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Manizales, Caldas

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Construcción

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MANIZALES (Caldas). Fundada en 1849 por colonos provenientes de la población de Neira, entre ellos, José María Osorio, Joaquín y Antonio María Arango, Vicente Gil, Manuel Grisales, Antonio Ceballos, Victorino Arango, Eduardo Hoyos, Marcelino Palacio y Gabriel Arango. El 11 de abril de 1905 fue creado el departamento de Caldas, con Manizales como su capital.
   
 


Manizales: ciudad de cumbres y nubes bajitas

por Hector Rincón

Manizales no es luminosa sino cuando deja de ser ocre, que es casi siempre el color que habita en este espinazo de la cordillera central donde unos insolentes cometieron la insolencia de fundar esta ciudad imposible en 1848.

Es ocre en sus cumbres y de ocre están poblados los abismos hacia donde se precipitan sus casas y sus edificios y sus ranchos. Y, a veces, todo esto se vuelve malva. Especialmente en los eneros y en los julios, cuando estallan los resplandores de este color y se ven rosados pálidos y lilas que destellan, que son los matices del malva y que están en los arbustos de malvarrosa. Entonces Manizales deja de tener las tonalidades pardas y los cielos se vuelven azules sobre los 35 kilómetros que forman el ramal por donde se extiende y se quiebra, se sube y se baja, esta ciudad de 500.000 habitantes más o menos.

Así que Manizales es de dos colores, digo yo que me han tocado sus nubes bajitas estancadas en los parques, y también me han tocado los horizontes más limpios cuando todo el aire es nuevo y desde cualquiera de los balcones de la ciudad puede mirarse de largo hasta el infinito y algo más. Y son también dos ciudades -al menos dos- dictadas por el temperamento y la actitud de sus pobladores que viven aquí muchas veces preguntándose por qué viven aquí.

Hay una Manízales de alcurnia, blanquísima, que disfruta sentirse castellana contra toda evidencia. Es la ciudad de las manolas y de las carretas del rocío que va por sus clubes bailando por soleares y cuando llegan las Ferias se pone feliz como una castañuela porque es la cita anual entre lo que la ciudad realmente es y lo que estos habitantes quisieran ser.

No es una pose dañina, simplemente es. Y digo contra toda evidencia porque no hay vestigios de que estos riscos imposibles hubieran sido coronados por alguien mandado por la Corona de Castilla, ya que su acto fundacional es leyenda: 20 aguerridos colonos de apellidos como Grisales, López, Arango, Osorio, Ceballos y otros, se atrevieron y llegaron, sopla dos quizás por una ambición, ¿pero ambición de qué si nada más que frailejones ha bía por estos páramos?; impulsados tal vez por algún reto personalísimo ¿o sería por ganarse una apuesta?

Esa ciudad -minoritaria pero decisiva-, la ciudad del pasodoble, convive todos los días con una ciudad arrabalera y despechada que oye milongas y baila tangos, que sufre y llora en sus cantinas de bajos fondos atendidas aún por coperas de labio pintado y billetera en la axila, en donde suenan los pianos como antes, como siempre, y un borracho con la cabeza contra la mesa maldice su suerte maldita mientras algún agustín magaldi o algún julio jaramíllo le da la razón y entonces sus venas hierven.

Le recomiendo esta Manizales milonguera. Aunque aquella de ínfulas ibéricas tenga atractivas mujeres con piel de porcelana y pestañas largas y sean las más elegantes de Colombia, y los hombres sean inteligentes y medio locos, ésta del malevaje sorprende y fascina. Vaya y verá. Vaya y verá a Los Faroles o a La Feria, que son dos metederos que quedan cerca a la 23 porque todo en Manizales queda cerca a la 23 o en la 23, y se encontrará con unas noches largas, llenas de humo y de luces amarillentas que alumbran la pista en donde ocurre el baile.

