantilla y el sombrero; las faldas cambian muy poco y es en las blusas donde surge la variedad que el clima exige

Las acuarelas de Edward Mark, pintadas entre 1843-56 y la serie de grabados realizada por Ramón Torres Méndez (1809-83) bajo el título de "Costumbres Nacionales ", corroboran esta observación.

La mantilla, originalmente un cuadrado de tela de lana negra o azul oscura, evoluciona y se vuelve más complicada. En la segunda mitad del siglo se confecciona en seda con bordados a mano y se adorna con un ancho encaje de Granada en el contorno; se modifica la forma, tomando la de una media circunferencia, que se adapta mejor al cuerpo.

En los primeros años del presente siglo, el pintor Coriolano Leudo (1886-1957) se refiere en su obra "La Mantilla Bogotana" al tema, cuya vigencia sorprende tanto como la del uso de la prenda.

La respuesta popular a la sofisticación de la mantilla es el pañolón, adornado con cintas de seda en cuyo borde se trenza el encaje de "macramé ". Este modelo ha subsistido, no solamente en el uso cotidiano, sino como producto de exportación y de demanda turística que nuestros artesanos continúan produ ciendo.

Es frecuente en los mercados populares de Boyacá y Cundinamarca ver actualmente mujeres ataviadas con el pañolón descrito; se encuentran muchas que han introducido a la prenda las variantes derivadas del aprendizaje de diversas labores manuales, por ejemplo el crochet; pese a que el color negro tradicional sigue siendo el favorito, la extensa gama de colores que las lanas acrílicas (de precio más bajo) ofrecen, ha introducido diversas tonalidades en los pañolones. La forma y el largo fleco, continúan invariables, así como el uso del sombrero masculino. `

Un párrafo final, para recordar un modelo de sombrero originado en nuestro país que llegó a ser reconocido internaciónalmente; en 1821, el cronista Ibáñez lo describe ". . . sombrero de copa alta a la Bolívar, es decir, con ala ancha y tendida. . . " nuevamente nos encontramos con el uso de una pieza del vestuario para expresar determinada ideología: "Desde 1823 residían en París numerosos americanos del sur que habían figurado en la revolución de la Independencia y usaban ellos sombreros de ala ancha, moda que pasó a muchas ciudades de América. El sombrero a la Bolívar, según afirma Víctor Hugo en "Los Miserables ", tuvo en contraposición los sombreros de ala angosta que usaban Morillo y los realistas españoles en la gran capital ".

Tomado del folleto Un Siglo de Moda en Colombia 1830-1930 - Fondo Cultural Cafetero

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2009: Se abre el closet de la moda

Por Arturo Tejada

Una nueva generación de diseñadores de ropa ha irrumpido en el país. De su clóset han sacado flamantes marcas para competir en calidad y precios con las tradicionales y han ganado adeptos en medio de la crisis económica.

Lejos de las casas de moda "reales", Michelle Obama se ha convertido en una trendsetter. Abrió las puertas del clóset de la Casa Blanca a diseñadores jóvenes -para muchos, desconocidos- y latinos, desde el mismo día de la posesión presidencial de su esposo, para la cual lució un modelo de la latina Isabel Toledo. El hecho de romper el vínculo entre París y Estados Unidos (desde Jackie Kennedy, ser First Lady era sinónimo de servir de gancho de las consentidas: Chanel, Dior, etcétera) ha generado una especie de reacción en cadena. Adriana Castro, barranquillera radicada en Miami y diseñadora de complementos de lujo, afirma: "El fenómeno Obama nos ha abierto un espacio en las vitrinas extranjeras. Los compradores de las boutiques, siguiendo los pasos de la Primera Dama, acogen nuestros productos porque reconocen la calidad y el buen precio de nuestros artículos que no dejan de ser piezas de diseño". Que el guardarropas de Obama esté tapizado con prendas de Jason Wu, un chino de 26 años que estrenó su primera colección en 2006, no sólo ha golpeado el mercado de la moda; también comprueba que vale la pena arriesgarse con la vanguardia y las ideas de los noveles en tiempos de crisis, y que la democracia está in.

