Nancy Gonzalez

Diseñadores de modas

Modas

Ver sección completa  Ver sección completa


Nancy González 

http://www.nancygonzalez.com/ 

Diseñadora de modas, carteras

 

 
A ColArte
 

 

   
 


Creaciones Nancy

Salma Hayek, Victoria Beckham, Eva Longoria y Britney Spears se mueren por los bolsos que fabrica y los lucen orgullosas donde quiera que van. Las estrellas de Sex and The City también los han exhibido, lo mismo que Miranda, la protagonista de The Devil Wears Prada, esa diseñadora implacable cuyo papel desempeñó brillantemente Meryl Streep. Sus carteras se encuentran en las tiendas más exclusivas de Nueva York, París o Tokio junto a los de Hermés, Chanel y Louis Vuitton, y los precios por unidad oscilan entre los 700 y los 25.000 dólares. La locura.

Lo increíble de este cuento es que quien diseña y fabrica semejantes bolsos, en su totalidad de cuero de cocodrilo, es Nancy González, una economista caleña que hace 25 años empezó a producir cinturones en su ciudad natal y que con el paso del tiempo se ha convertido en un símbolo de la moda femenina de altísimo nivel. Las revistas especializadas como Vogue y Elle le han dedicado páginas enteras, y hace un año el Museo Metropolitano de Nueva York incluyó uno de sus bolsos entre los 65 artículos más sobresalientes de la moda desde el siglo XVIII. "Esa exposición ha sido el mayor honor de mi vida. No había más carteras en la muestra", le dijo Nancy a SEMANA en una de las poquísimas entrevistas que ha concedido.

Es curioso, pero a esta caleña de 54 años jamás se le ocurrió que iba a ser famosa. Nunca le gustaron las carteras ni pensó en diseñar bolsos. Le gustaba pintar, cocinar y bailar. Se casó muy joven -no había cumplido 19 años-, y cuando terminó economía en la Universidad del Valle ya tenía dos hijos y quería un puesto de medio tiempo.

"Nadie te va a dar trabajo", le decía su suegro, el empresario vallecaucano Francisco Barberi Zamorano, con quien se la llevaba muy bien y quien finalmente la nombró gerente de una de sus firmas, Corredores de Seguros del Valle.

Al cumplir los 30 años le cambió la vida porque partió cobijas con su marido y decidió independizarse en el trabajo. Atraída por la culinaria, en un principio quiso hacer galletas pero una de sus cuñadas, Diana Zajzur, la convenció de escoger otro camino. "Usted, que se ha distinguido por vestirse bien, ¿por qué no hace cinturones ? ", le sugirió una tarde. Dicho y hecho. Al poco tiempo, Nancy fabricaba correas de cuero de becerro en el patio de la casa de su madre, a la que admira mucho. Pero luego se lanzó a experimentar con otro material: la piel de cocodrilo. "Fue todo un reto", dice, "pues se trataba de diseñar algo que ya tenía diseño".

El éxito de los cinturones fue instantáneo y a Nancy González no le quedó más remedio que abrir una tienda en Cali, a la que bautizó con el nombre de Encueras. La acogida no cesaba y dos años después abrió otros nueve almacenes en Bogotá, Barranquilla y Cartagena. La demanda crecía, aumentaba el número de compradores nacionales y extranjeros y fue justamente una clienta que le hacía pedidos por teléfono desde Nueva York quien la abrió la puerta de las grandes ligas. "Tú tienes que vender en Manhattan. Yo te puedo conseguir una cita con las directivas de Saks Fifth Avenue y de Neiman Marcus", le ofreció. Nancy fue más allá. "Yo lo que quiero es vender en Bengdorf Goodman", le contestó.

La clienta, lejos de dejar a Nancy con los crespos hechos, le consiguió entonces una cita con la presidenta de esa tienda, una de las más elegantes de la Quinta Avenida. Ese día la diseñadora colombiana estaba en Nueva York y sólo alcanzó a llevarle dos carteras que le encantaron a la empresaria. La presidenta de Bengdorf Goodman le pidió que no le mostrara los bolsos a nadie más le preguntó cuándo tendría lista "la colección". Nancy González, que no se había soñado eso, se lanzó al agua y se comprometió a llevarle en dos semanas ocho carteras en cinco colores.

Quince días más tarde se produjo el segundo encuentro en Bengdorf Goodman, que fue determinante en su vida. Era mayo de 1998 y un grupo de directivos y especialistas de la tienda le solicitaron exclusividad en Manhattan, aprobaron el primer pedido para octubre y le dijeron que el nombre de ella debía ser la marca del producto. Consciente de lo que le había pasado, Nancy salió volando a donde Robert Ballantine, director creativo del Museo Metropolitano de Nueva York, para que le diseñara las etiquetas con su nombre y regresó a Colombia a cerrar sus almacenes para concentrarse en el mercado internacional.