Estos arrebatos suceden los fines de semana a partir de los jueves y a ellos llegan, puntuales, hombres maduros y mujeres ávidas. En Los Faroles están vestidos de época, sombreros de ala baja ellos, medias veladas y con vena ellas, y ahí los tienes sobre la pista reviviendo los ardores del baile famoso desde el 1800. Parejas que hacen perfecto el ocho y ahora la media luna; y el líso, el voleo, el cepillado, la sentadíta, la calesita y ahora rematan perfecto la pieza con la caída, que es un languidecimiento mientras el bandoneón chilla.

Menos estereotipo bonaersense es el tango que en Manizales se baila en La Feria, el otro lugar de cerca a la catedral. Llegan allí muchachos y muchachas tal vez hartos del trance, que se han resistido a la tiranía de los DJ, y que no pierden el compás cuando hacen el ocho adelante o el ocho atrás, así lo hagan, como lo hacen, vestidos con bluyines y calzados con tenis, porque en esta otra Manizales hay una juventud que se ha tomado espacios y ha puesto patas arriba todo lo adusto que imponen estas calles empinadas que desembocan en las nubes y en las que muchas veces corre tanto frío que aún se venden ruanas de lana.

Son legión. Los jóvenes son una legión como de gitanos que llegó no hace mucho a Manizales con sus colores estridentes y sus estridentes músicas. Y son ahora un ingrediente adicional que ha venido a competirle espacios a aquella ciudad nostálgica de una España in visible, y aquella otra vigente aún, milonguera y siempre despechada.

Se han tomado -ellos a la ciudad porque Manizales también tiene una cara, otra cara, que hace añísimos parecía ímpensable. Lugar de iglesias rimbombantes, de lúgubres cumbres, de amaneceres yertos y de curas legendarios, parece más hecha para el adiestramiento de seminaristas o de novicias, pero la educación dio una vuelta y aquí me tienes que ésta es una ciudad universitaria a donde llegan en manadas estudiantes de todo el país, comprendido dentro de todo el país a costeños del litoral caribe que al comienzo se ven como moscos en leche en estos páramos, pero que de a pocos van en tonando hasta formar parte de la masa que se parcha todas las tardes por los lados de La Católica en cuyos pupitres se sientan las muchachas más lindas, según oí decir anoche.

Son seis universidades, que son muchas para una población fija como la que ya se dijo, y que generan una población flotante que le ha dado un aire de juventud y cosmopolitismo a la ciudad toda. Casi, casi, Manizales, por razón de sus universitarios, de la bulla que hacen, de la cerveza que beben, y de la avidez de cultura y de vida que mantienen, vive en un estado permanente de Festival de Teatro, aquel bastión de su calendario anual que sobrevive tras treinta años y pico de muertes y de resurrecciones, gracias a la obstinación de quienes son un puente entre todas las Manizales que existen: la aper amínada, la maleva y la desparpajada.

Porque todas existen, juntas y revueltas, en la Manizales de hoy que ha dejado atrás una buena parte de su aire camandulero y que ha dado paso a cierto aire contemporáneo que se nota en la actitud y la vestimenta y en la ingeniería de avenidas largas y de túneles que se hacen y se proyectan por allá abajo por las orillas del Chinchiná. Una Manizales efervescente que se arropa toda, en las épocas de buenos cielos, del color malva, que es el color preferido de Manizales razón por lo cual el pasodoble mítico dice en realidad ¡"Ay Manizales de malva"!, pero la voz popular que hace lo que le da la gana cambió el estribillo por "Ay Manizales del alma", según oí decir anoche.

Tomado de la Revista Mundo Avianca, enero 2002


 

 

Ubicada en una ramificación de la cordillera Central, es una mezcla de historia y modernidad representada en la arquitectura. La ciudad ofrece muchos sitios históricos de interés como iglesias y museos. Es sede de la Feria de Manizales, la más tradicional de Colombia, y el Festival de Teatro.

LUGARES PARA VISITAR

Iglesia de la Inmaculada Concepción. Declarada monumento nacional, está ubicada frente al Parque Caldas; se caracteriza por su belleza arquitectónica neogótica que se plasma en sus bóvedas y columnas; sobresale allí la belleza del altar y del púlpito.

