Huila Departamento

Huila

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  Departamento del Huila

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Artistas del Huila

Reinas del Huila 

Todo Huila, 1995

 
 
 

Ubicado entre las cordilleras Central y Occidental. En la zona de San Agustín, al sur, se encuentra el complejo arqueológico más importante de Colombia, con enormes estatuas y conjuntos funerarios. Si decide ir al norte, el desierto de la Tatacoa lo embrujará con su armoniosa energía. Pero también puede escoger entre la represa de Betania, la Cueva de los Guácharos o el Macizo Colombiano para deleitarse con el nacimiento del río Magdalena. Seguro estos lugares le encantarán y de paso no olvidará la hospitalidad del opita, sus buenas fiestas como el Festival Folclórico del Bambuco y su deliciosa gastronomía. 

LUGARES PARA VISITAR

San Agustin. Municipio ubicado en las estribaciones del Macizo Colombiano. Entrega una experiencia única, por encontrarse en una de las zonas arqueológicas más importantes del mundo.

Desierto de la Tatacoa. Ubicado al norte del departamento. Su atractivo radica en la geografía semiárida y erosionada formada por el clima y el tiempo, donde en la noche el cielo pletórico de estrellas entrega un hermoso espectáculo.

Villavieja. Este municipio, conocido como la "Capital paleontológica de Colombia" es la puerta de entrada al desierto de la Tatacoa.

Gigante. Municipio conocido por su ceiba de La Libertad, un enorme árbol que vive en el parque principal como símbolo de la abolición de la esclavitud en 1850. Además de disfrutar de un agradable clima templado y de las muchas fincas cafeteras que rodean el municipio, no deje de practicar rafting en el cañón de Matambo.

Garzón. La catedral que se ubica en el parque principal del municipio deja ver una imponente belleza arquitectónica antigua que aún se conserva. Se resalta la presencia de muchos criaderos de mojarra, uno de ellos es el del Restaurante San Joaquín, km 4 vía Neiva, donde encontrará cientos de esos peces en una gran piscina que adorna el centro del lugar.

Aipe. Conozca la Plaza de Toros, la Plaza de las Ferias, la Villa Deportiva, el parque La Loma de la Virgen y el parque El Bosque. Se destaca la riqueza arqueológica y paleontológica simbolizada en los petroglifos de Piedra Pintada, grabados prehispánicos.

Pitalito. Municipio de gran interés comercial para el Huila. Se destacan las artesanías en miniatura..

Altamira. Por la carretera que conduce a Pitalito, 142 km al sur de Neiva. Es famosa por productos como las achiras, los panderos, las galletas de nata y los postres que se consiguen en cualquier punto del municipio.

Timaná. La historia caracteriza a esta población donde habitó la cacica Gaitana. Fundada el 18 de diciembre de 1538, posee sitios de interés como las cuevas de Santa Clara, San Calixto y Pantanos. Los petroglifos de Piragua, Pencua, San Marcos y Cascajal son la prueba contundente de la presencia de culturas precolombinas en la zona. También se destacan las cascadas de Piragua y las aguas calientes en Sicana. No deje de conocer el templo de San Calixto, la capilla de Naranjal, y en el parque principal la ceiba y el monumento a la cacica Gaitana.

Represa de Betania. Tiene una extensión de 7.000 hectáreas y genera aproximadamente 500.000 kilovatios de energía. La construcción fue concebida sobre la desembocadura del río Magdalena, entre los municipios de Hobo, Yaguará y Campoalegre. Es escenario de múltiples actividades náuticas como jet sky, sky acuático, y recreativas como la pesca o el paseo en ferry. En Semana Santa se lleva a cabo el Festival del Agua.

Hobo. Justo en la ruta que conduce a la represa de Betania, Hobo lo recibe entre quesillos y productos lácteos de delicioso sabor. Cuenta con un embarcadero de donde parten los fines de semana botes y el ferry Momico, que lo llevará a las inmediaciones de la represa.

Yaguará. Su nombre en quechua significa multiflora. A orillas de la represa de Betania puede visitar el parque Angel María Paredes, el templo de Santa Ana y el monumento a La Ganadería o a Juan Vaquero. Si le gusta la emoción de los escenarios naturales, en la Cueva del Tigre experimentará una aventura entre pozos de agua donde puede darse un baño. La Cueva de los Murciélagos permite sentir a estos mamíferos a sólo unos pocos metros de la entrada. El mirador del Cucharo entrega una panorámica preciosa de los alrededores.

