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El Valle visto por:  Fernando Turk, acuarelista

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Resulta muy difícil definir a Cali. Todos sus nombres: sucursal del cielo, capital mundial de la salsa, capital deportiva de América o ciudad dulce de Colombia, de tanto repetirse se han convertido en desgastados lugares comunes que han perdido su fuerza original. Hablar de sus mujeres es llover sobre mojado. Pero Cali, a diferencia de los slogans, cada día que pasa reafirma su imagen de ciudad sorprendente. Recostada contra las primeras estribaciones de la cordillera Occidental, su clima, su arquitectura y sus gentes se confabulan para construir un ambiente que muchos definen como "un estado del alma".

Los caleños, con esa tranquilidad y esa alegre manera de encarar la vida, son tal vez los colombianos más abiertos y espontáneos que uno pueda encontrar. Sin hacer ningún esfuerzo ni aspaviento artificioso, logran que el visitante se sienta como en su casa, se familiarice con la ciudad y muy pronto se sienta un caleño más.

Y realmente vale la pena apropiarse, así sea con la imaginación, de esas calles arborizadas, de las amplísimas avenidas que cruzan de un extremo a otro, de su arquitectura amable y de la calidez de sus gentes. Su clima primaveral, mezcla de inclemente sol tropical y suaves brisas que soplan desde las altas montañas que la rodean, ayuda a que se diga por ahí que "Cali es Cali y lo demás es loma".

Cali se destaca por el respeto absoluto que se le ha dado a sus espacios públicos. Los caleños viven en función de sus parques y sus calles, que son una permanente invitación a pasear o a sentarse en la banca de algún parque, alrededor del río, o en la terraza de uno de sus tantos cafés al aire libre, y quedarse horas enteras mirando pasar la gente. El Parque de Cayzedo, famoso por sus hermosas palmeras centenarias y principal símbolo del centro de la ciudad, es un lugar propicio para la reunión y la tertulia.

Si usted quiere sentir la pasión de los caleños por el deporte debe visitar sus parques y sus complejos deportivos, vivir el fútbol en el Pascual Guerrero, visitar el Parque de la Caña, con sus piscinas, una de ellas con olas, o darse una vuelta por los otros parques de la ciudad, muy ligados a la vida de los caleños.

Durante las noches caleñas vale la pena pasear en la "chiva", que parte de los hoteles más importantes y hace un recorrido por toda la ciudad, deteniéndose en lugares muy especiales, como el Monumento al Fundador, desde donde se aprecia una espectacular vista de la ciudad.

Aunque este aspecto rara vez se resalta, Cali es una ciudad ideal para ir de compras. Sus zonas comerciales ( Cosmocentro, Unicentro, el Paseo de la Quinta, la Avenida Roosevelt, la Avenida Sexta y la zona hotelera del nor-oeste) ofrecen artículos muy variados.

El espíritu rumbero de los caleños merece mención aparte. La imagen de la Feria de Cali se ha consolidado con los conciertos de salsa y los bailes populares, tan importantes como la temporada taurina, las cabalgatas, los reinado populares y el Reinado Panamericano de la Belleza.

En Juanchito, a orillas del río Cauca, se dan cita los salsómanos. Allí pululan los bailaderos y las discotecas, y la única verdad de sus noches lleva los ritmos de sones, charangas, guaguancós y guacharacas.

No todo es rumba en Cali Sin ser una ciudad solemne, su legado arquitectónico del pasado colonial y republicano se manifiesta admirablemente en algunas edificaciones tales como el Convento de La Merced, las iglesias de la Virgen de La Merced y la Virgen de los Remedios y el Museo Colonial y Arqueológico. El complejo arquitectónico de San Francisco se destaca por su torre mudéjar, que pregona el estilo neoclásico del siglo XVII.

A una cuadra del Convento de La Merced se encuentra el Teatro Municipal, ejemplo notable de la arquitectura del siglo pasado.

También merecen ser resaltados la Catedral Metropolitana, el Edificio Otero, el Palacio Nacional, de clarado monumento histórico, y, a orillas del río Cali, el Teatro Jorge Isaacs, también monumento nacional, y la tradicional iglesia neogótica de La Ermita.

Pero los encantos de Cali no están reunidos en las manzanas de la zona céntrica. El río Cali, que atraviesa la ciudad de occidente a oriente hasta desembocar en el Cauca, es otro de sus grandes atractivos. Entre los muchos puentes que lo cruzan se destaca el Puente Ortiz, actualmente una vía peatonal muy animada, que une el centro de la ciudad con la Avenida Sexta. Muy cerca están el Puente España, que data de la época de la Conquista, y el Parque La María, con su conocido Monumento al Amor, esculpido en mármol blanco. Río arriba, sobre la hermosa Avenida Colombia, está el Museo de Arte Moderno de La Tertulia.

Los alrededores de Cali también ofrecen grandes atractivos a los turistas. Cerca de Palmira se encuentran las haciendas "El Paraíso", escenario de la novela María, y "Piedechinche", donde funciona el Museo de la Caña. En dirección de Popayán está la Hacienda Cañas gordas, una hermosa casa colonial que fue escenario de la novela El Al férez Real.

