Boyaca Departamento

Boyaca

Ciudades y sitios

Paisaje, Colonial

 

Vea: Artistas de Boyaca  - 

Boyacá vista por fotógrafos: German Montes Hernan Diaz

Boyacá vista por artistas: Fernando Turk, acuarelista

Ciudades:  Villa de Leyva Tunja 

Textos:  Camino de Tota , Chiquinquirá

Museos de Boyacá:  Directorio

Reinas de Boyacá

Enlaces otros webs:

www.boyacaesparavivirla.com 

www.Sogamoso.com

El pueblo más lindo de Boyacá, 2015

 

Qué es Boyacá para usted ?

por Plinio Apuleyo Mendoza

Plinio Apuleyo Mendoza, periodista, escritorNo hay manera de contestar su pregunta sin ser indiscreto.  Como le ocurre a todo el mundo con su tierra natal, Boyacá está asociada para mí a instancias afectivas, a vivencias muy personales, a gente que conocí, o que conozco, a recuerdos de infancia. Tómelo como una advertencia; puesto en el compromiso de contestar su pregunta, tengo que hablarles de gente sin ningún interés para sus lectores. De mis tías, por ejemplo; las dos tías que me criaron. Boyacenses lo fueron siempre, en sus hábitos y costumbres, hasta el día de su muerte. Emigradas a Bogotá cuando murió su padre, juraron no volver nunca más a su aldea. Pero siguieron viviendo allí en el recuerdo. Cualquier cosa, el canto de un arrendajo o el simple viento golpeando los postigos cuando venía la lluvia, les traía la ańoranza de su tierra. Las veo en el cuarto de costura, una cesta con madejas de lana a sus pies, hablándonos de Toca, de las Ayure, de los Villate, de los Fonseca o los Molano; de bailes, cacerías, noviazgos, dramas y travesuras. Sus relatos nos llevaron de la mano a aquel mundo que fue el suyo: tuvimos la visión fantasmal de los páramos, oímos el rumor de los cascos en las fragorosas madrugadas, los ladridos de los perros corriendo tras los venados en la niebla; vimos las velas encendidas en las posadas del camino, los duendes y aparecidos en el tamo y los torrentes crecidos en invierno ante los cuales se detenían las bestias con escrúpulo. Uno tras otro fuimos conociendo los pueblos que componían su itinerario: Ramiriquí, Jenesano, Turmequé, Mira flores, Pesca, Puebloviejo, surgiendo entre el esplendor de los trigales, al final de sus paseos tumultuosos. Su crónica no nos ahorraba nada, ni los geranios florecidos en los balcones de Siachoque, ni los dátiles de Soatá, ni las peras recogidas en los huertos de Toca, tan dulces.

Muchas veces nos hablaron de un médico francés, llegado a su pueblo misteriosamente -żotro evadido de Cayena?- que en la última hora de la tarde acercaba su taburete para hablar con mi abuelo. A mí, este árido exiliado triturando en el aire triste del páramo sus imposibles nostalgias de París, me intrigaría siempre. Nos hablaron también de un profesor de bailes modernos, jinete en una mula y arrastran do otra cargada con una victrola portátil, haciéndole frente al helado viento crepuscular embozado en una ruana: iba de pueblo en pueblo enseńándoles a bailar el tango a las muchachas. O de un indiecito que corría detrás de los venados como no lo habría hecho ningún campeón de carreras. O del Santo Cristo de Toca, que sudaba gotas de sudor verdadero, y de cómo fue desgarrado por el párroco de un pueblo vecino, enloquecido al encontrarse sin feligreses. Nos describieron las fiestas de enero, los castillos de pólvora ardiendo en la plaza, y los escuálidos toreros de Tunja con el irrisorio traje de luces sucio de polvo y lleno de remiendos, animándose con tragos de brandy enviados desde los balcones para intentar una faena imposible ante reses llaneras que embestían con los ojos abiertos.

żCómo dar una visión personal de Boyacá sin hablar de aquellos amigos y parientes un tanto polvorientos que venían a casa? Tenían por su tierra natal el mismo sentimiento de nostalgia irreductible de mis tías. Tras el espejismo de un puesto -un destino, dicen todavía los boyacenses- habían vendido tierras y solares y allí estaban, antiguos seńores rurales convertidos en modestos burócratas, un poco perplejos como pájaros de monte atrapados en una jaula, hablando siempre de infortunios, del costo de la vida, de una hernia, de dolores reumáticos.

