Rogelio Salmona

Arquitectos

Construcción

 
Rogelio Salmona, arquitecto - Foto: Maria Elvira Madriñan

Rogelio Salmona

La Critica en su Paraíso

Notas acerca de la VII Bienal de Arquitectura en Chile
y la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena

por Silvia Arango

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Para un arquitecto colombiano, las Bienales chilenas son el paraíso. Concebidas como un foro abierto y emplazadas en el edificio cuturalmente más significativo de la ciudad. -el Palacio de Bellas Artes, hermosa construcción de comienzos de siglo, durante tres semanas la arquitectura se convierte en la protagonista. Se exhibe y discute la producción arquitéctónica local de los últimos dos años, se debaten ampliamente los programas y orientacionés docentes, se evalúa el impacto de las intervenciones urbanas y se hace un balance del estado de la profesión. Para elevar la calidad de estos procesos de discusión y evaluación, el Colegio de Arquitectos, entidad que organiza la Bienal, invita a colegas de otras partes del mundo, y en especial de Latinoamérica, con el fin de ampliar los marcos de referencia y evitar caer en apreciaciones y discusiones puramente locales. Cada Bienal está orientada hacia un tema específico. Las anteriores ediciones se consagraron a temas como "Hacer Ciudad", "Arquitectura y Vivienda", "Patrimonio y Presente", "Arquitectura y Calidad de Vida" y "Arquitectura y Futuro".

En este año, la Bienal se centró en la temática "Arquitectura y Crítica". Su organizador, Eduardo San Martín, precisó así sus alcances: "La instancia de la critica es decisiva para el desarrollo de nuestro futuro trabajo profesional (...) Se trata de profundizar nuestras teorías y obras, de modo de aproximarnos a una arquitectura que refuerce nuestra identidad  en el marco de una modernidad apropiada a nuestros recursos económicos y tecnológicos; además de compatibles con nuestra cultura y estudios de vida". Para el desarrollo de esta temática, además de las muestras y concursos habituales, se desarrollaron cuatro Encuentros: El Encuentro Crítico de Arquitectura Latinoamericana; para evaluar la arquitectura desarrollada en la década del 80 en México, Perú, Colombia, Brasil, Argentina y Chile y que culminó con el otorgamiento del Premio Taller America Sergio Larrain, sobre el cual me referiré más ampliamente después. El Segundo Eñcuentro se centró en la Modernidad de las Ciudades Latinoamericanas, el tercero sobre Proyectos Urbanos de Impacto Relevante y el cuarto sobre Regionalismo y ïVIodernidad.

El énfasis en los procesos críticos es muy importante no sólo para los chilenos, sino para todos los países latinoamerlcanos. En Colombia, donde la critica y la reflexión buscan acompañar la producción arquitectónica, este esfuerzo de clarificación de criterios alrededor de una "modernidad apropiada" ayuda a impulsar los propósitos de una arquitectura colombiana dentro del marco de referencia de un movimiento arquitectónico de alcances culturales continentales.

El Encuentro Critico de Arquitectura Latinoamericana

A este Encuentro asistieron: Ernesto Alva por Méxlco, Silvia Arango por Colombia, Carlos Díaz-Comas por Brasil, Marina Waisman por Argentina, Pedro Belaúnde por Perú y Enrique Browne por Chile y fue coordinado por el arquitecto chileno Cristian Fernández-Cox. Cada crítico había seleccionado previamente las siete obras de arquitectura que consideró las mejores de su país en la década del 80 y debía preséntarlas críticamente. Luego se premió una obra de cada país y entre ellas, se seleccionó la obra más destacada de la década en toda Latinoamérica. Debe advertirse que los jurados no podían votar por su propio país y sólo podían pronunciarse respecto a las obras de los demás países. Evidentemente, lo que estaba en juego no era sólo la selección y evaluación de las obras de arquitectura, sino también el proceso mismo de selección y crítica. Se trataba, en últimas, de evaluar también la evaluación, de hacer crítica de la crítica.