Tomado de la Revista Diners No.237, diciembre de 1989


 

 


DESTINO SANTIAGO DE CALI

Custodiada por los cerros Cristo Rey y Las Tres Cruces, la capital del Valle del Cauca recibe al viajero con el ambiente salsero que la caracteriza. Desde Jamundí, al sur, entrando por el Valle de Lilí, o por el municipio de Yumbo, al norte, sienta el aroma a pandebono y champús, que impregna los sentidos y le da la bienvenida a una pujante y moderna Cali. En el km 18, vía al mar, disfrute de un agua de panela caliente, o un aguardiente para tener energías, antes de la rumba. Cali es una ciudad agradecida, por su clima cálido que enamora, por sus lindas mujeres, por la deliciosa gastronomía y por miles de cualidades que descubrirá al visitarla. 

Visitar los museos

Museo Religioso y Colonial San Francisco. Funciona desde 1940 y cuenta con más de 350 muestras de arte religioso y un precioso cuadro de "La María". Para observar elementos de las culturas indígenas precolombinas, El Museo Arqueológico La Merced . Así mismo, el Museo de Oro Calima-, con su colección de piezas de oro, es de imprescindible visita.  Las tardes caleñas se puede disfrutar en el Museo de Arte Moderno La Tertulia , un conjunto de tres bloques, en el sector del Charco del Burro. En la sede de Univalle, el Museo Arqueológico reúne significativas muestras del patrimonio cultural. La función pedagógica en la preservación de los recursos naturales es apreciable en el Museo Departamental de Ciencias Naturales Federico Carlos Lehman Valencia, ubicado en la moderna sede del CECCE. Antes de continuar su itinerario por Cali, asista al Museo de Historia Nacional, para apreciar colecciones de zoología, arqueología y etnografía.

Visitar las iglesias

Capilla de San Antonio, construida en el año 1747, se sitúa en la colina de San Antonio y guarda en su interior un hermoso altar de estilo barroco. Desde allí se aprecia una linda panorámica de la ciudad. La iglesia La Merced, es la más antigua de Cali, ya que se edificó en el año 1545 y fue escenario de la primera misa hecha en recuerdo de la fundación de la ciudad. La iglesia de San Francisco, fue construida por el italiano Mauricio Ramelli entre los años 1803 y 1827 y su altar, elaborado en mármol y madera, es su mayor atractivo. Uno de los símbolos de la ciudad es la iglesia de La Ermita, inspirada en la catedral de Colonia en Alemania. Esta joya arquitectónica data del año 1678 y en su interior está la imagen del Señor de la Caña y la Virgen de los Dolores. La catedral Metropolitana de San Pedro, fue construida en el año de 1772 con estilo barroco, pero en 1841 fue cambiado su aspecto a estilo neoclásico. En sus instalaciones se encuentra el sagrario del Altísimo, hecho en plata repujada. No puede faltar el recorrido por la capilla de la Inmaculada, que data del siglo XIX, y la preciosa capilla de los Remedios.

Visitar los teatros.

Los teatros de Call constituyen una oferta cultural y recreacional para toda la familia, además de la arquitectura que los caracteriza, como al teatro Municipal , de estilo preciosista y barroco con capacidad para 1.200 personas. El teatro Jorge Isaacs, fue construido en 1931 y declarado monumento nacional en 1984. Es considerado un emblema de la ciudad no sólo por su relevancia arquitectónica sino por los modernos equipos. Otros teatros para visitar y apreciar lindas obras son: el teatro La Máscara, el teatro Imaginario, el teatro Esquina Latina, el teatro Experimental de Cali y el teatro al aire libre Los Cristales.

Edificaciones patrimoniales.

La Sociedad de Mejoras Públicas tiene su sede en esta casona colonial con una linda fuente, réplica de la tradicional pila de Crespo. La Fundación FES, se caracteriza por el estilo mudéjar, con conceptos hispánicos como los balcones del segundo piso y los alerones. La Casa Proartes fue declarada monumento nacional por su estilo neoclásico y por la historia que reúne entre esas paredes. En este lugar funciona el Centro Cultural Rafael Pombo, además de las salas de exposiciones, talleres y salones de reuniones. El Palacio Nacional de arquitectura estilo renacentista, también es monumento nacional y es sede del Archivo Histórico de Cali. Construido entre 1922 y 1926 bajo el estilo republicano francés, el edificio Otero fue sede por años del Hotel Europa, y ha sido declarado monumento nacional. El Palacio Arzobispal o Palacio Viejo fue resguardo del Libertador Simón Bolívar el primero de enero de 1822. Es una construcción del siglo XVII edificada por los hermanos Miguel y Francisco Cabal Barona.

Las plazas y parques.