ĄY todos aquellos boyacenses de aire modesto y paciente que hacían largas antesalas en la oficina de mi papá, esperando siempre una recomendación! Sus ruanas y los sombreros que sujetaban respetuosamente en la mano parecían impregnados aún del polvo de la carretera. Se explicaban de una manera muy boyacense, con circunloquios y ayudándonos a veces con discretas metáforas. "Nosotros, doctor, que hemos tenido siempre la bandera en alto...". Mi papá, impaciente, cortaba su discurso: "żQué quiere el amigo, una chanfaina? Dígalo sin rodeos y tratamos de conseguírsela". Y la verdad es que se las conseguía, y ellos, agradecidos, volvían con regalos, esos inefables regalos del campo que a nadie pueden ofender: alfandoques, almojábanas o bocadillos de Moniquirá. Alguna vez le trajeron un gallo de pelea, que mi papá debió amarrar provisionalmente a la pata de su escritorio. "Mis paisanos", debió explicarle con aquel gesto suyo, de divertida resignación, a un ceremonioso visitante (żera el ex presidente Urdaneta Arbeláez?) sorprendido por aquel repentino revuelo de plumas a sus pies.

żY cómo hablar de Boyacá sin mencionar a los Solano? Cuando estuve en París por primera vez, virtualmente mi tutor era Armando Solano, entonces embajador ante la Unesco. En su casa de las afueras que daba a un recodo lánguido del Sena, florecían los geranios como en cualquier casa de Paipa. Aquellas sobremesas, con las moscas zumbando al sol de la ventana y de vez en cuando el pitazo de un tren entran do a la estación vecina, nos devolvían, en pleno París, la luz y la calma de Boyacá y sus tardes serenas de domingo. Armando tenía toda la inteligencia, la ironía refinada, la socarronería infinita, la exquisita y corrosiva maledicencia de que sólo es capaz un boyacense. Las frases suyas en apariencia más desprevenidas estaban de pronto cargadas de una intención mordaz, intención que uno sólo descubría en el brillo travieso de las pupilas ("Tiene madera, cómo no, tiene madera", nos concedía muy serio, refiriéndose a un joven escritor amigo... que entonces usaba muletas). Ese humor que va a lomo de frases largadas al descuido lo heredaron sus hijos, Pablo y Armando, y lo tienen también, con la misma dosificación de inteligencia y perversidad irresistibles, los hijos de Eduardo Caballero Calderón, también amigos míos. Son boyacenses por herencia y sin remedio, y nada mejor puede uno desearle a nadie que aprecie las calidades sutiles del humor que encontrárselos en la misma mesa alguna vez.

El tema se hace inagotable, y a medida que uno intenta, apelando a ejemplos, traducir impresiones tan próximas de una región y su gente, muchos personajes se quedan en la puerta, esperando entrada. Tendrían ustedes que conocer a Guillermo Hurtado Pinzón, "Carraco", tan ladino y ceremonioso y tunjano ("Horror, tres veces horror: ocho días sin llevarles flores a las Fonseca", frase descubierta en su agenda de bolsillo) o a Eduardo Franco Isaza, el general que volvió a Casanare como vuelven las garzas a los esteros, y por las mismas razones recónditas que yo me he vuelto a París y que otro amigo suyo, Camilo Torres, se fue al cielo con un fusil y una rosa. Hace 25 ańos, cuando era jefe de guerrillas en los Llanos, Franco tuvo una de esas ideas, tan nuestras, en las que astucia y candidez se confunden en la misma guirnalda. Puesto que necesitaba armas ("fierros es lo que nos falta", en su lenguaje) había que pedírselas a los rusos, si no, ża quién? Confió tan delicada misión al más discreto y viajado de sus paisanos, Juanito Guevara. Y ahora les pido que imaginen a Juanito Guevara, pequeńo, sigiloso y desconfiado, bajándose del tren en Viena, una Viena llena de nieve, de escombros, de alados caballos de bronces, todavía habitada por el fantasma de los Halsburgo y el taciturno recuerdo de los valses de Strauss, como si descendiera de la flota de Sogamoso. Tras infinitas intrigas y antesalas -tales fueron sus términos- logró llegar hasta un funcionario de la Embajada de Rusia. Le explicó al impávido funcionario su misión con ayuda de un intérprete. "Allá están -le dijo- el Eduardo Franco y el Guadalupe Salcedo echándose candela con los godos, ahí verá si no los ayudan". Nunca comprendió por qué fue considerado un provocador, ni despedido en forma tan destemplada. Llegó triste a Orocué. "No me vuelvo a meter con los comunistas -dijo-, se portaron muy mal conmigo".