Basta ver el crecimiento de los diseñadores de economías emergentes. Hay que ver a Brasil, India, Rusia y la propia China cuyos diseñadores "anónimos" han puesto a sus países en el mapa de la moda con crecimientos de sus empresas muy superiores al 25 por ciento anual, muy al contrario de las más tradicionales cuyo crecimiento fue inferior al siete por ciento. Esto es muy significativo cuando el negocio de la moda ha tenido cambios dramáticos frente al comportamiento de los consumidores y los nuevos hábitos de compra y de información. Los jóvenes diseñadores saben muy bien que si intentan mantener su posición competitiva deberán tener en cuenta la forma en que han cambiado la sociedad y el comportamiento y los hábitos del consumidor.

La nueva expresión

Lo que compramos es ahora una expresión de códigos lingüísticos y de comunicación, una manera de gratificarse en los deseos personales y de sentirse bien. Hoy es previsible ver y entender los conceptos clave en la nueva filosofía del comercio en la que existe, como lo comenta Francesco Morace, una "transición del triunfo de la imagen a la supremacía de la identidad, y pasamos de la tiranía económica a un espectáculo cultural; de la compra como adquisición a la compra como actividad participativa y hedonista; del culto al producto, al servicio como prioridad; de una continuidad homogénea al espacio diversificado".

Diseñadores para la crisis

No sabemos si es exclusivamente consecuencia de la actual crisis global, pero el mercado de las prendas de lujo o el diseño de autor de los jóvenes diseñadores ha impactado las marcas occidentales tradicionales. Las clases más favorecidas y los nuevos ricos o mercados más avanzados en India, China, Oriente Medio, Brasil y Rusia han disminuido sus compras con las aquilatadas marcas como Chanel y Gucci. Y esto no quiere decir que las dejen de comprar, pero ha habido una convergencia hacia diseñadores más pequeños, locales, que han aprovechado esta coyuntura para incubar marcas premium y competir contra las tradicionales con productos de gran calidad y por precios más económicos. Los diseñadores jóvenes han fusionado sus influencias culturales locales y las han traducido en colecciones contemporáneas globales. Han ajustado sus estrategias a la sensibilidad de los nuevos mercados tanto en productos como en precios. Esto ha ocasionado que las jóvenes marcas hayan ganado adeptos en sus países de origen. Otros diseñadores han optado más por productos basados en una gran influencia del folclor local que por productos concebidos bajo la orientación del lujo tradicional o clásico. Están creando una nueva identidad o definición del lujo. Esto ha producido lo que promete ser una nueva visión del negocio del lujo en el mercado global y una gran oportunidad para las nuevas generaciones de diseñadores.

Colombia no ha sido ajena a dichos procesos. Los jóvenes diseñadores nacionales se prospectan de una manera muy interesante. Inclusive se han convertido en pieza angular de las estrategias feriales de marcas patrocinadoras interesadas en ellos y de los medios de comunicación por considerarlos "frescos" e innovadores. Por lo demás, a diferencia de los diseñadores tradicionales, en su gran mayoría estos tienen una concepción del negocio mucho más integral, una mentalidad empresarial mejor concebida y además una percepción más globalizada de la moda. Van más rápidamente en su crecimiento como empresas. Muchos de ellos han cursado estudios especializados en el área del diseño y la moda o carreras afines que los hacen sensibles a nuevos modelos del negocio.

Las crisis son siempre una magnífica oportunidad. Algunos opinan inclusive que nunca hay que desperdiciar una buena recesión. "Cada cambio o recesión en el mercado es una oportunidad para despertar y volver a examinar lo que estamos haciendo y entender la manera de hacer un mejor producto...", comenta Adriano Goldschmied, accionista de la compañía Ciudadanos de la Humanidad en un artículo de Sportswear. Por ejemplo desde el punto de vista del diseño es importante encontrar nuevas áreas y nuevos caminos para recorrer en términos de nuevos mercados y nuevos clientes potenciales. En este sentido a los jóvenes diseñadores colombianos los ve uno participando activamente en las ferias especializadas como el Círculo de la Moda, el Salón de la Moda y el Salón Futuro de la Semana Internacional de la Moda de Bogotá, lo mismo que en Colombiamoda.