Sobresalen el parque de la Retreta frente al CAM, en los alrededores del Puente Ortiz, donde se llevan a cabo actividades culturales y conciertos de la banda departamental. La plaza de Toros de Cañaveralejo es una de las más hermosas de nuestro continente, por su arquitectura, además de que es el escenario de la fiesta brava en la época de feria. En la tradicional Plaza de Caycedo, las altas palmeras y los faroles coloniales forman un precioso marco para los desprevenidos transeúntes que se reúnen allí para conversar sobre infinidad de temas. A quienes les gustan los trabajos artesanales, en el parque La Loma de la Cruz apreciará lindos trabajos en medio de un ambiente tranquilo y amable. Sobresalen el Parque de la Caña de Azúcar con los juegos mecánicos y la grandiosa piscina de olas, el parque de la Salud a orillas del río Pance, el centro de visitantes Topacio con senderos educativos, áreas de camping y módulo de recuperación de fauna silvestre. El centro de visitantes Quebrada Honda, en la vía a Pichindé y Peñas Blancas, cuenta con zonas de camping y un espectacular mirador, y el Ecoparque del río Pance donde conservan la vida silvestre por medio de educación ambiental. La Unidad Deportiva Panamericana es el más completo escenario deportivo de la ciudad con pistas de atletismo, piscinas y diamante de béisbol.

Zoológico de Cali.

La Fundación Zoológico de Cali se ha enfocado en la preservación de especies y en la recuperación de aquellas que han sido incautadas. En su área se encuentra un acuario espectacular, además de los recintos donde están los leones, tigres, pumas, cocodrilos, serpientes, aves y los suricatos. Cuenta con tienda de recuerdos, cafetería y auditorio para proyecciones.

Monumentos

Monumento de la Solidaridad. Representa la unión y la pujanza de los vallecaucanos. Fue esculpido por el maestro Héctor Lombana y se encuentra en la glorieta ubicada en la Av. 3.

Monumento a Sebastián de Belalcázar. Escultura en bronce realizada por el español Victorio Macho, dedicada al fundador de la ciudad. Su ubicación en lo alto del barrio La Arboleda, le ofrece un hermoso mirador en el que apreciará la capital del Valle.

Monumento a Las Tres Cruces. En lo alto de las montañas occidentales fueron levantadas tres cruces con el fin de proteger la ciudad. Cada año, en la época de Semana Santa, miles de peregrinos visitan el monumento desde el que también se puede apreciar una hermosa panorámica de la ciudad.

Monumento a Cristo Rey. Los 26 metros y sus 464 toneladas de peso, hacen de esta estatua un referente obligado de la ciudad.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 

Feria de Cali25 al 30 de diciembre

Hablar de esta feria es hablar de rumba y así se concibió desde el comienzo este carnaval caleño que en 49 años ha hecho historia. En 1957 se hizo la primera edición y coincidió con la inauguración de la plaza de toros de Cañaveralejo, lo que le dio el carácter de feria taurina. Pero los antecedentes de la feria caleña van más atrás y se tienen datos sobre los viejos carnavales por el centro de la ciudad, con carrozas y comparsas de disfraces elaborados y coloridos.

La historia también da fe de las tradicionales ferias semestrales de los pueblos, en las que se permitían juegos de dados, bailes en cantinas y parrandas callejeras, escandalosas para la época. Fiestas que con el tiempo desplazaron la venta de ganado y productos, para dar paso a la celebración en grande.

La evolución de las costumbres, los cambios culturales y las ganas de rumbear hicieron que se instaurara en diciembre, que coincide con el  comienzo de la carnestolenda (celebraciones profanas) en el suroccidente colombiano que, a diferencia de otras regiones, comienza el 28 de diciembre y se extiende, como el resto de los carnavales, hasta febrero, el martes antes del miércoles de ceniza. Todo esto también recibió la influencia mulata, pues fue una orden del rey de España dar libertad a los negros el 5 de enero, como parte de la celebración del día de los Reyes Magos, y el 6 era el día de los blancos.

A la fiesta se le incorporaron reinado, desfiles de carrozas que en otros tiempos eran tiradas por bueyes, casetas para bailar y parrandas callejeras que recibieron con los brazos abiertos ritmos como la salsa, que se institucionalizó en la ciudad. Hoy, la Feria de Cal¡ son cinco días de fiesta, que se inaugura con la cabalgata por las calles, mantiene su reinado (de la reina de la Caña de Azúcar y luego la Panamericana se pasó al de Señorita Cali), las corridas, encuentro de salseros, feria infantil, tascas con comida internacional, eventos deportivos y el desfile del Carnaval de Cali viejo, que revivió con fuerza y ya elige su rey Momo.

Informes de programación en los teléfonos (2) 896 3114 y 889 0387, Cali, y en la página www.cali.gov.co/Corfecali.php  

Tomado de la Revista Carrusel No.1396, 8 de diciembre de 2006


 
 

SANTIAGO DE CALI, una ciudad de dinamismo permanente

Por Arnovy Fajardo Barragán.