Nátaga. Importante centro de peregrinaciones religiosas puesto que allí tiene lugar la Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes, cuyo interior está salpicado por obras de arte religioso y complementado por el fervor y la fe hacia la Santísima Virgen, patrona de la población. El ecoturismo se ve representado en la reserva natural Las Nieves.

Rivera. Tiene entre sus atractivos las más famosas aguas termales del departamento, enmarcadas entre una exuberante vegetación y bajo un agradable microclima de 24 grados C, que la ha hecho merecedora del apelativo "Ciudad medicinal del Huila".

 

Parque Nacional Natural Nevado del Huila. Creado en 1997 con el objetivo de preservar sus bosques andinos, páramos y nieves perpetuas. Esta reserva alberga innumerables fuentes hídricas, algunas de las cuales alimentan las cuencas de los ríos Magdalena y Cauca. 

Parque Regional Natural Cerro Páramo de Miraflores. Región natural ubicada sobre el costado occidental de la cordillera Oriental, en jurisdicción de los municipios de Gigante, Algeciras y Garzón. Este ecosistema estratégico, refugio de diversas especies de fauna y flora, es considerado una importante reserva hidrográfica y vegetativa donde nacen varios ríos y quebradas de vital relevancia para el sostenimiento del área.

Maciizo Colombiano. Ahí donde se divide la cordillera de los Andes y se fracciona Colombia, se origina el Macizo Colombiano, un escenario de 855.000 hectáreas en el que se enlazan los parques naturales Nevado del Huila, Cueva de los Guácharos y el Puracé. En este lugar conocido como la Estrella Fluvial Colombiana nacen algunos de los ríos más importantes de Colombia: el Magdalena, el Cauca, el Patía y el Caquetá. Declarado por la Unesco en 1979 Reserva de la Biosfera Cinturón Andino y el acceso puede tardar entre 3 y 8 días a caballo desde Puerto Quinchada. Es recomendable ir acompañado de un guía.

Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos. Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1980, situada en la facción occidental de la cordillera de Los Andes. Moran especies de mamíferos, reptiles y más de 267 de aves entre las que se destacan los guácharos, ave nocturna que se aloja en las cuevas que le dan el nombre al parque. Allí se hace turismo interpretativo en las zonas de El Robledo, El Mirador, Las Quebradas Cristales, el Puente Natural sobre el río Suaza y las Cuevas del Indio, del Hoyo y de Los Guácharos. Cuenta con infraestructura para alojamiento en el centro de visitantes y una zona de camping y restaurante. El acceso es por el municipio de Acevedo hasta el centro de visitantes Andaquí, en un trayecto de 6 horas. Informes.

ARTESANÍAS 

Se trabajan objetos de porcelana, bordados y tejidos a mano, además de lencería y muñequería. Las muestras en cerámica son elaboradas en casi todo el departamento, destacándose las chivas de Pitalito, de múltiples colores y con detalles de altísima calidad. En la región de San Agustín predominan las muestras representativas de esta cultura precolombina. Son reconocidos los sombreros Churumbelos, que encontrará a lo largo del departamento. Estas manifestaciones se complementan con trabajos en madera, piedra y mármol.

El GASTRONOMIA DEL HUILA

Entre las recetas más populares de la región sobresale la lechona, el asado que se prepara con cerdo adobado y se complementa con yuca, plátano maduro, papa salada, arepa y envuelto de estaca. El tamal de biao es similar al tolimense, pero se diferencian en el guiso, la arveja verde y las hojas en la que se envuelve. Son tradicionales además los envueltos, la arepa de angú, los bizcochuelos, el pan de esponja y los rosquetes. Las bebidas también hacen parte de la oferta gastronómica, siendo las más comunes la mistela, la chicha y el guarruz, agua de arroz con hojas de naranjo y trozos de panela.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 


Para gozar y sentir La Tatacoa

por Andrés Hurtado 

Viaje a través de un paisaje gris y rojo que delata la historia de la Tierra. Torres, paredones y agujas de tierra son hogar de la araña coya y los cactus.