Para otros la flexibilidad ha sido la clave del éxito y el crecimiento continuo en épocas de crisis. La habilidad para reinventar es muy importante en la industria de la moda debido a que el panorama de los negocios está cambiando continuamente. En tiempos difíciles los consumidores se vuelven más selectivos y buscan las marcas que ofrecen calidad superior al precio justo. Las ventas han caído, se han cerrado tiendas y se ha desacelerado la apertura de nuevas. Mientras tanto las marcas jóvenes han encontrado una oportunidad frente a las grandes y se les han presentado posibilidades de crecimiento. Estas han visto oportunidades particularmente no en sus clientes tradicionales o leales a la marca sino por el contrario en nuevos clientes que migran de otras marcas hacia la suya.

Entender lo que estos jóvenes han podido desarrollar en medio de la crisis y la forma en que han mantenido sus negocios como líderes del mercado es muy reconfortante. Y esto lo han asimilado muy bien los pequeños y jóvenes diseñadores como Isabel Henao, Silvia Alfonzo, Leal Daccarett, Renata Lozano, Tul, Perfes, Paskal, Sandra Salvino y Agnes Deplechin, Harry Berry, Industrial Glam, Claudia Sotto y Testarudo.

Tomado de la Revista Diners No.474, septiembre de 2009

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La moda y la transformación del vestido 1916-2011

por Pilar Castaño

La Moda es el reflejo de la historia, de los cambios sociales y políticos de las comunidades, de los cambios de mentalidad y de espíritu... La Moda, como el arte, refleja lo que piensan y lo que sienten el hombre y la mujer en una época determinada, dependiendo de las circunstancias que los rodean.

El siglo XX se caracterizó por abrirle campo a la mujer, que nunca antes había tenido un papel tan preponderante. Desde la aparición del cine -y de divas como Louise Brooks y Jean Harlow, que cambiaron el estilo de las mujeres con sus peinados y sus labios rojos- hasta nuestros días, pasando por la hecatombe de las dos guerras mundiales y la liberación sexual de los sesenta, la moda ha reflejado cada paso de la mujer por conquistar el lugar que hoy ocupa en la sociedad, cuando maneja incluso los destinos de más de una nación. Su imagen, su apariencia, ha sido un tema definitivo y legendario en el caso de líderes como Eva Perón, Jackie Kennedy, Margaret Thatcher, Isabel II, Carla Bruni o Rania de Jordania.

He aquí un recorrido de 95 años de moda que lo sustentan.

1916 - Poco antes de esta fecha, antes de la primera guerra y debido a la influencia del "Demi-Monde", la moda se había vuelto ecléctica. Cada casa tenía un estilo muy marcado: Paquin no se parecía a Laferriere; Doucet no tenía nada que ver con Reboux, Roger o Worth; todo París estaba lleno de pinceladas diferentes. Prevalecía una influencia orientalista. Era una época de escándalos. La mujer se había subido la falda hasta el tobillo a comienzos de 1914 gracias a Poiret, el responsable de esa liberación femenina. Era el preámbulo de la Revolución Rusa y de la Gran Guerra. Ambos conflictos repercutirían en la moda de una forma tajante. Las mujeres se volcaron en movimientos vanguardistas, como los racionalismos alemán y ruso. Al mismo tiempo se produjo la mezcla de materiales: piedra, cristal y acero; y el retorno de Fragonard. La Belle Epoque subsistía pero no con la misma fuerza de los comienzos de siglo. El corsé desapareció y eso le dio a la mujer una verdadera libertad en la indumentaria. La actitud cambió, se llenó de colores, pieles, plumas... las texturas eran el terciopelo, el velo y la seda a pesar de la escasez. Los hombres abandonaron el sombrero de coco. Había muerto una época y comenzado otra mucho más vital.