Actualmente Cali es la tercera ciudad de Colombia dentro del triángulo que conforma junto con Bogotá y Medellín, en el cual se concentra buena parte de la población y de la producción económica del país. Con cerca de dos millones quinientos mil habitantes, esta ciudad, ubicada a 991 msnm. y con una temperatura promedio de 24º C., articula alrededor de sí al puerto de Buenaventura en la costa del Pacífico, a las ciudades capitales de Popayán y Pasto hacia el sur, lo mismo que a Armenia y Pereira hacia el Eje Cafetero, donde entra en contacto con las zonas de influencia de Medellín y Bogotá. La privilegiada posición que Cali goza en este momento obedece a la manera como a lo largo de 472 años la ciudad se ha ido adaptando a las condiciones políticas y económicas vividas en Colombia desde que su territorio fue incorporado a la monarquía española.

POBLACIONES INDIGENAS

Antes del arribo de los españoles, en el Valle del Cauca existieron comunidades indígenas con una organización política y social que, si bien no llegó a ser tan compleja como la existente en la Sabana de Bogotá, sí permitió el desarrollo de unas avanzadas técnicas de cultivo y de orfebrería, lo que favoreció el establecimiento de unas redes de intercambio a lo largo del valle hasta la costa del Océano Pacífico. Hasta el momento se han identificado los vestigios de tres culturas pertenecientes a la familia lingüística Karib: Llama, entre los siglos VIII y I A.C.; Yotoco, en los siglos I y VIII D.C.; y finalmente Sonso, establecida desde el S. VIII, que fue la hallada por los conquistadores

CALI BAJO LA GOBERNACION DE POPAYAN

La articulación de Cali a una dinámica territorial mucho más amplia corresponde en primer lugar al momento de su fundación por parte de Sebastián de Belalcázar, el 25 de julio de 15361. Proveniente del Perú, Belalcázar fue estableciendo una línea de ciudades que comunicaban por tierra a lo que posteriormente sería la Nueva Granada con los territorios ecuatoriano y peruano, entre ellas Quito y Popayán –fundada después de Cali-. El conquistador del Perú, Francisco Pizarro, en uso de sus facultades como superior de Belalcázar, en 1539 le asignó jurisdicción y confines a la ciudad, que posteriormente obtuvo por real cédula de 27 de junio de 1559 el título de “muy noble y leal ciudad”, al igual que su escudo de armas2.

Ya que Belalcázar decidió fijar la sede de su gobernación en Popayán y no en Cali, esta terminó ocupando un lugar subordinado dentro de la jurisdicción de la primera. Esto no fue obstáculo para que Cali se constituyera como una ciudad donde se fue consolidando una élite local terrateniente descendiente de los antiguos encomenderos. El desarrollo económico de Cali empezó con la ganadería, que a su vez favoreció la existencia de latifundios en parte explotados y en parte no. Sin embargo, los propietarios tuvieron dificultades para encontrar mano de obra en gran cantidad, contrario a lo que ocurría en el Altiplano Cundiboyacense; en la medida que empezó a ser menos visible la población indígena en el Valle del Cauca, los esclavos africanos fueron introducidos desde el siglo XVII, aunque no se integraron de forma completa a las actividades agrícolas y ganaderas sino tiempo después. La posterior aparición en la escena económica de mineros y de comerciantes con intereses en las zonas auríferas, primero de Antioquia y después del Chocó, condujo a una serie de negociaciones entre éstos y los terratenientes, de modo para el siglo XVIII Cali observó la aparición de haciendas como unidades productivas con cierto nivel de complejidad, ya fueran ganaderas o de caña de azúcar; no hay que olvidar tampoco las estancias dedicadas a la producción agrícola destinada al mercado local y a las minas chocoanas3.

El progresivo desarrollo de las actividades económicas incidió en la consolidación de un espacio urbano conectado con un área rural que aseguraba la provisión de alimentos a la ciudad. En 1797 Cali y su jurisdicción contaban con 16.455 habitantes, repartidos entre la ciudad propiamente dicha, los pueblos de Anaconas, Yumbo y Roldanillo, y los “sitios” de Jamundí, Yunde, Limonar, Coronado, Salado y Chimbilaco; la ciudad en sí tenía como autoridades a “un teniente de gobernador, dos alcaldes ordinarios, 2 hermandarios, los respectivos partidarios (…) y Ayuntamiento”4. Como en otras ciudades hispanoamericanas, los cargos de la ciudad eran ocupados por miembros de familias “distinguidas”, ya fuesen terratenientes –que constituían el grupo social más tradicional-, ya fuesen comerciantes o mineros. Sin embargo, los lazos entre las diversas familias llevaron a la conformación de facciones rivales que competían entre sí para obtener y mantener tales dignidades5. Dentro de estas familias de notables se encontraba la de los Caicedo, que reivindicaba su intachable ascendencia española. Esta familia y sus partidarios encabezaron en febrero de 1743 un motín de serias proporciones: al grito de “abajo los perros chapetones”, la facción de los Caicedo movilizó a buena parte de la población contra las autoridades del cabildo; en ese momento éste se encontraba en manos de grupos de comerciantes en su mayoría españoles, los cuales no estaban plenamente incorporados a la sociedad caleña, y por lo mismo eran vistos como unos advenedizos. Si bien estos desórdenes no llevaron a una insurrección general como la vista en 1781 en el Socorro, sí fueron muestra de un ambiente que a lo largo del siglo XVIII estaba caracterizado por los frecuentes conflictos en torno a la preeminencia de las facciones dentro de la sociedad local, de modo que no se pueden considerar como antecedentes del posterior proceso independentista.

