Norte de Santander Departamento

Norte de Santander

Ciudades y sitios

Paisaje

 

Artistas de Norte de Santander 

Reinas de Norte de Santander 

   
 
Enlaces recomendados:  http://www.laplayadebelen.org/  
                                            http://www.chinacota.com/   
                                            http://chinacota.com/flores/flores.html 
                                            La Playa de Belén, ese tesoro escondido, El Tiempo, 2015 
                                            Los encantos de Ocaña, El Tiempo, 2016
   
 
Su posición limítrofe con Venezuela, por el norte y el oriente, lo caracterizan como un departamento comercialmente activo que comparte el puerto terrestre más importante de Suramérica, San Antonio y Ureña, en territorio venezolano. Los parques naturales Tamá y Catatumbo, y el Area Natural única Los Estoraques, son la razón de la belleza y diversidad que lo hacen rico y exuberante. La grandeza de sus construcciones cubiertas de historia y la presencia de sus gentiles habitantes invitan a la aventura de recorrer sus rincones y descubrir sus secretos. 

LUGARES PARA VISITAR:  

Área Natural Los Estoraques. Desde Cúcuta, vía a Sardinata, hasta el municipio La Playa, donde se halla la serranía que conforma Los Estoraques, es posible acceder a este sorprendente espacio moldeado por los años, el agua y el viento. La abundante vegetación que comprende árboles como el mantequillo y el arrayán, y los pozos naturales, que componen esta área natural única de 640 hectáreas invitan a escudriñar sus senderos, para encontrar las figuras en piedra del rey y el barco y otros sitios como el Camino de la Virgen, el Paso de las Animas, la Cueva Gringa y La Chorrera.

Parque Nacional Natural Tamá. Se localiza entre los municipios de Herrán y Toledo y se extiende hasta Táchira y Apure en Venezuela, convirtiéndose en área protegida fronteriza de carácter binacional. Este lugar de preservación y protección de pumas, osos de anteojos, venados, águilas, lechuzas a innumerables especies vegetales, está compuesto por 48.000 hectáreas, donde también fluyen ríos y quebradas. El sector de Orocué ofrece hospedaje para 10 personas o la posibilidad de acampar de forma segura en medio del generoso paisaje.

Pamplona. Su fundación en 1549 y la belleza arquitectónica que la compone, la hace el segundo destino más antiguo de Norte de Santander. La Semana Santa es la mejor época para conocer y vivenciar las costumbres del municipio. Conozca la alegría de los habitantes y sus creencias; disfrute de la riqueza cultural de Pamplona en las celebraciones a lo largo del año que incluyen música, danza y teatro.

Parque Nacional Natural Catatumbo Barí. Fue creado en 1989 con el fin de proteger el último bosque húmedo tropical del noreste de Colombia y los asentamientos indígenas Barí. Es, sin lugar a dudas, un buen destino para la fotografía y las caminatas ecológicas. 

Ocaña. A 74 km de Cúcuta, es otro de los poblados históricos del departamento. Su arquitectura aún conserva características de la ciudad de otros años, cuando fue escenario de la Gran Convención de 1828 y paso obligado para quienes se dirigían a la costa Caribe del país. El Santuario de la Virgen de Torcoroma, la Catedral de Santa Ana, el monumento a la Santa Cruz, la Casa del Molino y la plaza de la Gran Convención, reviven la historia, cultura y vida nortesantandereanas.

Villa del Rosarlo. Lugar de nacimiento del general Francisco de Paula Santander a histórico municipio, considerado hoy Cuna de la Nación porque aquí tuvo lugar la sede del Congreso en 1821 y nació La Gran Colombia. Recorra las calles de este poblado, refrésquese en los balnearios aledaños y no olvide visitar la casa de La Bagatela, que fue residencia de ilustres personajes, entre ellos Antonio Nariño, en cuyo honor y su periódico, fue bautizado el lugar.

El Zulia. Su proximidad a Cúcuta y los ríos Zulia y San Miguel, lo hacen un lugar apto y concurrido para descansar, divertirse y practicar rafting. Hay buenos centros recreacionales y balnearios a los que acuden regularmente los cucuteños.