La discusión fue muy esclarecedora respecto a los criterios que hacen "buena" o "deficiente" una obra de arquifectura y la diflcultad de analizarlas con los mismos parámetros. Las obras que fueron destacadas para cada país, de muy distinta índole, así lo demuestra. En Brasil, se premió una remodelación, o más bien un "reciclaje" que combina arquitectura vieja y nueva: la antigua fábrica de Pompeia, en Sao Paulo, convertida en Centro de Esparcimiento, de Ia arquitecta Lina Bo Bardi, resume el pasado y el presente, Ia escala monumental y la íntima y técnicas avanzadas y artesanales Por Argentina, después de una amplia discusión, la balanza se inclinó por una intervención en el espacio público, como es el arreglo y diseño  de la ribera del río Suquía, en Córdoba, obra de gran impacto urbano. En eI caso peruano, había dos obras relevantes en dos dimensiones totalmente distintas: un edificio de apartamentos-casas. de gran riqueza espacial y plástica, y un sistema constructivo aplicado en barrios márginales de Lima. Aunque a la postre resultó ganador el edificio de apartamentos, de Emilio Soyer, a nadie se le escapaba que la polémica alrededor de los dos proyectos, traía connotaciosies sociales y politicas de alta signiilcación arquitectónica.  Por Chile, se premió un proyecto experimental que indaga Ias posibibidades tecnológicas y espaciáles de una arquitectura poética ligada al modo de vida de una comunidad aislada y profética. En el caso colombiano, se relievó la elevada calidad promedio de la arquitectura, que demuestra una madurez y un desarrollo colectivo e ininterrumpido a lo Iargo de varias décadas, que se refleja en la Casa de Huéspedes de Cartagena. En fin, el rango e temas y obras debatido, era multiforme y contradictorio, pero representativo de una arquitectura latinoamericana que debe abordar, simultáneamente y con la mayor calidad posible, muchos frentes sodales y culturales.

El Premio a Ia Casa de Huéspedes

Entre las 42 obras analizadas, desmenuzadas y debatidas, el Jurado, por unanimidad, decidió premiar La Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena, del arquitecto Rogelio Salmona, como la obra más destacada de la década. Se consideró que esta construcdón resolvía con maestría los conflictos de la arquitectura latinoamericana, empezando por el que plantea el indispensable respeto hacia la tradición y el pasado y la necesidad de situarse en el presente.

En efecto, la Casa de Huéspedes incluye la remodelación del Fuerte de Manzanillo, realizado por Germán Téllez, en una sintesis de pasado y presente, aludiendo metafóricamente a la sensación que produce la arquitectura cartagenera (muro, masa, recorridos; calor, luz y sombra), sin apelar al recurso literal de reproducir detalles formales, sino con la utilización de un arsenal lingüístico perfectamente contemporáneo. Por otra parte, en términos de técnicas construtivas, la Casa de Huéspedes elabora con muros de carga y bóvedas catalanas, unos sistemas constructivos lógicos y apropiados a nuestro nivel de desarrollo tecnologico. Pero sobre todo; este proyecto requiere de un sistema de percepdón integral para ser captado cabalmente. Me explico: allí no es sólo importante el juego visual de espacios entrelazados, sino también el ruido del agua, eI olor de las plantas y del mar, el contacto de las superficies rugosas de la piedra y el ladrillo. Entender la Casa de Huéspedes requiere sentirla, vivirla, recorrerla: se trata de una experiencia estética que engloba y remite al ensueño. Es por ello, una obra de vastos alcances culturales para la arquitectura latinoamericana.

I.a Casa de Huéspedes tiene, sin embargo, un punto débil, derivado de su destinadón. Es un edifido en cierto modo clandestíno, y que muy pocos tienen la ocasión de visitar. Es, nada menos, que una de las obras de arquitectura más signiflcativas para nosotros, pero a la vez más vedadas. Aunque entendemos las razones de segurídad que le imprimen esta condidón, tal vez fuera posible la organizadón de algunas visitas en ciertas épocas para que la Casa de Huéspedes se convirtiera en un atractivo más de Ios muchos que posee la ciudad de Cartagena. Si lograra, de alguna manera, volverse más público, esta construcdón sería más conocida, y entonces sí, aquí como en Chile, quedaría abierta una polémfca sana y constructiva acerca de los logros de esta arquitectura, cuyos valores son ya reconocidos internacionalmente.

Silvia Arango

Tomado de Magazin Dominical, No. 342, del 12 de noviembre de 1989