Nos hablan de la llamada de la selva, la llamada del mar, la llamada de la montaña. Esta vez sucumbimos al llamado del desierto. De las frías tierras del altiplano vamos al Tolima Grande. Allí, algodonales y arroceras de Espinal y Guamo y el cerro del Pacandé quedan atrás.

En Neiva, capital del Huila, nos devolvemos hacia el norte por la otra margen del río Magdalena. Llegamos a Villa Vieja. El hermoso pueblo blanco alberga un museo donde se admiran los fósiles encontrados en el desierto. Así lo llamamos pomposamente. Para los científicos es un bosque seco espinoso. Decenas de veces lo he visitado y volveré las veces que la vida me lo depare. Regreso a los grandes espacios de mi país, mucho menos para conocerlos y más para sentirlos y gozarlos.

Una carreterita recorre la Tatacoa hasta la cordillera Oriental. Alejandra Murcia y Wilfredo Garzón, mis compañeros, también lo han visitado innumerables veces. Tatacoas llaman aquí a las serpientes de cascabel, antes muy numerosas. Una, de gran tamaño, se nos atravesó sin prisa en el camino.

Nos establecemos en la casa de don Demetrio González; sus hijas nos atienden con la amabilidad que solo saben dis ensar los nómadas de los desiertos. Nuestras carpas se levantan en un oasis con un pozo de agua cristalina, `buena para el corazón, como dice el Principito. Por la noche pueden buscar agua los animales del desierto: zorros, conejos y hasta algún tigrillo.

La Tatacoa regala al visitante dos zonas delimitadas, ambas pertenecientes a épocas diferentes de la historia de la tierra: la roja y la gris. La primera se encuentra en la región de El Cuzco.

Nos hundimos en el laberinto de torres. paredones y agujas de tierra roja. El visitante camina alucinado admirando la pacíente mano escultora de los siglos, el viento, la erosión y la lluvia. Hasta las cámaras fotográficas se enloquecen. Me acerco a un matojo espinoso porque veo allí la diminuta fiera que busco. Se trata de la araña coya científicamente llamada Latrodectus coya. Es prima hermana de la famosa viuda negra, la araña más venenosa del mundo. Su picadura es mortal. Aquí nunca ha ocurrido nada desagradable con ellas. Se distingue fácilmente por el abdomen abultado y con manchas rojas.

En la zona roja viven doña Rosalía y su hija. Ellas atienden amablemente a los turistas y les preparan carne de chivo, el animal típico de la Tatacoa. A doña Rosalía, que dice tener 90 años, la llaman cariñosamente la `reina del desierto.

Metiéndonos por las cañadas, algunas profundas, labradas por las lluvias, encontramos la zona gris. La roja es más monumental, la gris preciosista. Aquí premia la finura de los detalles en las torres y barrancos.  Los cactus, como fantasmas enormes, adornan el paisaje y de los cactus enanos recogemos las bayas rojas alargadas de agradable sabor.

En algunas casas diseminadas al borde de la carretera se puede conseguir comida y bebidas refrescantes. Incluso construyeron una piscina para turistas.

En este desierto abundan los pájaros que vuelan de los cactus a los árboles espinosos típicos de las zonas desérticas. Se ven a primera vista más pájaros que en la selva. El cielo aquí es limpio y por ello han levantado un observa torio astronómico y en época de eclipses el desierto se llena de científicos y turistas que suelen dejar muchas basuras.

Todo el día caminamos bajo un sol violento que quema conciencias; pero así nos gusta. Por la noche, cuando la temperatura desciende escuchamos en casa de Demetrio las canciones de cadenciosa música campesina que nos dedica el grupo familiar. Luego miramos las estrellas que hacen su camino.

Al llegar la medianoche buscamos escorpiones ocultos bajo las piedras. Manejándolos con cariño no hacen daño.

Visitar los desiertos es bueno para el alma porque el silencio y la solemnidad sosiegan el agitado mundo interior aporreado por la vida en las urbes.

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de septiembre de 2005


DESIERTO DE  LA TATACOA  

Hacia el norte del Huila y muy cerca a Neiva ,se extiende aquel llamado valle de las tristezas, un desierto de 330 km2 de tierras rojizas y grises, de escasa vegetación y adomado con innumerables apariencias y especies de cactos. Sus formaciones erosivas guardan el más grande cementerio paleontológico de nuestro país.