PAPEL DE CALI EN LA INDEPENDENCIA

Cuando se conocieron las alarmantes noticias sobre la suerte de la Península Ibérica , en ese momento ocupada por los franceses, Cali no fue ajena al movimiento juntista vivido en toda Hispanoamérica. El 3 de julio de 1810 el cabildo de Cali juró su fidelidad al cautivo Fernando VII y al gobierno de la Regencia , aunque con ciertas reservas, especialmente por las sospechas de ilegitimidad que desde el principio la rodearon, según opinión de los americanos6. Precisamente fue el posterior rechazo a esta autoridad peninsular lo que llevó a la fragmentación de la antigua gobernación de Popayán: a inicios de 1811 Cali, junto con las ciudades de Buga, Toro, Caloto, Cartago y Anserma, estableció una confederación que se adhirió a la Junta Suprema de Santafé –que ya había desconocido a la Regencia-. Por su parte, Popayán reafirmó sus votos de fidelidad al gobierno provisional en España, declarando insurrectas a las ciudades del Valle del Cauca y se preparaba para la confrontación militar. El gobierno del Valle se trasladó de Cali a Buga, y solicitó apoyo militar a Santafé, que envió una pequeña expedición al mando de Antonio Baraya.

Las fuerzas combinadas del Valle y Santafé obtuvieron un triunfo importante contra Popayán en la acción del Bajo Palacé el 28 de marzo de 1811. Debe tenerse en cuenta que en este primer momento de enfrentamiento militar entre el Valle y Popayán no estaba en juego la independencia frente a la metrópoli, sino uniformar la opinión política en torno al juntismo encabezado por Santafé, lo que aparentemente culminó con el establecimiento en Popayán de un gobierno proclive a la capital del virreinato7. Al intentar aprovechar el éxito obtenido, las tropas del Valle del Cauca al mando de Joaquín Caicedo y Cuero y el norteamericano Alejandro Macaulay, marcharon por el valle del Patía hacia Pasto; pero la creciente y obstinada resistencia ofrecida por pastusos y patianos con el apoyo de la realista ciudad de Quito, llevó a la destrucción de estas fuerzas y el fusilamiento de estos jefes.

Entre 1812 y 1816 el sur de la Nueva Granada observó un crecimiento en los niveles de violencia, producto de la creciente radicalidad política vivida en el interior, cuando Cundinamarca y las Provincias Unidas desconocieron cualquier vínculo con España. Las tropas de Cundinamarca, el Valle del Cauca, el Socorro, Tunja y Antioquia, primero bajo el mando de Antonio Nariño, y después de Manuel Serviez y José María Cabal, se enfrentaron a patianos, pastusos y quiteños. Mientras Popayán se convirtió en el campo de batalla disputado por ambos bandos, el Valle y especialmente Cali, fueron la retaguardia donde las tropas independentistas se reagruparon después de la derrota de Nariño en Pasto. El abanderado José María Espinosa recordaba que el Valle estaba cubierto de “campos alegres y bosquecillos agradables a uno y otro lado del camino, que en lo general era llano, sombreado por elegantes árboles y refrescado por aguas puras. Aquel era un paraíso”8. Gracias a la posesión de esta retaguardia, los patriotas al mando de Cabal pudieron contener el 15 de julio de 1815 a los realistas en la batalla del Palo, lo que aseguró por cerca de un año la posesión de Cali y Popayán. El posterior triunfo realista en la Cuchilla del Tambo el 29 de junio de 1816, condujo a que el Valle, como el resto de la Nueva Granada , se convirtiera en un depósito de recursos y hombres destinados a la manutención del ejército expedicionario español.

Gracias al triunfo de Bolívar en Boyacá en 1819, columnas del ejército libertador marcharon al Sur con el objetivo de ocupar a Popayán y desde allí conquistar Quito; así como ocurrió entre 1812 y 1816, entre 1820 y 1822 el Valle del Cauca fue de nuevo la retaguardia del ejército que quedó estancado en su intento de conquistar a Pasto. El posterior sometimiento de Quito gracias a los esfuerzos de Antonio José de Sucre desde Guayaquil, permitió la ocupación de Pasto y la pacificación del sur de la Nueva Granada , a pesar de las posteriores campañas contra las guerrillas realistas en 1823 y 1824.

CALI EN EL SIGLO XIX

Dentro de la construcción de la República en el siglo XIX seguimos observando cómo Cali y el Valle del Cauca buscaron diferenciarse como región y entidad administrativa. Durante la Gran Colombia Cali volvió a quedar bajo la jurisdicción de Popayán, capital no sólo de la provincia, sino del departamento del Cauca. Según la división territorial de 1824, este territorio estaba conformado por las provincias de Chocó, Buenaventura, Pasto y Popayán. Dentro de esta última provincia, Cali fue declarada cabecera de cantón, agrupando a su alrededor las parroquias aledañas. Uno de los beneficios obtenidos por Cali gracias a esta división se evidenció en el ramo de la instrucción pública; en 1823 se fundó el hoy tradicional Colegio de Santa Librada, dentro del proyecto gubernamental de crear un sistema jerarquizado de educación desde las escuelas primarias hasta las universidades; en el Sur fue fundada en 1827 la Universidad del Cauca, a la cual quedó subordinado el colegio existente en Cali.