Muchas veces fui a Boyacá con mi padre, que amaba su tierra como pocos. La conocía además palmo a palmo, con ese ojo de experto campesino que adivina la lluvia y valora al instante la calidad de una cosecha, desde la época remota en que andaba por los páramos arreando ovejas y durmiendo en el tamo donde le cogiera la noche. Antes de morir, quiso que yo lo acompańara a Boyacá. El sabía que iba a morir y yo también lo sabía, pero esto se había convertido entre nosotros en una verdad tácita de la que no se hablaba simplemente por pudor. De modo que aquel viaje era el último, teníamos conciencia de ello, y tratábamos de disfrutarlo desprevenidamente, hasta donde es posible disfrutar un viaje cuando se sabe que la muerte está a bordo, agazapada y ladina como una india vieja. Bajo esta impresión, cada tramo de aquel paisaje en la luz de diciembre, cada sauce y cada palabra no fluían como otras veces, sino que eran registrados en su intensa y condolida fugacidad. Fuimos a Toca, su pueblo. No era época de verano avanzado, cuando todo aparece seco y polvoriento; el sol encendía rectángulos de papa y cebada en el flanco de las laderas y el viento movía las espigas y las copas de los eucaliptus con un rumor semejan te al del agua, y yo creo que en medio de aquel paisaje tan suyo, mi padre, que tenía un espíritu de ordinario nervioso y apto para trazar inmediatos proyectos, cedía por primera vez a la tentación de las evocaciones.

Me habló de su abuela, que reinaba como gran matrona poderosa en la vereda de Pasogrande. Me seńaló a distancia el lugar donde su padre, cuan do era joven, había tenido un encuentro con tropas del gobierno, durante una de nuestras guerras civiles, y me contó de las madrugadas en que los dos salían a caballo rumbo a la remota capital donde él entraría interno en un colegio. Oyéndolo en aquel largo crepúsculo de domingo, el último que pasamos juntos, yo experimenté por primera vez la confusa nostalgia de pertenecer como él, y de aquella manera confiada y absoluta, a un lugar, de echar raíces en la misma tierra de los abuelos. "Quizás algún día me venga a vivir por aquí", le dije, y era más la confesión de un anhelo recóndito que una simple promesa inconsistente.

Tres días antes de su muerte, nos dijo: "Mis paisanos van a venir por mí. Díganles que ahora no, que más tarde. Es mucha complicación para un entierro".

Entendieron perfectamente el mensaje. Pues allí estaban, en efecto, cuando murió, como tantas otras los había visto, con su sombrero lleno de polvo esperando.

żQué significa, pues, Boyacá para mí? Si fuera boyacense de buena ley, me habría ahorrado tanta palabra inútil y toda mi respuesta cabría en una sola palabra, simple como un grano de mazorca: "Mucho".

Tomado de la Revista Diners No.279, junio de 1993


 

 
 

BOYACA

Entre montańas, bosques, prados, brevas, feijoas o esmeraldas, Boyacá es verde por donde se mire. Un escenario con gente cálida, laboriosa y hospitalaria que sobresale en cada paisaje. Hay lugares muy reconocidos, pero otros aún sorpresas por descubrir.  Los pueblos albergan en su historia las hazańas de la gesta libertadora y la valentía de sus nativos durante las épicas batallas de la Independencia. De la cordillera Oriental se desprenden infinidad de formaciones como nevados, lagunas, cascadas, valles y desiertos que abrigan parte de la flora y fauna más representativa de Colombia. 

LUGARES PARA VISITAR 

Villa de Leyva, Ráquira y Chiquinquirá. Hermosas poblaciones que conservan legados de la Colonia. Villa de Leyva está entre las 5 poblaciones más bellas de Colombia.

Parque Nacional Nevado del Cocuy y alrededores. Según los expertos, uno de los lugares más bellos del mundo. Antes de alcanzar la cima, se pasa por varias poblaciones tan bellas como: El Cocuy, Güicán y Guacamayas.

Santuario de Flora y Fauna de lguaque. Su famosa laguna fue sagrada para los indígenas muiscas. Son 6.750 hectáreas con un ecosistema de páramo y bosque andino.  

Gachantivá. Ubicado en la parte noroccidental del departamento con riquezas naturales como quebradas, cascadas, bosques y muchos paisajes para realizar caminatas ecológicas, acampar y practicar ciclomontańismo. Las ruinas de Gachantivá, la Cueva de la Fábrica, el Hoyo de la Romera y el Monasterio del Santo Ecce Homo son lugares para conocer.