Chitage. Su acogedor clima lo hace un interesante centro de encuentro para quienes buscan descanso y reposo. Las lagunas Comequeta, El Salado, El Tambor, La Marie y La Cascada son lugares a los que puede acceder para apreciar la copiosa naturaleza del departamento.

ARTESANÍAS

Se destacan las artesanías de Villa del Rosario a base de mimbre, bambú, ratán y madera, muchas de ellas haciendo homenaje al templo histórico de esta ciudad. También sobresale la talla de variadas figuras en piedra y objetos en arcilla, reconocida como una de las mejores del mundo.

GASTRONOMÍA DE NORTE DE SANTANDER

Plato tradicional: la pepitoria de chivo.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 

Una serpiente eléctrica relampaguea siempre en el cielo de Norte de Santander. Es un llamear isócrono que maravilla a la vista, especialmente en las noches sin luna. Boussingault lo comparó, en 1924, con "el infatigable chisporroteo de una hornaza eternamente encendida", y atribuyó su origen al choque de la corriente fría del Catatumbo con la cálida del Golfo de Maracaibo. Pero este "Faro del Catatumbo" no es el único fenómeno extraordinario que adorna a Cúcuta. En esta ciudad mediterránea se vive la sensación de que el mar empieza al final de la cuadra. De octubre a mayo los vientos alisios del Noreste que dispara el Lago de Maracaibo y se estreIlan luego contra la Cordillera Oriental, pasan desalojando el calor empozado en las calles y regocijándose en el cabello de las muchachas. Después, entre junio y agosto, las corrientes del Sur impelidas por los nudos orográficos vuelan a velocidades hasta de quince metros por segundo. En este imperio de los grandes vientos, las brisas del Pamplonita sólo tienen un papel sentimental cada vez que se recuerdan la música de Elías M. Soto y las palabras de Roberto Irwin Vale, los dos compositores del bambuco que se convirtió en el himno del departamento.

En Cúcuta se camina bajo la sombra de los árboles. Estos cierran filas en los dos flancos de todas tas calles y con sus follajes tejen senderos umbríos. Un firmamento límpido y densamente azul descarga haces de luz clarísima que inunda todos los resquicios. Desde la cumbre de Tasajero, uno de los cerros que acordonan la ciudad, el pueblo venezolano de Ureña parece el último suburbio cucuteño y el Lago de Maracaibo menos lejano que en la realidad. Pero sólo en el Cerro de La Victoria, de donde se descuelga un barrio populoso, es posible componer con la mirada el plano casi completo de Cúcuta, agigantada por las olas humanas que regresan de Venezuela sin conocer el dios de la fortuna.

Se le calculan a Cúcuta 500.000 (1980) habitantes y una población flotante de 150.000 personas al año, en su mayoría venezolanos que al pasar la frontera ganan una hora en relación con su país, multiplican sus bolívares por once para comprar ropa, calzado, artículos de cuero y artesanías y se exhiben en sus carros nuevos y alargados, con los cuales pueden transitar libremente hasta Pamplona. En cada esquina los espera un hospedaje. Más de cien hoteles, desde excelentes hasta aceptables, registran una ocupación promedio del 75%. Millares de colombianos contribuyen a ella, entusiasmados por la historia, -los paisajes, el folklore y la cálida amistad de los nortesantandereanos.

La historia de este departamento es rica en episodios resonantes.

Aquí empezó Bolívar la campaña libertadora de Venezuela. Aquí, donde nació el general Santander, nació también, y luego empezó a morir, el sueño bolivariano de la Gran Colombia. Antonio Nariño, disfrazado con faldas, se refugió en estos territorios. El general Rafael Uribe Uribe dio sus primeras muestras de arrojo personal. Los comuneros se reunieron clandestinamente después del fracaso de Zipaquirá. Una sublevación popular derrocó a la autoridad española dieciséis días antes del "florero" santafereño. Y hasta en la fundación de Cúcuta, el 17 de junio de 1733, hubo un rasgo interesante: la provocaron unos invasores de tierras. Estos se estáblecieron en las vegas del Río Pamplonita, en los vastos dominios de Juana Rangel de Cuéllar. La dama pamplonesa convino en cederles "media estancia de ganado" -782 hectáreas-, "tanto para contribuir al fomento de los valles que le dieron fortuna como para hacerla más sólida con la inmediata valorización de sus propiedades" . La firma de la escritura en su hacienda "Tonchalá", figura como el acto de la fundación.