Las piernas de las mujeres salen a la luz con el final de la primera guerra. Llegan el jazz con Josephine Baker y los grandes compositores como Colé Porter. El destape se insinúa con la música, con las estrellas de Hollywood. El escote en V causa el primer escándalo. Se inventan las medias de nailon y la ropa interior abandona todos los tabúes de siglos anteriores y se vuelve más sensual. Man Ray, Marcel Duchamp, el Dadaísmo, Dalí y el surrealismo conciben a la mujer de una forma irreal. Brillan Jean Cocteau, Scott Fitzgerald, Hemingway y James Joyce, con su obra prohibida, Ulises. La seducción está por todas partes.

1926 - El siglo XX hereda la moda de su antecesor. Aún con vestigios de la era victoriana, y con la sofisticación de Sissi, la emperatriz de Austria, esa inolvidable Belle Epoque se rompe con la fragilidad de un cristal de baccarat con las primeras explosiones de los cañones de la Primera Guerra Mundial (1914). Atrás quedaron la cintura alta del estilo "Directorio" de finales del siglo XVIII y el corte imperio del XIX. La diseñadora inglesa Lucille, Lady Duff Gordon, fue tal vez la primera modista a quien se recuerda con el corte "Boudoir", corte recto lleno de adornos. Detrás de ella llegarían Charles Worth, también inglés; la francesa Jeanne Paquin y el español Mariano Fortunny. El rey del cambio de look de comienzos del siglo fue indiscutiblemente Paul Poiret (1908) y su obsesión de liberar a la silueta femenina de las ataduras de las varillas y el corsé con sus cortes bombachos y orientales llenos de color. Las "cocottes", mujeres del mundo del espectáculo, bailarinas, actrices de teatro y coristas, son las primeras en mostrar las piernas sin ningún pudor, ocupando los mejores palcos y mesas en los restaurantes. Ellas fueron su inspiración, retratadas en la literatura por Colette, Proust o Wilde. Todo eso queda atrás con la llegada de la Primera Guerra.

1929 - El Crack económico del 29 se manifiesta en la moda. Coco Chanel imprime su toque igualitario masculino con cardigans en tejido de punto y pantalones sueltos muy deportivos. Faldas mucho más cortas con flequillos, que permitían caminar con mayor libertad; los atuendos adquieren mayor movilidad. Fue el inicio de la era Chanel, con una sencillez en el diseño y la funcionalidad en cada uno de los elementos de sus vestidos. Sus líneas rectas venían inspiradas en el cubismo de la época. Gabrielle Chanel fue la verdadera creadora del "Chic Pobre".

1936 - Chanel recibe toda la influencia que llegó con el Art Déco, nombre que dejó la Exposición de Artes Decorativas en París (1925) con sus líneas geométricas y nueva arquitectura. La moda andrógina se instala en todo su esplendor: mujeres vestidas en tweed y gallineto, con pantalones, sombrero y chaleco. La feminidad se realza con boas y pieles de zorro y leopardo, cuellos en plumas de avestruz. Los vestidos tubo, el cloche y el bandean sostienen los peinados para los nuevos coches descapotables. Son los tiempos del frizz y el jazz; la vida urbana transcurre a un ritmo acelerado y desenfrenado. Chanel firma con Samuel Goldvvyn, el zar de Hollywood, para vestir a las divas del momento Gloria Swanson, Marlene Dietrich y Greta Garbo. Irrumpe otro nombre en la danza de la moda, Elsa Schiaparelli, con sus turbantes, capas y profundos escotes de espalda, sus materiales revolucionarios y Salvador Dalí como dibujante de sus telas.

1946 -  La Segunda Guerra Mundial causa estragos. Muchas casas cerraron durante la invasión nazi, otras permanecieron milagrosamente abiertas. La moda que se veía era opaca, ordinaria, uniforme, vulgar, triste durante esos años oscuros y lentos, obsesionados con el racionamiento. El glamur continúa su camino en medio de la guerra. Se consolidan nombres como Lelong, Dior, Molineux, Balmain, Fath y Rochas. Después de la pesadilla llega lo bello del sueño. Flores, metros y metros de telas con cuerpo como el tafetán, la falla, la seda, el velo y las gasas en colores pastel, la cintura de avispa. Llega el New Look de Dior y cambian el ánimo y la fisonomía femenina en el mundo entero. El lujo es una anunciación del despegue europeo y del nuevo confort americano, predecesor del Prét-á-porter.