A nivel político, hubo momentos donde se evidenció de nuevo la rivalidad entre Cali y Popayán. Uno de ellos fue la crisis que llevó a la disolución de la Gran Colombia , con la fragmentación del departamento del Cauca. Pasto y Popayán, por impulso de los caudillos payaneses José María Obando y José Hilario López, a mediados de 1828 y especialmente entre 1830 y 1831, se sustrajeron del gobierno central de Bogotá, en oposición a las dictaduras, primero de Bolívar y después de Rafael Urdaneta. En ambos momentos, Cali fue el refugio de los partidarios de aquellos dictadores. El choque definitivo entre las facciones de Obando y López por una parte, y los reunidos en torno a Bolívar primero y Urdaneta después, se dio cerca de Palmira en febrero de 1831. El Valle del Cauca fue sometido por los payaneses, quienes luego encabezaron las principales fuerzas que marcharon hacia Bogotá, provocando la caída de Urdaneta y la posterior creación de la Nueva Granada como Estado separado de Venezuela y Ecuador9.

Con la organización de la Nueva Granada se dio importancia a las particularidades regionales al adoptar el sistema provincial a nivel administrativo, más acorde con las características geográficas y de población. Gracias a ello, en mayo de 1835 se reorganizaron los territorios que comprendían el antiguo departamento del Cauca. Se reformaron las provincias de Buenaventura, Popayán y Pasto y se creó la nueva provincia del Cauca, que agrupó a casi todas las ciudades del Valle, con excepción de Cali. Esta ciudad pasó a ser la capital de la provincia de Buenaventura, privilegiando más su relación con la costa Pacífica que con el valle o el Sur10.

Hasta la creación del Estado Soberano del Cauca en 1858, Cali fue la cabeza de una provincia pequeña y con un volumen de población que no alcanzaba a los 40.000 habitantes, la mayoría de ellos residentes en el cantón de la capital. Sin embargo, esto no impidió señalar sus bondades: Agustín Codazzi encontró una ciudad que “prospera más que Popayán”, gracias a su producción agrícola, a las minas de cobre, carbón, fierro y oro cerca de la ciudad y en Yumbo; y finalmente al comercio sostenido con las provincias de Panamá, Popayán y Cauca11. Pero constató, más que nada, el gran potencial de Cali para la comunicación con el exterior: en carta de 10 de septiembre de 1855, Codazzi informó al gobernador de la provincia que “por su posición central entre las provincias de Popayán y Cauca y su aproximación al mejor puerto de nuestras costas del Pacífico, (Cali) está llamada a ser el punto de la escala comercial de los productos agrícolas de las tres provincias y de las manufacturas y efectos extranjeros que se pueden introducir para el consumo de sus poblaciones, que cuentan ya un número considerable de habitantes”12.

Cali no fue ajena a las agitaciones políticas que atravesaron el siglo XIX. La guerra civil en el segundo semestre de 1851 tuvo como uno de sus escenarios principales al Valle del Cauca y a la misma ciudad, aunque los niveles de violencia fueron muy bajos y las fuerzas del gobierno se impusieron con cierta facilidad. Como lo subraya Alfonso Valencia Llano, la guerra de 1851 era reflejo de los cambios a nivel político y social que vivía el país a mediados del siglo XIX13. La abolición de la esclavitud y los cambios paulatinos en la actividad económica, llevaron a la transformación de las haciendas y a una mayor movilidad de la mano de obra, la cual formó pequeñas comunidades y propiedades al lado de los latifundios14. Igualmente, se hizo mayor énfasis en la necesidad de conectar de manera eficaz a Cali con Buenaventura, primero a través de las líneas telegráficas, y después con la lenta construcción del Ferrocarril del Pacífico, por donde entraban las importaciones para el Occidente Colombiano15.

Dentro del Estado Soberano del Cauca, Cali fue uno de sus “municipios”, según las constituciones de 1863 y de 187216. Estaba dotado de un jefe municipal y de una municipalidad que se encargaba del buen orden en la ciudad y su jurisdicción. Con el fin del sistema federal gracias al régimen de la Regeneración , el Cauca se convirtió en uno de los departamentos y Cali llegó al siglo XX como una de sus ciudades principales.

CAPITAL DEL VALLE DEL CAUCA

El Valle del Cauca también se vio afectado por los efectos devastadores de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que entorpecieron la transformación económica que se estaba dando alrededor de la caña de azúcar. La primera mitad del siglo XX observó cómo se empezaba a formar una agricultura de carácter industrial especializada en la producción de azúcar, haciendo grandes inversiones en la tecnificación y la transformación de las haciendas en ingenios, sin desdeñar por otra parte la actividad ganadera17.