Con nombre de serpiente y tan sereno como el aire, este es un destino que lo deslumbrará con su exótica belleza.

Vlllavieja. Luego de recorrer los primeros 9 km saliendo de Neiva hacia el norte, encontrará a Fortalecillas, un pequeño poblado donde se degustan unas deliciosas achiras. Más adelante llegará a Villavieja, "capital paleontológica de Colombia". No deje de visitar su Museo Paleontológico, la capilla de Santa Bárbara, que es monumento nacional, y algunas casas coloniales como La Casona, sitio que alojó al Libertador Simón Bolívar y que funciona actualmente como hotel. Allí puede pasar la noche, o si lo prefiere, seguir el camino hacia el desierto.

Observatorio Astronómico. Villavieja es la puerta de entrada al desierto de La Tatacoa que se recomienda recorrer en carro. De allí parte la carretera destapada para llegar primero al Observatorio Astronómico y su domo geodésico que guarda un potente telescopio utilizado para estudios científicos. Continuo a esta estructura, sobre una terraza, los visitantes cuentan con otro tipo de telescopio para observar muy de cerca los astros, mientras reciben la explicación del cielo abierto. En la primera planta hay un salón de charlas y conferencias, y cerca de este lugar una zona para instalar la carpa.

Cuzco o laberintos. Ubicado al frente del observatorio, se trata de un valle con formas erosivas que con los años ha dejado ver la estratificación del sitio. Su suelo es muy rico en hierro, de allí que su color sea rojizo, dando la sensación de caminar sobre otro planeta. Aproximadamente el recorrido tarda de 30 a 40 minutos, donde se pueden observar muchas especies de cactos, en especial el cabeza de negro, que produce un fruto rojo que es comestible.

La Venta. Después de Laberintos, el siguiente destino es La Venta, el cementerio paleontológico del Valle de las Tristezas. Allí se han encontrado la mayoría de los fósiles de animales que existieron millones de años atrás. El color de su suelo comienza a ser la degradación entre el rojo del Cuzco y el gris de Los Hoyos. Aparentemente el desierto parece sin vida animal, pero esté atento porque puede encontrarse con búhos, zorros, liebres de monte, armadillos y varias aves como el chilacó o la mirla.

Los Hoyos. De un color grisáceo, de apariencia desoladora pero mágica y de texturas caprichosas, estas formas de tierra le han dado pie para que reciba otros nombres: el Valle de Los Fantasmas, la Sala de Los Gobernadores o Los Altares.

Valle del Cardón. Caracterizado por tener la mayor cantidad de cactos que reciben este nombre, y que parecieran tender largos brazos a lado y lado con punzantes espinas. En sus límites se encuentra el río Cabrera, que divide los departamentos del Huila y Tolima.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007



   
 

El Macizo Colombiano

Expedición a la cuna del río Magdalena

por ANDRÉS HURTADO GARCÍA

Todavía no había cumplido cuatro años cuando me fui de casa persiguiendo el nacimiento de un río. Mi aventura terminó en salvamento. Desde entonces he remontado ríos en todos los continentes hasta encontrar su origen. Es una pasión que llamó genesial. Ahora regresé al Páramo de las Papas a mirar al río Magdalena en pañales.

Nos invitó la Fundación Kafka de San Agustín, Huila. Mi primer intento, hace muchos años, por llegar a la cuna de nuestro gran río terminó en fracaso. Entré por el Cauca y un campesino me decía: "siga derecho todo el tiempo, doctor, y cuando llegue arriba a un árbol que ya no está, voltee a la izquierda". Nunca llegué y tampoco vi al árbol que ya no estaba. De San Agustín viajamos en jeep hasta Quinchada, caserío metido en los pliegues de la cordillera.

Son dos horas por pésima carretera y hermosos paisajes campestres. En Quinchada, Carlos Guerra y Arnulfo Males, nuestros guías, nos tenían preparadas las bestias. Los pesados morrales irían en mulas y Wilfredo Garzón, Jorge Pachón y yo "echaríamos infantería", como se dice familiarmente.

La montaña recibe al caminante con una subida "bestial", a la que sigue un descenso igualmente bárbaro, que lleva a Barandillas. Se trata de un puente de madera, tradicional, con techo, bajo el cual corre nuestro Magdalena todavía muy niño. Puentes de estos, tan hermosos, encontramos varios en el camino.