1956 - La década de los cincuenta fue época de grandes directores de cine como Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti, Ingmar Bergman, Roberto Rossellini; de fotógrafos como Irving Penn, Richard Avedon, Sergio Larrain, Rene Burri, Biane Arbus, todos sucesores de Cartier Bresson y Robert Doisneau, precursores y luego los maestros Cecil Beatón, Erwin Blummenfeld. Es el boom de publicaciones de moda como Vogue, Elle, Harpers Bazaar, con creaciones de Balenciaga, Gi-venchy, Dior, Roger Vivier, Norell y muchos otros. Surgen nuevos ídolos en América y Europa. James Dean, con solo aparecer en jeans, camiseta blanca y chaqueta de cuero cambió la moda masculina de las siguientes décadas. Marilyn Monroe hizo lo propio con el estilo y la fisonomía de la mujer. Con ellos vendrían Elvis Presley, Ingrid Bergman, Jeanne Moreau, Brigitte Bardot, Sofía Loren. Cambia la música, llega el beat, y los beatniks, el expresionismo en el arte, y moda... mucha moda.

1960 - La década del Rock & Roll, de los Beatles, de la minifalda y la guerra de Vietnam. En la moda, el Prét-á-porter cambia todo el concepto y cuelga del Olimpo a la alta costura, que domina más que nunca. Llega el primer diseñador de la Rive Gauche, Yves Saint Laurent, a empoderar a la mujer con sus pantalones y transparencias, después de haber sucedido a Christian Dior en el 58 innovando con su línea Trapezio. La minifalda, con Mary Quant... Courréges, Pierre Cardin, Ted Lapidus, Ossie Clark, Vivianne Westwood y muchos otros cambiaron la moda tradicional. La música y el cine vistieron la moda como nunca antes.

1970 - Los conciertos al aire libre se convierten en una reacción contra la guerra y la política. Ataques como la masacre de Tlatelolco y asesinatos como el de Martin Luther King en 1968 influyen en la juventud. La revolución de los estudiantes en París y la mezcla de distintas culturas, influyen en las pasarelas de las capitales del mundo. Vemos la moda étnica en japoneses como Kenzo, y a Saint Laurent inspirado en pintores como Mondrian. Vemos gitanas y campesinas rusas, pero también saharianas con sabor bélico. El uniforme de Mao y su revolución cultural inunda los mercadillos de los jóvenes. Halston y Norma Kamali visten las locas noches neoyorquinas con sus jerseys. Con diseñadoras como Zandra Rhodes, entra una moda con influencias exóticas, como las chaquetas afganas, las sandalias griegas, las transparencias de la India. Se instala el Hippie Chic, los Flower Childs, con muy poca ropa y tatuajes en la piel, mucha piel; los colores y el grafiti de la moda Pop de artistas como Andy Warhol. Es la década de Calvin Klein y sus jeans.

1980 - Studio 54, en Nueva York, se convierte en el lugar de moda. La música disco viste a las celebridades en satín y con bota campana. Bianca Jagger, Liza Minelli y Mar-gaux Hemingway son las reinas de la noche con todos los excesos en brillo y maquillaje de los años ochenta. En París, imperan los diseños de Lacroix con su estilo Pouff, lleno de bordados de flores en piedras y cristales; Ungaro, con sus exagerados diseños florales; Valentino, con sus impresionantes vestidos en sedas drapeadas, de un solo hombro y su clásico lazo. Pero el diseñador que captó la sensualidad de la década fue Azzedine Alaia. Desde su taller parisino forró la silueta femenina en tejido de punto y cuero negro dando ese toque de "niña mala" popularizado por Madonna, verdadera reina del pop e icono indiscutible de los ochenta. Década de exageraciones hasta la vulgaridad. La caída de la bolsa de Nueva York en 1987 marcó el fin de unos años excesivos. Lagerfeld llega a la casa Chanel a continuar el legado.