Monumento Bolívar Cóndor. Obra del maestro Rodrigo Arenas Betancourt, situada en la Plaza de Bolívar que representa la importancia de la libertad de los caldenses y conmemora la época de la colonización.

Catedral Basílica Metropolitana. Su singular arquitectura del siglo XX y extensos espacios que albergan en el interior a más de cinco mil personas, convirtieron este lugar en monumento nacional. Posee 3 inmensas torres que son causa de regocijo de los visitantes, ya que la principal tiene 106 mt de altura y es considerada como la más alta del país.

La Torre del Cable. Monumento nacional desde 1984 que simboliza la pujanza de los habitantes del departamento. Esta réplica en madera evoca el primer medio de transporte intermunicipal de la ciudad, que hacía un recorrido desde Manizales hasta Mariquita, trasladando exclusivamente carga pesada.

Teatro Los Fundadores.  Es la sede del Instituto de Cultura y Turismo de Manizales y del Festival Iberoamericano de Teatro Universitario, además es centro de las principales actividades escénicas de la ciudad.

Museo Arqueológico.   Expone elementos arqueológicos de las culturas indígenas quimbaya y calima. Ubicado en la Universidad de Caldas, es un centro cultural donde son dictados cursos y talleres acerca de la preservación de las muestras primitivas.

Museo del Oro del Banco de la República.  Conjunto de figuras precolombinas en oro de la cultura quimbaya.

Eco-Parque Los Yarumos.  Centro recreativo, cultural y turístico que alberga una gran diversidad de fauna y flora. Esta reserva natural se extiende en más de 70 hectáreas de selva húmeda tropical, en la que se conforma un ecosistema rico en belleza ambiental.

Samoga.  Parque de ciencia y tecnología basado en el fomento de la investigación científica de los habitantes de la región. Se ubica frente al estadio Palogrande sobre la avenida Paralela.

Parque Bicentenario Simón Bolívar. Sus espacios llenos de naturaleza permiten a los visitantes realizar todo tipo de actividades deportivas y de diversión. El recorrido por este parque, conocido también como Bosque Popular El Prado, es un encuentro con el medio ambiente y algunas de las riquezas naturales de la ciudad.

Plaza de Toros. Escenario de una de las temporadas taurinas más importantes del país, en el marco de la Feria de Manizales. Esta plaza, inspirada en el estilo mudéjar, ha presentado durante tres décadas las mejores corridas de toros protagonizadas por los toreros más experimentados del mundo. Cada mes de enero, la Plaza de Toros de Manizales se convierte en uno de los sitios más visitados de Colombia.

Feria de Manizales. En la primera semana de enero de cada año se realiza esta celebración, también conocida como la "Feria de América". Evento que convoca desfiles, carrozas, mujeres bellas, cabalgatas, verbenas populares, temporada taurina, melodías de arrabal y el Reinado Internacional del Café.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 

Feria de Manizales - Enero

Como dice el pasodoble que identifica a esta feria, la hidalguía de esta ciudad empinada y símbolo de la prosperidad cafetera de otras épocas creó en 1951 su feria, para celebrar el centenario de su fundación. En un comienzo, la fiesta se centraba en los carteles taurinos y en el desfile de manolas en carretas por las calles de la ciudad.

Poco tiempo después aumentaron las fiestas y desde entonces se programan diferentes fiestas populares y en los clubes sociales. La celebración se complementó con el Reinado Internacional del Café, que ahora son las manolas del desfile de las Carretas del Rocío por Manizales. La ciudad reúne además artistas de música popular, de gran aceptación en la zona cafetera, así como encuentros de trova y tango, y la presentación de orquestas nacionales a internacionales en los tablados de la plaza de Bolívar.

En los últimos años se ha implementado la feria artesanal, que se realiza en el coliseo menor de la ciudad y en donde, para no dar muchas vueltas, se vende de todo, con productos de todo el país.