No fue una mala idea. Sus bolsos se vendieron enseguida en Nueva York y las clientas, entre las cuales había varias celebridades, se enloquecieron con ellos. Antes de una Navidad, Oprah Winf rey llegó a comprar nada menos que 250 para regalar a sus amigas. Hoy, 11 años después de que Nancy González sacó a la venta su primera colección, sus carteras se exhiben junto a las de Yves Saint Laurent y Christian Dior y se consiguen en boutiques tan sofisticadas como Isetan en Tokio, 10 Corso Como en Milán y el Montaigne Market en París. Nancy diseña tres colecciones al año -150 modelos en total  -y ha contratado asesores en Francia y Estados Unidos. El mes entrante se publicará un libro sobre su vida y su obra, escrito por Pamela Golbin, la curadora de Moda del Museo del Louvre.

No obstante el énfasis en el mercado externo, la fábrica principal de Nancy González se encuentra en Cali. De los 400 empleados, casi todas son madres cabeza de familia que pueden dejar a sus hijos en una guardería en el lugar de trabajo. ¿Y los ecologistas? ¿No se quejan por el uso de cuero de cocodrilo? Nancy afirma que no y sostiene que todas las pieles proceden de animales criados en sitios donde tienen más y mejores posibilidades de vivir y ser sacrificados cuando alcanzan cierto tamaño. "Cada cartera o cada llavero que produzco va con un certificado expedido en Suiza que dice a qué cuero pertenece", dice.

Aunque pasa temporadas en Nueva York, donde vive su hijo Santiago, Nancy viaja mucho con una libreta y un lápiz. Su mayor obsesión es que sus bolsos sean cómodos. Pero lo que más le gusta es la felicidad de quienes los compran. Lo dice claramente: "Yo sé que nadie necesita una cartera. Lo que me encanta es ver cómo un bolso mío hace sonreír a una mujer".

Tomado de la Revista Semana, 9 de noviembre de 2009


 
 
 


Nancy González, una marca de lujo

por Lila Ochoa

Conocí a Nancy a finales de los 80, en una feria del cuero en Bogotá. En esa época, yo tenía un almacén de ropa y me enamoré de unos cinturones de cuero de cocodrilo de Encueras, que una señora joven y muy querida me vendió. Nos hicimos amigas y durante algunos años fui su clienta. Un día, alguien me contó que mi amiga Nancy se iba de Colombia y que cerraba sus almacenes, pues había decidido conquistar el mercado de accesorios en Estados Unidos. No nos volvimos a ver hasta que me la encontré en un desfile de Carolina Herrera en Nueva York, a finales de los años 90. Ella diseñó las carteras y los cinturones para la colección de la venezolana, cosa que aún sigue haciendo. Todavía recuerdo la emoción que me dio verla, pues en el primer momento no la reconocí. No podía imaginarme que mi amiga caleña estuviera en el desfile más importante de la Semana de la Moda de La Gran Manzana. Pero la sorpresa no acabó ahí. Sólo entendí la magnitud de lo que Nancy había logrado cuando entré a Bergdorf Goodman, la tienda por departamentos más sofisticada del mundo, y vi que el piso de accesorios y carteras estaba dedicado a ella. Los directivos de Bergdorf que estaban buscando nuevos diseñadores para promover, la habían convencido de que usara su nombre como marca después de ver las dos carteras que les llevó como muestrario. Nancy se comprometió a tener una primera colección en quince días y, en menos de lo que canta un gallo, tenía ocho modelos en cinco colores, pues cuando se le mete algo en la cabeza, es imparable.

Almacen de Nancy Gonzalez en SeulEso fue hace unos años, hoy la historia es todavía más sorprendente. Su compañía es presidida por Santiago Barberi, su hijo. Las oficinas están a unos pocos pasos de la mítica tienda que la lanzó al estréllato, un piso espectacular en cuyos muros cuelgan diversas obras de arte de los más destacados artistas de este siglo, que sirven de escenario a las carteras que se venden en más de 400 puntos en el mundo.

No hay celebridad que se respete que no tenga una Nancy González. Las grandes revistas de moda las tienen en sus páginas y en sus portadas. Mujeres como Grace Kelly, Jane Birkin o Jacqueline Kennedy usaron carteras que se volvieron símbolos. Antes, las mujeres de cierta clase social sólo necesitaban salir con un lápiz de labios a la mano. Con el feminismo llegó el utilitarismo y con ello la necesidad de usar una cartera. Así nacieron la Kelly y la Birkin de Hermés, la Bamboo de Gucci y la Speedy de Louis Vuitton. A esa lista se suma la Leaf de Nancy González.