Los potreros son pocos. Los campesinos han acogido el programa de familias Guardabosques y cuentan con emoción que han regresado las dantas, que ya se ven venados, que hay muchas águilas. Da gusto oírlos. Las seis horas . de la primera jornada y la mitad de la segunda hasta el páramo son una sucesión de bosques de cordillera, densos, verdes, frescos, casi como de primer día del Génesis.

Destacan por su diseño y hermosura los helechos arborescentes, plantas que son prácticamente fósiles vivientes. La primera etapa culmina en la posada de San Antonio. El trato sencillo y cordial de los campesinos es reconfortante.

Por los caminos de la historia Por este camino real transitaron indios, conquistadores y soldados de la independencia, que llevaban el mismo. propósito: pasar del Valle del Magdalena al Valle del río Cauca, atravesando toda la Cordillera Central en el amasijo de montañas que dan origen a la Cordillera Oriental. Fray Juan de Santa Gertrudis, famoso viajero del siglo XVIII, dejó constancia de su paso por este camino en su delicioso libro `Las maravillas de la naturaleza.

La segunda jornada nos hunde más en la montaña; han desaparecido los potreros. A Wilfredo, que iba adelante, se le atravesó una soberbia culebra verde, con pintas blancas. Se trata de la boa canina. Las orquídeas son abundantes y estaban florecidas. El camino era una fiesta. Al llegar al Páramo tomamos el "camino de arriba" que nos llevó a la laguna de Santiago, escondida en un hueco gigante entre picos de 3.600 metros de altura.

Desde allí admiramos el Valle de las Papas, donde duerme su sueño apacible la laguna de la Magdalena. Descendimos hacia el departamento del Cauca para llegar a la posada de La Oyola. Allí se encuentra la cabaña de los guardaparques. El Macizo Colombiano o Estrella Fluvial, donde nacen cuatro ríos medulares de la patria: Magdalena, Cauca, Caquetá y Patía, pertenece al Parque Nacional Natural Puracé y tiene todos los méritos para que la Unesco lo declare Patrimonio Natural de la Humanidad.

La cumbre de nuestra excursión ocurrió el día que subimos de nuevo al páramo a admirar la laguna del gran río. En el punto exacto donde se desprende el río nos abrimos de piernas para que el río, en pañales aún, discurriera bajo nuestras piernas. La laguna ya no tiene la superficie que yo le conocí cuando la visité por primera vez hace unos 15 años. Comprobarlo nos dio tristeza. Subiendo y bajando picos y laderas llegamos hasta otra mítica laguna de la región, la de Cusiyaco, que se acuna entre paredones altísimos de picos totalmente salvajes.

En el centro del valle, en cuyo extremo al pie de las montañas se encuentra La Oyola, se asienta el pueblo de Valencia, unido a Popayán por carretera. Son siete horas.

El río Caquetá, uno de los más largos y caudalosos de Colombia, nace cerca del Magdalena, a menos de 2 kilómetros, loma de por medio.

Es producto de las aguas que corren en un cuenco de breñas paramunas. Las aguas forman una cascada y luego el riachuelo corre por un valle poblado por miles de frailejones. Un vallecito de ensueño, de esos que hablan de paz y felicidad.

Al bajar del macizo unos venados se atravesaron por el camino y una danta pacía tranquilamente a orillas de un arroyuelo. He aquí un rincón de Colombia, donde todo huele a paraíso.

ahurtadogarcia@gmail.com

Tomado de la Revista Viajar de la Casa Editorial El Tiempo No. 059, 14 de mayo de 2006


 

Parque Nacional Natural Cordillera de Los Picachos 

 

El Parque Nacional Natural Cordillera Los Picachos se encuentra ubicado en la Cordillera Oriental en la Región Andina de los Andes en Colombia. Su superficie hace parte de los departamentos de Caquetá, Huila y Meta.

Este parque tiene la característica de ser el lugar de encuentro entre la amazonía, la orinoquia y la región andina. Se encuentra en una zona de lata pluviosidad (5.000 mm al año). Las montañas están cubiertas de bosques vírgenes y hay cascadas de hasta 300 m.

El parque es el sitio de nacimiento del río Guayabero, que más abajo toma el nombre de río Guaviare, uno de los principales afluentes río Orinoco.

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Nacional_Natural_Cordillera_de_los_Picachos