Moniquirá. Por la vía que conduce al departamento de Santander se halla esta cálida población que cuenta con balnearios y una buena cantidad de piscinas. Es reconocida por la producción y la industria de la guayaba. Son deliciosos los bocadillos y dulces como la jalea. Es fuente de aguas termales, y entre sus atractivos se destacan el Salto de Los Micos y el Salto de Los Golondrinos. 

El Valle de Tenza. 

Para llegar a esta zona que se encuentra entre las más lindas de Boyacá, debe partir de Bogotá y tomar la Autopista Norte hacia Tunja, luego de la represa del Sisga encontrará el desvío hacia Machetá en donde posteriromente conectará con todos sus municipios.

Guateque. Puerta de entrada al valle en donde debe visitar el Pozo de los Mangos sobre el río Súnuba y los sitios de veraneo el Correal y el Salitre.

Tenza. "Bajar de noche", ese es el significado de Tenza en lengua chibcha. Pero ir de noche o de día a este municipio, será siempre un placer para apreciar sus hermosas casas verdes y blancas, sin duda es otro de los pueblos más lindos de Boyacá. Se detaca el trabajo artesanal de sus habitantes en bambú y la crin de caballo. Las artesanías en miniatura de Tenza son reconocidas en el ámbito, no sólo nacional sino internacional.

Sutatenza. La población se caracteriza por haber sido una de las pioneras de la radiodifusión en Colombia. Hacia 1950 este medio era utilizado como un canal para difundir la cultura y tecnificar las labores del campo, pues a través suyo se dictaban cursos de instrucción a los campesinos. De gran interés es el Monumento a San Isidro Agricultor, obra de 12 mt de alto que representa la rutina diaria del labriego. Se destacan también el Museo Municipal, la Biblioteca Benancio Rueda y el Museo Campesino, entre otros lugares. Sutatenza brinda espacios para el ecoturismo con senderos ecológicos de los sectores Guamo y Sigüiqui, así como el embalse La Esmeralda.

Garagoa. Capital de la provincia de Neira. Se le conoce por el Mirador Alto de San Lázaro y las imágenes espańolas a italianas que se conservan en su catedral. Importante también apreciar la arquitectura de la Casa Cultural Tomás Villamil y el Club del Ecuador.

Santa María. Declarado municipio el primero de diciembre de 1961 bajo el nombre de Santa María de La Vega. Bello paraje al que se llega después de atravesar largos túneles, los cuales constituyen uno de sus principales atractivos turísticos, así como los ríos Guavio y Lengupa, las fincas ganaderas y el mirador Cuchilla de San Agustín.

Macanal y la Represa de Chivor. Deriva su nombre de una palma llamada macana utilizada como mazo dada su dureza. En este lugar, con una agradable temperatura de 22 grados C, se viene desarrollando una importante actividad turística alrededor del embalse La Esmeralda, también conocido como represa de Chivor, donde hay parques recreativos, hoteles y empresas de servicios náuticos. Para llegar a Macanal, en el oriente de Boyacá, se recorren 145 km desde Bogotá o 105 desde Tunja.

Región de Tundama y Sugamuxi

Paipa y alrededores. El viaje inicia en Paipa, lugar de valor histórico y potencia turística gracias a sus termales, el lago Sochagota, la Hacienda El Salitre y el Pantano de Vargas. De allí se emprende la ruta entre el vińedo de Puntalarga, la belleza del Pueblito Boyacense en Duitama y los diseńos en lana de los artesanos de Nobsa, municipio ejemplo en el manejo de sus finanzas.

La Laguna de Tota y alrededores. Zona de gran interés turístico debido a su hermosa laguna a 3.015 mt de altura.  

Sogamoso a Mongua

Paisajes claros, tierra cultivada, campesinos trabaja dores y rostros amables y generosos enmarcan este recorrido por el nororiente de Boyacá, a través del cual se conquistan otras maravillas de la región, como las hermosas calles de Monguí y el ingenio de los nińos artesanos de Tópaga.

Acerías Paz del Río. Desde varios puntos de la vía se advierte la intensa actividad de esta siderúrgica considerada entre las más importantes de Suramérica. La empresa es privilegiada al tener en los alrededores grandes yacimientos de los minerales que son su materia prima: hierro, caliza y carbón.

Mongua. Población cercana a Tópaga con tradición religiosa y reconocida por la explotación de las minas de carbón. De este municipio hace parte la laguna Negra, paraje al que se llega al cabo de varias horas de caminata. Su nombre obedece al color que refleja desde lejos, pero en realidad es un oasis que surge entre los árboles y las montańas.