La "Columna de Bolívar" -seis metros de cemento en espiral- señala el sitio exacto desde donde el Libertador arengó a su ejército en la mañana del 28 de febrero de 1813 y proclamó, dos horas más tarde, su victoria sobre las fuerzas del general Ramón Correa. Esta "batalla de Cúcuta" le permitió seguir hacia Venezuela limpiándola de españoles y el 6 de agosto entrar triunfante a Caracas.

Pero la batalla más ardorosa que se haya librado en Cúcuta es la de su propio destino. En casi un siglo y medio de vida se había transformado en la fortaleza económica de la frontera colombiana con Venezuela, y bastaron quince segundos, los quince segundos más fatídicos de su historia, para que fuera completamente borrada del planeta. Fue el 18 de mayo de 1875, a las once y quince minutos de la mañana. La tierra se sacudió tres veces y la ciudad entera se desplomó como un muerto. Cuando los sobrevivientes se levantaron creyeron que patinaban en una viscosa pesadilla; a su alrededor no existía nada, sólo los árboles en los patios. Y sobre el suelo, la chatarra de la ciudad. Entonces cobraron una escandalosa premonición las palabras de Agustín Codazzi: la región de los Santanderes es "un parto de espantosos cataclismos geológicos".

A los cinco años Cúcuta había sido reconstruida. Con un vigor y una entereza "parecidos a los que usaban los norteamericanos", como dijo un cucuteño, éstos la hicieron retoñar sobre sus ruinas, y hasta le agregaron, sin auxilio oficial alguno, un ferrocarril hacia el puerto Los Cachos, en Zulia. Y de nuevo se abatió sobre ella la catástrofe, ahora bajo el fantasma de la guerra. El 12 de junio de 1900 las fuerzas gobiernistas iniciaron el "Sitio de Cúcuta", y 35 días más tarde lograron romper las diecisiete trincheras alambradas de los rebeldes liberales y ponerlos en fuga. Así vindicó el general Ramón González Valencia la derrota que le había infligido Uribe Uribe en Peralonso, cuando él y diez voluntarios cruzaron temerariamente el puente sobre el Zulia y desbarataron la victoria que ya tenían asegurada los conservadores.

De la devastación que dejó este prolongado asedio de la Guerra de los Mil Días, posee testimonios fotográficos el Museo de la Ciudad. En el Instituto de Cultura y Bellas Artes, donde se forman los pintores, escultores, músicos y artistas dramáticos que después riegan sus semillas por todo el departamento, palpita la vida cultural. Anualmente convoca a los poetas y cuentistas a los concursos "Eduardo Cote Lamus" y "Jorge Gaitán Durán", y ahora, para conmemorar ., los ciento cincuenta años de la muerte del Libertador, abrió el concurso colombo-venezolano "El mejor poema a Bolívar".

" Hay un lugar donde todas las semanas se desnuda la pasión de los cucuteños: el coliseo de baloncesto. Cualquier noche es posible contagiarse de ella, en los prolegómenos del irresistible viaje por las discotecas, las tabernas y los restaurantes. Cuando  el equipo representativo del departamento salta a la cancha, afluye una tradición de 46 años. Cada jugador piensa entonces en Roque Peñaloza, un ídolo de los años sesentas que brilló en el seleccionado nacional. En esos tiempos, como ahora, las cestas colgaban hasta de los árboles. Es un virus que llegó a Cúcuta envuelto en una sotana, la del Hermano Arturo, en 1934. AI cabo de un lustro ya existían catorce equipos, y en 1966 el quinteto de Norte de Santander alcanzó la gloria de ser el campeón colombiano.

UN CONEJO SENTADO

La silueta de Norte de Santander ha sido comparada con la de un conejo sentado. Tiene 21.658 kilómetros cuadrados que encierran paisajes atrapados entre la niebla, serenas comarcas de altura media, valles feraces y espesuras selváticas. Estas variaciones geográficas han demarcado tres provincias: Cúcuta, Ocaña y Pamplona, y un boscoso valle, el Catatumbo, parado sobre yacimientos petrolíferos. Recorriendo la accidentada piel de "conejo", los viajeros de todos los caminos quedan subyugados.