Cuando empezó, tenía sólo una máquina de coser y un zapatero en un cuarto de la casa de su mamá en Cali. Muy pronto tuvo almacenes propios, siete, con su marca Encueros de Colombia. La calidad de los productos, la elegancia y originalidad del diseño la hicieron famosa en poco tiempo. Sus dientas eran mujeres acostumbradas a viajar y conocedoras de las marcas de lujo. En 1998, cerró sus operación en Colombia para poder concentrase en el mercado internacional. Hoy tiene, sólo en Estados Unidos, 45 puntos en Saks Fifth Avenue, 32 en Neiman Marcus y 64 boutiques. Conquistó el exigente mercado asiático y tiene tiendas en Japón, Taiwán, Singapur, y acaba de abrir una en Corea. Próximamente estarán abriendo sus puertas en París y Londres. John Rawlins, el arquitecto que logró convertir unas instalaciones viejas y aburridas en Bergdorf Goodman, ese exuberante imperio de moda, fue el elegido por Santiago Barberi, el presidente de la compañía, para diseñar las tiendas Nancy González. Se podría decir que es una interpretación libre de la selva colombiana, de roble, cobre martillado y mármol Calacata.

Aunque Santiago sabe que su negocio no es la venta al detal, es consciente de que debe crecer, pero sin saturar. La idea es abrir las tiendas sólo donde no hay almacenes por departamentos, pues no tiene sentido abrir una donde ya tienen presencia. El pensó que Seúl era un buen lugar para abrir la tienda, dado el grado de sofisticación de la clientela.

La Nancy que yo conocí no se descresta con la fama y la fortuna, a ella la mueven otras cosas como la pasión por su trabajo y por la gente que labora en la fábrica, pues casi toda la producción se hace en Colombia. Artesanos de muchos años de trayectoria que ella ha entrenado personalmente y que, como ella dice, dedicados a la búsqueda de la excelencia. "Una cartera es una muestra de quién es uno, un reflejo de un estilo personal. Es un equilibrio entre la funcionalidad y la creatividad", dice Nancy, en una entrevista para. Pamela Golbin, curadora del museo de Les Arts Décotatívs, en París, y autoradel libro dedicado a su trabajo editado por Assouline. Sin darse cuenta, Nancy González se ha convertido en una gran embajadora de Colombia. Su trabajo inspirado en su ciudad, Cali, en sus colores  y en su exuberante vegetación, habla del talento de nuestros artesanos, de las técnicas ancestrales de los indígenas, de la sabiduría del oficio, de nuestros valores. En estos 20 años, esta diseñadora ha logrado renombre internacional gracias a la calidad de sus diseños y a su infatigable labor y amor por su trabajo. Nancy invita regularmente a artistas de Italia y Francia, que enriquecen y transfieren conocimientos y les enseñan nuevas técnicas a sus empleados. "Nuestras carteras son únicas, pues no hay una piel igual a otra", comenta. Para ella las pieles son como joyas, cada una tiene una naturaleza especial y distinta, y debe ser tratada como tal, respetando su textura, su forma y su colorido. Por tener la piel de cocodrilo ese carácter único, es que cada cartera también es una pieza única e irrepetible. Cada piel es teñida a mano y, por eso, cada una tiene un tono diferente y único, ya que no es posible reproducir el proceso. Diez carteras negras de Nancy no son ¡guales, cada negro es distinto y cada textura diferente.

Es difícil pensar que hace 20 años una cartera de cocodrilo sólo podía ser negra, café o coñac. Hoy, un cliente puede escoger entre cuatro colecciones al año en cerca de 350 colores. Desde el fucsia fuerte hasta el azul eléctrico, pasando por el amarillo chillón hasta el naranja. No hay ningún color que Nancy no haya explorado. Pero, ¿cuánto demora hacer una cartera? Es la eterna pregunta que le hacen a Nancy en sus entrevistas, y ella responde: "No es cuánto tiempo se demoran en hacer una cartera, es cuánto tiempo uno se tarda entrenado a alguien para que haga una cartera. Un aprendiz empieza haciendo carteras pequeñas durante seis meses. Su entrenamiento puede tomar cerca de siete años para convertirse en maestro. Una mediana toma 20 horas de tres artesanos.

Nancy González emplea cerca de 400 operarios, la mayoría de ellos mujeres cabeza de familia. Para la caleña esa es su manera de ayudar a la comunidad. Por eso el Wall Street Journal, uno de los más respetados periódicos del mundo, dice en un artículo reciente, que comprar una cartera es hacer una inversión que requiere pragmatismo, tiempo y buen gusto.  según ese artículo, hay que comprar una Kelly de Hermés (desde 6.000 dólares), una 2.55 de Chanel (desde 3.200 dólares) o una Leaf" de Nancy González (desde 3.750 dólares).

En reconocimiento a su talento, el Accessories Council (el Consejo de Accesorios) recientemente le otorgó el Premio Brand of the Year, o Marca del Año. Algo muy significativo, dado que ella sólo produce una categoría de producto, carteras. Este premio no sólo valida su trabajo, sino el de todos sus colaboradores, que con infinita paciencia y cuidado cosen cada pieza para crear una de las maravillosas carteras Nancy González.

Tomado de la Revista Fucsia No.122, diciembre de 2010