Monguí. O "bańo de la esposa" y anteriormente fortaleza de la provincia del Sugamuxi. Municipio colonial declarado el primer ganador en el concurso del pueblo más lindo de Boyacá. Se ubica entre una frondosa y siempre verde vegetación con muchos atractivos naturales, entre ellos La cascada, Bogotacito y Los Gavilanes. Sus calles o la Ruta de las Hinojosa, encierran un legado histórico y cultural de gran interés para el visitante. A un costado del parque principal conozca el monumento a los artesanos y la basílica. En el interior del convento se guardan tesoros religiosos de la comunidad franciscana que datan del siglo XV

Puente de Calicanto. Construcción sobre el río Moro o Calicanto que divide el municipio de Monguí y que se convierte en paso obligado de pobladores y turistas. Emerge en medio del paisaje y de las matas de borrachero.

Páramo de Ocetá. Considerado como uno de los más bellos del mundo, a este paraíso natural se llega luego de una caminata de más de 3 horas, durante las cuales se observan varios atractivos como los sitios ceremoniales El tórtolo, La tórtola y El tortolito; El cofre del rey. Causan admiración los frailejones de más de 2 metros de altura, pues esta planta, que sólo crece en los páramos, crece apenas un centímetro por ańo.

Tópaga. Los árboles que adornan la plaza, en medio de varios jardines, tienen un significado y un por qué de su poda tan particular, frente a ellos la iglesia Inmaculada Concepción, con una historia que es conocida y muy bien relatada por Nethy Lohana Gaitán, una pequeńa guía de escasos siete ańos de edad que además domina los antecedentes de su pueblo. En Tópaga los nińos y jóvenes extraen de las piedras de carbón mineral finas figuras talladas cuidadosamente, que van desde la representación del minero hasta ingeniosas réplicas del municipio.

 

Zona Occidente

Muzo y Otanche. La fama de las esmeraldas de Colombia se debe a la explotación que en estos municipios se hace del anhelado tesoro. Muzo es la "Capital Mundial de la Esmeralda". En el pueblo es factible conocer todo acerca del comercio de las esmeraldas, e incluso en algunos cortes de explotación o entradas a los túneles, se brinda la oportunidad al turista de probar suerte con la pala para encontrar las preciadas gemas. Se destacan sitios como La Playa, donde se comercian piedras en bruto y talladas; Parada la 14, punto de encuentro de los guaqueros; y Puerto Arturo, el mayor yacimiento de esmeraldas del mundo. En Otanche, además de esmeraldas, existe en sus alrededores atractivos naturales tan valiosos como sus piedras verdes. La quebrada Agua Blanca y la Serranía de Las Quinchía, en límites con Puerto Boyacá, son parte de ese legado.

ARTESANÍAS

Monguí es tradicional por la fabricación de balones de fútbol y baloncesto, entre otros; es una tradición de más de 60 ańos en sitios como la fábrica Kusbol.

En Monguí se consiguen prendas y accesorios de cuero

En la Cooperativa Crecer de Tópaga están disponibles hermosas tallas en carbón mineral moldeadas por los nińos y jóvenes de la región.

En Tenza son famosas las artesanías en bambú y crin de caballo. Sobresalen los diseńos en miniatura creados por los artesanos.

En Garagoa también se elaboran artesanías, pero en madera. Así mismo se realizan accesorios en fique, tejidos en croché y la talla de esmeraldas.

En Ráquira se elaboran numerosos objetos de barro cocido

GASTRONOMÍA DE BOYACÁ 

Además del famoso cocido boyacense, un encuentro de muchos tubérculos, carne de cerdo, de res y longaniza, entre otros ingredientes; la cocina de Boyacá se caracteriza por una amplia oferta de sopas, sobresaliendo el cuchuco con espinazo, la mazamorra chiquita, el caldo de papa, el mondongo y el mute.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 
 

Sutamarchán

Gran Tomatina:

En Sutamarchán, un pueblo boyacense ubicado a dos horas y media de Bogotá, se realiza una guerra de tomates. Sí, está leyendo bien. Una guerra en la que no hay armas ni golpes, solo tomates espichados.

Bajo el eslogan Reconciliémonos a tomatazos, se realiza la  Gran Tomatina, evento convocado por la Asociación de Cultivadores de Tomate Bajo Invernadero (Asotocol), y que busca fortalecer el cultivo de la hortaliza en la región.

En esta ocasión, se dispone de 10 mil kilos de la hortaliza para que grandes y chicos participen en la particular actividad.

Las reglas para participar en esta batalla son sencillas: no arrojar tomates en la cara y aplastarlos antes de lanzarlos, para que no se produzcan accidentes. De ahí en adelante, todo será diversión.