1990 - Después de la tempestad, llega la calma. La moda no fue una excepción. Hubo una reacción a tanto brillo, charol y plástico; a las arandelas y a los escotes. La vulgaridad ostentosa de los ochenta trocó por el minimalismo de los noventa. Su gran precursor y maestro fue el italiano Giorgio Armani. La mujer sabe lo que quiere y se empodera con trajes limpios, ejecutivos, que vienen de décadas anteriores. En los noventa, la chaqueta es la protagonista, hay más pantalones y más libertad. La mujer se especializa en ser mil mujeres a la vez. Sobresalen Sonia Rikyel, con sus angoras y tejidos de punto; Miuccia Prada con sus abrigos y cuellos en piel. La mujer evoluciona, cambia, se renueva como nunca antes; es más consciente de lo que quiere proyectar con su ropa, con su look. Invierte más tiempo y dinero; reinan el estilo y la sencillez, "menos es más". Japoneses como Rei Kawakubo, Issey Miyake, Yohi Yamamoto y Takeo Kikuchi refuerzan el concepto minimalista aportando toda su sabiduría oriental.

2000 - El cambio de milenio retoma en la moda el aire nostálgico de épocas anteriores. El efecto fue ecléctico. Todo es válido, todo se mezcla, todo se usa. Demasiada información. La tecnología lo absorbe todo, incluyendo la moda. La calle manda. Los efectos de internet hacen que la juventud tome posiciones muy radicales sobre el diseño. Nacen las tribus en las calles, pandillas étnicas y definidas, rockeras, punks, románticas. Diseñadores como Proenza Schouler, Custo Barcelona, Agatha Ruiz de la Prada, Michael Kors, Donna Karan, Rodarte, Ralph Lauren... llenan las revistas con sus diseños. Miuccia Prada, Gucci, Louis Vuitton, Karl Lagerfeld, Stella McCartney, Alexander McQueen, Marc Jacobs y Phoebe Philo generan el lujo para las mujeres jóvenes que aman las marcas. El consumo del lujo llega a su momento más alto y definitivo. Nace por reacción la moda rápida, barata, desechable. Zara invade el mundo copiando los diseños de la alta costura. La década culmina con la democratización de la moda. Diseñadores como Cavalli, Lagerfeld, Rikyel y Wang, llegan a grandes superficies como H&M, Target y Macys.

2011 - Es un nuevo mundo donde el arte, el cine, la literatura, la arquitectura y, sobre todo, la economía nutren e inciden en los cambios de la moda. Los blogs informan, los conciertos inspiran. El hombre se atreve a usar cortes, líneas y colores como nunca antes. El mundo gay se convierte en un tema clave en la proyección de imagen. La mujer, en su posición dominante, adquiere un poder que se refleja en lo que lleva y como lo lleva puesto, consciente como nunca antes de su cuerpo y de su mente. Nuevos valores, nuevos cortes, estilos y colores. El carrusel sigue girando y la moda sigue mandando.

Tomado de la Revista Cromos No. 4819, 23 de septiembre de 2011 

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Anatomía breve del vestido de baño

Por Juan Guillermo Isaza

El vestido de baño femenino es una de las pocas prendas exclusivamente diseñadas por el ser humano para descubrir el cuerpo (junto con la bata quirúrgica, de la cual nos abstendremos de opinar). Pero la aparente simplicidad y el maravilloso minimalismo que ha alcanzado esconden siglos de esfuerzos y paciente observación, así como una lucha constante contra costumbres milenarias, que comenzó cuando la Duquesa de Berry, en 1820, se sumergió vestida en las playas de Dieppe, causando revuelo entre los asistentes (similar al que causaría hoy, a juzgar por el modelo utilizado).