Al lado de la industria azucarera, en la primera mitad del siglo XX el crecimiento económico de Cali se debió al desarrollo de un activo comercio internacional. Se completaron obras de infraestructura como el Ferrocarril del Pacífico, que se extendió hasta Popayán al sur y hasta Cartago, Zarzal y Armenia al norte; de igual manera se trazaron las carreteras integrando al país de Oriente a Occidente. Así, Cali fue escala imprescindible dentro de la economía cafetera que se desarrolló en el departamento de Caldas, debido al acceso establecido con Buenaventura. El puerto también recibió grandes mejoras en su infraestructura, aprovechando de esta manera las ventajas que trajo para el tráfico internacional la apertura del Canal de Panamá 18.

Esta prosperidad comercial y agroindustrial se complementó con la diversificación en las manufacturas. Para mediados de la década de 1940, Cali había llegado a ser la tercera ciudad industrial del país, después de Medellín y Bogotá. Familias notables como los Caicedo, los Lloreda y los Carvajal tenían intereses en la industria, lo mismo que en la prensa y la política regional y nacional. Estos miembros de la élite local compartían negocios con inversionistas extranjeros, antioqueños y bogotanos. La industrialización caleña, especialmente en un segundo momento, se orientó hacia las artes gráficas, el cemento, los productos de caucho y los productos farmacéuticos y químicos, consolidándose el complejo industrial con Yumbo19.

Gracias a esta dinámica económica, Cali observó un notable crecimiento poblacional y una transformación en su infraestructura: el área urbana no solamente se extendió, sino que se evidenció una notable transformación arquitectónica, lo mismo que la dotación con servicios públicos de electricidad, agua potable y alcantarillado. Uno de los casos más interesantes de transformación arquitectónica y urbanística es la conocida Plaza de Caicedo. Durante todo el siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, la plaza, conocida antes como de “ La Constitución ”, era el lugar donde se abría el mercado público los sábados. Consecuente con el desarrollo de la ciudad y el interés de embellecer ese espacio, el mercado fue trasladado a otro lugar y se hicieron diversos arreglos, hasta lograr el espacio sombreado y agradable que hoy es centro de la vida cotidiana en Cali.

Paradójicamente, dos eventos, uno trágico y otro célebre, ambos muy recordados en Cali, incidieron también en esta transformación de la ciudad.

El suceso trágico fue la explosión del 7 de agosto de 1956. En esa mañana estallaron 10 camiones del ejército que transportaban 1.053 cajas de dinamita que venían desde Buenaventura y se dirigían hacia Bogotá. La catástrofe dejó cerca de 1.300 muertos, 4.000 heridos, la destrucción total de ocho manzanas y la avería de otras tres por la onda explosiva. La emergencia fue atendida por el clero de la ciudad y especialmente por el Servicio Nacional de Acción Social (SENDAS), institución creada por el general Gustavo Rojas Pinilla, entonces presidente de la república20.

No obstante la magnitud de la tragedia, la recuperación de Cali fue muy rápida, de modo que la ciudad se postuló y obtuvo la organización de los VI Juegos Panamericanos en 1971. La construcción de escenarios deportivos y de la Ciudad Universitaria de la Universidad del Valle –fundada en 1945- animó la creación de nuevos y modernos edificios. La imagen de la Cali alegre se consolidó con la realización de estos juegos, al mismo tiempo que se mostraba al país y al mundo un desarrollo cultural e intelectual muy destacado, evidenciado en la creación del Teatro Experimental de Cali y la obra de Andrés Caicedo. Finalmente, la realización de la Feria de Cali desde 1957, incluyendo su tradicional fiesta taurina y el reinado de la caña, ha ayudado más que ningún otro evento, a alimentar la imagen del “Cali Pachanguero”, amable jovial y cívico.

No obstante esta imagen positiva de Cali, la ciudad ha afrontado también serios problemas de orden público. Durante los sucesos del 9 de abril de 1948 fue escenario de la fuerte represión militar al comité revolucionario que se trató de establecer. La misma tragedia de 1956 fue utilizada con fines políticos por Rojas Pinilla para tratar de enfrentar a la oposición política que era cada vez mayor. Por último, y sin olvidar sucesos lamentables como el secuestro y posterior asesinato de los diputados de la Asamblea Departamental por parte de las FARC, la aparición de las economías ilegales en torno al narcotráfico ha dejado una secuela de desempleo y de delincuencia común que aún afecta a la ciudad, pues no ha podido recuperarse completamente de una fuerte recesión económica. El narcotráfico llegó a infiltrarse sutilmente en el conglomerado social, político y económico por medio del manejo de algunas empresas y el aceleramiento de la construcción. Pero al mismo tiempo dejó la subcultura del “traqueto” y el dinero fácil, con la espiral de violencia consecuente, especialmente en los sectores más deprimidos de la ciudad, tales como Aguablanca y Siloé.

Cali está buscando su recuperación a través del fomento de obras públicas como el sistema de transporte masivo, lo mismo que el deporte y la cultura de la reconciliación. Consciente de la importancia de una mayor integración del país hacia la cuenca del Pacífico, esta ciudad espera conservar y potencializar junto con Buenaventura su posición en el Occidente colombiano, y seguir siendo para toda Colombia “ La Sucursal del Cielo”.