La tomatina es a las 3 de la tarde del domingo, pero está antecedida por otras actividades. Muestras culturales y gastronómicas autóctonas de Boyacá, juegos tradicionales como el marrano enjabonado, la golosa, en costalados, carreras de burros, campeonatos de tejo y varas de premios hacen parte de la programación.

Se premia a la persona que más coma tomates y al cultivador que presente el tomate más grande.

También hay carreras de cuarto de miIla, acrobacias de carros sobre ruedas, desfiles de carrozas y comparsas alusivas al tomate, al igual que bailes con conocidas orquestas durante las noches del sábado y domingo. Y se lleva a cabo una jornada académica en la que se tratan temas como transferencia de tecnología, nuevas prácticas agropecuarias y mercadeo. La batalla de tomates durará unos 15 minutos. En el estadio donde se desarrollará la jornada, hay duchas dispuestas para que "los guerreros" se bańen y se cambien de ropa.

Tomado del suplemento del periódico El Tiempo, 8 de junio de 2007

 
 

Turmequé

Patrimonio histórico y cultural de Boyacá

Turmequé Boyacá, es uno de los pocos centros poblacionales del país que, pese al paso de los siglos, conserva nítidamente y con orgullo su rica tradición cultural, su identidad aborigen y la consecuente relación histórica de su devenir, a partir de la llegada de los espańoles, que se asentaron sobre los dominios del Cacique de Turmequé, uno de los principales príncipes muiscas, pertenecientes al pueblo chibcha, bajo el dominio del Zaque de Hunza. 

Cacique TurmequeEn Turmequé, se conservan las pinturas murales originales del templo Espańol, que fueron descubiertas hace ańos por el Arquitecto Ernesto Muńoz y que poco a poco están siendo restauradas como parte del patrimonio cultural Colombiano. La arquitectura espańola conservada original en Turmequé le ha valido ser declarado monumento nacional. Según documentos originales, una de las aldeas más bellas y mejor organizadas del Nuevo Reino a la llegada de los Espańoles, que les causó gran asombro, fue la villa de Turmequé, puesto que la población estaba organizada de tal manera que las construcciones estaban ubicadas según el terreno, con vías peatonales integradas a la naturaleza circundante, de tal manera que su ubicación parecía un esplendoroso jardín, con especies de plantas exóticas y ornamentales que la hacían destacar por su espectacularidad y limpieza. Turmequé era centro productivo y de comercio Muisca. 

Los conquistadores a su llegada, fueron recibidos por los mansos turmequés con sahumerios y veneración como a dioses, debido a que su tradición hablaba del Gran Bochica, un venerable hombre de tez blanca y cabellos rubios, quien fuera su gran benefactor y civilizador. Los espańoles, aprovechando la mansedumbre de los nativos, funden unas trompetas y con el sonido de éstas, asustan a los aborígenes que nunca habían escuchado tales ruidos; logrando que se desbanden a refugiarse en los montes vecinos; aprovechando mientras tanto para saquear sus santuarios y robar sus riquezas de oro, esmeraldas y demás, lo mismo que sus despensas y labranzas y tomar posesión del lugar. 

A partir del 20 de junio de 1537, fecha en que llega Jiménez de Quesada, comienza la etapa espańola de la ciudad y el infausto proceso de mestizaje y aculturación. 

En 1549, nace Don Diego de Torres y Moyachoque, hijo de la unión entre el corregidor y encomendero de esos territorios, Juan de Torres y la Princesa Aborigen Catalina Moyachoque. El Cacique de Turmequé, como se le llamó, fue el primer defensor de los derechos humanos de los americanos, ante las cortes de Espańa, motivo por el cual, fue perseguido por las autoridades espańolas de la Nueva Granada y despojado de todos sus derechos. 

A partir de 1556, se comienzan a instalar los frailes Dominicos, iniciándose la construcción de la Capilla del Rosario. Según los archivos parroquiales la primera partida de bautismo data del ańo de 1604. 

En 1669, llega a la localidad el gran artista Baltasar de Figueroa y sus hijos: Melchor, Gaspar y Bartolomé, quienes por orden de la Curia de Santa Fe, comienzan la decoración y la pintura de los bellos murales del templo parroquial, que hoy, luego de varios siglos se están restaurando, sacándolos de debajo de las capas sucesivas de pańete.

Tomado de la Revista Boyacá, Siglo XXI, 25 de julio de 1999


 
 

Chiquinquirá

El occidente del departamento de Boyacá aloja uno de los principales templos de devoción mariana que existen en Colombia: la Basílica de Nuestra Seńora del Rosario de Chiquinquirá, ubicada en el municipio del mismo nombre, el cual se localiza a 94 kilómetros de la ciudad de Tunja y a 136 kilómetros de Bogotá.