Vestidos de baño en años 1950sPensar que los dos o tres triangulitos a los que a veces se reduce son sencillos, es como asegurar que los trazos de una figura de Picasso son infantiles o espontáneos. Por otra parte, la tecnología incorporada en su diseño hace parte de un saber milenario, desarrollado por los galos, que ya usaban pantalones ajustados a la pierna (prenda que llamó la atención de los romanos y alarmó a los griegos, acostumbrados a andar a su aire, al estilo de los gaiteros escoceses) y habían hecho un descubrimiento que habría de definir el traje occidental: el tiro. Básicamente de allí proviene el trazado de esas suaves curvas geodésicas que hacen que una prenda cualquiera se ajuste como una segunda piel al cuerpo y que no tire, ni apriete ni jale ni haga bolsitas, y que todos hemos visto colgadas en las modisterías en forma de reglas o patrones.

¿Pero dónde está el secreto para que un pedazo de tela adquiera la capacidad de contener los volúmenes y las formas del cuerpo femenino que, como cualquier modista de barrio sabe, presenta desafíos más complejos que el masculino? Quizá debamos enfocarnos en el bikini y analizar primero el sostén, ya que el vestido de baño comparte con la ropa interior un antepasado común: el corsé (así como otros que han ido a dar a un callejón ciego evolutivo, como la faja).

El sujetador se separó de él en los años veinte para seguir más fácilmente los contornos de la base del busto mediante un par de medios aros que han perdurado a lo largo de las últimas décadas como el elemento que le da orden y concierto a todo el conjunto, entre otras innovaciones que conducen al top contemporáneo.

Para saber qué se hace a la hora de lograr que un patrón se adapte a cuerpos que pueden llegar a ser distintos entre sí, hablamos con Catalina Alvarez y Mariana Hinestrosa, diseñadoras y propietarias de la marca Agua Bendita, que ha logrado penetrar el mercado de más de cuarenta países. Y la respuesta es que hoy se procede como hace dos mil quinientos años, mediante el tanteo: se toman medidas, se corta la tela, se prueba y se corrige. "Para llegar a ese molde perfecto, tenés que tomar muestras, muestricas, muestrotas y cada vez irle corrigiendo hasta llegar a un modelo que tiene las medidas exactas de una mujer común".

Bikini hilo dental CINEMAZINHO, 2011Hoy como ayer, si un cuerpo tiene una medida A y diez centímetros más abajo una B, el diseñador debe encontrar la manera de llegar desde A hasta B evitando la línea recta, la cual, en el mundo de la confección, no es necesariamente la menor distancia entre dos puntos (el hacer caso omiso de esta norma condujo a ciertos experimentos piramidales en los años cincuenta, que fueron revividos por Madonna en los ochenta).

Hay tres elementos que vienen en ayuda del diseñador contemporáneo, al momento de la confección: la lycra, descendiente del trycot, como tela elástica por excelencia, la costura en zigzag, y las tirillas, que amén de colaborar con el busto en su batalla inmemorial contra la fuerza de gravedad, contribuyen a modelar, de acuerdo con sus puntos de inserción, realzando, levantando o simplemente sujetando, y que permiten ajustar a la medida del torso.

En cuanto a la parte inferior, estamos más cerca de los galos de lo que imaginamos. Tómese un pantalón bien ajustado; retire todo lo que sobre, y ahí está su prenda. Y a pesar de que puede Ungar a extremos tan reducidos como la tanga o casi a la inexistencia como el hilo dental, allí están presentes sus dos medidas, básicas: cintura y tiro. La cuestión inquietante es: ¿Cómo innovan los diseñadores sobre una superficie cada vez más estrecha? Acá llegamos al tema de los acabados. "El valor agregado de Agua Bendita está en las manualidades, bordados y la incorporación de elementos artesanales, con colores vibrantes y alegres", puntualiza Catalina. Así, el vestido de baño actual, enterizo o en dos piezas, sigue cumpliendo con unos estándares universales dictados por el cuerpo femenino, y lo seguirá haciendo por los siglos de los siglos, aunque sus acabados corran el riesgo de adentrarse cada vez más en los terrenos de la nanotecnología.