A diez minutos de Cúcuta, por una vía impregnada de refugios turísticos, Villa del Rosario vive de su extinguido esplendor. Este se percibe en uno de los complejos históricos más importantes del país: la casa del general Santander, donde sus documentos y objetos personales se mantienen intactos y una galería de retratos vigila el vacío de la habitación donde él nació y en la cual, extrañamente, las parejas visitantes enlazan las manos para pregonar su amor. La capilla Santa Ana, lugar de bautizo del párvulo nombrado Francisco José de Paula. La torre de la capilla donde se reunió el Congreso de 1821 y se promulgó la emancipación de los esclavos y la Constitución de la Gran Colombia. El parque que lleva este nombre. Y la casa de "La Bagatela", morada temporal del verdadero padre del periodismo nacional, Antonio Nariño. A menos de dos kilómetros, tras el puente internacional "Simón Bolívar", está Venezuela: San Antonio, donde los colombianos se abarrotan de artefactos electrónicos, luego San Cristóbal y Barquisimeto y finalmente Caracas. El retén venezolano es arrogante y estratégico. El de Colombia, una humilde caseta de zinc.

De Cúcuta a Zulia los paisajes cambian de repente, como las imágenes en el cine. El cují, árbol característico de Cúcuta, se yergue solitario entre la aridez desapacible. De golpe aparecen las lomas coloradas que nutren a los hornos de ladrillos. Y súbitamente, un puente y el anchuroso y sosegado Río Zulia -colmado de bañistas los domingos- abren la puerta de otro mundo, un valle feraz y hermoso. En el tramo hacia la represa de un distrito de riego de 12.000 hectáreas, no se sospecha la aparición, a sólo 20 kilómetros de los yermos parajes vecinos a la capital, de retazos de bosques exuberantes e insólitas armazones vegetales que emplazan túneles sobre la carretera y anulan la bravura del sol. Rumbo a Santiago, los ríos Zulia y Peralonso forman una cadena de balnearios anegados en música tropical. Más al sur están Salazar de las Palmas, Arboledas y Cucutilla, ruta de bosques primarios, minifundios, cumbres y ríos, que constituye la vía más larga y tortuosa a Pamplona. En este vasto ámbito una mujer se convirtió en leyenda en sólo dos años, a mediados del siglo 16. Zulia, hija del cacique Cínera, organizó un ejército de dos mil indígenas Guanes, Labatecas, Cúcutas, Gáchiras, Chitareros, Bocalemas y Cíneras, para enfrentar a los españoles. En Arboledas segó la vida del verdugo de su padre, Diego de Montes, y aniquiló la tropa. Más tarde, en los riscos de Pamplona, los fundadores de esta ciudad salvaron de la derrota a Diego Parada. Zulia, cuentan las crónicas, en el fragor del combate montó a caballo y causó estragos entre el enemigo antes de caer atravesada a lanzazos. Sobrevivió Guaimaral, su esposo, quien erró después por aquellas regiones de Colombia y Venezuela bautizando con el nombre de Zulia a las aguas y los pueblos y las montañas.

El viaje de Cúcuta a Pamplona deja recuerdos indelebles. En las revueltas de la carretera flota el humo negro anuncian do la explotación de carbón en las minas "Maturín", casi hasta Chinácota. Siglos antes, Ambrosio Alfínger fue aquí herido de muerte por el cacique Chinaquillo. Es un lugar encantador invadido por quintas veraniegas. A finales de septiembre celebra las fiestas populares más importantes del departamento, con una feria taurina, riñas de gallos, reinado de belleza y bandas de música.

Una sucesión de piscinas termales con servicio de restau rantes está localizada entre La Donjuana y Bochalema. Balnearios naturales, una plaza que parece construida en honor del corpulento samán que se levanta en el centro, y a corta distancia la hacienda Zarkuta, donde se construye el más ambicioso proyecto turístico de la región -el Cordillera Country Club- justifican la visita a la patria del maestro José Rozo Contreras, "el músico de Bochalema". En la aduana de El Diamante se cruza un puente que cuelga sobre el Río Pamplonita, se caminan tres kilómetros y se desemboca en una casona esquelética, la centenaria hacienda Tescua. Un historiador, el abogado Fernando Villa Quintero, la considera un nido de conspiraciones: "En este lugar se reunieron, después de las capitulaciones de Zipaquirá, los principales jefes comuneros, y comisionaron a Dionisio Contreras y Vicente de Aguiar -nombres supuestos que al parecer encubrían a Berbeo y Jorge Lozano de Peralta- para que se trasladaran a Inglaterra a obtener armas y dinero para continuar la insurrección. Allí mismo Tomás Cipriano de Mosquera inició la Revolución de los Supremos y libró una batalla contra el general Francisco Carmona".