El nombre de Chiquinquirá en lengua chibcha significa "tierra de nieblas y pantanos". Fue en esta región donde tuvo lugar el milagro de la renovación de una deteriorada pintura de la Virgen del Rosario que, después de las oraciones de una mujer llamada María Ramos, recuperó sus colores y brillo originales.

A partir de ese momento Chiquinquirá se convirtió en uno de los principales destinos religiosos del país, recibiendo la visita de fieles provenientes de Colombia y el exterior. A finales del siglo XVIII, y para conmemorar el milagro de la renovación, se inició la construcción de la Basílica por parte de los sacerdotes dominicos. Se trata de una estructura que combina los estilos jónico, dórico y toscano, en cuyo interior se conserva actualmente el legendario lienzo restaurado. El templo fue consagrado en 1823 y en 1927 recibió el título de basílica menor por parte del Papa Pío XI.

ATRACTIVOS TURÍSTICOS

Parque Julio Flórez: Se construyó como tributo al poeta Julio Flórez, quien nació en Chiquinquirá. Está rodeado de otros atractivos como la casa en la que nació el escritor y la Iglesia de Nuestra Seńora del Rosario.

Plaza de la Libertad: En sus inmediaciones se localiza la Basílica de Nuestra Seńora de! Rosario de Chiquinquirá. Su estructura se basa en adoquines ubicados geométricamente y a su alrededor es posible apreciar algunas construcciones coloniales. También la circunda una completa oferta de almacenes donde se pueden adquirir artículos religiosos.

Iglesia y Monasterio de Santa Clara: La edificación de este templo data del ańo 1953 y es de estilo gótico. Tiene en su estructura elementos en madera finamente tallada y su presbiterio se elaboró en mármol gris.

Iglesia de la Renovación: La iglesia se levanta sobre el sitio exacto donde ocurrió el milagro de la renovación de! cuadro de la Virgen del Rosario. En su sótano se encuentra una fuente bastante visitada por los turistas.

Parque Juan Pablo II: En este lugar, en el que es posible hacer rutas ecoturísticas y otras actividades en familia, se construyó un templete a propósito de la visita del Papa Juan Pablo II a Chiquinquirá. Allí él conmemoró el cuarto centenario del milagro de la renovación.

Museo Mariano: Está conformado por seis salas en las que se exhiben objetos relacionados con la Virgen, entre los cuales figuran desde el primer manuscrito llevado a Roma para la verificación del milagro de la renovación, hasta réplicas de cuadros elaborados por grandes maestros del arte en donde ellos plasmaron su visión particular de la Virgen María.

Tomado del folleto Vive Colombia, Turismo Religioso, 2011


 
 

Las iglesias de este departamento guardan historia, cultura y patrimonio.

Boyacá, pura fe en Semana Santa

por Andrea Rico

Aunque suene extrańo, en lo más alto del arco toral de la iglesia de Tópaga (Boyacá) el mismísimo demonio, con cuernos y barba, echa fuego por la boca. A lado y lado de la figura de Satanás, dos ángeles con el dedo índice derecho sobre sus labios piden silencio. Las tres figuras están elaboradas en madera con hojilla de oro, y aunque tienen 381 ańos, se conservan en buen estado.

Los habitantes de Tópaga cuentan que tanto la imagen del diablo como la de los ángeles fueron puestas por los padres jesuitas que construyeron el templo, en 1632, con el propósito de que los indígenas entendieran el concepto del bien y del mal. Esta es apenas una de las historias que abundan en las iglesias del departamento y que, gracias a su patrimonio arquitectónico, son visitadas por fieles de todo el país. Recorrer capillas, templos y basílicas boyacenses es un buen plan para la próxima Semana Santa, del 23 al 31 de marzo. Aquí están algunas opciones.

La Virgen en Monguí

Los habitantes de Monguí, el pueblo famoso por sus fábricas artesanales de balones de fútbol, viven orgullosos de su basílica. El cuadro de la Virgen que reposa en este templo tiene una historia particular: dice la tradición que en 1558 los caciques de Sogamoso y de Monguí fueron llevados a Espańa a conocer al rey Felipe II.

Durante la visita, el rey les obsequió dos imágenes religiosas: una de la Sagrada Familia, para Sogamoso, y otra de San Martín de Tours. Con el obsequio el monarca buscaba que los santos de estos cuadros fueran los patronos de las respectivas parroquias. Hoy la imagen es conocida como Nuestra Seńora de Monguí, y la iglesia del municipio está presidida por la figura de la Virgen. El templo se construyó en homenaje a la patrona.