Tomado de la Revista Diners No. 966, julio de 2011 

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Manuelita tenía bien puestos los pantalones

Recorrido por los principales cambios de las formas de vestir, desde finales de! siglo XV

por Sergio Camacho lannini

Participó en batallas, curó a los heridos en combate y enterró a los muertos; incluso, salvó la vida de su compañero sentimental, Simón Bolívar. Aunque no impuso un estilo, fue una mujer que rompió paradigmas y que llegó a usar pantalones y portaba el uniforme militar. Sin embargo, lucía también elegantes vestidos y bordaba diseños que copiaba de revistas de moda europeas, en especial francesas.

Reproduccion de uno de los trajes de Manuelita Saenz"Manuelita Sáenz era una mujer adelantada a su época, libre de los prejuicios que podía provocar por llevar un atuendo de hombre y hacer presencia en los campos de la campaña libertadora", dice Martha Hernández Salgar, experta en vestuario histórico.

Para entender los trajes que usaba Manuelita, hay que remontarse a finales del siglo XVin, periodo en el que ocurre una transición del ropaje neoclásico femenino y masculino, influenciados por la Revolución Francesa y la industrialización inglesa. Entre 1730 y 1770, en pleno Rococó, todo era muy voluminoso. Las pelucas, el corsé ajustado y los miriñaques, que ampliaban las faldas, eran elementos particulares.

En la Nueva Granada, en el siglo XIX, la influencia europea era mayoritaria en la élite criólla. "Se usaban telas muy finas, como la seda y las muselinas de algodón, pero a partir de las guerras por la independencia, debido a la escasez, se comienzan a adoptar siluetas con géneros menos finos", explica Hernández.

Es un siglo que tiene muchos cambios en la silueta femenina. Se comienzan a usar escotes muy profundos, volantes. "Con Rousseau, que hablaba de la naturaleza y de la libertad, comenzamos a acercamos a la simplicidad", comenta Hernández.

En el auge del Romanticismo (que al país llegó un poco tardío) se comienza a marcar la cintura en su lugar, pues antes se hacía debajo del busto. Las mangas llevaban una estructura interna y se usaba un corsé que aplanaba el pecho. La falda comienza a ganar volumen, hasta llegar al punto de que las mujeres no la podían sostener, por lo que en 1850, aproximadamente, se inventa la crinolina, que la hacía mucho más fácil de llevar.

En los siguientes años, la crinolina se comienza a ir hacia atrás, por lo que los vestidos ganan volumen en la parte trasera. En las décadas de 1860 y 1870, todo se ajusta y la cintura se hace más pequeña y nace el polizón. A finales de ese siglo cae esta pieza, pero queda la silueta pegada, se retoman las mangas grandes y se llega al conocido 'corsé pecho de paloma'.

En cuanto a los hombres, los vestidos de finales del siglo XVIII tenían sedas con grabados de flores y eran adornados. Se notaba mucho la diferencia entre los materiales que usaban los nobles y los campesinos. El pantalón se masifica luego de la Revolución Francesa, pues en siglos anteriores, los hombres utilizaban calzas y túnicas. En el siglo XIX llega el hombre uniformado, con el pantalón y la levita, y ha sufrido relativamente pocos cambios. "Llegó la sobriedad y la uniformidad al traje masculino", asegura Hernández.

Tomado del periódico El Tiempo, 20 de julio de 2012 

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El reinado de los Jeans

Desde que Levi Strauss decidiera, en 1873, crear el pantalón resistente al trabajo pesado de los mineros de San Francisco, los jeans se entronizaron y nadie ha podido arrebatarles su reinado: hoy son pocos en el mundo los que no han tenido por lo menos un par en su armario. Ese algodón resistente que unos laman dénim y otros mezclilla, teñido de azul índigo, es parte esencial de la historia de la moda, pues pasó de servir para rústicas prendas, a darle paso a otras que, como todo en esta cíclica industria, van y vienen. De la mano de las grandes marcas y diseñadores del orbe se convirtieron en imprescindibles para quienes quieren lucir siempre bien.

Tomado de la Revista Fucsia No.138, junio de 2012 

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