REFERENCIAS

(1)En diciembre de 1536, por órdenes de Belalcázar, el capitán Miguel López Muñoz trasladó la ciudad del valle del río Lilí a donde se encuentra actualmente.

(2)“Fundaciones de ciudades y poblaciones”, en Credencial Historia , No. 141, septiembre de 2001, p. 9.

(3)Colmenares, Germán, 1997. Cali: terratenientes, mineros y comerciantes. Siglo XVIII , 4a. edición, Bogotá, Universidad del Valle, Banco de la República , Colciencias y Tercer Mundo Editores, capítulos I-III.

(4)Censo de la provincia de Popayán. 5 de diciembre de 1797. En Tovar Pinzón, Hermes; Tovar M., Camilo y Tovar M., Jorge, 1994, Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada. 1750-1830 , Bogotá, Archivo General de la Nación , p. 329.

(5)Colmenares, Germán, Op. Cit., capítulo VIII.

(6)El Acta se encuentra en: Zadwasky Colmenares, Alfonso, 1996. Las ciudades confederadas del Valle del Cauca en 1811 , 2ª. edición, Cali, Centro de Estudios Históricos y Sociales “Santiago de Cali”, capítulo I.

(7)Fajardo Barragán, Arnovy, “Tropas regulares y milicias durante la Patria Boba en la Nueva Granada , 1810- 1816” . En Ulúa. Revista de Historia, Sociedad y Cultura , No. 8, julio-diciembre de 2006, Veracruz, Universidad Veracruzana, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, pp. 58-59.

(8)Espinosa, José María, 1983 (1876). Memorias de un Abanderado , Bogotá, Plaza y Janés, p. 72.

(9)Arboleda, Gustavo, 1990. Historia contemporánea de Colombia , 2ª. edición, Bogotá, Banco Central Hipotecario, tomo I, capítulos V y VI.

(10) Los demás cantones que conformaron la provincia de Buenaventura desde 1835 hasta 1863 fueron Iscuandé, Micay y Raposo, sobre la Costa Pacífica ; Roldanillo era el único cantón que comunicaba a Cali con el Valle del Cauca.

(11) Barona Becerra, Guido; Domínguez Ossa, Camilo; Gómez López, Augusto Javier; y Figueroa Casas, Apolinar (Editores), 2002. Geografía física y política de la Confederación Granadina. Volumen I, Estado del Cauca. Tomo II, Provincias del Chocó, Buenaventura, Cauca y Popayán , Cali, Universidad del Cauca, Universidad Nacional de Colombia, Colciencias, pp. 151-152.

(12)Ibídem, p. 161.

(13)Valencia Llano, Alfonso, 2001, “La guerra de 1851 en el Cauca”. En Las guerras civiles desde 1830 y su proyección en el siglo XX , 2ª. edición, Bogotá, Museo Nacional de Colombia, pp. 37-57.

(14)Almario García, Oscar, 1990, “Sociedad, política y cultura en la formación del Valle del Cauca, 1900- 1940” , Cali, Magíster Internacional en Historia Andina, Universidad del Valle, mecanografiado.

(15)En 1883 el telégrafo entre Bogotá y Popayán, se bifurcaba en Palmira, vía Cali-Buenaventura, conectándose con el cable submarino del Pacífico. Ver Pérez, Felipe, 1883, Geografia General Física y Política de los Estados Unidos de Colombia y Geografía Particular de la Ciudad de Bogotá . Bogotá, Imprenta de Echeverría Hermanos, pp. 307-308 y 311-312.

(16)Restrepo Piedrahita, Carlos, 1985, Constituciones de la primera república liberal. 1855-1885 . Bogotá, Universidad Externado de Colombia, Tomo IV, “Constituciones Federales Boyacá-Magdalena”, pp. 943-944 y 985-987 respectivamente.

(17)Bermúdez Escobar, Isabel Cristina, “La caña de azúcar en el Valle del Cauca. Una historia de su desarrollo industrial”, en Credencial Historia , No. 92, agosto de 1997, pp. 8-11.

(18) Ocampo, José Antonio, “El desarrollo económico de Cali en el siglo XX”; y Camacho Perea, Miguel, “Historia del Ferrocarril del Pacífico y las carreteras al mar”. En Santiago de Cali. 450 años de Historia , Op. Cit., pp. 128-132 y 224-226 respectivamente.

(19)Ocampo, José Antonio, Op. Cit., pp. 132-139. Sáenz Rovner, Eduardo, 1992, La ofensiva empresarial. Industriales, políticos y violencia en los años 40 en Colombia , Bogotá, Tercer Mundo, Ediciones Uniandes, pp. 46-48.

(20) Ayala Diago, César, “La explosión de Cali. Agosto 7 de 1956” , en Credencial Historia , No. 117, septiembre de 1999, p. 11

Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 227, Noviembre de 2008 
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/noviembre2008/santiagodecali.htm  , 2010