 

Tesoros de Tunja

Dos tesoros que conservan los tunjanos son las iglesias de San Laureano y El Topo. En la primera se venera a un mártir sin cabeza, cuya imagen reposa en el altar mayor: se trata de San Laureano, un cristiano perseguido por el rey, a quien sus soldados decapitaron.

Este templo, que fue la primera ermita de Tunja, construida en 1566, guarda otro secreto. Entre 1816 y 1916 los restos de los próceres José Cayetano Vásquez, Juan Nepomuceno Nińo y el teniente coronel José Ramón Linero, mártires de la Independencia fusilados, estaban sepultados allí hasta que el 19 de septiembre de 1916 fueron exhumados. El templo de San Laureano es característico de la época colonial. Tiene una sola nave y muros de tapia pisada. En la fachada se aprecian dos espadańas. Allí los feligreses de Tunja sienten fervor por su patrona, Nuestra Seńora del Milagro, cuyo templo está en el barrio El Topo.

En el lugar, con placas de agradecimiento por los milagros recibidos, los feligreses le rezan a la imagen de la Virgen en el santuario que fue construido en 1729 por un jesuita, quien levantó la capilla en homenaje a Nuestra Seńora del Topo, una imagen proveniente de Quito (Ecuador) que representa el encuentro de una madre con su hijo.

Pinturas en Turmequé

Tres vigas subterráneas de oro, una fosa común de aborígenes y pinturas al fresco son los grandes atractivos de la iglesia de Nuestra Seńora del Rosario de Turmequé, cuya gran riqueza se exhibe en las 28 pinturas al fresco, hechas en cal húmeda y luego pigmentadas en las paredes, que permanecieron escondidas bajo capas de pintura antes de ser descubiertas en 1989. Entre las pinturas que se presentan en las paredes de la iglesia hay pasajes bíblicos, desde la historia del Génesis hasta el Apocalipsis, pasando por historias como la de Caín y Abel y la del sacrificio del hijo de Abraham. Con estas imágenes intentaban impartir religión a los indígenas iletrados.

Iglesia de Toca, BoyacaTres templos en Toca

La religiosidad de Boyacá es tal que en un pueblo puede haber tres templos en un solo parque principal. Esto sucede en Toca. La primera capilla fue construida en 1600, cuando se fundó el pueblo. Fue elaborada en tapia pisada y actualmente funciona como sala de velación. En vista del crecimiento del municipio, la comunidad católica se vio obligada a construir una sede más amplia, y para tal fin se edificó un templo doctrinero un siglo después. De su arquitectura se conserva solo su interior, ya que la fachada fue modificada cuando en 1970 se terminó de construir la iglesia actual.

Un tercer templo, la iglesia del Divino Salvador, comenzó a ser construido en 1958 en el terreno donde antes había una pequeńa escuela.

La Morenita de Gúican, Boyacá

 

La Morenita de Güicán

A la Virgen Morenita de Güicán se le ruega en las misas que se celebran en este municipio del norte del departamento, a ocho horas de Tunja. Todos los domingos los devotos llenan la iglesia, que se empezó a construir en 1930, y a la que cada 2 de febrero llegan miles de católicos a agradecerle los favores recibidos a La Morenita, que es una representación de la Virgen de La Candelaria. Durante las guerras civiles del siglo 19 el cuadro de La Morenita fue robado tres veces, pero siempre regresó al santuario.

Chiquinquirá

Boyacá cuenta con una basílica en Chiquinquirá. De su importancia dan testimonio dos visitas papales: en agosto de 1927 vino Pío XI y en julio de 1986 lo hizo Juan Pablo II. La obra fue realizada por el arquitecto Fray Domingo Buix de Petrés, capuchino valenciano, quien empezó a construir el ahora Santuario Nacional Nuestra Seńora del Rosario de Chiquinquirá en 1796.

En 1823 fue consagrado. El diseńo del templo, en dirección sureste, permite que por la mańana le entre luz proveniente del norte; al mediodía, por la cúpula y en la tarde, por el lado sur. Es una basílica de estilo neoclásico, basado en el orden dórico. La cúpula tiene un perfil de las cúpulas del renacimiento; los capiteles, cornisones y ventanales son de estilo dórico y los altares, de estilo barroco. Sus naves tienen 19 bóvedas de arista y descansan sobre tres arcos de medio punto y un entrepańo en el que hay una ventana que da luz a cada bóveda.

ANDREA RICO
Corresponsal de EL TIEMPO
Tunja (Boyacá).