Mayores informes en el Instituto de Cultura y Turismo, teléfono (6) 884 6211 y Fenalco (6) 881 4033, Manizales.

Tomado de la Revista Carrusel No. 1396, 8 de diciembre de 2006
   

La ciudad homérica de Manizales

por Vladimir Daza Villar
 

“Hace ciento dos años que un grupo de intrépidos colonos de Sonsón y Abejorral -escribió Silvio Villegas- empezaron bravamente a descuajar la selva virgen en la rocosa planicie donde hoy está situada la capital de Caldas”, es decir, la historia de Manizales es la historia de la transformación del paisaje de la zona. Sus límites en los años 20 del siglo XX seguían referenciado el paisaje: “de la confluencia del río Chinchiná con el Cauca, Chinchiná arriba hasta sus nacimientos en la Cordillera Central ; ésta hacia el Norte hasta dar frente a los nacimientos del río Guacaica; éste abajo hasta la confluencia de la quebrada del Guineo; esta arriba hasta el lindero de las tierras del Salado del Guineo; de aquí línea recta hasta un mojón que está en el camino de Arabia, denominado Socavones: de este al nacimiento de la quebrada de Fonditos; por ésta abajo al río Cauca; éste arriba a la desembocadura del Chinchiná, punto de partida”. Además, cinco de las denominaciones de ocho fracciones en las cuales fue dividida Manizales en 1880 estaban estrechamente ligadas al paisaje, La Enea, Sierramorena, El Aguila, El Tablazo y La Cristalina.

En un filo de la montaña creció la ciudad de Las Puertas Abiertas, Manizales, fundada en 1849 por colonos antioqueños. P ara finales del siglo XIX, era un gran centro del cultivo del café: según Luis Yririgoyen, hacia mediados de los años 20, alrededor de la ciudad se cultivaban en sus fincas dos millones de cafetos, los señores Uribe Mejía tenían 60 mil cafetos en su hacienda “San Carlos”, “ La Manuela ” era considerada la más importante por su producción en el departamento sembrada con 100 mil árboles; la hacienda de don Roberto Gutiérrez Vélez cultivaba 55 mil árboles con una producción anual de 4 mil arrobas. Aquel movimiento cafetero eran respaldado por las casas comerciales que tenían asiento en Manizales como Pinzón & Huth, American Coffee Corporation, Casa Inglesa, Alejandro Ángel, Gutiérrez “los Bancos y cien más”. Por lo menos, entre 1910-1930, señala Marco Palacios que el departamento se convirtió en el primer productor de café de Colombia.

Pero aún falta por escribir una historia económica regional del café en Manizales y Caldas, de la vida de las haciendas y de sus agregados campesinos y de los conflictos agrarios por la tierra “resueltos bien con revólveres o con incisos y sentencias” escribe Palacios. Además, la historia del café es también la de la salud pública e higienización de enfermedades venéreas. En una fecha tan tardía como 1955, un editorial del periódico de Manizales, La Patria, titulado La salud del pueblo, citaba al Secretario de Higiene Municipal de Manizales acerca de “el altísimo porcentaje de tuberculosis” como el principal problema de la salud pública de Caldas. De allí que no sea casual que la principal y más tradicional facultad de la universidad de la ciudad sea la de Salud.

Obviamente, gracias a la dinámica cafetera, la población creció de manera sostenida, así: 1851: 2789 habitantes; 1870: 10362; 1884: 14603; 1905: 24700; 1912: 34720, 1918: 43203. Para los años cincuenta, tanto los habitantes de las ciudades del eje cafetero como los viajeros percibían claras diferencias entre esas poblaciones. Por ejemplo, Manizales es la ciudad menos mestiza de ellas y más confesional. Fernando Uricochea, en su ensayo Resabios tribales y cosmopolitismo periférico: Bogotá y Cartagena, considera que en la sociedad colombiana de comienzos del siglo XX “la insuficiente diferenciación de papeles, dado el escaso grado de desenvolvimiento de la división social del trabajo, favoreció la importancia de los criterios de filiación religiosa y política como criterios de status”. Quizás el poeta León de Greiff intuía la misma reflexión sociológica acerca de las sociedades de grupos reducidos cuado escribió su poema Villa de la Candelaria d onde se retratan los grupos sociales y los ritmos provincianos: “Sucesos/ banales/Gente necia, / local y chata y roma./ Gran tráfico/ en el marco de la plaza./ Chismes./Catolicismo./ Y una total inopia en los cerebros…/Cual/ si todo/ se fincara en la riqueza,/ en menjurjes bursátiles/ y en un mayor volumen de la panza.”