A 20 kilómetros de Bochalema surge Pamplonita, el reino de la tranquilidad. Y en la cumbre del Valle del Espíritu Santo -nombre de obvio origen español-, una de las ciudades más antiguas, fundada en 1549 por Pedro de Ursúa y el capitán Ortún Velásquez de Velasco: la señorial, nebulosa y culta Pamlona. La iglesia del Humilladero, la Casa de las Cajas Reales, el Museo Casa Colonial (resumen de la historia pamplonesa y del país a través de muestras arqueológicas, objetos y tumbas indígenas, armas y lienzos, entre éstos uno del momento en que Agueda Gallardo de Villamizar subvirtió el orden el 4 de julio de 1810), el Teatro Jaúregui, donde los pamploneses conocieron hace 58 años la magia del cine, la vieja tradición estudiantil, las colonias teñidas de casas blancas y hasta lo más prosaico, como sus famosas colaciones y jamones, revisten a Pamplona de un aura de importancia.

A 30 kilómetros, en Silos, cada 2 de febrero se revive un acontecimiento acreditado por la tradición oral: la proclamación, en 1781, de Túpac Amaru como "rey de toda la América" y la sublevación de 17 tribus indígenas contra la bota española. Más al Sur, entre los riscos, asoma Chitagá, refugio de Bolívar durante una tempestad de nieve en el Páramo del Almorzadero. Sobre el Río Chitagá un puente de techumbre asombra por su perennidad, aunque nadie sospecha que de esta vieja armazón se ocupó, en la Corte de Madrid, el propio rey de España, Fernando VI, quien en 1756 estampó su firma en un documento que autorizaba el cobro del "derecho de pontazgo". A una cuadra del pontón nació el último nortesantandereano que fue presidente de la república, el general Ramón González Valencia. Y a 24 kilómetros de Chitagá hay cinco lagunas pobladas de truchas. Las de Salado-Co lorado y Comagüeta son las más bellas.

Ocaña es otra cara de Norte de Santander. Alejada de Cúcuta 230. kilómetros por una carretera que hace preferible ir en avión, la segunda ciudad del departamento y centro cultivador de cebolla se hizo célebre por la Convención de 1828, en la cual afloraron las ideas federalistas que disolvieron más tar de a la Gran Colombia. El templo donde deliberaron los convencionistas aún se conserva, y en línea diagonal a éste se ha lla la casa de José Eusebio Caro. En cada enero rueda por las calles la historia de Ocaña, en el "Desfile de los Genitores". Cerca de allí, en el municipio de La Playa, la Naturaleza parece haberse entretenido elaborando caprichosas esculturas llamadas estoraques.

Si la aventura hormiguea en el alma del lector, en el Noroeste del departamento le espera el abrazo de la selva. En doce horas se trasladará de Cúcuta al sitio Las Lauritas, pasando por Tibú y La Gabarra, y estará a las puertas del desafío. Podrá navegar por ríos caudalosos, recorrer los campos de extracción de petróleo, explorados por primera vez en 1884, practicar la cacería y penetrar en los territorios de los indios motilones. Un final excitante del viaje por el Norte de San tander aguarda en las fragosidades del Catatumbo.