Se podría decir que en Manizales, para el mismo período o más allá, uno de los criterios de status era ser descendiente de los fundadores o colonizadores y un criterio de demarcación y purificación social lo constituía el ser de raza “blanca azucena”, “blanca española” ser familia de los “Tobón, Tobón pero de los de Medellín.”

La fundación de la ciudad, todavía una aldea de “tabla parada” a principios del siglo XX fue leída en clave “homérica” por la élite conservadora. Por ejemplo, en el Libro de Oro de Manizales publicado bajo la alcaldía de don Fernando Londoño y Londoño, en 1951, Aquilino Villegas escribía que “nadie sabe la homérica brega para convertir en quince lustros el bosque inmóvil en la ciudad sibilante”. Los fundadores estaban imbuidos “de la más antigua cepa romana y acendrados de añejo sabor castellano, que hace setenta y cinco años llegaron hacha en mano en la hirsuta ladera”. Manizales ofrecía un “clima griego”. Victoriano Vélez, al escribir acerca de la “raza colonizadora” se refirió a éstos como “emperadores de la selva”, “los Príncipes del hacha” y “para exaltar a los sencillos compañeros del buey y de la mula, evocó a Homero y a Virgilo, a Eneas…” La misma geografía montañosa se prestaba para construir el espejo, por utilizar la metáfora de Francois Hartog, donde se reflejaría el mito fundacional, porque cómo señalaba don Alfonso Robledo en 1919 en Dos discursos sobre Manizales , en 1844, “un montaña oscura se veía al pie del nevado del Ruiz” pero para los colonizadores “era un retozo talar los bosques…(eran) hombres de pisada recia y hacha poderosa”.

Otra variante del mito fundador, es la hispánica, que se construyó con esmero y la expone don Bernardo Arias Trujillo quien escribe que Manizales está “habitada por gentes vascas y testarudas”: De allí surgió la tradición musical del pasodoble, no de bambucos y pasillos, y la Feria de Manizales. Ninguna ciudad colombiana, quizás, reclamaba a principios del siglo XX orígenes tan clásicos.

Dos monumentos consagran el mito fundador de Manizales, el Monumento a los Fundadores en el barrio Chipre, donde aparece la versión popular del colonizador acompañado con su mujer, con sus bestias cargadas de corotos y su perro; al extremo de la ciudad frente al teatro Fundadores unos obeliscos de mármol negro representan a los fundadores de estirpe.

Ajena a las nuevas preocupaciones de la historia urbana, la historiografía local parece haberse detenido en celebrar la manera heroica cómo se fundó Manizales en una zona montañosa, altoandina y sísmicamente inestable. Se recuerda que no se loteaba, es decir, que no se dividía el espacio en lotes sino que había que tasajear la montaña para crear un plano. Una visión moderna de la historia urbana de Manizales es la elaborada por un grupo de arquitectos de la Universidad Nacional , sede Manizales, quienes a falta de historiadores, han liderado los estudios urbanos. Reconocidas son las obras de Hernán Giraldo Mejía y de otros arquitectos.

Sin embargo, los temas acerca de la expansión y el crecimiento urbano, el desarrollo de los trabajadores urbanos la historia de sus instituciones políticas aún sigue siendo desconocida. Por ejemplo, a la perspectiva de los arquitectos se le agregaría la historia del proceso de modernización urbana ¿Cómo fue el proceso de modernización de Manizales, Pereira y Armenia? ¿Quiénes organizaron el abrupto espacio urbano de Manizales?, ¿Cómo fue el consenso político en el Consejo de Manizales? A través de las informaciones de la Junta Departamental de Obras Públicas publicadas en Gaceta Departamental uno podría seguir una parte de esa historia.

El miércoles 22 de junio de 1955, el presidente de La Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, Reverendo Padre Adolfo Hoyos Ocampo acogía el “vasto y trascendental proyecto de transformación urbanística” del conservador Fernando Londoño Londoño; se trataba, del sector de la transformación de los “antiguos barrios de La Cuchilla y La Palma , comprendiendo gran parte del Barrio de los Agustinos, encuadrados entre la avenida Doce de Octubre y las nuevas urbanizaciones de Chipre.” Con dicho proyecto, según la Sociedad de Mejoras, “además de determinar la desaparición de la solución de continuidad que afecta notablemente el desarrollo y el bienestar de los citados barrios de Campohermoso y Chipre, mediante el desemboque natural de las calles y carreras que se dirigen, aseguraría el aprovechamiento de esta vasta y empinada zona, la más visible y abandonada que tiene la ciudad…para urbanizaciones…con destino a las clases medias y alta”. De inmediato, el jueves 23 de junio, según información de La Patria, el alcalde de Manizales, Carlos Ramírez Arcila, por decreto Número 255 del 22 de junio de 1955 creó una Junta Especial integrada por Tulio Gómez Estrada, Arturo Gómez Jaramillo, Gustavo Robledo Isaza, Fernando Londoño Londoño, para estudiar el desarrollo urbanístico del sector occidental de la ciudad.

A finales de los años 30, lejos del viejo casco se construyó el barrio de Quinta Versalles, una especie de Chapinero, el cual iniciaría la expansión urbana hacia sitios no tradicionales. Ya en los años 40, se realizó la construcción de la Escuela Normal Superior de Manizales, cuyo vecino más cercano era el Monasterio de la Visitación. Hacia los años 50 los padres jesuitas construyen lejos del viejo centro su colegio. Pero sería hacia los años 60, luego de la división del Gran Caldas, que se iniciaría la expansión de Manizales Justamente, en 1968, se funda la Oficina de Planeación Municipal y en 1970 se crea el proyecto urbano más ambicioso de la ciudad, según el arquitecto José Fernando Escobar, el llamado Plan 70 . La ciudad avanzaría así sobre su propia área agrícola, la que en 1956 producía 440 mil arrobas de café, 40 mil cargas de plátanos, 20 mil de yuca, 15 mil de maíz y miles de cabezas de ganado, como se escribe en el Catecismo histórica y geográfico de Caldas .

Los arquitectos predicen que la ciudad crecerá un 15% más en los próximos 30 años, a pesar de los obstáculos naturales, lo cual significaría, una “redensificación del área ya construida”, es decir que la ciudad no tendrá nuevos suelos. Empero, un siglo de construcción sin atender lo que hoy los geógrafos llaman factores de vulnerabilidad y altos niveles de pluviosidad, unos 2.000mm, ha conducido a que la ciudadanía viva en permanente peligro de deslizamientos de tierra y a que incluso muchos barrios destinados a las clases medias “estén construidos sobre relleno y en sectores inestables” como escribe la investigadora Anne Catherine Chardon. Cabe recordar, que entre 1960 y 1998 se han contabilizado 318 deslizamientos; la naturaleza recordó en noviembre de 2008 que Manizales es una ciudad de ladera: un fuerte aguacero dejó 370 familias damnificadas, varias zonas de la ciudad taponadas, 150 derrumbes y varios días con el acueducto averiado. Entre las amenazas naturales de la ladera en que fue construida y los crecientes desafíos sociales Manizales avanza con los recuerdos de sus mitos fundacionales y las realidades de su presente.

Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 236, Agosto de 2009