Tomado de la Revista Diners No.128, noviembre de 1980


 

 


Senderos extremos del Libertador 

por Juan K

Es cierto, nada más harto para un pelado entre los 15 y los 25 años que ser "obligado" a acompañar a sus padres a recorrer los municipios que por tradición guardan los secretos de la historia colombiana Sin embargo, ese recorrido no tiene que ser netamente contemplativo. En muchos municipios colombianos hay jóvenes construyendo proyectos sostenibles en el turismo de aventura y de deportes extremos, que incluyen entretenidas visitas a los templos y edificaciones que lo gran satisfacer el interés de los padres y enamorar a los jóvenes de la historia colombiana

En esta ocasión nuestro recorrido es en Norte de Santander, con Cúcuta como centro de operaciones. Muy cerca, a tan sólo siete kilómetros está el municipio de Villa del Rosario, declarado en 1971 bien de interés cultural de carácter nacional. Aquí se encuentra la majestuosa casa natal del general Francisco de Paula Santander, con todos los secretos que rodearon la siempre tensa relación entre Bolívar y `El Hombre de las Leyes.

La primera visita sólo emplea parte de la mañana, de manera que antes del mediodía podrás tomar rumbo hacia Bochalema donde podrás desahogar tu sed de aventuras. A tan sólo 45 minutos de Cúcuta, vía Pamplona, en sus montañas encontrarás grandes desafíos como el descenso por cuerdas de las cascadas de Aguablanca, la exploración de la Cueva del Indio (Bochalema fue habitado por los indios catires, chiracocas y bochalemas) o la práctica de rappel en Las Lajas.

Si  lo  alcanza el tiempo visita la Laguna del Capote, donde tendrás la increíble panorámica del municipio. Este lugar, perfecto para un momento de meditación y silencio, guarda leyendas de tesoros escondidos y seres mágicos.

Al siguiente día no puedes dejar de visitar "La ciudad patriota", también conocida como "La ciudad universitaria", es decir, Pamplona, fundada en 1549. Fue llamada "patriota" por el Libertador Simón Bolívar por ser pionera de la revolución neogranadina Pamplona tiene una de las más afamadas celebraciones de la Semana Mayor y el valor arquitectónico y cultural que ofrece es único en Colombia. No se  lo  ocurra dejar  lo  cámara cuando visites el palacio arzobispal, la casa de mercado, el parque Águeda Gallardo o la catedral metropolitana entre otros valores coloniales.

La fría noche pamplonesa es perfecta para irse de rumba a los diferentes bares y discotecas que ofrece la ciudad a estudiantes que vienen de todo el país.

Siguiendo más al sur encontraremos uno de los municipios más bellos de Colombia: La Pla ya de Belén. Su arquitectura urbana conserva el buen gusto de principios del siglo pasado, casas levantadas en tapia pisada y uniformadas con el color de la cal, decoradas con hermosas ventanas, materas y grandes puertas de madera. Su mayor atractivo es el área natural única los Estoraques, un espectacular paisaje semidesértico, con gigantescas formaciones de granito y granodiorita. Un buen plan es acampar en el área, para  lo  cual sólo necesitas solicitar los permisos correspondientes.

Se pueden dar un paseo gastronómico por la segunda ciudad más importante de Norte de Santander, Ocaña, más conocida como "Valle de los Hacaritamas". La ciudad cuenta con más de 100 mil habitantes. Allí podrán probar la flor del barbatusco (hoja del árbol de barbatuscas, que es aprovechada para preparaciones típicas de la región. Su sabor es similar al huevo revuelto). Ni hablar de la arepa ocañera o del siempre delicioso pan ocañero, uno de los más famosos del país. Si llegaron en el mes de septiembre, pueden llevar una bolsa de cocotas (fruto del árbol cocoto, con un sabor dulce similar a la ciruela costeña).

Siempre que voy a Ocaña voy al café Rinaro y pido una torta genovesa, la más rica de su género en Colombia. Un buen souvenir puede ser una botella de vino Santa Bárbara, con el bouquet de los mejores vinos de América.

El recorrido termina donde empezó: San José de Cúcuta, fundada en 1733 por doña Juana Rangel de Cuéllar. Se encuentra a 320 m.s.n.m. Tiene una temperatura promedio de 28 grados centígrados. Su población se acerca al millón de habitantes, quienes viven principalmente del comercio. Cúcuta ofrece la frontera más dinámica de Colombia y por allí pasa el 80% de las exportaciones dirigidas a Venezuela. Entre las arterias comerciales más importantes del centro de Cúcuta están las calles 10, 11 y 12. Además, el centro comercial Cielo Abierto: 10 cuadras en donde se consigue cualquier clase de artículo a muy buenos precios.

Tomado del periódico El Espectador, 16 de diciembre de 2007